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Archive for the ‘CONTACTO CON DIOS’ Category

HABLANDO DEL PASADO

                        NIÑO COMIENDO

 Hablar del pasado no siempre es afortunado, pero oteando hacia atrás en el tiempo, siento que se nos fue quedando una forma de vida especialmente de los niños, que cambió bastante nuestro mundo, pero no nuestra vocación para ser felices. Criar los hijos no era tan difícil, porque se alimentaban sencilla pero sanamente y visitaban el médico una vez al año; jugaban descalzos en el patio o la calle y podían comer dulces o helados sin restricciones; no conocían antialérgicos ni pastillas tranquilizantes pero actuaban normalmente; no viajaban a Disneyworld, pero disfrutaban entusiasmados viajes de playa, retreta, películas vespertinas o paseos campestres; para dormir no requerían más de una limonada caliente o té de hoja de lechuga, antes de pedir la bendición. No conocían juguetes eléctricos, robots o nintendo; ellos confeccionaban sus propios juguetes con carretes de hilo y latas de sardina; eran creativos, sencillos, respetuosos y… amorosos. Disfrutaban su niñez pues no asistían a la escuela sino hasta los siete años; esto les daba espacio para descansar, jugar y colaborar con las tareas domésticas, creciendo en el amor y solidaridad familiar. Tampoco se usaban filtros para el agua y el mentol era el remedio para los golpes, pero generalmente eran bien sanos. Aunque generalmente pedían permiso, si no estaban en casa, suponíamos que compartían con los vecinos, los amigos o en la escuela, pero no en nada peligroso. No los amarraban a los asientos del auto, ni se temía por depredadores sexuales, ya que no recuerdo ningún caso o deceso infantil por esos males o descuidos. No necesitaban psicólogo, porque no conocían  “traumas” ni necesitaban “espacio propio” o “especial intimidad”: vivían la familia integralmente. Para su disciplina bastaba la nalgadita a tiempo, tan eficiente para evitar malos hijos y… delincuentes. ¿Qué sucedió y porqué cambiamos? No lo sé con exactitud, quizás de todo un poco; se trata de un nuevo tiempo preñado de cambios, que nos reta y debemos enfrentarlo serenamente. Seguimos siendo los mismos hombres sobre la misma tierra, donde todo tiempo puede ser riesgoso, pero apto para la vida buena. ¿Cuál es la enseñanza? Que sin lamentaciones inútiles, evocaciones tristes o detenernos para que el desarrollo nos atropelle, conviene de vez en cuando mirar atrás, para sinceramente, evaluar el pasado, apreciar el presente y por esas experiencias, planificar el futuro, en función del logro de una felicidad que tanto antes como ahora, siempre es posible lograr.

 

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EL MUNDO DANDO VUELTAS

Me entristece y perturba, pero no me asombra, cuando observo en el panorama nacional  la ausencia de solidaridad humana y la insensibilidad, que parecen haberse apoderad o de muchos de  mis hermanos venezolanos. Los medios de comunicación masiva nos anuncian que:  “… una madre  asesinó sus hijos y los congeló en una nevera…”; “…aparece una chica descuartizada…”; “un hijo mata a sus padres y luego se tira por el balcón de su apartamento…”, y todos los días aparece un caso nuevo desgarrador y horripilante. ¿Qué podemos hacer ante tanta barbarie, insensibilidad y muerte, para no terminar enfermos de dolor y angustia? Creo que como ciudadanos comunes y corrientes, desde el punto de vista de atacar fácticamente el problema, debemos colaborar sin miedo informando a las autoridades de lo que conozcamos en cada caso; asimismo, además de extremar nuestros cuidados personales, estar alertas para avisar sobre cualquier actitud sospechosa, ruido extraño, grito de auxilio o ayuda que escuchásemos.

Respecto de nuestra salud mental, al menos en mi caso he optado por convencerme de que estamos viviendo un nuevo y especial tiempo. Siento que, como nos lo enseña la historia,  cada era tiene sus características propias, especialmente en sus inicios. Estamos comenzando un nuevo Siglo y un Milenio al mismo tiempo, situación que sólo se da cada mil años. Esto es, que el mundo está dando a luz una nueva era, cuando de una u otra manera los valores comienzan a cambiar, sobreponerse y extrapolarse. Esta situación requiere de valor para aceptar los cambios sin aterrarnos, manteniendo sin embargo nuestros principios y valores, ya que esta situación anómala no sólo  se produce en Venezuela, sino en el mundo entero; basta leer los periódicos y sites de web internacionales, para evidenciar tal aseveración. Si aceptamos los cambios como algo de la época, no nos afectarán  más de la cuenta, porque son indefectibles.

