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Archive for the ‘ESTADO DE ANIMO’ Category

Cuando dos personas diferentes llegan a hacer de sus vidas un solo cuerpo y una sola alma, es un evento especial que sólo puede producirlo… el amor. La principal motivación para unir nuestra vida a la de otro, casi siempre extraño hasta poco antes de conocerlo, es confundirse en uno solo con esa otra persona.

El amor surge espontáneo, pasional y… urgente. Su espontaneidad le genera riesgo, pasión y peligro. Su urgencia es la de lograr unir el cuerpo y el alma con quien amamos, sin importar el riesgo. Cuando amamos, jugamos a ganar o a perder; simplemente, lo arriesgamos todo sin reservarnos nada. Nuestros mecanismos de defensa se minimizan y sólo queda espacio para la emoción, la pasión, el entusiasmo, la ilusión y… la esperanza. Todo inmerso en esa bruma rosada que nos hace ver la vida como debería serlo: muy bella.

El resultado de esa hermosa aventura que significa hacer pareja, dependerá de que los dos tengan la capacidad de confundirse en un solo corazón y una sola alma; lo cual por cierto no es tan difícil, pero sí requiere de nobleza, generosidad, deseos de dar, reconocer y aceptar a quien amamos, en sus propias y originales dimensiones humanas.

No es posible encontrar un “prototipo” conforme nuestros deseos, pero si tenemos la capacidad de fundirnos con el otro, al confundirnos nos hacemos una parte de su cuerpo y su alma. Así, al integrarnos en uno solo, vencemos las diferencias, caminamos por el mismo sendero con los mismos intereses, ambiciones y sueños; eso es posible, lo he vivido y disfrutado por más de treinta y nueve hermosos años. No ha sido fácil, pero si emocionante y engrandecedor.

Es como una meta que establecemos, en beneficio de la cual todos los días hacemos algo positivo, beneficioso y… agradable. Tiene que ver mucho con el color que uno asigna a las situaciones y eventos de la vida diaria. Somos nosotros y nadie más los responsables de lograr el premio; viviendo de la mejor manera posible, manteniendo vivo el afecto y el respeto, haciendo del hogar un nido de amor donde se funde y progrese una familia; y eso sólo puede lograrse cuando dos personas que se aman y hacen pareja, tienen el valor y sinceridad de mostrarse como son, de actuar para fundirse y confundirse en un solo cuerpo y una sola alma.

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“VIVIR INTENSAMENTE CADA SEGUNDO ES MI PARTE EN ESTA VIDA.”

CIELO IIIPara satisfacer una inquietud de un consecuente lector de este Blog, hoy trataré sobre las posesiones materiales e intelectuales y su trascendencia en la vida terrenal.

¿Qué tengo en esta vida que pudiera considerar exclusivamente mío o llevarme al más allá?

Creo que nada; al menos, nada físico o intelectual que pudiera permanecer por siempre; porque todo, incluida mi propia persona, es esencialmente… temporal.

La vida no me pertenece porque es de Dios, quien decide hasta cuando puedo mantenerla. Mi esposa, quien amo por encima de todo lo demás, tampoco es mía porque, como mis hijos y mis amigos, también son de Dios; y siendo que nos une el amor y el cariño, que no son físicos, son sentimientos que no necesito llevarme porque son parte de mi espiritualidad.

¿Y el fruto de mi trabajo, el producto de mi dedicación y mis desvelos, tampoco son míos?

Pienso que sólo podemos disfrutarlos, porque en esencia los tenemos prestados mientras vivimos, porque donde vamos… no los necesitaremos.

Los bienes, el poder y la fama, que pudieran complementar nuestra felicidad, al ser eventuales, nadie puede asegurarnos su permanencia. En principio, los bienes  así como nuestros cuerpos, por ser físicos, volverán a la tierra a la cual pertenecen; el poder y la fama, no existen físicamente, sino que representan operaciones mentales que se quedan en el mundo de la intelectualidad, porque no pueden ser cuantificadas, evaluadas o físicamente determinadas, pero menos aún trasportadas o transferidas.

¿Y mis conocimientos y la sabiduría adquiridos?

Esos valores corresponden a nuestra individualidad, por lo cual  tampoco son susceptibles de transferencia; únicamente podemos aprovecharlos en nuestra condición físico-espiritual y al morir, por carecer de uno de esos elementos, ya no nos servirán  para nada.

