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Archive for the ‘ARTE DE VIVIR’ Category

 

«NUESTRA ESTABILIDAD EMOCIONAL DEPENDE DEL EQUILIBRIO DE NUESTROS SENTIMIENTOS»

Factores de diversa índole, algunos positivos y otros negativos, colman nuestra vida diaria, obligándonos a establecer un EQUILIBRIO EMOCIONAL, indispensable para lograr una vida feliz.

Venturosamente, son más las bendiciones, situaciones y circunstancias edificantes, que las que por sí mismas aparentan, o amenazan con convertirse en negativas. De tal suerte, la estabilidad emocional no es algo que pueda adjudicarse, adquirirse o tomarse prestado; se trata de una circunstancia muy personal: nuestra circunstancia; cual a su vez, es producto del equilibrio que establezcamos en nuestro interior, entre lo que consideramos positivo o negativo, lo cual responde a la trascendencia que le demos al personalísimo mundo de nuestra cotidianidad.

No se trata de cómo se desarrollen los eventos, sino como los asimilemos; no es el por qué, cómo y cuando sucedan, sino en la entidad y tiempo que estimemos que puedan afectarnos. Por ejemplo, perder un amor o una oportunidad cualquiera, su efecto dependerá de la trascendencia y tratamiento mental que le concedamos. Tenemos la posibilidad de considerarlo negativo, triste e inclusive doloroso; pero también la opción de considerarlo positivo, porque nos abre la  oportunidad de comenzar nuevas y emocionantes relaciones o mejores y más actualizadas opciones.

Personas estables emocionalmente en diversas ocasiones me han comentado: vivo feliz gracias a mi nueva pareja; o ahora tengo una vida más holgada gracias a que fui despedido y logré un trabajo mucho más remunerador. Otros me han manifestado que, si no me hubiese sucedido un percance, que en su momento consideré negativo, hoy no tendría tal o cual beneficio que ha superado mis circunstancias de aquella oportunidad. Estos testimonios afianzan mi convicción de que estamos obligados a buscar y encontrar el lado positivo de las cosas, en ese camino de alcanzar una vida mejor.

No somos un accidente sobre esta tierra, sino la hechura más acabada de una fuerza suprema y universal, que es perfecta: DIOS. Es nuestra decisión la trascendencia que le otorgamos a los acontecimientos. Nadie puede ayudarnos a resolverlo, porque sólo nosotros gobernamos en nuestro interior.

Si tenemos fe en Dios y en nuestra propia diligencia para procurarnos una vida feliz; si nos producimos tranquilidad espiritual, amando a nuestros semejantes y manteniendo la convicción de que nada sucede sin una razón; si nos acostumbramos a estudiar primero el lado positivo de los acontecimientos, aceptándolos como una posible enseñanza o apertura de una nueva oportunidad; si nos condicionamos a convertir los problemas en asuntos por resolver, sin duda lograremos esa estabilidad emocional, sin la cual es imposible lograr nuestra máxima aspiración como seres racionales: SER FELICES Y HACER FELICES A NUESTROS SEMEJANTES.

Si tienes alguna duda o requieres aclaración sobre el tema aquí tratado, el correo del autor está disponible: amauricastillo@gmail.com

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«QUIEN A DIOS TIENE NADA LE FALTA,  SOLO DIOS BASTA.»

pareja-con-globos_21316Muchas de las consultas que recibimos, independiente de la situación planteada, se originan en ese fenómeno humano, pero superable, que es el temor.

Crecemos y nos formamos en una sociedad afectada por el temor. Frente a las opciones de confianza y fe o el temor, algunos optan por el último  que afecta gravemente su hoy y sus expectativas de futuro, restando posibilidades a su felicidad.

El temor es una operación mental que distorsiona la realidad, magnificando  las posibles consecuencias de lo temido.

Especialmente hoy, gracias a la globalización de las comunicaciones, la crisis financiera surte efectos psicológicos devastadores no solamente en quienes tienen sus fortunas en riesgo, sino también en quienes tienen menos que perder.

