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ISAB ELITA H IJA DE GINASomos físicamente tan vulnerables, que nada, en ningún momento, puede asegurar nuestra existencia física.  No se requiere una locomotora que atropelle, o un edificio que se derrumbe, para perder la vida; suficiente es un microgramo de colesterol adicional en una arteria, una bacteria sólo detectable por un microscopio o un tropezón con una acera para abandonar este bello mundo.

¿Cuál elemento nos permite vivir sin preocupación aún con esa gigantesca vulnerabilidad física?

Se trata del factor confianza, cual nos indica esperar siempre lo mejor, porque su sustento es la seguridad de que Dios siempre está presente velando por sus hijos.

La confianza nos permite creer en las personas, en su amor, amistad, y en general en todo tipo de relaciones. No podría concretarse ningún matrimonio, negocio, convenio profesional o contrato de ningún género, sin un mínimo de confianza en el cumplimiento de lo pactado.

Las relaciones conyugales y familiares de cualquier género serían un desastre, sin ese margen mínimo de confianza en los demás. En los países con graves problemas sociales, su mayor problema radica en que los ciudadanos carecen de un margen mínimo razonable de confianza entre ellos y en sus relaciones con el Estado.

Nuestra vida sería desastrosa si permitiéramos la permanente desconfianza sobre nuestra seguridad personal, económica y jurídica; de nuestros allegados, vecinos y extraños; de nuestra salud y posibilidades de éxito en nuestros proyectos.

El margen mínimo de confianza es fundamental. Es lo que nos permite planificar, invertir, establecer proyectos familiares, de estudio y de negocios.

En estos tiempos de cambio, frente al desasosiego, temor y crispación, más que nunca se requiere echar mano del sentimiento de confianza, sobre la base de la convicción de que no estamos en este mundo por accidente, sino con un plan individual y determinado que, aunque no conocemos, nos blinda contra cualquier desastre mientras no se haya cumplido nuestra misión.

Es esa mi recomendación de hoy: no permitir que se agote ese margen mínimo de confianza en nuestros hermanos humanos; en su reserva de generosidad, que a veces, aunque no la veamos a flor de piel, sí que se encuentra inmersa en lo más profundo de su ser, porque todos, sin excepción, tenemos en nuestra alma, esa herencia divina que nos hace merecedores de ser llamados hijos de Dios.

YO (ANTIGUO LOOK), MATT Y JENNY CON SUS HIJOS RIVER, MARCHI STORY)

Hoy debo tratar sobre aquellos hombres que pierden la ruta de cómo hacer bien las cosas en el plano familiar. He tenido amigos financieramente exitosos, pero sentimental y familiarmente… fracasados; de sus experiencias aprendí, que ciertos errores  en el plano personal, difícilmente la vida los perdona.

En la combinación familia-profesión/trabajo, he visto los casos más tristes. No obstante que el modelo económico actual  propone como verdad que el  mayor éxito de un ser humano lo es en su profesión y caudal económico, para la familia donde se ama a esposo y padre  auténtico, lo más importante es la convivencia amorosa y solidaria.

Cuando una mujer escoge un hombre para constituir un hogar cálido, afectuoso, edificante y… permanente, esencialmente busca amor, compañía, lealtad y solidaridad. Es que, aun disfrutando la cónyuge de los éxitos profesionales de su pareja, no fue su intención la fama o las cifras de una cuenta bancaria, sino la de un marido; porque hoy las mujeres tienen las mismas oportunidades que cualquier hombre, sin requerir apoyos adicionales.

¿De qué sirve acrecentar la riqueza personal, si se sacrifica  la familia? Lo que  hace la familia especial para un hombre, es disfrutar a plenitud del amor de su esposa, compartiendo con ella esos inolvidables momentos, como ver dar los primeros pasos a los hijos, oír sus primeras palabras, disfrutar sus cumpleaños, asistir a sus presentaciones en la escuela  y observar su rendimiento,  sentarse en la cama con ellos cuando están enfermos. Pero esas son situaciones especiales y únicas que tienen su momento cumbre, cual si se pierde desventuradamente nunca volverán.