Mi escudo mental frente a esta situación agobiante es mi fe en Dios y en que siempre, independiente de la circunstancia, el bien vence al mal. Jesús de Nazaret expresaba, en más o menos las siguientes palabras, que: “Mi Padre sabe mejor que tú lo que te conviene antes de que tú lo pienses.”; por tanto, si tengo fe en que El conoce nuestras necesidades, y siendo la más importante para vivir  la protección de nuestra persona física, entonces,  como se escribe en los Evangelios: Si Dios está conmigo… ¿A quién temeré?

 

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SOLILOQUIO

FODO DEL CIELO

La bruma fresca, acogedora… amiga, sobre mi cara con su sensación especial de abandono, de flotar sobre la brisa, por encima del mundo…real; de sus pequeñeces, que hacen gigantes quienes no comprenden lo elemental, sencillo y fácil de… vivir. Mi cuerpo astral volando sobre el pasto, montañas, el suave mar; y las mariposas, saltamontes y otros insectos, en arrullo casi inaudible pero sonoro… tierno, dando gracias a Dios por esos segundos que, eran una nueva sensación de vida, en ese espacio eterno de milésimas de segundo que, ocasionalmente, abre nuestra mente y alma, a una dimensión que vive con nosotros y no acabamos de percibir… dónde.
¿Dónde andaba? ¿En las altas colinas de Aspen observando con deleite el amarillento color de las hojas de otoño, que en cascada dan su más hermoso tributo de adiós al valle, entregando con amor su vida, para dar nueva… vida? O… ¿Sobre la cima de una gigantesca palmera perdida en el mar de los Sargazos, donde las aves marinas, con sus alas en acto de oración llegan… de no sé dónde?
No sé si era una visión o un sueño, nacido de la urgencia de mi alma de escapar de esa angustiosa diatriba dolorosa de todos los días, donde las muchas bendiciones de Dios transforman en algo banal, mientras las pocas carencias agigantan en la mente de los incrédulos, negativos, sin fe ni esperanza, que no entienden que el tiempo de Dios es perfecto y que sólo El sabe lo que realmente nos conviene en cada momento.
El canto de las aves, el grito de los niños y un patinador que casi me atropella en mi diaria caminata por el parque me sacaron de mi fantasía. No dormía, ni soñaba; sólo mi mente, por esa rendija imperceptible que cada 25 segundos abre nuestra mente, escapaba a otra dimensión, donde todo es más liviano, simple, menos… complejo; y lo vives, sin tiempo ni espacio.
Al volver a la realidad, todo estaba más claro, más alegre, más fresco, más amigable… más humano. El pasto mojado del camino con su olor de invierno; la mirada relajada y segura de los ancianos… que lo han visto todo; las parejas tomadas de las manos, viviendo su propio sueño; y los niños con sus pelotas sin temor a perderlas, me rotulaban un nuevo mundo: mi mundo, el verdadero, sugerente, esperanzador; el que quiero vivir y… viviré siempre.

 

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Al tema se da trascendencia, por la supuesta importancia para la satisfacción integral del individuo; especialmente por la atribuida incidencia en la actuación y apariencia personal. Sin embargo, para las personas centradas, no importa demasiado lo que de ellos crean los demás, sino el valor y peso que de ellas mismas tienen; y eso es… la autoestima.

Si se es banal, pendiente de la moda, de las etiquetas sociales y el marketing de los medios masivos, seguramente será difícil fortalecer la autoestima, ya que en tal caso, dependerá en mucho el cómo verse con respecto a los usos sociales del momento. Pero, si tenemos una sólida formación personal, creemos en los valores humanos y nuestro papel fundamental de utilidad dentro de la sociedad; la autoestima no es más que el producto de la propia concepción personal de nosotros mismos, en el rol que nos corresponda como miembros de una familia, comunidad y/ sociedad determinada; y en esa labor evaluativa nadie puede ayudarnos, porque es un asunto puramente interno.

