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«FE Y CONFIANZA SON LOS PRIMEROS PASOS PARA EL EXITO»

881En las favelas brasileñas, los barrios colombianos, salvadoreños y en los de muchos de nuestros países latinoamericanos, nuestros jóvenes conviven con la miseria, el hambre, las enfermedades, la droga, la prostitución, las pandillas y la muerte, en contubernio con Poderes Públicos en manos de Funcionarios desaprensivos, inconsecuentes y corruptos, quienes con su actitud depredan a sus propios hermanos, al tomar para su uso personal y el de su entorno, los dineros y recursos destinados a solucionar sus más ingentes problemas, sin parar mientes en el irreparable daño que les hacen.

Pero, aún en lo más profundo de esas junglas de asfalto, hombres y mujeres crecen apegados a unos valores que, aunque no son los que rigen el medio que les toca vivir, los hacen suyos, y con sacrificios estudian, alimentando la esperanza que les fortalece para resistir esa vida horrible, y al final, sobreponiéndose a cualquier circunstancia, coronan una carrera universitaria y sacan adelante a sus familias.

En el mismo sentido, personas con graves defectos físicos, con extraordinarias limitaciones materiales, se sobreponen a sus males, se superan, se convencen de su potencial y actúan en consecuencia, logrando ocupar posiciones de vanguardia en las artes y las letras, así como realizar otras actividades productivas y de servicio, que nutren a la sociedad.

Ellos nos demuestran que aún en las peores condiciones siempre tenemos opciones, que en todos los casos dependen de nuestra decisión y no de las circunstancias del tiempo y el espacio. Es cierto que el medio es absorbente y difícil de vencer, pero no imposible. La historia está llena de hombres y mujeres que vencieron todos los obstáculos y adversidades, logrando al final un puesto de especial utilidad para la humanidad.

Esas personas maravillosas, representan un canto a la vida; nos demuestran que disponemos de una existencia que nosotros con nuestra herencia divina, vocación, fe, esperanza, trabajo y diligencia, podemos hacer buena y transformarla en función de los más altos intereses humanos. Esos seres especiales y buenos, como el nacimiento de los niños y el brotar de las flores, nos recuerdan que Dios nunca se olvida de nosotros y que, siempre sin importar donde, como ni cuando, está presto para apoyarnos cuando de hacer bien a la humanidad se trata.

Por eso no creo en la justificación de la influencia definitiva de la pobreza en el futuro de las personas, a no ser la pobreza mental que poco tiene que ver con la situación económica, sino en cómo nos vemos y qué creemos de nosotros mismos. Por haberlo vivido, no dudo que quien apoye con su trabajo y mejor diligencia su capacidad, decisión y ambiciones, no existe fuerza humana posible de detenerlo en el logro de sus metas; especialmente si estas conllevan el apoyo a una causa noble como es la de ser útiles a nuestros semejantes.

«LA REALIDAD ES UNA SOLA INDEPENDIENTE DEL MATIZ QUE LE DEMOS»

dsc02313La sinergia ha sido su factor permanente en el desarrollo del hombre sobre esta tierra. Como seres inteligentes no sabemos ni podemos mantenernos estáticos, quizás porque esa inquietud constante para satisfacer nuestra natural curiosidad, la hace más interesante.

Esa dinámica permanente nos obliga a enfrentar todo tipo de situaciones, especialmente aquellas que no nos son positivas o beneficiosas, las cuales podemos interpretar como problemas no solucionables o asuntos por resolver. En el primer caso, pues no vale la pena mucha especulación, pero en el segundo -los asuntos por resolver- sí que es importante abordar con seriedad el asunto.

Independientemente de cual sea la índole del asunto, lo importante es asumirlo en su real dimensión; con sus posibles riesgos y consecuencias tal y como pudieren producirse, pero de forma sincera y aplicado a nuestra situación individual.

