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Archive for the ‘FE EN DIOS’ Category

El ABURRIMIENTO EN LA PAREJA

mujer frustrada ii

El aburrimiento o  hastío, no surge del no hacer nada ni tampoco del resultado de no tener como distraerse;  serios estudios han determinado que es uno de los factores que incide en  un alto porcentaje en la separación de  parejas, que hoy pareciera pandémico.

                    El hastío en la pareja surge porque los consortes, poco  a poco, dejan extinguir la magia de los primeros tiempos, que hacía de cualquier momento sencillo algo reconfortante; y la solidaridad que se juraron por siempre, cual asimismo tiene mil maneras de expresarse, igualmente  se convierte en tan sólo un recuerdo que abona el terreno para el aburrimiento.

La vida de pareja puede ser la aventura más emocionante y variada que un ser humano pueda experimentar o convertirse en el recorrido de un largo camino lleno de malos momentos, como privaciones, incomprensiones, discusiones innecesarias, deslealtades e inconsecuencias por parte de uno de  los integrantes, que hará nacer la frustración de la otra parte, transformando lo que pudo ser bello y edificante en algo realmente aburrido y a veces… aberrante.

                   Miembros de pareja, especialmente mujeres, me han comentado que no obstante el interés y amor que ponen en la atención de cualquier detalle de su esposo, éste ni siquiera lo nota. Asimismo, que sin importar todo el esfuerzo que dediquen a mantenerse bellas y agradables para su marido, él sólo tiene palabras de alabanza para la imagen de su secretaria, compañeras de trabajo o vecinas.

                    Estas buenas señoras, cuando salen a la calle o asisten a reuniones, otros hombres y amigos se desviven por halagarlas y les dicen todas esas cosas reconfortantes sobre su belleza y vestuario, que ellas quisieran lo hiciera su consorte, y eso incrementa su descontento y sentimiento de desconsideración recibidos de su pareja; máxime cuando su mayor interés para ponerse bellas fue precisamente el agradar a sus maridos.

                    El dejar de tener las atenciones y agradable rutina de los tiempos de novios o recién unidos, donde un caramelo convertía un día normal en uno especial, y una flor una noche cualquiera en una inolvidable, golpean la ternura y lesionan el erotismo tan importante en la actividad sexual de la pareja, que la hace permanente, constante y renovada.

                   El aburrimiento es el producto de las desavenencias, que conforman un panorama sombrío golpeando la emoción y la autoestima, tan necesarias para la vida en pareja; condiciones indispensables para pensar que fuimos acertados en la escogencia.

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Si invocamos a Dios y todo lo hacemos en su nombre, gracias a esta forma de vida sentimos que podemos amar sin limitaciones ni exclusiones porque, sin importar quienes somos, de dónde venimos o a donde vamos; cual nuestro sexo, posición social, económica, ideología o religión; sabemos que conformamos la gran familia humana, que es su creación más acabada sobre esta tierra para hacernos uno con él y nutrirnos de su esencia divina que nos transfiere una parte de su poder, que es inconmensurable como lo ratificó Jesús de Nazaret cuando sentenció: “…si tienes fe como una semilla de mostaza, moverás esa montaña…”

Cuando observo tantas personas atemorizadas por el castigo divino que supuestamente les espera; que se complican su vida con problemas, que por su intrascendencia son sólo asuntos por resolver, siento que por ignorar ese poder heredado de Dios, están desperdiciándolo para resolver asuntos elementales de sus vidas, que progresivamente convierten en importantes.

Por experiencia propia sé que no es difícil producir esos cambios de actitud, ya que mientras no los conocí, procesé internamente, me convencí y practiqué, también viví con temores, zozobra y angustias injustificadas, que sólo eran producto de mi ignorancia de ese esencial conocimiento tan fácil de usar, pero que atrasaron mi felicidad y la que pude dar a otros por muchos años.

