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Archive for the ‘SOLIDARIDAD’ Category

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Ayer, en un semáforo pidiendo limosna, observé dos mujeres muy jóvenes y mal vestidas, cada una con un niño desarrapado y mal tratado en sus brazos. Le comenté a mi acompañante que me llamaba la atención que los trataran tan mal, siendo prácticamente unos bebés. Mi interlocutor me respondió: “No son sus hijos, se los alquilan para pedir limosna.” Aquel espectáculo me llenó de rabia y tristeza al reflexionar sobre la importancia de ser un Padre; porque seguramente, esos niños que usaban como elemento para enternecer a los viandantes, carecían de padre.

La cualidad de padre no es como ser un padrote de un rebaño de ganado, cuya labor es preñar las vacas sin que esto acarree para el macho más que un placer pasajero y un beneficio para el dueño del hato.

Ser padre conlleva responsabilidad y el compromiso de responder ante sí mismo y ante la sociedad, por la vida grata y segura de los  hijos; conlleva el cuidado especial del bebé, conjuntamente con su madre,  dándole atención en todo su desarrollo, a su alimentación, salud física, sicológica y educacional hasta su mayoría de edad, o si fuere a la Universidad, hasta que termine su carrera. Adicionalmente, durante ese trayecto de vida, otra de sus obligaciones es infundirle los principios innegociables y rectos valores de la sociedad donde se desarrollen, sobre la base ejemplar de nuestras propias actitudes en la familia y con las demás personas. Es que cuando salen de nuestro hogar, el único equipaje seguro y efectivo que se llevarán los hijos, será aquel sembremos en su conciencia, en lo más profundo de su ser, donde nadie nunca  podrá arrebatárselos.

Los padres nunca dejamos de serlo. Ciertamente, lo somos durante toda nuestra vida; por tanto, cumplida que fuere esa primera etapa  formativa, continuamos ayudando de todas las formas posibles, a que nuestros hijos logren sus mejores metas para su felicidad y la de sus familias.

Creo que si todos los padres cumpliésemos con esa obligación sagrada de criar debidamente a nuestros hijos, no habría todas las semanas tanta delincuencia juvenil, ni tantos muertos regando el país, entre  dieciséis y veinticinco años, como lo reflejan permanentemente los medios de comunicación social masiva. De hecho, muchos de esos jóvenes que mueren por andar un camino equivocado, posiblemente fueron como esos dos niños que miré en el semáforo pidiendo limosna y que me produjeron estas dolorosas pero necesarias reflexiones.

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LA INTELIGENCIA INFINITA Y FE

SOLAMENTE TEN FE

Releyendo a Ernest S. Holmes, un escritor norteamericano del  Siglo XIX (1867-1960), me produjo reflexiones que quiero compartir con mis lectores en estos días de confusión, desconfianza, competencia indiscriminada, cambio de algunos valores,  estrés y… lo más grave: TEMOR.

Muchos filósofos, religiosos e intelectuales, coinciden en que una “Mente e Inteligencia infinita, omnipotente y omnipresente”, independiente de su denominación específica, creó, organizó y domina todo lo creado. Pero su objeto más importante y hacia el cual orientó todos los beneficios de su acción perfecta, lo fue: EL HOMBRE. Por tanto, como su especial creación y objeto de su mayor atención, somos producto de su amor, ocupación y poder. Por ser parte de Él mismo, disponemos de su amor, capacidad y PODER, lo cual nos es trasmitido desde el nacimiento, cuando nos insufla la parte espiritual que denominamos alma, y que nos transfiere sus propias características, igual como un padre físico transfiere sus genes a sus descendientes.

