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Archive for the ‘FUERZA ESPIRITUAL’ Category

«EN TODA OPORTUNIDAD BUSCA AYUDA, PERO SI TIENES LA DE DIOS… ES LA MEJOR»

Hoy, cuando los temores abundan porque se teme al terrorismo internacional, asesinos en serie,  depredadores infantiles, al VIH,  los precios del petróleo,  al recalentamiento global y… pare de contar, cualquiera de estas realidades, sin considerar otras muchas como perder los bienes, un amor o un ser querido, se convierten en factores de perturbación, que podrían llevarnos a un estado mental de pseudoparanoia, por decir lo menos.

¿Qué hacer frente a tantos posibles riesgos?

Como habitante de esta aldea global que crece y crece… sobre todo en problemas, no creo exista una fórmula mágica para la tranquilidad que funcione para todos. Pero sí puedo comentarles lo que, siendo menos joven en años y en bienes materiales que muchos, he hecho para evitar que esos agentes negativos afecten mi decidida intención de continuar  disfrutando una vida feliz.

Acepto y asumo mi vulnerabilidad personal física; admito que puedo ser objeto de esa violencia indiscriminada e injustificada, que pareciera haber llegado al mundo para quedarse, quien sabe por cuanto tiempo. Pero al asumir y aceptar los riesgos, abro opciones que me permitan vulnerarlos, o por lo menos disminuirlos.

Me convenzo de que se trata de riesgos POSIBLES pero no actualizados. Por tanto, dependerá de como actúe el que esas posibilidades no se conviertan en reales probabilidades, para lo cual debo neutralizar  el temor porque distorsiona la realidad y magnifica situaciones que aún no han llegado y quizás… nunca lleguen.

Controlado el temor, desenvaino mi arma más poderosa: mi fuerza espiritual que me asegura que soy un pedacito de Dios, quien es el más poderoso y me transmite parte de su poder y sabiduría, dos elementos contundentes frente al mal.

Para atenuar las posibles contingencias malignas, me escudo en mi amor por la gente y mi sentimiento de aceptación a mis hermanos humanos, quienes, en su mayoría, son buenos y sólo buscan  ser aceptados y  tomados en cuenta con todas sus virtudes y… defectos.

Pero lo más importante para evitar que me afecten gravemente esas posibles contingencias dañosas, es mi convicción absoluta de que nada, ni una hoja se mueve sin la voluntad de Dios;  y que, independiente de cual sea la magnitud del riesgo o peligro, su acaecimiento siempre dependerá de su voluntad.

Así he vivido mis 67 años y aquí me tienen, feliz, con salud, con una bella familia. Siempre bajo la protección de Dios; haciendo las cosas que pienso le agradan, cuales no son difíciles, pero además agradables: confiar en su poder y bondad, aceptar y amar a mis hermanos como a mi mismo, compartir con ellos y tratar de serles útil. Confieso que no me ha sido difícil entenderlo, asumirlo y convertirlo en mi arma defensiva más eficaz, quizás porque me ha funcionado… siempre.

Por eso hoy, mi admonición final es: NADA PUEDE AFECTARME SI DIOS NO LO APRUEBA y Él sabe mejor que  yo lo que me conviene. Puedo vivir tranquilo, estoy en  las mejores manos.

 

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«En este bendito nuevo día, todo está previsto. Nada queda fuera de mi plan divino, porque Dios me acompañará hoy y por siempre.»

Las veinticuatro horas de cada día, la expresión oral o pensamientos de las cosas que deseamos que sucedan, o los temores de no lograrlas, representan DECRETOS que se convierten en condicionantes de nuestros actos.

Nuestro cerebro y espíritu nunca descansan y están siempre despiertos. El espíritu, con contacto con Dios orienta nuestra voluntad hacia la superación, elevación progresivas y el logro de nuestros mejores fines. El cerebro, que responde a esas motivaciones espirituales y volitivas, las transmite como órdenes que ponen en movimiento al resto del cuerpo.

Así, cuando decretamos que tenemos buena salud, que la vida es bella, que estamos contentos, que vivimos de la mano de Dios, ese mensaje recibirá de nosotros esa fuerza universal que rige nuestras vidas y en función de eso nos devolverá los resultados.