Es un tema de reflexión que dejo para mis lectores, en la vía de ayudarles a vivir una vida con menos temores y más edificante, que en mi caso me dio inmejorables resultados y no tengo duda que quien de ustedes se convenza de ello, mejorará en muy poco tiempo su forma de vida, convirtiéndose en fuente amor, optimismo y bondad para sus relacionados.

En recuerdo de lo que pude hacer y no hice por mí mismo y por las personas que amé y amo, precisamente por desconocer cómo aplicar estas verdades, quisiera ayudar a otros a evitárselo dejándoles para su revisión, meditación y a ser posible ACTUACION, estas reflexiones que no son ficción sino experiencias de mi propia vida.

Así, amorosa pero respetuosamente, les sugiero que, más allá de cualquier creencia religiosa –que no se afectaría con su nueva actitud- se convenzan de que tienen ese poder de Dios dentro de sí mismos, y usándolo diariamente en su amor con la familia, trabajo, salud y en sus relaciones con las otras persona y puedo asegurarles que SERÁ ESPECTACULAR EL que experimentarán en sus vidas.

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LA ENFERMEDAD Y EL ESPIRITU (TERCERA ENTREGA)

                            AYUDATE  Y  YO  TE  AYUDARÉ

Frente al multimillonario negocio que ha resultado para laboratorios y “especialistas” los más de mil tipos de cáncer (Existentes especialmente en sus mentes),  diariamente divulgados y que inciden en contra de nuestra economía y salud, algo tenemos que hacer para protegernos.

Desde mi óptica, nada comprometida con intereses económicos ni científicos, pero profundamente humana y elementalmente práctica, dos son las armas más efectivas a nuestro alcance: en primer lugar, nuestra fe en el poder que Dios nos comparte en cada segundo de nuestra existencia; y en segundo término, una alimentación balanceada y menos acidificante de nuestro cuerpo, cual es el terreno abonado para la mayoría de las enfermedades,  conforme a la opinión del Dr. Otto Heinrich Warburg (1883-1970), Premio Nobel 1931 por su tesis «La causa primaria y la prevención del cáncer», quien atribuía esta enfermedad a una “…alimentación antifisiológica y un estilo de vida antifisiológico…”. Este científico de la salud relacionaba la “Alimentación  Antifisiológica”, a la dieta basada en alimentos acidificantes y sedentarismo. Sobre esta base él determino que “Los tejidos cancerosos son tejidos ácidos, mientras que los sanos son tejidos alcalinos.»

 De tal manera, en primera instancia nuestro fortalecimiento espiritual nos protegerá de muchas enfermedades, en la medida en que no tengamos duda de que:

-Somos la obra más acabada y perfecta de Dios y por tanto nada debemos temer;

-Como hechura de Dios, lo normal es la salud,  la enfermedad es la excepción;

-Tenemos capacidad para vencer cualquier padecimiento, porque nuestro cuerpo  se renueva permanentemente;

-Nuestro cuerpo sigue las órdenes de la mente que se conecta con el espíritu y este con Dios, quien nos transfiere su poder y podemos aplicarlo;

-Nada es más poderoso que Dios y Él está con nosotros y así será… siempre.

Para crear las condiciones para aplicar la efectividad de nuestra fe, estamos obligados a amar y por tanto cuidar de nuestro cuerpo físico, proporcionándole alimentos que fortalezcan el organismo mediante un metabolismo  fisiológicamente idóneo.

Así tendremos que, para tener una vida sana deberemos estudiar la abundante información tanto en Internet como en otras fuentes, de cuál es el valor nutritivo y curativo de las frutas y los otros vegetales, que tenemos a nuestro alcance; así como el nivel de utilización de fertilizantes e insecticidas en su producción, que pudieran afectar negativamente su consumo.

En segundo término, investigar los niveles de acidificación de las diferentes carnes y otros productos energéticos utilizados en la alimentación, especialmente el azúcar refinada. Asimismo, revisando sobre los conservantes utilizados en los productos enlatados y embotellados, así como su integración química para determinar su influencia en la salud.