No hay asunto por complicado que fuere al cual no podamos encontrarle una mejor forma de atenderlo, pero asumido en su real dimensión. A ninguna solución ayuda magnificar o disminuir sus posibles consecuencias, ni hacernos los desentendidos a ver que sucede.

En vez de atemorizarse se requiere aceptar el suceso o evento en su verdadera magnitud; asumir su existencia como situación fáctica, y frente a los hechos, enfrentarlos de la manera más inteligente y tranquila posible.

¿Qué es lo peor que me puede pasar en esta situación? Es una buena pregunta para comenzar a enfrentarlos. Luego, evaluada la situación y asumidos los posibles riesgos y consecuencias personales, preparar un plan de actuación donde, haciendo todo lo que esté a nuestro alcance, podamos disminuir su impacto o evitar el daño.

Conviene diseñar una estrategia para atenderlos, vale decir, con la información disponible, hacerse escenarios posibles. Esto es, si se dan tales hechos, actúo de tal manera; pero si se dan estos otros, entonces lo hago de esta otra forma; y así, hasta alcanzar determinar varias opciones, lo que aporta mayor capacidad para encontrar soluciones, y como consecuencia mayor tranquilidad, cual es un factor fundamental para disminuir la posibilidad de cometer errores.

No debemos olvidar que la realidad es una sola, independiente del matiz que se le pueda dar, pero que la mejor forma de enfrentar cualquier asunto es tomándolo en su dimensión correcta. Tampoco debemos desestimar que tenemos una capacidad casi ilimitada para adaptarnos a cualquier situación, por adversa que esta fuere, y esa característica exclusiva del ser humano, nos pone en ventaja frente a cualquier suceso.

Pero, si además de nuestra capacidad personal solicitamos la ayuda de Dios, quien siempre está disponible, podemos tomar cualquier reto y enfrentar cualquier situación con éxito, porque para eso fuimos diseñados inteligentes y… triunfadores.

 

«NUESTRA ESTABILIDAD EMOCIONAL DEPENDE DEL EQUILIBRIO DE NUESTROS SENTIMIENTOS»

Factores de diversa índole, algunos positivos y otros negativos, colman nuestra vida diaria, obligándonos a establecer un EQUILIBRIO EMOCIONAL, indispensable para lograr una vida feliz.

Venturosamente, son más las bendiciones, situaciones y circunstancias edificantes, que las que por sí mismas aparentan, o amenazan con convertirse en negativas. De tal suerte, la estabilidad emocional no es algo que pueda adjudicarse, adquirirse o tomarse prestado; se trata de una circunstancia muy personal: nuestra circunstancia; cual a su vez, es producto del equilibrio que establezcamos en nuestro interior, entre lo que consideramos positivo o negativo, lo cual responde a la trascendencia que le demos al personalísimo mundo de nuestra cotidianidad.

No se trata de cómo se desarrollen los eventos, sino como los asimilemos; no es el por qué, cómo y cuando sucedan, sino en la entidad y tiempo que estimemos que puedan afectarnos. Por ejemplo, perder un amor o una oportunidad cualquiera, su efecto dependerá de la trascendencia y tratamiento mental que le concedamos. Tenemos la posibilidad de considerarlo negativo, triste e inclusive doloroso; pero también la opción de considerarlo positivo, porque nos abre la  oportunidad de comenzar nuevas y emocionantes relaciones o mejores y más actualizadas opciones.

Personas estables emocionalmente en diversas ocasiones me han comentado: vivo feliz gracias a mi nueva pareja; o ahora tengo una vida más holgada gracias a que fui despedido y logré un trabajo mucho más remunerador. Otros me han manifestado que, si no me hubiese sucedido un percance, que en su momento consideré negativo, hoy no tendría tal o cual beneficio que ha superado mis circunstancias de aquella oportunidad. Estos testimonios afianzan mi convicción de que estamos obligados a buscar y encontrar el lado positivo de las cosas, en ese camino de alcanzar una vida mejor.

