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Archive for the ‘DIOS’ Category

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De alguna manera, nuestra vida puede parangonarse a una lluvia constante donde las gotas de agua son sustituidas por los acontecimientos, que se precipitan acelerada y continuamente, produciendo sus efectos en la misma medida en que somos capaces de preverlos, asumirlos, evitarlos o utilizarlos a nuestro favor.

Las herramientas con que vinimos dotados a este mundo, como nuestra razón, inteligencia, libre albedrío y estado de ánimo, hacen un extraordinario y protector paraguas, suficiente para que protegidos en el, sin grandes dificultades podamos disfrutar de una vida plena y feliz.

Sin embargo, precisamente por disponer de razón, dentro de nuestro interminable camino de preguntarnos el por qué y para qué de cada cosa, nos perdemos en un mundo de especulaciones, que logra transformar lo elemental y obvio en difícil y complicado, perdiéndonos disfrutar de la belleza y placidez de lo que nos rodea, que es, esencialmente, natural y sencillo.

Frente a la mayoría de los fenómenos naturales y actuaciones humanas, no requerimos hacer mucho porque funcionan a favor de nuestra supervivencia, como integrante de esa misma naturaleza y como seres vivientes de una misma especie.

La función del paraguas hipotético lo es para precaver los acontecimientos que pudieren perturbarnos o atemorizarnos, en la mayoría de los casos derivados o como consecuencia de nuestras propias especulaciones y actuaciones erradas. Por tanto, lo inteligente es abrirlo antes de que comience la lluvia y no cuando ya ha comenzado y estemos empapados, o luego que pase el aguacero.

El obrar humano es, precisamente, ese incesante realizar actuaciones en pro de hacernos una vida buena. Su mejor instrumento lo es la observación, sobre la cual se dice que es la fuente de la sabiduría, como máximo logro del ser humano.

La observación atenta de los acontecimientos, la naturaleza y las actuaciones de nuestros congéneres y sus circunstancias, nos permiten de manera permanente hacer una composición de lugar, con la intención de atesorar aciertos y evitar errores.

La concepción del tiempo, que como el temor y algunas otras operaciones mentales, pareciera que, quizás inconscientemente, las creamos para aumentar nuestro natural estrés, venturosamente son absolutamente controlables en la misma medida en que las identificamos en su real sentido: concepciones mentales.

No obstante, frente a los acontecimientos y las circunstancias que de alguna manera escapan a nuestro control pero que pueden afectarnos, lo importante es cómo los interpretamos, cómo los asimilamos y cómo prevemos los que pudieran sernos negativos o perjudiciales.

Observar los efectos y las consecuencias de las actuaciones humanas en la vida de sus actores, es la tela con la cual construimos nuestro paraguas. La contabilización y puesta en práctica de sus aciertos y el evitar sus desaciertos, nos dan la soltura suficiente para vadear de la mejor manera, esos baches que para otros fueron difíciles y a veces infranqueables.

Pero, en todos los casos, se trata de prevención, se trata de aprender a tiempo; se trata de observar permanentemente las actuaciones de los demás, en búsqueda del aprendizaje. De alguna manera, es abrir el paraguas antes de que comience el aguacero.

Próxima Entrega: DEL PASO AL ACTO

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Creo en mi poder personal porque soy uno con Dios y el universo; y ambos vendrán en mi ayuda, si lo solicito. No obstante, con satisfacción reconozco que individualmente soy limitado, por no decir … incompleto.

El Eclesiastés tiene tanta razón cuando aconseja que «No andes solo porque si tropiezas no tienes quien te levante y si estás triste no tienes quien te consuele», que me atrevo a adicionar que tampoco tienes con quien compartir, algo que es fundamental para disfrutar de los placeres de la vida.

Si unimos las palabras sagradas de la Biblia, mi humilde comentario y el adagio del pueblo que dice que «El que anda solo lo cuelgan por separado», podemos determinar un acertado código de conducta como integrantes de cualquier grupo humano.

