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Archive for 18/01/08

 

wendy-y-michael-abrazados.jpgCuando se decide iniciar el noviazgo, más allá de cualquier otra consideración se lo hace por la atracciòn física que mutuamente se genera. En ese momento su único interés es conocerse, tratarse y compartir, motivándose especialmente para vivir una época bellísima por estar imbuida de amor, respeto, consideración y ternura, pero con la intención subyacente en casi todos los casos, de materializar un proyecto personal que pudiera ser dcisivo en su futuro.

En esa época, las personas y las cosas toman dimensiones especiales; en principio, es la etapa inicial de la futura relación de pareja, por lo cual únicamente se observa la parte rosada de la vida. Ambos, en ese evento tan romántico presentan no sólamente su mejor perfil fìsico, sino que exaltan su generosidad y lo que serían capaces de dar a esa posible relación.

El noviazgo -en el buen sentido del término- es la venta de la imagen propia, en el lenguaje sin palabras pero muy expresivo del amor que nace; donde cada uno, con intención de captar la atracción del otro presenta su mejor perfil, virtudes, potencialidades, sueños y ambiciones; pero normalmente y como mecanismo natural de defensa, se reservan mucho de la cruda realidad de su propia personalidad.

Como consecuencia de esa actitud insincera -aunque explicable y no mal intencionada- en una sociedad desconfiada y mendaz que contaminan cualquier relación humana, el convivir como pareja y enfrentar las circunstancias diarias, se convierte en la hora de la verdad, porque sino existe un profundo amor y decidido propósito de aceptación, al aflorar los reales sentimientos y actitudes individuales, se produce un choque emocional negativo, con respecto de lo que de la relación se esperaba, convirtiendo lo que pudo ser una experiencia edificante y para toda la vida, en una experiencia dolorosa e ingrata y pasajera, de la cual pueden derivar graves consecuencias personales que pudieran marcarles por toda la vida.

Sin embargo, como en mi caso, algunas personas conocimos a esa otra que nos atrajo, nos acercamos, la concebimos como un ser humano normal , imperfecto pero perfectible e iniciamos una relación muy cercana; la fortificamos, luego nos casamos y constituimos el hogar que hoy, luego de treinta y ocho años que no nos pesan, tiene más motivos por los cuales dar gracias a Dios, que en el momento de iniciarlo; porque hay tanto amor, aceptación, reconocimiento, respeto y consideración todos los días, que adicionado a una increíble, renovada y mágica relación sexual, nos llena de momentos hermosos que nos comprometen a escribir estas cosas.

¿Qué cómo lo hicimos o cómo se logra?

Precisamente, la idea es contárselo, porque nosotros damos testimonio de que si estamos dispuestos a dar lo mejor, siempre podremos fabricar y ralizar un sueño, porque eso significa una pareja bien avenida: un maravilloso sueño que se puede vivir despierto, por muchos años.

Constituir una pareja, que es lo que sigue a esa primera etapa del noviazgo, lo es hacer causa común integral: uno a favor del otro y juntos frente al mundo para vivir intensamente, en conjunto y de la mejor manera, cada una de las veinticuatro horas de cada día con fé, confianza, avaricia, con fruición y sed de amar sin importar cuando, como ni por qué. Con la seguridad de que la persona escogida es la mejor: la más bella, respetable, noble, generosa y leal; la más tierna, sensible, romántica y… hace el amor que es una maravilla. Sin esas fijaciones mentales, no es muy fácil mantenerse por muchos años, con entusiasmo renovado, al lado de otro ser humano tan o más imperfecto que nosotros, pero sin ninguna duda, capaz por amor de producir profundos cambios en su personalidad.

Para lograrlo se requiere enseñar a nuestra mente y alma, convertir la fantasía en realidad, descubriendo lo maravilloso que puede convertirse el ser humano cuando se siente amado, aceptado, respetado como es y reconocido en sus valores. Se amerita experimentar el regocijo inigualable de dar amor, con la única intención de ver feliz al ser amado: esa es una bellísima recompensa.

Lograrlo requiere renunciar al egoismo, aceptando que otra persona puede ser mejor que nosotros; conjugando aspiraciones, ambiciones; actuando en equipo; venciendo la competencia y compartiéndolo todo: lo bueno lo malo; los momentos felices, los adversos, el alma y… el cuerpo, sin falsos recatos ni reservas.

Si no somos capaces de mostrarnos como somos y mejorar, nada de eso podemos exigir de esa persona quien compartirá integralmente nuestra vida.

No hay sentimiento ni efectos más decisivos que aquellos que produce el amor. Por amor tenemos Dios nos acompaña, vinimos al mundo y por amor se han construido y destruído imperios. El amor nos hace libres, nos eleva por encima de nuestra propia naturaleza corporal. Por amor somos valientes, heroicos, perdonamos y olvidamos.

¿Cual sería la entidad y efectos del amor, sin en vez del de una persona se acumula el de dos? Eso fue lo que pensamos, insistimos y logramos con mi, nunca suficientemente reconocida esposa Nancy… y aquí estamos para contárselo.

¿Qué les parece si lo prueban? ¿O alguien puede decirme que no es bien lindo?

Próxima Entrega: EL COMPROMISO

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