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Archive for the ‘DIOS ES VENCEDOR DE CRISIS’ Category

Todos los días, pero especialmente hoy, bendigo este bellísimo amanecer. El sol, la brisa, las flores, el canto de los pájaros y la risa de los niños, me aseguran que Dios esta aquí, que nos protege, que no se ha olvidado de nosotros y por eso… doy gracias.

Anoche, el incesante ruido de los autos, el chirriar espasmódico de las llantas sobre el pavimento y las sirenas de las ambulancias; el grito desentonado de un vecino que no se resigna a ser violentado en su derecho de dormir en paz y el maullido de un gato en la noche, me hicieron reflexionar sobre el hecho de que si ese animal cayera de un segundo piso, pudiera ser que se produjera alguna rotura o lujación, pero no perecería.

En cambio mi persona, o cualquiera de mis congéneres humanos, únicamente requerimos tropezarnos y dar con nuestro cuerpo en el pavimento, contra una pared o cualquier otro elemento compacto para morir, o por lo menos quedar deshabilitados por mucho tiempo.

Medité sobre los billones de bacterias y microbios que me circundan diariamente e infectan, desde la esponja con la cual lavo los platos, pasando por la más impecable de mis camisas hasta los alimentos y los labios amorosos que beso todos los días.

A cada momento saludo personas que como yo, viven a millonésimas de segundo entre la razón y la locura. Asimismo, basta un microgramo de colesterol en una de sus arterias para obstruirlas; o que disminuya su capacidad visual al atravesar la calle y… allí termina su historia.

Cuando enciendo mi auto recuerdo que miles de chóferes en sentido contrario, sólo requieren haber tomado licor, menos de cuarenta y ocho horas antes, para que sus reflejos debilitados produzcan una colisión donde no sólo yo, sino otras personas resulten heridas, o quizás… pierdan la vida.

Siento mi gran vulnerabilidad física frente a un mundo que satisface todas mis necesidades, pero que es riesgoso, peligroso, desencadenador imprevisto de hecatombes y catástrofes gigantescas, ante las cuales soy absolutamente impotente.

Son esas las razones que me hacen bendecir este día, continuador de miles de días más que Dios me ha posibilitado vivir. Lo bendigo por mí, por mi familia y por mis amigos, pero también por esos millones de hermanos humanos, cuales algunos ni siquiera conozco, pero que como yo tratan de vivir este inestimable regalo que representa… vivir.

Por y para ellos escribo hoy, para recordarles que si queremos vivir felices, no tenemos otra opción que confiar en que Dios está con nosotros y en todo momento pendiente de cubrir nuestras espaldas frente a tanta vulnerabilidad física. Que ese es un recurso del cual disponemos todos y sería inoficioso desperdiciarlo.

Es una invitación a meditar sobre el tema y luego, además de cuidar cada paso, ponerse en manos de Dios. Después de más de sesenta y seis años viviendo, en su mayoría felices, me consta que Él es muy bueno en eso de ayudarnos a vivir con paz, tranquilidad, felicidad y … esperanza.

Nueva Entrega: EL VALOR DE LA VERDAD

 

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river.jpgToda mi vida he visto eso que llaman crisis en la acera de enfrente haciéndome señas, en busca de sustento; nunca acepté su invitación de permitirle arañar mi conciencia.  Aprendí que al final la solución se impone y la vida retoma su camino. La tierra sigue girando… y nosotros viviendo

Algunas crisis escapan a nuestro control, porque como individualidad somos inútiles y como colectividad nuestra trama y controles sociales ineficientes posibilitan afectarnos, frente a la mirada de  unos Funcionarios Públicos estupefactos ante su propia imprevisión, inutilidad y negligencia.

Pero ¿Qué ha hecho o hace el hombre para superar las crisis y dónde reside su poder para vencerlas? Simplemente actúa dónde solo él gobierna, que es en  su fuero interno y utiliza sus mejores armas: valor, nobleza, fe, optimismo, confianza en Dios y… generalmente sale airoso.

Las «crisis» afectan a quienes las conciben como tales. Amor, libertad, libre albedrío, estado de ánimo, esperanza y la convicción de que somos uno con Dios nos ayudan a vencerlas y ser felices. Quienes creen en ellas y las temen,  si  no  las superan… perecen. Los que les dan su justa dimensión, siempre se imponen, sobreviven y capitalizan el aprendizaje para prevenirlas.

Si se producen en el alma son más problemáticas, pero igual que cuando derivan de elementos naturales o por actuaciones externas, al final, de alguna manera, nos arreglamos para vencerlas. Así ha sido y lo será…siempre.

Todo evento puede ser crítico para quien así lo conciba. Es una operación mental. La concepción de crisis no es física sino una broma cruel que nos juega la mente. Su parte real,  como en la mayoría de los eventos que nos afectan,  apenas representa un diez por ciento; el restante noventa por ciento lo constituye la trascendencia que personalmente le damos. 

Así como la felicidad  es la sucesión de eventos satisfactorios, las crisis son acumulación de situaciones que consideramos negativas, cuales por cierto pudiera ser que para otros no lo sean tanto.

La solución a las crisis comienza por preguntarnos: ¿Qué puedo hacer para paliarlas o vencerlas? Luego, evaluando mis posibilidades y aplicándolas de inmediato, como ellas surgen de problemas, si tienen solución me ocupo de buscarla y…encontrarla; más no me preocupo, porque eso no ayuda.

En todo caso, si no tuviere arreglo, sería inútil toda preocupación u ocupación. Pero  hasta ahora, todas las crisis que he presenciado, tarde o temprano, siempre se han solucionado. Quizás dejen huellas,  pero… son curables.

Si usted se siente en crisis, en vez de atemorizarse, lamentarse o compadecerse,  aquiétese, respire profundo, haga una composición de lugar; ocúpese de buscar el flanco más fuerte o negativo, que siempre lo tiene y actúe sobre él. Si se aplica  con tesón, confianza y diligencia, ha hecho su parte.

Ahora, olvídese del problema;  quédese tranquilo, disfrute de su espiritualidad, cual no puede ser afectada por ningún evento por terrible que sea. Reconfórtese contando sus muchas bendiciones, medite, abrace tiernamente a su mujer y a sus hijos, ámelos y… dígaselos, que esa es su mejor parte en esta vida.

Felicítese por haber hecho con coraje todo lo que pudo para remediarlo, pero la solución definitiva déjesela a Dios, quien es un inmejorable vencedor de crisis. No trate de sustituirlo, es muy poderoso y hace muy bien su trabajo. Aprovéchelo que usted lo tiene a mano y recuerde: usted podría imitarlo, pero no igualarlo o superarlo.

Si no me cree, mire hacia atrás y pregúntese con honestidad: ¿Cuántos problemas hubiera podido arreglar sin ayuda de Dios?

No quiero conocer su respuesta… basta con que usted lo reconozca. Yo no lo necesito. Simplemente, no creo en crisis. No al menos en una que tenga tanto poder como para derrumbarme. Es parte de mi equipaje en esta aventura tan agradable en que he convertido mi  vida.

Próxima Entrega: ¿CUÁL ES MI TIEMPO?

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