Frente a tal adversidad, debemos echar mano de nuestras reservas espirituales y convencernos de que, independiente de la magnitud de los eventos, tenemos capacidad para superarlos, porque como hijos de Dios disponemos de parte de su poder, precisamente para utilizarlo en estos casos.

Es posible que resultemos personalmente afectados, porque como parte de nuestra vida, siempre hemos enfrentado problemas de diferente índole, pero los hemos superado y de ellos hemos derivado experiencias capitalizables para vivir mejor.

En los años vividos, siempre hemos localizado el sustento para nosotros y nuestras familias; en mayor o menor grado, pero lo hemos conseguido. Nuestros niños han continuado creciendo, asistiendo a la escuela, y nosotros viviendo este maravilloso mundo de las cosas sencillas que Dios nos dio como heredad, donde hemos aprendido que la felicidad depende de nuestra personal circunstancia.

¿Qué es lo peor que nos puede pasar?  Bajar nuestros ingresos y moderar el consumo; disminuir la recreación y rebajar la actividad social. Pero seguiremos viviendo y cada día traerá una nueva oportunidad.

El aire, el agua, el sol, la tierra y con ellos los alimentos que necesitamos para subsistir y el… amor seguirán aquí, porque poco tienen que ver con la cosa financiera.

¿Qué puede complicarse satisfacer nuestras necesidades básicas? Es previsible que así sea, pero será un reto más y lo superaremos; siempre hemos salido adelante con fe, optimismo, diligencia y confianza. Se trata de asuntos por resolver,  y como en casos anteriores, los resolveremos.

¿Aporta alguna solución atemorizarse? No. Lo único inteligente que podemos hacer es asumir la situación, analizarla, procesarla y hacer todo lo que esté en nuestras manos para reducir su dificultad.

Tenemos que convencernos que no estamos solos con nuestros problemas. Dios está aquí para ayudarnos, si tenemos fe y somos diligentes. Es todo lo que requerimos y no es tan difícil. No ayuda la perturbación ni el temor. Debemos recordar que: «…quien a Dios tiene nada le falta, sólo Dios basta.»

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«LA FUENTE DE LA FELICIDAD ESTÁ EN  EL MUNDO DE LAS COSAS SENCILLAS»

2432472Las felicidad no es ni puede considerarse una situación extraordinaria o especial, porque fue a ser felices y no infelices para lo cual vinimos a este mundo. Por eso en la naturaleza encontramos todo lo necesarios para nuestro disfrute y solaz.

Fuimos dotados de razón e inteligencia, para que pudiésemos poner a nuestro servicio todo lo que existe, utilizándolo con mesura para que no se agote.

La fuente de la felicidad no vive o corresponde a ningún espacio, tiempo o evento recóndito, especial o extraordinario, sino en cada espacio de nuestra cotidianidad: en nuestra interioridad y en el entorno que nos rodea en cada circunstancia, que gracias a nuestro estado de ánimo podemos hacer agradable, desagradable, mejor o peor.

A cada uno, de forma exclusiva, corresponde tomar esos elementos innatos de amor por la vida, alegría y solidaridad humanas con que vinimos dotados en nuestro fuero interior, para imbuirlos de ese maravilloso mundo de las cosas sencillas de todos y cada uno de nuestros días y preparar ese coctel mágico, sin costo económico o de esfuerzo físico que se materializa en el estado de felicidad personal.

Una palabra, un gesto, un sonido, un color o cualquier circunstancia que capturen nuestros sentidos, pueden ser utilizados para encajarlas dentro de ese amplísimo abanico que cubre nuestra felicidad personal.

No puede ningún bien tangible (material) por sí solo hacer la felicidad, pero sí ayudar a que algunos momentos alcancen mayor confort o plenitud; pero no son su raíz o fuente, porque esta se constituye del nivel de trascendencia que pudiéremos darle. Por el contrario, en algunos casos lamentables, la abundancia de bienes materiales produjeron escasez de felicidad.

