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Archive for the ‘APTITUD PARA SER FELIZ’ Category

A380En las noches cuando despierto percibo un profundo silencio, como si el mundo se hubiese detenido. Entonces presiento lo que algunos humanos perciben como la soledad: esa aprensión inmensa del hombre como especie, frente una naturaleza gigantesca, anciana, imprevisible, pero muy poderosa; que produce fenómenos incontenibles, terribles y destructivos, cuales no podemos vaticinar cuando se desencadenarán, y frente a la cual somos minúsculos y… vulnerables.

Es ese silencio absoluto que genera un sentimiento extraño y paralizante de indefensión, de sensación de infinita pequeñez, donde nuestra dimensión física es menor que un grano de arena y nuestra vida con respecto a su edad, menos pasajera que la del más pequeño de los insectos. Entonces me pregunto:

¿Realmente estamos tan solos en el camino de nuestra vida? Definitivamente no. No estuvimos solos antes de nacer, ni en esta vida, ni después de morir, porque somos un plan divino y por tanto siempre hemos tenido segura y buena compañía: Dios que nos ama y protege. ¿Cómo podemos sentirnos solos con tan inmejorable compañero?

Creo que quienes se sienten solos es porque no sienten a Dios en su corazón, y eso produce su horrible sensación de soledad. Dios nos pertenece a todos, sepamos de Él o no; siempre está en vigilia, presto a ayudarnos si lo requerimos; es quien nos produce sueños maravillosos, que traen paz a nuestra alma y nos hacen despertar optimistas; es quien sin explicación racional, en oportunidades nos hace evitar un camino porque en el medra el peligro; Él nos acerca a las personas que amamos y aleja aquellas que podrían perjudicarnos; Él provee nuestra familia, amor, salud y bienestar; Él nos lleva de la mano para encontrar la satisfacción de nuestras necesidades materiales y espirituales, señalándonos el bien y el mal, permitiéndonos libremente tomar las decisiones apropiadas.

Su amor va más allá de esta vida, y está esperándonos con los brazos abiertos a la hora del regreso; pero no para pedirnos cuentas sino para acogernos en su regazo, desde siempre supo cómo y para donde íbamos. ¿Cómo va a pedirnos cuentas de lo que Él ya conocía que haríamos, en un viaje que Él mismo nos diseñó? Eso no tiene lógica, como tampoco lo tiene sentirse solos.

Por eso, por todo eso, no creo en la soledad como una realidad de ningún ser humano, sino como una ficción que, como el temor, es una creación maligna de nuestra mente, cuando no tenemos suficiente fe en el amor y poder de Dios.

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¿Cómo viven los millonarios? No se ni me interesa; quizás porque he tratado de cerca unos cuantos, siendo casi una constante verlos siempre apurados, estresados, malhumorados y con deficiente relación familiar.

Algunas personas al desear “vivir como millonarios”, se refieren a lo único que pudiera diferenciarlos: su riqueza. Pero es que no es la riqueza lo que define su disfrute de la vida, porque lo que un ser humano requiere para sobrevivir no  amerita grandes cantidades de dinero, porque en el más alto porcentaje se encuentran a su alcance, sin mayores  requerimientos económicos, porque se trata de alimentos, asistencia a la salud, educación, vestidos y un sitio donde habitar, lo cual puede ser adquirido con trabajo, diligencia y eficiencia.

¿Qué podría comer, tomar o usar un millonario, diametralmente diferente a lo que tiene acceso una persona común y corriente? No mucho; especialmente si consideramos que el mejor aderezo para disfrutar de un alimento o bebida, lo es el apetito; y que, más importante que el tamaño, calidad o ubicación de una cama, para el buen reposo lo es el sueño.

Una persona que vive y mantiene una familia con su trabajo, no tiene mucho de que preocuparse, porque su diligencia, dedicación y cumplimiento le asegura el sustento; su única ocupación, más que preocupación, es cumplir cabalmente con su obligación, por lo cual tiene la tranquilidad mental y suficiente tiempo para atender esa familia que comulga con él sus alegrías, problemas y necesidades.  Especialmente su cónyuge, quien no tiene que compartirlo con sus largas reuniones de negocios y relaciones públicas, que restan tiempo para el solaz y disfrute del hogar.

