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Archive for the ‘CAPACIDAD PARA PERDONAR’ Category

EL EXITO MÁS IMPORTANTE ES EL QUE NOS HACE FELICES

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¿Qué significa tener éxito personal?

Pienso que aunque existan definiciones académicas de esta palabra, no existe aceptación general de su significado, con relación específicamente al ser humano. Asimismo, creo que con el transcurso del correr del tiempo y las modificaciones que se han producido en la forma del hombre de ver la vida, su consideración lo es, como casi todas las cosas, conforme al tiempo y al espacio.

Por otra parte y a título de ejemplo, no es lo mismo tener éxito en construir en el tiempo previsto y costos estimados de una gran represa, gigantesco puente o moderna infraestructura vial, que el éxito que puedan sentir en sus vidas quienes las construyen. Ya que, no obstante que tales actividades se realizan  y debe celebrarse su éxito, porque lo son en función social, en el fuero interno de cada persona, la situación pudiera ser diferente con respecto a su éxito personal.

No obstante que la vida del ser humano es absolutamente elemental, y si se quiere relativamente fácil de sobrevivir, el éxito individual no puede medirse desde ninguno de sus logros o aristas de vida, sino que debería referirse a su existencia integral.

El hombre tiene una existencia físico-espiritual, esto es, que no sólo estamos constituidos por un  cuerpo sino también por un espíritu. Este hecho indiscutible nos saca de los logros únicamente materiales para llevarnos al plano de la necesaria satisfacción espiritual; vale decir, que el éxito personal para que sea tal, no podrá ser ni sólo físico ni  únicamente espiritual, sino que  tendrá que ser conjunto: físico-espiritual.

Así tenemos que se conoce de hombres y mujeres exitosos en hacer fortuna, obtener fama, poder y sobresalir académicamente, pero su vida privada ha sido terriblemente desordenada, torpe y dolorosa;  inclusive han terminado solos y sin familia, lo cual ha hecho su existencia desgraciada.   Estas personas sólo alcanzaron  su realización física, pero no la espiritual, por lo tanto en el sentido práctico y efectivo, no obtuvieron el éxito en sus vidas.

Otras personas, que nunca llegaron a destacarse por encima de lo normal en cuanto a su fortuna, poder o fama, pero sí lograron estudiar, constituir una familia donde reinó el amor y los valores humanos, llegando al final de su existencia en un hogar amoroso, al lado de sus seres queridos. Estos individuos, a mi manera de ver el asunto, lograron su realización físico-espiritual y como consecuencia el éxito personal.

 

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Alguien dijo que nuestra vida es como un rompecabezas, cual nos corresponde individualmente realizar de la mejor manera posible.  Somos especialmente individuales y diversos. Cada uno de nosotros es muy bueno para algo y mejor para otra cosa, pero tenemos capacidad y temple para no hacer nada malo: es sólo un asunto de  disposición.

Tenemos una especial capacidad de adaptación al medio y nuestro estado de ánimo,  que nos permiten dar el color deseado a la vida; vale decir, transformar a nuestra voluntad la sensación interna de los acontecimientos y circunstancias que se nos rodean.

No hay tarea pequeña en nuestra vida, porque todo lo que hacemos, de alguna forma o por su consecuencia, es trascendente. Desde tumbar o recoger la hoja más pequeña hasta realizar el acto más deleznable o heroico, siempre va a influir en algo o en alguien. Por eso nuestras acciones deben ser debidamente meditadas, y a ser posible, reflexivas.

Una palabra dicha con sinceridad y amor en su oportunidad puede salvar una persona o una colectividad completa. Asimismo, una palabra despreciativa, hiriente, inoportuna o mal intencionada, puede  hacer tanto mal, que ni en muchas vidas podríamos repararlo. Esa bendición de poder pronunciar palabras, es uno de los mayores tesoros que Dios nos dio, especialmente porque nos permite transmitir amor, compasión y caridad.

