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Archive for the ‘ADULTOS FELICES’ Category

Escuchando a Edith Piaf La vie en rose e Yves Montand Autumn leaves,dos catedrales musicales para aquellos que nacimos, vivimos  y moriremos románticos, sentí profundos sentimientos de grata recordación de una época de mi vida, cuando la música y letra de esas canciones, enjugaron lágrimas de mi alma; en aquel tiempo, sin saber en realidad por qué.

Hoy, décadas después, luego de leer mucho sobre la desgraciada vida de Edith Piaf, que desde que apareció en público siendo una niña super abusada y durante su corta vida de 40 años, para hacer felices a otros, supo llorar con drogas y música su inmensa desgracia que resumía en versos como estos:Ojos que hacen bajar los nuestros/ Una risa que se pierde sobre su boca/ He aquí el retrato sin retoque del hombre a quien pertenezco “,  tengo razón en llenarme de tristeza masoquista, cuando miro pasar  por mi  mente su  película de vida horrible, desde la niña desgreñada viviendo en las calles de París, hasta la mujer sufrida que escondió su dolor lo mejor que pudo en su vida de artista, y apenas encontró el amor al momento de morir. Y pienso: Dios mío, padre incomprensible, regalador de cosas maravillosas para que  muchos de tus hijos seamos felices, pero terrible con esas personas que nos regalan esa felicidad. Habrá un motivo por el cual suceden estas cosas, no tengo duda de tu bondad, ni intención de juzgarte, pero no dejo de sorprenderme.

En el caso de Hojas de otoño (Autumn leaves)fue diferente; esa canción tiene una parte de mí. Yo vi en Aspen Colorado, en una de las ocasiones más lindas de mi vida La caída de las hojas / La deriva por la ventana / Las hojas de otoño / Todas de color rojo y oro. Y también sentí como  Los días se hacen más largos. Y sin importar cuantos años han pasado, vi crecer mis hijas, se hicieron mujeres y madres; quizás por eso al oír estas notas pasa por mi mente la película de los valles de hojas de aspen amarillentas, negándose a morir, mientras me regalaban ese amarillo oro especial, en su caída lenta que se llevaba el viento, hasta perderse en lo más amarillo de lo amarillo.

Es que el espíritu no envejece ni los sentimientos tampoco conocen edad: están más allá del tiempo. Son esa herencia divina que nos permiten sentir, recordar, vivir y… revivir el pasado bueno.

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No recuerdo como sería mi primera ojeada al mundo, pero sí tengo la sensación  de que los abrazos y caricias de la familia fueron siempre una delicia.

Lo  más importante para que mi vida sea una aventura ha sido mi curiosidad. Con ella comenzó mi recorrido diario por la casa, emocionado abriendo  y cerrando todo lo posible, no obstante que algunas veces pagara con lágrimas  y dedos inflamados.

Sin embargo, siempre fui un aventurero, especialmente inspeccionando, escondiendo cuadernos  y  halando  el pelo de mis compañeritas, sin importar los chillidos de la maestra, que en sí mismo eran… una aventura.

Siempre me gustaron las chicas, desde cuando era casi un bebé, especialmente las de pelo largo, porque  era mucho más fácil halárselos y salir corriendo.

Luego cuando ya fui creciendo dejé esa afición por la admiración femenina y en verdad las admiraba casi a todas y mi catarsis era escribirles versos jocosos y esconderlos en sus cuadernos; sin firma claro está, pero ellas descubrían que era yo y entonces eran ellas las  que corrían tras de mí, lo cual  también me divertía.

Cuando adolescente, me embarqué en el maravilloso mundo de los aventureros casi a tiempo completo, mediante el mejor medio para vivir aventuras de todo género: los libros. Ello me hizo bien culto en general para mi edad, pero me hizo descuidar mis libros de textos  y las tareas; y creo que a mis maestros les interesaban más los chicos estudiosos de sus materias, que los cultos, según el resultados de mis notas finales, que se salvaban por mi participación en el periódico de la escuela y los actos culturales, que eran parte importante de la escuela en aquellos tiempos.

