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«LO IMPORTANTE NO ES HACER LO QUE A UNO LE GUSTA, SINO GUSTAR DE LO QUE UNO HACE»

Alguien escribió que el tiempo es un recurso no renovable. Como consecuencia de tal precisión, debemos organizarlo de manera jerárquica, en función de nuestra mayor plenitud y felicidad. Todo lo que hacemos puede ser motivo de regocijo y aportar a nuestra felicidad personal. La persona feliz distribuye su tiempo en orden jerárquico, de acuerdo a la importancia de sus circunstancias vivenciales.

En mi caso, mi familia es el eje alrededor del cual gira la distribución de mi tiempo. No lo sacrifico por ningún ingreso, recreo, honor o reconocimiento. Sé que si dedico lo mejor de mi tiempo a mi familia, todo lo demás vendrá por añadidura. Al menos así ha sido por más de 39 años y estoy seguro que seguirá siéndolo hasta el último día de mi existencia.

Sin restar importancia al estudio, cultura, trabajo, lograr fama, poder o cualquier otra ambición personal, considero que ninguno de tales logros pueden dar el regocijo, amor, seguridad, plenitud y felicidad que sólo puede encontrarse en la familia.

Conozco gente con supuesto gran «ÉXITO» intelectual, cultural, político y económico, quienes dedicaron sus mejores años a tales logros, subestimando la dedicación de su tiempo a la familia; de su propio testimonio conocí sus profundos vacíos vivenciales; ellos me confesaron que hubiesen deseado haber actuado diferente, pero sentían que…  ya no tenían tiempo.

Lamentablemente, el tiempo es como el agua de los rìos: no puede devolverse; los hijos crecen y ya no podemos disfrutar de ellos; el amor conyugal si no recibe oportunamente la ternura, atención y solidad cotidiana que lo alimenta, se marchita; la salud con el tiempo se hace progresivamente vulnerable; el cansancio afecta el espíritu y si no hemos hecho las cosas bien, nos hacemos… tristes, y eso… es la negación de la felicidad.

Por eso es bueno revisar lo que hacemos con nuestro tiempo. Pudiera ser que aun haya tiempo de remendar… el capote. Nada se pierde con intentarlo.

Próxima Entrega: TIEMPO DE NAVIDAD

«SI ALGO PUEDO HACER POR MAÑANA, ES HACER LAS COSAS BIEN HOY.»

6smjpg1Una anotación bíblica establece que lo que va a ser ya es y lo que es ya fue… porque…no hay nada nuevo bajo el sol… Esto tiene que ver con pasado y futuro, dos instancias de tiempo que, injustificadamente, intranquilizan a la mayoría de las personas, quienes preocupados por el pasado -que no se puede remendar- o el futuro -que no se puede prever- descuidan disfrutar del hoy, que es lo único sobre lo cual podemos ejercer algún control.

Referiré para mis lectores mi opinión sobre eso que denominan el futuro, cual por cierto a mi me tiene sin cuidado; entre otros aspectos, porque nada me puede asegurar que llegue para mì y por tanto, de haberme preocupado, habría perdido un tiempo precioso, en vez de haberlo invertido disfrutando mi hoy.

Ese cacareado futuro está aquí, simplemente es hoy. No hay otro tiempo que no sea el de este día que vivimos. En un acto de praxis elemental, si quiere comprobar mi teoría, tome su reloj y mire la hora durante el tiempo que quiera, a ver cuando es mañana. Se encontrará con que a la una, o a las doce, o a la hora que usted quiera, siempre será hoy.

El futuro es una ficción mental sobre algo incierto e imprevisible; por eso no debe preocuparnos. Si usted me acompaña en esta forma de pensar disfrutará integralmente de todas las muchas bendiciones que existen para nosotros sobre esta tierra, sin preocupaciones por el mañana. El amor, el estudio, el trabajo, el arte, los alimentos, y en general, la satisfacción de nuestros sentidos, será más plena en la medida en que le eliminemos preocupaciones innecesarias, como aquellas por un mañana (futuro) que ni siquiera sabemos si llegará para nosotros.

