Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘DIOS ES PRINCIPIO Y FIN’ Category

“Lo importante no es cuánto se vive, sino cómo se vive.”

foto ii

Estoy convencido que la vida es algo más que respirar, comer y dormir; es como una bola de plastilina que se nos entrega al nacer, para que le demos la forma que deseemos. Pero, como únicamente nosotros tenemos acceso a nuestro ser interior, conforme a nuestra individual óptica propia y del entorno resultará mejor o peor.

Por otra parte, el privilegio de poder manejar nuestro estado de ánimo en el período de vida que nos pertenezca, posibilita manejar a nuestro antojo el factor tiempo, respecto de la intensidad de nuestros momentos felices. Así, podemos vivir situaciones por años sin experimentar plenitud, pero en otros casos o circunstancias, en un minuto vivimos un mundo de felicidad.

He presenciado tantas escenas edificantes y aleccionadoras, cuando los humanos somos capaces de ponernos por encima de nuestras miserias humanas y dejamos fluir esa espiritualidad que heredamos de Dios y que simplemente nos hace… maravillosos.

Hoy revisé las fotos de la boda de Katie Kirkpatrick, de 21 años con su novio Nick de 23, el 11 de Enero de 2005 en los Estados Unidos, cuales me arrancaron lágrimas, que no preciso si son de dolor, tristeza, felicidad o alegría.

En su boda Katie estaba espectac

ular con su traje blanco bellísimo que la hacía especialmente tierna y desbordando alegría, obsequiando a los p

resentes su mejor sonrisa, amor y dulzura, aunque ciertamente, se veía delgada… muy delgada, lo cual pareciera natural si consideramos que ella sufría de un cáncer terminal, que le hacía perder peso todos los días.

Su novio Nick, sus padres y los amigos presentes estaban emocionados, inundados de alegría, amor, belleza y… ternura. Al fin y al cabo, ella era la mujer que él había amado desde que era adolescente, y contraer matrimonio con ella no era sólo cumplir una promesa sino materializar un sueño, que se hacía realidad aunque solo fuera por poco tiempo.

En la fiesta, Katie reía a mandíbula batiente sentada en su silla de ruedas, escuchando a su flamante marido y sus amigos cantando para ella. A su lado, su fiel compañero de los últimos años, el tubo de oxígeno que le daba respiración artificial. De tiempo en tiempo, en medio de la fiesta, Katie se paraba pero tenía que sentarse a descansar, porque el dolor no le permitía estar muchos ocos minutos de pie, pero en ningún momento venció su sonrisa.

Katie sabía que le quedaban pocos días de vida -quizás horas- pero los vivió intensamente con ese maravilloso hombre que Dios había dispuesto para ella, quien había permanecido todo el tiempo a la cabecera de su cama y ahora cumplía su mayor sueño. Ella entendía que ese era su regalo de vida, que muchas personas aun con muy buena salud y muchos años por delante, teniendo la oportunidad de vivirlo todos los días, no tenían idea de su importancia y lo desperdiciaban.

Katie… murió 5 días después del casamiento.

¿A dónde iría Katie? No lo se, creo que sólo Dios lo sabe. Pero sí siento es que para quienes tuvimos la oportunidad de verla, aunque fuera en fotos, su carita de ángel, su voluntad venciendo su propio dolor, y su valor por encima de cualquier vaticinio, para disfrutar de una felicidad que le estaba robando a lo poco que le quedaba de vida, representa una valiosa lección que nunca deberíamos olvidar.

Katie nos dejó un mensaje imperecedero: La felicidad convive con nosotros, siempre esperándonos e independientemente de cual fuere nuestra situación; porque en el fondo, en lo más profundo de nuestro ser, lo importante es qué sentimos por la vida y por las demás personas. Pero también, que la felicidad no tiene tiempo definido y, por lo tanto, no se trata de cuanto se vive sino de cómo y por qué se vive.

Read Full Post »

«SOMOS ESPIRITUS VIVIENDO, TEMPORALMENTE, UNA  EXPERIENCIA FISICA.»
aurora-borealis_thUn Lector de este Blog, me solicitó opinión sobre el tema de la vida después de la vida. Como ustedes conocen, no emito criterio más allá de lo que personal e individualmente creo y siento, remitiéndome a mis propias experiencias y forma de ver la vida y las cosas.

Bastante he leído sobre el tema, desde personas que estuvieron al borde la muerte por accidentes, asfixia y otros percances, pero sobrevivieron, hasta aquellas que aseguran haber estado prácticamente muertas, pero fueron revividas por métodos y recursos médicos.

