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Archive for the ‘RESPONSABILIDAD INDIVIDUAL’ Category

UNA ORACION POR VENEZUELA

Bendito seas Hacedor del Universo, energía suprema, omnipotente, omnipresente y eterna, que hiciste este pedazo del inmenso mundo para que tus hijos venezolanos lo habitáramos con felicidad; hoy, en esta situación desconcertante y triste en que nos encontramos, desde lo más profundo de mi ser, te pido que nos ayudes a encontrar el camino seguro, cierto y permanente para hacer de nuestro país, ese sitio bueno para la vida que todos, sin excepción de ningún género, estoy convencido que deseamos.

Te pido padre, que nos des suficiente valentía para reconocer nuestras personales y grupales imperfecciones; porque somos tus hijos tratando de ser mejores, pero sin poder descargarnos definitivamente de tanto rencor, resentimiento, incomprensión, rabia, frustración, impotencia y hasta… odio entre nosotros mismos; quizá, porque debido a nuestra impulsiva naturaleza nos hemos olvidado de que, por encima de todo, somos hermanos, y unos y otros … venezolanos.

Sé que en este mismo momento, muchos venezolanos, de diferente condición, educación, situación económica e ideología, como yo, están elevándote una oración por nuestra tranquilidad, sosiego, paz y felicidad. Por eso, yo también te pido que nos ayudes a reconocernos, reencontrarnos y repensarnos como lo que somos: hormigas de la misma cueva, sin cuya colaboración mutua no podremos sobrepasar, con buen pie, todos los retos que nos deparan los tiempos actuales y venideros.

Te pido que nos ayudes a hacernos una reingeniería mental, que nos permitas abrir nuestras almas para entender que es con amor, solidaridad, sensibilidad, generosidad, respeto, confianza y caridad, como lograremos arreglar las diferencias que ahora nos están desuniendo. Danos por favor, lucidez para tomar la acertada decisión de sentarnos a conversar sinceramente, con sentido de patriotismo, de humildad, de reconocimiento a los derechos y valores de cada uno; con sentido de pertenencia a este país, que es nuestro más valioso y único patrimonio, que nos diste con las mayores riquezas y su más importante recurso: los venezolanos.

Porque por más de seis décadas, como tu humilde devoto, siempre me has oído y concedido favores, te pido que nuevamente escuches mi ruego y el de miles de hermanos que hoy hacen el mismo pedimento. Fue eso lo que nos enseñó Jesús, cuando sentenció: “…cuanto dos o más oren en mi nombre, lo que pidan os será dado”. Gracias Padre, porque sé que tú, a los miles que en el mundo oramos por Venezuela, nos has oído y nos darás tu bendición…Amen.


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NUESTRA VOZ INTERIOR ES NUESTRO MEJOR ALIADO… SIEMPRE


HOMBRE PENSATIVO I

 En alguna parte leí sobre el consejo que un sabio búho daba a una joven encina, que estaba triste porque no producía flores ni frutos  “No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas…Sé tu mismo, conócete, y para lograrlo, escucha tu voz interior.” Con esta apropiada reflexión la encina entendió que ella no había sido creada sino para ser un árbol gigante, frondoso, hermoso y ello era muy importante porque daba la sombra necesaria para el descanso del viajero, que luego podría continuar su camino. Esta sencilla anécdota podría aplicarse de forma didáctica a miles de seres humanos que,   por no conocerse a sí mismos y escuchar su voz interior, que les indica su increíble valor como individualidad,  viven estresados y hasta perturbados, por no tener las cualidades físicas o mentales, condiciones económicas,  actividad social o poder político de otras personas.

El hecho de que somos  individuales y diversos, es la base para que nadie pueda sentirse de alguna manera desmejorado frente a otro ser humano de diferente condición. La sabiduría de esa fuerza energética extraordinaria e infinita que se llama Dios, al regalarnos esa individualidad y diversidad, nos dotó de un invalorable tesoro. Una de las ventajas derivadas de tales características es que, en una sociedad tan compleja como la actual, tanta importancia tiene el profesional de la salud como el que recoge la basura, que produce  enfermedades. Asimismo, es comparable en cuanto a recreación, un buen músico,  un buen deportista o artista;  y soporta el control de  la economía, igual un contador,  un vendedor, fabricante o la cajera de un supermercado.