Con toda esa información procesada y evaluada, estaremos en plena capacidad de consumir y utilizar aquello alimentos que nos permitan considerarnos sanos, fuertes y bellos, lo cual unido a nuestra espiritualidad nos hará menos vulnerables, y quizás inmunes a la mayoría de las enfermedades. Es esta la actitud que conozco en la gente sana y… feliz.

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“No hay enfermedad del cuerpo sin enfermedad del espíritu.”

He recibido solicitudes de lectores quienes, además de sus problemas sentimentales y económicos, dicen sentirse agobiados por enfermedades sin una razón aparente, que les sumerge en una existencia indeseable, sobre tratar la posible vinculación entre la tranquilidad espiritual y la salud integral.

Trataré de emitir algunos criterios más allá de cualquier disquisición terminológica sobre términos  médicos, sobre lo que considero relación directa entre el espíritu y nuestra salud, desde una visión holística del entorno humano y no únicamente física o espiritual.

En esta página diariamente tengo contacto con cientos de personas que como yo, sentimos la importancia de tratar el tema con la mayor amplitud de criterios posible, no sólo del punto de vista estrictamente médico curativo, sino más allá, dentro de la nueva psicología y otros planteamientos de carácter psiquiátrico; porque al fin y al cabo, todos somos afectados.

Al  menos en el entorno de mis asesorados, la mayoría de quienes manifiestan deterioro de su salud, al analizarlos en su intimidad, se observa que viven inmersas en conflictos personales sentimentales y/ familiares, resentimientos, frustraciones y sentimientos de retaliación, lo que denota que sus enfermedades son consecuencia de su intranquilidad espiritual.

Es que en mi opinión, luego de haber  superado los setenta años sin enfermedades diferentes a una apendicectomía o un resfriado cada varios años, estoy convencido de la perfecta vinculación entre la mayoría de las enfermedades y la situación de desequilibrio o desarmonía físico-espiritual.

Sobre el tema, enriquece comentar lo expuesto por  el desaparecido Psiquiátra, conferencista y escritor francés David Servan-Schreiber: “No se puede separar el estado físico del estado mental… la clave de la medicina del siglo XXI será el vínculo entre el cuerpo y el espíritu… esta sabiduría está siendo recuperada por la medicina, porque la ciencia demuestra que funciona.

No obstante, el fundamento de este calificado criterio de un científico de la Salud no  es nada nuevo, ya que, cientos de años antes de Jesucristo, un filósofo griego comentaba: “No hay enfermedad del cuerpo sin enfermedad del espíritu.”

Hoy existe una extraordinaria expectativa en el mundo sobre el tema de la espiritualidad vinculada a la felicidad; y consecuencialmente, la influencia de su desequilibrio sobre el surgimiento de las enfermedades, como una reacción de nuestra parte física ante esa intranquilidad espiritual, lo cual alcanza una diversa escala de investigación, estudio y divulgación,  cuyos resultados, por la limitación de espacio, continuaré tratando en la próxima entrega.

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EL CANCER DE MAMAS

El Dr.  Hammer ha insistido por unos cuantos años en que el cáncer, especialmente el de mamas, es producto de la frustración, la tristeza, el estrés, la ira,  y todos esos sentimientos negativos que surgen como consecuencia de problemas familiares y malas relaciones  de  pareja.

Como no soy médico, no puedo emitir criterio científico especializado sobre el tema. Pero lo que sí puedo permitirme es opinar –desde mi óptica, resultado de la experiencia de más de 6O años- que, al menos yo,  personalmente, no conozco ninguna dama con cáncer de mamas, que sea alegre, ame intensamente, esté feliz con su vida, disfrute de buen humor, demuestre fe, confianza en sí misma y en su entorno.

