A principios de los años Sesenta del Siglo pasado, me invitó un amigo a Maracay Estado Aragua – Venezuela, a visitar a un amigo suyo que como a mí no gustaba escribir poemas. Se trató de un joven como de 20 años, quien bondadosamente me obsequió en una hoja de papeo escrita a máquina, un poema que el había escrito, cual el denominò CONTESTACION A PÌNTAME ANGELITOS NEGROS donde contestaba a Andrès Eloy Blanco en su Poema Píntame Angelitos Negros, la estrofa donde pedia:
«Pintor que pintas tu tierra,si quieres pintar tu cielo, cuando pintes angelitos,acuérdate de tu pueblo,y al lado del ángel rubioy junto al ángel trigueño,aunque la Vírgen sea blanca,píntame angelitos negros”
Pues bien, si mal no recuerdo, este era el texto de su poema, el cual por cierto creo que nunca llegó a publicar, porque no obstante mis muchos esfuerzos de investigación, nunca lo he visto publicado, y yo, en su honor, quiero publicar en este post, parte que de èl recuerdo: Pues bien, si mal no recuerdo, este era el texto de su poema, el cual por cierto creo que nunca llegó a publicar, porque no obstante mis muchos esfuerzos de investigación, nunca lo he visto publicado, y yo, en su honor, quiero publicar en este post, parte que de èl recuerdo:
«Voy a hacerla de pintor para pintar tu contento,
pintando una Virgen blanca con siete angelitos negros,
nacidos como tu quieres: de Moròn a Barlovento.
Vendràn angelitos blancos codeàndose con los blacnos,
pintaitos de carbòn y con pelucas de `pimienta,
guardando en estuches rojos siete sonrisas de perlas.
Netrito, vete poniendo tus alpargatitas nuevas,
para hacer un largo viaje a lomos de mi acuarela,
que si te echase de menos la aristocracia del cielo,
les dicdes que vas conmigo, que tu vas en mi poma
cruzando miles caminos para llegar hasta ellos
y que vas representando a los negros de mi tierra.
Negros de la corta negra,regiones de venezuela,
Cuando Barlovento llora,cuando se quejan sus negros,
ya sienten dolor rofundolos angelitos el cielo.
Porque no hay angelees blancos,Porque no hay angeles negros,
porque no hay policromìa,en la alta Jerarquìa del confín del Universo.
Por eso yo te complazco,pintando angelitos negros,que aunque la Vigen sea blanca
y los deje morir de miedo,los angeles de mi tierra,
también llegarán al Cielo.acúerdate de tu pueblo,
y al lado del ángel rubioaunque la Vírgen sea blanca,
Quiero informar y pedir disculpas a mis consecuentes y queridos lectores, que por razones de salud personal, estuve algunos meses prácticamente activo en algunas de mis actividades, dentro de ellas mis artículos (posts) en este Blog. No obstante, la próxima semana reinicio esta actividad. Que Dios los bendiga y nos bendiga a todos, especialmente recordándonos permanentemente que: “Debemos vivir intensamente todos los dìas, en cada uno de sus minutos, porque definitivamente: definitivamente TODO PASARA.”
Quiero informar y pedir disculpas a mis consecuentes y queridos lectores, que por razones de salud personal, estuve algunos meses prácticamente inactivo en algunas de mis actividades, dentro de ellas mis artículos (posts) en este Blog. No obstante, la próxima semana reinicio esta actividad. Que Dios los bendiga y nos bendiga a todos, especialmente recordándonos permanentemente que: «Debemos vivir intensamente todos los dìas, en cada uno de sus minutos, porque definitivamente: definitivamente TODO PASARA.»
Para alguien como yo, quien he vivido con mi esposa prácticamente sin edad, porque durante más de 50 años nos hemos sentido… jóvenes; quizás un poco usados, pero… jóvenes. Siempre he vivido interesado en observar la actitud y manifestaciones de las damas, especialmente de aquellas dentro de los más de 2.800.000 cibernautas que visitan mi Blog WWW.UNAVIDAFELIZ.COM, donde la mayoría son mujeres y también las que personalmente trato, por lo cual tengo cualidad para escribir con sensatez este artículo, que pudiera o no ser compartido por mis lectores. Esa mirada tranquila, reservada y a veces enigmática de la mujer madura, suele ser en muchos casos, especialmente seductora, y si se quiere… prometedora. Independientemente de su elevación espiritual, cuidadosas de su cuerpo, atentas, respetables y respetuosas, quizás por ese acoplamiento físico-espiritual que logran alcanzar con sus parejas, son quienes manifiestan disfrutar y hacer placentera a su pareja, en sus relaciones sexuales.
