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Archive for 30 mayo 2020

Hoy, perdido en mis recuerdos, me devuelvo, cincuenta y ocho años atrás,  desde el pueblo donde crecí, Caicara del Orinoco y en mi primera visita a Maracay, con un buen amigo que me presentó uno de sus compañeros de estudio en la  Escuela Primaria, a quien le dijo: “….te presento a mi amigo Amaurí Castillo, quien como tú es poeta, a quien le hable de tus poemas y me pidió conocerte”. Ese día conocí un interesante joven, que sin ninguna reserva no sólo me habló de sus  poemas sino que me regaló en original escrito por él en su màquina de escribir Underwood, que según sus palabras “…te gustarà mucho.”       Aquel día, cual no recuerdo la fecha completa pero sí se que fue el año 1960, recibí de un hombre intelectual, joven y sencillo, un poema bellísimo que por muchos años memoricé completo, pero que como muchas de mis vivencias y en circunstancias muy especiales, la inconsecuencia de un alma atormentada que me hizo compañía por pocos años, a quien le entregué confiado mi poemario donde también guardaba ese original del citado poema,  y  el tiempo en parte… se llevó.

 Tantos años han pasado y mi memoria no me ayuda, que no me acuerdo ni siquiera el nombre del poeta, sino que era de Maracay y sus apellidos, quizás Pérez Ramos, de lo cual no estoy tampoco tan seguro. Lo cierto es que el poema tenía un título que me cautivó, porque desde que aprendí a leer con  uso de razón fui un fan de nuestro inolvidable Poeta Andrès Eloy Blanco, y muy especialmente de su poema “Angelitos Negros”. El título del Poema que me obsequió su Autor era “Contestación a Píntame Angelitos Negros”. Con los años he investigado dentro de lo posible, inclusive por Internet, si en alguna parte ese poema fue publicado, pero no he logrado encontrar nada. Sin embargo, como todavía quedan lectores quienes disfrutan de la poesía, la idea de este escrito es, precisamente, compartir los versos que recuerdo con quien quiera degustar, aunque sea en parte, de un bello poema venezolano; y que ojalá algún lector conociere si en alguna parte alguien ha publicado este poema y me lo hiciere saber,  El contenido que recuerdo del poema citado, expresaba:

“Voy a hacerla de pintor para pintar tu contento;

pintando una Virgen blanca con siete angelitos negros,

nacidos, como tú quieres, de Morón a Barlovento.

Vendrán angelitos negros codeándose con los blancos,

pintaditos de carbón y con pelucas de pimienta,

guardando en estuches rojos, siete sonrisas de perlas,

introduciendo los mina en los caminos del Cielo.

Negrito, vete poniendo tus alpargatitas nuevas,

para hacer un largo viaje a lomos de mi acuarela,

que si te echase de menos la aristocracia del cielo,

le dices que vas conmigo, que tu vas en mi poema,

cruzando miles caminos para llegar hasta ella

Negros de la costa negra,

y que vas representando a los negros de mi tierra.

Regiones de Venezuela,

Cuando Barlovento llora,

Cuando se quejan su negros

Ya sienten dolor profundo

Los angelitos del cielo,

Porque no hay ángeles blancos,

porque no hay àngeles negros,

porque no  hay policromìa de azabache y acuarela,

en la alta jerarquía del confín del Universo.

Por eso yo te complazco,

pintando angelitos negros,

Que aunque la Virgen sea blanca y los deje morir de miedo,

Los ángeles de mi tierra, también llegarán al cielo.”

Comparto estas vivencias con mis lectores, porque creo que lo bello y lo bueno debe compartirse. También porque soy muy feliz con mis setenta y nueve años de vida, quizás porque como alguien alguna vez escribió: “…no me arrepiento de nada de lo que he hecho ni de lo que he dejado de hacer..” Asimismo, porque después de más de cincuenta años de casado con mi amada Nancy, sigo enamorado de ella y de la vida; haber podido crear una familia de cinco  hijos, hoy todos con sus propias familias felices; no almacenar en mi alma o mi conciencia odio o envidia  por nada ni nadie; vivir intensamente cada hora de cada día de mi vida, pensando que voy a vivir muchos años, pero disfrutando de cada cosa, persona o elemento de la naturaleza, como si este fuera el último; desde que tengo uso de razón, haber tratado y hecho todo lo posible por ser útil –lo cual creo haber logrado con mis Artículos en Revistas y Periòdicos, mis Libros, conferencias,  mi profesión de Abogado y mi Blog www.unavidafeliz.com- pero nunca una carga para nadie; no recordar haber tenido enemigos ni los tengo, quizás porque siempre he sentido un profundo respeto por la persona humana de todos mis congéneres conocidos, aceptando sin juzgar sus virtudes y defectos; amar a la gente y respetar su individualidad sin importar edad,  género, raza o nacionalidad, porque siento que todos son mis hermanos; haber recibido tantas demostraciones de amor y cariño de mujeres y hombres desde que soy un niño, ciertamente no me dejan concebir el rencor o antipatía; haber visto con plena capacidad mental en más de sesenta años, cambiar buena parte, no del mundo sino de la forma de pensar de su gente, hacen aún mayor mi agradecimiento a Dios por esta vida que me dio; pertenecer a una generación tan especial que conoció dos Siglos y dos Milenios, me hace sentirme tan privilegiado, que sé sin lugar a dudas que, para que nazca otra persona, que como yo vea durante su vida llegar dos Siglos y dos Milenos, hace falta que transcurran por lo menos novecientos años, sinceramente es algo muy especial.