Nuestra mirada puede ser más expresiva que nuestra palabra, y como consecuencia, puede regalar paz, comprensión, desprecio u odio. Es por lo cual, hasta para mirar otra persona, debemos cuidar nuestra actitud, porque somos responsables de sus resultados ya que, por mandato divino, estamos obligados a amar a todos nuestros semejantes.

Un apretón de manos, una palmada, un abrazo o prestar nuestro hombro para recostar la cabeza al desvalido o desventurado, vale más que mil palabras y hacerlo eficientemente –esto es que se sienta nuestro amor-  es más difícil que regalar cualquier bien material por valiosos que fuere.

En todos mis años he observado que, compartir lo  que se  tiene con el que de todo carece es riqueza, no para quien lo recibe sino para quien lo da, porque la vida siempre te lo devolverá multiplicado por muchas veces y cuando más se necesita; porque un pedazo de pan al hambriento, vale más que celebrar  una cena para los pobres. Escuchar con paciencia e interés al triste o problemático no sólo es un acto noble, sino que nos hace parecernos a Dios.

 

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Diariamente escucho a personas quejosas, lamentando que tenemos muchos problemas, que la vida se ha hecho inaguantable, que los jóvenes no respetan y que los viejos son unos desvergonzados.

Y yo me digo: ¿No es acaso la vida un camino largo donde encontramos escollos, baches, colinas y acantilados que debemos superar? Pero… ¿No es también un sendero donde crecen flores y donde al lado de todas las dificultades existe la belleza de vivir? Porque… luchar y vencer los inconvenientes es extraordinariamente reconfortante.

Asimismo, al tiempo que por una parte encontramos asuntos que pudieran ser difíciles de resolver, en ese mismo sendero también transita el amor, la familia, la  amistad y la solidaridad humana, que son el premio y la razón de existir.

No es cierto que el presente sea peor que el ayer o que el futuro vaya a ser mejor. Sucede que las gentes actúan de forma diferente, porque  como el mundo gira y rota, su sinergia y dinamismo afectan la conducta humana.

El sentido de los valores corresponde a un tiempo y un espacio determinado; por lo cual no acepto la conseja de que la gente de ayer fue mejor que la de hoy o que la de mañana será mejor que la actual, porque  los conceptos de la vida y de las cosas, varían con el devenir de los acontecimientos.

No existió antes más justicia o el mundo fue mejor que hoy, sino que fue diferente. Es que nada fue más injusto que la esclavitud ni más terrible que los genocidios de la Segunda Guerra Mundial, situaciones que hoy  ya no ocurren.

 La extraordinaria pobreza y exclusión de la mayoría de la población, así como la inquisición en la Edad Media, fueron superiores a cualquier mal de hoy.

Lo importante es ubicarse en el presente, donde todos los días encontramos oportunidades para ser y hacer cosas buenas para nosotros y nuestros semejantes.

Nuestro mundo, siempre ha sido y será más o menos lo mismo; en el caben  holgadamente el amor y el odio, el bien y el mal; a cada uno corresponde tomar la opción: la de los optimistas que ven en cada circunstancia una oportunidad  para ser felices, o de los pesimistas que en todo evento encuentran una fuente de  temor. Los primeros serán felices, pero los segundos perderán un precioso tiempo para disfrutar la vida, que ya jamás podrán recuperar.

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Dios… ¿Porqué tienen que morir los fabricantes de sueños, cantadores al amor, a la luz, a la noche, a las flores, a la alegría y a la… esperanza?

Padre… ¿Por qué te llevas la música del alma, el frescor del corazón, la elevación del espíritu y el sonido del viento que trina notas sentimentales?

¿Por qué ellos, que siembran flores con palabras, cosechan recuerdos con sus  letras y fabrican sueños de la nada?

¿No son acaso la sal del mundo?

¿No humedecen con lágrimas de alegría una tierra a veces Yerma?

¿No perfuman con aroma de amor el vacío terrible de los abandonados?