Pero… ¿Qué tengo entonces? ¿Qué es realmente mío?

Tu capacidad de amar, de disfrutar, de compartir, de ser útil en tu hoy, que es inmutable e impredecible, pero que puedes manejar a tu antojo. Tu gran tesoro es el vivir ese maravilloso presente donde puedes aplicar todas tus capacidades para ser feliz, porque depende de la aplicación de tu estado de ánimo a tu libre albedrío -que son únicamente tuyos- para sacar el mejor partido a esas muchísimas bendiciones que Dios te da… todos los días.

Para evitarnos preocupaciones por atesorar o cuidar bienes materiales, fama o poder, Él los hizo temporales en esta vida e innecesarios en el más allá. Fue por ese acto de amor que no trajimos nada físico a este mundo; precisamente para que nunca olvidásemos que como llegamos, así nos iremos: desnudos de cuerpo y alma.

Nada físico tiene demasiada importancia, más allá del disfrute y el compartir con nuestros hermanos humanos esta bella vida que Dios nos dio. Lo que es muy importante, lo trascendente, lo que no muere, como mi alma y mi amor, como vinieron se irán y de ellos no quedará recuerdo perdurable en esta tierra.

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«SOMOS LO QUE SENTIMOS»

pareja-feliz-valencia-21381Una lectora me preguntó ¿Qué hago para vivir mejor? Esa pregunta tan general, y aparentemente compleja, me obliga a insistir en que no existe una fórmula mágica, y tocar los temas del libre albedrío y el estado de ánimo, cuales son dos factores que inciden fundamentalmente en el nivel de vida de las personas.

Soy de los que creen que lo más importante es vivir, porque mientras tengamos vida tenemos expectativas de cómo concebir nuestra existencia. El nivel de satisfacción no puede producírnoslo nadie; sólo nosotros tenemos esa capacidad. Vivimos, primero con nosotros mismos en nuestro mundo interior y en segunda instancia, exteriormente, con las demás personas y el medio ambiente.

Vivir mejor es sentirnos mejor, eso es lo trascendente. Somos cuanto sentimos. Por tanto, amamos si sentimos amor; somos alegres si nos sentimos alegres; estamos tristes si sentimos tristeza; tememos si sentimos miedo, y así en toda instancia y grado existencial.

Para sentirnos mejor disponemos de dos herramientas fundamentales: el libre albedrío que nos permite hacer lo que apetecemos y el estado de ánimo que nos permite sentirnos como lo decidamos. Dos sencillos ejemplos: mi libre albedrío me permitió estudiar leyes, mi estado de ánimo me permite disfrutar mi profesión.

La vida nos ofrece un abanico de opciones: diversidad de estudio, trabajo y actividades en general; vivir solteros, casados o simplemente en pareja; reír, cantar o llorar; amar, odiar o simplemente ser indiferentes; vivir en el campo, en la ciudad o en una isla. Son ilimitadas las opciones y… todas dependen de nosotros, de nuestra actitud.

Para sentirnos mejor, debemos convencernos de que tenemos una buena vida y la fórmula más efectiva es contar nuestras bendiciones, que son muchas: estamos vivos y eso es un gran privilegio, porque muchos más jóvenes o más viejos que nosotros, hace tiempo que permanecen en el cementerio; tenemos salud y eso nos permite estudiar, trabajar, recrearnos y… hacer el amor, entre otras muchas cosas; podemos hablar, mirar, oír, oler, gustar y eso nos asegura pronunciar y oír la frase mágica te amo, mirar y disfrutar el inconfundible olor de la persona amada y degustar los manjares que Dios puso sobre la tierra para nuestra satisfacción.

No tengo duda que no es difícil vivir mejor… todos los días, si consideramos más importantes nuestras bendiciones que nuestras posibles carencias; y evaluamos otros factores, como por ejemplo: que más importante que la cama es el sueño, y el apetito hace delicioso cualquier alimento; que el amor hace pequeña cualquier tristeza y agiganta la sensación de alegría; que la lealtad, la amistad y la solidaridad no requieren ningún esfuerzo ni tienen valor económico, porque representan vocaciones innatas en los seres humanos.

