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«SEGUIR ADELANTE NO ES UNA OPCIÒN, ES UN COMPROMISO»

27__carreradelamujer_s¿Cuántas veces podemos tropezar y caer en esta vida para obtener el èxito?

Realmente, no tengo idea. Por experiencia propia me consta que podemos tropezar muchas veces y caer unas cuantas, independiente de cual fuere el motivo; pero, también doy fe de que en su mayoría, no son más que oportunidades que la misma vida nos da para aprender a sortear los problemas.

Es que a los seres humanos la vida no nos es dada hecha como a los vegetales o los minerales, cuales no necesitan realizar ningún esfuerzo para mantenerse con vida. Cuando nacemos no sabemos ni siquiera respirar, que debería ser lo más elemental; entonces, la orden genética e instintiva de sobrevivir conlleva aprender, pensar, razonar y… actuar.

El fracaso, a veces abre la puerta al éxito. Tropezar, caer, levantarse, lamer las heridas, secar las lágrimas, sacudir el polvo del camino y seguir… seguir siempre adelante, no es para nosotros una opción sino… un compromiso.

No tenemos más remedio que enfrentar la vida conforme se nos presenta: con entusiasmo, pero con cuidado; con bondad, pero con malicia; con amor y pasión, pero con control; sin temor ni duda, pero con moderaciòn; seguros de nuestro poder, pero con caridad; estableciendo planes y metas para cumplirlos; con fe en Dios, pero haciendo nuestra parte diligentemente.

Nuestra herencia divina nos condena a ser triunfadores, lo contrario sería anormal. Si tenemos suficiente fe en que somos uno con Dios y por tanto depositarios de parte de su poder, los tropiezos, las caídas y los dolores, serán nuestros mejores maestros; de ellos aprenderemos y los pondremos en función de nuestro éxito integral.

Con nuestras lágrimas y hasta con nuestra sangre dejadas en el camino, abonaremos la tierra de la que surgirá la semilla de nuestra felicidad; porque si tenemos fe, si somos diligentes, si pensamos positivamente, todas las fuerzas del Universo se complotarán para hacer nuestros sueños realidades.

Los retos son parte de nuestra vida. Por eso bienvenidas las dificultades, los tropiezos y las caídas; nosotros, que sabemos unir mares, separar continentes, volar como los pájaros, y dar nuestra vida por nuestros semejantes, podemos convertir cualquier circunstancia negativa en positiva, y eso, de alguna manera, es parecernos a… Dios; lo cual no puede considerarse una blasfemia porque los hijos deben y pueden parecerse a sus padres.

“SI CONTAMOS NUESTRAS BENDICIONES, NO TENDREMOS TIEMPO PARA PENSAR EN LAS   POSIBLES CARENCIAS.”

FOTOS  MIRIAM HOSTON JUNIO 2009 041

El agua, el sol y el aire, para los vegetales y los animales son… la vida, pero para nosotros los humanos, apenas representan tres de nuestras múltiples bendiciones que Dios nos dio como heredad, sobre este paraíso que creó para nosotros, aunque por ignorancia y falta de fe, nos empeñemos en hacer menos hospitalario.

Como vivo por días y no por meses ni años, tengo presente a toda hora mis bendiciones personales. Así, cuando despierto abro mis ojos y siento que soy un hijo de Dios privilegiado; porque puedo ver y sé que millones de personas nunca podrán ver la luz del día. Cuando se despierta mi compañera de viaje largo y dice buenos días mi amor, siento que estoy obligado a ser feliz porque también millones de personas jamás podrán escuchar la palabra amor.

Cuando veo tantas personas solas, débiles, con defectos físicos, tristes, taciturnas y preocupadas, siento que Dios ha sido especial conmigo; porque a mis sesenta y ocho años tengo mi amor, puedo caminar perfectamente, me siento sano y fuerte, sonrío a la vida, a las personas, con lo cual destierro la tristeza, y en vez de preocuparme me ocupo de las circunstancias de mi cotidianidad, convirtiendo mis problemas en… asuntos por resolver.