No existe posibilidad de asistir a ningún evento en el cual podamos adquirir, cambiar o canjear valores como el amor, la amistad o la solidaridad a cambio de dinero u otros bienes materiales, porque una de las características esenciales de los valores es su intangibilidad y sólo pueden ser determinados y captados en nuestro fuero interno; por tanto, dependen de nuestra capacidad para ponerlos en función de nuestro beneficio.

Podemos apropiadamente aseverar que la felicidad no debemos buscarla en nada extraordinario porque se encuentra en el mundo de las cosas sencillas: esas que vivimos en cada minuto de nuestra existencia. Cuales no nos esperaràn por siempre, porque  como el viento, el agua del río  y el tiempo… no regresan.

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«EL OPTIMISMO ES EL MEJOR ESCUDO FRENTE AL TEMOR Y PESIMISMO.»

00674811Una lectora me solicitó una fórmula o consejo frente a su progresivo estado angustioso debido a la crisis económica, que según sus palabras «…se avecina en el futuro inmediato»

No creo en fórmulas mágicas, sino en los logros de nuestro esfuerzo personal. No obstante, debo comentar que en las últimos cincuenta años, he presenciado unas cuantas crisis económicas, incluida la producida por la hiperinflación de Bolivia en los primeros años ochenta, superior al diez mil por ciento anual: pero todas, sin excepción, fueron superadas.

Estoy convencido de que el optimismo, cuyo significado real es «lo mejor», pudiera ser, si no una fórmula mágica, por lo menos el más eficiente recurso frente a la angustia y estrés que producen estos presagios negativos, cuales el temor distorsiona en su verdadera realidad.

El optimismo es hermano gemelo del pensamiento positivo y permite avizorar el lado positivo de las cosas, al representar en si mismo, un valor que tiene la virtud de mostrarnos la parte beneficiosa de los acontecimientos y nos fortalece frente a esos presagios de mal agüero producto del pesimismo, que nos lleva a presentir el lado negativo de las cosas, sembrándonos temor por lo que podría suceder, afectando de tal manera no solamente la tranquilidad espiritual y salud mental, sino también la física.

El pensamiento y actuación optimista abona la previsión razonable, mientras se espera con tranquilidad la llegada de los acontecimientos. El optimista, aunque conoce que no puede modificar el futuro, sí confía en que todo evento en esta vida tiene una parte positiva. Asimismo, se asegura que, en cualquier caso, encontrará la mejor solución. De hecho sabe que, en la mayoría de los casos, es peor el miedo al suceso que el suceso mismo, y por eso espera los acontecimientos, evitando cualquier pensamiento o aprensión que pudiere restarle eficiencia para resolverlos.

El pensamiento optimista es un escudo frente a ese enemigo invisible, pero presente en nuestra mente que es el temor, al fundamentarse en el pensamiento filosófico de que, si bien es cierto que no nos es dado conocer el futuro, pero sí sabemos que Dios está con nosotros y Él gobierna el universo, podemos confiar en que con su ayuda, siempre encontraremos las mejores soluciones.

Como no hay nada nuevo bajo el sol, a través de la historia, en toda crisis, los que temen, o se desmejoran o perecen; los que no se atemorizan y enfrentan con optimismo las situaciones, o mejoran o sobreviven… pero nunca perecen.

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¿PUEDO ABRAZARTE?

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Cuando pagaba en la caja del supermercado, observé que las personas de la cola estaban serias, entonces tarareé una canción; la cajera sonrió y me dijo ¿Porqué está tan feliz? y las restantes personas sonrieron.

Luego, encontré una pareja joven que entraba y les saludé amablemente; me sonrieron y saludaron alegres. Más tarde encontré uno de mis relacionados, lo saludé afablemente diciéndole: -es Navidad ¿Puedo abrazarte? -Claro que sí, me dijo y sentí la calidez de su abrazo.

Todo esto me hizo preguntarme: Si a la gente le agrada cantar, saludar y abrazar a sus amigos ¿Por qué no lo hacen? ¿Qué les limita? ¿Dónde se nos quedó la espontaneidad, alegría e interés por los demás? Porque, cuando saludamos o expresamos: ¿Cómo estás? demostramos nuestro interés por esa persona, que nos alegramos de verla y que nos importa.

