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Archive for the ‘AMOR POR LA VIDA’ Category

“TODOS SOMOS UNO EN SIMBIOSIS CON DIOS”

Playa-Ferrara-En-Torrox-Costa-Provincia-de-Malaga_7555Nuestra naturaleza gregaria nos hace conectarnos con la idea de compartir vivencias, experiencias y… ayuda mutua, como condición para lograr una vida plena, cual no es posible obtener aislados o en solitario. Por tanto, requerimos desarrollar la actitud de sentir a las personas e interesarnos por sus particulares situaciones.

Conectarnos con el alma del prójimo es imbuirnos de su situación, compartiendo sus penas y problemas; dando apoyo moral y físico, a fin de hacer menos pesada su carga, porque cualquier situación siempre es más llevadera entre dos o más. Somos un todo con Dios y con el resto de los demás seres humanos, por lo cual las experiencias de mi hermano, de alguna manera tocan mi bienestar.

Funcionamos como órganos de un mismo cuerpo; si alguno se afecta, influye en su integralidad funcional y resultado. Cuando disfrutamos el éxito de nuestros hermanos o nos solidarizamos con su dolor y abriendo el corazón ofrecemos la mano solidaria, estamos contribuyendo con nuestro propio bienestar. Es que es difícil ser felices en soledad y todos necesitamos de… todos.

Compartir es condición indispensable para lograr nuestra realización material y espiritual. Nuestros hermanos humanos son el mayor regalo de Dios, ya que sin ellos nuestra vida no tendría significado.

Por eso tenemos que amarlos, aceptarlos, entenderlos, edificarlos y convertirlos en parte de nuestra propia preocupación. Fue eso lo que quiso significar Jesús cuando enseñaba: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.” En esa sencilla expresión nos legó un compendio de amor, fe y esperanza en nuestros congéneres; pero también, por nuestra diversidad natural, nos dejó un compromiso: aceptar a nuestros semejantes como Dios los creó, porque al diseñarnos a su imagen y semejanza, nos hizo únicos y especiales.

Dios es amor, esencia, energía y poder juntos, más allá del tiempo y el espacio. Si reflexionamos sinceramente, entenderemos todo lo hermoso, amoroso, sensible y solidario que existe dentro de cada ser humano, siempre esperando que alguien toque la puerta y lo despierte, para saciar su sed de dar.

Tenemos necesidad de sentir que somos parte de un todo que es sinérgico, universal y poderoso; que no estamos aislados sino conectados, y que nuestros asuntos y los de las demás personas son de interés universal; que Dios nos puso sobre esta tierra para acompañarnos, amarnos, ayudarnos y jamás nos dejará solos. No asimilarlo y aprovecharse de ello, sería un desperdicio y una torpeza… imperdonables.

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«LA FELICIDAD VIVE EN EL MUNDO DE LAS COSAS SENCILLAS»

CHICOS WILLIASM 23No es posible hablar de una fórmula para ser felices, pero menos establecer reglas generales en este asunto. Se trata más que de reglas, de condiciones para sentirse feliz.

La felicidad es individual porque es interna y surge de los eventos diarios, funcionando diferente para cada persona. Así, lo que para uno pudiera representar una situación de felicidad, para otro pudiera ser únicamente un momento agradable, pero no feliz.

Se trata de cómo nos sentimos en cada instante; de cómo percibimos las situaciones que pudieren afectarnos. Sin duda, la mayor fuente de felicidad es el amor; por el somos concebidos, nacemos y por el vivimos. Es un sentimiento maravilloso, que nos eleva por encima de nuestra propia naturaleza, a tal grado que en pro del bien de otros, neutraliza nuestros más ancestrales e instintivos mecanismos de defensa.

Tenemos abundantes motivos diarios y muchas oportunidades para disfrutarlos; tantos, que casi todo acto o hecho es factible para ser felices; como por ejemplo, pertenecer a una familia que nos ama y escucha, cuando tanta gente vive sola y carece hasta de alguien con quien comentar sus buenos o malos momentos.

