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La verdad nos hace libres y la mentira nos convierte en esclavos, porque perdemos la percepción positiva y enaltecedora del que no tiene nada que ocultar ni de que ocultarse. Así como la verdad es una sola y representa eventos, sentimientos, situaciones ciertas y nacidas de la espontaneidad, la mentira tiene mil facetas, puede utilizar muchas caras y nace de sentimientos que no responden a la realidad de los hechos.

Al mentir, como se distorsiona o niega a plena conciencia la realidad, el ser interno que es la casa del espíritu, siente que esto es contrario a su propia esencia divina, e independiente de su actitud y apariencia externa, en su fuero más íntimo se siente culpable.

La culpabilidad perturba la espiritualidad, alimentando un sentimiento angustioso que se manifiesta en la inquietud de enfrentar o tener que lidiar con los eventos o hechos que son verdaderos y por tanto de una fuerza arrolladora.

La angustia al no sentirse conforme consigo mismo, no obstante que no es percibida en el exterior del individuo, tiene el grave problema que no se puede desterrar porque vive dentro de la persona misma, sin que exista otra solución que no sea la de corregir y… decir la verdad.

Para enmendar se requiere integridad y nobleza, pero como el que miente carece de esas virtudes, los sentimientos negativos internos, tocan su intelectualidad y terminan creándole estados neuróticos productores de estrés que, al final, afectan su salud integral.

La mentira es una violencia contra nuestra propia esencia y sagrada individualidad, porque involucra no actuar como nos corresponde… como deberíamos ser. Al mentir promovemos que nuestros hermanos nos juzguen y de tal manera transgredan el mandamiento de no juzgar.

La mentira voluntaria y a conciencia, distorsionando o enmascarando la realidad de los hechos, al engañar a los demás, nos engañamos a nosotros mismos y eso nos obstaculiza ser felices.

Los efectos de mentir suelen ser graves y acumulativos, especialmente para nosotros mismos al generar estados neuróticos de diversa índole.

En ese mundo interno, donde no podemos engañarnos, sentimos que somos menos nosotros mismos, traicionando principios fundamentales para el buen vivir.

El no poder mirar frente a frente a quienes mentimos, el estar siempre acomodando las actuaciones a la escena preparada de la mentira, nos hace sentirnos incapaces de afrontar la realidad y eso afecta gravemente nuestra autoestima.

La mentira juega en nuestra contra. Es factor perturbador de la necesaria salud mental y física, pero además logra que los demás pierdan su consideración, fe y confianza en nosotros.

La mentira es enfermedad soportable, pero es una patología que al producir efectos nocivos a los demás, también nos daña integralmente, por lo cual es anti-natural promoverla, porque no fuimos diseñados para la enfermedad sino para la salud, cual es una condición indispensable para ser… felices.

La mentira es contraria al amor, porque Dios es amor y verdad; como consecuencia, al mentir se transgrede esa fuerza intangible que une a la humanidad representada por el AMOR DE DIOS.

Próxima Entrega: MISION EN LA VIDA

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La progresiva incorporación de la mujer en el desarrollo científico y humanístico en el Siglo pasado le dio su mayor impulso cuando, rompiendo mitos y paradigmas, demostró la importancia de su peso y efectividad.

Este Siglo nace con una mujer que se adelantó a su tiempo, que nació en el Siglo anterior. No obstante que el Siglo XX se despide con mujeres con decisivo poder político, económico y militar mundial, es en los primeros siete años de este nuevo Siglo cuando muestra, su verdadero músculo.

En tan poco tiempo tenemos mujeres presidentes como Michelle Bachellet y Cristina Krischner; la Secretaria de Estado de la potencia más importante del mundo, Condolezza Rice de USA; primera ministro de uno de los países más desarrollados del mundo como Angela Merkel en Alemania; pero también altos jefes militares y protagonistas en las ciencias, las artes, los deportes y los negocios a nivel mundial.