Envejecemos y con los años, el dedicar más tiempo a batallar por una vida que no entendemos en su verdadera magnos lleva a descuidar ese pequeño pero trascendental mundo de las cosas sencillas, que se desarrolla en el hogar y no en el trabajo o las reuniones de negocios,   perdiendo la bellezaz e intimidad de esa fuente  de paz y amor que se llama… hogar.

Para el cónyuge, la ternura, pasión, solidaridad, reconocimiento, comprensión y buena comunicación, no puede sustituirlas una cuenta bancaria, fama o poder. El amor físico-espiritual no conoce elementos tangibles, porque en lo interno donde vive, las cosas materiales no tienen trascendencia.

Para los hijos, que crecen, se van y constituyen sus propios hogares, en su recuerdo es más importante la asistencia de su padre a un acto cultural, que los caros regalos o las placas de reconocimiento de su padre. El mundo de los niños es tan reducido y vulnerable, que papá y mamá prácticamente lo son todo. Por eso, el único recuerdo de su hogar primigenio que perdura, es el de los buenos momentos con sus padres. No recuerdan los honores o éxitos económicos de éstos, sino esos momentos que  con ellos compartieron en la intimidad del hogar.

Es la tragedia de quienes no entienden estas verdades y dedican su vida a atesorar dinero, fama o poder, dejando en segundo lugar la familia, que al final, de la manera más triste, terminan su vida sin compensación afectiva, y en algunos casos, en la mayor desgracia de un ser humano: solos en su vejez.

Night-Lights-Aurora-Borealis-Alaska_th¿Qué es la conciencia?

Más allá de conceptos filosóficos, academicistas o escolásticos, como soy un escribidor para las personas comunes y corrientes, trataré sobre el vocablo CONCIENCIA, desde el ángulo del pensamiento consciente, ya que existe una dimensión de la conciencia en el sueño y en estados hipnóticos, así como que se afecta por el alcohol y las drogas heroicas.

La conciencia nos diferencia de los seres irracionales, constituyéndonos en seres especiales, inteligentes, únicos y… maravillosos en el universo conocido, permitiéndonos asimilar apropiadamente la realidad del ambiente que nos rodea. Así, mediante nuestra percepción sensorial estabilizamos nuestras inquietudes físico-espirituales, digiriendo esas sensaciones externas-internas que experimentamos, con la fuente que le da nacimiento y sustento: LOS VALORES.

La conciencia, que paradójicamente siendo absoluta, nace de valores que son duales o bipolares (frente al bien el mal; frente a la alegría la tristeza, etc.), nos permite procesar internamente el efecto de todo acto propio o de extraños, porque al compararlo con lo que somos o quisiéramos ser, nos posibilita reconocer los aciertos de quienes, conforme a nuestra ideología interna pudieran ser mejores, así como aceptar aquellos que sobre esa misma base, pudiésemos considerar de nivel inferior.

El entender lo que es conciencia para acercarnos a una vida feliz ya es una preocupación colectiva, por lo cual la UNESCO mantiene una propuesta para desarrollar “cursos de conciencia” en la educación formal, inclusive a nivel pre-escolar, con intención de fortalecer la conciencia individual y así promover la conciencia colectiva, en busca de una CONCIENCIA UNIVERSAL que redunde en bienestar y felicidad para todos.

Podemos asimilar la conciencia a un árbol, donde la raíz es DIOS, su cuerpo LOS VALORES, sus frutos LA FELICIDAD PERSONAL, y sus efectos sobre el ambiente LA PAZ SOCIAL. El amor, la verdad, la solidaridad, la honradez, la lealtad, la caridad y el respeto por la persona humana en su integralidad físico-espiritual, entre otros, son valores fundamentales que debemos cultivar, por sobre toda nuestra diversidad de pensamiento.