Finalmente, quiero dejar a mis lectores un mensaje de experiencias vividas por alguien de las características generales e integrales arriba expuestas, que resuma el hecho cierto de que somos nosotros y nadie más quienes decidimos nuestro propio destino, siempre sobre la base de lo que creemos y esperamos  de nosotros mismos,

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Luego de cincuenta años de feliz matrimonio con mi esposa Nancy, siento que nuestra unión fue una bendición de Dios, porque a alguien ciertamente difícil como yo, por cuanto mi tendencia natural de amor a la Filosofía, tiendo a especular sobre los eventos y situaciones que observo, lo cual si me hubiese casado con alguien menos intelectual, inteligente, comprensiva, con una tendencia natural a mantener en todo momento la armonía, seguramente me habría divorciado o hubiese vivido una vida infeliz.  Pero, por el contrario, mi amada esposa siempre dispuesta a oír y emitir libremente sus criterios sobre mis especulaciones, hizo de lo que pudiera haber sido muy problemático para una pareja común y corriente, un permanente, interesante y enriquecedor coloquio, que no tengo ninguna duda nos ha hecho crecer a ambos no sólo intelectual, sino espiritualmente. Hoy, después de ese largo camino recorrido, igual como cuando comenzamos, vivimos en una permanente conversación con intercambio de opiniones y criterios, sobre cualquier o todas las cosas que de alguna manera pudiera interesar a cualquiera de nosotros o  ambos.

Esa libertad, que desde novios nos dimos, de expresar lo que sentímos sin reservas o temores a la disquisición, nos ha permitido vivir en el estado ideal de la pareja: la armonía. En oportunidades hemos diferido de criterio respecto a cosas que, realmente no eran fundamentales para nuestra relación, pero luego de la reflexión, casi siempre, volvimos a tocar el tema y simplemente pusimos el asunto en su sitio, sin dar ninguna  importancia o trascendencia a quien tuviere la razón, especialmente porque esas diferencias no eran fundamentales para nuestra cotidianidad. Creo que mucho ha abundado a nuestra felicidad, el hecho de que siempre hemos tenido presente la importancia de tener conciencia de la bipolaridad de los valores, de lo cual debemos estar siempre conscientes; vale decir, frente al bien el mal; frente al odio el amor; frente al dolor la alegría; frente a lo grato lo ingrato.

Asimismo, no tengo duda que nuestro año de amores, lapso durante el cual hablamos mucho sobre todo lo que considerábamos importante en una relación de pareja, nos permitió evaluarnos mutuamente lo suficiente,  para decidir unirnos para toda la vida. El devenir de esta hermosa aventura que ha sido nuestro matrimonio, del cual procreamos tres bellas hijas y un  hermoso hijo, nos permitió constituir un equipo que, por siempre estar de acuerdo en lo importante, ha resultado ganador.  A ellos les sembramos en el alma no sólo el gran amor que les teníamos, sino que les habíamos dado la vida, pero no el libre albedrío, cual es una herencia de Dios; de tal manera, nosotros siempre íbamos a sugerir lo mejor para ellos, pero al final, cuando tuvieren suficiente  capacidad mental y edad, serían ellos quienes decidirían su futuro, con el cual nosotros siempre estaríamos prestos a colaborar, como así exitosamente lo hemos hecho;  sin que ninguno de los dos individualmente se considere protagonista por sus logros, porque el equipo triunfador es de dos por lo cual el triunfo es del equipo, pero de ninguno de sus integrantes en particular.

Siento que escribir estas experiencias positivas del vivir en común, precisamente en esta época, cuando los medios de comunicación social divulgan más las diferencias y problemas que las bondades de la vida en pareja,  se convierte en un compromiso de gratitud a Dios, a la vida,  y un mensaje de aliento a futuros contrayentes, por habernos permitido arribar al medio Siglo de vida en común,  leales, solidarios y felices. Entre otras cosas, porque somos ejemplo real y no de novelas, de que sí es posible vivir muchos años con la persona que amamos, dando lo mejor de nosotros, que por cierto es lo que nuestro par espera y por lo cual también da lo mejor de sí, sin nunca olvidar que esa persona que es nuestra pareja, nos escogió dentro de cientos o miles de personas que conoció, para hacer de nosotros una persona única para ella, corriendo el riesgo de equivocarse, pero valientemente acogiéndose a las consecuencias, que sin duda alguna tendrán que ver con su manera personal de ver la vida y las cosas, en un mundo cambiante y absolutamente sinérgico, donde el ambiente, la formación familiar, la cultura y los controles sociales, producen permanentemente cambios en la actuación de muchas personas, lo cual debemos considerar como normal en una sociedad en pleno desarrollo, donde todo está por escribirse, pero donde nosotros hasta el último día de nuestra existencia, con respecto al nivel de  nuestra armonía y felicidad,  su resultado no podremos endosárselo a nadie, simplemente porque somos los principales actores.