Si decretamos que todo lo que haremos estará en función de amar y disfrutar las personas, el paisaje y todas esas bendiciones que Dios puso sobre la tierra para nuestro disfrute, nadie podrá interferirlo, porque la fuerza del decreto la respalda ese poder superior y universal.

Decretar que rebosamos de amor, suficiente para nosotros y nuestro prójimo; que somos fuente de placer, de alegría, de generosidad nobleza, sensibilidad, caridad y solidaridad, asegurará que los resultados de nuestras realizaciones lo sean de la misma naturaleza.

Cuando decretamos que dando nuestra mano transmitiremos optimismo, alegría, salud, ese decreto transformará nuestro saludo afectuoso en influencia magnética positiva, que alcanzará y beneficiará a nuestros interlocutores, aunque pudiera ser que conscientemente ellos no lo perciban. Pero además incrementará nuestra fuerza positiva y felicidad.

Así como cuando decretamos cosas positivas y beneficiosas, el universo conspira para que se materialicen, de la misma forma, si nuestros dichos son negativos (decretos), esa misma fuerza universal hará lo necesario para que se cumplan conforme los decretamos.

Creo en el pensamiento positivo, la inteligencia emocional, la autosugestión, la telepatía, la visualización; así como que, en mayor o menor grado, la ley de la atracción influye en nuestras actuaciones, conforme nuestras presunciones y operaciones mentales.

Por dilatadas, edificantes experiencias y resultados, la vida me ha demostrado que no es suficiente con el decreto, la visualización, la buena intención y el magnetismo, sino que todos estos elementos primordiales deben ir acompañados de la proactividad y diligencia personal.

Millones de proyectos, buenas ideas e intenciones, se quedaron en el nebuloso mundo de las ideas, porque carecieron del dinamismo que le imprimen esos elementos fácticos representados por la diligencia, la proactividad y la mejor dedicación a su materialización.

Por eso, en adelante, cuando le asalten pensamientos negativos, se atemorice pensando que no puede lograr algo, decrete lo contrario; convénzase de que es posible; de que Dios no se muda, sino que sigue a su lado confiando en su inteligencia, confianza, fe y diligencia en las cosas que hace… no lo defraude.

Próxima Entrega: PROGRAMA DIARIO DE VIDA

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Más allá de cualquier especulación teórico-filosófica sobre el significado de la verdad, hoy comentaré sobre su valor según mi óptica personal y en función de la felicidad.

Creo firmemente que Dios es la suma y el fundamento de toda verdad. Eso quiso decir Jesús cuando predicó: «Yo soy el camino, la verdad y la vida.»

Aprendí que la mayor recompensa por decir la verdad, es que me hace libre; por oposición en contrario, la mentira me esclaviza.

Si digo la verdad no me preocupo por su consecuencia, porque responde a mis motivaciones personales, que son racionales y lógicas. Expresan lo que creo bueno para mí y para mis semejantes. Mi verdad la sostengo y puedo repetirla siempre de la misma forma, porque responde a mi idiosincracia y es parte indisoluble de mi propia conciencia.

Gracias a que siempre digo la verdad, vivo tranquilo y sin preocupación de que alguien pudiere aprovecharse de mis dichos, porque representan la realidad de lo que creo, siento, hago y espero de los demás.

Sentir que digo la verdad me da suficiente fortaleza espiritual, para creerme digno e influir en las demás personas y generar su confianza, que se fortalece cuando verifican que mis palabras se compadecen con mis actos.

No creo en la divulgada conseja de que la verdad es completamente relativa, que cada cual tiene su propia verdad, o que lo es del color del cristal con que se miren los acontecimientos. Si eso fuera así, simplemente la anarquía dominaría la sociedad.

Vinculo la verdad a mi conciencia, a mis convicciones más elevadas, a los principios éticos que rigen mi vida; cuales no pueden estar divorciados de mi concepción de Dios, que me indica que son el amor al prójimo y la búsqueda de su beneficio, los indicadores básicos de cuando estoy en presencia de la verdad.