Cuando terminé mi primaria tuve que trabajar e inicié una aventura que  hasta hoy, independiente de su variedad sigo disfrutando, la cual por cierto me ha permitido asistir a la universidad aquí y en el exterior, lograr una bella esposa y una linda familia, que me aceptan como soy: un aventurero amoroso, que sabe traer el pan a la casa.

Por eso han aceptado vivir conmigo en diecisiete casas en tres países diferentes, amén de acompañarme por más de otros veinte. ¿Cómo lo logro? Muy sencillo: haciendo de todo una aventura: del amor, del trabajo, de los estudios, de la amistad, de la familia; riéndome de mis desinteligencias y errores; y en sí no dándole trascendencia a nada  fuera de mis 24 horas diarias de vida.

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El genio tiene actitudes que asemejan las de unloco

Repetidamente he oído el término “ese tipo es loco”, únicamente porque hace cosas que nosotros no somos capaces de hacer, como permanecer pasivos cuando alguien dice algo inconveniente o cuando alguien ha juzgado alguno de nuestros actos, o emite  criterios ideológicos diferentes a los nuestros.

En verdad, somos individualidades y como tales actuamos. Al menos a mi no me hace daño ni me interesa el criterio de los demás sobre mi persona o manera de pensar, porque todo lo hago a mi voluntad, con la intención de ser feliz y sin perjudicar a nade; al menos por acción.

¿Quién podría asegurarme que actuar diferente es ser loco?

¿O que  porque alguien no acepta las etiquetas del control social MODA, que tanto dinero producen a los medios masivos de comunicación social, al tiempo que hacen infelices a quienes llenos de vanidad, sufren por no poder adquirir esas cosas?

Mi vida no ha sido un lecho de rosas, pero salvo espacios muy pequeños siempre he sido feliz. He trabajado desde niño en casi todo tipo de actividades lícitas, y en todas nunca he envidiado a nadie y siempre he encontrado la forma de hacer los amigos, a quienes nunca juzgo, precisamente porque creo que su actuación, como a la mía, está dentro de su libre albedrío, y por tanto de ninguna manera podría llamarles “LOCOS”. Entre otras cosas, porque si lo fueran esa sería su locura, que ellos laviven y  entienden, con ella han vivido siempre y,  pudiera ser que más felices que muchos llamados intelectuales o cuerdos.

Quienes de alguna manera han tratado hacerme daño, yo no los ataqué ni los desprestigié o repudié: porque sin ánimo de juzgador o castigador, creo que con mi actitud feliz y amistosa, es la mejor manera de hacerles pagar su maledicencia o maldad; ya que, más que sentir rencor por ellos siento compasión, porque se pierden el disfrutar de la diversidad del ser humano y convivir sus éxitos. Sin ser un estudioso del más allá soy fan de Jesús de Nazaret.  Creo que fue eso lo que quiso decir cuando expresó “… no hagas a los demás lo que no quieres que te  hagan a ti”.

Yo tengo vocación para la felicidad, al punto que creo que la mejor oración a Dios es ser feliz. Quizás por eso a mis 71 años, tendría que  hacer un gran esfuerzo para ser infeliz.

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Nuestros padre, como nuestra madre y hermanos son nuestra familia consanguínea, pero nuestros amigos son esa familia que nosotros escogemos y cuyo vínculo no tiene otro interés que el amor.

Por eso pienso que, cuando los hijos crecen, especialmente los varones, su figura ideal a seguir es la de un PADRE AMIGO. Es que al padre típico se le dificulta, en oportunidades bien importantes, por su responsabilidad y necesidad de disciplina al  hijo, ponerse a nivel de éste y de tal manera, comprenderlo mejor.