También he asistido a conferencias y escuchado variadas opiniones sobre el tema. En todos los casos, se mantuvo la misma interrogante: ¿Se sucedieron realmente esas experiencias narradas o se trató de alucinaciones?

Nadie puede saberlo, porque el punto entre la realidad y la imaginación de fenómenos es infinitesimal; es determinado por miles de millones de células cerebrales haciendo sinapsis, y el afectado no puede diferenciar entre esa percepción falsa, que es la alucinación,  y la realidad.

Fiel a mis principios, no puedo negar ni aseverar eventos, situaciones o experiencias que no he experimentado personalmente.

Considero que como seres físico-espirituales, la vida después de esta vida terrenal  tiene que ser espiritual, porque nuestro cuerpo se destruye y se incorpora a la tierra; por tanto, no es otra que aquella misma que teníamos antes de nacer. Por eso, siempre he insistido en que la muerte física no debe atemorizarnos, porque representa la puerta al regreso a ese tipo de vida espiritual que teníamos antes de tomar posesión del cuerpo, que nos ha servido de instrumento material en esta vida,   cual tomamos al nacer y aquí dejamos al morir.

Todo lo demás, respecto de la certeza o irrealidad con relación a la vida después de la vida, queda en el mundo de las especulaciones mentales, característica de los únicos entes con razón suficiente para preocuparse de algo más allá de la vida física, cuales somos los seres humanos.

No obstante, dada mi formación cristiana, mi convicción de que mi alma es eterna y no perece con mi muerte, me permite asumir el paso por esta vida física, como uno más en mi progreso espiritual, que me da la oportunidad de vivir extraordinarias y edificantes experiencias físicas, mientras me acerca  progresivamente a mi destino final: lograr la perfección, para volver al lado de mi Padre Celestial.

Es eso lo que creo sobre el tema  y lo declaro con absoluta franqueza.

Read Full Post »

 

«NUESTRA ESTABILIDAD EMOCIONAL DEPENDE DEL EQUILIBRIO DE NUESTROS SENTIMIENTOS»

Factores de diversa índole, algunos positivos y otros negativos, colman nuestra vida diaria, obligándonos a establecer un EQUILIBRIO EMOCIONAL, indispensable para lograr una vida feliz.

Venturosamente, son más las bendiciones, situaciones y circunstancias edificantes, que las que por sí mismas aparentan, o amenazan con convertirse en negativas. De tal suerte, la estabilidad emocional no es algo que pueda adjudicarse, adquirirse o tomarse prestado; se trata de una circunstancia muy personal: nuestra circunstancia; cual a su vez, es producto del equilibrio que establezcamos en nuestro interior, entre lo que consideramos positivo o negativo, lo cual responde a la trascendencia que le demos al personalísimo mundo de nuestra cotidianidad.

No se trata de cómo se desarrollen los eventos, sino como los asimilemos; no es el por qué, cómo y cuando sucedan, sino en la entidad y tiempo que estimemos que puedan afectarnos. Por ejemplo, perder un amor o una oportunidad cualquiera, su efecto dependerá de la trascendencia y tratamiento mental que le concedamos. Tenemos la posibilidad de considerarlo negativo, triste e inclusive doloroso; pero también la opción de considerarlo positivo, porque nos abre la  oportunidad de comenzar nuevas y emocionantes relaciones o mejores y más actualizadas opciones.

Personas estables emocionalmente en diversas ocasiones me han comentado: vivo feliz gracias a mi nueva pareja; o ahora tengo una vida más holgada gracias a que fui despedido y logré un trabajo mucho más remunerador. Otros me han manifestado que, si no me hubiese sucedido un percance, que en su momento consideré negativo, hoy no tendría tal o cual beneficio que ha superado mis circunstancias de aquella oportunidad. Estos testimonios afianzan mi convicción de que estamos obligados a buscar y encontrar el lado positivo de las cosas, en ese camino de alcanzar una vida mejor.

No somos un accidente sobre esta tierra, sino la hechura más acabada de una fuerza suprema y universal, que es perfecta: DIOS. Es nuestra decisión la trascendencia que le otorgamos a los acontecimientos. Nadie puede ayudarnos a resolverlo, porque sólo nosotros gobernamos en nuestro interior.

