Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘DILIGENCIA’ Category

minolta-55-21.jpg

De alguna manera, nuestra vida puede parangonarse a una lluvia constante donde las gotas de agua son sustituidas por los acontecimientos, que se precipitan acelerada y continuamente, produciendo sus efectos en la misma medida en que somos capaces de preverlos, asumirlos, evitarlos o utilizarlos a nuestro favor.

Las herramientas con que vinimos dotados a este mundo, como nuestra razón, inteligencia, libre albedrío y estado de ánimo, hacen un extraordinario y protector paraguas, suficiente para que protegidos en el, sin grandes dificultades podamos disfrutar de una vida plena y feliz.

Sin embargo, precisamente por disponer de razón, dentro de nuestro interminable camino de preguntarnos el por qué y para qué de cada cosa, nos perdemos en un mundo de especulaciones, que logra transformar lo elemental y obvio en difícil y complicado, perdiéndonos disfrutar de la belleza y placidez de lo que nos rodea, que es, esencialmente, natural y sencillo.

Frente a la mayoría de los fenómenos naturales y actuaciones humanas, no requerimos hacer mucho porque funcionan a favor de nuestra supervivencia, como integrante de esa misma naturaleza y como seres vivientes de una misma especie.

La función del paraguas hipotético lo es para precaver los acontecimientos que pudieren perturbarnos o atemorizarnos, en la mayoría de los casos derivados o como consecuencia de nuestras propias especulaciones y actuaciones erradas. Por tanto, lo inteligente es abrirlo antes de que comience la lluvia y no cuando ya ha comenzado y estemos empapados, o luego que pase el aguacero.

El obrar humano es, precisamente, ese incesante realizar actuaciones en pro de hacernos una vida buena. Su mejor instrumento lo es la observación, sobre la cual se dice que es la fuente de la sabiduría, como máximo logro del ser humano.

La observación atenta de los acontecimientos, la naturaleza y las actuaciones de nuestros congéneres y sus circunstancias, nos permiten de manera permanente hacer una composición de lugar, con la intención de atesorar aciertos y evitar errores.

La concepción del tiempo, que como el temor y algunas otras operaciones mentales, pareciera que, quizás inconscientemente, las creamos para aumentar nuestro natural estrés, venturosamente son absolutamente controlables en la misma medida en que las identificamos en su real sentido: concepciones mentales.

No obstante, frente a los acontecimientos y las circunstancias que de alguna manera escapan a nuestro control pero que pueden afectarnos, lo importante es cómo los interpretamos, cómo los asimilamos y cómo prevemos los que pudieran sernos negativos o perjudiciales.

Observar los efectos y las consecuencias de las actuaciones humanas en la vida de sus actores, es la tela con la cual construimos nuestro paraguas. La contabilización y puesta en práctica de sus aciertos y el evitar sus desaciertos, nos dan la soltura suficiente para vadear de la mejor manera, esos baches que para otros fueron difíciles y a veces infranqueables.

Pero, en todos los casos, se trata de prevención, se trata de aprender a tiempo; se trata de observar permanentemente las actuaciones de los demás, en búsqueda del aprendizaje. De alguna manera, es abrir el paraguas antes de que comience el aguacero.

Próxima Entrega: DEL PASO AL ACTO

Read Full Post »

41940901.jpg

El proyecto para salvar la pareja mediante la reingeniería de pareja conlleva revisión, análisis sincero, descarnado e integral de la situación en un momento determinado, preparando un plan para salvarla pero partiendo de cero, como si nunca hubiese existido la relación.

Arrancar de cero deja atrás el rencor pero no la certeza del daño que producen los agravios, señalando los que deben evitarse en el futuro pero abriendo el camino para compensar con creces los mutuamente inferidos.

El nuevo proyecto encarna la promesa de un nuevo idilio; la aventura del enamoramiento; la paz espiritual que proporciona el restañar las heridas; y la esperanza del disfrute renovado de ser un solo cuerpo, una sola carne… un alma en común.

Intentar constituir una relación no renovada sino nueva, se convierte en un reto compartido de vencer los rencores, el temor, la tristeza, la soledad, el dolor, la frustración y la angustia, que si ponemos nuestro mejor empeño sin duda tendrá éxito.

Comenzar sin ataduras, dando rienda suelta al alma para volar sobre los sueños nunca realizados; materializar proyectos ideados, deseados y esperados pero no concretados siempre será emocionante, porque proporcionará la posibilidad ideal para convenir una forma diferente para la vida diaria en familia; resolución de los problemas; utilización del tiempo libre y para el manejo de las relaciones amistosas y familiares comunes.

Como el amor que no había muerto, el disfrute de su sexualidad se refuerza; la creatividad, magia y fantasía le imprimirán nuevo ritmo, colorido y entusiasmo, que tendrá a su favor el previo entrenamiento, experiencia y perfecto conocimiento de las apetencias y rechazos sexuales mutuos. Esa satisfacción con nuevos bríos, reforzarán la sensación de que se trata de una nueva relación y no de un remiendo en una que pudiera volver a romperse.