Creo que casi todas las enfermedades –especialmente el cáncer-  surgen como una respuesta a vacíos y problemas existenciales que no somos capaces de procesar y superar como experiencias de la vida,  necesarias, superables y susceptibles de  nutrir nuestra experiencia para vivir una existencia mejor en el futuro.

Somos seres realmente especiales y con poderes inusitados, en tanto y en cuanto nos convenzamos de ello y lo hagamos parte de nuestra vida. He presenciado cuando los médicos, en Venezuela y luego en el exterior,  han desahuciado a dos años de vida, a una dama muy cercana para mí.  Sin embargo, ella se empeñó en utilizar su poder personal para vencer la enfermedad y su resultado fue que,  más de treinta años después, se encuentra mejor de salud que nunca.

¿Milagro? Seguro…  pero no un milagro sacado con pinzas del sombrero de un mago o una beata rezandera, sino el milagro de la fe, la diligencia, la convicción de que sí se puede, porque tenemos origen divino y por tanto,  madera de Dioses. Es que, nosotros mismos,  como seres humanos, somos… un milagro, el más grande del mundo.

En este día internacional de sobrevivientes de cáncer, quiero dejar un mensaje de esperanza y amor a las damas que temen  alguna vez sufrir un cáncer de mamas: si cuidas tu salud en una vida sana, si te amas a ti misma como máxima obra de Dios, si amas a las personas, si transformas el temor en amor, si aceptas sin rencor que un amor se vaya, si tomas la vida como un regalo maravilloso de Dios, si crees en que tu salud la define tu estado de ánimo, creo que… NUNCA SUFRIRÁS CÁNCER DE MAMAS.


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INOCENCIA Y FELICIDAD

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                               LA PREOCUPACION ES FUENTE DE ENFERMEDADES

EL ESTRES,  cuya significación es “tensión», surge como respuesta natural, ante una circunstancia que consideramos amenazante para nuestra tranquilidad.

Independiente de teorías y terminología científica abundante, el estrés que afecta a la persona común podemos equipararlo con la angustia: temor a algo que no logramos determinar perfectamente.

El estrés nos afecta por el trabajo, los problemas íntimos de pareja y familiares, el futuro de nuestros  hijos, la situación nacional e internacional, por lo que recordamos de ayer y hasta por lo que pensamos que pudiera suceder mañana.

 ¿Resultado? Nerviosismo, ansiedad, desazón, mal humor, desesperación, desconcentración y su secuela negativa sobre nuestras relaciones humanas.

Hoy,  el estrés se ha convertido en una verdadera pandemia; con el agravante de que no genera solo una enfermedad, sino que se constituye en fuente de la mayoría de estas.

Pero… ¿Qué lo produce?

Pienso que la falta de fe en sí mismos y en que podemos ser del tamaño de cualquier circunstancia.

Acepto que somos física y espiritualmente vulnerables; pero tenemos capacidad especial para enfrentar cualquier reto o situación, por adversa que sea. La vida no nos es dada hecha, sino que tenemos que hacérnosla, pero eso pudiera resultar lo más interesante de la existencia.

No creo en el estrés como algo fatal, porque sé que, como el temor, es una creación negativa de nuestra mente: una mala pasada que nos juega  la parte reactiva de nuestro intelecto; pero que como algunos otros incidentes de nuestra vida, estamos obligados y podemos  controlar.

Las principales armas para controlar el estrés son nuestras convicciones y nuestro maravilloso estado de ánimo. Las primeras, que se nutren del poder que nos otorga la razón e inteligencia de que disponemos para hacer las cosas apropiadas en el momento correcto; y el segundo, que nos permite darle el color deseado a cada acto de nuestra vida.

Porque… si hago las cosas lo mejor que puedo; si mis valores y principios se fundan en el bien social; si amo a la gente y soy útil a mis semejantes; si sé que todo tiene una razón y nada sucede sin la voluntad de Dios…

¿Cuál estrés (tensión) puede ser más fuerte que mi voluntad y mi capacidad de supervivencia?