Mirar el brillante amanecer, percibir la quietud y frescura de la noche; escuchar el canto de los pájaros y la voz de las personas amadas; la fragancia de las flores y ese familiar olor de nuestra compañera de viaje largo; degustar los manjares que nos ofrece la naturaleza, mientras hay tanta personas impedidas de hacerlo y otras que ya nunca podrán experimentarlo, son motivos para ser felices.

Tener alguien que con amor, ternura y solidaridad comparte nuestra vida; concebir, procrear y disfrutar de un hijo; estudiar, culturizarse y crecer espiritualmente; lograr ingresos suficientes para una vida digna y satisfactoria; disponer de buena salud, actitud positiva y el convencimiento de la protección de Dios, son situaciones comunes, pero que podemos hacerlas extraordinarias fuentes de felicidad. La conciencia de que aun con nuestra casi absoluta vulnerabilidad frente a la naturaleza y el medio ambiente, siempre hay Ser Superior velando por nosotros, es nuestro mejor recurso para sentirnos felices.

No evaluar todas estas bendiciones que están a nuestro alcance con el menor esfuerzo, pensando que se requiere un evento extraordinario para se felices, sería un grave e irreparable error. Especialmente, porque esa riqueza de eventos y oportunidades que pueden darnos plenitud, corresponden a circunstancias y situaciones obvias de nuestra vida diaria, pero no a nada que pudiere considerarse extraordinario, especial o muy difícil de lograr, ya que corresponden al maravilloso mundo de las cosas sencillas, y se producen en cada minuto y a cada paso de nuestra vida diaria. Si actuamos con inteligencia, los convertimos en factores de felicidad; pero si no fuéremos cuidadosos y observadores, seguramente nos pasarán desapercibidos y se nos iría la vida esperando un evento especial, que quizás… nunca llegue

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“LOS MOMENTOS FELICES NO PUEDEN ESPERAR”

En una sesión de asesoramiento, un empresario me manifestaba su preocupación porque los negocios estaban decayendo, las proyecciones económicas no eran buenas y vaticinaban una recesión. Cuando luego de emitirle mi criterio pregunté con interés por su familia, su respuesta fue realmente vaga y desinteresada; tal como si al formular esa pregunta, estuviera tratando algo de menor importancia. En ese momento recordé al rabino Harol Kushner, cuando escribió:

“¿De qué se trata la vida? No es acerca de escribir grandes libros, amasar una gran fortuna, alcanzar el poder; es acerca del amar y ser amado, es acerca de disfrutar la comida y sentarse al sol, en vez de almorzar corriendo y regresar apuradamente a la oficina. Es para saborear los momentos que no perduran, los atardeceres, las hojas que cambian de color en el otoño, los escasos momentos de comunicación real. Es acerca de saborearlos en vez de perderlos, porque estamos tan ocupados y no van a esperarnos hasta que tengamos tiempo para ellos.” (Citado por el Dr. Ron Jenson en su obra Viva la Vida no Sobreviva),

Ciertamente, a muchas personas se les escapa lo más bello del maravilloso hoy, pensando y preocupados por lo que pudiera suceder el día de mañana. En esa inquietud por asegurarse un futuro,  que es incierto e imprevisible, mediante la acumulación de riqueza y poder, descuidan las cosas bellas, sentidas, sencillas e inmediatas, cuales tienen a su alrededor y pudieran hacer su felicidad, cuales para disfrutarlas no requiere ninguno de esos dos factores.

Es que para amar y ser amados, para disfrutar de la familia, de la paz mágica del hogar que premia el esfuerzo razonable, se requiere equilibrar el tiempo y el esfuerzo. La actividad productiva moderada deja holgado espacio para el disfrute de la familia, trabajo, comunidad, entretenimiento, estudio y actividades complementarias; pero jerarquizadas.

La acumulación de riqueza y poder, deben ser secundarios, porque no son esenciales para la felicidad, y por tanto, no debe cambiarse lo seguro y permanente, por lo dudoso y de imposible aseguramiento.