He visto  hombres y mujeres llegar casi a rastras a escuelas, celebraciones, hospitales, cárceles y… cementerios, para decir a sus hijos: aquí estoy y siempre estaré  contigo; pero también he visto hijos frustrados por la rigidez de sus padres, buscar comprensión y consejo en otras personas que no son precisamente los mejores asesores y que podrían  llevarlos al fracaso.

Como padre de hijos varones he tenido  que enfrentar con ellos difíciles situaciones, cuales nunca hubiera podido superar con el éxito deseado, sin la concepción  que tienen mis hijos de que, cuando se trata de algo grave, antes que padre, yo soy su amigo incondicional.

Es que ellos saben que la condición de padres es imperecedera; que creamos su vida y nos vinculamos a ella durante toda la nuestra; que es un camino duro y sin final, que vivimos con dedicación, pero lleno de grandes satisfacciones que justifican cualquier sacrificio.

Desde la sensación indefinible de palparlos en el vientre de la madre, verlos hacer pininos, oír sus primeras palabras, verlos hacerse hombres y mujeres, hasta el abrazo fraterno cuando alcanzamos a mirarlos ya no tan jóvenes, tiene algo mágico que supera nuestras sensaciones materiales. Pero es entonces precisamente, cuando  en la mayoría de los casos, ellos necesitan más al amigo que al padre.

Sin embargo, todos hemos vivido momentos donde hubiésemos querido tener y no tuvimos un padre amigo, en vez de un padre enjuiciador, severo, con  paradigmas muy antiguos donde para ellos el  hijo realmente nunca llegaba a crecer.

Por eso pienso que ese amor especial que nos acompaña para nuestros hijos toda la vida, no es suficiente. Estamos obligados como padres a comprender  y aceptar que los hijos crecen física y mentalmente; pero que el hecho  de superarlos en años no significa, que en oportunidades, puedan analizar o visualizar un problema mejor que nosotros, lo cual en vez de hacernos sentir mal debería producirnos gran orgullo.

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Hoy, temporalmente lejos de mi lar, en calidad de visitante, en un espacio bien diferente a aquel donde me manejo diariamente, he tenido tiempo para reflexionar sobre lo elemental y sencilla que, más allá de la vanidad humana, es nuestra vida.

Ciertamente, como seres físico-espirituales, nos movemos en dos áreas que potencian nuestra existencia: por una parte, la  subsistencia física –que debemos lograr en el exterior de nuestro cuerpo- y por la otra, el mantenimiento de nuestra espiritualidad, que vive, crece o se disminuye en  nuestro ser interno.

Así tendremos que la parte física sólo requiere de oxígeno y alimentos apropiados para mantenernos vivos, así como la protección frente a los elementos naturales del medio ambiente, que de alguna manera pudieran afectarnos. Dicho de otra manera: aire, comida y un espacio protegido donde vivir (casa o apartamento).

Adicionalmente para esa parte física, conforme a nuestra actividad, deseos y aspiraciones personales, vamos requiriendo algunos elementos secundarios que nos dan mayor confort  y seguridad, como la formación educativa, mobiliario y vehículo.

De tal manera, el oxígeno que requerimos lo tenemos en el aire, sin requerir para lograrlo más que respirar; esto es, sin ningún esfuerzo físico o costo económico. En cuanto a la alimentación, lo más importante que es el  agua, normalmente es barata y se encuentra al alcance de todos. Para los restantes alimentos, la sociedad ha creado mecanismos, que los pone a  disposición de cualquier persona, a precios alcanzables, independiente de la actividad, profesión u oficio.

Sin embargo, observamos como el mayor estrés no se lo producen las personas por la carencia de estos elementos fundamentales, sino debido a la vanidad o competencia con sus congéneres, sobre tal o cual tipo de cosa que supere o puede ser superada por los demás.