Ninguno, porque soy la máxima expresión de ser alguno sobre la tierra; tengo poder sobre mí y sobre todo lo creado, porque heredé de Dios amor, valor e inteligencia.

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¿Qué es la juventud o la vejez y cómo se presenta más allá de la edad cronológica?

Más allá de la semántica, estas interrogantes quedan al arbitrio de quien sobre ellas quisiere predicar algo.

He compartido con personas que acumularon varias decenas de años, pero tenían viva y activa su curiosidad, entusiasmo e interés por explorar nuevos caminos y proyectos,  quienes  de tal manera mantenían una juventud prolongada.

Quien acuñó el término “años dorados” fue alguien realmente brillante. Es esa edad la que nos permite mirar la espalda de las cosas, cuando parados sobre el pedestal de lo vivido, podemos determinar sin mucho problema quienes realmente son viejos  porque se sienten como tales  y quienes, independiente de los años vividos, disfrutan de juventud prolongada.

También he conocido algunos que  a los treinta años, por su forma de ver la vida y las cosas, su temperamento timorato, taciturno y negativo, parecían encontrarse de vuelta del final del camino, cual verdaderos… viejos.

Porque… más allá de la apariencia física ¿Qué diferencia la juventud de la vejez,  sino el entusiasmo, la curiosidad, el deseo de emprender, experimentar nuevos senderos, retos y proyectos?

¿No es el deseo de soñar, amar con pasión, enfrentar con valor y optimismo la cotidianidad y sus desafíos, independiente de cual fuere su entidad?

No son la cantidad de años vividos lo que determina la actitud juvenil, que se materializa en la aptitud y arrojo al plantearse metas, fantasías e ilusiones, para avanzar de frente y sin tregua a la consecución de su logro, en un mundo sinérgico y cambiante, sino la actitud frente a la vida y sus circunstancias.

Recordemos que fueron personas mayores de cuarenta años, quienes sintiéndose con su juventud prolongada, realizaron los mayores e importantes aportes a la civilización; sin que eso signifique  que brillantes jóvenes no aporten, especialmente en el mundo cibernético,  grandes beneficios a la sociedad contemporánea.

Un sesentón me decía: me siento muy bien con mi edad, tengo dieciocho años, porque los restante cuarenta y dos son de… experiencia.

Lo entendí perfectamente y creo en ello. La edad cronológica es subsidiaria a la edad que sentimos tener. Si nos apreciamos entusiastas, enamorados de la vida y de la gente, sin duda somos jóvenes; pero, si sentimos desgano, aburrimiento y no nos entusiasman los retos y nuevos proyectos, aunque tengamos pocos años, simplemente somos… viejos;  bendito Dios que la decisión es nuestra.

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ESTO TAMBIÉN PASARÁ…

Terremotos, tsunami, explosión en plantas nucleares con efectos impredecibles, tristeza, dolor, sorpresa, terror e impotencia; todo un coctel horrible que debemos tomar… todos, para  lo cual nunca estaremos preparados.

No son solo cifras o guarismos, son nuestros hermanos humanos;  no importa si su piel es negra, blanca o sus lágrimas brotan por una rendija… japonesa; son mis hermanos y me duelen en lo más profundo de mi ser.

Estos días mis desayunos y cenas frente al televisor,  se han humedecido con mis lágrimas. Lloro por quienes no conozco y quizás nunca conoceré; pero el dolor está aquí, rasgando mi espinazo, lacerando mis entrañas. Me siento tan impotente como el que más, frente a tanto dolor y a una naturaleza espectacular, avasallante e impredecible, que no podemos entender ni enfrentar y que, cuando ataca no da tregua.

Por qué sucede todo esto? La respuesta siempre es la misma: no lo sé. En siete décadas, he visto a la naturaleza destruir en segundos lo que costó decenas de años construir; he visto a mis hermanos humanos, independiente de su nacionalidad, posición social, poder, fama, raza o sexo, huir desesperados como hormigas, para caer más adelante, sin saber… por qué.

