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Archive for the ‘AÑOS VIVIDOS’ Category

EL AMOR ESPONTÁNEO NO CONOCE ATADURAS

No tengo dudas al respecto; me consta porque lo he vivido: PUEDE EL ULTIMO AMOR SER EL PRIMERO.

Como lo escribiera Andrés Mata, el alma se asimila “…al pájaro señero que roto el nido en un ruinoso alero, en otro alero reconstruye el nido” y representa un mensaje de esperanza para los enamorados, porque ese sentimiento maravilloso de amar jamás desaparece: siempre está en nosotros, dispuesto a  vivir y… revivir, si fuere nece
sario.

¿Qué sería de nuestra vida sentimental si sólo pudiésemos sentir amor por una sola vez? Seguramente viviríamos angustiados y no podríamos disfrutar las delicias del amor integralmente, en todo momento y sin reservas ni temores.

Es que, quienes amamos pueden llegar, quedarse, alejarse o irse, pero nuestro amor no: el está ahí, sembrado en lo más profundo de nuestro sentimiento, trabajando en la parte más importante de nuestra vida: nuestra realización física y espiritual.

Nuestro mayor incentivo y motivación para triunfar  y ser mejores en la vida, es lograr el éxito  para obsequiarlo a  esa persona o personas  que amamos. Y como sin amor no existe felicidad y sin ésta no vale la pena la vida, en procura de ese alimento,  indispensable para nuestra merecida felicidad, amamos tantas veces cuántas fuere necesario.

Como el amor real, edificante y bueno, es el que se disfruta con libertad, quienes amamos sólo estamos obligados a continuar juntos, mientras experimentemos esa sensación especial de compartirlo todo.

¿Cuál es la salvación cuando un amor se va? Simplemente, que vendrá otro que será “…más duradero y menos doloroso que el olvido.”;  y a eso tenemos que aferrarnos, ya que, somos nosotros y nadie más quien decide cuando, a quién y cómo amamos.

Así que, el compromiso no escrito pero vigente siempre, es amar con libertad y conceder lo mismo.  Por tanto, si ya no nos amaran más, pues mala suerte para quien deje de amarnos  porque en tal caso, se lo pierde. Nosotros, simplemente, como el pájaro señero, “…en otro alero reconstruiremos el nido.”

La consigna es amar sin temor, sin sospechas, sin pedir ni esperar más de lo que somos capaces de dar.

La recompensa por amar es tan más hermosa, edificante, sublime y placentera, que como casi todas las cosas valiosas en esta vida,  conlleva un riesgo de dolor que vale la pena correr.

 En todos los casos, como lo escribiera ese cumanés insigne, “…después de cada invierno, florece nuevamente el limonero.”

 

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NO ES IMPORTANTE SI NOS VAMOS O REGRESAMOS, SÓLO QUE… HEMOS VIVIDO

Hoy, desde mi ventana miré una gota de rocío rodar sobre un pétalo de rosa; luego la vi precipitarse en una lenta caída hacia el césped, donde se perdió entre la yerba, sin un chasquido, rumor o ruido alguno.

Simplemente, la depositó la noche, cumplió su función vivificante y luego, como llegó se fue a un nuevo espacio, desconocido pero necesario para su fin.

Creo que así debe ser nuestra vida. Como una gota de rocío llegamo
s  en una noche cualquiera, nos posamos sobre esta tierra, cumplimos nuestra función y luego… nos vamos. ¿A dónde? No tiene importancia, solamente nos vamos o quizás… regresamos.

Pero así como esa gota de rocío, mientras existe vivifica el pétalo de la rosa, calmando su sed siempre existente y luego se incorpora a la tierra para seguir dando vida, igual nos corresponde  a nosotros vivir, amar, ser útiles y, si es posible de alguna manera, en otra dimensión,  continuar siéndolo aún después de esta vida.

Así como el agua, la noche, el pétalo de la rosa, el ruido y los aromas que inundan el espacio, crean la gota de rocío, sus condiciones, dándole vida y función, así en este mundo físico donde nuestro espíritu viene a materializar sus experiencias, podemos encontrar lo necesario para vivir integralmente, disfrutar, servir y… ser mejores.