Desde Juana de Arco, pasando por Madame Curie, Golda Meyer, Indira Gandhi y Margaret Thatcher, la Madre Teresa de Calcuta, Lady Di y Benazir Bhutto, por citar algunas y cada cual en su rol personal, la mujer ha encarnado la fuerza, bondad, generosidad, perseverancia, estudio, belleza y sacrificio de… todos los tiempos.

Sin desmejorar, sino reconociendo la importancia y trascendencia de todas las mujeres famosas, que desde la antigüedad han dejado honda y positiva huella, hoy hago homenaje a esa mujer sobre la cual poco se escribe. Esa anónima que todos los días da lo mejor de sí por un mundo, que sin duda logra hacer mejor.

Me refiero a la mujer integral, que no siempre obtiene fama ni se le rinden honores, más allá de un día al año, para la felicidad de los comerciantes, más que para su propio regocijo.

Ese ser anónimo y maravilloso, lleno de amor y generosidad que en cada hogar del mundo está presente y activa las veinticuatro horas del día. Esa que es mujer, que igual sabe ser madre, hija, esposa, trabajadora, intelectual, profesional; todo al mismo tiempo, que en muchos casos, le alcanza para hacer labor social.

Esa sin la cual, ningún hijo llegaría a hombre, ni como tal tendría éxito político, económico, científico o social, porque ella se constituye en su plataforma de lanzamiento, en su base de operación, en su estación de recarga espiritual.

Esa que mantiene la ternura, la bondad, el romanticismo y el idilio florecientes; que lucha callada desde cualquiera de sus trincheras, por un salario que por fácil de pagar casi nunca recibe completo: amor, mucho amor.

Ella mantiene unida la familia, refresca la sociedad y le da su color rosado a la vida. Ella nos evita olvidar que siempre seremos niños… sus niños.

Sin ella nuestra especie no podría prosperar sobre la tierra, pero si encontrara la forma de hacerlo, sin duda la vida sería muy aburrida e intrascendente.

Por eso mi homenaje no es un día, ni a una mujer en especial, porque todas son especiales… todos los días.

Otra Entrega: EFECTOS DE LA MENTIRA.

untitled1.jpg «LA FELICIDAD CORRESPONDE A NUESTRA ÓPTICA DE LA VIDA»

Observé  como un joven discapacitado sobre una silla de ruedas,  sonreía complacido cuando un niño insistía en manipular un aparato de control de entrada a un supermercado. Al mismo tiempo, una mujer de hermosas piernas, con cara de pocos amigos, miraba con impaciencia al niño haciendo un mohín de desagrado.

Es una paradoja de la vida. El discapacitado, quien no disponía de ninguna movilidad en sus dos piernas y debe permanecer amarrado a una silla de ruedas, se siente feliz ante la presencia de un  niño y sonríe plácidamente.

La dama que dispone de dos hermosas piernas, que le aportan comodidad y libertad de acción,  anda estresada, apurada, impaciente, con cara de disgusto y perdiéndose disfrutar del mundo maravilloso de las cosas sencillas.

¿Dónde reside la diferencia y qué la origina? ¿Qué influía el ánimo de cada uno de ellos?

Pienso que la diferencia consiste en la óptica individual sobre la vida y las cosas.

En esta anécdota, ambos observaron el mismo espectáculo,  sólo que el joven, olvidando el mal que representa no disponer de sus dos piernas, aplicó la óptica positiva de un evento que representa la belleza, el entusiasmo, la inocencia y la ternura de un gracioso niño, aumentando su felicidad.

La dama referida, olvidando sus muchas bendiciones, como la de disponer de dos piernas sanas y bellas, aplicó la óptica negativa al sentirse mal con  la presencia siempre grata de un bello niño, aumentando su visible estrés, perjudicando su salud y restándole felicidad.

Es que es nuestra óptica sobre los eventos y situaciones que conforman nuestra existencia, lo que le da sentido al arte de vivir… felices.