Como lo parangonara Harold Kushner, las frescas mañanas, los bellos atardeceres, las gotas de rocío sobre las flores, la graciosa risa de los niños, el tierno beso de la esposa, el abrazo y la bendición del padre anciano, no van a estancarse ni pueden esperar hasta que tengamos tiempo para ellos; porque cada momento es único e irrepetible; pasa, se desvanece y pudiera ser que… no regrese.

Pienso que en abono a la no preocupación por eventos imposibles de predecir, fue que Jesús enseñaba a sus discípulos: “Cada día trae su afán…  basta a cada día su propio mal.”

Si damos prioridad, dedicación y entusiasmo a ese mundo maravilloso del amor y la familia, quedará el tiempo necesario para las demás actividades. Son las leyes de Dios que rigen nuestra vida; no todas están escritas pero se cumplen siempre, y de eso yo, con una vida activa y feliz por más de seis décadas, puedo dar fiel testimonio.

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«VIVIR FELIZ LA VIDA ES MÀS ACTITUD QUE APTITUD»

TORTA

La vida es una deliciosa torta que  Dios sirve para nuestro deleite, a la cual todos estamos invitados.

Todos nacemos con capacidades diferentes pero suficientes para participar de ella, pero observamos como algunos la disfrutan más que otros, según sea el tamaño, sabor o relevancia que le den al comerla. Sin embargo, hay quienes no asisten a tomar su parte, sino que recogen las sobras de otros comensales.

¿Cuál es la diferencia entre unos y otros?

Se trata más de actitud que de  aptitud. Al nacer, con la primera dosis de oxígeno iniciamos el banquete. Unos bebés lloran pidiendo su primer pedazo, pero otros no y el médico debe incitarles a tomarlo. Asimismo, unos son menos llorones, enfermizos y felices que otros. Los primeros disfrutan del alimento, el ambiente, las personas con curiosidad y entusiasmo, porque instintivamente, andan en procura de… su pedazo de torta.

Al crecer, progresivamente desarrollamos esa actitud de buscar lo que nos corresponde. El afecto de nuestros congéneres nobles, generosos y ansiosos de dar y recibir amor, aunado a la belleza y riqueza del paisaje geográfico, nos anuncian su magnífico contenido. Pero será nuestro estado de ánimo el que defina la actitud de participación, desarrollando la aptitud para lograr el mejor pedazo, porque la Ley de la Abundancia asegura suficiencia para todos.

Disponemos de razón e inteligencia suficientes para procurarnos lo conveniente. Nosotros decidimos dónde, cuándo y cómo logramos la mejor parte. Nadie puede hacerlo por nosotros.

El que amanece feliz, da gracias, saluda y bendice el día, considerándolo el mejor en cada oportunidad, está sirviendo la mesa. El que realiza sus actividades con entusiasmo y disfrutando al ser útil, está fabricando la torta. Aquel que ambiciona, sueña, ama y se complace en la plenitud de vivir, seguro de que la vida le dará lo que espere y produzca con sus acciones, es el primero en llegar al banquete. El que recibe los acontecimientos como producto de su aptitud para vivir mejor, convirtiendo problemas en asuntos por resolver y recibiendo los inconvenientes como positivos, porque le señalan el camino a seguir en busca de su felicidad, es el que toma el mejor pedazo.

Quien asume esta vida como una experiencia espiritual, que se sirve del cuerpo para lograr sus cometidos terrenales orientados a su felicidad personal, es el que toma su parte tranquilo, sin prisas, temores ni vaticinios negativos y disfruta de su parte de la torta, donde el tamaño, sabor y efecto en su vida, sólo él puede determinarlo.

Un pedazo de la torta  se ofrece a todo ser humano; el lograrlo, su tamaño, sabor o efectos corresponde fijarlo a quien la toma. No existe posibilidad de transferir esa responsabilidad, porque es parte del libre albedrío que sólo nosotros manejamos y nos identifica como hijos de Dios.