Así que, para vivir mejor, mi consejo es… sentirse mejor y eso sólo depende de nosotros mismos.

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«No hay noche tan oscura ni día tan fulgurante que no nos permita ver.»

La vida me ha demostrado que en el firmamento de nuestras vidas, siempre hay un lucero que nos puede ayudar a avizorar, encontrar, guiar, o hacer mejor y seguro el camino. Por eso debemos abrir los ojos, estar pendientes, tener fe que allí está y que podremos verlo. No es importante su forma, la fuerza de su luz; ni siquiera su nitidez, porque de alguna manera, que no nos está dado conocer, deviene de esa esencia omnipotente, omnipresente e infinitamente poderosa que es Dios, cuya obra más acabada somos nosotros y su expresión excelsa… el amor.

Siento pena por quienes por falta de fe, confianza en su origen divino y del poder que de ello les deriva, hollan la tierra con sus pies cansados, ensombrecen los bellos días y tranquilas noches con su tristeza, mojando la tierra con sudor y lágrimas innecesarios.

Es para mi tan claro que existen leyes naturales, que me precedieron y que son inmutables; sobre las cuales yo no decido pero que sí interpreto y puedo encajar en mis actuaciones; que me hacen consciente de mis capacidades físicas y espirituales, que me cuesta procesar que personas desperdicien tanta vocación personal y bendiciones sobre este mundo, especialmente diseñadas para nuestro disfrute.

Como ser espiritual, dotado de un cuerpo que es la máxima obra de adaptación e inteligencia sobre la tierra, capaz de capturar con sus sentidos del medio ambiente todos los elementos vivenciales necesarios, haciéndolos excelentes, buenos, mejores o peores, conforme a su única voluntad, percibo incongruente convertirlos en negativos; sin embargo y paradójicamente, vivimos un mundo abundante de ese tipo de individualidades.

¿Qué hace quienes en uso de su libre albedrío convierten sus vidas en receptáculo de negatividad, malas influencias y temor a lo que «pudiera ser», desperdiciando su capacidad de ser felices en el maravilloso «hoy»?

Es la tendencia a mirar siempre hacia abajo, y así imposibilitarse de ver ese lucero en el firmamento de su vida, que alguien especificara como «un milagro a la vuelta de la esquina». Desde muy niño mi madre me decía: «…ese milagro está esperando por ti, sólo se requiere tu diligencia.»

Hoy, más de sesenta años después, estoy convencido que existen más milagros de los que podemos imaginar. De alguna manera, nosotros mismos como seres físico-espirituales e inteligentes, somos el mayor milagro de la naturaleza.

Nuestro sistema neurovegetativo, que nos permite respirar y circular la sangre necesaria en nuestro organismo en los tiempos preciso, sin siquiera pensar en cómo hacerlo e independientemente de que estemos dormidos o despiertos, es apenas una de nuestras milagrosas capacidades.

Pero desarrollar sentimientos exclusivos de nuestra especie como el amor, la amistad, la sublimación del sexo, la solidaridad, la compasión y la caridad, son la mayor demostración que somos seres superiores, traídos a este mundo para reinar sobre él y ser… felices.

Ubique su lucero, porque está aquí y no en otro mundo; tiene que ver con Dios porque de él nace y siempre está esperando por usted. Si de algo le sirve, le cuento que el mío es multifacético, porque comienza con mi Padre Celestial, pasando por mi familia, mis hermanos humanos hasta llegar al más pequeño de los insectos, cuales sin duda, como yo, cumplen una función sobre esta madre tierra, cual es su forma de bendecir el privilegio de haber venido a habitarla.

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«TODO LO QUE SE PUEDE PENSAR POSITIVAMENTE, ES REALIZABLE.»

Uno de los paradigmas que ha hecho daño al hombre, es aquel que reza que «No todo se puede tener en la vida.»

Considero que es todo lo contrario; para cualquier ser humano normal todo lo que requerimos para nuestra felicidad, sí  que podemos conseguirlo en la vida. Me refiero a lo que dentro de los parámetros apropiados se requiere para ser feliz, sobre la base del concepto de felicidad como «la realización material y espiritual de un ser humano.»

