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Archive for the ‘ALMA ETERNA’ Category

«No andes solo porque si tropiezas no tendrás quien te levante y si estás triste no tendrás quien te consuele.»espalda-vista-pareja-posicion-medio-camino-bxp197277

Nuestra vida sobre esta maravillosa tierra de Dios, no es más que un avanzar, siempre en busca de algo mejor. De tal manera, desde que entendemos nuestra individualidad, capacidad y poder heredado de Dios,  iniciamos conscientemente la caminata en busca de la realización personal, y ya no pararemos hasta lograrla.

¿Quién nos lo enseña u ordena? Creo que lo traemos en los genes y tiene que ver con la inmutabilidad de nuestro sentido de avanzar y nunca retroceder. De alguna manera, es la concreción de que, ciertamente, somos espíritus utilizando esta experiencia física, para progresar y prepararnos para otro nivel más elevado, que sobrevendrá.

En esa corta pero interesante vida terrenal establecemos prioridades, dentro de las cuales pareciera la más importante agenciarnos compañía para el viaje, que al compartir nuestra ideología, sueños, ambiciones e intereses, camine a nuestro lado hasta que sus pasos se confundan con los nuestros y hagamos… una sola huella.

En cada una de las oportunidades que he logrado neutralizar algunos naturales mecanismos de defensa, que una sociedad compleja crea en los seres humanos frente a su propia especie, he verificado que, independiente de la edad, raza, sexo, nivel cultural, social o económico, todos los seres humanos, salvo muy raras excepciones, orientamos nuestra mayor capacidad, a buscar ese compañero de viaje… largo.

En lo más profundo de nuestro ser, donde no cabe la mendacidad ni la actuación teatral, más allá de cualquier nivel de  altruismo, en verdad, tratamos de lograr conocimiento, cultura, poder, fama  y riqueza, con la  esperanza de que tales factores, privilegien nuestra capacidad para lograr, de la mejor manera posible, el encuentro maravilloso con esa persona especial que compartirá nuestro destino.

Presentimos que en nuestro camino, en sentido contrario pero en la misma vía, de allá para acá siempre viene alguien en busca exactamente lo que tenemos y podemos dar; que comparte nuestra ideología, sueños  y ambiciones. Con ella nos encontraremos, y entonces, sin saber cómo, cuándo ni por qué, se producirá el contacto mágico de sentimientos compartidos; se conectarán las energías positivas; se producirá el circuito que encenderá la llama del amor; nos embargará esa sensación mágica del idilio; la emoción, la ternura y la pasión en un coctel sublime recorrerán nuestra espina dorsal produciendo una sensación nueva; enterraremos nuestro natural egoísmo, compartiremos todo  y ya nunca más desearemos estar… solos.

Pienso que todos los seres humanos, sin excepción de ningún género, tenemos el derecho a compartir nuestra vida con quien nos ame, respete, edifique y esté dispuesto a unir caminos para hacer con nosotros una sola vía. Por eso, soy un convencido de que es la unión de  pareja  el terreno abonado para sembrar nuestra simiente, que no solamente dará frutos buenos, sino que materializará la extensión de nuestros más bellos sentimientos, más allá de nuestra propia… vida.

Nadie debe concebir excepcional el logro de la felicidad. Por el contrario; fuimos diseñados por Dios para ser felices y traídos a esta tierra para lograrlo. Sólo se requiere nuestra diligencia, porque ese Padre Celestial que conoce mejor que nosotros lo que más nos conviene, siempre estará con nosotros en el camino.

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«SOY LA OBRA MAXIMA DE DIOS SOBRE ESTA TIERRA, COMO TAL DEBO ACTUAR»

Para disfrutar de mi vida integral no son decisivamente importantes mis características físicas,  edad o raza, porque soy la obra máxima de Dios sobre este planeta.  Mis condiciones y constitución física integrales son tan particularmente especiales, que como ser humano, soy irrepetible. Fui diseñado por mi Padre Celestial y de Él recibí desde antes de nacer, las condiciones físicas, mentales  y espirituales necesarias para reinar sobre este planeta y más allá de el.

No existe límite a mis aspiraciones que tenga que ver con alguna de mis características individuales; especialmente porque fui dotado de razón e inteligencia, que son intangibles y funcionan independientemente de mis condiciones físicas. Mi inteligencia no tiene que ver con mi color, mi peso, mi condición social o presencia física.  Simplemente es un atributo que me corresponde como ser humano, y únicamente dependerá de mì, el nivel que  le de a su desarrollo.