Todas las situaciones tienen una parte positiva y una negativa; de nuestra óptica depende encontrar la positiva, porque cuando se trata de eventos negativos  este efecto lo sentimos al sucederse.

Vivimos encajados en la bipolaridad positivo-negativo de la vida, expresada en  los valores y sentimientos. No podemos escapar de esta regla natural. Sin embargo, nuestro libre albedrío nos permite, de forma autónoma e independiente, tomar una de esas dos opciones.

Quienes entienden esa regla vivencial, toman la parte positiva; por eso cuentan sus bendiciones  y no sus males o carencias. Su óptica positiva sobre los eventos y circunstancias de la vida abona a su felicidad.

Quienes ignoran la regla,  viven marcados por la  inseguridad, falta de fe,  desconfianza, temor y recelo, que les producen estrés permanente. Estos sentimientos conforman una óptica negativa de la vida, haciéndoles muy difícil el logro de la felicidad.

Lo más positivo de la vida es… vivir, no sobrevivir. Todo lo demás es accesorio y depende de nosotros. Nuestra óptica debe ser positiva, porque Dios representa esa seguridad de que la vida es buena, bella, segura, edificante… emocionante.

Fuimos diseñados para ser felices. No hay otro fin más elevado ni deseado sobre esta madre tierra. No procurarlo con una óptica positiva de la vida, sería un desperdicio imperdonable.

Próxima Entrega: MUJER DEL SIGLO XXI

«EL AMOR Y LA FELICIDAD  TIENEN EFECTOS CURATIVOS».

Conocemos que «En cuerpo sano, mente sana.», pero, para que esos dos esos gemelos cuerpo-mente se mantengan sanos, se requiere indefectiblemente: UN BUEN ESTADO DE ANIMO.

La novísima teoría de la Psicología Positiva, está demostrando que deben estudiarse los procesos que subyacen a las cualidades y emociones positivas del ser humano, porque la felicidad personal incide en la salud integral del individuoLo he visto repetirse por décadas: las personas felices, por lo general son sanas física y mentalmente.

El amor, alegría, positividad, proactividad y fe, hacen la fórmula más efectiva para prevenir las enfermedades; y como cóctel es el mejor para celebrar la buena vida que todos merecemos.

A. Engelhard decía: «Mortales: sabed que habéis nacido para ser la personificación de la felicidad.» Si esta acertada admonición la tomamos como bandera, podemos llevar las enfermedades a su más bajo nivel.

Hombres inteligentes, moderados y santos que aportan amor, confianza y esperanza al mundo, sostienen que la presencia física del hombre, de alguna manera deja percibir fácilmente su estado de salud mental, vinculada a su estado de ánimo.

Las especulaciones mentales constantes, como seres humanos llenos de inquietud y curiosidad nunca satisfecha, acumula estrés a nuestra vida diaria, llevándonos a una magnificación de la preocupación, que resta efectividad a lo único realmente importante: ocuparse de encontrar la mejor forma de resolver el asunto.

La alegría de vivir una vida llena de retos y oportunidades de dar y recibir amor, con un cuerpo que se renueva en cada segundo, hacen un efectivo escudo frente a las enfermedades; porque estas no pueden subsistir en un cuerpo regido por la felicidad, el optimismo, la fe, y la esperanza de que podemos diseñar el mañana, si llega para nosotros, porque su resultado será producto de nuestra actuación de hoy.

La risa y el buen humor, unidos al sentimiento de compartir, producen el buen estado de ánimo, cuyos efectos positivos se hacen patentes al observar el cambio inmediato de actitud y progreso en la curación de una persona enferma, cuando es constantemente animada, visitada y celebrada por sus amigos, frente a otra en iguales condiciones de salud, pero solitaria y triste.