Conforme a tal aspiración, los logros deberán localizarse en los dos planos que conforman la vida del hombre.  Por una parte, el aspecto material donde se incluye todo lo necesario para subsistir físicamente, aprovechando los recursos que existen sobre el planeta, como el aire, el agua, los alimentos  y aquellas cosas que posibilitan vivir cómodamente y protegerse de la acción de los elementos naturales, tales como una vivienda, el moblaje y el acceso a un medio de transporte.

El hecho cultural, que transformó el paisaje geográfico originario en función de optimizar la calidad de vida, creó necesidades que no podían ser satisfechas por los recursos del medio en su estado natural, sino mediante la transformación en objetos que cumplieran con tales fines.

De tal manera avanzó el hombre en el empeño, que hoy no es indispensable amasar gran fortuna para disponer de una vivienda donde guarecer la familia, ni se requieren grandes cantidades de dinero para suministrarse los alimentos necesarios o los servicios básicos.

Tampoco hace falta ser rico para proveerse transporte, siendo que la atención a la salud y los estudios básicos, en casi todos los países son suministradas por el Estado, o lo cubren pólizas de seguro a las cuales puede acceder cualquier trabajador, empleado o profesional.

Fue así como se creó la multiplicidad de cosas que nos suministran confort, cuyo acceso es posible sin gran esfuerzo, en la medida en que se jerarquizan las reales necesidades físicas, dentro de parámetros razonables para obtenerlos; no a unos pocos sino a todos los habitantes de este planeta.  De tal modo, para un ser humano civilizado, que desde su minoridad hasta su adultez actúe conforme ha sido planificado en el contexto social, no debe ser muy difícil lograr suministrarse los  medios físicos necesarios para  una vida normal.

Cualquier persona común y corriente, quien haya cumplido desde niño con su educación básica, de joven con el aprendizaje de un oficio o profesión; o laborar como un empleado con la diligencia necesaria, estará en capacidad de acceder sin mayores sacrificios a lo necesario para desarrollar su vida físicamente, de tal forma cubriendo  la realización material.

La parte restante del concepto, que es la realización espiritual, por depender excluisivamente de nuestro estado de ànimo y autoestima, solamente requiere de nuestra voluntad y deseo de sentirnos bien.

Tenerlo todo representa interiorizar que hemos logrado la satisfacción de nuestras necesidades materiales, al mismo tiempo que alcanzamos nuestra tranquilidad y crecimiento espiritual. Así de claro e igual de fácil.

Lógicamente que, si en vez de una casa  o un apartamento se aspira a tener dos o más; si en vez de un auto para transportarse o utilizar los servicios públicos, se ambiciona disponer de varios; si en vez de los muebles necesarios se intenta tener un almacén repleto, o algunos con materiales exóticos y características exclusivas; si en vez de los recursos económicos necesarios para adquirir lo que se requiere y complementar las necesidades, se anhela tener cuentas de bancos repletas de dinero; conforme a esa manera de pensar, nunca se podrá «tenerlo todo».

Pero, si se realiza el trabajo con amor y eficiencia, procurando satisfacer las necesidades conforme a los ingresos devengados; si se prevé contingencias económicas dentro de lo posible y recomendable; se mantiene una alimentación balanceada, evitando ingerir o usar de elementos nocivos o excesivos, lo que revertirá en una buena salud, entonces no hay ninguna duda de que «Sí que es  posible lograr todo lo que se requiere», al menos desde el punto de vista material.

Como la realización espiritual es intangible y depende de cómo decidamos sentirnos, simplemente podemos ponerlo a nuestro favor cuando nos interese, con lo cual se cierra el círculo físico-espiritual que determina nuestro estado de felicidad personal, lo cual nos permite declarar sin ninguna duda que no hay razòn para que se pueda generalizar el criterio de que «No se puede tener todo en la vida.»

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Sin ánimo de entrar en especulaciones filosóficas de alto vuelo, sino centrando el tema en el mundo de lo cotidiano,  en el que los humanos podemos encontrar o perder la oportunidad de vivir una vida feliz, toma especial relevancia la pregunta del título de esta entrega.

Respecto de ese tema que ha ocupado al hombre desde que tuvo conciencia de su racionalidad, como es la posibilidad de ser feliz, por mi  experiencia, considero que lo importante es sentirse feliz, como presupuesto indispensable para lograr la felicidad.