Una conciencia acorde con esos valores supremos, no sólo tranquiliza y predispone nuestro espíritu para recibir y dar amor, sino que físicamente, como ya ha sido probado científicamente, beneficia nuestro sistema inmunológico y nos hace fuertes frente a las posibles enfermedades,

Acoto que, aunque algunos comportamientos humanos fueren deplorables, la conciencia siempre es buena porque es ese hilo que nos vincula con Dios; por tanto, recuerde que en su voluntad se encuentra la posibilidad de tener una conciencia tranquila, lo cual no es nada difícil y le permite amar intensamente, ser útil, prever enfermedades y tener un cuerpo sano, enfrentar cualquier adversidad con fortaleza, todo lo cual le asegura una vida feliz.

orandoAnoche, mirando un programa sobre la recuperación de un alcohólico, el gran sufrimientos de su esposa, hijos, hermanos y amigos, que le observaban impotentes morir en vida sin poder hacer nada, reflexioné sobre todo lo que Dios nos ha preservado, pero también de lo mucho que nos ha dado, que hoy más que nunca me siento obligado a dar gracias… infinitas gracias.

Siento que estar todos con vida, amarnos, aceptarnos y admitir a nuestros hermanos humanos con su propia diversidad; no ser dependientes de ningún vicio y sentir a Dios, todos los días como parte de nosotros mismos, reúne las mayores bendiciones. Saludar con entusiasmo cada día que nos permite enfrentar los retos que nos imponemos, y recibir la noche como la recompensa para la meditación y el descanso, son otros privilegios que nos obligan a recordar la infinita bondad divina.

Creo que todos, sin ninguna excepción, tenemos mucho que agradecer a Dios; pero a veces, por descuido o porque se nos pasa desapercibido, no reflexionamos sobre lo tanto que hemos recibido.

Basta con abrir un Diario nacional o extranjero, hojear una revista o mirar la televisión, para enterarnos como muere la gente todos los días o como quedan lisiados para siempre; como las personas, independiente de su edad o condición social, son objeto de violencia y crueldad; como jóvenes, en toda su plenitud, entregados a graves vicios y actividades obscenas, desperdician lo mejor de sus vidas, automancillando ese bendito cuerpo que recibieron de Dios, enfermándose y haciéndose viejos antes de tiempo.

Pero nosotros hemos sido preservados; se nos bendijo con claridad mental, humildad, amor a nuestro cuerpo y a las demás personas, así como fe en nuestra capacidad para superar cualquier eventualidad, porque con propiedad nos sentimos herederos de Dios sobre esta tierra, lo cual nos obliga a ser mejores todos los días para continuar siendo merecedores de tales dones.

Siento que no basta con agradecer, sino que se requiere divulgar la necesidad de entender que fuimos dotados de condiciones especialísimas, como la razón y la inteligencia, cuales les fueron negadas a los demás seres vivos, y eso es una gran ventaja para ser felices, pero es también un delicado compromiso, porque se nos exige en la misma medida en que se nos da, y de igual manera estamos obligados a dar testimonio y enseñar estas verdades. Es suficiente que una sola persona lo entienda, tome el ejemplo o lo aprenda, y ya habremos hecho bastante.

Por eso debemos dar gracias a nuestro Padre Celestial todos los días, en cada hora, en cada minuto, porque somos afortunados por conocer estos secretos; por haber recibido suficiente fuerza de voluntad para ponerlos en práctica, no incurrir en errores irreparables, poder cosechar sus frutos, deleitándonos en una vida plena y feliz.

“LOS MOMENTOS FELICES NO PUEDEN ESPERAR”

En una sesión de asesoramiento, un empresario me manifestaba su preocupación porque los negocios estaban decayendo, las proyecciones económicas no eran buenas y vaticinaban una recesión. Cuando luego de emitirle mi criterio pregunté con interés por su familia, su respuesta fue realmente vaga y desinteresada; tal como si al formular esa pregunta, estuviera tratando algo de menor importancia. En ese momento recordé al rabino Harol Kushner, cuando escribió:

“¿De qué se trata la vida? No es acerca de escribir grandes libros, amasar una gran fortuna, alcanzar el poder; es acerca del amar y ser amado, es acerca de disfrutar la comida y sentarse al sol, en vez de almorzar corriendo y regresar apuradamente a la oficina. Es para saborear los momentos que no perduran, los atardeceres, las hojas que cambian de color en el otoño, los escasos momentos de comunicación real. Es acerca de saborearlos en vez de perderlos, porque estamos tan ocupados y no van a esperarnos hasta que tengamos tiempo para ellos.” (Citado por el Dr. Ron Jenson en su obra Viva la Vida no Sobreviva),

Ciertamente, a muchas personas se les escapa lo más bello del maravilloso hoy, pensando y preocupados por lo que pudiera suceder el día de mañana. En esa inquietud por asegurarse un futuro,  que es incierto e imprevisible, mediante la acumulación de riqueza y poder, descuidan las cosas bellas, sentidas, sencillas e inmediatas, cuales tienen a su alrededor y pudieran hacer su felicidad, cuales para disfrutarlas no requiere ninguno de esos dos factores.