La alta autoestima, aunque fortalece la personalidad en todos sus ámbitos, se reduce a la convicción de lo qué somos capaces de hacer en cualquier momento y ámbito de nuestra vida; y aunque de alguna manera pudiera incidir, no tiene que ver con la belleza, elegancia de nuestro atuendo o ámbito de importancia del medio en que nos desenvolvemos, porque nada de ello puede inferir nuestro ser interno, que es la cuna donde nace, se hace fuerte y vive nuestra autoestima.

Para tener una autoestima alta, debemos estar seguros que corpórea y espiritualmente, somos la obra más acabada sobre esta madre tierra. Esto es que, físicamente, somos especialmente singulares. Nuestro cuerpo es individual, único, hecho a imagen y semejanza de Dios y eso significa que pudiera ser que, según las etiquetas sociales alguien pueda considerarse más o menos bello que otro, pero en realidad sólo somos diferentes, pero siempre… bellos; porque Dios es bello y los hijos se parecen a sus padres.
Tenemos el poder de dar a cada circunstancia la trascendencia que nos convenga, y ese es nuestro mejor escudo para resguardar nuestra autoestima.
Para mantener mi autoestima alta, estoy seguro de lo que valgo, sé que como ser humano, soy único e irrepetible; consecuencialmente, a cualquier edad represento un valioso obsequio para cualquier otro ser humano. Así que, quien no lo descubra, aprecie o desperdicie, simplemente… se lo pierde.

No necesitamos mostrarnos diferentes a como somos, ni desear la vida de otro, y la autenticidad es elemento importante de nuestra personalidad. En función del amor, sabemos superar nuestra originalidad, elevarnos por encima de nuestra propia naturaleza y eso nos hace… espirituales. Disponemos del intelecto suficiente para diferenciar lo bueno de lo malo; lo seguro de lo peligroso; escogimos la generosidad, y ser útiles nos regala el honroso título de hijos de Dios.

Mis tiempos siempre han sido buenos: cuando niño satisfice mi curiosidad y me reí de todo lo importante; cuando joven aprendí a amar la vida, las personas y a disfrutar con fruición… todo, sin darle mayor trascendencia. En mi madurez aprendí que el respeto, la consideración, el reconocimiento y la admiración, fundamentan el amor verdadero y… permanente. Hice de la generosidad y la felicidad mi ruta: por eso comparto mi pan con el necesitado, abro mi corazón al desvalido y presto mi hombre al desventurado, para recostar su cabeza.
Eso es la autoestima; sentirnos, dentro de nuestra natural sencillez, especialmente seguros de estar dotados por Dios, de todos los atributos necesarios para motivar éxito, bienestar, solidaridad y amor; condiciones fundamentales para combatir el egoísmo y lograr nuestra mayor ambición como seres racionales: LA FELICIDAD.

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GRACIAS… PADRE

SIN MI FE EN DIOS ESTOY COMPLETAMENTE SOLO

IMAGEN DE DIOS  V 

En esta noche tranquila y excepcionalmente fresca, como… decembrina, bajo el manto clarísimo de un paisaje de estrellas, escuchando en mi alma el ruido del silencio que es largo e indefinible, siento la necesidad de dar GRACIAS: MUCHAS… MUCHISIMAS GRACIAS.

Sí, en este mundo lleno de contradicciones que despierta sentimientos de  todo género; donde los hombres parece que nos empeñáramos en complicarnos una vida, que es agradable, fácil y sencilla, siento que debo dar gracias por tantas bendiciones recibidas.

Es que no hay un momento del día o de la noche, en mi casa o fuera de ella, que no sienta en mi camino, la influencia de esa fuerza poderosa y universal que se llama Dios; siempre guiando mis pasos y los de las personas que amo.

Necesito dar gracias por mi vida y por la de mi familia, que son una parte de mí; por mis amigos, que aumentan mi felicidad diaria; por la de mis adversarios, que mantienen vivos mis mecanismos de defensa; por la de tantos pobres, que mantienen activa mi generosidad y me enseñan sobre lo importante de la humildad; por la de los muy ricos, que me muestran su gran soledad y… pobreza espiritual; por la de los creyentes y justos, que me muestran su paz y me ayudan a aumentar mi fe; por la de los descreídos, que no pueden ocultar su permanente angustia, inseguridad y temor, lo que me destaca el gran tesoro de que dispongo.