Es que en todos los ámbitos de nuestra existencia, nuestros congéneres pueden, y quizás, deben complementarnos. Desde la necesidad más perentoria, como lo es la de producir reemplazos para mantener la especie sobre la tierra, pasando por la mejor forma de enfrentar la mayoría de las contingencias, hasta para lograr nuestra mayor realización físico-espiritual, siempre requerimos de otro ser humano.

Desde el momento de la concepción, espermatozoide y óvulo se conjugan para darnos vida; hombre y mujer para disfrutarla; amor y ternura para hacerla plena; respeto y verdad para la convivencia grupal; dos o más para desarrollar el mundo.

Nuestra esencia gregaria nos señala la necesidad indiscutible de convivir con otro u otros seres humanos, para lograr nuestra realización material y espiritual.

Dos son mejor que uno, reza el principio bíblico. Nunca un apotegma tuvo más razón. Es que para estar tristes no requerimos compañía, pero para ser felices sí. De allí deriva la necesidad y conveniencia de respetar, honrar y engrandecer a nuestros semejantes, en el camino de vivir una vida plena, como posibilidad única de asegurarnos permanente y solidaria compañía.

De hecho la pareja, que sustenta la familia y es la base fundamental de la sociedad organizada, está integrada por dos. No puede su manifestación máxima espiritual realizarse, ni el éxtasis de amor materializarse sin el concurso de ambos actores.

Nuestra máxima plenitud, que debe ser físico-espiritual, es simbiótica. No tenemos posibilidad de lograrla unipersonalmente. Como seres individuales somos incompletos. No es algo que hayamos escogido nosotros, es algo que nos fue dado hecho. Es la fuente de nuestro necesario, pero conveniente, sentido de humildad.

Siempre requeriremos de otro congénere para lograr los más altos fines de nuestra existencia físico-espiritual. De tal suerte, con Dios hacemos dúo, también con la persona que escogimos como pareja. Dos somos con nuestros padres y dos con nuestros hijos. Siempre que se trate del logro de cualquier causa positiva, dos serán mejor que uno porque aportan más fuerza, decisión e inteligencia.

Palabras más, palabras menos, Jesús nos orientó en ese camino de la unidad cuando enseñaba: «Donde estén dos o más en mi nombre, allí estaré yo.» Pienso que es algo que debemos tomar en consideración, para más estimar, honrar y engrandecer a esas maravillosas personas que todos los días llenan de amor y alegría nuestra existencia.

Próxima Entrega: SOLIDARIDAD EN SILLA DE RUEDAS.

 

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abuelo-i.jpgHoy visite al Abuelo, y como siempre aprendí algo nuevo de él. Es un hombre sin grandes conocimientos formales, pero… sabio. Como lo escribiera Marilyn Vos Savan: «El conocimiento se adquiere por medio del estudio; la sabiduría, por medio de la observación».

Este hombre de ochenta y dos años de edad, paso firme e inquieto, quien pudiera no haber concluido la escuela primaria, podría dictar una cátedra de cómo vivir una vida feliz.

En repetidas oportunidades hemos hablado por largo tiempo. Durante nuestras pláticas nunca se quejó de su edad, su familia, la gente joven o de los años que ha vivido. Todo lo contrario, siempre me habla de la bendición que representa haber vivido tantos años, de los muchos amigos que tuvo y tiene, de todo lo que disfruta la vida y la intención que tiene de vivir feliz muchos años más.

El abuelo fundó y desarrolló una familia amplia, disfrutando de nietos y bisnietos. Siempre tiene una respuesta rápida a cualquier pregunta. Como nunca le he visto subido de peso, cuando le pregunto como lo logra, solamente me responde: cómo de todo. Si le inquiero por qué es que nunca se enferma, me responde: soy un hombre feliz. En una oportunidad le pregunté si le temía a la muerte, a lo que me contestó: no… no pienso en ella.

En los últimos setenta y cinco años el mundo cambió radicalmente, dejando en el camino muchos viejos nostálgicos, tristes y refunfuñones, quienes no pudieron superar los profundos cambios que se sucedieron; pero al abuelo eso no le hizo mella. El se adaptó a las nuevas circunstancias y se mantuvo a flote, bajo el criterio de mantenerse en la cresta de la ola.