Independiente de que creo que toda edad es buena para amar, sí debo comentar que he observado y, al menos en mi relación personal verificado, que la mujer es como una fruta, que inicialmente es verde, luego pintona, pero su delicioso sabor lo adquiere con la vivencia diaria y experiencia, solidaridad in crescendo que surge de ese dar y recibir amor, aceptación, reconocimiento y entrega, tanto física como espiritualmente, cuando está… madura; y es en ese momento cuando la mujer tiene plena conciencia de qué y cuánto vale; qué y cuánto ha aprendido de la vida; y especialmente, la seguridad de la calidad del amor que, como producto de lo vivido, puede aportar a una nueva relación.
De esa experiencia vivencial acumulada, surge esa magia que la hace tan apetecible; porque, precisamente por haber ido viviendo intensamente todas sus etapas, el hombre encuentra en ella la novia, cuando se siente romántico; la amiga, cuando requiere hablar sobre sus problemas; la madre, cuando lo golpea la vida y requiere un hombro sobre el cual recostar su cabeza; y la amante experta, cuando sus bríos hormonales requieren…. Sexo.
No nacemos sabiendo amar más allá que a nuestra madre; todo lo demás es cultural, simplemente lo aprendemos. De hecho, es muy diferente la forma de amar de hoy a la del homo sapiens hace cincuenta mil años o la del siglo XIX, porque como todo hecho cultural, tiene que ver con el tiempo y el espacio, que lo hace decantar, hasta llegar a esa maravillosa relación de equipo, en la cual la protagonista, definitivamente, es la mujer. Por todo lo expuesto, pienso que cuando un hombre encuentra atractiva una mujer madura, no debe desperdiciar esa oportunidad de lograr el premio mayor: el mágico, discreto pero apasionado amor de la mujer madura.
Hoy nuestro mundo está afectado en sus valores éticos. Principios fundamentales sobre los cuales nuestros predecesores concibieron y construyeron la sociedad contemporánea, se encuentran erosionados. Hemos perdido mucho de nuestro sentido de unidad y eso nos hace como individuos moralmente débiles, y como conjunto social… vulnerables.
Integramos países y comunidades, pero como individuos hemos ido distanciándonos y perdiendo esa unión que nos hacía mejores padres, respetuosos hijos, amorosos esposos, solidarios vecinos, y… buenos ciudadanos.
El bombardeo constante de consumismo, vanidad desbordada, violencia sin límites, indiferencia afectiva y… sexo grotesco, han producido sus resultados: pragmatismo, cortoplacismo, irresponsabilidad, indiferencia afectiva y religiosa; pero también han disminuido nuestra firmeza y sembrado en nuestras almas profundos vacíos, difíciles de superar.
Frente a esas realidades, no queda otro remedio que fortalecer las instituciones que todavía quedan en pie. Porque como lo escribiera El Dr. Ron Jenson: “La sociedad refleja la salud de las grandes instituciones, las cuales reflejan la salud de las familias, las cuales a su vez reflejan la salud de las personas.”
Se siente en el ambiente la pérdida del mínimo sentido de pertenencia, típico de los seres racionales civilizados. Las personas se notan afectadas en su identidad, cual por su condición gregaria, el individuo define y fortalece con la interacción del grupo familiar, laboral, estudiantil y en la comunidad o sociedad donde hace su vida cotidiana.
El sentido de pertenencia significa arraigo a algo que se considera importante, como las personas, cosas, grupos, organizaciones o instituciones, que contribuye a alejar o atenuar la soledad, que hoy afecta a los grandes conglomerados humanos, promoviendo insensibilidad, egoísmo, desconfianza, y un sentimiento progresivo de inseguridad y… desamparo.
El priorizar el logro de cosas materiales frente al amor y la sensibilidad humana, al crecimiento espiritual y el compartir las muchas bendiciones recibidas de Dios, violenta el sentido de pertenencia al hogar, al sitio de trabajo, al lugar que nos vio nacer, a la escuela o universidad donde nos formamos, al grupo de amigos y a la comunidad en general, aislándonos de las cosas que nos generaban ese importante elemento vivencial, que nos producía seguridad y nos hacía sentirnos como parte de algo… importante.