¿Por qué llevarlos cuando el mundo está enfermo de desamor, insensibilidad y falta solidaridad humana, si son ellos con su perfume de vida buena quienes siembran esperanza?

¿Por qué llevarse los pregoneros de la ternura, de la belleza, pasión y… la magia?

¿Qué les queda a los adoloridos, a los tristes, a los pobres, a los desventurados y a… los enamorados?

¿Cómo arrullarán las madres a sus niños si ya no hay poetas para cantarlos?

¿Dónde quedan las palabras para decir adiós al amigo y perdón al enemigo?

¿Dónde  queda el ay del corazón y la lágrima prohibida, si su expresión ha muerto, si ya no tiene… vida?

¿Quién cantará a las noches estrelladas y al rocío de las noches de estío, convirtiendo lo oscuro en romántico y confortable el frío?

¿Quién cantará el requiem a las hojas que mueren, a los pétalos marchitos y a las gotas de rocío que dan su vida para crear otras vidas?

¿Dónde esconderé mi frustración por no ver más sonrisas, niños sin miedo, parejas felices, hermanos abrazados y padres con más amor que autoridad?

¿Quién cantará a mis nietos lo que fui, lo que viví, mis recuerdos, mis ansias, mis sueños y mis bendiciones, si se apaga la voz de los poetas?

Y… ¿Qué hará el mar, sus olas, el reflejo azul de su cuerpo y las bellas  gaviotas si te llevas quien conoce sus secretos y notas?

Padre… Si te llevas los poetas nos haces mucho daño, pero también te haces daño, porque te  llevas la más bella oración que es un poema, y nos dejas tan solos en un mundo tan duro que, ciertamente, nos será muy difícil entender tu forma de amar.

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Por solicitud de una lectora Bogotana, repito este post que escribí y  publiqué el año  2008.

“SI TUVIERA DOS VIDAS TE REGALARÌA UNA; SIN EMBARGO, LA ÙNICA QUE TENGO   TE LA OFREZCO PARA HACER UNA SOLA CONTIGO.”


¿Cómo actuar luego de producida la infidelidad sexual?

Para el ofendido su sorpresa, orgullo herido, dolor y frustración no dan tiempo para el análisis racional de la situación, sino para la acción inmediata y violenta de rechazo.  Sin embargo, antes de abordar la actuación posterior, conviene analizar someramente los antecedentes previos al suceso.

Tomaré como referencia un caso de la vida real, como textualmente me fue propuesto por una de mis lectoras:

Descubrí que mi esposo me fue infiel, él me explicó que está muy arrepentido porque me quiere, pero que no sabe que le impulsó a hacerlo. Sólo tuvo contacto sexual una vez para quitarse esa inquietud y que esa relación ya no existe. Yo lo amo y no sé como manejar esto. Tengo tanta rabia, frustración y hasta dudo de mi capacidad sexual. Quiero perdonarlo pero tengo miedo que luego se vuelva a repetir, pero es que tampoco quiero perderlo porque salvo esto, él es  muy considerado conmigo, agradable  y sé que me ama. “

La infidelidad sexual no se produce por un impulso momentáneo; se trata de un proceso acumulativo de insatisfacciones que desencadena en una actuación cargada de emotividad, frustración, perturbación, confusión, y a veces, irracionalidad.

Es el triunfo de la originalidad sobre la cultura, actualizada por una reacción animal instintiva que supera principios éticos, que soportan la relación de pareja. La permanente lucha del hombre civilizado con su herencia atávica: atracción heterosexual y cópula.

Para el ofendido, el acto desleal violenta los sentimientos, los pactos de amor y solidaridad que produjeron la unión, afectando la fe, confianza, seguridad en si mismo y en la relación: el mundo se pone… oscuro.

Para el ofensor, la fantasía y debilidad dan paso a la realidad. Al momento fugaz de supuesto goce -que la mayoría de las veces no es nada extraordinario- sigue la perturbación, angustia y sentimiento de culpa; los remordimientos y tardía racionalización de las consecuencias cobran un precio demasiado alto, que algunas veces destruye años de esfuerzos, dedicación y… sueños.