¿Cuánto podemos vivir? Tampoco es trascendente. Si algo pudiera serlo, sería cómo y para qué vivimos. En tal sentido, corresponde lograr una existencia edificante y plena, que nos posibilite, durante este camino por la vida, superarnos espiritualmente creciendo en amor, generosidad,  comprensión y fe en que existe algo más para nosotros, que requirió este paso necesario, precisamente, para avanzar hacia esa meta.

Por eso, como la gota de rocío debemos vivir una vida refrescante, armónica, pausada, liviana, tranquila,  sin otra preocupación que la del momento; porque como esa gota no conocemos nuestro destino, pero sí sabemos que existimos porque  tenemos una función que consumar, que es importante, y que sin que interese en cuanto tiempo, sin duda alguna… la cumpliremos.

Hoy, cuando el manto negro de la noche cubra las cosas y las estrellas me guiñen burlonas su inmensidad y lejanía, recordaré que como esa gota de rocío, soy un milagro de Dios que no está aquí por accidente, sino con un plan que, aunque no conozco, es bueno para mí y para quienes me rodean y regocijado… daré gracias.

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CADA DÍA ES UNA NUEVA VIDA

Un programa en CNN,  mostraba al Dr. Virgilio Beato, quien a los 95 años contrajo matrimonio hace apenas 3; sigue ejerciendo como médico y cuando le preguntaron si aún tenía actividad sexual, sinceramente contestó: “ayudadito”; lo cual no deja ninguna duda que vive integralmente profesión y vida de pareja.

Asimismo, leí que Tiziano pintó obras a los 98 años, pero además tengo una amiga de 93 años, quien por cierto no tiene dentro de sus planes, morirse pronto.

Estos antecedentes sustentan mi criterio de que, algunas personas que sienten la edad como una pesada carga, en verdad  les pesa mucho más los años que no han sabido vivir que los que realmente tienen.

Observar al Dr. Beato, leer sobre quienes en su  avanzada edad hicieron maravillosos aportes a la sociedad, y la actitud de mi optimista amiga de 93 años, me hacen resentir de tanta gente negativa, asustadiza y tonta, que concibe la juventud solo hasta los 35 años, considerándose después de los 50,  la cuota inicial de un cadáver insepulto.

Soy fan de la gente joven; con ellos estoy en contacto para animarlos a disfrutar intensamente cada minuto de la vida, pero con la certeza  de que vivirán muchos años. Sin embargo,  casi todos se muestran sorprendidos de que a mis más de 70 años me sienta como en mis mejores tiempos, porque los formaron en la creencia de que un hombre a mi edad, debería ser descuidado, neurasténico, negativo, anecdótico, quejoso, cansado, triste, sexo cero y pendiente de su última hora.

Qué gran equivocación. Quienes hemos superado el medio siglo, aprendimos que el amor es la vida,  la amistad un tesoro y la familia un pedazo de nosotros mismos, por lo cual lo disfrutamos con fruición; que el trabajo es una bendición, la salud la consecuencia de nuestra estabilidad espiritual, y el mundo, el espacio ideal para movernos a nuestras anchas.

Por todo eso, tenemos mucho por lo cual ser felices y disfrutar de todo en cada momento. Hemos vivido como hemos querido; hemos amado y seguimos haciéndolo; trabajamos diariamente en lo que nos gusta y… cómo lo disfrutamos, que es como decir: aprendimos a vivir… viviendo.

La vejez no es no es algo indeseable sino muy deseable. Se trata de un privilegio que debe disfrutarse y compartirse. Al menos en mi caso particular, cada amanecer es una nueva aventura.

 Entonces… ¿Qué más puedo pedirle a la vida?

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Dios… ¿Porqué tienen que morir los fabricantes de sueños, cantadores al amor, a la luz, a la noche, a las flores, a la alegría y a la… esperanza?

Padre… ¿Por qué te llevas la música del alma, el frescor del corazón, la elevación del espíritu y el sonido del viento que trina notas sentimentales?

¿Por qué ellos, que siembran flores con palabras, cosechan recuerdos con sus  letras y fabrican sueños de la nada?