De tal manera notamos como algunas personas, complicándose una vida que es  elemental,  dejan parte de sus años en el camino, restando el tiempo para su familia y dañando su salud, únicamente para ostentar bienes muy costosos, que permitan a los ojos del público, destascar su supremacía económica.

Respecto de nuestra parte espiritual –que es interna- únicamente requerimos para su crecimiento y mantenimiento, el amor, la comprensión, la generosidad y la convicción de que todo está a nuestro alcance, en la misma medida en que seamos diligentes y proactivos.

Mucha razón tenía el sabio Salomón, cuando escribió que la vanidad no trae más que  dolor y aflicción de espíritu.

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Si invocamos a Dios y todo lo hacemos en su nombre, gracias a esta forma de vida sentimos que podemos amar sin limitaciones ni exclusiones porque, sin importar quienes somos, de dónde venimos o a donde vamos; cual nuestro sexo, posición social, económica, ideología o religión; sabemos que conformamos la gran familia humana, que es su creación más acabada sobre esta tierra para hacernos uno con él y nutrirnos de su esencia divina que nos transfiere una parte de su poder, que es inconmensurable como lo ratificó Jesús de Nazaret cuando sentenció: “…si tienes fe como una semilla de mostaza, moverás esa montaña…”

Cuando observo tantas personas atemorizadas por el castigo divino que supuestamente les espera; que se complican su vida con problemas, que por su intrascendencia son sólo asuntos por resolver, siento que por ignorar ese poder heredado de Dios, están desperdiciándolo para resolver asuntos elementales de sus vidas, que progresivamente convierten en importantes.

Por experiencia propia sé que no es difícil producir esos cambios de actitud, ya que mientras no los conocí, procesé internamente, me convencí y practiqué, también viví con temores, zozobra y angustias injustificadas, que sólo eran producto de mi ignorancia de ese esencial conocimiento tan fácil de usar, pero que atrasaron mi felicidad y la que pude dar a otros por muchos años.

Es un tema de reflexión que dejo para mis lectores, en la vía de ayudarles a vivir una vida con menos temores y más edificante, que en mi caso me dio inmejorables resultados y no tengo duda que quien de ustedes se convenza de ello, mejorará en muy poco tiempo su forma de vida, convirtiéndose en fuente amor, optimismo y bondad para sus relacionados.

En recuerdo de lo que pude hacer y no hice por mí mismo y por las personas que amé y amo, precisamente por desconocer cómo aplicar estas verdades, quisiera ayudar a otros a evitárselo dejándoles para su revisión, meditación y a ser posible ACTUACION, estas reflexiones que no son ficción sino experiencias de mi propia vida.

Así, amorosa pero respetuosamente, les sugiero que, más allá de cualquier creencia religiosa –que no se afectaría con su nueva actitud- se convenzan de que tienen ese poder de Dios dentro de sí mismos, y usándolo diariamente en su amor con la familia, trabajo, salud y en sus relaciones con las otras persona y puedo asegurarles que SERÁ ESPECTACULAR EL que experimentarán en sus vidas.

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Por primera vez en más de cinco (5)  años, por razones de salud, me veo impedido de atender al porcentaje debido a este Blog WWW.UNAVIDAFELIZ.COM, al cual ustedes, mis queridos lectores en número mayor de 1.400.000 visitas, han dado plena vigencia, porque de alguna manera han encontrado un espacio libre de subterfugios, mitos, tabúes, hipocresías colectivas e  ideologías, que hacen la vida del hombre en vez de una aventura hermosa para disfrutar, un camino peligroso, lleno de baches y preñado de temores;  y tendencias religiosas más allá  de la  concepción universal de un Supremo Hacedor,  que organiza y decide… todo, al cual nos debemos.  