Al ser individuales y estar satisfactoriamente conscientes de ello, adicionando el libre albedrío y el estado de ánimo, que también habitan nuestra interioridad, no es razonable ni entendible el malsano y dañino sentimiento de la envidia;  porque todos somos necesarios  por útiles en la comunidad organizada. De hecho, si no existiera el zapatero, el abogado, el médico y el diplomático, andarían descalzos y si  algunas personas no se dedicaran a la  agricultura, la pesca y la ganadería, nuestra salud decaería al punto de que moriríamos de inanición.

Entonces podemos preguntarnos ¿Quién o qué actividad es más importante en la sociedad actual? ¿Es quizás más importante el soldado que el maestro de escuela? No, de ninguna manera, todos somos parte importante de esa maquinaria que hemos denominado sociedad organizada. El o la dirigente política es tan importante como los que eligen; el que confecciona la ropa es tan importante como el que la adquiere; el que edita el periódico como quienes lo leen, etc. Nuestra naturaleza gregaria nos hace hormigas de la misma cueva,  donde cada uno es una parte substancial y necesaria, independiente de su posición o condición personal; y esto no deberíamos olvidarlo en ningún momento de nuestra existencia.

 

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LA HERENCIA DE “MADIBA”

MANDELA

En Agosto de este mismo año escribí sobre la vida, el amor, honor y nobleza de Nelson Mandela, o como cariñosa y respetuosamente le llamaban “Madiba” sus conciudadanos, y finalmente, periodistas y estadistas, con los mismos sentimientos,  también le denominaron de tal manera;  fue un último legado al origen de su Clan Madiba de la etnia Xhosa de Africa del Sur, que le regaló al mundo este ser tan especial. Hoy, con el mayor respeto, consideración y admiración por su obra y memoria,  escribo al «Khulu», que en lengua Xhosa significa Abuelo sabio, generoso, digno y especialmente respetable; igual como a Gandhi le llamaron “Bapu” (Padre) en idioma guyaratí.

Desde muy joven me interesó la vida de tres hombres, quienes son paradigma de la libertad de los pueblos del mundo: Mahatma Gandhi (1869), Nelson Mandela (1918) y Martin Luther  King  (1929). Siento que cada uno, en su tiempo, representaron algo más que un liderazgo local o regional, sino que  trascendieron  sus países y continentes para llevar, con sus actos, su mensaje al mundo entero.

Madiba fue un hombre físicamente igual que cualquier otro; inclusive, en su juventud, violento, pensando que era mediante esa lucha como se podía nivelar la gran desigualdad del Apartheid imperante en Sudáfrica; a diferencia de Gandhi, quien nunca fue violento y siempre creyó en la paz,  también estudió Derecho. Los 27 años de cárcel durante los cuales su pueblo sufría incontables penurias, le dieron el tiempo suficiente para pensar, reflexionar y entender que era mediante el amor, el perdón, la fortaleza espiritual, la constancia, la fe y la unión, como se podía lograr unir su país, por años dividido entre la minoría colonizadora blanca del Imperio Británico  y los nativos negros, que eran la mayoría, pero que siempre llevaron la peor parte.

La gran herencia de Madiba fue la prueba que con sus actos nos dejó, de que si estamos seguros que defendemos la verdad y la justicia, no importa la fuerza del enemigo ni sus recursos; si tenemos el valor de afrontar la maldad y el odio con el amor y el perdón;  si tenemos el coraje y la entrega suficientes para arriesgar todo, hasta la vida por nuestros ideales, es muy difícil que frente a esos valores triunfe el odio y el  mal.  La lección fue aprender que,  cuando se defienden  ideales, se trata de resistencia, perseverancia, valor,  entrega y  no de tiempo.