En este asunto de no preocuparme por mañana, como en todo en mi vida, sigo a Jesús que como hijo predilecto de Dios era sabio; Él lo conocía muy bien y por eso enseñaba: «… el día de mañana traerá su propia preocupación… basta a cada día su mal.»

Sigo al pie de la letra ese consejo de Jesús. Desde que despierto hasta que me duermo nuevamente vivo intensamente, con fruición cada momento, sin permitir cargar lo que pudiera ser a lo que realmente es.

Próxima Entrega: JERARQUIZACIÒN DEL TIEMPO.

 «CUALQUIER EDAD ES BUENA PARA  VIVIR FELICES»

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Accidentalmente presencié una discusión entre personas de diferente edad, en la cual, como era lo usual, cada cual trataba de demostrar las ventajas de su edad, sin que pudieran ponerse de acuerdo unánime y pacíficamente,  ya que unos soportaban su criterio en que lo más importante era la cantidad de años vividos o a vivir, y los otros que lo trascendente no era el número de años vividos, sino la calidad de vida que se disfrutara.

Esta discusión, trascendente para unos y menos importante para otros, me generó una reflexión que deseo compartir con ustedes; quizás porque con más de seis décadas de vida en todas sus etapas feliz, pudiera ser que en algo pueda contribuir  a encontrar en cada una de ellas,  un venero de momentos agradables que generen vocación para insistir en lograr una  felicidad que como hijos de Dios, a todos nos corresponde.

En mi caso particular,  aprecio las dos cosas: la mayor cantidad de años posibles de lograr y un nivel de vida óptimo

por que manejo el criterio de que las dos cosas pueden coexistir en nuestra existencia. Siento, y lo he comprobado personalmente, que fue a vivir una larga y feliz vida para lo cual fuimos traídos a este mundo. Quien no lo logra, será debido a su actitud, pero no a que no haya sido dotado o no existan  en este mundo las condiciones necesarias.

Cuando departo con mis nietos, observo su curiosidad,  percibo su inocencia y los miro disfrutar de casi todo lo que hacen, no dudo que es la niñez una edad en la cual se es feliz.

En cada dúo de jóvenes enamorados en los parques o en los campus de las universidades, radiantes de amor, fantasía,  magia y sueños, observo una edad en la cual la felicidad puede sembrar sus raíces.

En las parejas consolidadas que viven su real adultez, haciendo bellos hogares donde los esposos, los padres y los hijos comparten a diario el pan, la solidaridad y el amor, no hay duda que se está en una edad de lucha, emoción, pasión, satisfacción, regocijo y felicidad.

El rostro, la bondad, y especialmente la mirada pacífica y sosegada de las personas de la tercera edad, que vienen ya de regreso y han visto la espalda de las cosas, sonriendo pacientes y comprensivos frente al niño, al joven o adulto, por  experiencia propia puedo asegurarles que es una de las edades más bellas: se ha vivido emociones y se experimenta nuevas ¿Qué más podría pedírsele a la vida?

Está en nosotros hacer de cada edad una fuente de regocijo, de fe, de entusiasmo, de reto por lograr felicidad en cada una de sus etapas. Para ayudarnos tenemos a Dios que siempre nos acompaña; el libre albedrío para hacer lo que nos plazca; nuestro estado de ánimo para darle el color y sabor que convenga a nuestras circunstancias. Todo lo demás es diligencia, un poco de magia y un toquecito de… locura.

Próxima Entrega: EL FUTURO ESTA AQUI.