Nuestra diferencia con los seres irracionales, es precisamente, no conformarnos con lo material únicamente, sino requerir para nuestra plenitud de otros elementos que no pueden ser evaluados desde parámetros netamente físicos, porque corresponden a nuestra esencia espiritual. Como resultado, más que una casa, auto, mobiliario caro, delicatesses o dinero,  ambicionamos amor, solidaridad, lealtad, salud física y mental, tranquilidad espiritual y compartir lo que disponemos, con las personas que amamos.

Pudiera ser que algún millonario disfrute de esas bendiciones de Dios –que no requieren riquezas- pero serían excepciones; no obstante, en las personas comunes con crecimiento espiritual, eso es lo normal.  Por eso, prefiero disfrutar el mundo de las cosas sencillas, cual no requiere dinero para dar plenitud sino una actitud positiva, lo cual está al alcance todos,  y venturosamente,   es parte de mi personalidad.

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“Lo importante no es cuánto se vive, sino cómo se vive.”

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Estoy convencido que la vida es algo más que respirar, comer y dormir; es como una bola de plastilina que se nos entrega al nacer, para que le demos la forma que deseemos. Pero, como únicamente nosotros tenemos acceso a nuestro ser interior, conforme a nuestra individual óptica propia y del entorno resultará mejor o peor.

Por otra parte, el privilegio de poder manejar nuestro estado de ánimo en el período de vida que nos pertenezca, posibilita manejar a nuestro antojo el factor tiempo, respecto de la intensidad de nuestros momentos felices. Así, podemos vivir situaciones por años sin experimentar plenitud, pero en otros casos o circunstancias, en un minuto vivimos un mundo de felicidad.

He presenciado tantas escenas edificantes y aleccionadoras, cuando los humanos somos capaces de ponernos por encima de nuestras miserias humanas y dejamos fluir esa espiritualidad que heredamos de Dios y que simplemente nos hace… maravillosos.

Hoy revisé las fotos de la boda de Katie Kirkpatrick, de 21 años con su novio Nick de 23, el 11 de Enero de 2005 en los Estados Unidos, cuales me arrancaron lágrimas, que no preciso si son de dolor, tristeza, felicidad o alegría.

En su boda Katie estaba espectac

ular con su traje blanco bellísimo que la hacía especialmente tierna y desbordando alegría, obsequiando a los p

resentes su mejor sonrisa, amor y dulzura, aunque ciertamente, se veía delgada… muy delgada, lo cual pareciera natural si consideramos que ella sufría de un cáncer terminal, que le hacía perder peso todos los días.

Su novio Nick, sus padres y los amigos presentes estaban emocionados, inundados de alegría, amor, belleza y… ternura. Al fin y al cabo, ella era la mujer que él había amado desde que era adolescente, y contraer matrimonio con ella no era sólo cumplir una promesa sino materializar un sueño, que se hacía realidad aunque solo fuera por poco tiempo.

En la fiesta, Katie reía a mandíbula batiente sentada en su silla de ruedas, escuchando a su flamante marido y sus amigos cantando para ella. A su lado, su fiel compañero de los últimos años, el tubo de oxígeno que le daba respiración artificial. De tiempo en tiempo, en medio de la fiesta, Katie se paraba pero tenía que sentarse a descansar, porque el dolor no le permitía estar muchos ocos minutos de pie, pero en ningún momento venció su sonrisa.

Katie sabía que le quedaban pocos días de vida -quizás horas- pero los vivió intensamente con ese maravilloso hombre que Dios había dispuesto para ella, quien había permanecido todo el tiempo a la cabecera de su cama y ahora cumplía su mayor sueño. Ella entendía que ese era su regalo de vida, que muchas personas aun con muy buena salud y muchos años por delante, teniendo la oportunidad de vivirlo todos los días, no tenían idea de su importancia y lo desperdiciaban.

Katie… murió 5 días después del casamiento.

¿A dónde iría Katie? No lo se, creo que sólo Dios lo sabe. Pero sí siento es que para quienes tuvimos la oportunidad de verla, aunque fuera en fotos, su carita de ángel, su voluntad venciendo su propio dolor, y su valor por encima de cualquier vaticinio, para disfrutar de una felicidad que le estaba robando a lo poco que le quedaba de vida, representa una valiosa lección que nunca deberíamos olvidar.