Pero también debo dar gracias por el sol, que hace las flores más hermosas, y el agua que las mantiene vivas; por el vuelo de los pájaros, que me señalan el valor de la libertad, y por las notas de sus cantos que me regalan alegría; por la hormiga que paciente recorre kilómetros con su comida a cuestas para poder sobrevivir, porque me enseña lo suave  que es mi trabajo y lo fácil que es mi vida.

Tengo que dar Gracias a Dios por ser  un pedacito de esta tierra amada, que se llama Venezuela; por quererla casi de manera enfermiza y poder estar aquí con amor y deseos de ser útil,  hoy y… siempre.

Sí, gracias Padre Celestial, porque me has permitido sentir estas… verdades, que me elevan sobre mi propia naturaleza física y me hacen sentir que cada día, mes o año que transcurro sobre esta tierra, que es mi hogar, son una nueva bendición.

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Castillos-navidad

En el azul del cielo, en la quietud de la noche y en el alma, el familiar sonido de las campanas nos anuncian que… HA LLEGADO LA NAVIDAD;  y como por arte de magia todo se hace diferente: la gritería de los niños, las carcajadas de los adultos, el canturreo de los ancianos, las luces en los parques y los ruidosos fuegos artificiales se hacen una sola voz  de alegría, que nos hace olvidar los problemas y sinsabores, que hubiésemos podido vivir en estos doce meses. Es la magia de la navidad, que de alguna manera permite salir  el niño que por once meses hemos tenido preso y sólo dejamos salir en especiales oportunidades,  como cuando celebramos el nacimiento del niño Jesús.

Amo la navidad porque permite  en mi cuerpo adulto, sentir la emoción y alegría de los niños frente a San Nicolás, los Nacimientos, los Árboles de Navidad y  los Regalos. Amo esos Villancicos porque más allá de su dulzura, me recuerdan las parrandas, las misas de aguinaldo y las arepitas dulces en el pueblito donde viví en mi  niñez; cuando la gente era religiosa, amable y amorosa, especialmente con los más pequeños, que en aquella época éramos muchos ya que las familias también eran muy grandes.

Amo la navidad porque me recuerda mis viejos y su dulce de lechosa;  a mi única hermanita y mis dos primeros hermanos jugando a las escondidas en… quien sabe dónde, hoy ya todos de vuelta hace años a su morada original, donde sé que sienten la calidez de mi alma en este tiempo maravilloso, y me guiñan un ojo tiernamente en el reflejo de alguna estrella, o desde detrás de la oreja… de la luna.

Amo la navidad porque me recuerda que tengo una casa muy grande: el mundo; otra menos grande pero muy amada: Venezuela; y otra más pequeña pero muy llena de mí: mi hogar donde juntos, luego de que se fueron los hijos a formar sus hogares, pero permanecen en el espíritu, mi amada Nancy y yo nos hacemos un solo cuerpo, un solo espíritu,  una sola sonrisa y una sola… huella.

Amo la navidad porque es una nueva oportunidad para decirle a Dios: Gracias por haberme permitido en una sola vida haber vivido varios mundos; por permitirme aprender a amar, agradecer, olvidar y… perdonar; porque que de esa forma siento que puedo parecerme un poquito a Él.

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ALPES

Los cinco años anteriores al agresivo cáncer que me agravó durante un año, luego de la publicación del libro UNA VIDA FELIZ en 2005, dediqué el 60% de mi tiempo a dar conferencias en Asociaciones sin fines de lucro, Universidades, Iglesias; consejería familiar; columnista en periódicos y revistas;  y finalmente, mediante mi blog  WWW.UNAVIDAFELIZ.COM, cual aún durante ese duro período, pude mantener, con menos actividad pero vivo, siendo que hoy ha recibido más de Dos Millones de visitas.

 Esa dolorosa experiencia, superada con éxito, y ya olvidada gracias a la buena atención médica, el amoroso y dedicado cuidado de mi esposa y mi familia, mis amigos (que hoy son mis hermanos), y las muchas oraciones que en mi presencia y en Iglesias de diferentes credos, me consta elevaron por mi sanación, que se produjo de manera milagrosa, de alguna manera complementó mi concepción sobre mi rol y el de todos los seres humanos  que habitamos esta tierra, el cual tiene que ver mucho con no desperdiciar ni un segundo de esta hermosa aventura que es nuestra vida físico-espiritual.