Este personaje, de quien he aprendido mucho de lo que utilizo para mejor vivir y ayudar a otras personas, refuerza mi criterio de que no es el conocimiento formal, la riqueza o el poder, los que pueden otorgarnos sabiduría o felicidad, sino el disfrutar de cada aspecto de la vida, dentro del maravilloso mundo de las cosas sencillas.

La sabiduría es un don aplicable a nuestra forma de ver la vida y las cosas, que nos ayuda a experimentarlas con más tranquilidad y mayor intensidad, pero que se nutre de la observación y se solidifica en la convicción de que Dios siempre proveerá lo que requerimos.

En una oportunidad le comenté mi preocupación por la apatía y el aburrimiento de tantas personas que observo todo los días, a lo que dijo que nunca había tenido tanta riqueza o abundancia como para enfermarse de hastío, rutina o desencanto.

Esa frase me abrió una reflexión, haciéndome notar que ciertamente, cuando un ser humano tiene que luchar a diario en su formación, trabajo, sacando adelante su familia y viendo por su futuro, poco tiempo le queda para el hastío, la rutina o el desencanto.

De donde concluyo que es la actividad constante y positiva, el amor por lo que hacemos, la confianza en que vivimos una vida buena y la esperanza de que todos los días será mejor, el mejor seguro frente al aburrimiento y la tristeza, pero además una demostración de sabiduría.

Próxima Entrega: UN DIA CUALQUIERA

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El proyecto para salvar la pareja mediante la reingeniería de pareja conlleva revisión, análisis sincero, descarnado e integral de la situación en un momento determinado, preparando un plan para salvarla pero partiendo de cero, como si nunca hubiese existido la relación.

Arrancar de cero deja atrás el rencor pero no la certeza del daño que producen los agravios, señalando los que deben evitarse en el futuro pero abriendo el camino para compensar con creces los mutuamente inferidos.

El nuevo proyecto encarna la promesa de un nuevo idilio; la aventura del enamoramiento; la paz espiritual que proporciona el restañar las heridas; y la esperanza del disfrute renovado de ser un solo cuerpo, una sola carne… un alma en común.

Intentar constituir una relación no renovada sino nueva, se convierte en un reto compartido de vencer los rencores, el temor, la tristeza, la soledad, el dolor, la frustración y la angustia, que si ponemos nuestro mejor empeño sin duda tendrá éxito.

Comenzar sin ataduras, dando rienda suelta al alma para volar sobre los sueños nunca realizados; materializar proyectos ideados, deseados y esperados pero no concretados siempre será emocionante, porque proporcionará la posibilidad ideal para convenir una forma diferente para la vida diaria en familia; resolución de los problemas; utilización del tiempo libre y para el manejo de las relaciones amistosas y familiares comunes.

Como el amor que no había muerto, el disfrute de su sexualidad se refuerza; la creatividad, magia y fantasía le imprimirán nuevo ritmo, colorido y entusiasmo, que tendrá a su favor el previo entrenamiento, experiencia y perfecto conocimiento de las apetencias y rechazos sexuales mutuos. Esa satisfacción con nuevos bríos, reforzarán la sensación de que se trata de una nueva relación y no de un remiendo en una que pudiera volver a romperse.

Don Andrés Mata apropiadamente escribía: «…después de cada invierno, florece nuevamente el limonero.» Doy fe de la realidad de estos versos. Todos los días podemos enderezar el barco. Dentro de nosotros mismos tenemos los elementos idóneos: libre albedrío, estado de ánimo, fe, confianza, optimismo, y el poder ilimitado del amor. Solo requerimos diligencia para utilizarlos. Para comenzar una nueva vida todos los días son buenos.

En caso de vida o muerte siempre escogemos la vida. Este es el caso. A favor de nuestra felicidad no tenemos debemos hacer el último intento. La alternativa es lograrlo. Pero, si no resultara exitoso tendremos la tranquilidad de consciencia de haber actuado diligentemente.