¿Qué nos sembró de indiferencia sobre las cosas bellas, irreemplazables e irrepetibles que nos brinda un hermoso día lleno de colores, sonidos y extraordinarios pequeños detalles? O, ¿Una pacífica noche, cómplice de nuestra aventura amorosa? O, ¿Esos maravillosos seres dadores de amor que son nuestros hermanos humanos?

No encuentro explicación racionalmente aplicable. Intuyo similitud con quien no disfruta del color y aroma de una rosa por temor a espinarse; no observa ni siente las olas del mar por miedo a ahogarse; no sale al campo por miedo a una serpiente; o teme entablar una relación íntima para evitar que puedan herirlo: todo absolutamente injustificado.

¿Acaso estamos permitiendo que el temor… a todo, nos robe la espontaneidad, alegría, disfrute, sensibilidad y solidaridad humanas? ¿No fue a disfrutar de esta vida que vinimos a este mundo? ¿No está Dios al lado de nosotros para cuidarnos?

Siento que debemos forzarnos por no permitir hacernos tristes. Tenemos todo para ser felices. Solo se requiere cambiar de actitud. Tenemos que sonreír más, saludar a las personas y demostrarles que nos interesan; pero especialmente, hacer algo para que sientan que las amamos. Es todo lo que necesitan para cambiar esa cara recelosa, seria, preocupada,  por la otra: alegre, fresca, radiante de… amor.

Inténtelo, no es tan difícil y cuántos amigos nos regala. Comience ahora, que se sentirá muy bien. No olvide que «EL QUE ES RICO EN AMIGOS, ES POBRE EN DIFICULTADES.»

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«MIS OJOS FISICOS OBSERVAN EL DIA, MI ALMA NO TIENE DIMENSIÒN DE TIEMPO»

l1010088Mi alma, que es eterna, no envejece ni se hace obsoleta.

Revisé algunas de mis fotografías más queridas, precisamente de la noche que conocí a mi esposa, me llené de gratísima evocación. Abrí los de mi alma, que me ubicaron en ese ambiente especial y mágico, donde se definió la parte más bella y edificante de mi vida.

Esa regresión de cuarenta años refrescó mis más íntimos sentimientos, al pasearme por la imagen imborrable de esas personas; un ambiente que volví a sentir en su detalles, y algunas frases inolvidables que, de alguna manera, fueron premonitorias de ese futuro maravilloso, que ambos constituimos en un presente… permanente.

Como rechazo la nostalgia, di rienda suelta a mi recreación visual interna para vivir otra vez en ese mundo virtual del recuerdo feliz, esas emociones que los años no han podido envejecer y que los ojos físicos, ocupados en la vida diaria, no pueden detectar ni permitirme disfrutar.

Me vi hilvanando con hilos color de fantasía nuestros sueños, que luego, con mucho amor, optimismo, fe, comprensión y aceptación, hicimos realidad.

Sentí en mi cara interior, el frío cálido de una noche de verano; la mano suavemente firme de quien desde entonces tomó la mía para hacer de las dos una sola; las voces inaudibles del futuro que sólo oye nuestro espíritu diciendo… ven; y esa emoción especial e indefinible de atracción-sorpresa, atemorizante pero prometedora, únicamente descifrable por los enamorados.

Esa visión arrobadora, de vida y de tiempo, sólo puedo experimentarla con esos ojos mágicos, invisibles pero presentes de mi alma, que Dios me regaló, precisamente, para que no perdiera nunca la visión interna de mí mismo, que no envejece ni pierde el sentido de eternidad, cual es lo que me hace amar mi vida física, que es temporal pero real, emocionante y que estoy obligado a vivir intensamente, con deleite, con fruición con sentido inmutable de… presente.