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Diariamente escucho a personas quejosas, lamentando que tenemos muchos problemas, que la vida se ha hecho inaguantable, que los jóvenes no respetan y que los viejos son unos desvergonzados.

Y yo me digo: ¿No es acaso la vida un camino largo donde encontramos escollos, baches, colinas y acantilados que debemos superar? Pero… ¿No es también un sendero donde crecen flores y donde al lado de todas las dificultades existe la belleza de vivir? Porque… luchar y vencer los inconvenientes es extraordinariamente reconfortante.

Asimismo, al tiempo que por una parte encontramos asuntos que pudieran ser difíciles de resolver, en ese mismo sendero también transita el amor, la familia, la  amistad y la solidaridad humana, que son el premio y la razón de existir.

No es cierto que el presente sea peor que el ayer o que el futuro vaya a ser mejor. Sucede que las gentes actúan de forma diferente, porque  como el mundo gira y rota, su sinergia y dinamismo afectan la conducta humana.

El sentido de los valores corresponde a un tiempo y un espacio determinado; por lo cual no acepto la conseja de que la gente de ayer fue mejor que la de hoy o que la de mañana será mejor que la actual, porque  los conceptos de la vida y de las cosas, varían con el devenir de los acontecimientos.

No existió antes más justicia o el mundo fue mejor que hoy, sino que fue diferente. Es que nada fue más injusto que la esclavitud ni más terrible que los genocidios de la Segunda Guerra Mundial, situaciones que hoy  ya no ocurren.

 La extraordinaria pobreza y exclusión de la mayoría de la población, así como la inquisición en la Edad Media, fueron superiores a cualquier mal de hoy.

Lo importante es ubicarse en el presente, donde todos los días encontramos oportunidades para ser y hacer cosas buenas para nosotros y nuestros semejantes.

Nuestro mundo, siempre ha sido y será más o menos lo mismo; en el caben  holgadamente el amor y el odio, el bien y el mal; a cada uno corresponde tomar la opción: la de los optimistas que ven en cada circunstancia una oportunidad  para ser felices, o de los pesimistas que en todo evento encuentran una fuente de  temor. Los primeros serán felices, pero los segundos perderán un precioso tiempo para disfrutar la vida, que ya jamás podrán recuperar.

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Mucha oportunidad de disfrutar y disfrutarnos, se desperdicia en preocupaciones por cuanto debe o puede ser nuestro peso ideal; paradójicamente, corresponde más a nuestra preocupación por como nos ven, que por como nos apreciamos nosotros mismos.

La sociedad, más por intereses mercantiles que estéticos, ha diseñado modelos y etiquetas, con los cuales manejarnos a su antojo, sin ninguna preocupación por nuestra sagrada individualidad y… diversidad.

De niños, con la intención de que crezcamos “Sanos y fuertes”, se nos induce a consumir productos energéticos con alto contenido de carbohidratos, y consecuentemente, a favor del aumento de peso. A determinada edad, se invierte la presión y entonces se nos aplica todo tipo de expresiones peyorativas a nuestra humanidad, para que dejemos de comer.

Así, por causa de nuestra apariencia física, más pensando en los modelos creados para controlarnos que en nuestra propia satisfacción, terminamos descontentos con nosotros mismos.

A todas estas nadie se ha preguntado, con relación al peso, cuál es aquel que, como individuos, sentimos que es bueno para nuestra vida.

Más allá del factor salud, en el caso de personas con patologías como la obesidad o anorexia… ¿Puede alguien determinar que sea el peso lo que decida la felicidad? No, de ninguna manera.

Que un peso apropiado pudiera ser conveniente para una mejor salud, eso parece bastante lógico. Pero que una persona para ser feliz dependa de su peso, realmente me parece un contrasentido.

El peso ideal es aquel que uno escoge y se procura; porque el primer admirador del cuerpo debe ser uno mismo y no hay nada más reconfortante que sentirse bien.

Conozco mujeres llenitas que a todos atraen, cuales nadie podría negar su hermosura y sensualidad. Igualmente conozco otras flacas o delgadas, que inspiran más ganas de regalarles un caramelo que de saborearlas como tal.