¿No son acaso la sal del mundo?

¿No humedecen con lágrimas de alegría una tierra a veces Yerma?

¿No perfuman con aroma de amor el vacío terrible de los abandonados?

¿Por qué llevarlos cuando el mundo está enfermo de desamor, insensibilidad y falta solidaridad humana, si son ellos con su perfume de vida buena quienes siembran esperanza?

¿Por qué llevarse los pregoneros de la ternura, de la belleza, pasión y… la magia?

¿Qué les queda a los adoloridos, a los tristes, a los pobres, a los desventurados y a… los enamorados?

¿Cómo arrullarán las madres a sus niños si ya no hay poetas para cantarlos?

¿Dónde quedan las palabras para decir adiós al amigo y perdón al enemigo?

¿Dónde  queda el ay del corazón y la lágrima prohibida, si su expresión ha muerto, si ya no tiene… vida?

¿Quién cantará a las noches estrelladas y al rocío de las noches de estío, convirtiendo lo oscuro en romántico y confortable el frío?

¿Quién cantará el requiem a las hojas que mueren, a los pétalos marchitos y a las gotas de rocío que dan su vida para crear otras vidas?

¿Dónde esconderé mi frustración por no ver más sonrisas, niños sin miedo, parejas felices, hermanos abrazados y padres con más amor que autoridad?

¿Quién cantará a mis nietos lo que fui, lo que viví, mis recuerdos, mis ansias, mis sueños y mis bendiciones, si se apaga la voz de los poetas?

Y… ¿Qué hará el mar, sus olas, el reflejo azul de su cuerpo y las bellas  gaviotas si te llevas quien conoce sus secretos y notas?

Padre… Si te llevas los poetas nos haces mucho daño, pero también te haces daño, porque te  llevas la más bella oración que es un poema, y nos dejas tan solos en un mundo tan duro que, ciertamente, nos será muy difícil entender tu forma de amar.

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                                                 (Eugenio Martínez)

Definir el tiempo de tal manera que podamos introspeccionarlo positivamente en nuestra vida diaria, no es fácil; pero lo que sí es cierto es que conocemos su significado y su incidencia en nuestra vida.

 El tiempo es una especie de obsequio que recibimos al nacer; absolutamente indefinido como factor de vida, limitado a un espacio que tampoco conocemos y ambicionado en su extensión,  por todos.

Como recurso es uno de los más valiosos, pero no es renovable porque se agota con su propio paso. Tampoco podemos fabricarlo, comprarlo o cambiarlo. A lo sumo, podemos… regalarlo, aunque cuando lo hacemos, damos algo que no recuperaremos jamás.

Para los seres vivos el tiempo es… vida. De tal manera que, cuando dedicamos nuestro tiempo a alguien, de alguna manera estamos dándole parte de nuestra propia vida: Así de simple.

¿Qué el tiempo es oro? No, no es cierto; es mejor que el oro, porque el oro podemos lograrlo con nuestro trabajo en las minas y también, comprarlo, pero el tiempo no puede localizarse ni adquirirse de ninguna manera. Nos es dado el que nos corresponde y no tenemos oportunidad de aumentarlo ni rebajarlo.

Entonces, si no podemos conocer cuánto tiempo estaremos por estos lares, pareciera lo más inteligente disfrutar del que disponemos  intensamente, en cada actividad que realicemos y en segundo de nuestra vida.

El único tiempo seguro es este que vivimos ahora y no sabemos cual será la dimensión de su espacio, por lo tanto, debemos utilizarlo para ser libres y felices; amando a quien deseamos, disfrutando lo que hacemos, vemos, oímos y sentimos.

Tenemos que regalarnos nuestro tiempo para amar y dar amor, admirar y oler las flores; reír, bailar, cantar, beber, y comer… chocolates. También debemos hacer cosas de niños, como mojarnos y caminar descalzos bajo la lluvia.

Pero tenemos que hacerlo ahora, tenemos que estar activos y felices aquí y ahora, porque el tiempo no sabe esperar. Y sería doloroso dedicarlo a algo que no fuera… disfrutarlo.