Si abriésemos a menudo nuestros ojos del alma, nos amaríamos más; veríamos mejor la perspectiva real de una vida que es mucho mejor de lo que, algunas veces, nosotros mismos nos la hacemos; y especialmente, reconoceríamos todo lo maravilloso que es contar, todos los días, con la compañía de nuestros insustituibles hermanos… humanos.

¡FELIZ AÑO 2009!

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«Unicamente yo, en mi fuero interno, decido el color y el sabor de mis circunstancias.»

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Uno de los mayores inconvenientes para ser felices, es la creencia errada de que vendrá un día especial, con algún evento también especial que decidirá la felicidad.

Craso error, todos los días son iguales: veinticuatro horas; sale el sol, se vuelve a poner y al otro día sale para volverse a poner nuevamente. El viento sopla o está tranquilo y la temperatura varía, sin que podamos controlarlo; nos acostamos, nos levantamos, comemos, trabajamos, estudiamos, reímos, lloramos, cantamos, reñimos o hacemos el amor, agradecemos o ignoramos nuestras bendiciones, continuamos viviendo o morimos. No existen por sí mismos días especiales ni eventos especiales porque la especialidad no viene con ellos, sino que se la asignamos nosotros, de acuerdo a nuestra forma de ver la vida y las cosas, con nuestro sentir, que no es otra cosa que la aplicación de nuestro estado de ánimo.

Nosotros asignamos la trascendencia a los eventos diarios. Por tanto, nosotros decidimos si hacemos unos días diferentes de los otros. Una misma circunstancia vista por dos personas diferentes puede hacer a uno feliz y al otro infeliz, porque depende de su ideología, de su óptica de la vida.

Para quien desea intensamente un hijo, su nacimiento pudiera ser el evento más feliz. En cambio, para quien tiene una familia grande y situación económica deficiente, la llegada de un hijo no planificado ni deseado, puede representar una situación problemática y desagradable.

Una tarde plácida y crepuscular o una hermosa melodía, pueden ser bellas y arrobadoras para uno y hacerlo feliz, pero para otro podría ser nostálgico y evocador de situaciones tristes vividas, haciéndolo infeliz. Es que somos diferentes, particulares e individuales, con identidad muy personal. Una palabra, un gesto, una actitud cualquiera hacia otro ser humano, puede ser recibida o percibida con sentimiento contrario al deseado por quien la genera. Asimismo, nosotros mismos, pudiéramos reaccionar diferente frente al mismo evento, con o las mismas condiciones, pero en diferente tiempo.

Así hemos sido y seguiremos siendo por siempre los humanos: imperfectos pero perfectibles; diversos pero gregarios; con tendencia natural al amor, la bondad, la solidaridad, el confort y la buena vida. Pero esas tendencias tenemos que desarrollarlas. Nos corresponde ponerlas en función del logro de nuestra felicidad personal. Es algo que disponemos nosotros y nadie más, porque corresponde a nuestro libre albedrío. Nosotros decidimos si la tarde o la música es alegre o triste; nosotros decidimos si disfrutamos del color de una rosa, el canto de un pájaro, la sonrisa de un niño, o los ignoramos.

No hay nada más que hacer. Es así de simple: somos nosotros y nadie más, quienes resolvemos hacer los días buenos, mejores, peores o especiales. La vida deja la pelota en nuestro campo, a nosotros nos toca decidir que hacemos con ella.

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«LA FELICIDAD DEBE CONSIDERARSE COMO UN OBJETO DE LA CIVILIZACIÓN»

Oswald.-

matt-and-jennifers-045Respecto de la felicidad, coincido con Oswald en que para  la civilización -que considero sinónimo de cultura- debe ser su objeto máximo; por tanto, se constituye en un derecho humano natural, orientado hacia el logro de un nivel de vida óptimo, que todos debemos procurar. Venturosamente, como lo veremos de seguidas, exclusivamente dependerá de nuestra disposición para crear las condiciones que la  materialice.

La felicidad no tiene una definición universal única, pero erróneamente las mayorías la imaginan dependiente de factores como riqueza, belleza, fama o poder. Sin embargo y sin desestimar que tales condiciones pudieran complementarla individualmente, no podrían por sí solas originarla o mantenerla.