No somos un accidente sobre esta tierra, sino la hechura más acabada de una fuerza suprema y universal, que es perfecta: DIOS. Es nuestra decisión la trascendencia que le otorgamos a los acontecimientos. Nadie puede ayudarnos a resolverlo, porque sólo nosotros gobernamos en nuestro interior.

Si tenemos fe en Dios y en nuestra propia diligencia para procurarnos una vida feliz; si nos producimos tranquilidad espiritual, amando a nuestros semejantes y manteniendo la convicción de que nada sucede sin una razón; si nos acostumbramos a estudiar primero el lado positivo de los acontecimientos, aceptándolos como una posible enseñanza o apertura de una nueva oportunidad; si nos condicionamos a convertir los problemas en asuntos por resolver, sin duda lograremos esa estabilidad emocional, sin la cual es imposible lograr nuestra máxima aspiración como seres racionales: SER FELICES Y HACER FELICES A NUESTROS SEMEJANTES.

Si tienes alguna duda o requieres aclaración sobre el tema aquí tratado, el correo del autor está disponible: amauricastillo@gmail.com

«LOS VACIOS VIVENCIALES SON ESPIRITUALES, NO FÌSICOS»

ks95627 Hoy comentaré sobre una preocupación que en los habitantes de este mundo contemporáneo, independiente del pensamiento filosófico o religioso individual, es casi colectiva y que normalmente me manifiestan los visitantes de esta página web. Se trata de cómo experimentar a Dios.

Tal aprensión procede del hecho fáctico de que, las personas presienten que no obstante la entidad y magnitud de los éxitos materiales alcanzados, ninguno es suficiente para llenar todos sus vacíos existenciales; cuales algunos traspasan lo material, proyectando una sensación de que superan la vivencia física diaria y por tanto no pueden ser satisfechos en el ámbito físico, pero que tampoco se percibe como encontrar la solución.

Es una especie de reclamo de equilibrio entre lo material y lo metafísico, para aceptar que Dios está a nuestro alcance y en todas partes; que no se trata de una circunstancia eventual o aislada, sino que su presencia invade todo y colma integralmente nuestra vida, suministrándonos el único remedio para esas carencias indeterminables: la tranquilidad espiritual.

Al menos en mi caso, para no correr esos riesgos de expectación perturbadora, percibo a Dios en todo lo que hago: en el sol, en el viento, en los árboles y en las maravillosas creaciones de los hombres; lo oigo en la risa de los niños, en el ruido de las fuentes, en el ruido silencioso del caer de las hojas; y en la palabra… amor.

Vivo con Él las horas de estudio, de trabajo, de entretenimiento; y especialmente cuando duermo, porque es cuando doy rienda suelta a mi mente, sin ninguna atadura o factor perturbador, para juntos en mi alma y espíritu, en la mayor intimidad encontrarme con Él, y en ese mundo nebuloso de creatividad sin límites, confiarle mis sueños y ambiciones, agradeciendo todo lo mucho que me ha otorgado en esta vida.

Por esas, mis propias experiencias vividas, aseguro que no es difícil experimentar a Dios, porque todo se reduce a una actitud y toma de decisión personal e individual: sentirlo inmediato y como parte de nosotros mismos, en vez de imaginarlo mediato o probable de alcanzar.

No obstante que es sano imaginar la existencia de Dios, lo fundamental es sentirlo con nosotros a toda hora, en todo lo que hacemos, en todo lo que oímos y vemos, porque eso aporta a nuestra mayor felicidad posible.

Así que, la solución a la preocupación planteada es muy simple: sentir a Dios para experimentar su presencia, como una fuerza extraordinaria, pero protectora y beneficiosa, que no sólo nos acompaña en el camino de esta vida, sino que permanentemente vela por nosotros.

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«SOMOS LO QUE SENTIMOS»

pareja-feliz-valencia-21381Una lectora me preguntó ¿Qué hago para vivir mejor? Esa pregunta tan general, y aparentemente compleja, me obliga a insistir en que no existe una fórmula mágica, y tocar los temas del libre albedrío y el estado de ánimo, cuales son dos factores que inciden fundamentalmente en el nivel de vida de las personas.