Katie nos dejó un mensaje imperecedero: La felicidad convive con nosotros, siempre esperándonos e independientemente de cual fuere nuestra situación; porque en el fondo, en lo más profundo de nuestro ser, lo importante es qué sentimos por la vida y por las demás personas. Pero también, que la felicidad no tiene tiempo definido y, por lo tanto, no se trata de cuanto se vive sino de cómo y por qué se vive.

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«LA FELICIDAD VIVE EN EL MUNDO DE LAS COSAS SENCILLAS»

CHICOS WILLIASM 23No es posible hablar de una fórmula para ser felices, pero menos establecer reglas generales en este asunto. Se trata más que de reglas, de condiciones para sentirse feliz.

La felicidad es individual porque es interna y surge de los eventos diarios, funcionando diferente para cada persona. Así, lo que para uno pudiera representar una situación de felicidad, para otro pudiera ser únicamente un momento agradable, pero no feliz.

Se trata de cómo nos sentimos en cada instante; de cómo percibimos las situaciones que pudieren afectarnos. Sin duda, la mayor fuente de felicidad es el amor; por el somos concebidos, nacemos y por el vivimos. Es un sentimiento maravilloso, que nos eleva por encima de nuestra propia naturaleza, a tal grado que en pro del bien de otros, neutraliza nuestros más ancestrales e instintivos mecanismos de defensa.

Tenemos abundantes motivos diarios y muchas oportunidades para disfrutarlos; tantos, que casi todo acto o hecho es factible para ser felices; como por ejemplo, pertenecer a una familia que nos ama y escucha, cuando tanta gente vive sola y carece hasta de alguien con quien comentar sus buenos o malos momentos.

Mirar el brillante amanecer, percibir la quietud y frescura de la noche; escuchar el canto de los pájaros y la voz de las personas amadas; la fragancia de las flores y ese familiar olor de nuestra compañera de viaje largo; degustar los manjares que nos ofrece la naturaleza, mientras hay tanta personas impedidas de hacerlo y otras que ya nunca podrán experimentarlo, son motivos para ser felices.

Tener alguien que con amor, ternura y solidaridad comparte nuestra vida; concebir, procrear y disfrutar de un hijo; estudiar, culturizarse y crecer espiritualmente; lograr ingresos suficientes para una vida digna y satisfactoria; disponer de buena salud, actitud positiva y el convencimiento de la protección de Dios, son situaciones comunes, pero que podemos hacerlas extraordinarias fuentes de felicidad. La conciencia de que aun con nuestra casi absoluta vulnerabilidad frente a la naturaleza y el medio ambiente, siempre hay Ser Superior velando por nosotros, es nuestro mejor recurso para sentirnos felices.

No evaluar todas estas bendiciones que están a nuestro alcance con el menor esfuerzo, pensando que se requiere un evento extraordinario para se felices, sería un grave e irreparable error. Especialmente, porque esa riqueza de eventos y oportunidades que pueden darnos plenitud, corresponden a circunstancias y situaciones obvias de nuestra vida diaria, pero no a nada que pudiere considerarse extraordinario, especial o muy difícil de lograr, ya que corresponden al maravilloso mundo de las cosas sencillas, y se producen en cada minuto y a cada paso de nuestra vida diaria. Si actuamos con inteligencia, los convertimos en factores de felicidad; pero si no fuéremos cuidadosos y observadores, seguramente nos pasarán desapercibidos y se nos iría la vida esperando un evento especial, que quizás… nunca llegue

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YO (ANTIGUO LOOK), MATT Y JENNY CON SUS HIJOS RIVER, MARCHI STORY)

Hoy debo tratar sobre aquellos hombres que pierden la ruta de cómo hacer bien las cosas en el plano familiar. He tenido amigos financieramente exitosos, pero sentimental y familiarmente… fracasados; de sus experiencias aprendí, que ciertos errores  en el plano personal, difícilmente la vida los perdona.

En la combinación familia-profesión/trabajo, he visto los casos más tristes. No obstante que el modelo económico actual  propone como verdad que el  mayor éxito de un ser humano lo es en su profesión y caudal económico, para la familia donde se ama a esposo y padre  auténtico, lo más importante es la convivencia amorosa y solidaria.

Cuando una mujer escoge un hombre para constituir un hogar cálido, afectuoso, edificante y… permanente, esencialmente busca amor, compañía, lealtad y solidaridad. Es que, aun disfrutando la cónyuge de los éxitos profesionales de su pareja, no fue su intención la fama o las cifras de una cuenta bancaria, sino la de un marido; porque hoy las mujeres tienen las mismas oportunidades que cualquier hombre, sin requerir apoyos adicionales.