Por su parte, las personas negativas y con pésimo estado de ánimo, sólo requieren conocer su posible padecimiento de una enfermedad, para de inmediato, sin segunda o tercera opinión médica, empezar a prever resultados fatales. En la acera contraria, enfermos desahuciados que se dedicaron a disfrutar intensamente lo que supuestamente les quedaba de vida, obtuvieron curas realmente milagrosas o al menos sin explicación médica convencional.

La meditación utilizada sistemáticamente es un recurso que aporta capacidad a esa especie de autocuración que representa nuestro buen estado de ánimo.

Es que la condición fundamental de la vida es… vivirla. Si no la amamos, hacemos agradable, interesante y renovada; si no la disfrutamos con fruición, con avaricia, cual es la mejor forma de dar gracias a Dios por mantenerla, simplemente, como el agua de los ríos, se va y… no regresa.

Próxima Entrega: OPTICA DE LA VIDA

«EL TIEMPO DE DIOS ES PERFECTO Y SOMOS UNO CON ÉL»

El éxito de nuestras actividades vitales siempre será proporcional al interés, amor y diligencia que pongamos en su realización,  cuyo fin último procura mayor cúmulo de felicidad posible.

Porque… ¿Cuál es la idea de nuestras vida terrenal sino la de vivir felices? ¿Podemos disfrutar algo físicamente más allá  de esta vida corporal? No, definitivamente, no. Todos nuestros esfuerzos desde el punto de vista físico, tienen que serlo para lograr regocijo, placidez y plenitud.

No tenemos otra posibilidad que fortalecer el amor y entusiasmo por las cosas que hacemos. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, todo estará condicionado por nuestra actitud, que determinará la aptitud para concretarlo.

Tanto desde el punto de vista físico como espiritual, requerimos tomarnos un espacio de tiempo antes de iniciar cualquier actividad, para pensar cómo realizarla mejor; en eso puede residir el  éxito o el fracaso.

La tendencia a no tomarse el tiempo necesario para planificar, o no dar un tiempo de interrupción necesario de las labores, los estudios o cualquier otra actividad por terminarla más pronto, puede a veces producir contrarios resultados.

El tiempo para pensar, meditar o planificar es fundamental. No obstante, la mayoría de las personas no lo utilizan, no  porque crean que  no es positivo, sino porque tienen la fijación mental de que «no disponen de tiempo.» Pero eso no es cierto, porque basta con levantarse media hora antes de lo normal, para planificar las actividades del día y la mejor forma de realizarlas.

En la mayoría de las actividades que realizamos, podemos tomarnos un mínimo de espacio de tiempo para pensar en algo diferente, o realizar alguna otra actividad que establezca ese break necesario, para recargar baterías y continuar con entusiasmo renovado lo que estamos haciendo, que sin duda redundará en un resultado eficiente.

El trabajo, el estudio y la mayoría de las cosas que hacemos son de aprendizaje cultural; vale decir que no estaban dentro de nuestro programa natural originario, por lo cual como rutina, representan un gasto de energía y esfuerzo, que independiente de su intensidad, producen cansancio.

Pues bien, la forma ideal de luchar contra el cansancio, el hastío y el aburrimiento que generan las actividades diarias recurrentes, lo es regalándose un espacio psíquico, que aquiete nuestra mente y la aleje de la actividad que realizamos, para que por virtud de nuestra creatividad, matizarla del color que más nos convenga.

Todo lo que realizamos tiene una parte bella, positiva, formativa y emocionante. Tenemos que tomarnos el tiempo necesario para descubrirla, porque es el combustible que nutre esa sinergia que mantiene nuestra vida diaria.

El tiempo siempre es suficiente y además es nuestro; nosotros lo planificamos y administramos conforme a nuestra conveniencia. Debemos tomarlo como un recurso más que responda a nuestra voluntad y no como una circunstancia que pueda hacernos la vida más difícil de lo que realmente es.

No debemos olvidar que el tiempo de Dios es perfecto y que nosotros somos uno con Dios.

