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Archive for the ‘BUENA SALUD’ Category

LA ENFERMEDAD Y EL ESPIRITU (TERCERA ENTREGA)

                            AYUDATE  Y  YO  TE  AYUDARÉ

Frente al multimillonario negocio que ha resultado para laboratorios y “especialistas” los más de mil tipos de cáncer (Existentes especialmente en sus mentes),  diariamente divulgados y que inciden en contra de nuestra economía y salud, algo tenemos que hacer para protegernos.

Desde mi óptica, nada comprometida con intereses económicos ni científicos, pero profundamente humana y elementalmente práctica, dos son las armas más efectivas a nuestro alcance: en primer lugar, nuestra fe en el poder que Dios nos comparte en cada segundo de nuestra existencia; y en segundo término, una alimentación balanceada y menos acidificante de nuestro cuerpo, cual es el terreno abonado para la mayoría de las enfermedades,  conforme a la opinión del Dr. Otto Heinrich Warburg (1883-1970), Premio Nobel 1931 por su tesis «La causa primaria y la prevención del cáncer», quien atribuía esta enfermedad a una “…alimentación antifisiológica y un estilo de vida antifisiológico…”. Este científico de la salud relacionaba la “Alimentación  Antifisiológica”, a la dieta basada en alimentos acidificantes y sedentarismo. Sobre esta base él determino que “Los tejidos cancerosos son tejidos ácidos, mientras que los sanos son tejidos alcalinos.»

 De tal manera, en primera instancia nuestro fortalecimiento espiritual nos protegerá de muchas enfermedades, en la medida en que no tengamos duda de que:

-Somos la obra más acabada y perfecta de Dios y por tanto nada debemos temer;

-Como hechura de Dios, lo normal es la salud,  la enfermedad es la excepción;

-Tenemos capacidad para vencer cualquier padecimiento, porque nuestro cuerpo  se renueva permanentemente;

-Nuestro cuerpo sigue las órdenes de la mente que se conecta con el espíritu y este con Dios, quien nos transfiere su poder y podemos aplicarlo;

-Nada es más poderoso que Dios y Él está con nosotros y así será… siempre.

Para crear las condiciones para aplicar la efectividad de nuestra fe, estamos obligados a amar y por tanto cuidar de nuestro cuerpo físico, proporcionándole alimentos que fortalezcan el organismo mediante un metabolismo  fisiológicamente idóneo.

Así tendremos que, para tener una vida sana deberemos estudiar la abundante información tanto en Internet como en otras fuentes, de cuál es el valor nutritivo y curativo de las frutas y los otros vegetales, que tenemos a nuestro alcance; así como el nivel de utilización de fertilizantes e insecticidas en su producción, que pudieran afectar negativamente su consumo.

En segundo término, investigar los niveles de acidificación de las diferentes carnes y otros productos energéticos utilizados en la alimentación, especialmente el azúcar refinada. Asimismo, revisando sobre los conservantes utilizados en los productos enlatados y embotellados, así como su integración química para determinar su influencia en la salud.

Con toda esa información procesada y evaluada, estaremos en plena capacidad de consumir y utilizar aquello alimentos que nos permitan considerarnos sanos, fuertes y bellos, lo cual unido a nuestra espiritualidad nos hará menos vulnerables, y quizás inmunes a la mayoría de las enfermedades. Es esta la actitud que conozco en la gente sana y… feliz.

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            SOMOS EL MILAGRO MAS GRANDE DEL MUNDO

Estudiosos estiman la vida del hombre sobre la tierra en Dos Millones de años, sufriendo enfermedades que  logró superar hasta poblar el planeta.

Como siempre tuvimos el mismo cuerpo con el cual hemos sobrevivido como especie, independientemente de las enfermedades que siempre han existido, si consideramos que también es casi unánime el criterio de que la medicina como disciplina no tiene más de seis mil años (Civilización Sumeria- Código de Hammurabi)… ¿Cómo sobrevivió miles de años sin conocerla?

Pienso que lo fue por su instinto natural y la convicción de su capacidad para identificar los elementos a su alcance para vencerlas.

Hoy, avanzado  el conocimiento en materia de conservación de la salud, no obstante haber surgido nuevas enfermedades y mutado algunos virus, microbios y bacterias que contribuyen a afectar su salud, el hombre ha descubierto la alta incidencia de su estado de ánimo y comportamiento interno en la posibilidad de evitar, hacer menos graves o, inclusive vencer las enfermedades.