Es por lo cual sugiero utilizar un programa de reingeniería de pareja, comenzando de cero, intentando nuevamente conocerse; enamorarse como cuando novios; olvidar agravios y recordar los momentos felices; mirar con optimismo el futuro, aceptando sus personalidades y bendecir el privilegio de poder intentar el regreso… a casa.

En el hogar vive la única realidad que tiene cara y calor humanos. Allí está la persona a quien interesamos realmente, porque su vida está unida a la nuestra y es parte irremplazable en nuestro equipo de fábrica de sueños… posibles. Aprovechèmosla y disfrutèmosla intensamente, que ese es nuestro pago en esta vida.

Próxima Entrega: POR QUIEN DOBLAN LAS CAMPANAS EN LA UNIVERSIDAD NORTHERN

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Todos los días y cada instante es tiempo para enamorarse. Son tantas y tan variadas las sensaciones, percepciones, personas y cosas maravillosas que nos rodean, que sería imperdonable no enamorarnos de tanta belleza.

Como hijos de Dios fuimos dotados de tal capacidad para amar, que en nuestra alma y espíritu, siempre hay espacio para todo y para todos… en todo momento.

Tal importancia tiene el amor, que cuando por cualquier circunstancia perdemos la capacidad de amar, desaparece el principal incentivo de vivir y la naturaleza, sin mucha pérdida de tiempo, se encarga de devolvernos a donde vinimos.

Acertadamente alguien escribió: «Para estar contento, activo y sentirse feliz, hay que estar de novio con la vida.» Hace unos cuantos años, al suscribir este apotegma lo hice parte de mi vida, obteniendo los mejores resultados en mi reconfortante vida sentimental.

Especialmente, en la relación amorosa que une a dos personas, el color rosa, la música y el perfume identifican el amor. Idilio, magia, curiosidad y un toque de locura, lo hacen posible. La ternura, aceptación, pasión y fantasía, permiten sentirlo. El sexo y su vinculación físico-espiritual, que promueve la entrega sin reservas, obsequian su máxima expresión de goce.

Comer, dormir y contemplar el mundo en toda su maravillosa extensión, sin duda es reconfortante, anima y mantiene nuestra vida física; pero para lograr la plenitud requerimos satisfacer necesidades intangibles, que son las que por virtud de nuestra razón, alimentan el alma y espíritu, siendo el amor la de mayor jerarquía para producirnos la anhelada felicidad personal.

Procurar, priorizar y vivir todas esas sensaciones es un estado mental, físico y espiritual que debemos hacer permanente, para poder decir con propiedad que «estamos enamorados.»

Sobre la trascendencia del amor entre dos personas como lazo fundamental para su plenitud, Luciano de Crescenzo nos regaló su mejor expresión cuando sentenció: «Cada uno de nosotros somos ala, y solo podemos volar cuando nos abrazamos a otro.»

Todas las cosas trascendentes en nuestra vida, corresponden a decisiones que son intangibles, que no requieren nada físico, sino la actitud de realizarlas y la aptitud para concretarlas. Simplemente, corresponde a nuestra decisión personal, tomarlas o dejarlas.

Pienso, que si no logramos interpretar estos mensajes y los aplicamos debidamente a nuestra cotidianidad hasta lograr enamorarnos de la vida, haciéndola color de rosa, con música sublime y perfume excelso que nos identifica como enamorados, nuestra capacidad de ser felices será muy limitada.

Por otra parte, si no logramos conquistar esa felicidad que todos merecemos, corremos el riesgo de tener que, al final de nuestra propia vida, hacer la dolorosa confesión atribuida al brillante, pero ya desaparecido, escritor Jorge Luís Borges cuando, en el contexto de algunas de sus reflexiones, expresó: «He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer: No he sido feliz».

Próxima Entrega: UNA OCASIÓN ESPECIAL

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El acto sexual, por el mismo hecho de poner en movimiento tanto la parte física como la intelectiva, en principio, como generalidad, debería ser sinérgico e involucrar ambos actores.