Próxima Entrega: SALUD Y ESTADO DE ANIMO.

«EL DIVORCIO ES  UNA SOLUCION HUMANA A UN PROBLEMA HUMANO»

¿Quién podría aupar un matrimonio donde desapareció el amor, donde   unos niños presencian diariamente actitudes grotescas de sus padres?

¿No es deleznable el comportamiento amoroso de las puertas del hogar hacia fuera, frente a la desconsideración e insensibilidad dentro de la familia?

¿Puede considerarse moral compartir sin deseo, no sólo las actividades conjuntas diarias sino además la relación sexual?

¿Parecería justo que después de años de dedicación amorosa y solidaria, se le exija a un cónyuge soportar por el resto de su vida a quien ya no experimenta los sentimientos que motivaron la unión?

¿Acaso el pago por haber dedicado años de amor y solidaridad, deba ser perder la libertad de actuación y el derecho a construir una vida plena?

¿No es lo correcto el agradecimiento por los años de amor y dedicación proporcionados mientras se mantuvo el afecto?

¿No es la libertad para comenzar una nueva vida, lo menos que merecería quien dedicó los mejores años de su vida a otra persona?

¿No es ofensivo e irrespetuoso para el otro cónyuge, permanecer a su lado cuando ya no se siente amor sino fastidio, manteniendo relaciones sexuales no deseadas?

Una noche de amor vale una vida, pero soportarlas al lado de quien no se ama sino que desagrada, es una especie de suicidio que a nadie debería exigírsele.

Cuando el amor desaparece, el divorcio no es ninguna tragedia sino una necesidad.

La conseja de que el matrimonio debe mantenerse por los hijos aunque no exista amor, me parece de lo más hipócrita, porque la actuación inconveniente de una pareja desavenida perjudica el desarrollo mental y físico de los niños.

El matrimonio se consuma para mantenerse juntos con amor que genera ternura, aceptación, solidaridad y buen sexo. Cuando eso no funciona, el matrimonio pierde su razón de ser.

Nuestra vida es corta y una sola; para vivir el amor no podemos esperar por otra, porque no la hay.

Como no podemos disfrutar la vida solos, dos nos unimos para lograrlo. Si no funciona la unión, divorciarse y por tanto liberarse para comenzar otra vez, es algo que ambos se merecen.

Cuando se propone el divorcio lo es para que ambos tengan plena libertad de acción. Es esa parte positiva la que debemos ver y tratar en el divorcio.

Se los dice alguien que lo ha vivido, porque gracias a un divorcio encontré mi felicidad al lado de otra persona, con quien disfruto una vida plena, la cual no cambiaría por ninguna otra.

Ojalá no dejáramos de amar a nuestro cónyuge nunca, porque el amor viene y se queda, pero a veces… se va. Lo inteligente es disfrutarlo mientras permanece, por eso debemos aceptar su partida como una opción existencial más que como una tragedia.

Es una reflexión sincera que todos deberíamos hacernos, si realmente queremos mantener familias felices y no mascaradas que convierten una institución, que nace con la intención de proporcionar felicidad mutua, en algo desagradable por no decir aberrado.

Próxima Entrega: UN ESPACIO NECESARIO.

«EL DIVORCIO ES  UNA SOLUCION HUMANA A UN PROBLEMA HUMANO»

Para satisfacer solicitud de una lectora, por haberlo vivido, trataré el tema del divorcio sincera y objetivamente.

Las estadísticas superan cualquier estimación empírica. Se habla del período entre dos y cinco años, para que en la mayoría de los nuevos matrimonios se produzca la ruptura.

Yo lo trato como una solución humana a un problema del mismo género, e independiente de cualquier concepción o doctrina religiosa.

El matrimonio se produce como una opción de vida, pero bajo la premisa de que al compartir la vida de forma permanente con otro, la harán más emocionante, segura y plena para constituir un hogar y una familia… feliz.