La reflexión llega tardíamente, pero… llega. El mundo se pone pequeño y la vida se hace… miserable. El mal está hecho y la sensación es la de un  callejón sin salida. Para los dos es un momento aciago, en el cual se encuentran solos, porque nadie puede ayudarlos. El shock da paso al temor a las consecuencias, y ambos, emocional  y mentalmente desestabilizados se preguntan: ¿Y ahora qué?

En muchos casos, se trata de personas que por años han tenido una conducta apropiada de fidelidad y consecuencia, pero quienes en un momento dado, por razones que ellos mismos no pueden racionalizar,  cometen un error. Surgen entonces algunas interrogantes:

¿Debe condenarse sin término de juicio?

¿No tiene ningún valor su actuación consecuente, honesta, leal y solidaria, frente a un acto equivocado?

¿Cuando se unen dos no se aceptan con sus virtudes y defectos?

¿Acaso la solidaridad no es en las buenas y en las malas?

¿No es cuando nuestro par  tiene problemas cuando más requiere nuestra comprensión y… ayuda?

Frente al suceso fáctico sólo queda una opción válida, inteligente, sincera y valiente: controlar el dolor, la ira de uno y la tendencia a la justificación del otro, en pro de analizar los factores incidentes que desencadenaron la situación, poniendo por delante la verdad para decir, sin ambages y falsos prejuicios, lo que se siente que ha fallado en la relación.

De ese análisis sincero surgirá la realidad de  cuándo se inició el proceso de deterioro, cómo y porqué se produjo; pero también por qué  no fue advertido y tratado a tiempo. Si predomina la verdad y no la justificación, ambos, de alguna manera, consciente o inconscientemente, en mayor o menor grado resultarán con incidencia de culpa.

Si la llama del amor se mantiene viva, la frustración y el temor darán paso a la reflexión sobre valor de lo que se está en juego. La aceptación de la actuación errada, la solicitud del perdón y la contrición resarcirán el dolor. La nobleza y generosidad, hermanas gemelas del amor propiciarán el perdón y… el olvido.

El tiempo dará oportunidad al ofensor de compensar con creces sus errores y el ofendido se sentirá satisfecho de haber tenido la altura espiritual, que se requiere para perdonar y olvidar;  con lo cual, por cierto, salvó la relación.

Si por el contrario, no obstante habérsele dado la oportunidad de corregir definitivamente el entuerto, el ofensor resultare reincidente y se terminare la relación, no sería el ofendido el gran perdedor; porque para él, en el camino de la vida, en su misma vía y en sentido contrario,  otros vienen en busca de lo mismo, con idénticos deseos, ambiciones y sueños; en un momento, sin  importar como ni cuando, se encontrarán, sentirán que llegaron a su destino y se producirá el milagro: el amor nuevamente tocará la puerta y… deberá abrírsele.

Por su parte, quienes no tienen suficiente amor, generosidad y nobleza para entender que la pareja no es de ángeles, sino de seres humanos con virtudes y defectos; ambos tratando de ser mejores en un mundo complejo y progresivamente insensible a la ternura, consecuencia y solidaridad humanas, en una situación de infidelidad dejan que sus más radicales sentimientos decidan la situación, y el resultado siempre es el mismo: irreflexión, incomprensión, odio, rencor, frustración, revanchismo. Como consecuencia, soledad y tristeza, para lo cual por cierto no se requiere tener una pareja.

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«AMOR, CONSIDERACIÓN Y RESPETO ES TODO LO QUE PIDE UNA MUJER»

En mi vida, desde muy tierna edad, siempre existieron mujeres que signaron de manera definitiva mi sino; por ellas he sentido la mayor ternura, respeto, admiración, pasión, y se quiere, devoción. De ellas aprendí el amor, la compasión, la caridad, la gratitud y esos otros valores humanos que nos forjan más cercanos, sensibles y solidarios con nuestros hermanos de especie, haciéndonos merecedores de llamarnos… hijos de Dios.