Soy de los que creen que lo más importante es vivir, porque mientras tengamos vida tenemos expectativas de cómo concebir nuestra existencia. El nivel de satisfacción no puede producírnoslo nadie; sólo nosotros tenemos esa capacidad. Vivimos, primero con nosotros mismos en nuestro mundo interior y en segunda instancia, exteriormente, con las demás personas y el medio ambiente.

Vivir mejor es sentirnos mejor, eso es lo trascendente. Somos cuanto sentimos. Por tanto, amamos si sentimos amor; somos alegres si nos sentimos alegres; estamos tristes si sentimos tristeza; tememos si sentimos miedo, y así en toda instancia y grado existencial.

Para sentirnos mejor disponemos de dos herramientas fundamentales: el libre albedrío que nos permite hacer lo que apetecemos y el estado de ánimo que nos permite sentirnos como lo decidamos. Dos sencillos ejemplos: mi libre albedrío me permitió estudiar leyes, mi estado de ánimo me permite disfrutar mi profesión.

La vida nos ofrece un abanico de opciones: diversidad de estudio, trabajo y actividades en general; vivir solteros, casados o simplemente en pareja; reír, cantar o llorar; amar, odiar o simplemente ser indiferentes; vivir en el campo, en la ciudad o en una isla. Son ilimitadas las opciones y… todas dependen de nosotros, de nuestra actitud.

Para sentirnos mejor, debemos convencernos de que tenemos una buena vida y la fórmula más efectiva es contar nuestras bendiciones, que son muchas: estamos vivos y eso es un gran privilegio, porque muchos más jóvenes o más viejos que nosotros, hace tiempo que permanecen en el cementerio; tenemos salud y eso nos permite estudiar, trabajar, recrearnos y… hacer el amor, entre otras muchas cosas; podemos hablar, mirar, oír, oler, gustar y eso nos asegura pronunciar y oír la frase mágica te amo, mirar y disfrutar el inconfundible olor de la persona amada y degustar los manjares que Dios puso sobre la tierra para nuestra satisfacción.

No tengo duda que no es difícil vivir mejor… todos los días, si consideramos más importantes nuestras bendiciones que nuestras posibles carencias; y evaluamos otros factores, como por ejemplo: que más importante que la cama es el sueño, y el apetito hace delicioso cualquier alimento; que el amor hace pequeña cualquier tristeza y agiganta la sensación de alegría; que la lealtad, la amistad y la solidaridad no requieren ningún esfuerzo ni tienen valor económico, porque representan vocaciones innatas en los seres humanos.

Así que, para vivir mejor, mi consejo es… sentirse mejor y eso sólo depende de nosotros mismos.

«LA FELICIDAD DEBE SER AQUÍ Y… AHORA»

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Reza un viejo adagio popular que para grandes problemas grandes soluciones. En estos tiempos, cuando pululan factores de presión psicológica, que afectan por igual nuestra vida actual como las expectativas de futuro, se hace vigente dicho apotegma. Nuestra mente, esencialmente especulativa, es susceptible de perturbación en proporción a nuestra debilidad o fortaleza espiritual. Tal vulnerabilidad personal nos ha acompañado desde que adquirimos raciocinio.

No nos es dada la vida hecha, como a los vegetales o los minerales, sino que debemos hacérnosla. Desde muy corta edad, nos corresponde decidir que haremos de nuestra vida y actuar en pro de objetivos definidos. A tales fines, requerimos abstraernos de cualquier expectativa negativa, encontrándonos con nosotros mismos; con lo que creemos y sentimos que somos, con lo que estimamos y esperamos de la vida, que con la ayuda de Dios podemos alcanzar. Ese es el camino: encontrarse y reencontrarse cuantas veces fuere necesario en pro de lograr una vida buena.