Si tenemos fe en Dios y en nuestra propia diligencia para procurarnos una vida feliz; si nos producimos tranquilidad espiritual, amando a nuestros semejantes y manteniendo la convicción de que nada sucede sin una razón; si nos acostumbramos a estudiar primero el lado positivo de los acontecimientos, aceptándolos como una posible enseñanza o apertura de una nueva oportunidad; si nos condicionamos a convertir los problemas en asuntos por resolver, sin duda lograremos esa estabilidad emocional, sin la cual es imposible lograr nuestra máxima aspiración como seres racionales: SER FELICES Y HACER FELICES A NUESTROS SEMEJANTES.

Si tienes alguna duda o requieres aclaración sobre el tema aquí tratado, el correo del autor está disponible: amauricastillo@gmail.com

Read Full Post »

«ELMUNDO SIEMPRE HA SIDO EL MISMO Y NOSOTROS… TAMBIÈN»

En un mundo con capacidad para alimentar 12 Mil Millones de personas, habitado por menos del 50% de esta cifra, un 30% se mantiene subalimentada. El terrorismo avanza a tal ritmo, que ya no hay un sitio del planeta donde no se manifieste de alguna manera. La crisis financiera mundial, en apenas tres semanas afectó gravemente a USA, Europa, Asia y amenaza con su coletazo golpear las economías emergentes, aumentado sus pobres. Nuevas enfermedades como el VIH, la gripe aviar y otras que regresan como la fiebre amarilla, la erisipela y el paludismo, aumentan la vulnerabilidad física del hombre frente al medio ambiente.

Por si fuera poco, el recalentamiento global ha derivado en devastadores incendios e inundaciones a nivel mundial; el aumento de los precios del petróleo e irracional gasto de energía de los países industrializados, ha incentivado la opción de nuevas fuentes de energía derivados de productos agrícolas, aumentando precios y escasez de los alimentos, golpeando a los estratos poblacionales más vulnerables.

Esos factores globales, que son determinantes, sumados a una inseguridad personal creciente; la falta de respuesta efectiva, oportuna de los organismos y dirigencia mundial, golpean con características patológicas la fe, la confianza y la esperanza del hombre común -que es la mayoría- en un futuro mejor, fortaleciendo esa fuente de enfermedades físicas y mentales, que en menor entidad siempre existió,  pero que hoy se ha hecho endémica: el estrés.

Sus resultados son obvios e inmediatos: aumento de enfermedades en general; suicidio de adolescentes y personas muy jóvenes; disfunción eréctil en millones de hombres menores de 40 años; divorcios en el 80% de los nuevos matrimonios; temor a invertir y desarrollar nuevos proyectos; temor a no poder cumplir con los compromisos contraídos; temor a perder el trabajo; temor a perder  la vivienda; temor al matrimonio; temor a salir de noche; temor… temor… temor… a todo.

¿Como hacer frente a este panorama tan poco alentador?

Recordando que no estamos en un mundo nuevo, sino que este, así como quienes lo poblamos, siempre hemos estado aquí, siendo los mismos desde sus inicios y seguramente nunca cambiaremos radicalmente: es la misma tierra y los mismos hombres con sus particularidades, virtudes, defectos, fortalezas y debilidades, fuerza, poder, vulnerabilidad y… resistencia.

Desde siempre han existido los terremotos, maremotos, tsunamis, epidemias, guerras mundiales, sequías e inundaciones; surgen, se desarrollan y caen imperios; se estudian y aplican sistemas sociales y económicos, mejores o peores, cuales algunos pasan y otros quedan; surgen, se mantienen y desaparecen ideologías, credos, mitos y religiones; anualmente desaparecen miles de especies animales, vegetales; disminuyen las fuentes hídricas y se hacen áridas miles de hectáreas de tierra y pare de contar; pero el hombre siempre ha sobrevivido.

Pero… ¿Por qué ha sobrevivido?

Por la fe en su origen divino y derivado de este, su capacidad para afrontar cualquier evento por muy adverso que fuere; la convicción de que el amor lo puede todo; la confianza en su extraordinaria posibilidad de adaptación al medio, independiente de sus cambios; la esperanza en que si hoy hace bien las cosas, mañana será mejor; la seguridad de que no está solo frente a los elementos, porque Dios siempre ha estado, está y estará con él.

Así que mis queridos amigos, a combatir el temor con la confianza; el desánimo con la fe; la tristeza y el desasosiego con la oración; la frustración, el odio, el revanchismo y la sed de venganza con el perdón, que es liberador; y el amor, que todo lo puede. Pero sobre todo, combatir el estrés con la esperanza, que es lo único que le queda al hombre hasta después que la ha perdido.