La mesa está servida; tome su parte ya y… disfrútelo. No lo deje para después, luego podría ser tarde.

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jesusDe las manos de Dios llegamos a este mundo, bajo su cuidado viviremos esta vida terrenal y Él nos recibirá después de esta experiencia de existencia física; esa es la única motivación que nos fortalece para no sentirnos, con relación al Universo, más pequeños de lo que realmente somos.

Siento que somos tan vulnerables física y psicológicamente, que solamente nuestra inmediatez con Dios nos asegura que no somos un accidente sobre este globo terráqueo, sino su creación más acabada, y por tanto bajo su permanente vigilancia, protección y control.

Somos tan pequeños en el concierto universal; tan temporales con relación a los tiempos; y tan mental y físicamente frágiles, que si no tuviésemos el convencimiento de nuestra unidad con Dios, nuestra vida sería simplemente… terrorífica.

¿Cómo podríamos caminar sobre una tierra que puede moverse en un momento dado y terminar con nuestra vida, apenas en segundos, si no tuviésemos ese báculo que se llama Dios?

¿Cómo podríamos construir algo bajo la certeza de que puede ser destruido en muy corto tiempo por alguno de los elementos naturales, que nos consta son imprevisibles e indetenibles, si no tuviésemos la fe de que Él nos protegerá?

¿Cómo podríamos amar y tener descendencia, si no depende de nosotros ni nuestra seguridad personal ni la de las personas que amamos, si no tuviésemos la certeza de que Él guarda nuestra entrada y nuestra salida?

Al menos en mi caso, no me siento insignificante ni tengo ningún temor a los elementos de la naturaleza o a ninguna otra cosa, sino que me siento orgulloso de mi propia naturaleza, porque no tengo duda de mi origen divino. Sé que no soy un accidente ni algo no planificado, sino que fui traído a este mundo con un fin que debo cumplir, porque es bueno para mis hermanos humanos y para mi crecimiento espiritual.

No dudo que cuando cumpla mi misión, en alguna de sus moradas Él me espera; yo soy un buen hijo y los buenos hijos vuelven a casa, por eso no temo a mi regreso ni tengo porque apresurarlo. Simplemente, disfruto esta vida en lo máximo posible, con la plena seguridad de que así como aquí soy feliz, lo seré siempre donde Él me lleve. Ese es mi destino y me llena de felicidad la certeza de que mi Padre Celestial ha escogido el mejor para mí.

Por eso digo a mis hermanos humanos que si tenemos a Dios aquí a  nuestro lado y siempre disponible, sería una pena que no lo aprovecháramos. Especialmente porque su compañía es el mejor seguro frente al peor enemigo del ser humano:  el temor.

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“SOMOS CUANTO SENTIMOS Y ESO NOS HACE LIBRES”

Todos teIDnemos en esta vida una pared personal, detrás de la cual escondemos, unos más que otros, sentimientos, inhibiciones, frustraciones, tristezas, dolores, ambiciones, sueños y… alegrías.

Yo también tengo mi pared; sólo que he separado mis sentimientos de la mejor manera posible, de tal forma que únicamente tengan trascendencia aquellos que sean positivos y me edifiquen, a mí, a cualquiera de los seres que amo o a quienes me relaciono de cualquier manera.

No se trata de una pared física porque tiene que ver con mi alma y mis sentimientos que son etéreos, y al no tener conformación material es un poco más difícil contener algunos de ellos, que a veces escapan e intentan crearme problemas; pero al final, yo los controlo.

Detrás de mi pared he aprendido a vivir tan feliz como cuando tengo que traspasar sus linderos. Para lograrlo, simplemente me regalo de forma permanente y continua la posibilidad de equivocarme y cometer errores; de tratar de entender a mis hermanos humanos, aceptarlos como son, reconocer sus bondades sin escudriñar sus errores o defectos, y festejar su diversidad. De alguna manera, esto es parte del obrar humano que todos tenemos que experimentar en procura de una vida mejor; y es, precisamente disfrutando en el camino de lograrlo, como aprovecho esas múltiples experiencias que me enriquecen, inmersas en el maravilloso mundo de las cosas sencillas.