Comenzó con mi madre, esa dama antañona que llenó de amor el sendero que con ella viví; que proyectó el camino de mi vida, sobre la base de creer en uno mismo, de dar paso a las situaciones por adversas que fueren, con la fe y la seguridad de que, siempre, sin importar cuando, podremos superarlas.

Mi hermanita que convivió conmigo su niñez, que me llenó de afecto;  y al final, cuando siendo aun una niña Dios la llamó a su encuentro, por siempre dejó un aroma de azahar en mi alma, que  hoy, en este momento, lo percibo en lo más profundo de mi sentimiento.

Luego vino mi esposa, esa compañera de viaje largo que perfumó mi vida y siendo muy joven subió a mi barco, para ayudarme a llevarlo a puerto seguro. De ella aprendí lo importante del compromiso,  que conlleva respeto,  admiración, aceptación, consideración y buena comunicación, como los tres  pilares que soportan cualquier buena relación de pareja: amor, admiración y respeto.

Después vinieron mis tres bellísimas y amorosas hijas, que son la extensión de ese tierno amor que nos permitió edificar y mantener un hogar por más de cuatro décadas,  donde somos un equipo, y la felicidad es nuestro color de identidad.

Conozco mis hijas muy bien; las he visto llorar de amor y por amor, enfrentando con entereza pero con generosidad cualquier circunstancia, sin permitir perder la confianza en sí mismas y en los demás seres humanos, por lo cual siempre las he visto  perdonar y olvidar agravios, sobreponerse y… triunfar.

Las admiro, porque las he visto hacerse mujeres y sé que no es nada fácil el papel de madres, esposas, leales y entrañables amigas. Fabrican hombres y los hacen seguir el buen camino, aunque la mayoría de las veces no les sea debidamente reconocido.

Constantemente las he necesitado y siempre las necesitaré. Quiero irme primero, porque creo que no se vivir sin ellas; han sido siempre mi mayor acicate para salir adelante, mi mayor bendición y a ellas debo el éxito logrado en mi vida, que resume en una frase: SER FELIZ..

 

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0Como seres humanos, no requerimos ser boxeadores para que la vida, de vez en cuando, nos ponga contra las cuerdas, en alguno o varios de los muchos asuntos que conforman nuestra permanente lucha por una vida mejor.

Todos, salvo raras excepciones, creamos, abrazamos y acumulamos sueños; deseamos cosas y acumulamos sentimientos de diferente índole, que nos son muy caros; pero, casi en todos los casos, materializarlos, especialmente los más sentidos, ameritan decisión, dedicación, diligencia, esfuerzo –y a veces- sudor y… lágrimas.

Como no nos contentamos con una vida tediosa, resignada y monótona, desde que nos concientizamos de nuestro poder personal heredado de Dios, nos vemos impelidos a luchar a brazo partido por lograr nuestras metas; y sin escatimar esfuerzos, todos los días comprobamos nuestra inmensa capacidad de adaptación a las nuevas circunstancias, que nos permite ser mejores, más útiles, aceptando a nuestros semejantes con sus virtudes y defectos, para ayudarlos y de tal manera crecer espiritualmente, haciéndonos todos los días… más hombres.

Que importa que la vida, algunas veces, nos ponga contra las cuerdas, si somos del tamaño de la circunstancia que se presente. Somos conscientes de nuestro poder, decisión, fe, seguridad, confianza, y positivismo. Eso nos hace recibir los sucesos indeseables, complicados y difíciles, como asuntos por resolver más que problemas, lo que de alguna nos aportarán conocimiento y experiencia en la vida.

Esas valientes personas, bien golpeadas por la vida, por quienes, cuando estuvieron en problemas, nadie daba medio por su futuro, quienes no se amilanaron ni permitieron que las circunstancias adversas o el temor invadieran su alma, simplemente aceptaron que la vida tiene sus baches y sus momentos difíciles; que todo tiene su tiempo y su resultado, pero que como la noche y el día, siempre son pasajeros. Ellos superaron las dificultades, y luego, disfrutaron aún más de una vida producto de su esfuerzo, fe y confianza en su diligencia y la fe en un Dios, que siempre consideraron presto a ayudarlos.