Mi cerebro es algo tan prodigioso, que me permite recorrer millones de kilómetros en fracciones de segundo; imaginar situaciones conforme a mi deseo y devolverme o anticiparme en el tiempo, e inclusive, visualizar cualquier escenario que considere conveniente.

Mis miles de millones de neuronas cerebrales haciendo sinapsis ininterrumpidamente me permiten crear, idealizar y soñar sin ningún límite, sobre cualquier aspecto que considere conveniente, positivo o necesario, para mi realización material y espiritual, lo cual puedo materializar con mi diligencia.

Mis asombrosos cinco sentidos me permiten, de forma particular e independiente de los demás, sentir la vida de la manera como decida que debo apreciarla. Cualquier sonido, paisaje, sabor, olor o roce de mi piel, mi maravilloso estado de ánimo puede darle el matiz que me apetezca. Nadie puede  condicionar o interrumpir mis decisiones espirituales, porque nacen y se desarrollan en lo interno de mi intelecto, donde únicamente yo tengo el poder.

Aunque por mi naturaleza gregaria para lograr mis realizaciones debo formar parte de un conjunto humano, mi individualidad es sagrada e innegociable. Es la mayor herencia recibida de Dios. No puedo endosarla ni permitir que nadie me la manipule. Entre otras cosas, porque soy responsable de mis actos; mi felicidad y la de mis semejantes dependerá de la conciencia real que tenga de mi capacidad individual, tanto para mi realización personal así como mi carga de aporte al beneficio colectivo.

Por eso es muy importante mi nivel de ética individual, porque sobre ella baso mis principios fundamentales y mis valores humanos, que determinan mi actuación personal y mi capacidad para entender la pluralidad ideológica de mis hermanos humanos, que no tienen porque en todo momento estar de acuerdo con mi forma de ver la vida y las cosas, pero que estoy obligado a admitir su maravillosa diversidad.

Como la obra máxima de Dios sobre esta tierra, mi mayor compromiso individual con la familia humana, es mantener mis principios éticos de sana vida y valores humanos, como el más efectivo aporte a la convivencia pacífica, edificante y feliz de esta sociedad que me legaron mis mayores y que yo dejaré como herencia a mis descendientes.

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«COMO HIJOS DE DIOS ESTAMOS CONDENADOS A SER FELICES.»

Cuando diariamente tropiezo con personas que por sus rostros o actitudes denotan infelicidad, siento que la mayoría de ellos no entienden algunas cosas, que son trascendentales para vivir plenamente este corto paso por esta dimensión que conocemos como la vida terrenal.

Con respecto a los seres humanos, la infelicidad debería ser la excepción y la felicidad la regla; porque fuimos diseñados de tal manera y nos pusieron sobre un planeta, donde todas las condiciones están dadas para que se nos facilite vivir felices. Como consecuencia, es más fácil procurarse felicidad que infelicidad, aunque algunos paradigmas atávicos y producto de mentes atormentadas, hayan desde mucho tiempo atrás, echado sombras sobre nuestra capacidad innata para lograr la realización material y espiritual, cual es una definición acertada de la felicidad.

Es que la infelicidad requiere una capacidad especial para cerrar los ojos ante la belleza; los oídos ante la música y la palabra amor; la boca ante las delicias de los alimentos y… el sabor del beso; el tacto ante la tersura de las flores, la piel; y el olfato frente al aroma familiar, sensual e inconfundible del ser amado.

Para ser infeliz se requiere una vocación especial para no sentir la necesidad de compartir nuestra vida con los demás dando y recibiendo amor, disfrutando de las mil cosas hermosas que tiene esta tierra como las bellas flores, los pájaros, las tiernas mariposas, la sonrisa de los niños, el ruido de las fuentes y la frase más hermosa pronunciada por un ser humano: te amo.

Aun siendo sordo, ciego y mudo es muy difícil se infeliz, porque hay tantas bendiciones para nosotros sobre esta tierra de Dios, que nuestra capacidad de dar y recibir amor, rompe todas esas barreras, para comunicarse en ese lenguaje especial de los que se aman, que nos transforma en adivinos frente a las necesidades de la persona amada.