De todo esto he aprendido que no debo preguntar por qué; nadie puede responderme, porque esa es una respuesta de Dios y no de ningún ser humano. Es una especie de razón de la sin razón, que escapa a mi lógica racional. Ver morir sin conocer el motivo lo mismo a un niño que a un anciano, no encaja en mi raciocinio, pero sí que afecta profundamente mi sentimiento; por lo cual no puedo hacer más que orar y… llorar.

Creo que mi dolor, mi tristeza y mi impotencia frente a tanta adversidad incomprensible, es el precio que pago por mi racionalidad.

¿Por qué? No lo sé   y… quizás sea mejor así. Por eso tengo que inventar algo que me ayude a sentirme mejor frente a mi propia pequeñez y vulnerabilidad ante los elementos de la naturaleza.

Sólo me queda preguntarme: ¿Para qué suceden estas tragedias? Entonces puedo fabricar respuestas que se ajusten a mi experiencia, fe en la vida  y convicción de que todo lo que acontece  siempre tiene una razón, aunque inmediatamente no la conozcamos; porque existe una fuerza universal que ordena todo lo que existe; que lo ha hecho durante millones de años y no se equivoca: Dios.

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CADA DIA TRAE SUS PROPIAS PREOCUPACIONES…

Después de más de dos 2.000 años de haber sido pronunciadas, las palabras Jesús de Nazaret, continúan teniendo plena vigencia, para mantener una existencia armónica y equilibrada.

Siguiéndolas por más de seis décadas, he podido procurarme una vida feliz; por lo cual, dentro de lo posible, trato de divulgarlas.

Una de sus máximas, que para mí es un compromiso por el cual escribo este artículo, fue: “Al que se le da mucho se le pedirá mucho…” y  no puedo negar que  a mí Dios  me ha dado… mucho.

Me entristece observar  personas que, innecesariamente y con obsesión, se  preocupan por lo que pudiere acarrearles el futuro; y lo que es más grave, por malos recuerdos del pasado,

Preocuparse por lo que pudiera suceder mañana, es un ejercicio de adivinación contra nuestra propia tranquilidad; ya que, evaluar eventos inciertos que pudieren perjudicarnos, cuales nadie puede asegurar que sucederán, es una actitud casi masoquista, sin ningún resultado positivo.

Pero, preocuparse por  un pasado, sobre el cual nada podemos hacer para remendar lo errado o doloroso, es tan inútil como intentar tomar varias veces la misma agua de un río, porque  luego que pasa no existe posibilidad de volver a retomarla.

Asimismo, si los problemas diarios normales ya son pesados ¿Cuál será su magnitud si les sobrecargamos con los que  intuimos vendrán en el futuro, más aquellos que recordamos del pasado?

El resultado de tales comunes aberraciones mentales, es gastar nuestro tiempo con esos pensamientos negativos, en vez de  dedicarlo a disfrutar intensamente el  maravilloso hoy, lleno de  bendiciones, precisamente para hacer nuestra vida agradable y placentera, que, como el agua del ejemplo, pasarán y nunca más podremos recuperar.

Jesús, siempre sabio, nos regaló una enseñanza que estamos obligados a meditar y evaluar,  hasta hacerla parte de nuestra actuación diaria, porque, en buena parte, pudiera ser que de ella dependa, nuestra felicidad.

Esa sencilla pero  didáctica  sentencia, que para mí, como todo compendio filosófico de vida, es corto y sencillo, enseña: “Cada día trae su propio problema… basta a cada día su mal.” ¿Verdad que no es difícil entenderla, asimilarla,  recordarla y practicarla?

Nunca es tarde para comenzar;  pero cuando se trata de nuestra felicidad, se convierte en un compromiso. Así que, si somos de los que perturba el futuro o esclavizan las frustraciones y dolores pasados, tomemos esta tabla de salvación y, seguramente que siguiéndola, podremos  corregir el entuerto.

 

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