Nuestra individualidad y tipicidad nos hace diferentes unos de los otros, dificultando la aplicación de conceptos generales con relación a nuestra actuación particular. Así, por ejemplo, los signos externos de excitación en el hombre son inocultables, mientras que en la mujer no son fáciles de observar, lo que permite en ocasiones ocultarlos o solaparlos mediante una actuación determinadamente premeditada.

Cuando una persona participa pasivamente en el acto sexual, este pierde la emoción, ternura, magia y fantasía, que le hacen el más reconfortante evento entre un hombre y una mujer.

Quien no desea el acto pero lo conciente no obstante su personal indiferencia, ausencia de deseo o rechazo a ese contacto íntimo, renuncia a su propia satisfacción al prestar su cuerpo como instrumento de autocomplacencia del otro actor, desviando lo que debió ser una actuación mutua y hermosa hacia el ejercicio de violencia sexual moral por falsedad, afectando sus propios sentimientos y autoestima.

Pienso que la diferencia entre la masturbación y el hacer el amor, más allá de cualquier consideración teórico-materialista, es precisamente el concurso activo mutuo, que imbuído de amor, pasión, ternura, magia e intención de producirse el máximo de placer, lo convierte en sincera y auténtica entrega de cuerpo y… alma.

Quien consciente de su inmotivación, subyugando su propia voluntad al permitirlo, normalmente lo hace orientado hacia el logro de algún objetivo extraño a los sentimientos que motivan el acto sexual, violentando su propia ética personal al supeditar su dignidad y espiritualidad a intereses subalternos, nunca suficientes para justificar utilizar su cuerpo, que es el tabernáculo de Dios, en un acto tan íntimo sin las motivaciones éticas y morales que lo justifican.

Pudiera ser que en casos aislados, la actuación pasiva de uno de los actores se origine por conveniencia, supuesta necesidad, o en premeditada actuación para lograr un fin extraordinario como pudiera ser la concepción de un hijo. En tales casos, en mi criterio personal, aunque no violenta ninguna norma jurídica estimo que no es legítimo, porque al actuar con engaño premeditado se pierde la plenitud que desde el punto de vista cultural logró superar su propia originalidad, al elevarlo sobre su propio instinto y ubicarlo en la categoría de espiritual.

No obstante todo lo expuesto, estas especulaciones, ausentes de toda intención de juzgar lo que sólo a Dios y a los actores corresponde, pretenden establecer la profunda diferencia entre un acto sexual pasivo y aquel activo que se supone realizan las personas que se aman, como lo trataremos en la entrega de mañana.

Próxima Entrega: EL SEXO ACTIVO

 

 

 

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gahndi.jpgUn grafitti donde se leía «Cuida tus palabras, no sea que luego tengas que tragártelas.», me produjo estas reflexiones.

Ciertamente, como atributo exclusivo del hombre, la palabra es la forma ideal de manifestar lo que se cree, siente y espera. Podemos imprimirle ternura, suavidad y bonanza, pero también fuerza que sobrepase el tiempo y la distancia, proyectándola más allá de nuestra propia naturaleza, posibilitando nuestro contacto con Dios mediante la oración, para vencer nuestras interrogantes e inmensa vulnerabilidad, frente a unas leyes naturales a veces incomprensibles.

Las palabras huelen y saben a sentimiento; como brisa de la mañana, perfume de flores o música sublime que llena el corazón, alimenta el alma fortaleciéndola y enriqueciendo el espíritu, en presencia de la expresión: te amo. Asimismo, con olor de azufre y sonido terrible, quema en lo más profundo de nuestro ser cuando nos ofenden, engañan o tratan con injusticia o estulticia.

Con la palabra manifiestamos temor, dolor, frustración, impotencia y rabia; pero también amor, alegría y esperanza, siempre en busca de una respuesta a nuestra natural inconformidad.

Dados sus efectos, el uso apropiado de la oralidad es responsabilidad ineludible, porque con ella podemos generar amor o tristeza; paz o guerra; alegría o dolor; abrir o sanar heridas; orar o… maldecir.

Una palabra puede decidir el ganar o perder la libertad, el patrimonio o la permanencia en el lar nativo, afectando por igual indivualidades o millones de personas.