Lo importante no es como me ven o me perciben los demás, sino como me siento yo mismo, porque tengo que vivir con mi cuerpo veinticuatro horas y sería horrible hacerlo insatisfecho.

La belleza es una apreciación absolutamente subjetiva; por tanto, para quienes me aman soy la imagen física que ellos ven, o quizás como me quieren ver, diferente a la que pudieran percibir los demás. Para ellos no es trascendental mi peso corporal, porque aprecian mis valores humanos individuales y mi capacidad de expresar y concretar mi amor, y eso es lo único que debe importarme.

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«SOY LA OBRA MAXIMA DE DIOS SOBRE ESTA TIERRA, COMO TAL DEBO ACTUAR»

Para disfrutar de mi vida integral no son decisivamente importantes mis características físicas,  edad o raza, porque soy la obra máxima de Dios sobre este planeta.  Mis condiciones y constitución física integrales son tan particularmente especiales, que como ser humano, soy irrepetible. Fui diseñado por mi Padre Celestial y de Él recibí desde antes de nacer, las condiciones físicas, mentales  y espirituales necesarias para reinar sobre este planeta y más allá de el.

No existe límite a mis aspiraciones que tenga que ver con alguna de mis características individuales; especialmente porque fui dotado de razón e inteligencia, que son intangibles y funcionan independientemente de mis condiciones físicas. Mi inteligencia no tiene que ver con mi color, mi peso, mi condición social o presencia física.  Simplemente es un atributo que me corresponde como ser humano, y únicamente dependerá de mì, el nivel que  le de a su desarrollo.

Mi cerebro es algo tan prodigioso, que me permite recorrer millones de kilómetros en fracciones de segundo; imaginar situaciones conforme a mi deseo y devolverme o anticiparme en el tiempo, e inclusive, visualizar cualquier escenario que considere conveniente.

Mis miles de millones de neuronas cerebrales haciendo sinapsis ininterrumpidamente me permiten crear, idealizar y soñar sin ningún límite, sobre cualquier aspecto que considere conveniente, positivo o necesario, para mi realización material y espiritual, lo cual puedo materializar con mi diligencia.

Mis asombrosos cinco sentidos me permiten, de forma particular e independiente de los demás, sentir la vida de la manera como decida que debo apreciarla. Cualquier sonido, paisaje, sabor, olor o roce de mi piel, mi maravilloso estado de ánimo puede darle el matiz que me apetezca. Nadie puede  condicionar o interrumpir mis decisiones espirituales, porque nacen y se desarrollan en lo interno de mi intelecto, donde únicamente yo tengo el poder.

Aunque por mi naturaleza gregaria para lograr mis realizaciones debo formar parte de un conjunto humano, mi individualidad es sagrada e innegociable. Es la mayor herencia recibida de Dios. No puedo endosarla ni permitir que nadie me la manipule. Entre otras cosas, porque soy responsable de mis actos; mi felicidad y la de mis semejantes dependerá de la conciencia real que tenga de mi capacidad individual, tanto para mi realización personal así como mi carga de aporte al beneficio colectivo.

Por eso es muy importante mi nivel de ética individual, porque sobre ella baso mis principios fundamentales y mis valores humanos, que determinan mi actuación personal y mi capacidad para entender la pluralidad ideológica de mis hermanos humanos, que no tienen porque en todo momento estar de acuerdo con mi forma de ver la vida y las cosas, pero que estoy obligado a admitir su maravillosa diversidad.

Como la obra máxima de Dios sobre esta tierra, mi mayor compromiso individual con la familia humana, es mantener mis principios éticos de sana vida y valores humanos, como el más efectivo aporte a la convivencia pacífica, edificante y feliz de esta sociedad que me legaron mis mayores y que yo dejaré como herencia a mis descendientes.

