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Archive for 30 enero 2009

LA FE Y LA ESPERANZA SON EL SUSTENTO DE NUESTRA VIDA

4981e536-00303-0073f-cdbc87671El día 27 de Enero de 2009, en un suburbio de Los Angeles, California, Ervin Antonio Lupoe, de 40 años de edad asesinó a su esposa Ana y a sus cinco hijos, tras ser despedido de su empleo, y luego se suicidó. Según comentaron las autoridades, motivado porque tenía mala situación económica y estaba “ahogado en deudas”.

Cuando sucede una tragedia de esta índole, de alguna manera morimos un poco todos los padres del mundo. Es algo que para quienes hemos servido de vehículo para traer los hijos de Dios al mundo, cuales tomamos prestados para hacerlos nuestros, amarlos, cuidarlos y protegerlos en todo momento, es inconcebible lo sucedido.

En todo momento, el rol de los padres es orientar y proteger sus hijos, aún a riesgo de su propia seguridad, e inclusive, su vida. Ellos llegan al hogar para hacerlo más acogedor, amoroso y tierno. Son un regalo de Dios, que además tiene la virtud de perpetuar como fruto, el amor de sus progenitores. Los niños son tan inocentes y vulnerables en todo sentido, que lo único que realmente tienen a su favor para sobrevivir, aprender a vivir y ser felices, son sus padres; por tanto, que alguno de éstos los violente o les haga daño, es seguramente la mayor tragedia.

¿Qué sentimiento o carencia puede tener tanta fuerza para transformar el amor paterno y conyugal en terror y destrucción tal que acabe con la vida? La única explicación que encuentro es la de que, por falta de valores espirituales y fe en la protección de Dios, el hombre pierde una de sus trincheras frente a la desventura, como es la esperanza y con ella, su propia razón. Por otra parte, creo que contribuye a la angustia y desesperación que desencadenan la tragedia, el apego exagerado a las cosas materiales y la falta de fuerza espiritual, lo cual aunado al temor a perderlas, desvirtúa la realidad y hace caer en un mundo nebuloso y gris de especulaciones negativas, que al magnificar las posibles consecuencias de cualquier situación inconveniente, afecta la mente de forma tal, que presa del terror, se pierde todo valor y espíritu de lucha y se refugia en la peor de las opciones: la muerte.

Es por eso que insisto en que el único seguro frente a la adversidad, es la fuerza espiritual que se fundamenta en la convicción de que no estamos solos en este mundo, porque Dios está con nosotros en todo momento. Esa seguridad nos imbuye de valor y fe en que todo problema es superable, en tanto y en cuanto tengamos vida para luchar en pro de lo que estimamos bueno para nosotros y nuestra familia. De tal manera que, si tenemos fuerza espiritual, los problemas los convertimos en asuntos por resolver y por tanto de factible solución. Pero, especialmente frente a los problemas económicos, sabemos que son temporales y que, en todo caso, si somos diligentes y hacemos lo que esté a nuestro alcance para lograr soluciones, Dios siempre proveerá.

No dudo que otro hubiese sido el destino de esa desventurada familia, si el padre hubiese tenido formación y fuerza espiritual. Sin duda, como pareja, inspirados por el amor a sus hijos y su fe en Dios, habrían instrumentado alguna solución o plan para salir del atolladero. Pero al carecer de esos valores, su mente no resistió la presión y cual caldera sin control, simplemente explotó.

Pienso que como padres y esposos, una de nuestras más importantes responsabilidades es la de no perder jamás la fe ni la esperanza. Estos valores tienen su soporte en nuestra herencia divina, que nos dota de una especial capacidad de adaptación a cualquier medio o situación, y de la seguridad de que siempre, sin importar la índole o magnitud del problema, tendremos a Dios con nosotros para guiarnos, iluminarnos y orientarnos hacia la mejor solución; la cual por cierto no tiene por que ser la que nosotros estimamos mejor, sino la que nuestro Padre Celestial, en su infinita sabiduría, considere más conveniente para nosotros, la cual materializará en el momento oportuno.