 

Read Full Post »

«No hay noche tan oscura ni día tan fulgurante que no nos permita ver.»

La vida me ha demostrado que en el firmamento de nuestras vidas, siempre hay un lucero que nos puede ayudar a avizorar, encontrar, guiar, o hacer mejor y seguro el camino. Por eso debemos abrir los ojos, estar pendientes, tener fe que allí está y que podremos verlo. No es importante su forma, la fuerza de su luz; ni siquiera su nitidez, porque de alguna manera, que no nos está dado conocer, deviene de esa esencia omnipotente, omnipresente e infinitamente poderosa que es Dios, cuya obra más acabada somos nosotros y su expresión excelsa… el amor.

Siento pena por quienes por falta de fe, confianza en su origen divino y del poder que de ello les deriva, hollan la tierra con sus pies cansados, ensombrecen los bellos días y tranquilas noches con su tristeza, mojando la tierra con sudor y lágrimas innecesarios.

Es para mi tan claro que existen leyes naturales, que me precedieron y que son inmutables; sobre las cuales yo no decido pero que sí interpreto y puedo encajar en mis actuaciones; que me hacen consciente de mis capacidades físicas y espirituales, que me cuesta procesar que personas desperdicien tanta vocación personal y bendiciones sobre este mundo, especialmente diseñadas para nuestro disfrute.

Como ser espiritual, dotado de un cuerpo que es la máxima obra de adaptación e inteligencia sobre la tierra, capaz de capturar con sus sentidos del medio ambiente todos los elementos vivenciales necesarios, haciéndolos excelentes, buenos, mejores o peores, conforme a su única voluntad, percibo incongruente convertirlos en negativos; sin embargo y paradójicamente, vivimos un mundo abundante de ese tipo de individualidades.

¿Qué hace quienes en uso de su libre albedrío convierten sus vidas en receptáculo de negatividad, malas influencias y temor a lo que «pudiera ser», desperdiciando su capacidad de ser felices en el maravilloso «hoy»?

Es la tendencia a mirar siempre hacia abajo, y así imposibilitarse de ver ese lucero en el firmamento de su vida, que alguien especificara como «un milagro a la vuelta de la esquina». Desde muy niño mi madre me decía: «…ese milagro está esperando por ti, sólo se requiere tu diligencia.»

Hoy, más de sesenta años después, estoy convencido que existen más milagros de los que podemos imaginar. De alguna manera, nosotros mismos como seres físico-espirituales e inteligentes, somos el mayor milagro de la naturaleza.

Nuestro sistema neurovegetativo, que nos permite respirar y circular la sangre necesaria en nuestro organismo en los tiempos preciso, sin siquiera pensar en cómo hacerlo e independientemente de que estemos dormidos o despiertos, es apenas una de nuestras milagrosas capacidades.

Pero desarrollar sentimientos exclusivos de nuestra especie como el amor, la amistad, la sublimación del sexo, la solidaridad, la compasión y la caridad, son la mayor demostración que somos seres superiores, traídos a este mundo para reinar sobre él y ser… felices.

Ubique su lucero, porque está aquí y no en otro mundo; tiene que ver con Dios porque de él nace y siempre está esperando por usted. Si de algo le sirve, le cuento que el mío es multifacético, porque comienza con mi Padre Celestial, pasando por mi familia, mis hermanos humanos hasta llegar al más pequeño de los insectos, cuales sin duda, como yo, cumplen una función sobre esta madre tierra, cual es su forma de bendecir el privilegio de haber venido a habitarla.

Read Full Post »

Hoy, en el día de los padres, quiero recordar con reconocimiento, amor y honor a un padre: Tim Russert.  Con su muerte apenas a los cincuenta y ocho años de edad, no solamente nos dejó un periodista, abogado, escritor, presentador, animador y analista político, sino que  se fue un… papá, y eso para su familia, es irreparable. Que descanse en paz y… buen viaje.

 Venturosamente, para quienes estamos convencidos de que la muerte es el regreso al hogar originario, debemos celebrar que ese papá responsable, bonachón y amoroso se despidió de su paso por esta tierra, como había vivido: feliz, haciendo lo que le gustaba, de  regreso de sus merecidas vacaciones y habiendo cubierto otra importante etapa de su vida: graduar a su hijo.

 ¿Por qué murió tan joven? Nadie lo sabe, pero tampoco debe importarnos o  importunarnos.  No obstante que Dios nos trae a este mundo sin establecer condiciones ni señalarnos nuestra misión, al cumplirla simplemente nos vamos.