En la mayoría de las circunstancias que envuelven nuestra vida, es la actitud frente a  ellas lo determinante en cuanto a su su nivel de afectación. Quiero decir que, no son las situaciones en si mismas, por su propia naturaleza,  las que nos harán sentirnos felices o infelices, sino cómo personalmente las percibimos, recibimos, asumimos y procesamos.

De nada sirve que se disponga de compañía, fama, bienes, poder, o riqueza de cualquier género, si no se dispone de la capacidad o la decisión para asumir tales dones como especialmente beneficiosos, al punto de sentir que  nos hacen felices. Por ejemplo, no sirve de nada tener una pareja, hijos, hogar o trabajo, si no sentimos que nos hacen felices; porque cada uno de estos elementos, por si solos o en conjunto, no tienen la capacidad de producirnos felicidad. Siempre dependerá de que nos sintamos felices.

Una esposa podrá dar amor, compañía, ternura, sexo, solidaridad e hijos,  pero nada de eso obligatoriamente tiene que hacer la felicidad de un hombre. De hecho, diariamente miles de personas renuncian a esas bendiciones en busca de una felicidad que consideran no estàn viviendo, lo cual prueba mi aseveración.

Riqueza, una bella y cómoda casa, confortables muebles, un lujoso auto y remunerativo empleo, no aseguran la felicidad, porque si eso fuera así las personas muy ricas serían más felices que las que no lo son;  basta con asistir a los balnearios, parques o sitios de diversión los fines de semana, para observar las recepcionistas, secretarias o empleados de la limpieza de las grandes corporaciones, disfrutando con su familia despreocupados y felices, mientras los potentados  y propietarios no pueden darse el lujo de regalarse esas horas con sus hijos y esposa, por la permanente preocupación y compromisos, necesarios para mantener  y aumentar su riqueza.

Es que la felicidad, como el amor, la solidaridad, la libertad y los demás valores trascendentes, son intangibles; no son susceptibles de ser adquiridos y almacenados para prever los malos tiempos; no pueden venderse ni comprarse, sino que sólo pueden sentirse, pero únicamente mientras se mantenga esa especial actitud de apreciación personal e individual; por eso es que no son permanentes y deben vivirse… intensamente.

No basta con decir: soy muy feliz, hace falta sentirlo, porque si se siente, se vive, se disfruta. De alguna manera es desarrollar la aptitud de tener la actitud de ser felices.

En verdad la riqueza es deseable, y bien utilizada es muy beneficiosa, pero lsólo puede darnos comodidad, porque hasta ahí llega su valor real. Siendo que lo importante es cómo nos sentimos, cuando disponemos de riqueza lo máximo que podemos experimentar es la sensación de  poseerla, lo cual es bien diferente a sentirnos felices. Salomón, de quien se dice que disfrutó de las mayores riquezas y privilegios de su tiempo, al final de su desgraciada vida, convencido de estas verdades, con gran tristeza plasmó esta realidad, escribiendo: «Es mejor la comida de legumbres con amor que el becerro cebado con odio.»

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El proyecto para salvar la pareja mediante la reingeniería de pareja conlleva revisión, análisis sincero, descarnado e integral de la situación en un momento determinado, preparando un plan para salvarla pero partiendo de cero, como si nunca hubiese existido la relación.

Arrancar de cero deja atrás el rencor pero no la certeza del daño que producen los agravios, señalando los que deben evitarse en el futuro pero abriendo el camino para compensar con creces los mutuamente inferidos.

El nuevo proyecto encarna la promesa de un nuevo idilio; la aventura del enamoramiento; la paz espiritual que proporciona el restañar las heridas; y la esperanza del disfrute renovado de ser un solo cuerpo, una sola carne… un alma en común.

Intentar constituir una relación no renovada sino nueva, se convierte en un reto compartido de vencer los rencores, el temor, la tristeza, la soledad, el dolor, la frustración y la angustia, que si ponemos nuestro mejor empeño sin duda tendrá éxito.

Comenzar sin ataduras, dando rienda suelta al alma para volar sobre los sueños nunca realizados; materializar proyectos ideados, deseados y esperados pero no concretados siempre será emocionante, porque proporcionará la posibilidad ideal para convenir una forma diferente para la vida diaria en familia; resolución de los problemas; utilización del tiempo libre y para el manejo de las relaciones amistosas y familiares comunes.