En principio, siempre he sido muy receloso con la medicina convencional y la farmacopea alopática. Sin embargo, luego de pasar por cuatro clínicas y unos cuantos médicos, aprendí que, como todo en la vida, existen diferencias de actuación, criterios,  aplicación de tratamientos y atención personal a los pacientes. Pero, en general, tuve el privilegio de conocer a tres médicos, a quienes agradezco su atención especial y que hoy, venturosamente son mis amigos.  Ellos hicieron la parte que les tocaba;  mi esposa y yo hicimos la nuestra amarrados a nuestras convicciones, fe y optimismo.

En segundo término, no obstante que hubo momentos cuando nadie daba medio por mi vida, mi esposa y yo estuvimos convencidos de que, con el favor de Dios, lo superaríamos… y así fue. La sanación me convenció de que, si somos diligentes sin desfallecer, nuestro sistema de auto inmunidad funciona, siempre y cuando  lo ayudemos con nuestra mente (fe, confianza y oración); Agua sana (no refrescos ni otro tipo de  bebidas);  Oxígeno en nuestras células (buena respiración); Buena Nutrición (cero azúcares refinados o edulcorantes, alimentos tóxicos por su acidez y/o elementos químicos conservantes); Sueño reparador (6 a 8 horas diarias); Escuchar Música todos los días y compartir con la familia y los amigos, sin dar tanta importancia a los asuntos diarios, que es como decir: VIVIR UN POCO MAS.

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SE COMO LAS FLORES

Para quienes vivimos intensamente cada minuto de nuestra vida, un nuevo día prácticamente es una nueva vida. El amanecer es como el nacimiento y a partir de ese momento,  cuando se abren los ojos y se ve el mundo, esa maravilla que es la obra de Dios, le sonreímos y nos sentimos que renacemos a un mundo diferente al del día anterior.

Fuimos tan bien diseñados que nos renovamos permanentemente; automática e inconscientemente, cada segundo mueren y nacen nuestras células. Conscientemente, si atendemos con ánimo y optimismo el color de las flores, el canto de los pájaros, la sonrisa de los niños y la mirada tierna del ser amado, daremos gracias al Creador por permitirnos experimentar tantas y tan bellas sensaciones en esas maravillosas veinticuatro  horas que emprendemos al nacer el día.

Nuestra vida es tan elemental, fácil y sencilla, que las cosas más bellas, trascendentales e importantes, sin las cuales ésta sería monótona y aburrida, nos son dadas de manera agradable, gratuita y casi sin ningún esfuerzo. Respirar, observar el paisaje, soñar con los ojos abiertos, saludar y abrazar a las personas que amamos, sólo requieren el deseo de hacerlo y el sentimiento de que es un privilegio realizarlo, cuando tantos quedaron en el camino y ya nunca podrán experimentarlo.

Compartir experiencias, ayudar al necesitado, sonreír al que parece triste, son oportunidades que encontramos a cada paso, que no debemos desperdiciar, porque engrandecen el alma y edifican a quienes las obsequiamos. Que mensaje más hermoso es una palabra para quien se encuentra deprimido o un acto de solidaridad al que parece desolado. Un abrazo, un beso o simplemente un toque cariñoso en la espalda al enfermo, suele ser más reconfortante que cualquier medicina.

Todo el día está lleno  de oportunidades  para sentirnos bien: trabajar, estudiar, comer, divertirse, ejercitarse, realizar labores domésticas y de voluntariado, nos ayudan a fortalecernos física y espiritualmente, pero además nos dejan la conciencia de que hemos hecho las cosas bien para nuestro cuerpo y para nuestra alma, lo que nos permite acostarnos en paz y descansar con deleite, una noche que nos hemos ganado sobradamente.

¿Quien dijo que nuestra vida es complicada? Quizás aquellos que en vez de disfrutar  golpea el amanecer sus ojos y sólo observan lo oscuro de la noche sin valorar lo hermoso del firmamento, lo espectacular de  las estrellas, ni la discreta pero maliciosa complicidad de la noche para el amor.

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CIELO III

No soy científico ni antropólogo; observo a mis semejantes y escribo para las mayorías. Cuando escucho personas, especialmente aquellas de mayor edad, expresando  que “…este mundo cambió”, pienso que están absolutamente erradas.

Nuestro mundo ha sido el mismo, al menos en los últimos millones de años; cambian los tiempos, no el mundo.  el hombre lucha en busca de la supervivencia, independiente de los medios que hubiere utilizado, físicos o psicológicos, reprobables o no.