Es que para producirnos felicidad  requerimos vincular el cuerpo al espíritu, lo cual nos produce sentimientos de realización material y espiritual, gracias a  dos elementos siempre a nuestro alcance: DIOS Y AMOR.

Tal sensación corporal-espiritual conviene diferenciarla de un acto agradable, cual únicamente resulta de  la parte física. Por ejemplo, cuando degustamos un trago de vino en solitario, nuestras papilas sólo reciben satisfacción corporal, pero al compartirlo con la persona amada se incorpora la parte espiritual y lo convierte en un acto feliz. Idénticamente, realizar el acto sexual para satisfacer la urgencia  biológica, sólo produciría satisfacción corporal; pero si lo experimentamos con la persona amada, al incorporar la parte espiritual representada por el amor, lo convertimos en un acto feliz.

La felicidad no es ni tiene por que ser permanente, cual sería lo deseable. Se constituye de momentos felices y como consecuencia, será más feliz quien acumule mayor número de momentos felices.

Como no existe felicidad sin el concurso del espíritu y éste es interno, deduciremos que somos nosotros en nuestro fuero interior, quienes decidimos cual evento o situación nos hace felices y cual no. Esta precisión nos blinda frente a quien deseare hacernos infelices, porque nadie puede penetrar nuestro interior y esto es un privilegio exclusivo del ser humano.

Próxima Entrega: LA PAREJA BINOMIO IDEAL

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«LA FELICIDAD SE ENCUENTRA EN EL MARAVILLOSO MUNDO DE LAS COSAS SENCILLAS»

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¿Cuál es el secreto o fórmula para ser felices?

En mi concepto, no existe ningún secreto o formula especial. Simplemente, se trata de una actitud frente a la vida, especialmente de las circunstancias que rodean la existencia de todo ser pensante.

Algunos lo entienden de esa manera y orientan su actitud a recibir la vida como el mayor regalo, haciendo de  todos sus momentos una oportunidad de regocijo y goce físico-espiritual, que determina su estado de felicidad.

Quienes no disponen de esa actitud positiva, son presas del temor a las múltiples eventualidades que pudieran afectar su naturaleza humana ­-de por sí muy vulnerable- y ese temor enfermizo no les permite mirar lo bello de la vida.

No existe ningún factor especial  que defina el logro de la felicidad, más allá de la cualidad de ver el lado positivo de las cosas.

Soy de los que piensan que todo lo que nos sucede tiene una razón, y por tanto, algo positivo; no obstante que en algunos casos no nos esté dado determinarlo de inmediato, todo encaja en una ley divina que rige el universo. Por tanto, a  cualquier evento siempre podríamos encontrarle un lado o arista positiva.

Como seres humanos racionales, únicamente disponer de ese bien inconmensurable que es la vida, ya es un privilegio especialísimo. De hecho, no conozco ni tengo noticias ciertas de que alguien, en su sano juicio, haya deseado morir, o por lo menos que no haya hecho todo lo posible por continuar viviendo.

Poder compartir nuestra vida, conscientemente, con otros seres humanos y disfrutar de su amor; tener una pareja; hacer una familia; adquirir conocimiento y realizar una actividad que nos satisfaga, son bendiciones que constituyen la materia prima para ser felices.

Quienes no son felices, por su convicción de que  existe una fórmula desconocida o un secreto para lograrlo,  se les va la vida tratando de encontrarlo y en tal empeño, como andan demasiado apurados en su intento, no se percatan de que a su lado o detrás de ellos, en el maravilloso mundo de las cosas sencillas, la felicidad retoza en los más elementales eventos.

La obsesión por encontrar algo que no existe, no les deja tiempo para disfrutar la caricia del viento en las frescas mañanas, flanqueado por la alfombra de flores en la primavera; ni para observar las bandadas de  pájaros y mariposas compitiendo en colores y belleza; menos aun para oír la voz cantarina de las fuentes, el murmullo del aire desprendiendo las hojas en el otoño, la risa inocente de los niños, el tranquilo paso de los ancianos y el murmullo tierno de las promesas de los enamorados.