Así, lo que antes se llamó “curaciones milagrosas” o se atribuyó a labor de personas “iluminadas”, serias investigaciones han demostrado que no es otra cosa que el convencimiento  y uso de esa fuerza interna y ese poder auto sanador que somos capaces de generar, en la misma medida en que  nos convencemos de nuestro poder para vencer los males que nos afectan.

Por ejemplo, siempre existió el cáncer, pero ese bombardeo permanente por todos los medios posibles que, de alguna manera, todos estamos en riesgo de contraerlo: las mujeres en los senos, el útero y ovarios; los hombres en la próstata; los fumadores en los pulmones; y en general, todos en el colon, el hígado, los riñones, por citar algunos, crea una psicosis colectiva de riesgo que en nada beneficia la confianza en la salud.

Supuestamente con intención preventiva, logra el  efecto contrario: terror y perturbación que afectan el estado de ánimo colectivo, aumentando el estrés, que se ha comprobado es fuente de las  enfermedades, y que lleva a relacionarlo con  situaciones que no tiene nada que ver con el asunto.

Como la mente se nutre de la información  que recibe y el cuerpo responde a lo que esta le ordena, ese mismo temor, que se hace progresivo e inicialmente infundado, pudiera ser el principio de la patología.

¿Qué podemos hacer para fortalecer nuestra mente  y cuerpo frente a tales augurios de riesgos fatales? Lo trataremos en la próxima y última entrega.

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“No hay enfermedad del cuerpo sin enfermedad del espíritu.”

He recibido solicitudes de lectores quienes, además de sus problemas sentimentales y económicos, dicen sentirse agobiados por enfermedades sin una razón aparente, que les sumerge en una existencia indeseable, sobre tratar la posible vinculación entre la tranquilidad espiritual y la salud integral.

Trataré de emitir algunos criterios más allá de cualquier disquisición terminológica sobre términos  médicos, sobre lo que considero relación directa entre el espíritu y nuestra salud, desde una visión holística del entorno humano y no únicamente física o espiritual.

En esta página diariamente tengo contacto con cientos de personas que como yo, sentimos la importancia de tratar el tema con la mayor amplitud de criterios posible, no sólo del punto de vista estrictamente médico curativo, sino más allá, dentro de la nueva psicología y otros planteamientos de carácter psiquiátrico; porque al fin y al cabo, todos somos afectados.

Al  menos en el entorno de mis asesorados, la mayoría de quienes manifiestan deterioro de su salud, al analizarlos en su intimidad, se observa que viven inmersas en conflictos personales sentimentales y/ familiares, resentimientos, frustraciones y sentimientos de retaliación, lo que denota que sus enfermedades son consecuencia de su intranquilidad espiritual.

Es que en mi opinión, luego de haber  superado los setenta años sin enfermedades diferentes a una apendicectomía o un resfriado cada varios años, estoy convencido de la perfecta vinculación entre la mayoría de las enfermedades y la situación de desequilibrio o desarmonía físico-espiritual.

Sobre el tema, enriquece comentar lo expuesto por  el desaparecido Psiquiátra, conferencista y escritor francés David Servan-Schreiber: “No se puede separar el estado físico del estado mental… la clave de la medicina del siglo XXI será el vínculo entre el cuerpo y el espíritu… esta sabiduría está siendo recuperada por la medicina, porque la ciencia demuestra que funciona.

No obstante, el fundamento de este calificado criterio de un científico de la Salud no  es nada nuevo, ya que, cientos de años antes de Jesucristo, un filósofo griego comentaba: “No hay enfermedad del cuerpo sin enfermedad del espíritu.”

Hoy existe una extraordinaria expectativa en el mundo sobre el tema de la espiritualidad vinculada a la felicidad; y consecuencialmente, la influencia de su desequilibrio sobre el surgimiento de las enfermedades, como una reacción de nuestra parte física ante esa intranquilidad espiritual, lo cual alcanza una diversa escala de investigación, estudio y divulgación,  cuyos resultados, por la limitación de espacio, continuaré tratando en la próxima entrega.

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EL CANCER DE MAMAS

El Dr.  Hammer ha insistido por unos cuantos años en que el cáncer, especialmente el de mamas, es producto de la frustración, la tristeza, el estrés, la ira,  y todos esos sentimientos negativos que surgen como consecuencia de problemas familiares y malas relaciones  de  pareja.