¿De qué sirve acrecentar la riqueza personal, si se sacrifica  la familia? Lo que  hace la familia especial para un hombre, es disfrutar a plenitud del amor de su esposa, compartiendo con ella esos inolvidables momentos, como ver dar los primeros pasos a los hijos, oír sus primeras palabras, disfrutar sus cumpleaños, asistir a sus presentaciones en la escuela  y observar su rendimiento,  sentarse en la cama con ellos cuando están enfermos. Pero esas son situaciones especiales y únicas que tienen su momento cumbre, cual si se pierde desventuradamente nunca volverán.

Envejecemos y con los años, el dedicar más tiempo a batallar por una vida que no entendemos en su verdadera magnos lleva a descuidar ese pequeño pero trascendental mundo de las cosas sencillas, que se desarrolla en el hogar y no en el trabajo o las reuniones de negocios,   perdiendo la bellezaz e intimidad de esa fuente  de paz y amor que se llama… hogar.

Para el cónyuge, la ternura, pasión, solidaridad, reconocimiento, comprensión y buena comunicación, no puede sustituirlas una cuenta bancaria, fama o poder. El amor físico-espiritual no conoce elementos tangibles, porque en lo interno donde vive, las cosas materiales no tienen trascendencia.

Para los hijos, que crecen, se van y constituyen sus propios hogares, en su recuerdo es más importante la asistencia de su padre a un acto cultural, que los caros regalos o las placas de reconocimiento de su padre. El mundo de los niños es tan reducido y vulnerable, que papá y mamá prácticamente lo son todo. Por eso, el único recuerdo de su hogar primigenio que perdura, es el de los buenos momentos con sus padres. No recuerdan los honores o éxitos económicos de éstos, sino esos momentos que  con ellos compartieron en la intimidad del hogar.

Es la tragedia de quienes no entienden estas verdades y dedican su vida a atesorar dinero, fama o poder, dejando en segundo lugar la familia, que al final, de la manera más triste, terminan su vida sin compensación afectiva, y en algunos casos, en la mayor desgracia de un ser humano: solos en su vejez.

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«SEGUIR ADELANTE NO ES UNA OPCIÒN, ES UN COMPROMISO»

27__carreradelamujer_s¿Cuántas veces podemos tropezar y caer en esta vida para obtener el èxito?

Realmente, no tengo idea. Por experiencia propia me consta que podemos tropezar muchas veces y caer unas cuantas, independiente de cual fuere el motivo; pero, también doy fe de que en su mayoría, no son más que oportunidades que la misma vida nos da para aprender a sortear los problemas.

Es que a los seres humanos la vida no nos es dada hecha como a los vegetales o los minerales, cuales no necesitan realizar ningún esfuerzo para mantenerse con vida. Cuando nacemos no sabemos ni siquiera respirar, que debería ser lo más elemental; entonces, la orden genética e instintiva de sobrevivir conlleva aprender, pensar, razonar y… actuar.

El fracaso, a veces abre la puerta al éxito. Tropezar, caer, levantarse, lamer las heridas, secar las lágrimas, sacudir el polvo del camino y seguir… seguir siempre adelante, no es para nosotros una opción sino… un compromiso.

No tenemos más remedio que enfrentar la vida conforme se nos presenta: con entusiasmo, pero con cuidado; con bondad, pero con malicia; con amor y pasión, pero con control; sin temor ni duda, pero con moderaciòn; seguros de nuestro poder, pero con caridad; estableciendo planes y metas para cumplirlos; con fe en Dios, pero haciendo nuestra parte diligentemente.

Nuestra herencia divina nos condena a ser triunfadores, lo contrario sería anormal. Si tenemos suficiente fe en que somos uno con Dios y por tanto depositarios de parte de su poder, los tropiezos, las caídas y los dolores, serán nuestros mejores maestros; de ellos aprenderemos y los pondremos en función de nuestro éxito integral.

Con nuestras lágrimas y hasta con nuestra sangre dejadas en el camino, abonaremos la tierra de la que surgirá la semilla de nuestra felicidad; porque si tenemos fe, si somos diligentes, si pensamos positivamente, todas las fuerzas del Universo se complotarán para hacer nuestros sueños realidades.