Es que para amar y ser amados, para disfrutar de la familia, de la paz mágica del hogar que premia el esfuerzo razonable, se requiere equilibrar el tiempo y el esfuerzo. La actividad productiva moderada deja holgado espacio para el disfrute de la familia, trabajo, comunidad, entretenimiento, estudio y actividades complementarias; pero jerarquizadas.

La acumulación de riqueza y poder, deben ser secundarios, porque no son esenciales para la felicidad, y por tanto, no debe cambiarse lo seguro y permanente, por lo dudoso y de imposible aseguramiento.

Como lo parangonara Harold Kushner, las frescas mañanas, los bellos atardeceres, las gotas de rocío sobre las flores, la graciosa risa de los niños, el tierno beso de la esposa, el abrazo y la bendición del padre anciano, no van a estancarse ni pueden esperar hasta que tengamos tiempo para ellos; porque cada momento es único e irrepetible; pasa, se desvanece y pudiera ser que… no regrese.

Pienso que en abono a la no preocupación por eventos imposibles de predecir, fue que Jesús enseñaba a sus discípulos: “Cada día trae su afán…  basta a cada día su propio mal.”

Si damos prioridad, dedicación y entusiasmo a ese mundo maravilloso del amor y la familia, quedará el tiempo necesario para las demás actividades. Son las leyes de Dios que rigen nuestra vida; no todas están escritas pero se cumplen siempre, y de eso yo, con una vida activa y feliz por más de seis décadas, puedo dar fiel testimonio.

«LA INFIDELIDAD SEXUAL ES PRODUCTO DE LA CIVILIZACION   Y NACIO CON LA MONOGAMIA»

pareja-relajante-habitacion-~-u18526469La infidelidad sexual es un problema que afecta de tal manera a la sociedad, que si se le diera mayor trascendencia de la que realmente tiene, se bajaría de forma peligrosa el nivel de parejas constituidas.

¿Cómo, porqué surge y se acrecienta este problema? No tiene aceptación conceptual universal, quedando al libre arbitrio del analista que se interese en el tema; personalmente, creo que la infidelidad sexual es producto de la civilización y nació con el advenimiento de la monogamia como institución social.

¿Por qué se produce en una pareja consolidada, que se aman y hasta con hijos? Respuesta inmediata, lógica y general ciertamente no la tiene, porque los seres humanos somos especulativos, diversos pero individuales, y de esa misma forma reaccionamos ante una idéntica situación o motivación, independiente de su recurrencia y/o factores de tiempo y espacio. Consecuencialmente, corresponde analizar el cómo se produce la circunstancia que desencadena el acto, porque es allí donde podemos encontrar respuestas coherentes, que nos permitan entender y prever este fenómeno social.

La infidelidad sexual no se produce como una reacción inmediata o espontánea a un evento específico, sino que es un proceso progresivo del desamor, desencanto y perturbación, que sitúa a la relación de pareja en su más bajo nivel afectivo. En la mayoría de los casos, de alguna manera, ambos tienen parte de la culpa; el actor, por no plantear a su par su situación sentimental de frustración o rechazo, y el afectado por no ser suficientemente diligente y cuidadoso, para observar la actitud y el comportamiento anormal de la otra parte, previo a la materialización del acto desleal.

Pareciera que los miembros de pareja olvidaran que, aunque no se escriba en ningún documento, el compromiso de reciprocidad amorosa y sexual lo es únicamente mientras el amor se mantenga vivo y activo; porque continuar una relación de intimidad sexual con quien que ya no se ama, es un acto de engaño y violatorio de ese pacto no escrito que fundamentó el inicio de la relación.

Lo apropiado es que en el mismo momento que se deje de amar, se manifieste la situación y se ejercite el derecho de separación, so pena de incurrir en la utilización de la otra persona como instrumento de satisfacción corporal, pero sin involucrar el amor, que hace del acto sexual en la pareja algo sublime, sagrado y profundamente espiritual.

