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Dejando por sentado mi respeto por la forma de pensar diversa, reflexionaré sobre un hecho discutido, y si se quiere discutible; cuál es el fundamento  de permanecer juntos como pareja. Pues bien, en principio siempre he pensado que se hace pareja porque se piensa que se es más feliz al lado de esa otra persona que escogemos a tal fin, que estando solos. Siendo así, no debe nadie exigir a su par que, independiente de la formalidad que le una, continúen unidos, si ambos no son integralmente felices. Nunca he procesado por qué las canciones y poemas hacen una tragedia porque alguien deje de amar  a otro, al punto de que hablan de que si tal persona deja de amarlos o los abandona se vuelven locos y hasta se suiciden; como si no existieran otros seres humanos que pudieran llenar el vacío que deja el que se va.

 Así mismo, nunca he entendido que sea una obligación amar o continuar amando a otra persona;  sino que, por el contrario, pienso que si alguien me amó fue porque se sintió feliz haciéndolo, pero además yo debería agradecer el tiempo que lo hizo y darle plena libertad de irse, para buscar un nuevo amor que le de lo que ya no siente conmigo. De la misma manera, pienso que tenemos que darnos la oportunidad de equivocarnos y por tanto tenemos el derecho, y si se quiere, la obligación de corregir; precisamente, buscando un nuevo amor. En este mismo sentido, así lo he escrito infinidad de veces en mi blog www.unavidafeliz.com, que han visto más de 2.850.000,00 cibernautas en 90 países, según lo indicó WordPress, que es la administradora de esta página, habiendo recibido miles de comentarios positivos de personas que han amado; han dejado de amar; vuelto a amar, y algunas, varias veces, hasta lograr encontrar esa persona especial que llenó sus expectativas sentimentales. En estos casos, bajo ninguna circunstancia esa persona odió a quien dejó de amarlo, trató de hacerle o hacerse daño, sino que entendió el derecho que ambos tenían de buscar y encontrar un nuevo amor.

Yo he escrito libros, poemas, y en mi juventud di conferencias sobre el tema, por lo cual me considero calificado para sugerir a los compositores, escritores, poetas y/o conferencistas,  que lejos de argumentar una tragedia porque alguien deja de amar a otro, le recuerden a sus lectores que, en el camino de la vida de cada ser humano, de allá para acá, siempre viene una o varias personas buscando, precisamente,  alguien como uno que, por decir lo menos, le haga compañía en el intento de entablar una relación que pueda progresar sentimentalmente. Quizás porque creo en las vibraciones e influencias que generamos los seres  humanos,  nunca he creído que sea llorando, quejándose o lamentándose, como se pueda conquistar un nuevo amor; precisamente, porque quien anda en busca de un amor, presume encontrar alegría, optimismo, atención positiva y… felicidad.

Todo lo que aquí he escrito tiene un solo fin, que es demostrar que la única justificación para permanecer juntos dos personas que hacen pareja, lo es el amor: ese sentimiento mágico, que es capaz de mejorarnos, hacernos más sensibles, disminuir nuestro egoísmo; y en general, hacernos diferentes a como éramos antes de enamorarnos, sobre la base de la certeza de que solo nosotros mismos somos responsables de nuestra felicidad. Pero nunca por lástima, compasión o para evitar que otra persona no sea feliz. Creo que la felicidad, como todos los beneficios que un ser humano logra, requieren de su esfuerzo y diligencia, donde se ponga lo mejor de nosotros para alcanzar la meta. De la misma forma, creo que el amor como cualquier relación importante, requiere de la sincera comunicación, clara comprensión y permanente intención de aceptar a las personas como son: con sus virtudes y defectos, siempre con la intención progresiva de ayudarle y ayudarnos a mejorar integralmente, en beneficio de la relación.

Finalmente, les cuento que tengo más de 50 años de feliz matrimonio y que, gracias a que he tenido las actitudes que aquí sugiero, las cuales han sido compartidos por mi maravillosa esposa, diez años menor que yo,  hoy disfrutamos de nuestro amor, con la misma ternura, comprensión y atención, que cuando iniciamos nuestra relación; precisamente porque no es la edad, ni la capacidad económica, ni ningún otro prejuicio social, lo que hace la solidez de la relación de pareja, sino la capacidad para aplicar el profundo respeto y reconocimiento por la persona humana, que se requiere en el matrimonio.