Es en el mundo de todos los días, que no requiere de eventos extraordinarios y se nutre de nuestra cotidianidad, donde habita la felicidad, siempre esperando por quienes la identificamos y dispuesta a acompañarnos en este corto, pero emocionante camino de la vida.

No existe un secreto ni fórmula para ser felices. Existimos nosotros, con nuestra actitud producto de nuestro intelecto, de donde deriva nuestro estado de ánimo para cumplir ese mandato divino de habitar esta tierra disfrutando de todas sus incontables bendiciones, porque fuimos creados con el único fin de ser felices. Lo contrario, sería una abominación.

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«ESTA TIERRA ES  MI PATRIMONIO, YO DECIDO QUE PARTE TOMO»

Un buen punto de reflexión para cualquier ser humano normal  podría ser: si como es cierto, fuimos creados inteligentes para reinar sobre esta tierra ¿Debemos conformarnos con menos de lo que deseamos o nos satisface?

Personalmente opino que no. Independientemente de los factores de  tiempo y espacio, a través de la historia siempre han existido los medios necesarios al alcance del hombre para lograr sus fines. Por eso, en todos los tiempos encontraremos personas ricas y pobres; poderosos y esclavos (inclusive de sus propios errores); sabios e ignorantes; negativos y positivos; alegres y tristes;  felices e infelices.

Son el mismo mundo y la misma vida. Nada ha cambiado. El hombre sigue reinando o siendo súbdito, conforme a su propia concepción de la vida, su poder, su fuerza, su fe; y especialmente, su exclusiva capacidad de adaptación a las condiciones del medio ambiente.

El rico Epulón y el pobre Lázaro; el sabio Salomón y el más ignorante de sus ciervos; Jesús y Herodes; La Madre Teresa de Calcula y Madona; cada cual haciendo de su vida y tomando de ella conforme a sus convicciones, aplicación de su poder e inteligencia heredados de Dios, con el resultado proporcional a la confianza en sí mismos, diligencia, perseverancia, el trabajo y la fe en el logro de las metas impuestas.

¿Cuál de ellos fue o es  más feliz?

¿Es fundamental o definitivo en su capacidad para ser felices, alguno de los factores riqueza, pobreza, sabiduría, poder, humildad, genialidad, belleza, fama, caridad o crueldad?

En general, pareciera que no. Por citar dos ejemplos, si estudiamos la vida de Salomón, quien se reputó como uno de los hombres más sabios y ricos de su tiempo, su final no fue precisamente feliz; de hecho, terminó lamentando que todo era «vanidad y aflicción de espíritu». En cambio, quien hizo de la pobreza y humildad una forma de vida como fue la Madre Teresa de Calcuta, nadie duda que vivió con una gran  paz espiritual, amor, felicidad y recibió del mundo los más grandes honores.

¿Qué hizo entonces la diferencia? Opino que se trata de  la convicción personal de que la vida les daría, y de hecho así ha sido, lo mismo que exigieron de ella. Es entender la vida como una oportunidad única y temporal de hacer por los demás  lo mismo que  se desea hagan por nosotros, y de tal manera  aprender a experimentar el amor en su doble condición: el de dar y el de recibir.

La vida me da lo que yo sea capaz de tomar de ella. Si hay límites, son aquellos que yo mismo me imponga. Como escribiera el filósofo contemporáneo Ortega y Gasset: «…yo soy yo y mi circunstancia». Son esa suma de circunstancias muy personales y particulares, el lienzo donde pinto mi vida. De ellas depende lo que creo, veo, deseo, espero y soy capaz de realizar.

El mundo exterior no tiene capacidad para limitarme. Mi intelecto, inspiración, decisión y estado de ánimo viven en mi interior y allí únicamente yo decido como se hacen las cosas.

¿Qué el limite es el cielo? No lo creo, porque ese cielo azul que todos vemos, ni es cielo… ni es azul.

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