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Archive for 20 febrero 2020

La mañana de un día cualquiera, esperando la entrevista para un especialista en Oftalmología, se me acercó una bella niña como de once años; me sonrió, se sentó a mi lado y me dijo: ¿Eres Cristiano  y quieres oír una canción a Dios? Le devolví mi mejor sonrisa, esa misma que con tanta ternura le doy a mis seis nietas,  y contesté: claro que sí, me encantaría oír tu canción. Ella se irguió, levantó su cara, entornó sus ojos como mirando al cielo y comenzó a cantar una melodía cristiana, cual por cierto yo nunca había oído. Aunque su voz no era muy fuerte, por estar en compañía de otras personas en consulta médica, tenía una increíble melodía; ella cantaba de tal manera inspirada, que parecía que estaba mirando a Cristo. Yo, que no soy fanático de ninguna religión, pero sí soy seguidor de las enseñanzas de Jesús de Nazaret, quedé cierta y  positivamente impactado. Cuando terminó la abracé, besé tiernamente su frente y pregunté su nombre: Paola, me dijo  y agregó: siempre aprovecho donde estoy, sin importarme el lugar, para cantar estas canciones cristianas, porque sé que Dios me dio esta voz, para que haga esto en todas partes. Yo estaba realmente conmovido, porque había oído a niños recitar y cantar, pero en Actos Culturales Escolares o en Emisoras de Radio y TV, como parte de Programas pre-elaborados, pero nunca de una niña prácticamente desconocida, que actuaba de forma absolutamente espontánea y sin otro incentivo que imbuir a los  oyentes de su credo cristiano y la bondades del mismo, lo que me llenó de ternura y de regocijo. La Felicité a ella y a su madre que la acompañaba, le dí alguna de mis opiniones sobre lo que creía ella debía hacer para educar esa voz, que tanto bien podía hacer a otras personas.

Esa tierna voz, esa carita de niña, extrañamente preocupada por la fe de los adultos, me creo una profunda reflexión sobre el tema de cómo Dios se comunica con sus hijos. En verdad, para mí oír aquella bella voz, que espontáneamente me obsequió esa niña, igual que cuando en las montañas me  he acercado a un arrollo, cuando el sonido mágico del agua, atenuado por el canto de algún pájaro, me ha hecho sentir, lo que me he dado en llamar “El arrullo de Dios”, porque me figuro que es una forma especial  mediante la música, como Dios arrulla a sus hijos. Después de más de siete décadas de vida, sintiendo la presencia de  Dios, en todas las edades y etapas de mi vida, me siento privilegiado de esta nueva forma de mi  Padre Celestial decirme: “Te amo”, porque realmente, si de alguna forma mágica se puede decir a alguien que uno lo ama, no hay otra mejor que aquella  espontánea y desinteresada, con la única intención de regalar felicidad.

Hoy, más que nunca, me siento privilegiado por haber conocido una nueva manera de decir te amo, a cualquier persona aunque nunca la hubieras visto antes, mediante un canto sencillo, pero sentido.  Creo que esta niña aprendió que todos somos hermanos y que el amor al prójimo que nos enseñara Jesús, cada uno de nosotros puede desarrollarlo de acuerdo a nuestra personalidad y su forma de ver la vida y las cosas, pero que en todos los casos representa a Dios; simplemente, porque DIOS ES AMOR.

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