Al degustar mis alimentos, que como con prudencia pero con apetito, no puedo dejar de considerar que, si una parte de mi alimento pudiera llegar a esas personas que mueren de hambre, vivirían un día más; entonces oro a mi Padre Celestial por ellos y… doy gracias.

Cuando tomo mi computadora e ingreso a este refugio espiritual en que se ha convertido esta página web que me regala amigos, amor virtual y la posibilidad de ser útil, tengo presente que muchas personas sobre el globo no saben leer ni escribir, y otros tantos no tienen los recursos para acceder a este medio, me siento especial y pido a Dios por ellos.

Ya en mi lecho, luego de un día más de vida, cuento mis bendiciones -que son tantas- que no tengo tiempo para considerar mis posibles carencias. Entonces, bendigo mi vida, mi inigualable esposa, mi bella familia y pido para todos mis hermanos humanos la bendición de Dios.

Muero al dormir, pero antes de cerrar mis ojos doy gracias a mi Padre Celestial por ese día de vida que termina; me encomiendo a Él y duermo tranquilo, con la esperanza de despertar al nuevo día para iniciar una nueva vida; pero seguro de que si me quedara dormido para siempre, habría vivido intensamente mi amor, mi gente, y este maravilloso mundo que Dios me prestó para mi confort terrenal.

“VIVIR INTENSAMENTE CADA SEGUNDO ES MI PARTE EN ESTA VIDA.”

CIELO IIIPara satisfacer una inquietud de un consecuente lector de este Blog, hoy trataré sobre las posesiones materiales e intelectuales y su trascendencia en la vida terrenal.

¿Qué tengo en esta vida que pudiera considerar exclusivamente mío o llevarme al más allá?

Creo que nada; al menos, nada físico o intelectual que pudiera permanecer por siempre; porque todo, incluida mi propia persona, es esencialmente… temporal.

La vida no me pertenece porque es de Dios, quien decide hasta cuando puedo mantenerla. Mi esposa, quien amo por encima de todo lo demás, tampoco es mía porque, como mis hijos y mis amigos, también son de Dios; y siendo que nos une el amor y el cariño, que no son físicos, son sentimientos que no necesito llevarme porque son parte de mi espiritualidad.

¿Y el fruto de mi trabajo, el producto de mi dedicación y mis desvelos, tampoco son míos?

Pienso que sólo podemos disfrutarlos, porque en esencia los tenemos prestados mientras vivimos, porque donde vamos… no los necesitaremos.

Los bienes, el poder y la fama, que pudieran complementar nuestra felicidad, al ser eventuales, nadie puede asegurarnos su permanencia. En principio, los bienes  así como nuestros cuerpos, por ser físicos, volverán a la tierra a la cual pertenecen; el poder y la fama, no existen físicamente, sino que representan operaciones mentales que se quedan en el mundo de la intelectualidad, porque no pueden ser cuantificadas, evaluadas o físicamente determinadas, pero menos aún trasportadas o transferidas.

¿Y mis conocimientos y la sabiduría adquiridos?

Esos valores corresponden a nuestra individualidad, por lo cual  tampoco son susceptibles de transferencia; únicamente podemos aprovecharlos en nuestra condición físico-espiritual y al morir, por carecer de uno de esos elementos, ya no nos servirán  para nada.

Pero… ¿Qué tengo entonces? ¿Qué es realmente mío?

Tu capacidad de amar, de disfrutar, de compartir, de ser útil en tu hoy, que es inmutable e impredecible, pero que puedes manejar a tu antojo. Tu gran tesoro es el vivir ese maravilloso presente donde puedes aplicar todas tus capacidades para ser feliz, porque depende de la aplicación de tu estado de ánimo a tu libre albedrío -que son únicamente tuyos- para sacar el mejor partido a esas muchísimas bendiciones que Dios te da… todos los días.

Para evitarnos preocupaciones por atesorar o cuidar bienes materiales, fama o poder, Él los hizo temporales en esta vida e innecesarios en el más allá. Fue por ese acto de amor que no trajimos nada físico a este mundo; precisamente para que nunca olvidásemos que como llegamos, así nos iremos: desnudos de cuerpo y alma.