A título de ejemplo, para mencionar uno de los factores de mayor incidencia para que algunas parejas aun no amándose permanezcan unidas, convirtiéndose en potenciales candidatos para la infidelidad sexual, lo es la necesidad legal de repartir los bienes habidos durante la unión. Así, al sacrificar el amor por los bienes, se inicia un camino largo, desagradable y… peligroso, que al hacerse inaguantable en el tiempo, lo único que logra es demorar el rompimiento, con fatales consecuencias para ambos, debido a que se produce en una etapa de la vida, cuando no obstante ser posible lograr una relación nueva, por la edad se hace más difícil.

¿Existe forma de prevenir la infidelidad sexual? Pienso que sí, en tanto y en cuanto exista buena comunicación, aceptación y respeto por la relación; ya que, si se manejan bien los factores comunicación y aceptación, plantear a tiempo la situación previa de insatisfacción que induce a buscar otra persona para llenar los vacíos vivenciales producidos, es una muestra de respeto tanto a la persona con quien se hace pareja, así como de la relación existente.

Quien ama quiere la felicidad de su amado, y como consecuencia, conociendo que su amor no es compartido por su pareja, nunca pretendería sacrificarla en aras de mantener una relación donde sólo él se satisface. De tal manera que, liberarla para que pueda rehacer su vida, además de un acto de amor sublime, puede significar la posibilidad de emprender un nuevo proyecto personal, orientado a lograr la ansiada felicidad.

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¿Qué es la juventud o la vejez y cómo se presenta más allá de la edad cronológica?

¿Puede medirse la edad de las personas por la cantidad de años vividos o por su actitud frente a la vida?

Creo que más allá del aspecto semántico, estas interrogantes quedan al arbitrio de quien sobre ellas quisiere predicar algo.

En mi caso, dado el largo pero interesante camino por esta vida, he compartido con personas que acumulaban varias decenas de años, pero tenían viva y activa su curiosidad, entusiasmo e interés por explorar nuevos caminos y proyectos, que no se compadecían con su avanzada edad cronológica; vale decir, eran personas de juventud prolongada.

También he conocido personas no más allá de los treinta años de edad, quienes por su forma de ver la vida y las cosas, su temperamento timorato, taciturno y negativo, parecían encontrarse de vuelta del final del camino, cual personas de envejecimiento prematuro.

Porque… más allá de la apariencia fìsica… ¿Qué diferencia los jóvenes de los viejos? ¿No es acaso el entusiasmo, la curiosidad, el deseo de emprender, experimentar nuevos senderos, retos y proyectos? ¿No es acaso el deseo casi incontrolable de soñar, amar con pasiòn, enfrentar con valor y optimismo la cotidianidad y sus desafíos, independiente de cual fuere su entidad?

No son la cantidad de años vividos lo que determina la actitud juvenil, que se supone materializada en la aptitud y el arrojo al plantearse metas, fantasías e ilusiones, para avanzar de frente y sin tregua a la consecución de su logro, en un mundo sinérgico y todos los días cambiante.

Es la actitud frente a la vida y sus circunstancias lo que determina lel comportamiento juvenil o de vejez. De hecho y salvo raras excepciones, fueron personas mayores de cuarenta años, quienes, sintiéndose con su juventud prolongada, realizaron los mayores e importantes aportes a la civilizaciòn; sin que de ninguna manera pueda significar que brillantes jóvenes no aporten todos los días grandes beneficios a la sociedad.

En una oportunidad escuché una expresiòn por demás significativa de la actitud de una persona, respecto de su edad. Mientras degustaba un cafè en mi sito favorito, entró un señor como de unos sesenta  y cinco años, subido de peso pero risueño, a quien esperaba un parroquiano en una de las mesas y quien le saludò efusivamente, dicièndole:

-Te ves muy bien, hoy.

-Es lògico. Al fin y al cabo, soy hombre joven.

-¿Tú? Pues yo se que tienes màs de sesenta años de edad. ¿Còmo puedes llamarte joven?

-Si, yo… tengo dicieocho años de edad y cuarenta ycuatro de experiencia.