Con ese bagaje extraordinario interno nos corresponde desarrollarlo a medida que acrecentamos nuestra conciencia de que disponemos de esas maravillosas bendiciones que nos son innatas. Mediante la palabra y acción  se nos permite comunicarnos, SENTIR que disponemos de  “el poder creativo de esa Mente infinita y omnisapiente” que es nuestro Padre Dios. Debemos aplicar y lograr en nuestra vida terrenal, el éxito en las cosas fundamentales y necesarias para una vida feliz. Y esto quedó probado con la expresión de Jesús, cuando sentenció: “La palabra que os he dicho, son espíritu y son vida”

Pero ese gran poder heredado de Dios es inútil sin la convicción inequívoca y fe absoluta para SENTIRLO dentro de nosotros mismos, aplicándolo a NUESTRA salud, economía, amor, generosidad, amistad, solidaridad humana, paz, caridad y actuación justa.  Así lo decretó Jesús, con gran autoridad y seguridad, cuando dijo:  “Hágase en vosotros según vuestra fe”. Con esto quiso decirnos, que ese gran poder lo llevamos dentro de nosotros mismos en todo momento y lo único que requerimos para conectarlo a esa Mente Universal e infinita, es la fe, la confianza, el pensamiento positivo y el agradecimiento.  Ni siquiera requerimos pedirlo sino activarlo, porque  también Jesús decía: “Mi padre sabe mejor que tú lo que te hace falta…”

Por experiencia propia sé que esto es cierto. Lo he vivido e independiente de cualquier otra opinión, no tengo duda de su efectividad, por lo cual todos los días… doy gracias.

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«Escuchar a  un desventurado con amor y respeto, es el mayor acto de Caridad.»

CIELO III

La caridad es virtud innata en el hombre, porque corresponde a su esencia divina. No obstante, a medida que crece, la sociedad, inmersa en el temor y desconfianza, le crea mecanismos de defensa, que limitan su actuación generosa y disminuyen su capacidad para dar lo mejor de sí mismo.

Frente a ese panorama negativo, el individuo se siente inseguro y actúa en protección de sus intereses exclusivos, obviando el entorno grupal con lo cual se abstraerse de su obligación social, desperdiciando el disfrute del calor humano y los múltiples beneficios que aportar la relación interpersonal desprejuiciada con quienes conforman su propia especie, dentro de los cuales, quizás el mayor, sería vencer la soledad.

Como una constante en nuestra vida, en los peores momentos aparece una circunstancias, que hace menos dura la existencia en sí misma es compleja, pero que indefectiblemente debemos experimentar. Se trata de ese sentimiento que nos eleva por encima de nuestra propia originalidad, anteponiendo la parte espiritual a toda materialidad: LA CARIDAD

Ese sentimiento maravilloso, surge espontáneo y saca a flote lo mejor de nuestra personalidad, para ofrendarlo a nuestro hermano cuando requiere ayuda. Es ese pedacito de Dios que convive con nosotros y que, aunque físicamente no podemos detectarlo, es tan fuerte que disminuye a su más bajo nivel, esos mecanismos de defensa que por progresivo temor, fuimos desarrollando frente a nuestros hermanos humanos.

La caridad es una sola, pero tiene manifestaciones variadas que, aunque todas son elevadas, la más útil, hermosa y edificante, es aquella que se materializa con la ayuda a quienes se encuentran solos y necesitados de tranquilidad espiritual, porque la frustración, desesperación, perturbación o desorientación.

Escuchar con paciencia, respeto, comprensión y solidaridad a quien lo necesita, es acto más humano y provechoso que regalar comida, dinero o cualquier bien físico, porque para donar cosas materiales no se requieren capacidades especiales, pero para entender, especialmente los desventurados, se requiere espíritu elevado, nobleza de alma y corazón abierto.

Cuando se auxilia al necesitado con bienes económicos, su alcance y duración son limitados. En cambio, cuando se ofrenda el depurado sentimiento del amor al hermano desvalido, que conlleva comprensión, solidaridad y respeto, además de la intención y el acto, requiere la confianza del receptor en la buena intención e idoneidad de quien lo prodiga; y eso, realmente, es una condición difícil y especial.

Graves decisiones, situaciones indeseables y suicidios, habrían podido evitarse si esas desventuradas víctimas de la perturbación, falta de fe, incomprensión social, y en ocasiones por causa de su propio infierno interno, hubieran encontrado a tiempo alguien a quien confiar su problema, o simplemente en quien descargar esa frustración que obnubila y pesa tanto en el alma de las personas.

La palabra amiga y el corazón abierto para quienes sufren una desventura, son como gotas de rocío que refrescan el alma y restituyen la confianza en que, en cuanto tengamos confianza en Dios, todo problema o situación, sin ninguna excepción, siempre tendrá una solución posible.

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