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Archive for the ‘ALMA SOSEGADA’ Category

Si concebimos la vida como un camino a recorrer con amor y emoción, debemos actuar ahora y sin ninguna dilación, porque pudiera ser que no tuviésemos nueva oportunidad para repetir ninguno de nuestros actos.

Tenemos que capturar todo lo bello que tengamos delante y guardarlo en lo más íntimo de nuestro ser, sin dejarlo para más tarde o para mañana, porque no sabemos si tendremos oportunidad de repetirlo.

No dejaremos pasar oportunidad para ser corteses y solidarios, haciendo sentir a nuestros hermanos humanos, que compartimos su necesidad de comunicarse y nos importan sus sentimientos, lo cual será para ellos como un bálsamo especialmente apreciado.

Cuando despertemos y la luz del día ilumine nuestro mundo lleno de sonidos y aromas familiares, daremos gracias a nuestro padre celestial por ese nuevo día que nos regala, que pudiera tener el valor de una vida entera.

Celebraremos diariamente la maravillosa sensación de ver, oír y disfrutar de los demás sentidos que nos regalan inconmensurable belleza; porque sabemos que tantos hermanos desventurados, sin explicación lógica aparente, nunca podrán hacerlo.

Si Dios nos obsequió una bella familia, ahora mismo y no después los amaremos; y veneraremos especialmente a esa maravillosa persona que nos escogió como pareja entre millones de otras personas; regalaremos ternura, respeto y solidaridad a esos pedacitos de amor concentrado, que vinieron al mundo para dar sentido a nuestra vida y permitirnos continuar nuestro amor en ellos… por siempre.

El hoy es lo más importante, porque es lo único realmente nuestro. Cada situación representa una oportunidad para ser felices, porque sólo depende de nosotros el estatus que otorgamos a cualquier circunstancia. La realización material y espiritual representada en una vida armónica y en paz, depende de valores trascendentales como el amor, el respeto, la consideración, el reconocimiento, la sensibilidad, la solidaridad, la lealtad, la aceptación, la generosidad y la caridad, cuales son intangibles y para obtenerlos únicamente requerimos nuestra voluntad y decisión.

Somos tan vulnerables físicamente, el tiempo transcurre tan rápido y no conocemos cuanto estaremos aquí, que no podemos permitirnos el lujo de perder ni un momento para disfrutar, decir cuanto amamos, deseamos y esperamos.

Manifestaremos nuestra fe, optimismo y entusiasmo en disfrutar todo lo que tenemos al alcance, y la esperanza de que luego, más allá de esta vida viviremos como en esta, porque igual que aquí estaremos con ese padre amoroso, que nos acompañó durante esta vida y nos espera ansioso en la otra.

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Independientemente del sabor, nuestra vida se asemeja a un pastel, que Dios nos permite confeccionar durante nuestra existencia física, tomando los ingredientes de nuestras vivencias diarias.

Muchas personas no llegan a entender este detalle existencial y pierden la oportunidad de crear, mezclando los elementos que, separados pudieran ser tóxicos, desagradables al paladar o negativos a nuestra salud espiritual y así construir un rico pastel de vida.

Por ejemplo, las situaciones difíciles y los momentos duros tomados individualmente o aislados, cuales nos preocupan y atemorizan, simplemente se convierten en una desgracia; pero, cuando los mezclamos y dejamos trabajar al tiempo, entendemos que son convenientes porque son ellas las que nos enseñan como evitar males mayores.

Cuando alguien deja de amarnos con la misma intensidad de nuestro amor o nos es infiel, la tristeza y desagrado temporal, visto como hechos aislados, nos frustran y duelen. Sin embargo, cuando mezclamos estos sentimientos con nuestra integridad vivencial, entendemos que son el tamiz mediante el cual aprendemos a separar lo mejor, de lo mediocre o negativo.

Además, existen otras dimensiones que no podemos determinar con nuestra lógica racional, donde se mueve esa organización universal perfecta, que nos permite respirar y bombear sangre a nuestro corazón, sin preocuparnos de la secuencia de tan importantes funciones; que nos permite sentir emoción, amor y temor, sin ubicación exacta de donde se producen estos fenómenos.