Mi verdad no puede dañar a mis semejantes, porque todas mis actuaciones son en uso de mi libre albedrío. Expreso sólo lo que deseo, hago o soy capaz de hacer,  pero sobre la base de mis principios éticos, sin importar si es o no del agrado de otros: siempre en función del bien común.

Si miento pierdo mi libertad de sentirme íntegro, satisfecho y orgulloso de mí mismo, al tiempo que me inicio en el estresante camino sin regreso, de temer que puedan descubrir mis mentiras.

Quienes me aman pudieran dejar de admirarme por cualquier circunstancia, pero no porque descubran que miento. La verdad genera la libertad indispensable para disfrutar del amor y juntos hacen un trío indisoluble; si alguno de ellos falla, los otros dos no saben como vivir con plenitud.

La verdad otorga y genera la confianza indispensable para amar sin reservas y entregarse plenamente, cual es el fin último de toda relación humana; al menos para quienes no nos contentamos con llamarnos cristianos, sino que hacemos todo lo que podemos por realmente actuar como tales, poniendo como norte de nuestras actuaciones, el amor a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

Si tienes alguna duda o requieres aclaración sobre el tema aquí tratado, el correo del autor está disponible: amauricastillo@gmail.com

Próxima Entrega: DOS SON MEJOR QUE UNO

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Todos los días y cada instante es tiempo para enamorarse. Son tantas y tan variadas las sensaciones, percepciones, personas y cosas maravillosas que nos rodean, que sería imperdonable no enamorarnos de tanta belleza.

Como hijos de Dios fuimos dotados de tal capacidad para amar, que en nuestra alma y espíritu, siempre hay espacio para todo y para todos… en todo momento.

Tal importancia tiene el amor, que cuando por cualquier circunstancia perdemos la capacidad de amar, desaparece el principal incentivo de vivir y la naturaleza, sin mucha pérdida de tiempo, se encarga de devolvernos a donde vinimos.

Acertadamente alguien escribió: «Para estar contento, activo y sentirse feliz, hay que estar de novio con la vida.» Hace unos cuantos años, al suscribir este apotegma lo hice parte de mi vida, obteniendo los mejores resultados en mi reconfortante vida sentimental.

Especialmente, en la relación amorosa que une a dos personas, el color rosa, la música y el perfume identifican el amor. Idilio, magia, curiosidad y un toque de locura, lo hacen posible. La ternura, aceptación, pasión y fantasía, permiten sentirlo. El sexo y su vinculación físico-espiritual, que promueve la entrega sin reservas, obsequian su máxima expresión de goce.

Comer, dormir y contemplar el mundo en toda su maravillosa extensión, sin duda es reconfortante, anima y mantiene nuestra vida física; pero para lograr la plenitud requerimos satisfacer necesidades intangibles, que son las que por virtud de nuestra razón, alimentan el alma y espíritu, siendo el amor la de mayor jerarquía para producirnos la anhelada felicidad personal.

Procurar, priorizar y vivir todas esas sensaciones es un estado mental, físico y espiritual que debemos hacer permanente, para poder decir con propiedad que «estamos enamorados.»

Sobre la trascendencia del amor entre dos personas como lazo fundamental para su plenitud, Luciano de Crescenzo nos regaló su mejor expresión cuando sentenció: «Cada uno de nosotros somos ala, y solo podemos volar cuando nos abrazamos a otro.»

Todas las cosas trascendentes en nuestra vida, corresponden a decisiones que son intangibles, que no requieren nada físico, sino la actitud de realizarlas y la aptitud para concretarlas. Simplemente, corresponde a nuestra decisión personal, tomarlas o dejarlas.

Pienso, que si no logramos interpretar estos mensajes y los aplicamos debidamente a nuestra cotidianidad hasta lograr enamorarnos de la vida, haciéndola color de rosa, con música sublime y perfume excelso que nos identifica como enamorados, nuestra capacidad de ser felices será muy limitada.