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EL CANCER DE MAMAS

El Dr.  Hammer ha insistido por unos cuantos años en que el cáncer, especialmente el de mamas, es producto de la frustración, la tristeza, el estrés, la ira,  y todos esos sentimientos negativos que surgen como consecuencia de problemas familiares y malas relaciones  de  pareja.

Como no soy médico, no puedo emitir criterio científico especializado sobre el tema. Pero lo que sí puedo permitirme es opinar –desde mi óptica, resultado de la experiencia de más de 6O años- que, al menos yo,  personalmente, no conozco ninguna dama con cáncer de mamas, que sea alegre, ame intensamente, esté feliz con su vida, disfrute de buen humor, demuestre fe, confianza en sí misma y en su entorno.

Creo que casi todas las enfermedades –especialmente el cáncer-  surgen como una respuesta a vacíos y problemas existenciales que no somos capaces de procesar y superar como experiencias de la vida,  necesarias, superables y susceptibles de  nutrir nuestra experiencia para vivir una existencia mejor en el futuro.

Somos seres realmente especiales y con poderes inusitados, en tanto y en cuanto nos convenzamos de ello y lo hagamos parte de nuestra vida. He presenciado cuando los médicos, en Venezuela y luego en el exterior,  han desahuciado a dos años de vida, a una dama muy cercana para mí.  Sin embargo, ella se empeñó en utilizar su poder personal para vencer la enfermedad y su resultado fue que,  más de treinta años después, se encuentra mejor de salud que nunca.

¿Milagro? Seguro…  pero no un milagro sacado con pinzas del sombrero de un mago o una beata rezandera, sino el milagro de la fe, la diligencia, la convicción de que sí se puede, porque tenemos origen divino y por tanto,  madera de Dioses. Es que, nosotros mismos,  como seres humanos, somos… un milagro, el más grande del mundo.

En este día internacional de sobrevivientes de cáncer, quiero dejar un mensaje de esperanza y amor a las damas que temen  alguna vez sufrir un cáncer de mamas: si cuidas tu salud en una vida sana, si te amas a ti misma como máxima obra de Dios, si amas a las personas, si transformas el temor en amor, si aceptas sin rencor que un amor se vaya, si tomas la vida como un regalo maravilloso de Dios, si crees en que tu salud la define tu estado de ánimo, creo que… NUNCA SUFRIRÁS CÁNCER DE MAMAS.


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¿Existe algo más urgente que vivir? No, definitivamente no hay nada más urgente que vivir… plenamente;  sólo que para vivir –que no sobrevivir- la urgencia diaria suele ser simplemente… fatal.

La palabra urgente, en su acepción  de interpretación masiva: angustia, se ha extendido sobre la faz de la tierra como la mala hierba,  habiendo extraviado en el camino su real y sano sentido: priorizar un asunto y  hacerlo más rápido.

Hoy, de manera enfermiza, se da urgencia a todo, menos a lo más importante: vivir intensamente las mil bendiciones de que disponemos en nuestra vida diaria.

Las personas, extrañamente, parecieran haber asimilado la palabra urgente a la intelectualidad, trabajo eficiente, importancia social, éxito en los estudios y todo lo que represente… vanidad.

Es urgente levantarse temprano, llevar los niños al colegio, tomar el tren, asistir al trabajo, sacar dinero del cajero automático, asistir a los meetings, atender una cita; inclusive,   hacerse rico o no llegar tarde al juego donde conoceremos un posible cliente.

En toda esta carrera loca por lograr lo que es pasajero se deja en el camino, por si queda tiempo, lo que es permanente y real como el amor filial y de pareja, el descanso y recreación necesarios,  la meditación, el disfrutar de una buena cena familiar o la lectura de un buen libro;  mejor dicho: se deja para después, porque no es  urgente, el vivir.

Por una cita de negocios dejamos de asistir a la escuela de nuestra niña o al juego de fútbol de nuestro hijo; a una reunión de padres, de nuestra comunidad o llegamos tarde a la celebración del aniversario de bodas.

Estamos tan apurados  que olvidamos el color y olor de las flores, los hermosos atardeceres, el sabor de un trago en la terraza con nuestra compañera de viaje largo y  su onomástico; y a veces, ese guiño cómplice y ese beso tierno, cual para nuestra desgracia pudiera ser el último, no porque nuestra pareja muera, sino porque nuestra obstinación e indiferencia, la haga dejarnos y correr por su vida.