Dejando por sentado mi respeto por la forma de pensar diversa, reflexionaré sobre un hecho discutido, y si se quiere discutible; cuál es el fundamento  de permanecer juntos como pareja. Pues bien, en principio siempre he pensado que se hace pareja porque se piensa que se es más feliz al lado de esa otra persona que escogemos a tal fin, que estando solos. Siendo así, no debe nadie exigir a su par que, independiente de la formalidad que le una, continúen unidos, si ambos no son integralmente felices. Nunca he procesado por qué las canciones y poemas hacen una tragedia porque alguien deje de amar  a otro, al punto de que hablan de que si tal persona deja de amarlos o los abandona se vuelven locos y hasta se suiciden; como si no existieran otros seres humanos que pudieran llenar el vacío que deja el que se va.

 Así mismo, nunca he entendido que sea una obligación amar o continuar amando a otra persona;  sino que, por el contrario, pienso que si alguien me amó fue porque se sintió feliz haciéndolo, pero además yo debería agradecer el tiempo que lo hizo y darle plena libertad de irse, para buscar un nuevo amor que le de lo que ya no siente conmigo. De la misma manera, pienso que tenemos que darnos la oportunidad de equivocarnos y por tanto tenemos el derecho, y si se quiere, la obligación de corregir; precisamente, buscando un nuevo amor. En este mismo sentido, así lo he escrito infinidad de veces en mi blog www.unavidafeliz.com, que han visto más de 2.850.000,00 cibernautas en 90 países, según lo indicó WordPress, que es la administradora de esta página, habiendo recibido miles de comentarios positivos de personas que han amado; han dejado de amar; vuelto a amar, y algunas, varias veces, hasta lograr encontrar esa persona especial que llenó sus expectativas sentimentales. En estos casos, bajo ninguna circunstancia esa persona odió a quien dejó de amarlo, trató de hacerle o hacerse daño, sino que entendió el derecho que ambos tenían de buscar y encontrar un nuevo amor.

Yo he escrito libros, poemas, y en mi juventud di conferencias sobre el tema, por lo cual me considero calificado para sugerir a los compositores, escritores, poetas y/o conferencistas,  que lejos de argumentar una tragedia porque alguien deja de amar a otro, le recuerden a sus lectores que, en el camino de la vida de cada ser humano, de allá para acá, siempre viene una o varias personas buscando, precisamente,  alguien como uno que, por decir lo menos, le haga compañía en el intento de entablar una relación que pueda progresar sentimentalmente. Quizás porque creo en las vibraciones e influencias que generamos los seres  humanos,  nunca he creído que sea llorando, quejándose o lamentándose, como se pueda conquistar un nuevo amor; precisamente, porque quien anda en busca de un amor, presume encontrar alegría, optimismo, atención positiva y… felicidad.

Todo lo que aquí he escrito tiene un solo fin, que es demostrar que la única justificación para permanecer juntos dos personas que hacen pareja, lo es el amor: ese sentimiento mágico, que es capaz de mejorarnos, hacernos más sensibles, disminuir nuestro egoísmo; y en general, hacernos diferentes a como éramos antes de enamorarnos, sobre la base de la certeza de que solo nosotros mismos somos responsables de nuestra felicidad. Pero nunca por lástima, compasión o para evitar que otra persona no sea feliz. Creo que la felicidad, como todos los beneficios que un ser humano logra, requieren de su esfuerzo y diligencia, donde se ponga lo mejor de nosotros para alcanzar la meta. De la misma forma, creo que el amor como cualquier relación importante, requiere de la sincera comunicación, clara comprensión y permanente intención de aceptar a las personas como son: con sus virtudes y defectos, siempre con la intención progresiva de ayudarle y ayudarnos a mejorar integralmente, en beneficio de la relación.

Finalmente, les cuento que tengo más de 50 años de feliz matrimonio y que, gracias a que he tenido las actitudes que aquí sugiero, las cuales han sido compartidos por mi maravillosa esposa, diez años menor que yo,  hoy disfrutamos de nuestro amor, con la misma ternura, comprensión y atención, que cuando iniciamos nuestra relación; precisamente porque no es la edad, ni la capacidad económica, ni ningún otro prejuicio social, lo que hace la solidez de la relación de pareja, sino la capacidad para aplicar el profundo respeto y reconocimiento por la persona humana, que se requiere en el matrimonio.