Por mucho tiempo sólo me sentía a salvo detrás de mi pared, hasta que descubrí que por tratarse de algo espiritual y no físico, no tenía límites de tiempo ni espacio. Con esa precisión ubiqué los cerrojos en mi ser interior, donde convivo con Dios y sólo Él y yo tenemos acceso, para dejar que sean mis sentimientos quienes decidan donde se quedan: delante, donde el sol brilla y las noches son estrelladas, o detrás, donde todo es oscuro. Así, atesoro aquellos que son positivos para mi o alguien más, haciéndolos parte de mi luminosa vida diaria. Por el contrario, los que considero negativos, deprimentes o dolorosos, los dejo detrás, en la parte oscura de mi pared, para no recordarlos nunca.

Hoy alguien, inesperadamente, traspasó mi pared adornándola con colores de oro, música de alas de mariposas y perfume de azahares: Wendy interrumpió mi trabajo, se sentó en mis piernas y jugueteo con mi pelo como antaño, mientras su mami la miraba con ternura; ella tiene treinta años, dos bellas niñas y es… la última de mis hijas.

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«DISFRUTO IGUAL DEL VUELO DEL AGUILA QUE DEL DE LA MARIPOSA»

1465_2004-1851sBoulder, Colorado, una linda mañana de primavera. Camino por las calles sin conocer personalmente a nadie, pero todas las caras me son familiares: hombres, mujeres, niños; unos jóvenes, otros menos jóvenes y otros… mayores; rubios, blancos, afroamericanos, latinos, pero todos en lo mismo; viviendo… tratando de vivir lo mejor posible.

Es la misma gente y el mismo mundo. Es mi mundo y son mi familia humana. Sonrisas, ansiedad, alegría, tristeza, sueños, ambición, decepción; unos apurados, otros caminando lentamente; pero todos procurando encontrar alguien con quien hablar, con quien compartir, con quien huir de esa horrible soledad, que una sociedad sorprendida ante sus propios retos, incapaz de reaccionar positivamente ante el futuro, atemorizada de ella misma, nos ha ido creando progresivamente.

En mi lucha contra esa tendencia a considerarnos extraños por ser de diferente nacionalidad, origen o raza, aún siendo hermanos en Dios, sonrío a unos y otros, mientras siento el frío de la mañana, pero también la calidez de las miradas y signos positivos de respuesta de esas personas que no conozco ni sé quienes son, pero que como yo sienten que somos diversos, diferentes, pero… familia.

Padre Celestial, gracias… muchas gracias por haberme permitido vivir estos años; por todo lo que he conocido, por regalarme mi familia humana que tanto amo. Gracias por enseñarme a sonreír y a sentir amor por mis semejantes. Gracias por permitirme disfrutar igual del vuelo presuntuoso del águila como del parsimonioso paso de una mariquita sobre el marco de mi puerta.

Padre amado, gracias… mil gracias por haberme enseñado a disfrutar de este maravilloso mundo de las cosas sencillas, que llena mis días y mis noches; por el canto de los pájaros, el murmullo de las quebradas, la sonrisa de los niños, la belleza de las flores, la música de las campanas, el vuelo silencioso de las hojas al caer para dar nueva vida a… la vida y el inigualable sonido de la palabra amor, porque eso hace mi felicidad.

Padre… de alguna manera, no importa como, donde ni de que forma, ayúdame a llevar mi sonrisa, mi palabra, mi mano amiga y mi corazón abierto, a tantos hermanos solos y tristes quienes no han entendido que tú estás aquí, con nosotros, en la tierra, en el agua, en el aire, en cada cosa o movimiento; que no requerimos nada extraordinario para ser felices, porque todo es bello, maravilloso, único; porque todo tiene una razón y un propósito; porque es tu obra que nos obsequias todos los días, sin considerar si lo merecemos o no y con la única intención de que seamos felices.