«LA HUMANIDAD HA ATRAVESADO MUCHAS CRISIS, PERO EL HOMBRE SIEMPRE LAS HA SUPERADO.»

capetownpanorama_thLos humanos siempre hemos vivido situaciones críticas: la guerra, la pobreza, la injusta redistribución de la riqueza, el fanatismo religioso y el radicalismo político han sido las principales fuentes de las crisis humanas; pero siempre, independiente de su origen, el hombre las ha superado y ha salido adelante. De no haber sido así, habríamos desaparecido como especie de la faz de la tierra.

Hoy tenemos que enfrentar quizás la más imprevista, y por su magnitud, global. Se trata de una inadvertida crisis económica de proporciones impredecibles, que amenaza aumentar la pobreza y el hambre de vastos sectores de la humanidad.

¿Qué sucedió que iniciando el Siglo de mayor desarrollo científico, nadie pudo preverla, advertirla a tiempo, o hacer algo para evitarla o aminorarla?

Creo que pasarán años antes de que tengamos una respuesta apropiada, si es que algún día llegamos a tenerla. Por cierto, por ahora no nos serviría de mucho. El mal está hecho y los efectos a corto y mediano plazo se presumen devastadores. Pero está aquí; en menos de dos meses, como en todas las crisis, unos, los menos ganaron, y otros, los más numerosos perdieron, y… seguirá perdiendo.

¿Quiénes son los responsables de tan terrible escenario? Pienso que los mayores depositarios de poder y conocimiento: las grandes potencias mundiales, a quienes poco importa lo que pase más allá de sus fronteras. No obstante, esta vez el problema también los afecta; al menos en los Estados Unidos ya empezó a generar cambios trascendentales.

El resultado de un modelo económico que no fue diseñado en función de la felicidad de todos los hombres, sino para el beneficio de aquellos pocos que manejan el poder económico y político, no se hará esperar: muchos pobres más vulnerables que nunca y los pocos ricos, aún más fuertes.

Sin embargo, sobreviviremos. Al fin y al cabo, seguimos con vida y mientras tengamos vida tendremos esperanza. Se requiere asumir la realidad de la situación, procesar sus posibles consecuencias y movilizarse de inmediato; cada cual en su esfera personal en pro de enfrentarla de la mejor manera posible.

Quienes tenemos fe en que Dios está con nosotros, no tenemos temor. Pediremos guía y si somos diligentes en lo que hacemos, sin duda Él proveerá. Lo más importante es evitar una crisis espiritual y será suficiente actuar de forma correcta, en función propia y bienestar de los demás para tener el espíritu tranquilo; todo lo demás vendrá por añadidura.

No entraremos en pánico. No estamos aquí por accidente sino por un plan divino. El poder heredado de Dios se impondrá y no pereceremos. Actuaremos conforme a cada circunstancia; seremos del tamaño del problema; nos adaptaremos a las nuevas condiciones; enfrentaremos los asuntos y los resolveremos de la mejor manera posible, porque además de nuestro carácter y valor, Dios, como siempre, estará aquí para ayudarnos y si Él está con nosotros… ¿Quién podría destruirnos?

No hay crisis suficiente para vencer a un hijo de Dios optimista, valiente, diligente y decidido.

PROXIMA ENTREGA:  ¿LA EDAD CONVENIENTE?


«EL ABRAZO ES UN MENSAJE DE AMOR AUDIBLE SOLO PARA EL ALMA.»

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Los habitantes de nuestro mundo de hoy, preñado de preocupaciones injustificadas; cautivos de  ambiciones desmesuradas; autómatas de  urgencias y necesidades creadas; enfermos de  apuros innecesarios e inútiles; recordando a Dios únicamente en las emergencias,  y con temor a casi todo, perdieron la dimensión, trascendencia y sabor del abrazo fraterno, siempre lleno de mensajes silenciosos.

El abrazo no  es sólo un acto de naturaleza y satisfacción física, sino también profundamente humano, y,  por su espiritualidad con forma de paraguas, donde podemos refugiarnos.