El amor, la familia y solaz, fundamentales para disfrutar la existencia, no requieren urgencia sino disposición, ternura, atención, compromiso;  y eso no se adquiere con millones ni corriendo como locos. En cambio la urgencia es especialmente propicia para los infartos, los ACV y la impotencia sexual.  Venturosamente,  usted es libre de  escoger y eso sí  es… urgente.

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        ALCANZAR LA VEJEZ ES UNA BENDICION DE DIOS

Aunque me considero sin edad, porque no me siento viejo ni enteramente joven, sino más bien de juventud prolongada, sí tengo que sufrir impotente  la exclusión más aberrante de estos últimos años en mi país; ya que, dentro del mundo de las etiquetas actuales -cuales ninguna requiere mi aprobación- estoy clasificado dentro del grupo etario de la “tercera edad”.

Hoy en Venezuela, pertenecer a la tercera edad, que es como decir ser padre o madre de las actuales nuevas generaciones y haber dado más de cincuenta años de dura lucha y trabajo para hacer el país que tenemos, pareciera ser una mácula, que nos condena a una injusta y terrible  exclusión.

Las personas mayores de seseny cinco años en vez de merecer reconocimiento y respeto, tal como si nuestra vida no valiera nada, no tenemos derecho en nuestro país a suscribir ninguna póliza de seguros que proteja nuestra salud.

Ni el Estado ni la sociedad en general –y creo que, algunas veces, ni nuestra propia familia-  se consideran obligados a permitirnos asistencia digna, oportuna y eficiente, en caso de una enfermedad, que pudiera hacer dolorosa nuestra vejez o producir nuestra muerte.

Como consecuencia, o tenemos suficientes Dólares para suscribir una póliza internacional o corremos el riesgo de morir de mengua, por pares en una cama de nuestros hospitales públicos.

Asimismo, si observamos las ofertas de trabajo en la prensa, en el más alto porcentaje, no se aceptan solicitudes de personas mayores de cuarenta y en algunos casos de treinta y cinco años de edad. Esto es como decir: si no tienes una pensión, muérete de hambre ya; y si la tienes, dado lo exiguo de las mismas, desaparece lentamente por inanición o enfermedad.

Estuve en un Banco, donde personas protestaron por la prioridad para las personas de la tercera edad.

¿Habrase visto mayor exclusión, por no hablar de insensibilidad?

 Y todo únicamente por el hecho de haber vivido, cumplido con las normas sociales creando una familia, educando los hijos y servido al país…

 ¿Verdad que es abominable? Pero es una realidad actual indiscutible.

¿Será que los dirigentes políticos, funcionarios públicos y ejecutivos de las Empresas de Seguros no están felices de vivir,  no tienen padres, o esperan que ni ellos ni sus descendientes superen los sesenta años de edad?

En tal circunstancia… ¿Será que las personas de la tercera edad no tenemos patria o debemos irnos del País para vivir con dignidad?

Alguien debería responder esta interrogante con sabor a frustración.

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Son iguales la madre de Cristo y la de Judas»

¿Tienen las mujeres una composición exclusiva  o son un producto especial diferente a los hombres?

 Sin duda que no; creo que algunas dejan salir lo mejor de sí, porque entienden la responsabilidad que emana de su feminidad, al posibilitarles ser… madres.

Pero como todo en la vida tiene sus excepciones, no todas las mujeres que traen al mund
o hijos merecen ese calificativo.

Las madres, las verdaderas madres son aquellas que sueñan con un hijo como producto de su amor; que lo mantienen tiernamente en su vientre por meses, y que, llegado el momento, exponen emocionadas todo, incluida su vida, para traerlo al mundo sano y salvo.

Son esos seres maravillosos que sienten y dan ternura inigualable; que hacen del amor, la paciencia, la generosidad, la aceptación y ausencia de rencor, una conducta inalterable.

Las madres no saben de horarios, condiciones de trabajo  ni compensaciones, más allá de una sonrisa, un balbuceo, unos ojitos entornados o un suspiro cuando su bebé duerme.