En verdad,como esta  es una VENTANA ABIERTA A TODO AQUEL QUE QUISIERE EMITIR SU CRITERIO,  esta es una explicación que les debo, y que, gustosamente les doy; pero de ninguna manera una queja de mi vida o mi destino, que por cierto sería my injusta, si tomamos en consideración que en mis últimos 42 años de vida, NUNCA HE SUFRIDO NINGUNA ENFERMEDAD que amerite algna reclusión.

Por lo expuesto les pido un poco de paciencia para tomar el ritmo apropiado,  ya que el amor de tanta gente y el poder personal heredado de mi Padre Celestial, me permiten augurar  que superaré esta enfermedad  antes del tiempo normal

Mientas tanto, saludos y que Dios les bendiga… siempre.

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Escuché en televisión a  la cantante Shaila Durcal pronunciar ese refrán muy español de que “No hay mal que por bien no venga.”, lo cual me  llamó a reflexión sobre su contenido.

Haciendo una retrospección de mi vida tengo que aceptar que si no todos los sinsabores sufridos, la inmensa mayoría de los que recuerdo, con el tiempo me resultaron beneficiosos. En verdad,  son tropiezos o dolores que luego  se convierten en nuestros  mejores maestros, en esa asignatura que se convierte en  arte, a veces difícil de superar: aprender a vivir felices.

Así, a comienzos los años  Sesenta, más por necesidad que por vocación, inicié estudios de Contaduría Pública en la UCAB, cuales tuve que abandonar por razones familiares que me obligaron a regresar al interior del país, lo cual en su momento me pareció frustrante.

Sin embargo, gracias a ese supuesto mal acontecido, pude luego ya de edad avanzada, estudiar Derecho, profesión en la cual pude contribuir con la justicia y ayudar a personas e instituciones en situaciones difíciles, lo cual quizás porque interpreté el pensamiento del maestro Ossorio, de que “…los abogados somos arquitectos del alma de la gente…”, me facilitó una buena parte de mi realización material  y espiritual.

Años después, también en mi juventud, algunos inconvenientes imprevistos truncaron un plan largamente preparado de viajar a New York a estudiar Business Admistration, lo cual, por mi desconocimiento en aquella época de cómo funciona nuestra vida, me hizo pensar que era un fracaso.

Pues bien, gracias ese segundo supuesto mal que me ocurrió, por cuanto luego conocí Nueva York a donde viajé en varias oportunidades, pude determinar con toda certeza que, ni esa Ciudad ni ninguna de las otras muy grandes que he conocido en el exterior, me habrían producido la sensación de pertenencia, utilidad y confort que experimento en este  maravilloso país que se llama Venezuela y que amo entrañablemente.

Finalmente, haberme divorciado muy joven, lo cual en su momento y por mi adicción a vivir en pareja me pareció un mal  (fracaso), fue lo que me permitió conocer esa compañera de viaje largo por más de 42 años, que tanto amo y que me regaló mi mayor tesoro: mis bellas niñas y mis bellos hijos, que obligan a sentirme permanentemente, con mi juventud prolongada.

Por eso como Shaila Durcal, puedo decir sin reservas de ningún tipo que:  “No hay mal que por bien no venga.”

Si tienes alguna duda o requieres aclaración sobre el tema aquí tratado, el correo del autor está disponible: amauricastillo@gmail.com

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             TODOS SOMOS UNO… CON DIOS

Hoy, expectantes, observamos como el planeta cambia aceleradamente;  no sólo en su aspecto ambiental natural global (Meteorología, clima, pluviometría, etc.), sino en la manera como el hombre interpreta su  circunstancia vivencial.

La máquina del tiempo tritura viejas estructuras mentales y paradigmas que durante milenios indujeron al hombre a sentirse en lo interno temeroso, desamparado, imperfecto, insano,  pecador, inseguro, y consecuencialmente… infeliz.

Estamos rompiendo cadenas atávicas que nos amarraban  a supersticiones, gurúes religiosos y santos  e iluminados  dirigentes, quienes  supuestamente representaban la intermediación entre Dios y el hombre, con lo cual logramos liberarnos y  acceder directamente a Él mediante la oración -que es una confidencia íntima- más que con el rezo, que es invocación repetitiva y memorizada.