El primero, el más amoroso, edificante, permanente y por siempre, lo recibimos de Dios, cuando en el vientre materno nos dice al oído, en ese lenguaje solamente audible para Él y nosotros: eternamente estaré contigo y en estos brazos siempre encontrarás refugio.

Al nacer, el abrazo de la madre nos incorpora  a un mundo nuevo y desconocido, dándonos seguridad, confianza, ternura y amor.

Al crecer, el abrazo del padre complementa la  seguridad y nos da la fortaleza necesaria para enfrentar una vida que no debería ser difícil, pero que,  paradójicamente, nosotros mismos nos la  hacemos todos los días más compleja.

El abrazo del amigo que escapa al egoísmo, del maestro que nos da un poco de sí mismo, de la novia que siembra sueños, y de la esposa que lo entrega todo, cierran el círculo de ese acto tan humano, lleno de mensajes, y para mì trascendentes, que produce el abrazo fraterno.

En cada oportunidad que tengo abrazo a mi esposa, mis hijos, mis nietos, mis hermanos y mis amigos; inclusive, algunas veces, aún a riesgo de no ser entendido o mal interpretado, abrazo a personas que acabo de conocer o que por una extraña sensación, siento que necesitan  un mensaje de apoyo o ternura.

Algunas veces he pensado que pudiera ser que lo haga más por mì que por ellos. Es que cuando abrazo, dejo que mi alma se materialice en mi cuerpo y disfrute esa extraordinaria experiencia de compartir físico-espiritualmente; alejado de cualquier mecanismo de defensa, sin egoísmo ni interés de ningún género, cual  no sea el de compartir mi amor y mi solidaridad humana con otro de mis semejantes.

Como cuento mi vida por períodos de veinticuatro horas, consciente de mi vulnerabilidad física y lo limitado de mi vida, no puedo dejar pasar la oportunidad de abrazar fraternamente, especialmente  a quienes amo. No me lo perdonaría si no volviera a verlos, o ellos nunca volvieran a encontrarme.

Por eso siempre recomiendo a quienes se aman, abrazar y abrazarse al acostarse y levantarse; al despedirse y al regresar del trabajo o la escuela; al ratificar amor o compartir dolor. Es tan poco el esfuerzo pero tan reconfortante y de tanto contenido el resultado, que no hacerlo sería perder una oportunidad de regalar y regalarse un poco de felicidad.

Así que, no pierda tiempo, vaya ahora mismo y abrace a su esposa y sus hijos, quienes tiene tan cerca. No lo deje para después; nunca podrá volver a abrazarlos con el sentimiento de este momento. Recuerde que no se puede entrar dos veces al mismo río porque el agua pasa; si no la tomamos ahora, pudiera ser que jamás podamos repetirlo

» DISFRUTEMOS INTENSAMENTE HOY: ES LO  UNICO QUE PODEMOS HACER POR UN MAÑANA… MEJOR»

2236591774_2e20e695deVeintiuno  de Noviembre de 2008, 5:30 p.m., hora de Calgary, Canadá. La cámara de una patrulla de la policía en servicio capta la imagen de una lucecita que, a velocidad incalculable con exactitud, en caída libre se aproxima a la tierra desde el cielo. Por segundos se hace un poco más grande y cae en el Polo Norte. El impacto de ese cuerpo sólido, de entre una y diez toneladas de peso es simplemente monumental e ilumina un radio de 435 millas  (aproximadamente 700 kilómetros) de distancia.

Este evento dramático, capaz de destruir un poblado entero, así como otros igualmente portentosos, me producen reflexión sobre nuestra inmensa vulnerabilidad y pequeñez frente a la fuerza de la naturaleza, que es imprevisible e incontenible y ante la cual no tenemos como  protegernos físicamente.

¿Por qué cayó en despoblado donde es casi inexistente la vida animal y no en un centro habitado donde habría ocasionado millones de muertes humanas?