No existe situación adversa que pueda vulnerar nuestra fuerza espiritual, heredada de Dios; esa es la herramienta más efectiva para el logro de nuestra estabilidad mental y física. En circunstancias de conflictos, perturbación y crisis como las actuales, encontrarnos con nosotros mismos, mirar hacia atrás sin amargura y adelante con optimismo, fortaleciendo principios y valores, son buenos compañeros durante todo el camino de esta vida.

¿Qué viene una crisis financiera que podría afectar nuestra economía?
Esperaremos serenos, tomaremos las previsiones necesarias que nos permitan evitarla o hacerla menos dañina; preocuparnos, atemorizarnos o lamentarnos no nos ayudará en nada.

¿Qué pueden generarse conflictos sociales? Eso siempre es posible, máxime en tiempos de cambio como los que estamos viviendo. Quienes se atemoricen perecerán, pero aquellos que los enfrenten con valentía, serenidad e inteligencia, sobrevivirán. Nos inscribiremos en el segundo grupo.

Todo lo que acontece tiene una razón, y normalmente responde a una ley de causalidad. Por eso, si la situación es inevitable nada podemos hacer, y preocuparse es esfuerzo perdido. Si existe solución nos ocuparemos de buscarla y… la encontraremos.

Fuimos hechos a la semejanza de Dios y dotados de todas las facultades para gobernar sobre esta tierra. Ese es nuestro destino y no permitiremos que elementos accidentales, temporales o necesarios nos lo arrebaten.  Lucharemos con fe por defender nuestra maravillosa herencia:

Les invito a reencontrarse cada uno consigo mismo; a evaluar sus potenciales y múltiples posibilidades; a recordar todo lo andado y superado; a no permitir que nada, bajo ninguna circunstancia, les robe ese maravilloso hoy, con vaticinios de un futuro que es imprevisible e incierto y sobre el cual lo único que podemos hacer es realizar las cosas bien y ser felices… aquí y ahora.

LA FE Y LA ESPERANZA SON EL SUSTENTO DE NUESTRA VIDA

4981e536-00303-0073f-cdbc87671El día 27 de Enero de 2009, en un suburbio de Los Angeles, California, Ervin Antonio Lupoe, de 40 años de edad asesinó a su esposa Ana y a sus cinco hijos, tras ser despedido de su empleo, y luego se suicidó. Según comentaron las autoridades, motivado porque tenía mala situación económica y estaba «ahogado en deudas».

Cuando sucede una tragedia de esta índole, de alguna manera morimos un poco todos los padres del mundo. Es algo que para quienes hemos servido de vehículo para traer los hijos de Dios al mundo, cuales tomamos prestados para hacerlos nuestros, amarlos, cuidarlos y protegerlos en todo momento, es inconcebible lo sucedido.

En todo momento, el rol de los padres es orientar y proteger sus hijos, aún a riesgo de su propia seguridad, e inclusive, su vida. Ellos llegan al hogar para hacerlo más acogedor, amoroso y tierno. Son un regalo de Dios, que además tiene la virtud de perpetuar como fruto, el amor de sus progenitores. Los niños son tan inocentes y vulnerables en todo sentido, que lo único que realmente tienen a su favor para sobrevivir, aprender a vivir y ser felices, son sus padres; por tanto, que alguno de éstos los violente o les haga daño, es seguramente la mayor tragedia.

¿Qué sentimiento o carencia puede tener tanta fuerza para transformar el amor paterno y conyugal en terror y destrucción tal que acabe con la vida? La única explicación que encuentro es la de que, por falta de valores espirituales y fe en la protección de Dios, el hombre pierde una de sus trincheras frente a la desventura, como es la esperanza y con ella, su propia razón. Por otra parte, creo que contribuye a la angustia y desesperación que desencadenan la tragedia, el apego exagerado a las cosas materiales y la falta de fuerza espiritual, lo cual aunado al temor a perderlas, desvirtúa la realidad y hace caer en un mundo nebuloso y gris de especulaciones negativas, que al magnificar las posibles consecuencias de cualquier situación inconveniente, afecta la mente de forma tal, que presa del terror, se pierde todo valor y espíritu de lucha y se refugia en la peor de las opciones: la muerte.