De alguna manera, nuestras circunstancias vivenciales se asemejan a los materiales necesarios para producir un pastel. El amor, la amistad, la familia, el sexo, el trabajo, los estudios, la diversión, los tropiezos, los errores, los aciertos y desaciertos, los sentimientos, nuestras visiones de la vida y las cosas, el dolor, la tristeza, la culpa, la caridad, la generosidad y el perdón; todos independientes y por separado, tienen un sentido diferente a cuando los amalgamamos en función de nuestro proyecto de vida.

La textura, presentación y sabor de ese emocionante pastel que es nuestra vida, sólo dependerá de nuestra creatividad, positivismo y fe en las muchas bondades que podemos extraer de las diferentes situaciones y eventos de nuestra vida.

Sólo tenemos dos posibilidades: mezclar los acontecimientos que nos afecten, bajo la premisa de que podemos transformarlos en beneficiosos, y seremos felices; u olvidando el poder que nos otorga nuestro origen divino, permitir que el pesimismo se imponga al optimismo, la resignación a la acción, y entonces con toda seguridad seremos infelices.

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“Si amas dilo, repítelo, no te canses de hacerlo; porque el amor en silencio es medio amor”

Millones de personas a las puertas de la muerte, darían lo que fuere sólo por unos minutos más de vida; en ese momento, quizás por primera vez ellos y un poco tarde, logran entender el valor de un minuto de existencia, que en esa especialísima ocasión equivaldría a una vida… más.

Asimismo, si pudiésemos consultar quienes yacen bajo la tierra, seguramente nos manifestarían su frustración por no poder corregir su mayor error mientras vivieron físicamente: haber desperdiciado minutos de felicidad. Quizás fue esto lo que nos quiso recordar Borges, cuando al final de su vida sentenció: “He cometido el mayor pecado de la vida: no he sido feliz”.

Hoy al despertar, cuando abrí mis ojos frente a una mañana radiante y al abrir mi ventana el aire, que no sabe de donde viene ni hacia donde va, en su raudo vuelo con mil sonidos y aromas diversas acarició mi cara, sentí en toda su plenitud el privilegio de de poder recibir esas maravillosas sensaciones, que me prueban que aún estoy aquí, en este extraordinario mundo que Dios me dio por heredad.

Entonces sentí la necesidad de orar, de decirle a mi Padre Celestial cuanto le amo; cuanto le agradezco el haberme permitido conocer y disfrutar de la bella e incuantificable naturaleza, y muy especialmente, por haberme regalado mis hermanos humanos, que con sus altos y bajos, me han hecho protagonista de una vida, que es una hermosa aventura, la cual, si pudiera repetir, lo haría exactamente como la he vivido.

Es que sólo respirar ya es una experiencia indefinible; pero amar, tener una familia, amigos, educación, trabajo, sueños, esperanzas, y la posibilidad de ser útil aunque fuere a una sola persona, son experiencias que no se pueden dejar de disfrutar con fruición.

Hay tanta gente sola, enferma física y espiritualmente, pero que tampoco tuvieron acceso a la cultura ni al conocimiento; quienes no disponen de un techo donde guarecerse, alimentación básica ni seguridad de ningún género, que estamos obligados a protegerlos y orar por ellos.

Por eso, no podemos desperdiciar ni un segundo, porque como el agua bajo los puentes, pasará y no podremos recuperar ningún instante perdido. Pero… aun hay tiempo; vaya, ponga contra su pecho a sus seres queridos, béselos, dígales y repita hasta el cansancio cuanto les ama y necesita; siémbrelos en el fondo de su alma, porque sólo allí lo acompañarán… siempre.

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«La madurez de un ser humano se refleja en sus actos, no en sus años»

La Sabidurìa, como continente de todas las virtudes humanas, debe estar orientada al bienestar del hombre y por tanto irremediablemente vinculada al amor y la felicidad; como cosecuencia, sus contenidos son trascendentales para el amor y la felicidad. Hoy me ocuparè someramente de uno de ellos, la madurez, cual deriva de la aptitud para establecer control y equilibrio sobre la individualidad.

No es cierto que para adquirir madurez se requiera haber vivido muchos años. En el camino de mi vida he dialogado con personas de avanzada edad, quienes actuaban de forma inmadura.