Como el amor que no había muerto, el disfrute de su sexualidad se refuerza; la creatividad, magia y fantasía le imprimirán nuevo ritmo, colorido y entusiasmo, que tendrá a su favor el previo entrenamiento, experiencia y perfecto conocimiento de las apetencias y rechazos sexuales mutuos. Esa satisfacción con nuevos bríos, reforzarán la sensación de que se trata de una nueva relación y no de un remiendo en una que pudiera volver a romperse.

Don Andrés Mata apropiadamente escribía: «…después de cada invierno, florece nuevamente el limonero.» Doy fe de la realidad de estos versos. Todos los días podemos enderezar el barco. Dentro de nosotros mismos tenemos los elementos idóneos: libre albedrío, estado de ánimo, fe, confianza, optimismo, y el poder ilimitado del amor. Solo requerimos diligencia para utilizarlos. Para comenzar una nueva vida todos los días son buenos.

En caso de vida o muerte siempre escogemos la vida. Este es el caso. A favor de nuestra felicidad no tenemos debemos hacer el último intento. La alternativa es lograrlo. Pero, si no resultara exitoso tendremos la tranquilidad de consciencia de haber actuado diligentemente.

Es por lo cual sugiero utilizar un programa de reingeniería de pareja, comenzando de cero, intentando nuevamente conocerse; enamorarse como cuando novios; olvidar agravios y recordar los momentos felices; mirar con optimismo el futuro, aceptando sus personalidades y bendecir el privilegio de poder intentar el regreso… a casa.

En el hogar vive la única realidad que tiene cara y calor humanos. Allí está la persona a quien interesamos realmente, porque su vida está unida a la nuestra y es parte irremplazable en nuestro equipo de fábrica de sueños… posibles. Aprovechèmosla y disfrutèmosla intensamente, que ese es nuestro pago en esta vida.

Próxima Entrega: POR QUIEN DOBLAN LAS CAMPANAS EN LA UNIVERSIDAD NORTHERN

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¿De que sirven los sueños si no los vivimos? ¿No es mediante ellos que vencemos el albur de una vida que no pedimos, dentro de un mundo amplio e infinito que espera ser descubierto?

Creo en mis sueños como único medio para romper la monotonía de la vida y dejo que me guíen. Sé que sólo se concretarán si me conviene.

Vivo con intensidad su desarrollo; su nacimiento, su increíble recorrido por ese mundo ideal que me corresponde. Mientras doy los pasos necesarios, experimento la sensación de que en mi fuero interno se están sucediendo.

Si se concretan, doy el toque final de celebración dando gracias por haberlo logrado. Si no se dan, igualmente agradezco haberlos disfrutado y porque sé que el no materializarse me resguarda.

Como mis sueños tienen vida, los ubico en mi existencia física: mi familia, trabajo y afectos, concretando los que puedo manejar y lograr sin violentar la voluntad de Dios.

Así, vivo mi sueño con el amor sublime de esa bella, tierna y leal mujer que Dios me dio por compañera, con respeto, consideración, aceptación, solidaridad, lealtad, reconocimiento, buena comunicación y apasionada sexualidad, convirtiéndolo en realidad.

Al amar, respetar y aceptar la individualidad de cada uno de mis hijos y entorno íntimo, la generosidad y bondad que, si no tuvieren, mis sueños les asignan, convierten ese pedazo de mis sueños en realidad.

Mi placidez permanente por haber vivido más de sesenta y seis años, superado riesgos, peligros y momentos difíciles; construido una familia feliz; orientando a quienes mejoraron su óptica de la vida; escrito libros y entablado este diálogo virtual con ustedes, representa sueños convertidos en realidad.

Quienes me aman, aman mis sueños, porque son parte integral de mi amor por ellos. Conocen que sueño por ambos. Saben que son y serán siempre parte de mis sueños. No tienen otra dimensión de mi personalidad.

Mis sueños, que hago realidad en lo posible, reflejan mi inagotable amor, mi deseo de transmitírselos y mi agradecimiento a Dios por permitirme embarcarme con ellos en este viaje hermoso, que es nuestra vida.