Nada físico tiene demasiada importancia, más allá del disfrute y el compartir con nuestros hermanos humanos esta bella vida que Dios nos dio. Lo que es muy importante, lo trascendente, lo que no muere, como mi alma y mi amor, como vinieron se irán y de ellos no quedará recuerdo perdurable en esta tierra.


MIL MENTIRAS LAS DESTRUYE UNA SOLA VERDAD

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No obstante que muchas personas utilizan la mentira en sus relaciones humanas diarias, inclusive algunos catalogándola hipócritamente como de “mentira piadosa”, soy de las personas que creo que no existe ninguna mentira que pudiere ser realmente piadosa; porque la verdad puede ser dura y algunas veces para algunos insoportable, pero nunca… mala.

La verdad representa lo que es, la realidad de una situación, asunto o evento que la mentira pretende ocultar total o parcialmente, proponiendo como tal lo que puede o pudiere ser pero que no es, conforme al interés de quien miente que los oyentes así lo crean.

La mentira es una actuación premeditada que implica engaño consciente para distorsionar la realidad de los hechos que se suceden, en función de los intereses personales del mentiroso, con indeseables resultados para quienes la sufren; pero que en muy corto tiempo, por su fragilidad, puede convertirse en boomerang, devolverse y afectar a quien la profesa.

Así como la verdad nos hace libres, la mentira nos hace dependientes, por no decir esclavos de ella.

La mentira es un camino equivocado hacia los logros personales, que toman quienes no tienen la valentía ni la entereza, para aceptar los altibajos de la vida y nuestra obligación de superar cualquier escollo, siempre diciendo la verdad y afrontando las consecuencias.

Para la mayoría de las personas la mentira es injustificable, ya que prefieren conocer la verdad por más amarga que esta pudiere ser; esto la hace, en la mayoría de los casos… imperdonable,

Mantiene toda su vigencia el adagio de que “… más rápido se agarra un embustero que un cojo”; porque no conozco persona probadamente valiosa o feliz, que se repute de ser mentirosa, ni mentira que permanezca por siempre.

Ciertamente, muchas mentiras repetidas muchas veces no pueden hacer una verdad, pero una sola verdad puede destruirlas en un segundo.

El que miente toma un camino equivocado para lograr un fin, porque a la mentira, por tener patas muy cortas siempre, más temprano que tarde, la verdad la alcanza y… la destruye.

La mentira es externa y por tanto no puede esconder para el mentiroso la verdad, que es interna; esta siempre estará presente y no obstante a cuanto tiempo se engañe, permanente e internamente recordará la deplorable condición de deshonesto y engañador; de alguna manera, ese es el castigo de los embusteros, del cual por cierto no tienen posibilidad de escapar… nunca.

“VIVE LA VIDA DE MODO TAL QUE, CUANDO TUS HIJOS PIENSEN EN LA JUSTICIA Y LA INTEGRIDAD PIENSEN EN TI.»

-H. Brown

EDUARDO, NANCY, AMAURI Y LA HIJA DE EFREN PERAZASi tienes el privilegio de ser padre, eso involucra una gran responsabilidad, porque tu hijo no pidió venir a este mundo. Tú lo concebiste por tu propia voluntad y lo trajiste a esta vida… sin su autorización. Eso conlleva el compromiso de hacerle su estancia aquí lo más fácil y grata posible. Mientras esté contigo vas a poder amarlo, protegerlo y orientarlo, pero cuando deje el hogar, abandone el nido y como las aves, vuele en busca de su propio destino, ya no te tendrá a su lado sino que se hará capitán de su propio barco, y tú lo verás partir desde el muelle de tu corazón; maravilloso o triste, conforme lo asumas, el único equipaje efectivo e imperdible que llevará, será aquel que hayas sembrado dentro de su alma… en lo profundo de su ser, donde nadie podrá entrar para arrebatárselos.