La palabra nos hace parecernos a Dios. Él decide la perdición o salvación espirituales, sobre la base de evaluar el ejercicio de nuestro libre albedrío. Parangonándolo, un Juez absuelve o condena nuestros actos sobre esta tierra.

Mediante la palabra, el gobernante, en nombre de la comunidad, con razón o sin ella, decide sobre la tranquilidad, paz o estabilidad social.

Por las palabras «ya no te amo» o similares, personas con un mundo maravilloso por delante, se quitaron la vida. Por el contrario, al sonido del mantra fundamenal de la vida, que es la palabra amor, otros lograron su felicidad.

Organizaciones especializadas, que atienden cientos de miles de casos de suicidios, declaran que una palabra de amor, solidaridad o comprensión, han logrado el desistimiento del intento.

Por eso debemos cuidar lo que decimos, porque pudiera suceder que nuestras palabras afecten sentimientos importantes o destruyan la justificación de una vida buena.

El amor, como fuerza que mueve al mundo, y el reconocimiento que lo mantienen activo, son incompletos sin la expresión oral. No puedo conocer el nivel de tu amor si no me lo expresas; no determino si lo hago bien, si no conozco tu reacción; no tengo incentivos para repetir mis actos positivos, si no me lo reconoces.

Como las palabras pueden hacer felices o infelices a nuestros semejantes, más que una conveniencia es una necesidad ineludible pensar antes de hablar, meditar y evaluar sus posibles efectos en los interlocutores, no vaya a ser que, como en el grafitti referido, luego tengamos que… almorzar con ellas.

Próximas Entregas: Por solicitud de una consecuente lectora, catedrática de sexualidad en una reconocida universidad de Miami, en las próximas cuatro entregas trataré sobre el sexo, en su polifacética condición de indispensable en la vida del ser humano.

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La multiplicidad de situaciones negativas que afectan nuestra contemporaneidad, hacen que el tiempo que antes nos parecìa suficiente, hoy se haga difícil de utilizar provechosamente. Los crecientes males sociales como la masificaciòn, inseguridad, competencia imperfecta e insensibilidad frente al dolor humano, lo contaminan todo.

Su impacto sobre nuestro intelecto determina una intranquilidad casi permanente, por la sensaciòn de que hay demasiados factores que escapan a nuestro control.

La familia, el trabajo, los estudios, así como mantener las relaciones en la comunidad, pierden su sabor agradable frente a la urgencia, desasosiego y trànsito… colapsado. Cubrir las distancias entre los hogares, centros de trabajo y estudio, hacen un ejercicio de espiritualidad el mantener el mínimo de autocontrol, suficiente para no terminar en el hospital psiquiàtrico.

Esas actividades diarias que en un tiempo fueron agradables, se han convertido en un trago necesario pero difìcil de tomar. La prisa impide sentir la brisa de la mañana; las bocinas de los autos en interminable colas nos convierten en ciudadanos con perfil de autómatas y actitudes de… zombies.

Se saluda el dìa con una mano en el volante y otra en el sandwich, que se alterna con el celular, buscando sin encontrar atajos que permitan ganar… segundos.

Todos lucen malhumorados, preocupados, casi neuròticos. Demorarse cinco minutos más en la guarderìa, puede significar una cola que te haga llegar tarde al trabajo, donde correos electrònicos y llamadas urgentes deben ser revisados y respondidos con suficiente rapidez para llegar a tiempo al meeting, donde un jefe aùn màs perturbado no acepta justificaciones por asistencia retardada.

Pero, aún frente a ese difìcil panorama diario observamos personas que rien, hacen chistes y se notan felices en su trabajo, estudio y hogar. ¿Cómo lo logran? ¿De qué se valen para no sucumbir ante esa especie de caos colectivo y mantenerse en control, disfrutando de las actividades que ocupan su vida diaria?

Se trata de una actitud, una forma apropiada de entender las circunstancias que integran la cotidianidad, interpretándola dentro de una ideologìa de vida que prioriza la óptica positiva de cada circunstancia, señalando que todo evento, por desagradable que fuere, siempre tiene una parte positiva, haciendo emocionante buscarla y… encontrarla.