Como Él es nuestro padre y no se requiere antesala o intermediarios para hablar con nuestros padres ¿Por qué lo requeriríamos con nuestro Hacedor? Tal interrogante no tiene lógica y nuestro contacto con Dios no es ilógico sino racional.

Siento que por fin comenzamos a entender nuestro poder interno y capacidad personal para hacer nuestra vida conforme a nuestros ideales, sueños y metas; más seguros que nunca de que nuestro gran Hacedor  (Dios), quien es una energía universal que lo organiza todo perfectamente, vive en nosotros; pero de ninguna manera para castigarnos o reservarnos castigos en otra vida, sino para ayudarnos a vivir mejor y conforme a nuestra fe, optimismo, amor, generosidad y diligencia en ésta, con lo cual preparamos el camino para la próxima.

Por nuestra condición espiritual, sabemos que estamos aquí con un propósito, que presumimos de crecimiento y avance en esa instancia, por lo cual debemos deber  recorrer este camino de la vida de la mejor manera posible, y para eso está con nosotros el amor, la consecuencia, la aceptación, la generosidad, la solidaridad humana y ese tesoro exclusivo del ser humano, que nos permite transformar cualquier evento a nuestro favor por trágico que fuere: nuestro estado de ánimo.

No tenemos duda que Él  vive en nuestro corazón si lo invocamos y hacemos las cosas en su nombre, convirtiéndose y convirtiéndonos en  nuestra mejor  guía; y nada de eso tiene que ver con la religión que se profese, que responde a un comportamiento personal externo orientado al conocimiento de Dios, por lo cual, el contacto con Él al ser puramente  espiritual e interno,  acentúa la fe en creencia religiosa y no tiene porque colidir con ella,  sino que, jerarquizando la espiritualidad, pudieran   complementarse.

Hoy, gracias a esta forma de pensar,  sentimos que podemos amar si limitaciones ni exclusiones porque, sin  importar quienes somos, de dónde venimos o a donde vamos; cual nuestro sexo, posición social, económica, ideología o religión; sabemos que  conformamos la gran familia humana, que es su creación más acabada sobre esta tierra para hacernos uno con él y nutrirnos de su esencia divina que nos transfiere una parte de su poder, que es inconmensurable como lo ratificó Jesús de Nazaret cuando sentenció: “…si tienes fe como  una semilla de mostaza, moverás esa montaña…”

Cuando observo tantas personas atemorizadas por el castigo divino que supuestamente les espera; que se complican su vida con problemas, que por su intrascendencia son sólo asuntos por resolver, siento que por ignorar ese poder heredado de Dios, están desperdiciándolo para resolver asuntos elementales de sus vidas, que progresivamente convierten en importantes.

Por experiencia propia sé que no es difícil producir esos cambios de actitud, ya que mientras no los conocí, procesé internamente, me convencí y practiqué, también viví con temores, zozobra y angustias injustificadas, que sólo eran producto de mi ignorancia de ese esencial conocimiento tan fácil de usar, pero que atrasaron mi felicidad y la que pude dar a otros por muchos años.

Es un tema de reflexión que dejo para mis lectores, en la vía de ayudarles a vivir una vida con menos temores y más edificante, que en mi caso me dio inmejorables resultados y no tengo duda que quien de ustedes se convenza de ello, mejorará en muy poco tiempo su forma de vida, convirtiéndose en fuente amor, optimismo y bondad para sus relacionados.

En recuerdo de lo que pude hacer y no hice por mí mismo y por las personas que amé y amo,  precisamente por desconocer y  no aplicar estas verdades, quisiera ayudar a otros a evitárselo dejándoles para su revisión, meditación y a ser posible  ACTUACION, estas reflexiones que no son ficción sino experiencias de mi propia vida.