Como no soy médico, no puedo emitir criterio científico especializado sobre el tema. Pero lo que sí puedo permitirme es opinar –desde mi óptica, resultado de la experiencia de más de 6O años- que, al menos yo,  personalmente, no conozco ninguna dama con cáncer de mamas, que sea alegre, ame intensamente, esté feliz con su vida, disfrute de buen humor, demuestre fe, confianza en sí misma y en su entorno.

Creo que casi todas las enfermedades –especialmente el cáncer-  surgen como una respuesta a vacíos y problemas existenciales que no somos capaces de procesar y superar como experiencias de la vida,  necesarias, superables y susceptibles de  nutrir nuestra experiencia para vivir una existencia mejor en el futuro.

Somos seres realmente especiales y con poderes inusitados, en tanto y en cuanto nos convenzamos de ello y lo hagamos parte de nuestra vida. He presenciado cuando los médicos, en Venezuela y luego en el exterior,  han desahuciado a dos años de vida, a una dama muy cercana para mí.  Sin embargo, ella se empeñó en utilizar su poder personal para vencer la enfermedad y su resultado fue que,  más de treinta años después, se encuentra mejor de salud que nunca.

¿Milagro? Seguro…  pero no un milagro sacado con pinzas del sombrero de un mago o una beata rezandera, sino el milagro de la fe, la diligencia, la convicción de que sí se puede, porque tenemos origen divino y por tanto,  madera de Dioses. Es que, nosotros mismos,  como seres humanos, somos… un milagro, el más grande del mundo.

En este día internacional de sobrevivientes de cáncer, quiero dejar un mensaje de esperanza y amor a las damas que temen  alguna vez sufrir un cáncer de mamas: si cuidas tu salud en una vida sana, si te amas a ti misma como máxima obra de Dios, si amas a las personas, si transformas el temor en amor, si aceptas sin rencor que un amor se vaya, si tomas la vida como un regalo maravilloso de Dios, si crees en que tu salud la define tu estado de ánimo, creo que… NUNCA SUFRIRÁS CÁNCER DE MAMAS.


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Mucha oportunidad de disfrutar y disfrutarnos, se desperdicia en preocupaciones por cuanto debe o puede ser nuestro peso ideal; paradójicamente, corresponde más a nuestra preocupación por como nos ven, que por como nos apreciamos nosotros mismos.

La sociedad, más por intereses mercantiles que estéticos, ha diseñado modelos y etiquetas, con los cuales manejarnos a su antojo, sin ninguna preocupación por nuestra sagrada individualidad y… diversidad.

De niños, con la intención de que crezcamos “Sanos y fuertes”, se nos induce a consumir productos energéticos con alto contenido de carbohidratos, y consecuentemente, a favor del aumento de peso. A determinada edad, se invierte la presión y entonces se nos aplica todo tipo de expresiones peyorativas a nuestra humanidad, para que dejemos de comer.

Así, por causa de nuestra apariencia física, más pensando en los modelos creados para controlarnos que en nuestra propia satisfacción, terminamos descontentos con nosotros mismos.

A todas estas nadie se ha preguntado, con relación al peso, cuál es aquel que, como individuos, sentimos que es bueno para nuestra vida.

Más allá del factor salud, en el caso de personas con patologías como la obesidad o anorexia… ¿Puede alguien determinar que sea el peso lo que decida la felicidad? No, de ninguna manera.

Que un peso apropiado pudiera ser conveniente para una mejor salud, eso parece bastante lógico. Pero que una persona para ser feliz dependa de su peso, realmente me parece un contrasentido.

El peso ideal es aquel que uno escoge y se procura; porque el primer admirador del cuerpo debe ser uno mismo y no hay nada más reconfortante que sentirse bien.

Conozco mujeres llenitas que a todos atraen, cuales nadie podría negar su hermosura y sensualidad. Igualmente conozco otras flacas o delgadas, que inspiran más ganas de regalarles un caramelo que de saborearlas como tal.

Lo importante no es como me ven o me perciben los demás, sino como me siento yo mismo, porque tengo que vivir con mi cuerpo veinticuatro horas y sería horrible hacerlo insatisfecho.

La belleza es una apreciación absolutamente subjetiva; por tanto, para quienes me aman soy la imagen física que ellos ven, o quizás como me quieren ver, diferente a la que pudieran percibir los demás. Para ellos no es trascendental mi peso corporal, porque aprecian mis valores humanos individuales y mi capacidad de expresar y concretar mi amor, y eso es lo único que debe importarme.