En ese camino por vencer el tiempo y ponerlo a nuestro favor, la planificación es la base de partida. La disciplina y fe en que somos capaces para enfrentar cualquier reto con decisiòn y amor, se encargan de lo demàs, convirtiendo el autocontrol de conveniente en necesario.

Frente a las opciones donde debemos escoger la apropiada, la tranquilidad, mesura, equilibrio y confianza son las mejores herramaientas. Meditar y aquietarse puede evitarnos actuar de forma inconveniente, que determine consecuencias negativas. El tiempo para pensar cómo debemos atacar cada circunstancia, se hace tan o màs importante que el requerido para realizarla.

El amor por las personas y lo que hacemos, la convicciòn de que el tiempo de Dios es perfecto y que nada sucede fuera de su control; la certeza de que todo tiene una razòn y aportará una enseñanza; que en la pròxima esquina hay algo bueno para nosotros esperando por ser descubierto y aún quedan muchas esquinas por inspeccionar, son el combustible para el espìritu que alimenta el autocontrol, como ùnica opciòn vàlida para encontrar el lado bello de una vida que, dentro del plan divino, no cambiarà en su cotidianidad fìsica, pero que sì es posible adaptar a nuestras personales circunstancias.

Próxima Entrega: PROACTIVIDAD O NEGLIGENCIA

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El lenguaje de Dios, que inunda con su simbolismo particular todos los espacios del Universo. Es especial y sólo perceptible para quienes permanecen en su sintonía. Así, el canto de los pájaros, el ruido del agua en el arroyo y la risa de los niños, nos hablan de su bondad infinita y su amor permanentes. El rugir del viento entre las montañas y el murmullo casi imperceptible del caer de las hojas de los árboles, nos susurran que Él está en las grandes y pequeñas cosas. El ruido de las olas del mar al chocar en los acantilados, el trueno en la tempestad y el rayo en la tormenta, es parte de ese grito desgarrador cuando dañan a un justo.

Dios no dialoga, menos aún de la manera como nosotros lo hacemos. Oye nuestra oración, que es un monólogo, pero no responde con voz que pueda percibir ninguno de nuestros sentidos conocidos. Con Él no existe acción y reacción como en la comunicación humana. Oramos y esperamos, sin que nos corresponda conocer cuando, cómo o si se nos concederá lo pedido. La decisión es suya y la respuesta…su resultado.

Su inmediatez con nosotros hace innecesario el diálogo verbal. Nuestro espíritu y la fuerza universal que Él representa, imperceptible a nuestro ser físico, se mantienen vinculados espiritualmente y en perfecta armonía. Sería como hablar con nosotros mismos, escuchando el eco de nuestra propia voz.

Al reflejarnos en Él, en nuestra consciencia diferenciamos el bien del mal, cual es lo que nos interesa. Actuamos con plena libertad, pero su ayuda es condicionada: si amamos a las personas, procuramos su bien y las engrandecemos, acompaña cada uno de nuestros actos, pero de lo contrario, se aparta y nos deja correr nuestro propio riesgo, en un mundo donde solos somos muy vulnerables física y espiritualmente.

Percibo a cada instante y sin ninguna duda que Dios vive conmigo cada segundo de mi vida. Su voz, únicamente perceptible por mi espíritu guía cada uno de mis pasos conscientes; actúa permanentemente en mi inconsciente y se solaza diseñando junto conmigo mis sueños, haciendo realidad los que me benefician y dotándome de la fe suficiente para entender sus ilimitados poder y sabiduría.

Por eso no requiero su fonética, como en el caso de mi comunicación con mis hermanos humanos, quienes no están en contacto con mi espíritu; pero estoy convencido de que, cuando lo estima necesario o conveniente para mí, Dios refracta el eco de su lenguaje único sobre las paredes de mi alma, orientando mis pasos por caminos seguros. Cómo lo hace o de que medios se vale, es algo que no debe importarme, porque mi interés se fundamenta en los resultados y estos siempre se han manifestado objetivamente a mi favor.