Es algo que no sé y ni siquiera me interesa conocer, porque no solicité venir aquí ni establecí por cuanto tiempo. Al fin y al cabo, soy un ente espiritual viviendo una experiencia física, y no hay meteoro, por grande o terrible que sea, con suficiente capacidad para variar mi destino o acabar con mi alma que es eterna.

Pero este fenómeno físico, ratifica mi convicción de que debemos vivir intensamente cada momento de nuestra vida física, porque no sabemos  por cuanto tiempo dispondremos de ella. Cada segundo, cada minuto, son una insustituible e irrepetible oportunidad de regocijarse con tantas cosas bellas y agradables que nos depara esta existencia.

Si lo único seguro que tenemos es que un día regresaremos de donde venimos, pero no sabemos cuando, pareciera majadero perder siquiera una oportunidad agradable, emocionante, edificante o diferente de vivir una experiencia feliz.

Por eso soy avaricioso de lograr la mayor cantidad de amor posible; de regalarle belleza y regocijo a mis sentidos; de recrearme en la paz del ambiente, en la ternura y nobleza de mis semejantes; y  de conectarme mediante la oración, con mi amado Padre Celestial, gracias al cual aún continúo este bellísimo periplo por una de sus casas… en el universo.

No comprendo a las personas iracundas, tristes, negativas o de mal humor; creo que no entienden su realidad como seres espirituales viviendo experiencias físicas. Me entristece saber que un día, más temprano que tarde, dejarán este mundo sin haberse llevado lo único que nos es dado como seres vivientes: goce, disfrute, dulzura y amor en la estadía.

Únicamente quienes disfrutan intensamente esta vida, dejan en el recuerdo de sus seres queridos ese mensaje de paz, amor satisfacción  y esperanza de que nuestra temporalidad sobre esta tierra, no es más que una experiencia que nuestra alma experimenta en su ascenso indetenible a estadios superiores.

Quiera Dios que estas reflexiones nos ayuden a disfrutar más de tantas experiencias interesantes y agradables, que algunas veces, aún teniéndolas a mano, dejamos pasar o inadvertimos, preocupados por prepararnos, aun a costa de innecesarios sacrificios, para un futuro que pudiera ser que nunca llegue… para algunos de nosotros.

«LA FELICIDAD SE ENCUENTRA EN EL MARAVILLOSO MUNDO DE LAS COSAS SENCILLAS»

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¿Cuál es el secreto o fórmula para ser felices?

En mi concepto, no existe ningún secreto o formula especial. Simplemente, se trata de una actitud frente a la vida, especialmente de las circunstancias que rodean la existencia de todo ser pensante.

Algunos lo entienden de esa manera y orientan su actitud a recibir la vida como el mayor regalo, haciendo de  todos sus momentos una oportunidad de regocijo y goce físico-espiritual, que determina su estado de felicidad.

Quienes no disponen de esa actitud positiva, son presas del temor a las múltiples eventualidades que pudieran afectar su naturaleza humana ­-de por sí muy vulnerable- y ese temor enfermizo no les permite mirar lo bello de la vida.

No existe ningún factor especial  que defina el logro de la felicidad, más allá de la cualidad de ver el lado positivo de las cosas.

Soy de los que piensan que todo lo que nos sucede tiene una razón, y por tanto, algo positivo; no obstante que en algunos casos no nos esté dado determinarlo de inmediato, todo encaja en una ley divina que rige el universo. Por tanto, a  cualquier evento siempre podríamos encontrarle un lado o arista positiva.

Como seres humanos racionales, únicamente disponer de ese bien inconmensurable que es la vida, ya es un privilegio especialísimo. De hecho, no conozco ni tengo noticias ciertas de que alguien, en su sano juicio, haya deseado morir, o por lo menos que no haya hecho todo lo posible por continuar viviendo.

Poder compartir nuestra vida, conscientemente, con otros seres humanos y disfrutar de su amor; tener una pareja; hacer una familia; adquirir conocimiento y realizar una actividad que nos satisfaga, son bendiciones que constituyen la materia prima para ser felices.