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Luego de cincuenta años de feliz matrimonio con mi esposa Nancy, siento que nuestra unión fue una bendición de Dios, porque a alguien ciertamente difícil como yo, por cuanto mi tendencia natural de amor a la Filosofía, tiendo a especular sobre los eventos y situaciones que observo, lo cual si me hubiese casado con alguien menos intelectual, inteligente, comprensiva, con una tendencia natural a mantener en todo momento la armonía, seguramente me habría divorciado o hubiese vivido una vida infeliz.  Pero, por el contrario, mi amada esposa siempre dispuesta a oír y emitir libremente sus criterios sobre mis especulaciones, hizo de lo que pudiera haber sido muy problemático para una pareja común y corriente, un permanente, interesante y enriquecedor coloquio, que no tengo ninguna duda nos ha hecho crecer a ambos no sólo intelectual, sino espiritualmente. Hoy, después de ese largo camino recorrido, igual como cuando comenzamos, vivimos en una permanente conversación con intercambio de opiniones y criterios, sobre cualquier o todas las cosas que de alguna manera pudiera interesar a cualquiera de nosotros o  ambos.

Esa libertad, que desde novios nos dimos, de expresar lo que sentímos sin reservas o temores a la disquisición, nos ha permitido vivir en el estado ideal de la pareja: la armonía. En oportunidades hemos diferido de criterio respecto a cosas que, realmente no eran fundamentales para nuestra relación, pero luego de la reflexión, casi siempre, volvimos a tocar el tema y simplemente pusimos el asunto en su sitio, sin dar ninguna  importancia o trascendencia a quien tuviere la razón, especialmente porque esas diferencias no eran fundamentales para nuestra cotidianidad. Creo que mucho ha abundado a nuestra felicidad, el hecho de que siempre hemos tenido presente la importancia de tener conciencia de la bipolaridad de los valores, de lo cual debemos estar siempre conscientes; vale decir, frente al bien el mal; frente al odio el amor; frente al dolor la alegría; frente a lo grato lo ingrato.

Asimismo, no tengo duda que nuestro año de amores, lapso durante el cual hablamos mucho sobre todo lo que considerábamos importante en una relación de pareja, nos permitió evaluarnos mutuamente lo suficiente,  para decidir unirnos para toda la vida. El devenir de esta hermosa aventura que ha sido nuestro matrimonio, del cual procreamos tres bellas hijas y un  hermoso hijo, nos permitió constituir un equipo que, por siempre estar de acuerdo en lo importante, ha resultado ganador.  A ellos les sembramos en el alma no sólo el gran amor que les teníamos, sino que les habíamos dado la vida, pero no el libre albedrío, cual es una herencia de Dios; de tal manera, nosotros siempre íbamos a sugerir lo mejor para ellos, pero al final, cuando tuvieren suficiente  capacidad mental y edad, serían ellos quienes decidirían su futuro, con el cual nosotros siempre estaríamos prestos a colaborar, como así exitosamente lo hemos hecho;  sin que ninguno de los dos individualmente se considere protagonista por sus logros, porque el equipo triunfador es de dos por lo cual el triunfo es del equipo, pero de ninguno de sus integrantes en particular.

Siento que escribir estas experiencias positivas del vivir en común, precisamente en esta época, cuando los medios de comunicación social divulgan más las diferencias y problemas que las bondades de la vida en pareja,  se convierte en un compromiso de gratitud a Dios, a la vida,  y un mensaje de aliento a futuros contrayentes, por habernos permitido arribar al medio Siglo de vida en común,  leales, solidarios y felices. Entre otras cosas, porque somos ejemplo real y no de novelas, de que sí es posible vivir muchos años con la persona que amamos, dando lo mejor de nosotros, que por cierto es lo que nuestro par espera y por lo cual también da lo mejor de sí, sin nunca olvidar que esa persona que es nuestra pareja, nos escogió dentro de cientos o miles de personas que conoció, para hacer de nosotros una persona única para ella, corriendo el riesgo de equivocarse, pero valientemente acogiéndose a las consecuencias, que sin duda alguna tendrán que ver con su manera personal de ver la vida y las cosas, en un mundo cambiante y absolutamente sinérgico, donde el ambiente, la formación familiar, la cultura y los controles sociales, producen permanentemente cambios en la actuación de muchas personas, lo cual debemos considerar como normal en una sociedad en pleno desarrollo, donde todo está por escribirse, pero donde nosotros hasta el último día de nuestra existencia, con respecto al nivel de  nuestra armonía y felicidad,  su resultado no podremos endosárselo a nadie, simplemente porque somos los principales actores.

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