Es por eso que insisto en que el único seguro frente a la adversidad, es la fuerza espiritual que se fundamenta en la convicción de que no estamos solos en este mundo, porque Dios está con nosotros en todo momento. Esa seguridad nos imbuye de valor y fe en que todo problema es superable, en tanto y en cuanto tengamos vida para luchar en pro de lo que estimamos bueno para nosotros y nuestra familia. De tal manera que, si tenemos fuerza espiritual, los problemas los convertimos en asuntos por resolver y por tanto de factible solución. Pero, especialmente frente a los problemas económicos, sabemos que son temporales y que, en todo caso, si somos diligentes y hacemos lo que esté a nuestro alcance para lograr soluciones, Dios siempre proveerá.

No dudo que otro hubiese sido el destino de esa desventurada familia, si el padre hubiese tenido formación y fuerza espiritual. Sin duda, como pareja, inspirados por el amor a sus hijos y su fe en Dios, habrían instrumentado alguna solución o plan para salir del atolladero. Pero al carecer de esos valores, su mente no resistió la presión y cual caldera sin control, simplemente explotó.

Pienso que como padres y esposos, una de nuestras más importantes responsabilidades es la de no perder jamás la fe ni la esperanza. Estos valores tienen su soporte en nuestra herencia divina, que nos dota de una especial capacidad de adaptación a cualquier medio o situación, y de la seguridad de que siempre, sin importar la índole o magnitud del problema, tendremos a Dios con nosotros para guiarnos, iluminarnos y orientarnos hacia la mejor solución; la cual por cierto no tiene por que ser la que nosotros estimamos mejor, sino la que nuestro Padre Celestial, en su infinita sabiduría, considere más conveniente para nosotros, la cual materializará en el momento oportuno.

Decenas de años de vida, sorteando asuntos y circunstancias imprevistas o sobrevenidas, exitosamente, nos han enseñado que, de alguna manera, esas situaciones inconvenientes, apropiadamente tratadas, no sólo son superables sino que aportan experiencia valiosa a nuestro permanente aprendizaje para una vida mejor. Son esos tropiezos, los que nos enseñan cual es el mejor camino y cuales los senderos que debemos evitar. Es que esos inconvenientes cotidianos, nos recuerdan nuestra vulnerabilidad personal y nuestra inmensa soledad en un mundo gigantesco e impredecible, si no tenemos la protección divina, que se manifiesta en nuestra fe y confianza en que fuimos traídos a esta vida, en un viaje temporal pero muy interesante, con el único fin de ser felices y contribuir a la felicidad de nuestros semejantes.

Finalmente, quiero aportar a la reflexión para todos los padres y para quienes tengan la intención de serlo, que la mayor ambición de un hombre civilizado debe serlo el constituir una familia, donde el amor, la fe y la esperanza se conviertan en la fuente del amor filial y conyugal que haga la vida buena, al mismo tiempo que en baluarte, como grupo e individualmente, frente a cualquier momento o situación adversa. Asimismo, que no existe circunstancia, por terrible que pueda presentarse, que justifique el que perdamos la fe y la esperanza, porque sin estos valores, simplemente perdemos nuestra condición de hijos de Dios y seres racionales, para descender, contrario a nuestra vocación natural, al nivel de los seres inferiores.

«QUIEN A DIOS TIENE NADA LE FALTA,  SOLO DIOS BASTA.»

pareja-con-globos_21316Muchas de las consultas que recibimos, independiente de la situación planteada, se originan en ese fenómeno humano, pero superable, que es el temor.

Crecemos y nos formamos en una sociedad afectada por el temor. Frente a las opciones de confianza y fe o el temor, algunos optan por el último  que afecta gravemente su hoy y sus expectativas de futuro, restando posibilidades a su felicidad.

El temor es una operación mental que distorsiona la realidad, magnificando  las posibles consecuencias de lo temido.