Quienes no son felices, por su convicción de que  existe una fórmula desconocida o un secreto para lograrlo,  se les va la vida tratando de encontrarlo y en tal empeño, como andan demasiado apurados en su intento, no se percatan de que a su lado o detrás de ellos, en el maravilloso mundo de las cosas sencillas, la felicidad retoza en los más elementales eventos.

La obsesión por encontrar algo que no existe, no les deja tiempo para disfrutar la caricia del viento en las frescas mañanas, flanqueado por la alfombra de flores en la primavera; ni para observar las bandadas de  pájaros y mariposas compitiendo en colores y belleza; menos aun para oír la voz cantarina de las fuentes, el murmullo del aire desprendiendo las hojas en el otoño, la risa inocente de los niños, el tranquilo paso de los ancianos y el murmullo tierno de las promesas de los enamorados.

Es en el mundo de todos los días, que no requiere de eventos extraordinarios y se nutre de nuestra cotidianidad, donde habita la felicidad, siempre esperando por quienes la identificamos y dispuesta a acompañarnos en este corto, pero emocionante camino de la vida.

No existe un secreto ni fórmula para ser felices. Existimos nosotros, con nuestra actitud producto de nuestro intelecto, de donde deriva nuestro estado de ánimo para cumplir ese mandato divino de habitar esta tierra disfrutando de todas sus incontables bendiciones, porque fuimos creados con el único fin de ser felices. Lo contrario, sería una abominación.

«LA SOLEDAD Y DESAMPARO, SON MITOS QUE ROMPE EL AMOR Y LA CONFIANZA EN DIOS.»

imagesAyer, leí que un hermano venezolano asesinó a sus tres hijos y luego se suicidó; y digo hermano, porque era tan hijo de Dios y como nosotros, nació en esta noble tierra.

¿Por qué lo hizo? ¿Cuál fue su motivación?… Vaya usted a saberlo.

Para muchos, se trata de una noticia de «sucesos» o de la página «roja» de la prensa. Pero en verdad, es una gran tragedia, y estamos obligados a meditar y reflexionar sobre el por qué no solamente venció el mecanismo de defensa más arraigado de sobrevivencia física, sino que destrozó el nexo más hermoso, edificante, y si se quiere sagrado, de protección que nos vincula a nuestros hijos.

¿El nivel de culpabilidad de esos infelices no tendrá que ver con cada uno de nosotros? ¿Todos no somos uno con Dios? ¿Acaso… con la muerte de esos niños inocentes, de alguna manera no murió un pedacito de nosotros mismos?

Es urgente reflexionar sobre el por qué de esa cuasi-tragedia diaria en que hemos convertido este hermoso mundo, que en su máxima expresión se grafica en estos eventos; o al menos, introspeccionar qué nos toca hacer para ayudar a evitarla.

Factor dominante: ¿Soledad, tristeza, temor, rabia, frustración, desesperanza, dolor, insensibilidad e indiferencia afectiva? Quizás un poco de cada uno. Cuál de ellos el imperioso, no lo se; pero presiento el origen real… la fuente del problema: siendo nuestra especie vulnerable e indefensa frente a un medio ambiente determinado por una naturaleza de fuerza descomunal e incontenible, imprevista en sus grandes catástrofes; adicionado al deterioro progresivo de nuestro hábitat, cargado de variados y complejos asuntos que nuestra civilización ha inventado; sin un apoyo extraordinario, supra natural, la mente simplemente no resiste y explota en esa tragedia inconmensurable, y… el hombre mata al hombre.

Ante tan terrible realidad, no solamente lloro por los niños asesinados, sino también por esos desdichados actores, a quienes quizás, nunca, nadie les enseñó que no existe otra manera de hacer la vida buena, aún en sus peores momentos, que no fuere sintiendo amor en nuestro corazón, en su fuente principal: DIOS, que nos da fe y confianza en que somos uno con Él, y por tanto, nunca estamos solos ni desamparados.