Decenas de años de vida, sorteando asuntos y circunstancias imprevistas o sobrevenidas, exitosamente, nos han enseñado que, de alguna manera, esas situaciones inconvenientes, apropiadamente tratadas, no sólo son superables sino que aportan experiencia valiosa a nuestro permanente aprendizaje para una vida mejor. Son esos tropiezos, los que nos enseñan cual es el mejor camino y cuales los senderos que debemos evitar. Es que esos inconvenientes cotidianos, nos recuerdan nuestra vulnerabilidad personal y nuestra inmensa soledad en un mundo gigantesco e impredecible, si no tenemos la protección divina, que se manifiesta en nuestra fe y confianza en que fuimos traídos a esta vida, en un viaje temporal pero muy interesante, con el único fin de ser felices y contribuir a la felicidad de nuestros semejantes.

Finalmente, quiero aportar a la reflexión para todos los padres y para quienes tengan la intención de serlo, que la mayor ambición de un hombre civilizado debe serlo el constituir una familia, donde el amor, la fe y la esperanza se conviertan en la fuente del amor filial y conyugal que haga la vida buena, al mismo tiempo que en baluarte, como grupo e individualmente, frente a cualquier momento o situación adversa. Asimismo, que no existe circunstancia, por terrible que pueda presentarse, que justifique el que perdamos la fe y la esperanza, porque sin estos valores, simplemente perdemos nuestra condición de hijos de Dios y seres racionales, para descender, contrario a nuestra vocación natural, al nivel de los seres inferiores.

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“QUIEN A DIOS TIENE NADA LE FALTA,  SOLO DIOS BASTA.”

pareja-con-globos_21316Muchas de las consultas que recibimos, independiente de la situación planteada, se originan en ese fenómeno humano, pero superable, que es el temor.

Crecemos y nos formamos en una sociedad afectada por el temor. Frente a las opciones de confianza y fe o el temor, algunos optan por el último  que afecta gravemente su hoy y sus expectativas de futuro, restando posibilidades a su felicidad.

El temor es una operación mental que distorsiona la realidad, magnificando  las posibles consecuencias de lo temido.

Especialmente hoy, gracias a la globalización de las comunicaciones, la crisis financiera surte efectos psicológicos devastadores no solamente en quienes tienen sus fortunas en riesgo, sino también en quienes tienen menos que perder.

Frente a tal adversidad, debemos echar mano de nuestras reservas espirituales y convencernos de que, independiente de la magnitud de los eventos, tenemos capacidad para superarlos, porque como hijos de Dios disponemos de parte de su poder, precisamente para utilizarlo en estos casos.

Es posible que resultemos personalmente afectados, porque como parte de nuestra vida, siempre hemos enfrentado problemas de diferente índole, pero los hemos superado y de ellos hemos derivado experiencias capitalizables para vivir mejor.

En los años vividos, siempre hemos localizado el sustento para nosotros y nuestras familias; en mayor o menor grado, pero lo hemos conseguido. Nuestros niños han continuado creciendo, asistiendo a la escuela, y nosotros viviendo este maravilloso mundo de las cosas sencillas que Dios nos dio como heredad, donde hemos aprendido que la felicidad depende de nuestra personal circunstancia.

¿Qué es lo peor que nos puede pasar?  Bajar nuestros ingresos y moderar el consumo; disminuir la recreación y rebajar la actividad social. Pero seguiremos viviendo y cada día traerá una nueva oportunidad.

El aire, el agua, el sol, la tierra y con ellos los alimentos que necesitamos para subsistir y el… amor seguirán aquí, porque poco tienen que ver con la cosa financiera.

¿Qué puede complicarse satisfacer nuestras necesidades básicas? Es previsible que así sea, pero será un reto más y lo superaremos; siempre hemos salido adelante con fe, optimismo, diligencia y confianza. Se trata de asuntos por resolver,  y como en casos anteriores, los resolveremos.

¿Aporta alguna solución atemorizarse? No. Lo único inteligente que podemos hacer es asumir la situación, analizarla, procesarla y hacer todo lo que esté en nuestras manos para reducir su dificultad.

Tenemos que convencernos que no estamos solos con nuestros problemas. Dios está aquí para ayudarnos, si tenemos fe y somos diligentes. Es todo lo que requerimos y no es tan difícil. No ayuda la perturbación ni el temor. Debemos recordar que: “…quien a Dios tiene nada le falta, sólo Dios basta.”