El amor y los demás sentimientos que se derivan de el, deben ser alimentados permanentemente por actuaciones afectivas y de reciprocidad, lo cual determina que no tienen por que ser constantes; precisamente porque al faltarles el alimento, pierden su fuerza, se hacen débiles y aunque no desaparecen de nuestra interioridad, sí se ponen en una especie de estado de hibernación, o simplemente… emigran buscando un ambiente donde encuentren el alimento necesario.

Como son esos hermosos sentimientos la premisa fundamental del matrimonio, cuando se afectan gravemente se desestabiliza la familia, incluidos quienes nada tienen que ver con el conflicto: los hijos.

El hecho de que los hijos vengan al mundo por nuestra voluntad y no por la de ellos, presume la obligación de procurarles una niñez feliz, indispensable para su formación integral.

Cuando esos elevados sentimientos desaparecen el matrimonio pierde su sentido, tanto como fuente de amor y plenitud para los cónyuges, como el de sitio óptimo para el desarrollo de la descendencia.

El divorcio no se produce por elementos externos a los cónyuges, sino por la incomprensión, mala comunicación y falta de interés por la otra persona, que hacen difícil o imposible la vida en común.

El rompimiento definitivo no se da de inmediato o cuando surgen las primeras desavenencias. Se produce por acumulación de situaciones desagradables. Es el resultado de que uno de los cónyuges cambia su actitud frente a las actuaciones del otro, convirtiendo por consecuencia de su desamor, lo que antes fue bueno en algo escasamente soportable y reaccionando en consecuencia.

Desventuradamente, por una concepción de recato social mal entendido, los cónyuges no producen la separación a tiempo, cuando todavía no se han inferido ofensas graves o heridas difíciles de curar. Sino que, esperan hasta que la situación se hace inaguantable por acumulación de malos recuerdos y rencores.

El resultado de esa situación extrema es que todo se hace más difícil y complejo. La carga dolorosa del ayer, opaca los momentos felices vividos. La incertidumbre del mañana, golpea la ilusión y la esperanza de un futuro mejor. El gran perdedor resulta ser el hoy, que al convertirse en un pequeño infierno, afecta la toma de decisiones de ambos.

¿Cómo debería manejarse la situación? Es algo que en honor a su ocupado tiempo, dejaremos para mañana.

Aquí los espero.

Próxima Entrega: EL DIVORCIO (Como enfrentarlo)

dsc02505.jpg «Si viviera otra vez…» es frase común que cargada de nostalgia oímos o leemos, de quienes no han sabido hacer las cosas de tal manera que disfrutaran plenamente su temporal vida terrenal. A raíz de la declaración de una ancianita en las montañas de Kentucky USA de las cosas que haría si tuviese otra vida, escritores, periodistas y poetas especulan sobre «… lo que harían si vivieran otra vez.», arrepentidos por haber dejado de hacer tal o cual cosa a tiempo.

Yo no tengo duda que espiritualmente no moriré. En cuanto a mi vida física, la tomo como un viaje interesantísimo por un mundo de incontables maravillas, con personas en su mayoría nobles y buenas y que hacen aún más agradable mi incierta estadía por estos lares.

Considero esta vida física mi mayor capital; por eso la cuido integralmente y hago lo que creo puede ayudarme a edificar una personalidad sensible y solidaria, que me posibilita el intercambio diario con mis hermanos humanos, que como yo avanzan para disfrutar una vida física, que ni solicitamos ni sabemos hasta cuando durará.

Como no quiero contarme dentro del grupo de quiméricos que aspiran a tener otra vida física para hacer lo que debieron hacer y no hicieron, disfruto cada instante lo que hago, independiente del tiempo o espacio..

Amo, abrazo tiernamente y lo comunico a mi querida esposa, a mis hijos y a mis amigos en toda oportunidad. Saludo la mañana con su radiante sol, el canto de los pájaros, el color de las flores y el sonido cantarino y familiar de la risa de los niños, sobre el fondo del ruido de una fuente.