Por todo eso, como padre, debes ofrecerle herramientas para vivir una vida física y espiritualmente plena; sobre la base de tu conocimiento y vivencias de tantos años, de tal forma que contabilizando tus buenas experiencias y aprendiendo de las no exitosas, evite incurrir en tus mismos errores.

Los tiempos cambian, pero el hombre sigue siendo el mismo; tus situaciones vividas pueden ser una guía real y verdadera para lograr con menor esfuerzo, las cosas más importantes para un habitante de esta aldea global en que se nos ha convertido el mundo, sin tener que experimentar situaciones dolorosas y frustrantes, quizás como algunas que tú hayas vivido, o como las que han soportado la mayoría de quienes ignoran estos secretos de la vida.

Esa guía que estás obligado a dar a tu hijo, representada en tus actos, es como tomarlo de la mano y adelantarle el alerta de los riesgos, señalándole los peligros; indicándole donde están los baches del camino y cómo evitarlos, para que llegue feliz a su destino. La vida no es una vía muy difícil ni imposible de transitar, si se conocen las normas y reglas apropiadas. Tú puedes ayudarlo a que su vida, en vez de algo problemático, se convierta en una aventura interesante y buena, regalándole tu mejor ejemplo.

Miles de padres lo han logrado, contribuyendo a cambiar para sus hijos, una subsistencia monótona y sin mucho sentido, por una vida activa, entusiasta, optimista que todos los días les produce nuevos frutos, y que les demuestra que sí es posible superar cualquier problema, si se es diligente y se dispone de los instrumentos idóneos. Ese es el trabajo que nos corresponde como padres y debemos hacerlo con felicidad.

Esos recursos y herramientas para la vida, quedarán guardados en ese archivo maravilloso y multicelular que existe en su cerebro, listos para ser utilizados cuando fuere necesario.

Nunca olvides la sabia máxima que enseña: “No te contentes con dar a tu hijo un pescado, porque comerá una sola vez; enséñalo a pescar y comerá siempre.”

Nota:
Esta es una publicación póstuma de una de las entradas del blog Una Vida Feliz del autor Dr. Amauri Castillo Rincon-MsC. Dicha entrada fue originalmente publicada el 19 de Junio de 2009. Cualquier comentario o sugerencia serán bien recibidos por el equipo de unavidafeliz.com

 

«VIVIR FELIZ LA VIDA ES MÀS ACTITUD QUE APTITUD»

TORTA

La vida es una deliciosa torta que  Dios sirve para nuestro deleite, a la cual todos estamos invitados.

Todos nacemos con capacidades diferentes pero suficientes para participar de ella, pero observamos como algunos la disfrutan más que otros, según sea el tamaño, sabor o relevancia que le den al comerla. Sin embargo, hay quienes no asisten a tomar su parte, sino que recogen las sobras de otros comensales.

¿Cuál es la diferencia entre unos y otros?

Se trata más de actitud que de  aptitud. Al nacer, con la primera dosis de oxígeno iniciamos el banquete. Unos bebés lloran pidiendo su primer pedazo, pero otros no y el médico debe incitarles a tomarlo. Asimismo, unos son menos llorones, enfermizos y felices que otros. Los primeros disfrutan del alimento, el ambiente, las personas con curiosidad y entusiasmo, porque instintivamente, andan en procura de… su pedazo de torta.

Al crecer, progresivamente desarrollamos esa actitud de buscar lo que nos corresponde. El afecto de nuestros congéneres nobles, generosos y ansiosos de dar y recibir amor, aunado a la belleza y riqueza del paisaje geográfico, nos anuncian su magnífico contenido. Pero será nuestro estado de ánimo el que defina la actitud de participación, desarrollando la aptitud para lograr el mejor pedazo, porque la Ley de la Abundancia asegura suficiencia para todos.

Disponemos de razón e inteligencia suficientes para procurarnos lo conveniente. Nosotros decidimos dónde, cuándo y cómo logramos la mejor parte. Nadie puede hacerlo por nosotros.