Si no tenemos arraigo por sentir que no pertenecemos a nada ni a ninguna parte todo se hace ajeno y, progresivamente, se pierde el interés en lo que no nos afecta directamente; y eso es contrario al sentimiento cristiano del amor y la caridad que debemos a nuestros semejantes, cual reflejó Jesús en su admonición: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.
Quienes aspiramos a una vida feliz tenemos que luchar por conservar nuestro sentido de pertenencia, que nos ayuda a mantener la cohesión humana, iniciando nuestro trabajo en ese sentido en la familia, haciéndola más unida, comunicativa y participativa, sobre la base del amor, la consideración, la aceptación, la buena comunicación y el respeto.
No basta traer al mundo, alimentar y educar los hijos; se requiere amarlos y enseñarles a amar; sembrarles en su alma el sentimiento de solidaridad humana y la obligación de asistencia a los semejantes, en los momentos de desventura, dolor o adversidad. Esa es una manera de desarrollarles el sentido de pertenencia a su grupo familiar y su comunidad, que con el devenir del tiempo progresará y fructificará en sus propios hogares.
No es suficiente hacer pareja; se requiere hacer conjunción de intereses, sentimientos, sueños, solidaridad, confianza y lealtad con esa otra persona que nos escogió dentro del conglomerado social para hacernos objeto de su amor, dedicación y compañeros de siempre. Ello afianza un sano sentido de pertenencia a esa persona, haciéndonos ser mejores para no afectarla, frente a el sentimiento recíproco de que también ella nos pertenece, en el camino de hacernos una vida feliz.
No vale la pena trabajar o estudiar como una obligación para subsistir o prever el futuro; sería desperdiciar la oportunidad de vivir extraordinarias y edificantes experiencias que nos da el disfrutar de lo que realizamos. Se requiere amar lo que hacemos, porque además de ser una bendición, es un privilegio tener una labor que ejecutar o estudiar, cuando millones de personas no encuentran empleo y otras tantas no tienen la oportunidad de estudiar. Si amamos lo que hacemos, especialmente trabajar y estudiar, desarrollamos un especial sentido de pertenencia a esas Organizaciones en las cuales hacemos vida.
Participar en las actividades y organizaciones comunales, religiosas, estudiantiles, de voluntariado, culturales o recreacionales de nuestro entorno, es una manera de fortalecer ese importantísimo sentido de pertenencia, como generador de cohesión intragrupal, que al mismo tiempo que afianza nuestra identidad personal, nos permite ser más útiles a nuestros semejantes, cual debería ser la máxima aspiración de todo ser humano.
El sentido de pertenencia fortalece el sentimiento de que todos somos uno, que es como decir que al pertenecer a este mundo que Dios nos dio por heredad, todos nos pertenecemos mutuamente y por tanto debemos amarnos y socorrernos mutuamente.
Si tienes alguna duda o requieres aclaración sobre el tema aquí tratado, el correo del autor está disponible: amauricastillo@gmail.com
Hoy, perdido en mis recuerdos, me devuelvo, cincuenta y ocho años atrás, desde el pueblo donde crecí, Caicara del Orinoco y en mi primera visita a Maracay, con un buen amigo que me presentó uno de sus compañeros de estudio en la Escuela Primaria, a quien le dijo: “….te presento a mi amigo Amaurí Castillo, quien como tú es poeta, a quien le hable de tus poemas y me pidió conocerte”. Ese día conocí un interesante joven, que sin ninguna reserva no sólo me habló de sus poemas sino que me regaló en original escrito por él en su màquina de escribir Underwood, que según sus palabras “…te gustarà mucho.” Aquel día, cual no recuerdo la fecha completa pero sí se que fue el año 1960, recibí de un hombre intelectual, joven y sencillo, un poema bellísimo que por muchos años memoricé completo, pero que como muchas de mis vivencias y en circunstancias muy especiales, la inconsecuencia de un alma atormentada que me hizo compañía por pocos años, a quien le entregué confiado mi poemario donde también guardaba ese original del citado poema, y el tiempo en parte… se llevó.