La voz de Dios, sólo audible al espíritu, vence la soledad, elimina el temor, la tristeza y encarna la esperanza; posibilitándonos disfrutar de este inigualable tesoro que representa el continuar vivos, disfrutando de todas las muchas bendiciones que se encuentran dispuestas en este mundo para nuestro bienestar. Pero también nos recuerda a cada instante que este es solo un paso en el camino de nuestro desarrollo espiritual que no termina con nuestra muerte, porque nuestra alma como Él, nunca perecerá.

Próxima Entrega: AUTOCONTROL, UNA NECESIDAD VITAL.

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4479_1200525196764735.jpgNormalmente, las personas se angustian especulando sobre cuál es su tiempo y como administrarlo eficientemente.

En mi caso -porque este es un testimonio- nunca me he hecho problema pensando qué debo hacer con el o como lo administro. Vivo cada segundo disfrutándolo como si fuera el último, con la convicción de que es parte del plan divino diseñado por Dios, para guiar mis pasos sobre esta tierra.

No considero importante qué representa el tiempo, sino cómo lo interpreto y asumo. Todo tiempo es mi tiempo; no me preocupa para nada, porque lo utilizo de la mejor manera posible, con sentido de continuidad.

El día y la noche me pertenecen por entero y a nadie respondo por su uso. Mi incapacidad en conocer su extensión, lo constituyen en un privilegio que utilizo en función de mi felicidad, única posiblidad de dar felicidad a otros.

Cubierto por su manto etéreo y acariciando sus largas barbas lo bendigo al meditar, trabajar y estudiar, seguro de que siempre me será agradable y suficiente. Lo hice mi amigo y por eso no le temo, sino que me instalo en su vagón de sueños, bien distante de aquel donde suben los desesperados, los inconformes, los que nunca aprendieron a… soñar.

Hace años descubrí que si no me permito precipitaciones, disgustos, apuros o preocupaciones por lo que vendrá o sucedió en el pasado elimino el «estrés», que es generador de graves enfermedades físicas y mentales.

Yo manejo mi tiempo, no permito que él me maneje a mí. No permito que me preocupe, acose o esclavice porque él existe para servirme. Mi tiempo es hoy, en el presente, no mañana ni después. Amo, vivo y sueño el «hoy» que presiento limitado. No me arriesgo a dejarlo para un futuro que no se si llegará para mí.

No tengo duda que, si realizo con amor y diligencia mis actividades, todo me llegará en su debido tiempo y como consecuencia, porque mi tiempo es el mismo de Dios y el tiempo de Dios es perfecto. Especialmente, si planifico cada una de mis actividades, sin presión o presentimiento negativo, pero sí como una guía que me evitará improvisaciones o desperdicio de un espacio que debo disfrutar integralmente.

Hay tiempo para nacer, vivir y… morir. El cuánto no depende de nosotros, pero cómo utilizarlo sí. Es una elección individual que determinará su resultado.

El tiempo, similar al agua de los ríos que podemos tomarla, encauzarla o simplemente ignorarla, siempre estará agazapado en su propia esencia. Si no lo utilizamos bien crecerá, se agigantará y nos pasará por encima.

Diariamente observamos personas viviendo la sensación de que no les alcanza el tiempo. No se dan tregua para pensar, son víctima de una patología representada por la fijación de alcanzar algo que nunca llegan a determinar, negándose el espacio necesario para notar las cosas bellas de la vida, que se quedan en el camino y que, como en el caso del agua de los cauces, nunca regresarán.

Disfrutar nuestro tiempo, vivirlo intensamente con alegría y la seguridad de que juega a nuestro favor, no es sólo una conveniencia sino una necesidad vital, porque es lo único realmente nuestro y la entidad de su disfrute, es lo sólo aquello que realmente nos llevaremos de este mundo. Así de simple, si se quiere… elemental, pero como todas las cosas obvias, los humanos le restamos importancia y casi siempre pagamos un alto precio.

Próxima Entrega: EL LENGUAJE DE DIOS.

 

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