El que amanece feliz, da gracias, saluda y bendice el día, considerándolo el mejor en cada oportunidad, está sirviendo la mesa. El que realiza sus actividades con entusiasmo y disfrutando al ser útil, está fabricando la torta. Aquel que ambiciona, sueña, ama y se complace en la plenitud de vivir, seguro de que la vida le dará lo que espere y produzca con sus acciones, es el primero en llegar al banquete. El que recibe los acontecimientos como producto de su aptitud para vivir mejor, convirtiendo problemas en asuntos por resolver y recibiendo los inconvenientes como positivos, porque le señalan el camino a seguir en busca de su felicidad, es el que toma el mejor pedazo.

Quien asume esta vida como una experiencia espiritual, que se sirve del cuerpo para lograr sus cometidos terrenales orientados a su felicidad personal, es el que toma su parte tranquilo, sin prisas, temores ni vaticinios negativos y disfruta de su parte de la torta, donde el tamaño, sabor y efecto en su vida, sólo él puede determinarlo.

Un pedazo de la torta  se ofrece a todo ser humano; el lograrlo, su tamaño, sabor o efectos corresponde fijarlo a quien la toma. No existe posibilidad de transferir esa responsabilidad, porque es parte del libre albedrío que sólo nosotros manejamos y nos identifica como hijos de Dios.

La mesa está servida; tome su parte ya y… disfrútelo. No lo deje para después, luego podría ser tarde.

jesusDe las manos de Dios llegamos a este mundo, bajo su cuidado viviremos esta vida terrenal y Él nos recibirá después de esta experiencia de existencia física; esa es la única motivación que nos fortalece para no sentirnos, con relación al Universo, más pequeños de lo que realmente somos.

Siento que somos tan vulnerables física y psicológicamente, que solamente nuestra inmediatez con Dios nos asegura que no somos un accidente sobre este globo terráqueo, sino su creación más acabada, y por tanto bajo su permanente vigilancia, protección y control.

Somos tan pequeños en el concierto universal; tan temporales con relación a los tiempos; y tan mental y físicamente frágiles, que si no tuviésemos el convencimiento de nuestra unidad con Dios, nuestra vida sería simplemente… terrorífica.

¿Cómo podríamos caminar sobre una tierra que puede moverse en un momento dado y terminar con nuestra vida, apenas en segundos, si no tuviésemos ese báculo que se llama Dios?

¿Cómo podríamos construir algo bajo la certeza de que puede ser destruido en muy corto tiempo por alguno de los elementos naturales, que nos consta son imprevisibles e indetenibles, si no tuviésemos la fe de que Él nos protegerá?

¿Cómo podríamos amar y tener descendencia, si no depende de nosotros ni nuestra seguridad personal ni la de las personas que amamos, si no tuviésemos la certeza de que Él guarda nuestra entrada y nuestra salida?

Al menos en mi caso, no me siento insignificante ni tengo ningún temor a los elementos de la naturaleza o a ninguna otra cosa, sino que me siento orgulloso de mi propia naturaleza, porque no tengo duda de mi origen divino. Sé que no soy un accidente ni algo no planificado, sino que fui traído a este mundo con un fin que debo cumplir, porque es bueno para mis hermanos humanos y para mi crecimiento espiritual.

No dudo que cuando cumpla mi misión, en alguna de sus moradas Él me espera; yo soy un buen hijo y los buenos hijos vuelven a casa, por eso no temo a mi regreso ni tengo porque apresurarlo. Simplemente, disfruto esta vida en lo máximo posible, con la plena seguridad de que así como aquí soy feliz, lo seré siempre donde Él me lleve. Ese es mi destino y me llena de felicidad la certeza de que mi Padre Celestial ha escogido el mejor para mí.

Por eso digo a mis hermanos humanos que si tenemos a Dios aquí a  nuestro lado y siempre disponible, sería una pena que no lo aprovecháramos. Especialmente porque su compañía es el mejor seguro frente al peor enemigo del ser humano:  el temor.