 También es cierto que, de alguna manera, nosotros le damos matices a la temporal existencia terrenal. Tim Russert, como todo ser humano racional, tuvo un abanico de opciones que, en su caso, por su genialidad e inteligencia, debió ser muy extenso.

 Ese chico de Buffalo,  NY, pudo dedicarse exclusivamente a ejercer el derecho, hacer política, el comercio, la industria,  engrosar la burocracia oficial o enseñar en una Universidad; pero escogió un camino duro, problemático, riesgoso y hasta… peligroso, como es el de decir siempre la verdad. En ese trabajo,  sólo la seguridad en sí mismo,  el valor, el dominio de la verdad y el conocimiento de las reacciones de los seres humanos, pueden permitir llegar incólume al puesto que, con toda justicia, tuvo hasta el último momento de su vida: una voz oída, respetada y querida universalmente, considerado una de las cien personas más influyentes del mundo. 

Tim Russert fue como un roble, siempre de pie. Era  un guerrero y así murió: con las botas puestas, haciendo lo que amaba, trabajando en lo que creía: informar y comentar sobre la verdad, sin temor a quien afectara o  las consecuencias, para fortalecer el mayor bien de la humanidad, y especialmente de los Estados Unidos de Norteamérica: la libertad y la democracia.

 Sin temor a equivocarme, puedo decir que murió un soldado de la verdad, del derecho a ser informados verazmente y a… disentir. Venturosamente, alguien recogerá ese estandarte, que son nuestras propias banderas. Siempre ha sido así. Es la historia del mundo que gira y gira sobre su propio eje y no se detiene… nunca.

 Desde aquí, desde mi humilde atalaya, como ciudadano del mundo, como abogado, escritor,  padre, y de alguna manera, también comunicador social, no quiero decir a Tim Russert adiós, porque se que el recuerdo de su bonomía, de su amor a la verdad, a su familia, a los Estados Unidos y al mundo, permanecerá en el recuerdo de millones de personas que creían en él, porque en su voz y análisis encontraban el grito callado de su propia insatisfacción.

 Paz a sus restos.

Read Full Post »

Estábamos citados para almorzar a una hora determinada. Llegó un poco retardada y me dijo que no tenía mucho apetito. La noté angustiada, preocupada, como en la frontera de la depresión. Como se trata de una colega de bufete más joven que yo, a quien por cierto aprecio especialmente, le pregunté si tenía algún problema.

 -Muchos, me respondió.

 Tengo tantas cosas que hacer que el tiempo no me alcanza. Me levanto muy temprano y regreso tarde a la casa, pero no obstante, nunca termino de hacer todo lo que me corresponde. Siempre estoy apurada pero siento que eso no me sirve de nada.»

 ¿Apurada por qué? -le pregunté.

  -Porque debo terminar todo lo que tengo que hacer en el día.

  -Pero…¿Lo logras? -inquirí nuevamente.

 -No. Me respondió -aunque trato no lo logro, por más que me apuro siempre algo me queda pendiente. Creo que algo anda mal conmigo.

 -Si, coincido contigo en que algo no lo estás haciendo bien. Se trata de que andas muy apurada y eso no te ayuda en nada, sino que, por el contrario, te perturba y resta energía.

Los antiguos decían que «De la prisa lo único que queda es el cansancio» y pienso que eso es muy cierto. Más allá de que la prisa nos resta capacidad de reflexión y análisis en lo que hacemos, lo cual se refleja en el resultado final, un principio supra natural nos indica que, en verdad, nosotros como humanos sólo proponemos, porque al final es Dios y nadie más quien dispone.

 Yo no tengo ninguna duda de que, como humanos, lo único que podemos hacer es ser diligentes al realizar las actividades que nos corresponden, pero hasta ahí. Si nos convienen o no, o si alcanzamos el final, es algo que no nos está dado conocer; al menos en el tiempo y la oportunidad que nosotros estimamos puedan ser los convenientes.

Nuestra diligencia conlleva reflexión, planificación y coordinación, en el camino de lograr nuestras proposiciones, pero con la convicción de que la decisión final no es nuestra, sino de Dios. Nosotros no hacemos nada más que proponer, acompañándolo de nuestro esfuerzo y diligencia, dentro de los parámetros de lo que consideramos normal.

De tal suerte, si estoy convencido de que mi actividad es sólo una proposición, que realizo  sobre la base de la reflexión, planificación y coordinación apropiadas, pues entonces  no me queda nada más para hacerla óptima que acompañarla con mi mejor diligencia. Reunidos y aplicados estos factores, que se de o no es algo que escapa a mi control.  La decisión es de Dios, lo cual por cierto me da una gran tranquilidad, porque Él sí conoce perfectamente que es lo que me conviene.