Los retos son parte de nuestra vida. Por eso bienvenidas las dificultades, los tropiezos y las caídas; nosotros, que sabemos unir mares, separar continentes, volar como los pájaros, y dar nuestra vida por nuestros semejantes, podemos convertir cualquier circunstancia negativa en positiva, y eso, de alguna manera, es parecernos a… Dios; lo cual no puede considerarse una blasfemia porque los hijos deben y pueden parecerse a sus padres.

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“VIVIR INTENSAMENTE CADA SEGUNDO ES MI PARTE EN ESTA VIDA.”

CIELO IIIPara satisfacer una inquietud de un consecuente lector de este Blog, hoy trataré sobre las posesiones materiales e intelectuales y su trascendencia en la vida terrenal.

¿Qué tengo en esta vida que pudiera considerar exclusivamente mío o llevarme al más allá?

Creo que nada; al menos, nada físico o intelectual que pudiera permanecer por siempre; porque todo, incluida mi propia persona, es esencialmente… temporal.

La vida no me pertenece porque es de Dios, quien decide hasta cuando puedo mantenerla. Mi esposa, quien amo por encima de todo lo demás, tampoco es mía porque, como mis hijos y mis amigos, también son de Dios; y siendo que nos une el amor y el cariño, que no son físicos, son sentimientos que no necesito llevarme porque son parte de mi espiritualidad.

¿Y el fruto de mi trabajo, el producto de mi dedicación y mis desvelos, tampoco son míos?

Pienso que sólo podemos disfrutarlos, porque en esencia los tenemos prestados mientras vivimos, porque donde vamos… no los necesitaremos.

Los bienes, el poder y la fama, que pudieran complementar nuestra felicidad, al ser eventuales, nadie puede asegurarnos su permanencia. En principio, los bienes  así como nuestros cuerpos, por ser físicos, volverán a la tierra a la cual pertenecen; el poder y la fama, no existen físicamente, sino que representan operaciones mentales que se quedan en el mundo de la intelectualidad, porque no pueden ser cuantificadas, evaluadas o físicamente determinadas, pero menos aún trasportadas o transferidas.

¿Y mis conocimientos y la sabiduría adquiridos?

Esos valores corresponden a nuestra individualidad, por lo cual  tampoco son susceptibles de transferencia; únicamente podemos aprovecharlos en nuestra condición físico-espiritual y al morir, por carecer de uno de esos elementos, ya no nos servirán  para nada.

Pero… ¿Qué tengo entonces? ¿Qué es realmente mío?

Tu capacidad de amar, de disfrutar, de compartir, de ser útil en tu hoy, que es inmutable e impredecible, pero que puedes manejar a tu antojo. Tu gran tesoro es el vivir ese maravilloso presente donde puedes aplicar todas tus capacidades para ser feliz, porque depende de la aplicación de tu estado de ánimo a tu libre albedrío -que son únicamente tuyos- para sacar el mejor partido a esas muchísimas bendiciones que Dios te da… todos los días.

Para evitarnos preocupaciones por atesorar o cuidar bienes materiales, fama o poder, Él los hizo temporales en esta vida e innecesarios en el más allá. Fue por ese acto de amor que no trajimos nada físico a este mundo; precisamente para que nunca olvidásemos que como llegamos, así nos iremos: desnudos de cuerpo y alma.

Nada físico tiene demasiada importancia, más allá del disfrute y el compartir con nuestros hermanos humanos esta bella vida que Dios nos dio. Lo que es muy importante, lo trascendente, lo que no muere, como mi alma y mi amor, como vinieron se irán y de ellos no quedará recuerdo perdurable en esta tierra.

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«VIVIR FELIZ LA VIDA ES MÀS ACTITUD QUE APTITUD»

TORTA

La vida es una deliciosa torta que  Dios sirve para nuestro deleite, a la cual todos estamos invitados.

Todos nacemos con capacidades diferentes pero suficientes para participar de ella, pero observamos como algunos la disfrutan más que otros, según sea el tamaño, sabor o relevancia que le den al comerla. Sin embargo, hay quienes no asisten a tomar su parte, sino que recogen las sobras de otros comensales.

¿Cuál es la diferencia entre unos y otros?