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“DAME TU MANO Y JUNTOS ENCONTRAREMOS EL CAMINO”

18763312163134492En un mundo que hemos hecho muy complejo y donde la sensibilidad pareciera estar en su más bajo nivel,  no es fácil caminar solo hacia el logro de la felicidad personal. Siento que hoy, más que nunca,  se requiere la mano solidaria, consecuente y amorosa de una pareja, con  la cual hacer una sola huella.

En tiempos tan difíciles y de prospección imprevisible, individualmente somos incompletos  y de tal manera aún más vulnerables frente a tantos y diferentes retos, necesarios de superar para lograr la  armonía, equilibrio, sosiego y paz, indispensables para alcanzar tranquilidad espiritual.

Es una necesidad buscar hasta encontrar con quien caminar de la mano, compartiendo una filosofía suficientemente coincidente con los valores de amor, verdad, sensibilidad, lealtad, solidaridad, generosidad, fe, optimismo; y esperanza en que seremos capaces de elevarnos sobre nuestra propia naturaleza individual, para, venciendo todo egoísmo y egocentrismo, compartir como pareja intereses, sueños, ambiciones  y deseos.

No tiene precio el hecho de saber que, luego de la lucha diaria, que deja secuelas en el cuerpo y en el alma, en el hogar alguien espera: con los brazos y el corazón abiertos, para calmar esa sed de solidaridad y comprensión, que como un ungüento mágico, hace menos lacerantes las heridas y menos dolorosos… los dolores.

Nada como ese oído atento y esa mano amiga; ese hombro siempre dispuesto para recostar nuestra cabeza, cuando la angustia, el estrés o la depresión, casi naturales en un ambiente cargado, donde el dinero es más importante que el amor, el poder más que la amistad y Dios sólo se invoca en las catástrofes,  para evitar ser presas del pesimismo, la desesperanza y la depresión, que golpean el amor conyugal.

Pienso que todo éxito real de quien vive en  pareja, es obligatoriamente compartido. Esa seguridad de que somos especiales para alguien, en quien confiamos plenamente y que sabemos es la única persona a quien realmente le dolemos; que guarda nuestro sueño y nuestra espalda; que comparte sinceramente nuestras alegrías y tristezas, es la base de la confianza en nuestra propia capacidad que hace posibles nuestros logros.

Por eso hoy, una vez más, quiero hacer una mención especial de elogio a esa guerrera  o guerrero de todos los días que es nuestra pareja;  quien en el trabajo, el estudio y el hogar, sabe coordinarlo todo; sacando tiempo de donde no  hay y fabricando humor de las cosas más nimias,  para hacernos la vida más agradable y llevadera, con tanta dedicación y amor que crea espacio, inclusive para calentar nuestros pies en las noches… de invierno.

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05_01EL FUTURO ES HOY Y SE LLAMA… CAMBIO

El Nuevo Presidente de USA no corresponde a una circunstancia del pasado: es un recuerdo que nos envía un futuro, que ya está aquí.

Más trascendente que el color de su piel o su recorrido para llegar a la posición pública más importante sobre la tierra, lo es que represente una señal que nos envía el futuro: un profundo cambio de la estructura social, que utilizará como ariete el sistema económico, cual como lo escribiera Marx, es la única estructura social real, porque lo demás son meras súper estructuras que utilizan los poderosos para sojuzgar a los débiles; porque hoy, más que nunca, la economía es el mecanismos idóneo para profundizar una justicia social global… inaplazable.

Barack Obama es la punta del iceberg de un nuevo mundo, que no podía continuar a favor de los privilegios de las minorías y en contra del derecho natural de grandes mayorías humanas, a obtener la cuota parte que en justicia les corresponde, en un mundo que fue dotado con todo lo que se requiere para vivir felices.

No tiene Obama una varita mágica, ni es labor de un solo hombre y su equipo, especialmente en momentos de una grave crisis económica mundial, guerras y convulsiones propias de los acomodos del mundo. Es una labor titánica; pero si existe la voluntad para producir cambios profundos, con una forma nueva y diferente de ver la razón de vivir, y un pueblo trabajador como el norteamericano le pone el hombro, creo que está comenzando bien.

No se puede cambiar de la noche a la mañana un modelo económico desarrollista, diseñado en función de la acumulación de riqueza y no de la mayor felicidad del ser humano. Ese escaso 5% de la población mundial que, de forma grotesca disfruta del 70% o más de sus recursos, no va a hacerle las cosas fáciles  a Barack Obama, ni a quienes como él en el mundo hoy representan un nuevo liderazgo que acelerará los cambios.