En verdad, quien se considere o actúe de tal forma que se produzca infelicidad, no solamente es gravemente desleal consigo mismo, sino con ese Padre Celestial amoroso, que en el máximo de su bondad, nos puso para reinar sobre este maravilloso e incomparable mundo donde todo es posible, en la medida en que seamos capaces de imaginarlo y diligentes en lograrlo.

No tengo idea de como será la infelicidad.  Mientras tenga un hálito de vida seré feliz.  Nunca he sufrido de ese raro mal que denominan infelicidad.  No puedo permitírmelo, porque no me lo perdonaría.  Hago tan edificante cada segundo de mi vida, que ciertamente considero compensado por adelantado, cualquier problema o asunto desagradable que pudiere sobrevenirme.

Solamente respirar para mì es una delicia; pero amar a las personas y recibir todos los días alguna muestra de su amor; sentirme saludable física y espiritualmente; estar consciente de que soy útil a otras personas; despertar en las mañanas con el entusiasmo de un día más y acostarme satisfecho de una nueva jornada, no me dan tiempo para pensar en la infelicidad.

Aprendí que todo lo que necesito para vivir puedo producírmelo, sin tener que dejar la vida en el intento. También sé que mientras tengo vida voy ganando.  Así que uso la que tengo para disfrutar de las personas y de las cosas porque eso me hace feliz, y no tengo ninguna duda que serlo es condición indispensable para hacer feliz a otros, cual por cierto es mi mayor compromiso.

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«SOLO EL RECUERDO DE LAS BUENAS OBRAS PERMANECE DESPUES DE LA PARTIDA»

«Estoy intentando meterme en una botella que un día aparecerá en la playa para mis hijos», expresó el profesor y científico Randy Pausch en Septiembre de 2007, en la oportunidad de  su última lección (Last Lecture) al dirigirse a unos aproximadamente 400 estudiantes y profesores de la Universidad Carnegie Mellon, en Pittsburg Pennsylvania, cuando con inusitado valor, extraordinaria serenidad y hasta buen humor, les anunció que sufría de  un cáncer de páncreas y que los médicos le daban entre tres y seis meses de vida.

«Aunque estoy en mejor forma que muchos de vosotros… es lo que es y no podemos cambiarlo», dijo frente a un público estupefacto que confundía sonrisas con lágrimas. Diez meses después de aquella última clase, murió en su casa de Chesapeake VA, al lado de su mujer y sus hijos, a los 47 años de edad; no sin antes haber regalado no una carta dentro de una botella que un día pudiera aparecer en una playa para la lectura de sus hijos, sino al mundo entero, el mensaje de que cuando se vive la vida con amor, buen humor, dedicación y vocación de ser útiles a nuestros semejantes, no es el tiempo de vida sino la pasión que pones en lo que haces, lo que  establece la diferencia en esta corta estadía sobre esta madre tierra, donde el único capital real, capaz de llenar todos tus vacíos, es la fuerza espiritual que mora en tu interior, que te proyecta por encima de tu propia naturaleza en pro del beneficio colectivo y es capaz de superar todo, incluido el miedo a.. la muerte.

Fue eso lo que quiso decirnos cuando escribió:

«Busca la pasión que debe mover tu vida y esa pasión no está ni en cosas materiales ni en el dinero, siempre habrá alguien alrededor tuyo que tendrá más, la verdadera pasión está en las cosas que te llenan desde tu interior y está cimentada en las personas y en las relaciones con las personas, y en como serás recordado cuando ya no estés aquí.»

El legado que nos deja este especial hijo de Dios, es que la vida es  una permanente oportunidad para amar a nuestros semejantes y dar para ellos lo mejor de nosotros; que no es la cantidad de tiempo que se viva, sino cómo se vive el que nos corresponde; que no somos nosotros quienes decidimos cuanto tiempo vamos a estar aquí, pero que sí nos corresponde decidir que vamos a hacer de el; que únicamente disponer de la vida, sin importar cuanto tiempo, es ya la mayor bendición de Dios y que debemos aprovechar cada instante, porque en todo momento podemos ser útiles y nunca sabremos hasta cuando estaremos aquí, por tanto siempre debemos abrazar… un sueño, «…otorgándole a los seres humanos el verdadero valor que tienen, por encima del valor que concedemos a las cosas.»