Esas creadoras de vida, nunca dejan de serlo; no importa si sus hijos son niños, adolescentes, adultos o mayores, ellas siguen siendo siempre… madres.

Quienes tuvimos la suerte de crecer al lado de una, de recibir su ternura y comprensión sin límites, aún cuando hayan pasado muchos años que se haya ído, sentimos que la necesitamos y que,  quizás, siempre nos hará falta.

Andrés Eloy Blanco escribía que Son iguales la madre de Cristo y la de Judas porque ambas están hechas de pulpa milagrosa.”  Hoy, a más de veintiséis años de haber perdido la mía, al recordarla, siento toda la vigencia de ese sentido  verso, porque yo disfruté esa ternura, casi… milagrosa.

Aunque no creo en un día especial para celebrar la existencia de las madres, porque siento que todos los días son de ellas; en este Domingo, cuando los hijos celebran en su nombre, quiero engalanar mi verbo para decirles cuánto las amo, cuánto las admiro y cuánto siento que son buenas para todos y cada uno de los habitantes de este mundo.

Así que, quienes la tengan viva no esperen para después; vayan ahora mismo, recuéstense en su pecho, sientan esa hermosa música que representa un corazón que palpita de amor y repitan hasta el cansancio: te amo, te amo, te amo. Porque pudiera ser que mañana, aún deseándolo mucho,  ya no tengan esa reconfortante oportunidad.

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CRECER O DISMINUIR EL AMOR

AMANTES

Alguna vez leí queLa luna y el amor cuando no crecen, disminuyen.” Ciertamente, creo que la física y la espiritualidad, casi siempre tienen puntos de coincidencia; quizás porque ambos son producto del mismo Creador.

En el amor, no tengo ninguna duda que, no obstante su robustez y resistencia, aunque nunca muere definitivamente, si no se abona su crecimiento, indefectiblemente, disminuye.

El amor es la fuerza más poderosa que mueve al ser humano: es el combustible de nuestra venturosa e indispensable sinergia vital.

Por amor se han creado y destruído imperios, se han escrito bellas y terribles historias; así como que por el se hace maravillosa la vida, siendo su principal consecuencia  el mantenimiento de nuestra especie y amor más allá de nuestra existencia física.

Si como seres humanos no hubiésemos descubierto, fortalecido y mantenido el amor, seríamos tan salvajes que ya hace muchos años, habríamos destruido este mundo.

En ese maravilloso, pequeño, pero gigantesco mundo de nuestra intimidad, el amor simplemente es indispensable; sin el no existiría la pareja, que es la piedra angular de la familia.

Sin el amor en permanente fortalecimiento, no se mantendrían los nexos familiares, amistosos, patrióticos, ni la solidaridad humana, que hacen de la vida física una experiencia extraordinaria e insuperable.

Entre la denominación un gran amor y un amor normal, la diferencia es la magnitud de  su alimento cotidiano, que deviene de ese mundo sencillo pero significativo de nuestra conexión diaria.

El amor no requiere sacrificios ni actos heroicos; demanda respeto, afecto, ternura, aceptación, comprensión y la posibilidad permanente de amar con libertad y sin presiones de ningún género.

El amor bueno, ese que se mantiene en el tiempo apasionado y emocionante, es espontáneo: nace del cuerpo y… del alma. No soporta ataduras ni manipulaciones, porque se alimenta de la libertad que le insufla intensidad a cada uno de los actos que de el se derivan.

Quien no comprenda esa necesidad de libertad en el amor, nunca recibirá amor espontáneo; y un amor condicionado, tímido o temeroso, será cualquier cosa menos… amor real, cierto y verdadero.

De tal suerte que, si queremos un amor emocionante, mágico, fantástico y permanente, siempre en aumento y nunca en disminución,  el secreto es alimentarlo siempre con demostraciones reales y diarias de ternura, respeto, reconocimiento, consideración, atención, generosidad y buena comunicación, de lo cual es fuente abundante nuestro maravilloso mundo de las cosas sencillas.

¿Verdad que no es nada dificil, sino agradable intentarlo?

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