Para mí hoy y todos los días son maravillosos. El sol, la brisa, la risa de los niños y el canto de los pájaros, me recuerdan que Dios está aquí para velar y ayudarme. Lo disfrutaré intensamente, haciéndolo todo en su nombre con alegría, fe y optimismo, porque esa es la parte de mis sueños que me está dado hacer realidad.

No me imagino mi existencia ni la de mi familia sin sueños. Tampoco quiero imaginar la de ustedes sin los suyos. Sería una lástima no utilizarlos teniéndolos a mano.

Los invito a soñar, cubriendo los pasos que permitan hacerlos realidad, si convienen. Sintiendo la necesidad de soñar, decidiéndose a hacerlo, conformando los sueños, y lo más importante, vivirlos en cada una de sus etapas.

No cuesta nada, pero es muy grato porque son la única posibilidad de convertir la fantasía… en realidad.

Próxima Entrega: LA FELICIDAD EN TIEMPO DE CRISIS.

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hp1885.jpgComo un todo con Dios, este mundo es como una gran torta con igualdad e idénticas posibilidades, donde todos tenemos derecho a participar.

Nacemos con capacidades diferentes, pero las necesarias para participar del banquete. No obstante, observamos como algunos la disfrutan más que otros, según sea el tamaño, sabor o relevancia que le den al comerla. Inclusive, hay quienes no asisten a tomar su parte, sino que recogen las sobras de otros comensales.
¿Cuál es al diferencia entre unos y otros? Y… ¿Dónde, cuándo, cómo y porqué se origina la discrepancia? Es actitud más que aptitud. Desde que nacemos la vida nos presenta opciones que debemos tomar o rechazar.

Al nacer, con la primera dosis de oxígeno iniciamos el banquete. Unos bebés lloran pidiendo su primer pedazo, pero otros no, el médico debe incitarles a tomarlo. Asimismo, unos son menos llorones, ariscos, enfermizos y felices que otros. Los primeros disfrutan del alimento, el ambiente, las personas y juguetes con curiosidad y entusiasmo. Instintivamente, siempre andan en procura de su pedazo de torta.

A lo largo de la vida, progresivamente se desarrolla esa actitud de buscar lo que nos corresponde. El afecto de nuestros congéneres, en su mayoría nobles, generosos y ansiosos de dar y recibir amor, aunado a la belleza y riqueza del paisaje geográfico, lleno de opciones para disfrutarlo, nos anuncian su magnífico contenido. Pero será nuestro estado de ánimo el que defina la actitud de participación, desarrollando la aptitud para lograr el mejor pedazo, porque la Ley de la Abundancia siempre asegura suficiente para todos.

Nosotros decidimos dónde, cuándo y cómo logramos la mejor parte. Nadie puede hacerlo por nosotros. Disponemos de razón e inteligencia suficientes para procurarnos lo conveniente.

El que amanece feliz, da gracias, saluda y bendice el día considerándolo el mejor en cada oportunidad, está sirviendo la mesa.

El que realiza sus actividades con entusiasmo y disfrutando al ser útil, está fabricando la torta.

Aquel que ambiciona, sueña, ama y se complace en la plenitud de vivir, seguro de que la vida le dará lo que espere y produzca con sus acciones, es el primero en llegar al banquete.

El que recibe los acontecimientos como producto de su aptitud para vivir mejor, convirtiendo problemas en asuntos por resolver y recibiendo los inconvenientes como positivos, porque le señalan el camino a seguir en busca de su felicidad, es el que toma el mejor pedazo.

Quien asume esta vida como una experiencia espiritual, que se sirve del cuerpo para lograr sus cometidos terrenales orientados a su felicidad personal, es el que toma su parte tranquilo, sin prisas, temores ni vaticinios negativos y disfruta de su parte de la torta, donde el tamaño, sabor y efecto en su vida, sólo él se lo da.

Un pedazo de la torta de idéntico contenido, se ofrece a todo ser humano. El lograrlo, su tamaño, sabor o efectos corresponde determinarlo a quien la toma. No existe posibilidad de transferir esa responsabilidad, porque es parte de nuestro libre albedrío que sólo nosotros manejamos y nos identifica como hijos de Dios.

La mesa está servida. A usted corresponde decidir cuál es el pedazo de la torta que tomará. Ore por una decisión acertada y no lo deje para después, luego podría ser tarde.