No sé si el paroquiano entendiò lo que este su amigo quiso transmitirle, pero yo sí que lo entendì perfectamente. Aquel hombre de sesenta y dos años de edad, su actitud frente a la vida y las cosas, su entusiasmo de vivir, le ubicaban en la òrbita de uno de dieciocho años, cual era su edad vivencial; pero estaba feliz de haber vivido cuarenta y cuatro años màs -que él consideraba de experiencia- cuales sumaban su edad cronològica de sesenta y dos años.

Por eso, quien acuñó el término “años dorados” fue una persona realmente brillante. Es con esa edad que nos permite haber visto la espalda de las cosas, cuando desde la atalaya de nuestro corazón y parados sobre el pedestal de lo vivido podemos determinar, sin mucho problema, quienes realmente son viejos  por qué se sienten tales,  y quienes por el contrario, independiente de los años vividos, disfrutan de una juventud prolongada.

Una joven amiga me decía en tono reflexivo: “Me es más grata la compañìa de un hombre de edad, entusiasta, atento, sencillo y bien humorado, que la de un joven negativo, apocado, timorato, díscolo o de mal humor.” Creo que en esa expresión se resume la diferencia objetiva que determina, no la edad cronológica de los documentos de nacimiento, sino esa otra edad vivencial, que hace del ser humano ese milagro de la naturaleza, capaz de ser y hacer de su vida exactamente lo que de ella desea, independientemente de cuantas lunas o inviernos halla experimentado como ser humano, sobre esta madre tierra.

«LAS ENFERMEDADES SE ORIGINAN POR CONFLICTOS DE APEGO Y CONFLICTOS DE   DESAMOR»

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El Dr. Hamer planteó el carácter bifásico de las enfermedades. Esto es que, en cuanto la persona resuelva el conflicto, en ese momento la solución ocurre, INICIÀNDOSE EL PROCESO DE CURACIÒN DE LA ENFERMEDAD. Vale decir, si a nivel síquico esa persona resuelve el conflicto, el cerebro da la orden de restitución del daño causado y comienza la fase de curación orgánica. Esto fue probado científicamente en el 100% de los casos, mediante los scanner cerebrales.

Igualmente determinó que agrupando todos los tipos de conflictos del mapa cerebral, nos encontraríamos con dos grandes tipos de conflictos en los que cae el ser humano: conflicto de apego y conflicto de desamor. Los demás son matices de ellos, dependiendo del matiz será el órgano que se vea afectado.

Así, por ejemplo, en el cáncer de mamas, determinó que en 100 de estos casos, todas las mujeres tenían un conflicto con el mismo colorido: Si son diestras y la mama es la izquierda sería un conflicto de madre-hijo; conflicto de separación de un hijo. Si la mama es la derecha sería un conflicto general y especialmente de pareja. Como en los casos de cáncer de mama, él desarrolló una tabla que determina la relación causa-efecto y abarca el 90% de las enfermedades.

Lo insólito, paradójicamente por normal, es que a nadie extrañe que los problemas gástricos, los infartos y dolores de cabeza, siempre se atribuyan a la consecuencia de situaciones estresantes, pero cuando se trata de enfermedades más graves, especialmente como el cáncer, a ningún médico se le ocurre pensar en lo psico-somático; esto es que, como en los casos referidos, pudieran derivar o ser producto de situaciones generadoras de estrés en el paciente, como problemas sentimentales, temor, pérdida de seres queridos, situaciones difíciles en el trabajo, desempleo o por dificultades en los estudios, por citar algunas fuentes de problemas personales.

Ciertamente, más allá de cualquier especulación científica o academicista, para quienes hemos sobrevivido enfermedades o hemos estado al lado de un ser querido, que ha logrado superar una enfermedad considerada grave no utilizando la medicina convencional para curarse, los descubrimientos del Dr. Hamer soportan por primera vez y desde el punto de vista científico, nuestro criterio empírico de que, en mucho, somos nosotros  mismos los causantes de nuestras propias enfermedades y no podemos echarle la culpa a nadie.