De esos triunfadoras aprendí, que no existe problema sin solución; porque nada, ni una hoja se mueve sin la voluntad de Dios, y por tanto, todo suceso tiene una razón; no importa si nunca la conocemos, porque lo que importa es el resultado, que al final, si aunamos a nuestra fe, dedicación y esfuerzo, terminamos aceptando de buen gusto, que fue conveniente lo sucedido.

Bienvenidas las dificultades, porque son importantes para probarnos de que somos capaces, cuando se requiere sacar lo mejor que tenemos por dentro.

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«LAS PERSONAS MAS IMPORTANTES EN MI VIDA, SIEMPRE HAN SIDO MUJERES»

matt-and-jennifers-044Hoy siento la necesidad de escribir para la mujer, ese ser maravilloso que Dios hiciera en buena hora, quizás frustrado ante su primer intento fallido de crear algo perfecto a su imagen y semejanza. Ese Ente extraordinario que tomó para sí, la dura tarea de equilibrar nuestra vida físico-espiritual, en este corto pero interesante paso por la vida.

Creo que desde antes de adquirir raciocinio, ya amaba a las mujeres. Es que Dios fue tan bueno conmigo que me permitió tener mi madre hasta ya bien entrado en años; me regaló una esposa, donde reunió ternura, amor, lealtad y… compromiso a toda prueba; pero, por si fuera poco, me envió tres bellas hijas, que ya superando los treinta años, casadas y con hijos, siguen siendo conmigo tan tiernas como cuando eran unas niñas.

Fuera de mi hogar, siempre he recibido de las mujeres las mayores demostraciones de sensibilidad, solidaridad, caridad y comprensión. Asimismo, las he visto derrochar sacrificio, aceptación, reconocimiento, capacidad para el perdón, y un estoicismo que ningún hombre podría igualar frente a los momentos difíciles de la vida.

Quienes tenemos una pareja que sabe ser novia, amiga, compañera de viaje largo, madre y… amante, realmente somos privilegiados. Por eso no justifico bajo ninguna circunstancia ni por ningún motivo, la actuación descortés, irrespetuosa, desconsiderada, grosera, violenta o cobarde, que algunos hombres mantienen frente a sus mujeres; sin duda para bajar su autoestima, con la intención equivocada de que tal ignominia, de alguna manera, pudiera equipararlos a ellas.

Las mujeres vinieron a embellecer este mundo, para ser atendidas, honradas, edificadas, protegidas y… amadas por nosotros los hombres. Quien siendo varón no entienda esto, realmente se pierde lo más delicioso sobre la tierra: el amor sincero y verdadero de una mujer.

En la actualidad, cuando para bien de la humanidad la mujer ha tomado un rol de vanguardia en la sociedad, dado lo polifacético de su proactividad, si los hombres no entendemos su potencial y aceptamos orgullosos su extraordinaria capacidad, todos los días les quedaremos más pequeños.

Bien hacen quienes asumen estas realidades, si es que quieren mantener a su lado a esa persona tan especial, que es capaz de soportarnos, pero además amarnos y compartir con nosotros lo mejor de sí, siendo que, en la mayoría de los casos, lo único que pide es solidaridad, lealtad y… amor.

No escribo esto para ganar albricias, sino por el reconocimiento, en primer lugar, de mi vida feliz de hombre casado durante más de treinta y nueve años, pero también porque creo que no entender estas realidades, es un gran error de cualquier hombre, más que por lo que se deja de hacer por las mujeres, por lo que se pierde de disfrutar con ellas.

Dios bendiga y proteja siempre a las mujeres, especialmente a esas guerreras que son capaces de soportarnos y amarnos por tantos años; porque al menos yo, simplemente, no se vivir sin ellas.

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