Tantos años han pasado y mi memoria no me ayuda, que no me acuerdo ni siquiera el nombre del poeta, sino que era de Maracay y sus apellidos, quizás Pérez Ramos, de lo cual no estoy tampoco tan seguro. Lo cierto es que el poema tenía un título que me cautivó, porque desde que aprendí a leer con uso de razón fui un fan de nuestro inolvidable Poeta Andrès Eloy Blanco, y muy especialmente de su poema “Angelitos Negros”. El título del Poema que me obsequió su Autor era “Contestación a Píntame Angelitos Negros”. Con los años he investigado dentro de lo posible, inclusive por Internet, si en alguna parte ese poema fue publicado, pero no he logrado encontrar nada. Sin embargo, como todavía quedan lectores quienes disfrutan de la poesía, la idea de este escrito es, precisamente, compartir los versos que recuerdo con quien quiera degustar, aunque sea en parte, de un bello poema venezolano; y que ojalá algún lector conociere si en alguna parte alguien ha publicado este poema y me lo hiciere saber, El contenido que recuerdo del poema citado, expresaba:
“Voy a hacerla de pintor para pintar tu contento;
pintando una Virgen blanca con siete angelitos negros,
nacidos, como tú quieres, de Morón a Barlovento.
Vendrán angelitos negros codeándose con los blancos,
pintaditos de carbón y con pelucas de pimienta,
guardando en estuches rojos, siete sonrisas de perlas,
introduciendo los mina en los caminos del Cielo.
Negrito, vete poniendo tus alpargatitas nuevas,
para hacer un largo viaje a lomos de mi acuarela,
que si te echase de menos la aristocracia del cielo,
le dices que vas conmigo, que tu vas en mi poema,
cruzando miles caminos para llegar hasta ella
Negros de la costa negra,
y que vas representando a los negros de mi tierra.
Regiones de Venezuela,
Cuando Barlovento llora,
Cuando se quejan su negros
Ya sienten dolor profundo
Los angelitos del cielo,
Porque no hay ángeles blancos,
porque no hay àngeles negros,
porque no hay policromìa de azabache y acuarela,
en la alta jerarquía del confín del Universo.
Por eso yo te complazco,
pintando angelitos negros,
Que aunque la Virgen sea blanca y los deje morir de miedo,
Los ángeles de mi tierra, también llegarán al cielo.”
Comparto estas vivencias con mis lectores, porque creo que lo bello y lo bueno debe compartirse. También porque soy muy feliz con mis setenta y nueve años de vida, quizás porque como alguien alguna vez escribió: “…no me arrepiento de nada de lo que he hecho ni de lo que he dejado de hacer..” Asimismo, porque después de más de cincuenta años de casado con mi amada Nancy, sigo enamorado de ella y de la vida; haber podido crear una familia de cinco hijos, hoy todos con sus propias familias felices; no almacenar en mi alma o mi conciencia odio o envidia por nada ni nadie; vivir intensamente cada hora de cada día de mi vida, pensando que voy a vivir muchos años, pero disfrutando de cada cosa, persona o elemento de la naturaleza, como si este fuera el último; desde que tengo uso de razón, haber tratado y hecho todo lo posible por ser útil –lo cual creo haber logrado con mis Artículos en Revistas y Periòdicos, mis Libros, conferencias, mi profesión de Abogado y mi Blog www.unavidafeliz.com-pero nunca una carga para nadie; no recordar haber tenido enemigos ni los tengo, quizás porque siempre he sentido un profundo respeto por la persona humana de todos mis congéneres conocidos, aceptando sin juzgar sus virtudes y defectos; amar a la gente y respetar su individualidad sin importar edad, género, raza o nacionalidad, porque siento que todos son mis hermanos; haber recibido tantas demostraciones de amor y cariño de mujeres y hombres desde que soy un niño, ciertamente no me dejan concebir el rencor o antipatía; haber visto con plena capacidad mental en más de sesenta años, cambiar buena parte, no del mundo sino de la forma de pensar de su gente, hacen aún mayor mi agradecimiento a Dios por esta vida que me dio; pertenecer a una generación tan especial que conoció dos Siglos y dos Milenios, me hace sentirme tan privilegiado, que sé sin lugar a dudas que, para que nazca otra persona, que como yo vea durante su vida llegar dos Siglos y dos Milenos, hace falta que transcurran por lo menos novecientos años, sinceramente es algo muy especial.
Finalmente, quiero dejar a mis lectores un mensaje de experiencias vividas por alguien de las características generales e integrales arriba expuestas, que resuma el hecho cierto de que somos nosotros y nadie más quienes decidimos nuestro propio destino, siempre sobre la base de lo que creemos y esperamos de nosotros mismos,