Sólo son excusas justificativas  cuando en presencia de una enfermedad, decimos que la naturaleza ha fallado en nosotros, la mala suerte o el castigo divino, y ahora voy al médico para que me cure haciendo abandono de nuestra propia responsabilidad. Si nosotros que somos entes físico-espirituales, no somos capaces de resolver nuestros problemas internos, no podemos esperar que los resuelva un médico que actúa en forma externa; al menos no a uno a quien únicamente le preocupa nuestra parte física.

Para finalizar, les dejo como tema de reflexión las palabras del Dr. Fermín Moriano, en una conferencia en España en 1995: “El conflicto hay que resolverlo emocionalmente. La cuestión no es administrar fármacos…Lo que la naturaleza te está tratando de decir es que aquí estás viviendo una situación que no te conviene, o dejas de vivirla o te separas de ella.”

Inormación Adicional Sobre El Tema:

http://www.sunoven.de/medicina-sagrada3.html;    http://free-news.org/hamer08.html

«TODA ENFERMEDAD TIENE QUE VER CON NUESTRA  INTEGRIDAD PSICO-FÍSICA.»

6457-tn_03roatangranvia_jpgUna consecuente lectora me solicitó “traducir a lenguaje común” un material de Internet sobre los descubrimientos del Dr. R. G. Hamer –cuales se originan del cáncer en su persona y su esposa por causa del dolor y estrés que les produjo la muerte de su hijo -cual fue el motivo que incentivó la larga investigación- que fundamentó su teoría de LA NUEVA MEDICINA, lo cual representa una nueva tendencia en el mundo de las Ciencias de la Salud, orientada a ver el enfermo en su conjunto y no solamente el órgano que padezca la enfermedad.

Por lo denso del material, me obligo hacerlo en dos entregas que inicio manifestando que tal información cientìfica afianzó mi criterio, muchas veces expresado en este Blog, desde el punto de vista humanista -y si se quiere empírico- de que la felicidad cura las enfermedades, y como deducciòn lógica, la infelicidad las produce –especialmente el cáncer.

El Dr. Hamer probó científicamente y al 100% mediante teoría de 5 Leyes Biológico Naturales que, «La enfermedad es un programa inteligente de la naturaleza tendente a decirle al individuo que está viviendo una situación que no le conviene» y por ende la inoperancia de las terapias agresivas que se utilizan en la curación del cáncer y de otras enfermedades, especialmente la quimioterapia, lo cual le significó una persecución por parte del gremio médico convencional, colegiado en academias y universidades, desde 1981 cuando presentó su descubrimiento, hasta el presente; no obstante que su teoría ha sido revisada por más de veinte universidades y grupos de alta calificación médica, en vez de dos revisiones, cual es lo que se exige en estos casos. Quizàs porque como lo escribieran en 1956 los enfermos de cáncer en los muros del Hospital de Villejuif de París: «Del cáncer vive mucha más gente de los que morimos».

El Dr. Hamer probó mediante el estudio de la situación emocional previa de los pacientes con cáncer, que en un 100% estaban afectados por alguna situación problemática grave, y en muchos casos, una experiencia devastadora que afectaban su psique, como lo demostraron las historias, altamente dramáticas en un tiempo anterior al de la aparición de la enfermedad; lo cual, debido a las pruebas científicas realizadas, no dejó duda de que eran esos estados anímicos LA CAUSA que producía EL EFECTO dañoso: LA ENFERMEDAD DE CANCER.

Soy muy sensible a este tema, porque a principios de los ochenta, médicos venezolanos diagnosticaron a mi esposa una lesión cancerígena en el colon; determinación que fue ratificada por los médicos de un famoso Hospital en Houston Tx. Como la medicina convencional, en un 95% de estos casos, no ve otra opción que la cirugía, quimioterapia y/o radioterapia y habiéndonos manifestado que sólo le quedaban dos años de vida, desistimos de continuar utilizando la medicina convencional; nos refugiamos en Dios, nuestro amor, la capacidad natural de auto curación del organismo, la eliminación de factores de perturbación que logramos determinar estaban afectando su psique, y tomamos como único camino vivir intensamente nuestra vida, sin hacer mucho caso al diagnóstico médico, seguros de que otras fuerzas superiores harían lo demás. El resultado fue que hoy, 29 años después, mi esposa sigue viva, bella y feliz, con la plena seguridad de que, si se eliminan los factores de perturbación, la felicidad, la fe en Dios y una vida moderada, son el mejor remedio contra las enfermedades; especialmente el cáncer.