En un planeta con capacidad para alimentar a doce mil millones de personas, con una población que no llega ni a la mitad, hoy más de mil doscientos millones están bajo pobreza crítica: mayor prueba del fracaso, imposible.

El mensaje de producir una mejor redistribución de la riqueza encontró eco en una sociedad multiétnica, sedienta de equilibrio en las oportunidades, como es la norteamericana; lo ofreció el hijo de un inmigrante y de una minoría étnica, pero que no puede considerarse económicamente pobre o resentido, y el electorado lo creyó.

El camino es largo y difícil; especialmente por quienes, por su ansiedad e ingenuidad les será difícil comprender el proceso, que no producirá frutos de la noche a la mañana.

No importa de que país es presidente Obama; donde nació, su raza, sus padres, donde vivió o estudió. Lo importante es que representa un símbolo de cambio profundo en el país más desarrollado del mundo, que aúpa definitivamente, ese que todos los hombres de buena voluntad, en todos los rincones del mundo, tratamos de generar y hemos estado esperando desde que tuvimos uso de razón.

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“LA FUENTE DE LA FELICIDAD ESTÁ EN  EL MUNDO DE LAS COSAS SENCILLAS”

2432472Las felicidad no es ni puede considerarse una situación extraordinaria o especial, porque fue a ser felices y no infelices para lo cual vinimos a este mundo. Por eso en la naturaleza encontramos todo lo necesarios para nuestro disfrute y solaz.

Fuimos dotados de razón e inteligencia, para que pudiésemos poner a nuestro servicio todo lo que existe, utilizándolo con mesura para que no se agote.

La fuente de la felicidad no vive o corresponde a ningún espacio, tiempo o evento recóndito, especial o extraordinario, sino en cada espacio de nuestra cotidianidad: en nuestra interioridad y en el entorno que nos rodea en cada circunstancia, que gracias a nuestro estado de ánimo podemos hacer agradable, desagradable, mejor o peor.

A cada uno, de forma exclusiva, corresponde tomar esos elementos innatos de amor por la vida, alegría y solidaridad humanas con que vinimos dotados en nuestro fuero interior, para imbuirlos de ese maravilloso mundo de las cosas sencillas de todos y cada uno de nuestros días y preparar ese coctel mágico, sin costo económico o de esfuerzo físico que se materializa en el estado de felicidad personal.

Una palabra, un gesto, un sonido, un color o cualquier circunstancia que capturen nuestros sentidos, pueden ser utilizados para encajarlas dentro de ese amplísimo abanico que cubre nuestra felicidad personal.

No puede ningún bien tangible (material) por sí solo hacer la felicidad, pero sí ayudar a que algunos momentos alcancen mayor confort o plenitud; pero no son su raíz o fuente, porque esta se constituye del nivel de trascendencia que pudiéremos darle. Por el contrario, en algunos casos lamentables, la abundancia de bienes materiales produjeron escasez de felicidad.

No existe posibilidad de asistir a ningún evento en el cual podamos adquirir, cambiar o canjear valores como el amor, la amistad o la solidaridad a cambio de dinero u otros bienes materiales, porque una de las características esenciales de los valores es su intangibilidad y sólo pueden ser determinados y captados en nuestro fuero interno; por tanto, dependen de nuestra capacidad para ponerlos en función de nuestro beneficio.

Podemos apropiadamente aseverar que la felicidad no debemos buscarla en nada extraordinario porque se encuentra el mundo de las cosas sencillas: esas que vivimos en cada minuto de nuestra existencia. Cuales no nos esperaràn por siempre, porque  como el viento, el agua del río  y el tiempo… no regresan.

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“EL OPTIMISMO ES EL MEJOR ESCUDO FRENTE AL TEMOR Y PESIMISMO.”

00674811Una lectora me solicitó una fórmula o consejo frente a su progresivo estado angustioso debido a la crisis económica, que según sus palabras “…se avecina en el futuro inmediato”

No creo en fórmulas mágicas, sino en los logros de nuestro esfuerzo personal. No obstante, debo comentar que en las últimos cincuenta años, he presenciado unas cuantas crisis económicas, incluida la producida por la hiperinflación de Bolivia en los primeros años ochenta, superior al diez mil por ciento anual: pero todas, sin excepción, fueron superadas.