Y esta noche Padre, cuando las estrellas guiñen sus ojos al mundo y yo cierre los míos, déjame considerar que hice algo por alguien, porque así sentiré que soy digno de llamarme… tu hijo.

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“MI ACTUACIÒN CON MIS HERMANOS ES MI PASAPORTE AL PADRE”

stana080101373Una frase de  Napoleón Hill, escrita hace màs de cincuenta años, me ha creado una profunda reflexiòn: «En última instancia nada importa.»

En verdad, cuando comparamos nuestra vida física y su incidencia en el Universo en tiempo y espacio, tenemos que aceptar que esa frase es absolutamente apropiada.

Pero… para un ser humano normal ¿Qué es lo que importa realmente y… en qué tiempo?

La respuesta tendría que ver con la forma de pensar y la ideología de quien la responda; pero, al menos en mi caso, que vivo por períodos de veinticuatro horas y no por meses ni años como las personas normales… importa cada segundo de este momento.

Importa que respiro, que amo, que siento el viento, el sol, el frío de la noche sobre mi cara y escucho las hermosas notas del sentimiento, cuando alguien me dice: te amo.

Importa que puedo tomar la mano de mis semejantes y trasmitirles un poco de esa extraordinaria convicción que me brinda paz y me hace tan feliz: mi fe en Dios, que conforma mi esperanza de que no hay catástrofe, por terrible que fuere, que me pueda destruirme integralmente; que aquí no termina todo, sino que de alguna manera, es un comienzo de muchos comienzos en mi viaje de ascenso espiritual.

Importa que puedo transmitir amor, bondad, solidaridad, sensibilidad, caridad, paz espiritual; y especialmente, que todos los días tengo la oportunidad de ser útil y… jamás la desaprovecho.

Importa mi certeza de que no soy un accidente de la naturaleza, sino una hechura especial de Dios que me da la fuerza para superar cualquier escollo, hasta cumplir la meta que dentro de su plan divino, Él me tiene impuesta.

Importa que se que nunca moriré en lo esencial, porque mi alma es eterna y está antes y después de toda circunstancia o cosa material, incluida esta vida física; que será conforme a mi comportamiento y mi actuación con mis hermanos humanos, mi pasaporte para llegar al Padre.

Por eso, de todo lo que pudiera afectarme negativa y físicamente, independientemente de la entidad o de su fatalidad: en última instancia, nada importa.

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«SOMOS ESPIRITUS VIVIENDO, TEMPORALMENTE, UNA  EXPERIENCIA FISICA.»
aurora-borealis_thUn Lector de este Blog, me solicitó opinión sobre el tema de la vida después de la vida. Como ustedes conocen, no emito criterio más allá de lo que personal e individualmente creo y siento, remitiéndome a mis propias experiencias y forma de ver la vida y las cosas.

Bastante he leído sobre el tema, desde personas que estuvieron al borde la muerte por accidentes, asfixia y otros percances, pero sobrevivieron, hasta aquellas que aseguran haber estado prácticamente muertas, pero fueron revividas por métodos y recursos médicos.

También he asistido a conferencias y escuchado variadas opiniones sobre el tema. En todos los casos, se mantuvo la misma interrogante: ¿Se sucedieron realmente esas experiencias narradas o se trató de alucinaciones?

Nadie puede saberlo, porque el punto entre la realidad y la imaginación de fenómenos es infinitesimal; es determinado por miles de millones de células cerebrales haciendo sinapsis, y el afectado no puede diferenciar entre esa percepción falsa, que es la alucinación,  y la realidad.

Fiel a mis principios, no puedo negar ni aseverar eventos, situaciones o experiencias que no he experimentado personalmente.

Considero que como seres físico-espirituales, la vida después de esta vida terrenal  tiene que ser espiritual, porque nuestro cuerpo se destruye y se incorpora a la tierra; por tanto, no es otra que aquella misma que teníamos antes de nacer. Por eso, siempre he insistido en que la muerte física no debe atemorizarnos, porque representa la puerta al regreso a ese tipo de vida espiritual que teníamos antes de tomar posesión del cuerpo, que nos ha servido de instrumento material en esta vida,   cual tomamos al nacer y aquí dejamos al morir.