Próxima Entrega: LA VIDA EN UN SUEÑO

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GENTE FELIZ

Siendo que El Estado de Animo es una especial facultad interna que nos posibilita mirar el mundo del color que nos apetezca, nuestro interés principal deberá ser mejorarlo al mayor grado posible. En tal sentido, el primer paso será elegir sentirnos mejor, para lo cual nos basta con enumerar las múltiples bendiciones y muchas cualidades físicas y espirituales de que somos portadores, cuales en su totalidad son fuente abundante de motivos para mejorar nuestro estado de ánimo.

Así tendremos que nuestra bendición principal es NUESTRA VIDA, porque sin ella no somos nada, somos menos que el éter; simplemente no existimos.  Si los muertos pudieran hablar, nos manifestarían cuanto envidian esa insustituible posesión física que es nuestra vida.

No recuerdo en toda mi vida, haber conocido que alguien en su sano juicio hubiese deseado morir, o por lo menos que no hubiese hecho todo lo posible por mantenerse vivo. Por tanto, nuestro ánimo mejorará si meditamos sobre el hecho de que estar vivos, ya es la mayor bendición de Dios sobre la tierra.

Otra  bendición inigualable para mejorar nuestro estado de ánimo son nuestros cinco sentidos conocidos, los cuales nos permiten mirar la reconfortante sonrisa de los niños, oír el canto de los pájaros y la palabra… amor; la sensación indescriptible de la brisa mañanera en nuestra cara, el aroma de las flores y del pasto mojado en las mañanas lluviosas, el sabor de los manjares que Dios ha puesto sobre la tierra para nuestro disfrute, y ese inconfundible, familiar olor del ser amado.

Pero si además reflexionamos sobre el que, diariamente mueren de hambre miles de personas y especialmente niños, siendo que para nosotros el problema alimentario es ¿Qué dejamos de comer para no engordar?Mientras que para esos miles de hermanos nuestrossu problema es ¿Dónde encuentran cualquier alimento para no morirse de hambre?; que existen millones de personas sufriendo de horribles enfermedades como el VIH; más de un mil tipos de cáncer; Parkinson, Alzheimer y… pare de contar, sin posibilidades de atender eficientemente sus enfermedades, mientras nosotros disfrutamos de una salud a toda prueba y tenemos acceso a los mejores centros de salud del mundo.

Que en países africanos, asiáticos y de América Latina, en campamentos insalubres e improvisados crecen millones de niños que nunca aprenderán a escribir siquiera la palabra “madre”, mientras nosotros accedemos a los mejores centros de educación. Que desde Afganistán hasta La Patagonia Chilena, personas nacen, crecen y mueren sin llegar a disponer de un trabajo o un techo donde guarecerse, mientras nosotros disponemos de empleo seguro, vivienda propia o por lo menos la oportunidad de adquirirla.

Que pudiera ser que en este mismo instante, mientras usted deja en su colegio a su niña de catorce años provista, de su morral con libros y su merienda, cientos de miles de niños y niñas entre diez y diecisiete años en Burundi, Sierra Leona, Ruanda, Zambia y Colombia, por citar los países más conocidos, son obligados a empuñar armas mortales, violados en sus almas y en sus cuerpos, sin poder regresar a sus hogares, por temor a ser asesinados por quienes se han servido inmisericordemente de ellos.

Con tales reflexiones comparativas entre usted y el resto del mundo, su estado de ánimo mejorará significativamente y de tal manera robustecerá uno de los elementos más importantes para lograr una vida feliz; al mismo tiempo que le facilitaráreflexionarsobre el hecho indiscutible deque usted es un hijo privilegiado de Dios y por tanto no tiene derecho a permitir que su estado de ánimo decaiga, sino disfrutar de los dones que Dios le ha acumulado durante toda su vida.

Para concluir, permítanme comentarles que cuando paseo por las ciudad observo  como personas a quienes les falta unbrazo o una pierna, o se trasladan en sillas de ruedas, sonríen y se notan felices. Paradójicamente, a su lado observo personas jóvenes, hermosas, vitalesy sanas, con sus seños fruncidos con actitud de infelicidad.

¿Qué hace la diferencia entre unos y otros? Sin ninguna duda, SU ESTADO DE ANIMO.

Próxima entrega: COMO MEJORAR SU ESTADO DE ANIMO (ParteII)

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