Estoy convencido de que el optimismo, cuyo significado real es “lo mejor”, pudiera ser, si no una fórmula mágica, por lo menos el más eficiente recurso frente a la angustia y estrés que producen estos presagios negativos, cuales el temor distorsiona en su verdadera realidad.

El optimismo es hermano gemelo del pensamiento positivo y permite avizorar el lado positivo de las cosas, al representar en si mismo, un valor que tiene la virtud de mostrarnos la parte beneficiosa de los acontecimientos y nos fortalece frente a esos presagios de mal agüero producto del pesimismo, que nos lleva a presentir el lado negativo de las cosas, sembrándonos temor por lo que podría suceder, afectando de tal manera no solamente la tranquilidad espiritual y salud mental, sino también la física.

El pensamiento y actuación optimista abona la previsión razonable, mientras se espera con tranquilidad la llegada de los acontecimientos. El optimista, aunque conoce que no puede modificar el futuro, sí confía en que todo evento en esta vida tiene una parte positiva. Asimismo, se asegura que, en cualquier caso, encontrará la mejor solución. De hecho sabe que, en la mayoría de los casos, es peor el miedo al suceso que el suceso mismo, y por eso espera los acontecimientos, evitando cualquier pensamiento o aprensión que pudiere restarle eficiencia para resolverlos.

El pensamiento optimista es un escudo frente a ese enemigo invisible, pero presente en nuestra mente que es el temor, al fundamentarse en el pensamiento filosófico de que, si bien es cierto que no nos es dado conocer el futuro, pero sí sabemos que Dios está con nosotros y Él gobierna el universo, podemos confiar en que con su ayuda, siempre encontraremos las mejores soluciones.

Como no hay nada nuevo bajo el sol, a través de la historia, en toda crisis, los que temen, o se desmejoran o perecen; los que no se atemorizan y enfrentan con optimismo las situaciones, o mejoran o sobreviven… pero nunca perecen.

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“UN CUERPO SANO, ALMA SOSEGADA Y ESPÌRITU TRANQUILO ASEGURAN LA FELICIDAD”

yun_306Comparto el criterio de que como seres humanos, integralmente representamos un triángulo determinado por los lados cuerpo, alma y espíritu: el primero que tiene que ver con lo tangible; la segunda, que nos permite experimentar sentimientos; y el tercero, que tiene que ver representa el contacto con lo sobrenatural, especialmente nuestra relación con Dios.

El funcionamiento armónico y oportuno de esos tres elementos vivenciales, es fundamental en el individuo para el logro de la felicidad personal.

Un cuerpo sano, permite disfrutar mejor de toda experiencia de carácter físico; como la visión y audición del mundo exterior, alimentación, trabajo, estudio, descanso, distracción, recreo y sexo.

Un alma sosegada y pacífica, nos brinda experimentar las sensaciones más sublimes; especialmente el amor, la amistad, sensibilidad y solidaridad humanas.

Un espíritu tranquilo, nos facilita ese indispensable pero encantador contacto permanente con nuestro Padre Celestial, sin el cual somos vulnerables e indefensos.

Mantener el cuerpo sano, el alma sosegada y el espíritu tranquilo, no es algo que sea difícil, porque nuestra tendencia natural es a procurarnos buena salud; nuestro apetito de buenas sensaciones es casi ilimitado; y nuestro espíritu está siempre ávido de la bondad, la solidaridad, la caridad y el amor que devienen de nuestra herencia divina.

No obstante, mantener funcionado en forma óptima ese triángulo vital, especialmente lo que tiene que ver con el cuerpo y el alma, para su desarrollo pleno, requiere ser reforzado por la práctica constante. Es mediante los buenos hábitos y la templanza, la alimentación sana y el descanso suficiente, como nuestro cuerpo desarrolla su mayor eficiencia. Es amando y edificando a las personas, actuando con bondad, generosidad, sensibilidad y solidaridad, como nuestra alma se engrandece y hace fuerte nuestra voluntad, permitiéndonos disfrutar de las más hermosas emociones y excelsos sentimientos.

No hay nada nuevo, especial ni extraordinario en todo esto. Es simplemente una actitud, que todos podemos desarrollar y mejorar, en función de procurarnos una vida feliz, para nosotros mismos y para nuestros semejantes.

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