Don Andrés Mata apropiadamente escribía: «…después de cada invierno, florece nuevamente el limonero.» Doy fe de la realidad de estos versos. Todos los días podemos enderezar el barco. Dentro de nosotros mismos tenemos los elementos idóneos: libre albedrío, estado de ánimo, fe, confianza, optimismo, y el poder ilimitado del amor. Solo requerimos diligencia para utilizarlos. Para comenzar una nueva vida todos los días son buenos.

En caso de vida o muerte siempre escogemos la vida. Este es el caso. A favor de nuestra felicidad no tenemos debemos hacer el último intento. La alternativa es lograrlo. Pero, si no resultara exitoso tendremos la tranquilidad de consciencia de haber actuado diligentemente.

Es por lo cual sugiero utilizar un programa de reingeniería de pareja, comenzando de cero, intentando nuevamente conocerse; enamorarse como cuando novios; olvidar agravios y recordar los momentos felices; mirar con optimismo el futuro, aceptando sus personalidades y bendecir el privilegio de poder intentar el regreso… a casa.

En el hogar vive la única realidad que tiene cara y calor humanos. Allí está la persona a quien interesamos realmente, porque su vida está unida a la nuestra y es parte irremplazable en nuestro equipo de fábrica de sueños… posibles. Aprovechèmosla y disfrutèmosla intensamente, que ese es nuestro pago en esta vida.

Próxima Entrega: POR QUIEN DOBLAN LAS CAMPANAS EN LA UNIVERSIDAD NORTHERN

Read Full Post »

 En un mundo que nos pertenece  en la medida en que lo interpretamos, la proactividad nos asegura que serán nuestras decisiones  y no las condiciones del medio, lo que nos posibilita lograr el control necesario de cualquier situación que nos afecte.

Esa actitud, como toda operación mental respaldada por nuestras acciones,  al priorizar la creatividad e iniciativa frente a la pasividad, nos posibilita aprovechar y/o superar con audacia, cualquier circunstancia sobrevenida.

Al privar  las decisiones sobre las circunstancias, introspeccionamos un permanente sentido de responsabilidad, que más allá de los posibles resultados, nos hace protagonistas y no observadores de nuestro propio proceso de desarrollo individual.

Como herramienta vivencial,  la proactividad se convierte en escudo frente a la autojustificación y auto compasión enfermizas, que hoy más que nunca invaden importantes espacios de nuestra sociedad, promoviendo mediocridad, alimentada por el conformismo y pobreza mental, que afectan gravemente la salud espiritual de las mayorías.

Aceptar la vida como venga, sin expectativas sobre la posibilidad de transformar las condiciones de su forma original a la de nuestra conveniencia, es una manera de involucionar en vez de evolucionar en nuestro propio crecimiento personal hacia una vida  plena que todos merecemos.

La mentalidad reactiva, al magnificar nuestras limitaciones personales y exagerar el tamaño de los retos de una vida emocionante y plena de aventura, promueve potenciales fracasados o perdedores. 

La proactividad, que conlleva optimismo y diligencia, nos guian para lograr una vida buena. La reactividad, en trío con el pesimismo y la negligencia, se complotan para convertir nuestra naturaleza diseñada para el triunfo, la satisfacción y el éxito, en un ensayo bufo de cómo vivir peor, en un mundo mejor.  

Si permitimos que las circunstancias y las condiciones priven sobre nuestra decisión, conformándonos  con lo que de ellas devenga, actuando con pasividad y resignación, nos fallamos a nosotros mismos, a nuestra esencia y origen;  frustramos la hechura de Dios.

En gigantesca lucha entre millones de espermatozoides, orientados por la luz de la expectativa de una nueva vida, al penetrar el óvulo logramos la primera victoria que nos convirtió de potenciales en reales vencedores.

Para el triunfo fuimos diseñados y esa debe ser nuestra meta. Nacimos con éxito  y por el éxito. Nuestra madre nos trae al mundo, pero Dios nos insufló esa parte de su poder representado en la fe, necesario para superar cualquier circunstancia.

La trascendencia de cualquier situación se la damos nosotros, conforme a nuestra personal interpretación de los sucesos, que en un porcentaje mínimo son aleatorios o casuales, porque en su casi totalidad lo son causales, indicándonos que existe una razón para producirse.

Cuando son el resultado de nuestras actuaciones podemos  manejarlas sin demasiados problemas, pero si escapan a nuestro control, entonces activamos nuestra decisión para interpretarlas apropiadamente, en función de nuestros intereses. Eso es lo trascendente de la proactividad, nos convierte de observadores en actores, en lo más importante de nuestra existencia: hacer nuestra felicidad personal.

Próxima Entrega:LA FUERZA DE LA PALABRA

Read Full Post »

« Newer Posts