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A diario conocemos de padres que abandonan sus hijos; jóvenes casi niños que ejercen prostitución, roban, asesinan o mueren en enfrentamientos violentos; carreteras y puentes que se derrumban sin justificación técnica; una rampante corrupción administrativa y otros males que siembran dolor y destrucción.

¿De quien es la responsabilidad y quienes los afectados?

Lo somos todos; por acción u omisión, pero es una responsabilidad y efectos compartidos, que erróneamente estimamos lo son del Gobierno, dirigentes políticos, comunales, administradores o policías.

Pareciera que la visión de que «…a mí no me puede suceder eso» o «…ese no es mi problema» se constituyen en trinchera donde nos refugiamos viendo las cosas pasar, desde nuestra supuesta seguridad personal. En mucho, allí reside la fuente de tan graves daños, a veces mayores que cualquier enfermedad epidémica.

Frente a este panorama, nos corresponde asumir la responsabilidad individual, porque el daño será proporcional a la indiferencia, que nos hará cómplices. La criminología demuestra científicamente, que el más alto índice delincuencial y violencia a la sana convivencia, como la prostitución, robos, homicidios y trafico de drogas, se originan en niños desatendidos que hacen de su hogar la calle, frente a una sociedad conformista, con derechos que no exige y deberes que no hace cumplir.

Esa realidad no es nueva sino que ha crecido. La masificación, la competencia indiscriminada, el consumismo, la promoción a la riqueza fácil y poder desmesurado frente a los valores tradicionales de la honestidad, respeto por las personas, caridad, compasión y espiritualidad, horadan nuestra sensibilidad y solidaridad humanas, disminuyendo nuestra capacidad de protesta frente a Instituciones que, a su vez, ya no tienen capacidad de respuesta ante los problemas sociales.

Pero ese panorama sórdido no es irreversible. En cada uno de nosotros reside la solución para regresar a donde debemos estar: un mundo con recursos suficientes para todos que como una gran familia podríamos utilizar equitativamente.

Se requiere reencontrarnos como sociedad, asumiendo plenamente nuestra corresponsabilidad, porque nadie va a venir de otro planeta a ayudarnos, ni existen soluciones mágicas. No podemos esperar que sean los Gobiernos u Organizaciones sociales colectivas quienes arreglen el problema. Los males nos afectan a todos sin distinciones y por eso todos estamos obligados a su arreglo.

Se trata del padre y la madre ejerciendo su sagrada función, no sólo para mantener la especie, sino guiándolos hacia una vida útil y feliz; los niños y jóvenes estudiando bajo la guía de maestros honestos y calificados; los empresarios manteniendo las estructuras econòmico-financieras, en funciòn de los mejores intereses colectivos; y de los funcionarios públicos, asumiendo su condición de administradores del caudal colectivo y no dilapidadores de lo ajeno.

Necesitamos respetar los derechos y bienes de los demás como condición fundamental de convivencia. Requerimos meditar y pensar en las consecuencias de cada una de nuestra actuaciones, porque no estamos solos sino que integramos el conjunto social.

La solución amerita del cambio de actitud de las amas de casa, que son la estructura e indispensable de hijos y cónyuge, pero también como formadoras de ciudadanos; de los profesionales ejerciendo su ministerio con suficiente ética, anteponiendo a sus pretensiones económicas la salud, libertad o interés de sus patrocinados; los trabajadores, conscientes de que más allá de su salario, el suministro de los bienes y servicios indispensables, depende de su eficiencia; y los dirigentes religiosos, enseñando con sinceridad el mensaje de Dios de amar al prójimo como a sí mismo.

Un solo árbol no hace montaña, pero muchos sí. Somos millones, tenemos inteligencia y decisión suficientes para enderezar el barco. No es tan difícil, depende de un cambio de esquema mental y aumento de la sensibilidad y solidaridad humanas.

¿Qué esperamos para comenzar? Hay millones de niños, ancianos, enfermos y un ambiente a punto del colapso que ameritan esa urgente revisiòn.

Los invito a pensar, a meditar sobre las consecuencias y… actuar.

Próxima Entrega: ¿CUAL ES MI MI PARTE DE LA TORTA?

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