Es un problema que nos afecta a todos, sin excepción. Todos estamos obligados a hacer algo, que no es tan difícil. Solo tenemos que amar, amar mucho a nuestros hermanos para que no se sientan solos, relegados, excluidos, ni desamparados. Requerimos hablar, interesarnos por sus problemas; abrir los brazos, el corazón y la mente para que todos nos sintamos hormigas de la misma cueva; pero especialmente, tenemos que ayudarlos a regresar al regazo de Dios, porque esa es la única protección real frente a un mundo, que con intención de hacerlo mejor, lo hemos convertido en muy complejo para lograr una realización personal, distorsionada por una creciente vanidad y antivalores como la riqueza fácil y el consumismo exagerado, que chocan con esos valores tradicionales que hicieron un mundo bueno para nuestros predecesores.

Ayer también se desgarró el corazón de una madre por su hijo que murió, que aún siendo el autor de esta tragedia, para ella sigue siendo… bueno; igual como lo fue Judas para la suya.

 

«SI TENGO A DIOS CONMIGO NO HAY NADA QUE TEMER»

a380Eran las 9:13 de la mañana de un día viernes y el aeroplano carreteaba la pista para iniciar el ascenso, en vuelo sobre el atlántico que en un  poco más de cuatro horas me llevaría a Houston, Texas. Yo me sentía especialmente feliz porque nuevamente cruzaría los mares para ver a mis seres más queridos. En ese preciso momento hablé con DIOS. Le dije cuanto lo amaba, cuanto agradecía esta maravillosa vida que por más de 67 años me ha regalado.

Reconocí con placer el privilegio de tener mi siempre bella y consecuente esposa conmigo, mis inigualables hijos, mis tiernos nietos, mis muchos familiares y amigos; pero, especialmente, agradecí tenerle  como compañero de viaje hoy y… siempre.

Como en muchas oportunidades anteriores cabalgamos sobre el universo; el avión rompió el techo de nubes apartándolas incontenible; cual tiburón hendió el inconmensurable océano del aire; el cielo abrió sus brazos mientras los habitantes de la tierra fueron haciéndose pequeñitos;  y Dios nos puso sobre sus alas… invisibles pero poderosas.

Esa sensación de ascenso venciendo las leyes de la gravedad, produciendo el milagro de volar como pájaros raudos a un destino determinado a miles de millas en pocas horas,  me devolvió mentalmente centenas de años, detrás del tiempo y el espacio.

Me recordó que, de alguna manera, siempre he vivido en las alas de Dios. Así, rememoré que cuando niño, en ese mundo miserable en que crecí, donde la más terrible de las pobrezas -la mental- nace, crece y se reproduce amenazando con devorarlo todo, bajo ellas me protegí para que no me engullera ese ambiente fétido, contaminado y contaminante, sobre el cual, venturosamente,  prevalecí.

En mi juventud, ellas se convirtieron en mi refugio cuando la gente de mi época llena de mitos, concepciones  religiosas equivocadas,  tabúes y prejuicios, no entendían mi necesidad de amar, sin más condicionamiento que mi propia conciencia.

Luego, cuando me hice un hombre, construí mi familia y sentí que podía ser para la sociedad mejor todos los días, bajo su sombra creció mi amor por la gente, sin distinciones de ningún género; mi concepción del hombre universal, que por diverso debe aceptarse en su pluralidad; mi certeza de que, sin excepción, todos tenemos derecho a ser felices; que podemos lograrlo y que es obligatorio divulgarlo por todos los medios posibles.

Hoy, al rescoldo de mis años dorados, que disfruto plenamente, no puedo entender a quienes se niegan tan maravilloso cobijo, siempre a mano. Porque, no tengo duda que únicamente requerimos fe en su existencia, confianza y seguridad en su amor, para que abra sus alas que baten los aires y mueva la tierra que nos da vida, llenando de dulzura y plenitud nuestra existencia diaria; de ventura nuestro futuro y  protegiéndonos de todo mal.