Todas nuestras actuaciones están enmarcadas dentro de máximos y mínimos que nos impone la vida; si nos salimos de esos parámetros por exceso o por defecto, el resultado será negativo. Entre otros aspectos, porque la naturaleza es equilibrio y nosotros somos parte de la naturaleza. Por eso en ninguna actividad  se nos exige ningún exceso, porque si nos excedemos desequilibramos la balanza indispensable para lograr buenos resultados.

Siempre recuerdo la experiencia de una familia italiana, quienes al llegar al Aeropuerto se sintieron tristes porque un atascón de tránsito en Nueva York les impidió llegar a tiempo  y perdieron el avión. Media hora después daban gracias a Dios por el incidente, porque ese avión saliendo del Aeropuerto de La Guardia se precipitó en el mar y fallecieron todos sus tripulantes y pasajeros. En este caso, ellos fueron diligentes al comprar, reservar y reconfirmar sus pasajes; asimismo, actuaron diligentemente contratando con suficiente tiempo el taxi, pero condiciones fuera de su control les impidieron llegar a tiempo para abordar. Fue que el resultado final no era de ellos sino de Dios, y por eso salvaron sus vidas.

La venturosa experiencia de esa familia italiana, es una de las muchas demostraciones de que fuerzas supra naturales rigen nuestra vida, a la cual nosotros solo le damos matices conforme a nuestro estado de ánimo.

Por eso todos los días sé cual es mi tarea para esas veinticuatro horas; reflexiono, planifico y coordino lo que debo hacer. Pongo lo mejor de mí en el empeño de lograrlo y trato de disfrutar haciéndolo. De tal manera, no tengo apuro por hacer más de lo que me corresponde, o de ganarle tiempo  a lo que debo hacer mañana, porque hoy pongo lo mejor de mí para lograrlo, pero si algo queda pendiente no me estreso, porque estoy seguro que hice todo lo necesario y con eso cumplí con mi parte. Lo demás, es obra de Dios y no tengo duda que Él sabe hacer las cosas muy bien.

En la mayoría de nuestras actividades, el cómo o cuándo hacemos las cosas son aspectos del proceso; pero el resultado importante es el final: llegar o lograrlo.

Read Full Post »

No es fácil tratar  sin  herir susceptibilidades,  algunos temas sobre los cuales desde nuestra más tierna edad nos han atosigado con paradigmas  y consejas erradas, que en nada nos benefician, pero que se hacen parte de nuestra cultura para fortalecer esa maquiavélica creación mental que es el temor. La muerte es uno de ellos, que como figura máxima del terror, en mi condición de consejero familiar, permanentemente tengo que lidiar.

 Cuando el ser humano no encuentra una explicación para un fenómeno, como mecanismo de defensa, lo rodea de misterio, mitos, interrogantes y… miedo; en el caso de la muerte, adiciona el terror.  Con esa idea, a la muerte se le ha creado la imagen de la parca, enfundada en un manto negro, con una calavera por cara y con una gigantesca hoz, errabunda por el mundo en busca de la mayor cantidad de pescuezos posibles, para segarlos sin ninguna compasión.

 De tal manera y para uso colectivo, sin distinción de edades, el hombre ex profeso y como si no existieran suficientes circunstancias atemorizantes, ha creado esa imagen terrorífica para representar el evento más seguro para todo ser humano y del cual nadie conoce nada, que no sea el que dejamos de respirar y nos ponemos a distancia de todo tipo de problemas: especialmente de las deudas y la maledicencia, porque a nadie se le ocurre ir a cobrarle a un muerto, pero también cuando alguien muere todos dicen -casi siempre sin creerlo – «Tan bueno que era.» Tal estará generalizada esta conducta, que al cementerio le llaman «La casa de los buenos.»

 Pero… ¿Qué es la muerte?

 En mi criterio, como fenómeno físico es la cesación de todo tipo de actividad del cuerpo, que inicia el proceso de incorporación a la tierra,  de todos sus elementos integrantes. Algo así como lo que sucede con un aparato eléctrico o electrónico, cuando lo desconectan de la energía. Simplemente, ya no funciona más.

 Desde el punto de vista espiritual, pienso que nuestra alma termina su estadía en esta tierra dentro del cuerpo que se queda aquí, y en ese viaje de ascenso espiritual eterno, regresa a donde vino.