Amo la noche silenciosa, que con su manto de sombras se hace mi cómplice, ofreciéndome paz y quietud en mi intimidad, haciendo más propicio el momento para el amor.

No pude vivir mi niñez, porque me la robaron las circunstancias adversas de mi familia, que me hicieron hombre antes de tiempo.

Pero no obstante no haber podido conocer integralmente ese pedazo de la vida, disfruté intensamente mi juventud, que he prolongado en estos sesenta y seis años sobre esta bendita tierra.

No tengo porque añorar otra vida para realizar cosas que hubiere dejado de hacer. Hoy y hasta mi último día de mi vida terrenal, hago lo que me gusta, como lo deseo y en su oportunidad.

Soy un todo con Dios y mis hermanos humanos, por lo tanto mis deseos y realizaciones no tienen otro límite que aquel que yo mismo me impongo.

No me importa lo que pasó hace un segundo ni me preocupa lo que no ha llegado. Me interesa hoy, mi presente, porque es mi parte de esta vida y no voy a esperar otra para disfrutarlo.

Jesús enseñaba: «Cada día trae su propio afán, basta a cada día su propio mal.» Soy un convencido de la vigencia de sus palabras, pero especialmente de esta sentencia que he hecho parte de mi vida. Te invito a meditar sobre ella.

Próxima entrega: EL DIVORCIO

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«El hombre es una nube de la que el sueño es viento. ¿Quién podrá al pensamiento separarlo del sueño?», escribía Luís Cernuda en «La realidad y el deseo».William Blake, en sus Proverbios del Infierno opinaba que: ‘‘Quien desea pero no actúa, engendra peste»

Sobre la base de mi concepción físico-espiritual del ser humano, a quien diferencio de los animales irracionales, precisamente porque está dotado de una razón que orienta su voluntad; los deseos sin la voluntad nunca llegarían a concretarse o materializarse, independientemente de que se trate de necesidades físicas o espirituales.

Más allá de cualquier especulación filosófica, teórica, religiosa o retórica de lo que representan los deseos y la voluntad para el hombre en su actividad diaria, podemos parangonarlo al funcionamiento del automóvil y su combustible: el uno requiere indispensablemente del otro para lograr ponerse adecuadamente en movimiento.

Tanto en lo físico como en lo espiritual-intelectual, los deseos no pasan de ser proposiciones que nos hacemos, porque sentimos que pudieran beneficiarnos, sernos convenientes o necesarios, cuando no representen la concreción de mecanismos de defensa frente a eventos que consideramos negativos para nuestra existencia, porque en tales casos la voluntad ya no funciona como elemento impulsor, sino por el contrario, como inhibidor del deseo.

Los deseos potencian y proponen la aplicación de nuestra voluntad para concretar, materializar o dejar de realizar alguno de nuestros actos, conforme a la jerarquía o trascendencia que personalmente demos a cada una de las cosas que hacemos.

Sin duda para jerarquizar nuestros deseos requerimos de razón e inteligencia. Por eso la jerarquía de nuestros deseos como adultos, es muy diferente a la de los niños, quienes no han alcanzado el uso de la razón. En ellos, como la razón es incipiente, igualmente lo es la voluntad para orientarse en la vía de la mejor conveniencia, por lo cual su voluntad es moderada y en algunos casos, suplida por la de sus padres.

Nuestra especulación vital es tal, que si no organizáramos y jerarquizáramos nuestros deseos y les diéramos rienda suelta sin el control de la voluntad razonable y razonada, que impone esa jerarquía conveniente, pereceríamos prontamente en un absoluto caos existencial.

Esa voluntad que regulará la conveniencia de materializar, concretar o abstenerse de un deseo, se comporta como un músculo que debe ser constantemente ejercitado, para que resista su peor enemigo: la tentación de violentar la jerarquía de los deseos, que debe responder a los principios y valores que rigen nuestra vida, en función de nuestro comportamiento positivo, personal y colectivo.