Especialmente hoy, gracias a la globalización de las comunicaciones, la crisis financiera surte efectos psicológicos devastadores no solamente en quienes tienen sus fortunas en riesgo, sino también en quienes tienen menos que perder.

Frente a tal adversidad, debemos echar mano de nuestras reservas espirituales y convencernos de que, independiente de la magnitud de los eventos, tenemos capacidad para superarlos, porque como hijos de Dios disponemos de parte de su poder, precisamente para utilizarlo en estos casos.

Es posible que resultemos personalmente afectados, porque como parte de nuestra vida, siempre hemos enfrentado problemas de diferente índole, pero los hemos superado y de ellos hemos derivado experiencias capitalizables para vivir mejor.

En los años vividos, siempre hemos localizado el sustento para nosotros y nuestras familias; en mayor o menor grado, pero lo hemos conseguido. Nuestros niños han continuado creciendo, asistiendo a la escuela, y nosotros viviendo este maravilloso mundo de las cosas sencillas que Dios nos dio como heredad, donde hemos aprendido que la felicidad depende de nuestra personal circunstancia.

¿Qué es lo peor que nos puede pasar?  Bajar nuestros ingresos y moderar el consumo; disminuir la recreación y rebajar la actividad social. Pero seguiremos viviendo y cada día traerá una nueva oportunidad.

El aire, el agua, el sol, la tierra y con ellos los alimentos que necesitamos para subsistir y el… amor seguirán aquí, porque poco tienen que ver con la cosa financiera.

¿Qué puede complicarse satisfacer nuestras necesidades básicas? Es previsible que así sea, pero será un reto más y lo superaremos; siempre hemos salido adelante con fe, optimismo, diligencia y confianza. Se trata de asuntos por resolver,  y como en casos anteriores, los resolveremos.

¿Aporta alguna solución atemorizarse? No. Lo único inteligente que podemos hacer es asumir la situación, analizarla, procesarla y hacer todo lo que esté en nuestras manos para reducir su dificultad.

Tenemos que convencernos que no estamos solos con nuestros problemas. Dios está aquí para ayudarnos, si tenemos fe y somos diligentes. Es todo lo que requerimos y no es tan difícil. No ayuda la perturbación ni el temor. Debemos recordar que: «…quien a Dios tiene nada le falta, sólo Dios basta.»

“DAME TU MANO Y JUNTOS ENCONTRAREMOS EL CAMINO”

18763312163134492En un mundo que hemos hecho muy complejo y donde la sensibilidad pareciera estar en su más bajo nivel,  no es fácil caminar solo hacia el logro de la felicidad personal. Siento que hoy, más que nunca,  se requiere la mano solidaria, consecuente y amorosa de una pareja, con  la cual hacer una sola huella.

En tiempos tan difíciles y de prospección imprevisible, individualmente somos incompletos  y de tal manera aún más vulnerables frente a tantos y diferentes retos, necesarios de superar para lograr la  armonía, equilibrio, sosiego y paz, indispensables para alcanzar tranquilidad espiritual.

Es una necesidad buscar hasta encontrar con quien caminar de la mano, compartiendo una filosofía suficientemente coincidente con los valores de amor, verdad, sensibilidad, lealtad, solidaridad, generosidad, fe, optimismo; y esperanza en que seremos capaces de elevarnos sobre nuestra propia naturaleza individual, para, venciendo todo egoísmo y egocentrismo, compartir como pareja intereses, sueños, ambiciones  y deseos.

No tiene precio el hecho de saber que, luego de la lucha diaria, que deja secuelas en el cuerpo y en el alma, en el hogar alguien espera con los brazos y el corazón abiertos, para calmar esa sed de solidaridad y comprensión, que como un ungüento mágico, hace menos lacerantes las heridas y menos dolorosos… los dolores.