“LA VIDA ES EL MAYOR REGALO DE DIOS Y LA MUERTE ES PARTE DE LA VIDA”

FOTO DE: GABRIEL LIJTENSTEIN

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Hoy, al revisar las noticias, una me golpeó en lo más profundo de mi ser:  “Un matrimonio se arrojó el pasado domingo al vacío en unos acantilados del sureste de Inglaterra junto al cadáver de su hijo de 5 años,”

Me consta que los hijos duelen en lo más profundo, porque son parte de nosotros mismos. Sin embargo, nada justifica el suicidio, máxime de unos padres que habían dedicado lo mejor de sus días atendiendo con amor y dedicación la paraplejia de ese hijo, producida por un accidente 4 años antes. Seguramente eso hubiese sido lo último que su hijo Sam Puttick hubiera deseado para sus amorosos y sacrificados padres.

Debemos estar claros de que los hijos no son nuestros sino de Dios; los padres sólo somos el vehículo para traerlos al mundo. Dios dispone de ellos y… de nosotros, conforme a sus planes. Como entes físico-espirituales, la muerte es un paso necesario para ascender a un estadio espiritual más elevado.

En este caso, Sam tenía un camino que recorrer, con un tiempo para permanecer en esta tierra, y al cumplirse regresó a ese mundo espiritual de donde un día vino.

Si estos desventurados padres hubiesen tenido suficiente fortaleza espiritual, en vez de suicidarse habrían agradecido a Dios el privilegio de haber disfrutado de su hijo por cinco años, mientras millones de padres escasamente alcanzan a ver sus hijos por días, meses o un año de vida.

Asimismo, habrían considerado que en adelante ya nunca más estarían solos, porque además de lo bellos recuerdos que les acompañarían siempre, desde el cielo un angelito llamado Sam, estaría con ellos. Con tal convicción, podrían haber adoptado uno o más niños de los muchos que no tienen un hogar para darles amor, y en su memoria continuar viviendo.

Es que por la voluntad de Dios venimos a este mundo y regresamos cuando hemos cumplido nuestra misión, la cual únicamente Él conoce. Eso deberíamos internalizarlo todos, padres e hijos, para de tal manera aprovechar esta vida física, viviendo intensamente cada segundo de nuestra existencia, convencidos de que es su mayor regalo, pero que un día la dejaremos y volveremos a su regazo.

Pienso que suicidarse lejos de ayudar crea una terrible sensación de frustración en la comunidad, que podría afectar mentes débiles y de poca fe, de alguna forma promoviendo este hecho horrible y afectando el mayor valor espiritual del ser humano: la esperanza.

“SOMOS CUANTO SENTIMOS Y ESO NOS HACE LIBRES”

Todos teIDnemos en esta vida una pared personal, detrás de la cual escondemos, unos más que otros, sentimientos, inhibiciones, frustraciones, tristezas, dolores, ambiciones, sueños y… alegrías.

Yo también tengo mi pared; sólo que he separado mis sentimientos de la mejor manera posible, de tal forma que únicamente tengan trascendencia aquellos que sean positivos y me edifiquen, a mí, a cualquiera de los seres que amo o a quienes me relaciono de cualquier manera.

No se trata de una pared física porque tiene que ver con mi alma y mis sentimientos que son etéreos, y al no tener conformación material es un poco más difícil contener algunos de ellos, que a veces escapan e intentan crearme problemas; pero al final, yo los controlo.

Detrás de mi pared he aprendido a vivir tan feliz como cuando tengo que traspasar sus linderos. Para lograrlo, simplemente me regalo de forma permanente y continua la posibilidad de equivocarme y cometer errores; de tratar de entender a mis hermanos humanos, aceptarlos como son, reconocer sus bondades sin escudriñar sus errores o defectos, y festejar su diversidad. De alguna manera, esto es parte del obrar humano que todos tenemos que experimentar en procura de una vida mejor; y es, precisamente disfrutando en el camino de lograrlo, como aprovecho esas múltiples experiencias que me enriquecen, inmersas en el maravilloso mundo de las cosas sencillas.