El Dr. Hamer advirtió algo que pareciera simple, pero que es fundamental: la medicina convencional no aplica la visión de conjunto del cuerpo humano, que es físico-psíquico, sino que lo trata por partes, en aquella que se supone se encuentre afectado. Más o menos como si se tratara de una parte de un auto o de una casa que debe repararse, lo cual es un craso error porque tratándose de seres humanos, no se puede perder la visión de conjunto que engloba sique, cerebro y órganos, concepción que para él es clara y contundente.

En sus descubrimientos este científico, al aplicar múltiples scanner cerebrales, determinó algo novedoso y extraordinario: “Todo shock síquico, altamente traumático, que nos toma por sorpresa y es vivido en aislamiento, a partir de ese momento lesiona el órgano que gobierna esa parte del cerebro…y esto se cumple en el 100% de las enfermedades, excluyendo tres: los traumatismos, los envenenamientos y las que ya se nace con ellas.”

Continúa en próxima entrega el 17-07-2009: RESOLVER CONFLICTOS, LA MEJOR MEDICINA.

                                    “SI SABES APROVECHAR EL MOMENTO, NO IMPORTA QUE NO REGRESE”

EL VIENTO

La risa cantarina de una de  mi última nieta interrumpió mis cavilaciones y me regresó a este mundo real, que tantas cosas bellas me ha regalado.

¿En qué tiempo sucedieron tantas cosas?

¿Si parece que fue ayer que nacieron mi hijos Eduardo y Jenny, que de uniforme iban a la escuelita de niños, y de pronto, el uno cumple cuarenta años y la otra recibe del Decano de su Facultad el Título de Abogado?

¿Si aun siento en mi cara con dulzura la brisa mañanera del parque, mientras perseguía a Ginita, con su monito rojo y su carita de yo no fui, y en un tiempo que pasó como una exhalación, confundida dulzura y temor presencié su… matrimonio?

¿Si todavía percibo las lágrimas de emoción sobre mi pecho, de Wendy la más pequeña de mis niñas, cuando se casó, pero ya transcurrieron diez años y llegaron dos bellas niñas que parecen sacadas de un cuento de hadas?

¿Si el temor de no conocer el futuro de Johnny a los diciocho años, cuando se mudó para Chicago ,aun presiona mi garganta, pero ya tiene treinta y cuatro años y… dos hijos?

¿Cómo fue que transcurrieron tantos años y llegaron mis diez bellísimos nietos, casi sin percatarme de ello?

¿Cómo fue que el bullicio de la vieja casa familiar, el olor a parrilla de los sábados alrededor de la piscina, y la música de noches casi interminables, dejó paso al cálido pero a veces triste recuerdo de días que no fueron ni mejores ni peores, pero sí… diferentes?

Es el tiempo, que como el agua y la voz de las quebradas pasa, acaricia tus manos y tus oídos, pero se va y… no regresa nunca más.

Es la plegaria de la caída de las hojas y los pétalos de las rosas, que entregan a la tierra su vida para dar… nueva vida. Si sabes disfrutarlos, si entiendes su temporalidad como un atributo, entonces no importa que pasen y no regresen, porque se quedan por siempre en tu alma, donde nunca envejecerán.

Si has sabido entender que todo tiene su tiempo para vivirlo, y que eres únicamente tú y nadie más, quien puede hacer el recuerdo alegre, entonces no importa cuándo ni cómo transcurrió, porque lo viviste y eso nadie te lo puede quitar.

Rememoro por acertada la sentencia de Dale Carnegie: «Nunca más pasaré por este camino…» porque me hace recordar que debo amar y dusfrutar a la gente y a las cosas con fruición en todo momento, pero además decirlo porque pudiera ser que…  nunca más  volviera a pasar por este camino.

Y aquí, a mi lado  tierna, serena y feliz; como si no hubieran pasado los años, mi compañera de viaje largo, mi socia de la vida, siempre joven y bella; ayudándome a sentir cuánto hemos vivido y recibido de Dios;  haciéndome  apreciar que en todo tiempo la vida es bella, porque todas sus etapas son una oportunidad para… ser felices.