Nada como ese oído atento y esa mano amiga; ese hombro siempre dispuesto para recostar nuestra cabeza, cuando la angustia, el estrés o la depresión, casi naturales en un ambiente cargado, donde el dinero es más importante que el amor, el poder más que la amistad y Dios sólo se invoca en las catástrofes,  para evitar ser presas del pesimismo, la desesperanza y la depresión, que golpean el amor conyugal.

Pienso que todo éxito real de quien vive en  pareja, es obligatoriamente compartido. Esa seguridad de que somos especiales para alguien, en quien confiamos plenamente y que sabemos es la única persona a quien realmente le dolemos; que guarda nuestro sueño y nuestra espalda; que comparte sinceramente nuestras alegrías y tristezas, es la base de la confianza en nuestra propia capacidad que hace posibles nuestros logros.

Por eso hoy, una vez más, quiero hacer una mención especial de elogio a esa guerrera  o guerrero de todos los días que es nuestra pareja;  quien en el trabajo, el estudio y el hogar, sabe coordinarlo todo; sacando tiempo de donde no  hay y fabricando humor de las cosas más nimias,  para hacernos la vida más agradable y llevadera, con tanta dedicación y amor que crea espacio, inclusive para calentar nuestros pies en las noches… de invierno.

05_01EL FUTURO ES HOY Y SE LLAMA… CAMBIO

El Nuevo Presidente de USA no corresponde a una circunstancia del pasado: es un recuerdo que nos envía un futuro, que ya está aquí.

Más trascendente que el color de su piel o su recorrido para llegar a la posición pública más importante sobre la tierra, lo es que represente una señal que nos envía el futuro: un profundo cambio de la estructura social, que utilizará como ariete el sistema económico, cual como lo escribiera Marx, es la única estructura social real, porque lo demás son meras súper estructuras que utilizan los poderosos para sojuzgar a los débiles; porque hoy, más que nunca, la economía es el mecanismos idóneo para profundizar una justicia social global… inaplazable.

Barack Obama es la punta del iceberg de un nuevo mundo, que no podía continuar a favor de los privilegios de las minorías y en contra del derecho natural de grandes mayorías humanas, a obtener la cuota parte que en justicia les corresponde, en un mundo que fue dotado con todo lo que se requiere para vivir felices.

No tiene Obama una varita mágica, ni es labor de un solo hombre y su equipo, especialmente en momentos de una grave crisis económica mundial, guerras y convulsiones propias de los acomodos del mundo. Es una labor titánica; pero si existe la voluntad para producir cambios profundos, con una forma nueva y diferente de ver la razón de vivir, y un pueblo trabajador como el norteamericano le pone el hombro, creo que está comenzando bien.

No se puede cambiar de la noche a la mañana un modelo económico desarrollista, diseñado en función de la acumulación de riqueza y no de la mayor felicidad del ser humano. Ese escaso 5% de la población mundial que, de forma grotesca disfruta del 70% o más de sus recursos, no va a hacerle las cosas fáciles  a Barack Obama, ni a quienes como él en el mundo hoy representan un nuevo liderazgo que acelerará los cambios.

En un planeta con capacidad para alimentar a doce mil millones de personas, con una población que no llega ni a la mitad, hoy más de mil doscientos millones están bajo pobreza crítica: mayor prueba del fracaso, imposible.

El mensaje de producir una mejor redistribución de la riqueza encontró eco en una sociedad multiétnica, sedienta de equilibrio en las oportunidades, como es la norteamericana; lo ofreció el hijo de un inmigrante y de una minoría étnica, pero que no puede considerarse económicamente pobre o resentido, y el electorado lo creyó.

El camino es largo y difícil; especialmente por quienes, por su ansiedad e ingenuidad les será difícil comprender el proceso, que no producirá frutos de la noche a la mañana.

No importa de que país es presidente Obama; donde nació, su raza, sus padres, donde vivió o estudió. Lo importante es que representa un símbolo de cambio profundo en el país más desarrollado del mundo, que aúpa definitivamente, ese que todos los hombres de buena voluntad, en todos los rincones del mundo, tratamos de generar y hemos estado esperando desde que tuvimos uso de razón.