Por todo esto, amorosa pero respetuosamente, les sugiero que, más allá de cualquier creencia religiosa –que no se afectaría con su nueva actitud-  se convenzan de que tienen ese poder de Dios dentro de sí mismos, y úsenlo diariamente en su amor con la   familia, trabajo, salud y en sus relaciones con las otras persona y puedo asegurarles que SERÁ ESPECTACULAR EL CAMBIO EN SUS VIDAS.

QUE DIOS LES BENDIGA HOY Y… SIEMPRE.

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LA ENFERMEDAD Y EL ESPIRITU (TERCERA ENTREGA)

                            AYUDATE  Y  YO  TE  AYUDARÉ

Frente al multimillonario negocio que ha resultado para laboratorios y “especialistas” los más de mil tipos de cáncer (Existentes especialmente en sus mentes),  diariamente divulgados y que inciden en contra de nuestra economía y salud, algo tenemos que hacer para protegernos.

Desde mi óptica, nada comprometida con intereses económicos ni científicos, pero profundamente humana y elementalmente práctica, dos son las armas más efectivas a nuestro alcance: en primer lugar, nuestra fe en el poder que Dios nos comparte en cada segundo de nuestra existencia; y en segundo término, una alimentación balanceada y menos acidificante de nuestro cuerpo, cual es el terreno abonado para la mayoría de las enfermedades,  conforme a la opinión del Dr. Otto Heinrich Warburg (1883-1970), Premio Nobel 1931 por su tesis «La causa primaria y la prevención del cáncer», quien atribuía esta enfermedad a una “…alimentación antifisiológica y un estilo de vida antifisiológico…”. Este científico de la salud relacionaba la “Alimentación  Antifisiológica”, a la dieta basada en alimentos acidificantes y sedentarismo. Sobre esta base él determino que “Los tejidos cancerosos son tejidos ácidos, mientras que los sanos son tejidos alcalinos.»

 De tal manera, en primera instancia nuestro fortalecimiento espiritual nos protegerá de muchas enfermedades, en la medida en que no tengamos duda de que:

-Somos la obra más acabada y perfecta de Dios y por tanto nada debemos temer;

-Como hechura de Dios, lo normal es la salud,  la enfermedad es la excepción;

-Tenemos capacidad para vencer cualquier padecimiento, porque nuestro cuerpo  se renueva permanentemente;

-Nuestro cuerpo sigue las órdenes de la mente que se conecta con el espíritu y este con Dios, quien nos transfiere su poder y podemos aplicarlo;

-Nada es más poderoso que Dios y Él está con nosotros y así será… siempre.

Para crear las condiciones para aplicar la efectividad de nuestra fe, estamos obligados a amar y por tanto cuidar de nuestro cuerpo físico, proporcionándole alimentos que fortalezcan el organismo mediante un metabolismo  fisiológicamente idóneo.

Así tendremos que, para tener una vida sana deberemos estudiar la abundante información tanto en Internet como en otras fuentes, de cuál es el valor nutritivo y curativo de las frutas y los otros vegetales, que tenemos a nuestro alcance; así como el nivel de utilización de fertilizantes e insecticidas en su producción, que pudieran afectar negativamente su consumo.

En segundo término, investigar los niveles de acidificación de las diferentes carnes y otros productos energéticos utilizados en la alimentación, especialmente el azúcar refinada. Asimismo, revisando sobre los conservantes utilizados en los productos enlatados y embotellados, así como su integración química para determinar su influencia en la salud.

Con toda esa información procesada y evaluada, estaremos en plena capacidad de consumir y utilizar aquello alimentos que nos permitan considerarnos sanos, fuertes y bellos, lo cual unido a nuestra espiritualidad nos hará menos vulnerables, y quizás inmunes a la mayoría de las enfermedades. Es esta la actitud que conozco en la gente sana y… feliz.

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