Por mucho tiempo sólo me sentía a salvo detrás de mi pared, hasta que descubrí que por tratarse de algo espiritual y no físico, no tenía límites de tiempo ni espacio. Con esa precisión ubiqué los cerrojos en mi ser interior, donde convivo con Dios y sólo Él y yo tenemos acceso, para dejar que sean mis sentimientos quienes decidan donde se quedan: delante, donde el sol brilla y las noches son estrelladas, o detrás, donde todo es oscuro. Así, atesoro aquellos que son positivos para mi o alguien más, haciéndolos parte de mi luminosa vida diaria. Por el contrario, los que considero negativos, deprimentes o dolorosos, los dejo detrás, en la parte oscura de mi pared, para no recordarlos nunca.

Hoy alguien, inesperadamente, traspasó mi pared adornándola con colores de oro, música de alas de mariposas y perfume de azahares: Wendy interrumpió mi trabajo, se sentó en mis piernas y jugueteo con mi pelo como antaño, mientras su mami la miraba con ternura; ella tiene treinta años, dos bellas niñas y es… la última de mis hijas.

«DISFRUTO IGUAL DEL VUELO DEL AGUILA QUE DEL DE LA MARIPOSA»

1465_2004-1851sBoulder, Colorado, una linda mañana de primavera. Camino por las calles sin conocer personalmente a nadie, pero todas las caras me son familiares: hombres, mujeres, niños; unos jóvenes, otros menos jóvenes y otros… mayores; rubios, blancos, afroamericanos, latinos, pero todos en lo mismo; viviendo… tratando de vivir lo mejor posible.

Es la misma gente y el mismo mundo. Es mi mundo y son mi familia humana. Sonrisas, ansiedad, alegría, tristeza, sueños, ambición, decepción; unos apurados, otros caminando lentamente; pero todos procurando encontrar alguien con quien hablar, con quien compartir, con quien huir de esa horrible soledad, que una sociedad sorprendida ante sus propios retos, incapaz de reaccionar positivamente ante el futuro, atemorizada de ella misma, nos ha ido creando progresivamente.

En mi lucha contra esa tendencia a considerarnos extraños por ser de diferente nacionalidad, origen o raza, aún siendo hermanos en Dios, sonrío a unos y otros, mientras siento el frío de la mañana, pero también la calidez de las miradas y signos positivos de respuesta de esas personas que no conozco ni sé quienes son, pero que como yo sienten que somos diversos, diferentes, pero… familia.

Padre Celestial, gracias… muchas gracias por haberme permitido vivir estos años; por todo lo que he conocido, por regalarme mi familia humana que tanto amo. Gracias por enseñarme a sonreír y a sentir amor por mis semejantes. Gracias por permitirme disfrutar igual del vuelo presuntuoso del águila como del parsimonioso paso de una mariquita sobre el marco de mi puerta.

Padre amado, gracias… mil gracias por haberme enseñado a disfrutar de este maravilloso mundo de las cosas sencillas, que llena mis días y mis noches; por el canto de los pájaros, el murmullo de las quebradas, la sonrisa de los niños, la belleza de las flores, la música de las campanas, el vuelo silencioso de las hojas al caer para dar nueva vida a… la vida y el inigualable sonido de la palabra amor, porque eso hace mi felicidad.

Padre… de alguna manera, no importa como, donde ni de que forma, ayúdame a llevar mi sonrisa, mi palabra, mi mano amiga y mi corazón abierto, a tantos hermanos solos y tristes quienes no han entendido que tú estás aquí, con nosotros, en la tierra, en el agua, en el aire, en cada cosa o movimiento; que no requerimos nada extraordinario para ser felices, porque todo es bello, maravilloso, único; porque todo tiene una razón y un propósito; porque es tu obra que nos obsequias todos los días, sin considerar si lo merecemos o no y con la única intención de que seamos felices.

Y esta noche Padre, cuando las estrellas guiñen sus ojos al mundo y yo cierre los míos, déjame considerar que hice algo por alguien, porque así sentiré que soy digno de llamarme… tu hijo.