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Archive for 24/10/08

“El entusiasmo, pasión, ternura y… amor, como el espíritu, no tienen edad.”

La tarde de ayer fue simplemente bella. Para alimentar esa magia que Nancy y yo hemos mantenido durante 39 años de feliz unión conyugal, cuyo factor fundamental es el practicar y mantener la magia de algunas de las cosas que hacíamos cuando novios, como por ejemplo, asistir a  algún un café, dos o tres veces a la semana, en compañía de los amigos, y allí, bajo ese aroma típico y reminiscente, sana y positivamente, especular sobre lo divino y lo humano.

Departimos con una querida amiga, de esas que como mi esposa, se parecen a los buenos vinos, que con el tiempo se hacen… suculentos. Teníamos varios años que no nos reuníamos personalmente, aunque siempre hemos mantenido el contacto telefónico y vía Internet.

Llegó hermosa, sobriamente elegante, obsequiándonos su mejor sonrisa, que seguramente era la misma de veinte años atrás, pero renovada, lo cual no es muy usual en personas como que nosotros, pasamos sobradamente el medio siglo de vida.

Me produjo satisfactoria reflexión su respuesta a mi pregunta tradicional de… ¿Qué es de  tu vida?

Disfrutando de mi adolescencia otoñal. –Me respondió.

-Que lindo, le acoté. Háblame de eso que me parece muy interesante.

 -Hoy, a mi edad, en un mundo nuevo que yo asimilo perfectamente, estoy en tan buena condición física y espiritual que me siento como una adolescente, pero otoñal, que no invernal,  porque mi cuerpo y mi espíritu siguen capacitados y sedientos de amor, que yo… no les niego; con la diferencia que la experiencia que me dejó la vida, me hace estar más segura de lo que soy, de lo que puedo dar y recibir. Así, al esperar menos, disfrutar más de ellas y las cosas, todo eso me posibilita para disfrutar  intensamente de cada momento feliz y me blinda frente a cualquier evento desagradable o infeliz.

¿Significa eso que tienes un amor? Le pregunté.

-Simplemente espectacular. Me respondió y continuó:

-Amo intensamente, sin ataduras ni falsos prejuicios y con plena conciencia de lo que hago. Vale decir: amo cómo y a quien quiero, pero plena y espontáneamente. De alguna manera,  lo hago con el entusiasmo, ternura y pasión de una adolescente, pero con la experiencia, cuidado, y quizás sabiduría, de una mujer otoñal, de lo cual se carece a temprana edad. Pudiera ser que mi mayor motivación para disfrutarlo con fruición, sea el hecho de que no tengo duda de que en el camino hay  mucho amor para mí, que puedo y debo disfrutar, pero ignoro… por cuanto tiempo.

Fue tan bello por reconfortante oírla, pero especialmente ver su cara radiante y su entusiasmo, que bien podrían envidiarlo las adolescentes, pero que Nancy y yo entendimos perfectamente.

Que lástima que muchas personas jóvenes, con quienes todos los días departimos, no entiendan ni compartan esa filosofía de vida… buena, que nos ratifica que el espíritu no envejece, sino que crece y se fortalece.

Por otra parte,  el cuerpo obedece al espíritu y su actuación es proporcional  a cómo este se  sienta.

Dios bendiga a esta buena amiga, porque ella es ejemplo de que somos cuanto pensamos de nosotros mismos; que los límites, cuando existen, es porque nos los autoimponemos. Pido  para ella mucha salud y amor, cuales son dos factores muy importantes para una vida feliz.

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