Ah… olvidaba comentarles que, como siempre, el vuelo fue divino y el aterrizaje perfecto. Él cerró cuidadosamente sus alas, y yo sentí con inmenso  placer, que nuevamente las guardaba en el hangar de… mi corazón.

«No andes solo porque si tropiezas no tendrás quien te levante y si estás triste no tendrás quien te consuele.»espalda-vista-pareja-posicion-medio-camino-bxp197277

Nuestra vida sobre esta maravillosa tierra de Dios, no es más que un avanzar, siempre en busca de algo mejor. De tal manera, desde que entendemos nuestra individualidad, capacidad y poder heredado de Dios,  iniciamos conscientemente la caminata en busca de la realización personal, y ya no pararemos hasta lograrla.

¿Quién nos lo enseña u ordena? Creo que lo traemos en los genes y tiene que ver con la inmutabilidad de nuestro sentido de avanzar y nunca retroceder. De alguna manera, es la concreción de que, ciertamente, somos espíritus utilizando esta experiencia física, para progresar y prepararnos para otro nivel más elevado, que sobrevendrá.

En esa corta pero interesante vida terrenal establecemos prioridades, dentro de las cuales pareciera la más importante agenciarnos compañía para el viaje, que al compartir nuestra ideología, sueños, ambiciones e intereses, camine a nuestro lado hasta que sus pasos se confundan con los nuestros y hagamos… una sola huella.

En cada una de las oportunidades que he logrado neutralizar algunos naturales mecanismos de defensa, que una sociedad compleja crea en los seres humanos frente a su propia especie, he verificado que, independiente de la edad, raza, sexo, nivel cultural, social o económico, todos los seres humanos, salvo muy raras excepciones, orientamos nuestra mayor capacidad, a buscar ese compañero de viaje… largo.

En lo más profundo de nuestro ser, donde no cabe la mendacidad ni la actuación teatral, más allá de cualquier nivel de  altruismo, en verdad, tratamos de lograr conocimiento, cultura, poder, fama  y riqueza, con la  esperanza de que tales factores, privilegien nuestra capacidad para lograr, de la mejor manera posible, el encuentro maravilloso con esa persona especial que compartirá nuestro destino.

Presentimos que en nuestro camino, en sentido contrario pero en la misma vía, de allá para acá siempre viene alguien en busca exactamente lo que tenemos y podemos dar; que comparte nuestra ideología, sueños  y ambiciones. Con ella nos encontraremos, y entonces, sin saber cómo, cuándo ni por qué, se producirá el contacto mágico de sentimientos compartidos; se conectarán las energías positivas; se producirá el circuito que encenderá la llama del amor; nos embargará esa sensación mágica del idilio; la emoción, la ternura y la pasión en un coctel sublime recorrerán nuestra espina dorsal produciendo una sensación nueva; enterraremos nuestro natural egoísmo, compartiremos todo  y ya nunca más desearemos estar… solos.

Pienso que todos los seres humanos, sin excepción de ningún género, tenemos el derecho a compartir nuestra vida con quien nos ame, respete, edifique y esté dispuesto a unir caminos para hacer con nosotros una sola vía. Por eso, soy un convencido de que es la unión de  pareja  el terreno abonado para sembrar nuestra simiente, que no solamente dará frutos buenos, sino que materializará la extensión de nuestros más bellos sentimientos, más allá de nuestra propia… vida.

Nadie debe concebir excepcional el logro de la felicidad. Por el contrario; fuimos diseñados por Dios para ser felices y traídos a esta tierra para lograrlo. Sólo se requiere nuestra diligencia, porque ese Padre Celestial que conoce mejor que nosotros lo que más nos conviene, siempre estará con nosotros en el camino.