Se trata más de actitud que de  aptitud. Al nacer, con la primera dosis de oxígeno iniciamos el banquete. Unos bebés lloran pidiendo su primer pedazo, pero otros no y el médico debe incitarles a tomarlo. Asimismo, unos son menos llorones, enfermizos y felices que otros. Los primeros disfrutan del alimento, el ambiente, las personas con curiosidad y entusiasmo, porque instintivamente, andan en procura de… su pedazo de torta.

Al crecer, progresivamente desarrollamos esa actitud de buscar lo que nos corresponde. El afecto de nuestros congéneres nobles, generosos y ansiosos de dar y recibir amor, aunado a la belleza y riqueza del paisaje geográfico, nos anuncian su magnífico contenido. Pero será nuestro estado de ánimo el que defina la actitud de participación, desarrollando la aptitud para lograr el mejor pedazo, porque la Ley de la Abundancia asegura suficiencia para todos.

Disponemos de razón e inteligencia suficientes para procurarnos lo conveniente. Nosotros decidimos dónde, cuándo y cómo logramos la mejor parte. Nadie puede hacerlo por nosotros.

El que amanece feliz, da gracias, saluda y bendice el día, considerándolo el mejor en cada oportunidad, está sirviendo la mesa. El que realiza sus actividades con entusiasmo y disfrutando al ser útil, está fabricando la torta. Aquel que ambiciona, sueña, ama y se complace en la plenitud de vivir, seguro de que la vida le dará lo que espere y produzca con sus acciones, es el primero en llegar al banquete. El que recibe los acontecimientos como producto de su aptitud para vivir mejor, convirtiendo problemas en asuntos por resolver y recibiendo los inconvenientes como positivos, porque le señalan el camino a seguir en busca de su felicidad, es el que toma el mejor pedazo.

Quien asume esta vida como una experiencia espiritual, que se sirve del cuerpo para lograr sus cometidos terrenales orientados a su felicidad personal, es el que toma su parte tranquilo, sin prisas, temores ni vaticinios negativos y disfruta de su parte de la torta, donde el tamaño, sabor y efecto en su vida, sólo él puede determinarlo.

Un pedazo de la torta  se ofrece a todo ser humano; el lograrlo, su tamaño, sabor o efectos corresponde fijarlo a quien la toma. No existe posibilidad de transferir esa responsabilidad, porque es parte del libre albedrío que sólo nosotros manejamos y nos identifica como hijos de Dios.

La mesa está servida; tome su parte ya y… disfrútelo. No lo deje para después, luego podría ser tarde.

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250px-a_woman_thinking «SOMOS CUANTO Y COMO PENSAMOS»

Sin ánimo de adentrarnos en lo científico-neural, independiente del sistema neurovegetativo, en cada milésima de segundo y de manera continua, nuestro cerebro, en su actividad intelectual hace lo mismo: pensar, y conforme a esos pensamientos se comporta la parte más importante de nuestro ser consciente para producirnos felicidad: nuestro estado de ánimo.

Somos cuanto y como pensamos. En lenguaje llano, existe un flujo de pensamientos que establecen una corriente interminable de ideas, derivados  de nuestra actividad consciente, los que no nos abandonan ni siquiera cuando dormimos, y de los cuales me referiré objetiva, pero sumariamente, destacando como afectan nuestra vida diaria.

Los humanos somos una unidad físico-espiritual, con una prodigiosa capacidad de adaptación al medio y las circunstancias, que nos hace poderosos frente a la negatividad, en la misma medida en que hacemos nuestra la positividad. Nos corresponde por tanto filtrar ese flujo de pensamientos, de tal manera que sólo aceptemos los positivos, cuales enriquecen nuestro estado de ánimo.

En general, salvo casos patológicos, todos los seres humanos tenemos más o menos los mismos pensamientos; siendo entonces que como consecuencia, cada uno diseña su mundo mental a su propio gusto y voluntad. Por ejemplo, quien admira las fieras le complace su fortaleza, estatura, fuerza y desea su protección; mientras para quien le teme, esa misma visión le aterra y desearía su destrucción.

¿Qué determina la sensación de agradable o desagradable? Sin duda nuestro cerebro en su producción más abundante: los pensamientos, que corresponden a la identidad personal.

Cualquier evento imaginable, incluida la muerte puede ser desagradable o aterrador para algunos, mientras que para otros puede ser, sino agradable, por lo menos considerado una etapa normal a cubrir en el proceso vivencial.