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Vivo por días, lo disfruto intensamente las veinticuatro horas. Quienes viven por años tienen la posibilidad de ubicarse en la estación que les plazca disfrutandola a placer, porque no dependen de tiempo o espacio sino de su voluntad personal. Quien se sienta alegre, vigoroso y activo, disfrutando los colores de las flores, el canto de los pàjaros y la mùsica especial de la palabra amor, independiente de su edad, estará en primavera.

Si no obstante ser jóven se siente cansado, taciturno, pesimista, descuidando deleitarse en el bello sol del dìa, la calidez del frìo nocturno, la cantarina risa de los niños y el caer del agua en las quebradas, el aroma de las flores, estará ubicado en invierno.

Aquellos que sienten que la envidia corroe sus entrañas, que su vida no ha sido justa y se queman en la hoguera de los odios y la frustraciòn, viven en los rigores del calor del duro verano.

Los que se sienten doblegados por su edad avanzada, otorgando a la juventud màs trascendencia de la que tiene, sin considerar los grandes logros històricos de hombres realmente viejos; que el no disponer de riqueza y poder les hace demasiado vulnerables; que recuerdan nostàlgicos lo que fue y temen a lo que vendrá, viven sin remedio en el otoño.

Es que ser felices es un compromiso personal y una forma de agradecer a Dios nuestra existencia. Aun sin movernos podemos viajar con nuestra mente donde queramos y sin limitaciòn alguna.

Podemos soñar cuanto deseemos y convertirlo en realidad. Si imaginamos montañas cubiertas de nieve como maravillosas, podemos ser felices, pero si suponemos el frìo congelante, nos aterrorizaremos con su presencia. Imaginar ricos manjares, su sabor y aroma nos hace disfrutarlos con deleite, pero convencernos de que engordan o indigestan nos hace aborrecerlos.

Si aceptamos la enfermedad como excepcional y no como normal, porque son el escape de sentimientos retenidos, rencores y frustraciones represados; consecuencia de la insatisfacciòn, falta de desprendimiento, aceptación, amor y generosidad, nuestra salud será invulnerable. De hecho, no conozco personas realmente felices que se sientan o manifiesten enfermas.

Fuimos diseñados para amar, no importa donde, cómo, cuando ni a quien, y eso nos hace bellos, saludables y generosos. En una vida tan corta, donde los buenos somos mayoría, nuestro destino es hacer lo que nos satisfaga y nuestro fin la felicidad. Nos toca escoger y no es nada difìcil hacerlo.

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A medida que aumento el dialogo con diversas personas, fortalezco mi convicción de que primero enferma el espíritu y como consecuencia surgen la mayoría de las enfermedades que afectan nuestro cuerpo.

Pero… ¿Por qué enferma el espíritu? Por tantas causas cuanto actuemos o pensemos contrario a nuestra esencia divina que debería irradiar optimismo, seguridad, confianza, amor, aceptación y compasión hacia nuestros semejantes; o por causa de emociones reprimidas, tales como tristeza, ira, agresividad, resentimientos, odio, o temores que devienen de la falta de fe y esperanza en nuestro poder, inmanente a nuestro origen divino y condición racional.

Así, observo como las personas optimistas interpretan la vida como una oportunidad para experimentar felicidad y percibo su magnetismo positivo: sonríen, saludan alegres contagiando entusiasmo y en vez de hablar sobre resentimientos, tristezas pasadas o temores futuros, comentan el maravilloso hoy y sus circunstancias positivas, con vehemencia y confianza en que son y serán beneficiosas; y hasta ahora, ninguna de ellas me ha manifestado que se sienta mal o tema enfermarse.

Por lo contrario, para aquellas personas negativas, los inconvenientes del ayer y la imprevisibilidad del mañana, representan importantes factores de perturbación y preocupación; sonríen poco, les cuesta saludar, transpiran pesimismo y hacen pesado el ambiente; normalmente hablan de achaques, mala suerte, exámenes de laboratorio y su necesidad de visitar los médicos para prever nuevas enfermedades.

En estas últimas personas, su enfermedad del espíritu les evita mirar con claridad la parte bella de la vida, creándoles la propensión a las enfermedades del cuerpo, que precipitan con la cantidad de fármacos innecesarios que ingieren, cuales nunca podrán competir en eficiencia con los sentimientos de alegría y la felicidad de vivir intensamente.

Es que el cuerpo espiritual-mental se resiste a que se le niegue la posibilidad de disfrutar las mieles de la vida, que le corresponden como habitante de este mundo, lo cual depende únicamente de su estado de ánimo –que es mental- y  esa acumulación de emociones negativas crean o aceleran procesos de morbilidad física.