Creo que también nos demostró con su ejemplo, que no debemos temer a la muerte, porque es consecuencia de haber nacido; que es un evento indefectible e indetenible, que como no tiene solución conocida, debemos aceptarlo como parte de nuestra misma vida, con entereza, con valor, y  a ser posible, con buen humor. Pero que si queremos dejar un buen recuerdo a quienes amamos, debe ser la convicción de que  siempre dimos lo mejor de  nosotros, se disfrutó intensamente de la existencia, bajo la convicción de que un momento de amor verdadero es incuantificable en el tiempo y su huella perdurará… por siempre.

Yo, que no tengo duda de nuestra naturaleza físico-espiritual, de que nuestra alma es eterna, sé que Randy Pausch vivió para cumplir la misión que le fue impuesta por Dios desde antes de nacer. Que disfrutó esta vida física cumpliendo su cometido, porque entendió que si él no podía cambiar su destino, por lo menos podía darle los matices a su misión y lo hizo de forma extraordinaria, demostrando que la felicidad no depende de cuanto tiempo se viva, sino de cómo se viva.

Por eso en este momento, desde el fondo de mi corazón escribo en reconocimiento a su memoria y a su obra como una forma de decir: Paz a sus restos, con un poco de tristeza pero sin dolor, porque estoy seguro que esa alma que abandonó su cuerpo físico es eterna, y ascendió a una escala superior en otra dimensión, en busca de su más elevado destino.

 

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«SOMOS ESPIRITUS VIVIENDO UNA EXPERIENCIA FISICA Y NO CUERPOS FISICOS VIVIENDO UNA EXPERIENCIA ESPIRITUAL»

En un parque, escuché a una madre dialogar con su hijo de ocho años quien pensativo le preguntó ¿Para que vinimos al mundo?

-Para vivir hijo mío
-Y… ¿Para qué vivimos?
-Porque es importante vivir
-Y… ¿Por qué es importante vivir?

-Porque si no vivimos, morimos y… por favor no me preguntes por qué morimos. Y… allí terminó el diálogo.

Este evento me motivó reflexionar sobre cual es realmente el sentido de nuestra pasajera vida terrenal, cuestión que, por cierto, ha ocupado la mente del hombre desde que tuvo conciencia de su racionalidad.

Más allá de cualquier planteamiento de carácter teórico, siento la vida como la mayor bendición de Dios, por lo cual la disfruto intensamente, sin que me preocupen las disquisiciones entre las abundantes tendencias filosóficas y doctrinarias sobre el tema.

Pienso que fui dotado con la razón e inteligencia suficientes, para estar en capacidad de hacerme un buen juicio y en eso me empeño.

Así, respecto de para qué vinimos al mundo, como concibo mi alma eterna, asumo que nuestra única razón para vivir, lo es avanzar espiritualmente, lo cual estará en proporción a nuestra capacidad para entender y actuar en función del bienestar de nuestros semejantes.

La importancia de vivir, la circunscribo a la necesidad de cubrir la etapa que representa nuestro paso por este mundo, en función de ascender en el plano espiritual.

Mí vida física la concibo temporal, pero como un espectacular viaje pleno de momentos interesantes y… bellos. Por eso vivo por días y no por meses ni años. El vivir por lapsos de veinticuatro horas me obliga a no perder ni un segundo sin disfrutar, como noto que lo hacen quienes viven por años.

Me recreo en la gente porque sé que son hijos de Dios, nobles y buenos que, por el temor que les produce ignorar más de lo que conocen, ocultan sus sentimientos, privándose de extraordinarias experiencias humanas que sólo experimentan quienes manifiestan su amor en cada uno de sus actos.

Amo con pasión a mi familia y me deleito en ellos; me han dado tanto amor que nunca podré compensarlos. Especialmente mi esposa, esa compañera de viaje largo quien ha sido una luz en mi sendero por esta vida.

Me embeleso contemplando la naturaleza, que Dios hizo plena de belleza inverosímil y recursos sin límite, con la única intención de que sean disfrutadas por sus hijos.

Por mi indeclinable concepción de que somos espíritus viviendo una experiencia física, no encuentro otro sentido a esta vida que el de mi preparación para una vida mejor, en una instancia superior.

En mi arrobamiento en esta temporal experiencia de vivir, asumo el fenómeno de la muerte sin ninguna tristeza. La interpreto como algo indefectible, futuro e incierto, que representa el final de un viaje fantástico, que da inicio al regreso al hogar, y todos los regresos son emocionantes; especialmente si nos espera un padre amoroso y… con los brazos abiertos.

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