 Cuando morimos sucede igual que cuando dormimos; no estamos conscientes de nada de lo que nos sucede alrededor, y por cierto es una sensación muy agradable. Será por eso que nadie se atemoriza por dormir, porque a nadie se le ocurrió decirnos desde niños que si nos dormíamos, pudiera ser que nunca más nos levantáramos, porque si tal hubieren hecho, el sueño nos aterrorizaría igual que la muerte.

 El temor a la muerte es psicológico, netamente mental como todos los temores creados por el hombre, sin conocer la intención y sin ningún beneficio.

 La realidad es que la muerte física no es más que un evento futuro e incierto, el cual sabemos que llegará pero no dónde,  cuándo ni cómo, y por supuesto, qué se siente al producirse.

 En mi caso, aunque amo mi existencia y me transo por cien años de vida, ni siquiera creo que deba prepararme para recibir la muerte, por que no tengo duda que, como el nacimiento, no me voy a enterar cuando suceda. Como mi convicción espiritual es eterna, sé que durante mi periplo por este planeta debo cumplir una misión que desconozco, de la cual forma parte todo lo que hago diariamente, pero que acepto feliz como la voluntad de Dios.

 En vez de perder mi tiempo preocupándome por la muerte, me ocupo de vivir lo más feliz e intensamente cada instante de mi existencia, con ansia de disfrute, con fruición, con deleite, como si me faltaran segundos para morir. Por eso no desperdicio mi tiempo pensando en cosas que no tienen solución, menos si las representan con una señora tan fea.

 Por eso amo a las personas de mi entorno íntimo, se los digo y demuestro a cada momento. Acepto a mis demás hermanos humanos como son, en su interesantísima diversidad y con su  personalidad individual; les acompaño y trato de compartir, en lo posible, también su vida. Disfruto de los alimentos, del descanso, de la diversión, del estudio, del trabajo y de… otras cuántas cosas más.

 Estoy demasiado ocupado procurándome felicidad,  para pensar en cosas tan poco interesantes y productivas como la muerte. Eso se lo dejo a las casas funerarias y los sepultureros, que son quienes viven de sus efectos.

 El razonamiento lógico es que los seres humanos tememos a lo que conocemos, que nos perjudica, o que estimamos que de alguna manera nos hace daño. Por eso es ilógico que temamos a la muerte, porque de ella no conocemos nada que nos pueda hacer daño. Por el contrario, nos encanta dormir y morir… es como dormir.

 Por cierto, hoy es mi cumpleaños número sesenta y seis. Seguramente me tienen preparada una torta y un brindis con cantos, abrazos y buenos deseos, precisamente, porque me falta un año menos para… morirme. 

 

Read Full Post »

 El título de esta entrega corresponde a  una inquietud que me manifestaron, por encontrar  una vía que ayude a incorporar a otras personas al maravilloso mundo de vivir la vida en, con y por Dios. 

Pienso que nuestro Padre Celestial, que es todo amor, tiene sus propios caminos en todo, pero que es legítimo, bien intencionado y cristiano, tratar en lo posible de ayudar a encontrar el camino a esas personas que, habiendo recibido de  Dios el incomparable tesoro de vivir, escasamente sobreviven por su falta de fe, confianza, optimismo  y esperanza, cuales sólo da el amor inmenso y la seguridad en la bondad de Dios.

 Ciertamente, para que un niño camine, una planta se desarrolle o una idea se concrete, requiere de un tiempo en función de  factores,  unos fijos y otros variables, conforme a  la naturaleza del asunto.

 Respecto de esas personas que pareciera que no quieren nada con la vida, porque la  sobrellevan como una dura carga obligatoria, en su gran mayoría, y aunque les sea duro aceptarlo, responden  a una fijación mental de un enemigo implacable, creado por su propia mente y difícil de vencer: el temor a las secuelas del pasado,  lo conocido, lo desconocido y lo que… pudiera suceder.  

 Ese temor, la mayoría de las veces irracional, es producto precisamente de que no tienen una real conciencia de su procedencia, lo que  representan y su potencial personal, frente al universo donde les toca vivir.

 Así, al no disponer del conocimiento de su origen divino, también desconocen el poder que les es inherente como parte de Dios, que ha permitido a los humanos  a través de los siglos y milenios, sobrevivir colectivamente todas las catástrofes; desarrollarse culturalmente transformando el paisaje geográfico; realizar los mayores descubrimientos para vencer las enfermedades y los elementos nocivos de la naturaleza; e individualmente, crear prodigios en las artes y las ciencias, logrando con el desarrollo de sus potencialidades, la felicidad integral.