Asimismo, conocì personas muy jòvenes, quienes reflejaban en sus comportamientos una madurez envidiable para cualquer venerable anciano. Es que, el desarrollo de la madurez tiene que ver como concibamos la vida y las cosas, porque dependiendo de esa ideologìa, a su vez daremos o restaremos trascendencia al resultado de nuestros actos.

Es que la madurez, reune condiciones intrìnsecas del ser humano que, como consecuencia de la aplicaciòn de sus facultades congnitivas y volitivas, decisivas en su vida, tienen que responder a un especial autocontrol y equilibrio, para que al final se reputen positivas.

Se trata de atenuar o endurecer tendencias naturales, sentimientos, carácter, sueños, ambiciones, emociones, temores, arrojo y fantasías, que deben ser debidamente enmarcadas en el sitio que corresponda, en esa tabla de ajedrez que conocemos como el arte de vivir… bien; vale decir, disfrutar de una existencia edificante, en paz y armonia con nuestros semejantes y el medio ambiente.

Sin duda, para adquirir madurez se requiere inversión en paciencia, perseverancia, humildad, compromiso y reconocimiento, cuales son elementos vivenciales que traemos al arribar a esta vida fìsica. Es la madurez lo que nos permite conciliar lo inmediato con lo mediato, en funciòn de una meta especìfica; aceptar las dificultades como enseñanza; tomar y mantener las decisiones, porque han sido producto de la reflexiòn; aceptar los errores y aprender de ellos; sustituir la suerte por la diligencia y el trabajo; mantener la confianza frente a la situaciòn adversa; contabilizar la generosidad como una experiencia maravillosa; aceptar la diversidad como un regalo de Dios; admitir que para amar todo tiempo es bueno y no se debe desaprovechar ningùn espacio, porque no sabemos hasta cuando tendremos la oportunidad de experimentarlo.

No es la madurez algo que la vida nos regala, sino la capacidad que adquirimos para ubicarnos debidamente sobre esta madre tierra.

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ISAB ELITA H IJA DE GINASomos físicamente tan vulnerables, que nada, en ningún momento, puede asegurar nuestra existencia física.  No se requiere una locomotora que atropelle, o un edificio que se derrumbe, para perder la vida; suficiente es un microgramo de colesterol adicional en una arteria, una bacteria sólo detectable por un microscopio o un tropezón con una acera para abandonar este bello mundo.

¿Cuál elemento nos permite vivir sin preocupación aún con esa gigantesca vulnerabilidad física?

Se trata del factor confianza, cual nos indica esperar siempre lo mejor, porque su sustento es la seguridad de que Dios siempre está presente velando por sus hijos.

La confianza nos permite creer en las personas, en su amor, amistad, y en general en todo tipo de relaciones. No podría concretarse ningún matrimonio, negocio, convenio profesional o contrato de ningún género, sin un mínimo de confianza en el cumplimiento de lo pactado.

Las relaciones conyugales y familiares de cualquier género serían un desastre, sin ese margen mínimo de confianza en los demás. En los países con graves problemas sociales, su mayor problema radica en que los ciudadanos carecen de un margen mínimo razonable de confianza entre ellos y en sus relaciones con el Estado.

Nuestra vida sería desastrosa si permitiéramos la permanente desconfianza sobre nuestra seguridad personal, económica y jurídica; de nuestros allegados, vecinos y extraños; de nuestra salud y posibilidades de éxito en nuestros proyectos.

El margen mínimo de confianza es fundamental. Es lo que nos permite planificar, invertir, establecer proyectos familiares, de estudio y de negocios.

En estos tiempos de cambio, frente al desasosiego, temor y crispación, más que nunca se requiere echar mano del sentimiento de confianza, sobre la base de la convicción de que no estamos en este mundo por accidente, sino con un plan individual y determinado que, aunque no conocemos, nos blinda contra cualquier desastre mientras no se haya cumplido nuestra misión.

Es esa mi recomendación de hoy: no permitir que se agote ese margen mínimo de confianza en nuestros hermanos humanos; en su reserva de generosidad, que a veces, aunque no la veamos a flor de piel, sí que se encuentra inmersa en lo más profundo de su ser, porque todos, sin excepción, tenemos en nuestra alma, esa herencia divina que nos hace merecedores de ser llamados hijos de Dios.