En mi opinión, la mejor manera de ayudarnos a prevenir enfermedades corporales es mantener el espíritu sano, viviendo alegres y felices; disfrutando de los buenos recuerdos, olvidando los malos y esperando siempre lo mejor del futuro, porque para auxiliarnos en su  logro ahí está Dios pendiente, vigilante, para ayudarnos a vivir dichosos, en la misma medida de nuestra diligencia, inteligencia, fe, optimismo, esperanza y… generosidad con nuestros hermanos humanos.

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BRINDIS_Iker_Casillas_rinde_espera

¿Cómo viven los millonarios? No se ni me interesa; quizás porque he tratado de cerca unos cuantos, siendo casi una constante verlos siempre apurados, estresados, malhumorados y con deficiente relación familiar.

Algunas personas al desear “vivir como millonarios”, se refieren a lo único que pudiera diferenciarlos: su riqueza. Pero es que no es la riqueza lo que define su disfrute de la vida, porque lo que un ser humano requiere para sobrevivir no  amerita grandes cantidades de dinero, porque en el más alto porcentaje se encuentran a su alcance, sin mayores  requerimientos económicos, porque se trata de alimentos, asistencia a la salud, educación, vestidos y un sitio donde habitar, lo cual puede ser adquirido con trabajo, diligencia y eficiencia.

¿Qué podría comer, tomar o usar un millonario, diametralmente diferente a lo que tiene acceso una persona común y corriente? No mucho; especialmente si consideramos que el mejor aderezo para disfrutar de un alimento o bebida, lo es el apetito; y que, más importante que el tamaño, calidad o ubicación de una cama, para el buen reposo lo es el sueño.

Una persona que vive y mantiene una familia con su trabajo, no tiene mucho de que preocuparse, porque su diligencia, dedicación y cumplimiento le asegura el sustento; su única ocupación, más que preocupación, es cumplir cabalmente con su obligación, por lo cual tiene la tranquilidad mental y suficiente tiempo para atender esa familia que comulga con él sus alegrías, problemas y necesidades.  Especialmente su cónyuge, quien no tiene que compartirlo con sus largas reuniones de negocios y relaciones públicas, que restan tiempo para el solaz y disfrute del hogar.

Nuestra diferencia con los seres irracionales, es precisamente, no conformarnos con lo material únicamente, sino requerir para nuestra plenitud de otros elementos que no pueden ser evaluados desde parámetros netamente físicos, porque corresponden a nuestra esencia espiritual. Como resultado, más que una casa, auto, mobiliario caro, delicatesses o dinero,  ambicionamos amor, solidaridad, lealtad, salud física y mental, tranquilidad espiritual y compartir lo que disponemos, con las personas que amamos.

Pudiera ser que algún millonario disfrute de esas bendiciones de Dios –que no requieren riquezas- pero serían excepciones; no obstante, en las personas comunes con crecimiento espiritual, eso es lo normal.  Por eso, prefiero disfrutar el mundo de las cosas sencillas, cual no requiere dinero para dar plenitud sino una actitud positiva, lo cual está al alcance todos,  y venturosamente,   es parte de mi personalidad.

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«LA FELICIDAD VIVE EN EL MUNDO DE LAS COSAS SENCILLAS»

CHICOS WILLIASM 23No es posible hablar de una fórmula para ser felices, pero menos establecer reglas generales en este asunto. Se trata más que de reglas, de condiciones para sentirse feliz.

La felicidad es individual porque es interna y surge de los eventos diarios, funcionando diferente para cada persona. Así, lo que para uno pudiera representar una situación de felicidad, para otro pudiera ser únicamente un momento agradable, pero no feliz.

Se trata de cómo nos sentimos en cada instante; de cómo percibimos las situaciones que pudieren afectarnos. Sin duda, la mayor fuente de felicidad es el amor; por el somos concebidos, nacemos y por el vivimos. Es un sentimiento maravilloso, que nos eleva por encima de nuestra propia naturaleza, a tal grado que en pro del bien de otros, neutraliza nuestros más ancestrales e instintivos mecanismos de defensa.

Tenemos abundantes motivos diarios y muchas oportunidades para disfrutarlos; tantos, que casi todo acto o hecho es factible para ser felices; como por ejemplo, pertenecer a una familia que nos ama y escucha, cuando tanta gente vive sola y carece hasta de alguien con quien comentar sus buenos o malos momentos.