Por otra parte, si no logramos conquistar esa felicidad que todos merecemos, corremos el riesgo de tener que, al final de nuestra propia vida, hacer la dolorosa confesión atribuida al brillante, pero ya desaparecido, escritor Jorge Luís Borges cuando, en el contexto de algunas de sus reflexiones, expresó: «He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer: No he sido feliz».

Próxima Entrega: UNA OCASIÓN ESPECIAL

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lagrimas.jpgConsiderando que la felicidad como la realización espiritual del individuo, ésta va a depender de la convicción de que es en su interior donde residen los mecanismos que la hacen posible.

No existen elementos físicos, materiales o tangibles, cuales por sí solos puedan hacer la felicidad del individuo, sino que, al satisfacer alguno de sus sentidos, podrían complementarla.

No es el volumen o naturaleza de los bienes materiales lo que determina nuestra plenitud, sólo pueden mejorar la parte física de nuestra existencia. La felicidad,  requiere la sensación de paz con nosotros mismos, derivada de nuestra actuación apropiada.

La felicidad, como los valores y sentimientos trascendentales, viven en nuestro ser interior y son intangibles, lo que nos asegura su control permanente.

Así como elementos externos pudieren afectarnos positiva o negativamente, somos nosotros con nuestra fuerza espiritual y valor personal, quienes determinamos la entidad en que nos perturban.

Habitamos un mundo por su propia naturaleza  traumático. Arribamos mediante un acto físicamente traumático para ambos, madre y bebé: el parto. Pero los sentimientos de amor arraigados en sus almas, les hacen superar en minutos el trauma, al imponerse su espiritualidad.

Luego, durante nuestra vida, por su bipolaridad corren paralelos los valores y antivalores: el amor y el odio, el pesimismo y optimismo, la fe y la incredulidad, dolor y plenitud, tristeza y alegría, bondad y maldad. Todos servidos en la mesa de la vida,  a nuestra disposición y conforme a la actitud que determine nuestro libre albedrío.

Es esa la razón por la cual, aún en las situaciones más inverosímiles, como la muerte y la destrucción, para unos puede resultar doloroso mientras que otros pueden percibirlo como agradable o satisfactorio.

La concepción de la vida como nuestro mayor tesoro, la fe en la inmediatez con Dios, la fuerza de la oración, el optimismo y la esperanza, son sentimientos poderosos que han permitido al  hombre superar las mayores catástrofes, sobre la base del principio de que: «Aún en la situación más lamentable, es la vida del  hombre siempre amable.»

«Las crisis» no son algo nuevo, sino parte de nuestra condición inteligente. El mundo y las sociedades organizadas como los grupos humanos originarios, de alguna manera siempre han enfrentado alguna crisis. 

Durante mis más de sesenta años con uso de razón, estoy consciente de que siempre hemos estado en crisis: Guerras y conflictos mundiales, entre dos Estados o internos; pobreza, exclusión, intolerancia racial, religiosa y la ignorancia, siempre han sido fuente de crisis para los que la sufren.

La complejidad del ser  humano es asombrosa. Nuestra condición natural gregaria nos llevó a crear instrumentos especiales de carácter masivo, que como sociedad e individualidad nos hizo aún más vulnerables, siendo que en muchas de sus iniciativas inicialmente beneficiosas, subyace la posibilidad de su propia «crisis».

Mientras desayunaba escuché con estupor, que en el Mediterráneo y Golfo Pérsico se rompieron especiales cables que han dejado sin el servicio de Internet por varios días, prácticamente a dos continentes con cientos de millones de personas, donde el 60% de las comunicaciones se procesan mediante esos instrumentos, creados por el hombre, supuestamente para su bien, creando una crisis gigantesca a madres de familia, viajeros, empresarios y el Estado que se verán imposibilitados de complementar sus necesidades más apremiantes, en hogares, hospitales, hospicios , refugios, porque los fondos están paralizados, en bancos que dependen exclusivamente del servicio de Internet para la movilizaciòn de los mismos.

¿Cómo actuar ante estos fenómenos? Esa es materia que tocaremos en la entrega de mañana. Como siempre, aquí los espero…

Próxima Entrega: LA FELICIDAD EN TIEMPO DE CRISIS (Cómo Afrontarla)

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