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orandoAnoche, mirando un programa sobre la recuperación de un alcohólico, el gran sufrimientos de su esposa, hijos, hermanos y amigos, que le observaban impotentes morir en vida sin poder hacer nada, reflexioné sobre todo lo que Dios nos ha preservado, pero también de lo mucho que nos ha dado, que hoy más que nunca me siento obligado a dar gracias… infinitas gracias.

Siento que estar todos con vida, amarnos, aceptarnos y admitir a nuestros hermanos humanos con su propia diversidad; no ser dependientes de ningún vicio y sentir a Dios, todos los días como parte de nosotros mismos, reúne las mayores bendiciones. Saludar con entusiasmo cada día que nos permite enfrentar los retos que nos imponemos, y recibir la noche como la recompensa para la meditación y el descanso, son otros privilegios que nos obligan a recordar la infinita bondad divina.

Creo que todos, sin ninguna excepción, tenemos mucho que agradecer a Dios; pero a veces, por descuido o porque se nos pasa desapercibido, no reflexionamos sobre lo tanto que hemos recibido.

Basta con abrir un Diario nacional o extranjero, hojear una revista o mirar la televisión, para enterarnos como muere la gente todos los días o como quedan lisiados para siempre; como las personas, independiente de su edad o condición social, son objeto de violencia y crueldad; como jóvenes, en toda su plenitud, entregados a graves vicios y actividades obscenas, desperdician lo mejor de sus vidas, automancillando ese bendito cuerpo que recibieron de Dios, enfermándose y haciéndose viejos antes de tiempo.

Pero nosotros hemos sido preservados; se nos bendijo con claridad mental, humildad, amor a nuestro cuerpo y a las demás personas, así como fe en nuestra capacidad para superar cualquier eventualidad, porque con propiedad nos sentimos herederos de Dios sobre esta tierra, lo cual nos obliga a ser mejores todos los días para continuar siendo merecedores de tales dones.

Siento que no basta con agradecer, sino que se requiere divulgar la necesidad de entender que fuimos dotados de condiciones especialísimas, como la razón y la inteligencia, cuales les fueron negadas a los demás seres vivos, y eso es una gran ventaja para ser felices, pero es también un delicado compromiso, porque se nos exige en la misma medida en que se nos da, y de igual manera estamos obligados a dar testimonio y enseñar estas verdades. Es suficiente que una sola persona lo entienda, tome el ejemplo o lo aprenda, y ya habremos hecho bastante.

Por eso debemos dar gracias a nuestro Padre Celestial todos los días, en cada hora, en cada minuto, porque somos afortunados por conocer estos secretos; por haber recibido suficiente fuerza de voluntad para ponerlos en práctica, no incurrir en errores irreparables, poder cosechar sus frutos, deleitándonos en una vida plena y feliz.

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«LAS ENFERMEDADES SE ORIGINAN POR CONFLICTOS DE APEGO Y CONFLICTOS DE   DESAMOR»

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El Dr. Hamer planteó el carácter bifásico de las enfermedades. Esto es que, en cuanto la persona resuelva el conflicto, en ese momento la solución ocurre, INICIÀNDOSE EL PROCESO DE CURACIÒN DE LA ENFERMEDAD. Vale decir, si a nivel síquico esa persona resuelve el conflicto, el cerebro da la orden de restitución del daño causado y comienza la fase de curación orgánica. Esto fue probado científicamente en el 100% de los casos, mediante los scanner cerebrales.

Igualmente determinó que agrupando todos los tipos de conflictos del mapa cerebral, nos encontraríamos con dos grandes tipos de conflictos en los que cae el ser humano: conflicto de apego y conflicto de desamor. Los demás son matices de ellos, dependiendo del matiz será el órgano que se vea afectado.

Así, por ejemplo, en el cáncer de mamas, determinó que en 100 de estos casos, todas las mujeres tenían un conflicto con el mismo colorido: Si son diestras y la mama es la izquierda sería un conflicto de madre-hijo; conflicto de separación de un hijo. Si la mama es la derecha sería un conflicto general y especialmente de pareja. Como en los casos de cáncer de mama, él desarrolló una tabla que determina la relación causa-efecto y abarca el 90% de las enfermedades.