Todo lo demás, respecto de la certeza o irrealidad con relación a la vida después de la vida, queda en el mundo de las especulaciones mentales, característica de los únicos entes con razón suficiente para preocuparse de algo más allá de la vida física, cuales somos los seres humanos.

No obstante, dada mi formación cristiana, mi convicción de que mi alma es eterna y no perece con mi muerte, me permite asumir el paso por esta vida física, como uno más en mi progreso espiritual, que me da la oportunidad de vivir extraordinarias y edificantes experiencias físicas, mientras me acerca  progresivamente a mi destino final: lograr la perfección, para volver al lado de mi Padre Celestial.

Es eso lo que creo sobre el tema  y lo declaro con absoluta franqueza.

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250px-a_woman_thinking «SOMOS CUANTO Y COMO PENSAMOS»

Sin ánimo de adentrarnos en lo científico-neural, independiente del sistema neurovegetativo, en cada milésima de segundo y de manera continua, nuestro cerebro, en su actividad intelectual hace lo mismo: pensar, y conforme a esos pensamientos se comporta la parte más importante de nuestro ser consciente para producirnos felicidad: nuestro estado de ánimo.

Somos cuanto y como pensamos. En lenguaje llano, existe un flujo de pensamientos que establecen una corriente interminable de ideas, derivados  de nuestra actividad consciente, los que no nos abandonan ni siquiera cuando dormimos, y de los cuales me referiré objetiva, pero sumariamente, destacando como afectan nuestra vida diaria.

Los humanos somos una unidad físico-espiritual, con una prodigiosa capacidad de adaptación al medio y las circunstancias, que nos hace poderosos frente a la negatividad, en la misma medida en que hacemos nuestra la positividad. Nos corresponde por tanto filtrar ese flujo de pensamientos, de tal manera que sólo aceptemos los positivos, cuales enriquecen nuestro estado de ánimo.

En general, salvo casos patológicos, todos los seres humanos tenemos más o menos los mismos pensamientos; siendo entonces que como consecuencia, cada uno diseña su mundo mental a su propio gusto y voluntad. Por ejemplo, quien admira las fieras le complace su fortaleza, estatura, fuerza y desea su protección; mientras para quien le teme, esa misma visión le aterra y desearía su destrucción.

¿Qué determina la sensación de agradable o desagradable? Sin duda nuestro cerebro en su producción más abundante: los pensamientos, que corresponden a la identidad personal.

Cualquier evento imaginable, incluida la muerte puede ser desagradable o aterrador para algunos, mientras que para otros puede ser, sino agradable, por lo menos considerado una etapa normal a cubrir en el proceso vivencial.

Las herramientas más efectivas para rechazar, o cambiar lo negativo en positivo,  están a mano y dependen de nosotros mismos: Dios que es amor, alegría, buen humor, bondad, entusiasmo, fe, esperanza, compasión, caridad, sensibilidad y solidaridad humanas. Todo pensamiento negativo puede ser desterrado de la mente por la fuerza del amor, el sentimiento de inmediatez y unidad con Dios.

Como sabemos que los pensamientos positivos nos benefician pero los negativos nos perjudican, estamos obligados a crear barreras a estos últimos. Un buen mecanismo es pensando en Dios, sin preocuparnos por más allá de hoy, porque mañana traerá sus propios asuntos, cuales Él nos dará lucidez para resolverlos.

Me consta que podemos controlar nuestros pensamientos. Es necesario interesarse por esto y practicarlo. Les aseguro que vale la pena intentarlo. No lo deje para después, hágalo ahora mismo y verá que no es difícil pero sí muy remunerador, porque nos produce paz, tranquilidad y armonía, elementos fundamentales para lograr nuestra máxima ambición: ser felices.

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