Las herramientas más efectivas para rechazar, o cambiar lo negativo en positivo,  están a mano y dependen de nosotros mismos: Dios que es amor, alegría, buen humor, bondad, entusiasmo, fe, esperanza, compasión, caridad, sensibilidad y solidaridad humanas. Todo pensamiento negativo puede ser desterrado de la mente por la fuerza del amor, el sentimiento de inmediatez y unidad con Dios.

Como sabemos que los pensamientos positivos nos benefician pero los negativos nos perjudican, estamos obligados a crear barreras a estos últimos. Un buen mecanismo es pensando en Dios, sin preocuparnos por más allá de hoy, porque mañana traerá sus propios asuntos, cuales Él nos dará lucidez para resolverlos.

Me consta que podemos controlar nuestros pensamientos. Es necesario interesarse por esto y practicarlo. Les aseguro que vale la pena intentarlo. No lo deje para después, hágalo ahora mismo y verá que no es difícil pero sí muy remunerador, porque nos produce paz, tranquilidad y armonía, elementos fundamentales para lograr nuestra máxima ambición: ser felices.

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«SI TE EQUIVOCAS ASÚMELO Y ACTÚA, PERO NO ATORMENTES A TU PAREJA»

pareja-en-la-playaHace más de 6O  años, Dale Carnegie predicaba e ilustraba con múltiples ejemplos: «La mejor forma de cavarse una tumba matrimonial lo más rápidamente posible, es regañando.»

Actualmente, con matrimonios de un promedio de vida de dos años, esa máxima adquiere más vigencia que nunca. Carnegie englobó en el vocablo «regaño» el mal humor, la discusión, contradicción, desconsideración y… celos.

Luego de escuchar las quejas de muchas parejas, con relación a sus fracasados matrimonios, deduje que la mayoría de ellas estuvieron inmersas en ese perfil que él denominó «parejas regañonas».

Es que los integrantes de parejas, desean compartir su vida con alguien amoroso, tierno, solidario, comprensivo; que les acepte como son, genere seguridad, apoyo, confianza, y que disponga de buen humor, para disfrutar una vida más agradable que permaneciendo solteros.

Pero si la persona escogida resulta gruñona, contradictoria, ruda, poco solidaria, sabiducha y celosa, convierte a corto plazo en un infierno lo que se ambicionó fuera un edén.

Nada más detestable que una pareja desconsiderada, que interrumpe a su par, la corrige, contradice y compite con ella en todo; pero, no obstante, pretende en la intimidad ser objeto de las mayores atenciones y delicatesses sexuales. Este tipo de personas suelen ser de lo más aburrido en la cama, al punto de convertir lo que debió ser emocionante, mágico, edificante y sincero, en un campeonato de hipocresía.

Nunca he entendido porque habiendo tantas personas solteras, suficientes para satisfacer los gustos más exigentes, y siendo tan fácil separarse o divorciarse, alguien produzca una unión de pareja y la mantenga, si no satisface sus reales necesidades integrales de convivencia feliz.

No tienen idea estas personas de todo el bien que se harían a sí mismos y a sus desventuradas parejas, agarrando sus bártulos y desapareciendo del panorama. Sin duda, abrirían para ellos y su consorte, la posibilidad de encontrar alguien que comparta su forma de ver la vida y las cosas.

Sé que en el camino de la vida de todo ser humano, en sentido contrario, siempre viene alguien con sus mismos sueños, ambiciones, forma de pensar y deseando encontrar su media naranja; pero si cargamos con un pesado bacalao, difícil resulta que se produzca el encuentro.

Por eso aconsejo que, si te equivocaste en la elección de tu pareja o dejas de amarla, en vez de regañar, amargándole la vida, comunícaselo con sinceridad, respeto y honestidad. Ella te lo agradecerá, y pudiera ser que seas tan sortario que ella esté pensando lo mismo; pero si no fuera así, por lo menos le demuestras tu respeto, te liberas y le das la oportunidad de pensar en como manejar su futuro.

Por experiencia se que el nivel de las relaciones de los ex parejas, dependerá de cómo se haya propuesto y desarrollado el rompimiento. Al menos cuando quedan hijos, la buena relación entre ellos suele ser su mejor regalo, porque, independiente de que no vivan juntos, les permitirá disfrutar del progenitor que no vive con ellos, sin sobresaltos o tener que ocultarlo.

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