Lo insólito, paradójicamente por normal, es que a nadie extrañe que los problemas gástricos, los infartos y dolores de cabeza, siempre se atribuyan a la consecuencia de situaciones estresantes, pero cuando se trata de enfermedades más graves, especialmente como el cáncer, a ningún médico se le ocurre pensar en lo psico-somático; esto es que, como en los casos referidos, pudieran derivar o ser producto de situaciones generadoras de estrés en el paciente, como problemas sentimentales, temor, pérdida de seres queridos, situaciones difíciles en el trabajo, desempleo o por dificultades en los estudios, por citar algunas fuentes de problemas personales.

Ciertamente, más allá de cualquier especulación científica o academicista, para quienes hemos sobrevivido enfermedades o hemos estado al lado de un ser querido, que ha logrado superar una enfermedad considerada grave no utilizando la medicina convencional para curarse, los descubrimientos del Dr. Hamer soportan por primera vez y desde el punto de vista científico, nuestro criterio empírico de que, en mucho, somos nosotros  mismos los causantes de nuestras propias enfermedades y no podemos echarle la culpa a nadie.

Sólo son excusas justificativas  cuando en presencia de una enfermedad, decimos que la naturaleza ha fallado en nosotros, la mala suerte o el castigo divino, y ahora voy al médico para que me cure haciendo abandono de nuestra propia responsabilidad. Si nosotros que somos entes físico-espirituales, no somos capaces de resolver nuestros problemas internos, no podemos esperar que los resuelva un médico que actúa en forma externa; al menos no a uno a quien únicamente le preocupa nuestra parte física.

Para finalizar, les dejo como tema de reflexión las palabras del Dr. Fermín Moriano, en una conferencia en España en 1995: “El conflicto hay que resolverlo emocionalmente. La cuestión no es administrar fármacos…Lo que la naturaleza te está tratando de decir es que aquí estás viviendo una situación que no te conviene, o dejas de vivirla o te separas de ella.”

Inormación Adicional Sobre El Tema:

http://www.sunoven.de/medicina-sagrada3.html;    http://free-news.org/hamer08.html

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«UN CUERPO SANO, ALMA SOSEGADA Y ESPÌRITU TRANQUILO ASEGURAN LA FELICIDAD»

yun_306Comparto el criterio de que como seres humanos, integralmente representamos un triángulo determinado por los lados cuerpo, alma y espíritu: el primero que tiene que ver con lo tangible; la segunda, que nos permite experimentar sentimientos; y el tercero, que representa el contacto con lo sobrenatural, especialmente nuestra relación con Dios.

El funcionamiento armónico y oportuno de esos tres elementos vivenciales, es fundamental en el individuo para el logro de la felicidad personal.

Un cuerpo sano, permite disfrutar mejor de toda experiencia de carácter físico; como la visión y audición del mundo exterior, alimentación, trabajo, estudio, descanso, distracción, recreo y sexo.

Un alma sosegada y pacífica, nos brinda experimentar las sensaciones más sublimes; especialmente el amor, la amistad, sensibilidad y solidaridad humanas.

Un espíritu tranquilo, nos facilita ese indispensable pero encantador contacto permanente con nuestro Padre Celestial, sin el cual somos vulnerables e indefensos.

Mantener el cuerpo sano, el alma sosegada y el espíritu tranquilo, no es algo que sea difícil, porque nuestra tendencia natural es a procurarnos buena salud; nuestro apetito de buenas sensaciones es casi ilimitado; y nuestro espíritu está siempre ávido de la bondad, la solidaridad, la caridad y el amor que devienen de nuestra herencia divina.

No obstante, mantener funcionado en forma óptima ese triángulo vital, especialmente lo que tiene que ver con el cuerpo y el alma, para su desarrollo pleno, requiere ser reforzado por la práctica constante. Es mediante los buenos hábitos y la templanza, la alimentación sana y el descanso suficiente, como nuestro cuerpo desarrolla su mayor eficiencia. Es amando y edificando a las personas, actuando con bondad, generosidad, sensibilidad y solidaridad, como nuestra alma se engrandece y hace fuerte nuestra voluntad, permitiéndonos disfrutar de las más hermosas emociones y excelsos sentimientos.

No hay nada nuevo, especial ni extraordinario en todo esto. Es simplemente una actitud, que todos podemos desarrollar y mejorar, en función de procurarnos una vida feliz, para nosotros mismos y para nuestros semejantes.

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