Mirar el brillante amanecer, percibir la quietud y frescura de la noche; escuchar el canto de los pájaros y la voz de las personas amadas; la fragancia de las flores y ese familiar olor de nuestra compañera de viaje largo; degustar los manjares que nos ofrece la naturaleza, mientras hay tanta personas impedidas de hacerlo y otras que ya nunca podrán experimentarlo, son motivos para ser felices.

Tener alguien que con amor, ternura y solidaridad comparte nuestra vida; concebir, procrear y disfrutar de un hijo; estudiar, culturizarse y crecer espiritualmente; lograr ingresos suficientes para una vida digna y satisfactoria; disponer de buena salud, actitud positiva y el convencimiento de la protección de Dios, son situaciones comunes, pero que podemos hacerlas extraordinarias fuentes de felicidad. La conciencia de que aun con nuestra casi absoluta vulnerabilidad frente a la naturaleza y el medio ambiente, siempre hay Ser Superior velando por nosotros, es nuestro mejor recurso para sentirnos felices.

No evaluar todas estas bendiciones que están a nuestro alcance con el menor esfuerzo, pensando que se requiere un evento extraordinario para se felices, sería un grave e irreparable error. Especialmente, porque esa riqueza de eventos y oportunidades que pueden darnos plenitud, corresponden a circunstancias y situaciones obvias de nuestra vida diaria, pero no a nada que pudiere considerarse extraordinario, especial o muy difícil de lograr, ya que corresponden al maravilloso mundo de las cosas sencillas, y se producen en cada minuto y a cada paso de nuestra vida diaria. Si actuamos con inteligencia, los convertimos en factores de felicidad; pero si no fuéremos cuidadosos y observadores, seguramente nos pasarán desapercibidos y se nos iría la vida esperando un evento especial, que quizás… nunca llegue

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“SI CONTAMOS NUESTRAS BENDICIONES, NO TENDREMOS TIEMPO PARA PENSAR EN LAS   POSIBLES CARENCIAS.”

FOTOS  MIRIAM HOSTON JUNIO 2009 041

El agua, el sol y el aire, para los vegetales y los animales son… la vida, pero para nosotros los humanos, apenas representan tres de nuestras múltiples bendiciones que Dios nos dio como heredad, sobre este paraíso que creó para nosotros, aunque por ignorancia y falta de fe, nos empeñemos en hacer menos hospitalario.

Como vivo por días y no por meses ni años, tengo presente a toda hora mis bendiciones personales. Así, cuando despierto abro mis ojos y siento que soy un hijo de Dios privilegiado; porque puedo ver y sé que millones de personas nunca podrán ver la luz del día. Cuando se despierta mi compañera de viaje largo y dice buenos días mi amor, siento que estoy obligado a ser feliz porque también millones de personas jamás podrán escuchar la palabra amor.

Cuando veo tantas personas solas, débiles, con defectos físicos, tristes, taciturnas y preocupadas, siento que Dios ha sido especial conmigo; porque a mis sesenta y ocho años tengo mi amor, puedo caminar perfectamente, me siento sano y fuerte, sonrío a la vida, a las personas, con lo cual destierro la tristeza, y en vez de preocuparme me ocupo de las circunstancias de mi cotidianidad, convirtiendo mis problemas en… asuntos por resolver.

Al degustar mis alimentos, que como con prudencia pero con apetito, no puedo dejar de considerar que, si una parte de mi alimento pudiera llegar a esas personas que mueren de hambre, vivirían un día más; entonces oro a mi Padre Celestial por ellos y… doy gracias.

Cuando tomo mi computadora e ingreso a este refugio espiritual en que se ha convertido esta página web que me regala amigos, amor virtual y la posibilidad de ser útil, tengo presente que muchas personas sobre el globo no saben leer ni escribir, y otros tantos no tienen los recursos para acceder a este medio, me siento especial y pido a Dios por ellos.

Ya en mi lecho, luego de un día más de vida, cuento mis bendiciones -que son tantas- que no tengo tiempo para considerar mis posibles carencias. Entonces, bendigo mi vida, mi inigualable esposa, mi bella familia y pido para todos mis hermanos humanos la bendición de Dios.

Muero al dormir, pero antes de cerrar mis ojos doy gracias a mi Padre Celestial por ese día de vida que termina; me encomiendo a Él y duermo tranquilo, con la esperanza de despertar al nuevo día para iniciar una nueva vida; pero seguro de que si me quedara dormido para siempre, habría vivido intensamente mi amor, mi gente, y este maravilloso mundo que Dios me prestó para mi confort terrenal.

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