En todas las culturas, esa  ha sido la motivación que creó  los grandes controles sociales como las  religiones y revoluciones. El mismo hombre, sobre la misma tierra; con más o menos recursos, con más o menos crueldad; mayor o menor ambición; pero siempre el  hombre.

De donde concluyo que el mundo no cambia, sino que cambiamos los hombres, porque  a medida que pasa el tiempo, nuevas formas de ver la vida y las cosas, insurgen arrollando todo lo que se le atravesare, especialmente algunos valores sobre los que el hombre fundaba sus circunstancias vivenciales.

En ese constante cambio del tiempo, hasta las Instituciones más enraizadas, como la religión y la justicia, también sufrieron profundos cambios; unos más lentos que otros, pero que afectaron la sociedad.

Algunos conceptos que se consideraban sacrosantos como los principios religiosos, el matrimonio y la cultura, en los últimos sesenta años han cambiado profundamente. El Dios que la religión, al birlarnos su esencia de amor interesadamente nos lo señaló como  terrible y castigador, hoy todos sabemos que esencialmente es amor y forma parte de nosotros mismos.

El matrimonio, que considerábamos fundamental para formar una familia, la praxis de un  nuevo tiempo  lo  ha suplido en un ochenta por ciento por la pareja convencional, donde el amor, la ayuda mutua  y la solidaridad, demuestran ser más importantes que la formalidad matrimonial.

En cuanto a la Cultura, tenemos cientos de conceptos de que es “cultura” o “cultural”, y ninguno encaja en la realidad actual. La lectura, el estudio de las artes, las formas estéticas y  su aprendizaje como fundamental en la formación de la persona culta, fue arrollada por las comiquitas, novelitas rosa, graffitis, desnudez obscena; y las locuras de un nuevo arte literario y visual que la publicidad impone y solo entiende quien lo produce;  con el agravante de que, se calificará como excelente el que mayor precio alcance, sustituyó la calidad y  mensaje por el mercadeo: SIMPLEMENTE FRUSTRANTE.

 

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Normalmente escucho a personas que son padres, frases como “…a tal pareja se le fueron los hijos”, o “…cuando los hijos se van” y me parece que aún siendo progenitores, nunca entendieron la esencia de la paternidad. No obstante la sabia admonición de Kalil Gibrán en cuanto a que “…los hijos no son nuestros hijos, sino que son hijos de la vida…del amor” y que nosotros los padres sólo somos los arcos, los  hijos las flechas, pero el arquero es Dios, por lo cual sólo Él sabe dónde irán y cuál será su destino, ese mismo hecho de que seamos el medio mediante el cual Dios los envió a este mundo, conlleva una inconmensurable e interminable responsabilidad.
Los hijos vienen a este mundo  a traernos amor, compañía y compromiso. Son sin duda alguna el elemento que hace más solida la unión de pareja, precisamente porque son la conjunción física que hace integración físico-espiritual de la pareja. Tan importante es el padre como la madre en esa creación magnífica, que es capaz de eternizar el amor de dos personas sobre esta tierra de Dios.
Desde que nacen los amamos y continuamos amándolos hasta después de esta vida física. No importa su inteligencia, diligencia, bondad, humor o lealtad, nosotros siempre los amaremos. No importa si están cerca o lejos, los amamos y ocupan todo nuestro pensamiento y nuestras oraciones. Si están en casa, o en la Universidad, o si se mudan o se casan, nuestro amor está ahí con ellos… permanentemente.
Los hijos no se van, nunca se van; no es posible que se vayan; tampoco nadie puede llevárselos, porque seguirán allí en nuestro corazón, en nuestra alma, en lo más hondo de nuestros sentimientos, donde no hay tiempo ni espacio.
Quienes tenemos como padres ese convencimiento, nunca tememos que se alejen, porque no tienen como alejarse. Cuando se casan nos sentimos felices porque harán su propio nido y, como nosotros, decidirán su propia forma de ver la vida y las cosas, fortaleciendo la familia;  pero siguen con nosotros, por eso no nos entristecemos.
Po experiencia propia, tengo tres hijas y dos varones; las hijas desde hace muchos años en el exterior y los varones en el país. Soy afortunado porque con todos tengo permanente y amorosa comunicación. Como padre nunca he sentido que se han ido. Yo siento que ellos palpitan en mi alma permanentemente, como la máxima razón de mi vida.

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