Por tanto, lo mejor que podemos hacer por esas personas, es acercarnos a ellas con respeto, consideración y amor; no como a enfermos a quienes vamos a curar, sino como a hermanos con quienes queremos compartir, demostrándoles con nuestra actuación feliz, entusiasta y desinteresada, que la logramos y disfrutamos porque hacemos un todo con Dios.

 Es con nuestra actuación diaria de amor, aceptación, respeto, colaboración, sensibilidad y solidaridad humana, la mejor manera de  señalar el camino. Es nuestro ejemplo, en ese cotidiano mundo de las cosas sencillas, honrando a las personas y engrandeciéndolas sin importar su edad, ideología,  género o clase social,  donde podemos demostrar nuestra felicidad, que al materializarse en actos objetivos beneficiosos para los demás, no dejará ninguna duda que estamos y nos sentimos como una parte de Dios.

 Pienso que la herramienta más efectiva para adentrarse en el conocimiento de los beneficios de compartir nuestra vida con Dios, lo es en ese mundo de quietud y paz que representa  la meditación, que se produce en nuestro ser  interno; donde sólo hay espacio para dos: Dios y nosotros.

 Si somos felices con Dios, tratar de que otros también lo disfruten, más que un acto gracioso es… un compromiso,  y así debemos asumirlo.

Read Full Post »

Nunca he estado de acuerdo en que el hogar se denomine como «el descanso del guerrero», refiriéndose al esposo o el pareja exclusivamente; al menos, en la gran mayoría de los casos de parejas conformadas y hogares constituidos.

Quizás para quienes nunca han formado o mantenido una pareja estable pudiera parecer acertado. Al fin y al cabo, en el desarrollo cultural en general, el hombre siempre ha tenido las riendas, la ha dirigido y por tanto la mayor significación siempre la ha orientado hacia su género.

Pero para quienes por décadas hemos convivido en pareja y desarrollado una familia, este término nos parece eufemístico, por no decir machista e ilusorio.

Al guerrero se atribuye la ardua lucha en cualquier terreno o circunstancia donde le lleven sus ideales, dando lo mejor de sí y a costa de cualquier riesgo, inclusive de su propia vida.

No tengo duda que la mayoría de los esposos y parejas, ponen lo mejor de sus capacidades en pro del beneficio de sus hogares. Eso es lo que de ellos se espera y debe ser reconocido más como el cumplimiento de su deber, que como un acto de «heroísmo».

Pero con lo que nunca he estado ni estaré de acuerdo, es con que se determine el hogar como «el descanso del guerrero» en referencia exclusiva al esposo o el pareja, para destacar que este hace una labor especial y titánica que requiere de un descanso especial; cual por cierto, pareciera ser la intención de relevarlo de toda actividad hogareña en apoyo de su compañera.

Ciertamente, me parece injusto que se discrimine a la mujer, que en su labor callada y sin pausa, no sólo realiza la parte más dura e importante, como es la de mantener el hogar y los hijos, en la mayorría de los casos, además de trabajar fuera, sino también constituirse en el soporte de su esposo o pareja, para su mejor desarrollo y éxito.

Porque es que hasta ahora, nunca he oído a nadie expresar que exista algún sitio que sea el descanso de «la guerrera», sino que por el contrario, «el descanso del guerrero»; en muchos casos se convierte en la parte más estresante de la agobiada mujer.

Como una especie de renegado de las pautas de mi propio género, durante muchos años he observado las actividades, labores, dedicación, lealtad, espíritu de sacrifico y reconocimiento de ambos integrantes de la pareja tradicional y no tengo ninguna duda que la mujer se lleva la nota sobresaliente.

Por eso hoy quiero manifestar que no estoy en desacuerdo con que el hogar sea el sitio ideal de descanso, pero no para ningún guerrero en especial; porque si lo hubiera, sin duda lo sería quien en su actividad diaria pudiera englobar amor, ternura, comprensión, aceptación, duro trabajo, paciencia inagotable, reconocimiento, lealtad y una sensibilidad especial; y todo eso, en el único ser que hasta ahora lo he encontrado ha sido en la mujer que sabe ser esposa, pareja, novia, amiga, compañera de luchas, sembradora de sueños, de esperanzas y… madre.

Próxima Entrega: LA NECESIDAD DE CONECTARSE.

Read Full Post »

« Newer Posts - Older Posts »