Con el análisis tranquilo, ponderado, práctico y objetivo de cada uno de nuestros deseos, es como podemos orientar la aplicación de la fuerza de nuestra voluntad hacia la búsqueda de su mejor logro. Para ello no estamos solos, siempre hemos contado y contaremos con la ayuda de Dios, permanentemente a nuestra disposición.

¿Por qué desperdiciar tan valiosa ayuda? No lo dejemos para después, invoquémosla ahora y hagámosla una realidad.

Próxima Entrega: SI VIVIERA… OTRA VEZ

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En sus reflexiones, Salomón trató de recordarnos que como existe un tiempo para cada cosa, no debemos precipitarnos porque todo viene y va, mientras nosotros seguimos en el mismo sitio, hasta que un día, como llega el tiempo de venir sobreviene el de irse, nuestra alma regresa a su hogar y volvemos a ser… polvo.

Dentro de la bipolaridad que rige nuestra vida: nacer-morir, amor-odio, tristeza-alegría, bondad-maldad, verdad-mentira, felicidad-desdicha, por citar algunas, esa sentencia nos indica que, como todo tiene su tiempo, si actuamos a destiempo el resultado será negativo. Venturosamente, somos nosotros mimos quienes decidimos la oportunidad.

Un tiempo para todo fue, es y seguirá siéndolo siempre. Es una realidad existencial aplicable a todo acto de nuestra vida. La convicción de que podemos utilizarlo a nuestra conveniencia, debería evitarnos preocupaciones, precipitaciones y acumulación de estrés por temor a no disponer del suficiente.

Cada día tiene veinticuatro horas que nos corresponde vivir y que no podemos estirar ni encoger; por lo tanto, corresponde adaptarlo a nuestras necesidades, sin permitir que nos torture o esclavice. O disfrutamos el tiempo o sufrimos por su causa. Tan simple como eso.

Cuando abro mis ojos en la mañana, o me estreso pensando todo lo que tengo que hacer en el día y el poco tiempo de que supuestamente dispongo, o advierto lo maravilloso que significa poder vivir un nuevo día, lleno de cosas satisfactorias como pasear, comer, beber, laborar, estudiar compartir con mi familia, amigos y… hacer el amor.

Es que no tengo otra posibilidad para ser feliz que verlo positivamente. No puedo agregar un segundo a mi vida, ni conocer mi porvenir. Lo único seguro y verdadero es este momento; debo disfrutarlo al máximo para lo cual el apropiado uso del tiempo es fundamental, porque como hay un tiempo para cada cosa, se trata de ordenarlo conforme a mis prioridades.

Dispongo del presente, mi presente que es mi tiempo; como yo lo imagine, diseñe y utilice, puedo aplicarlo en función de mi interés. En vez de estresarme por su extensión o limitación, simplemente lo convierto en un instrumento de mi felicidad y lo disfruto.

Yo creo en Salomón: Hay un tiempo para cada cosa, y un momento para hacerla bajo el cielo. Por eso lo tomo como otra bendición de Dios: abrazo a mis seres queridos, les manifiesto mi amor; vivo mi vida y la parte de ellos que me permiten compartir y… doy gracias.

Amo mi tiempo porque me permite sentirme vivo, activo, motivado, ilusionado por disfrutar lo que conozco y emocionado por lo que conoceré dentro de un segundo. Es mi vida que se renueva en cada instante, que disfruto y vivo intensamente, porque es mi parte en este viaje terrenal y no me puedo dar el lujo de desperdiciarla.

No puedo permitir que una bendición, como es el tiempo, se convierta en algo desagradable.

Les invito a meditar sobre la inutilidad de apresurarse, desesperarse o estresarse por ganarle a un tiempo, que no conoce el significado de… la velocidad.

Próxima Entrega: DESEOS Y VOLUNTAD