Dejando por sentado mi respeto por la forma de pensar diversa, reflexionaré sobre un hecho discutido, y si se quiere discutible; cuál es el fundamento  de permanecer juntos como pareja. Pues bien, en principio siempre he pensado que se hace pareja porque se piensa que se es más feliz al lado de esa otra persona que escogemos a tal fin, que estando solos. Siendo así, no debe nadie exigir a su par que, independiente de la formalidad que le una, continúen unidos, si ambos no son integralmente felices. Nunca he procesado por qué las canciones y poemas hacen una tragedia porque alguien deje de amar  a otro, al punto de que hablan de que si tal persona deja de amarlos o los abandona se vuelven locos y hasta se suiciden; como si no existieran otros seres humanos que pudieran llenar el vacío que deja el que se va.

 Así mismo, nunca he entendido que sea una obligación amar o continuar amando a otra persona;  sino que, por el contrario, pienso que si alguien me amó fue porque se sintió feliz haciéndolo, pero además yo debería agradecer el tiempo que lo hizo y darle plena libertad de irse, para buscar un nuevo amor que le de lo que ya no siente conmigo. De la misma manera, pienso que tenemos que darnos la oportunidad de equivocarnos y por tanto tenemos el derecho, y si se quiere, la obligación de corregir; precisamente, buscando un nuevo amor. En este mismo sentido, así lo he escrito infinidad de veces en mi blog www.unavidafeliz.com, que han visto más de 2.850.000,00 cibernautas en 90 países, según lo indicó WordPress, que es la administradora de esta página, habiendo recibido miles de comentarios positivos de personas que han amado; han dejado de amar; vuelto a amar, y algunas, varias veces, hasta lograr encontrar esa persona especial que llenó sus expectativas sentimentales. En estos casos, bajo ninguna circunstancia esa persona odió a quien dejó de amarlo, trató de hacerle o hacerse daño, sino que entendió el derecho que ambos tenían de buscar y encontrar un nuevo amor.

Yo he escrito libros, poemas, y en mi juventud di conferencias sobre el tema, por lo cual me considero calificado para sugerir a los compositores, escritores, poetas y/o conferencistas,  que lejos de argumentar una tragedia porque alguien deja de amar a otro, le recuerden a sus lectores que, en el camino de la vida de cada ser humano, de allá para acá, siempre viene una o varias personas buscando, precisamente,  alguien como uno que, por decir lo menos, le haga compañía en el intento de entablar una relación que pueda progresar sentimentalmente. Quizás porque creo en las vibraciones e influencias que generamos los seres  humanos,  nunca he creído que sea llorando, quejándose o lamentándose, como se pueda conquistar un nuevo amor; precisamente, porque quien anda en busca de un amor, presume encontrar alegría, optimismo, atención positiva y… felicidad.

Todo lo que aquí he escrito tiene un solo fin, que es demostrar que la única justificación para permanecer juntos dos personas que hacen pareja, lo es el amor: ese sentimiento mágico, que es capaz de mejorarnos, hacernos más sensibles, disminuir nuestro egoísmo; y en general, hacernos diferentes a como éramos antes de enamorarnos, sobre la base de la certeza de que solo nosotros mismos somos responsables de nuestra felicidad. Pero nunca por lástima, compasión o para evitar que otra persona no sea feliz. Creo que la felicidad, como todos los beneficios que un ser humano logra, requieren de su esfuerzo y diligencia, donde se ponga lo mejor de nosotros para alcanzar la meta. De la misma forma, creo que el amor como cualquier relación importante, requiere de la sincera comunicación, clara comprensión y permanente intención de aceptar a las personas como son: con sus virtudes y defectos, siempre con la intención progresiva de ayudarle y ayudarnos a mejorar integralmente, en beneficio de la relación.

Finalmente, les cuento que tengo más de 50 años de feliz matrimonio y que, gracias a que he tenido las actitudes que aquí sugiero, las cuales han sido compartidos por mi maravillosa esposa, diez años menor que yo,  hoy disfrutamos de nuestro amor, con la misma ternura, comprensión y atención, que cuando iniciamos nuestra relación; precisamente porque no es la edad, ni la capacidad económica, ni ningún otro prejuicio social, lo que hace la solidez de la relación de pareja, sino la capacidad para aplicar el profundo respeto y reconocimiento por la persona humana, que se requiere en el matrimonio.

Dejando por sentado mi respeto por la forma de pensar diversa, reflexionaré sobre un hecho discutido, y si se quiere discutible; cuál es el fundamento  de permanecer juntos como pareja. Pues bien, en principio siempre he pensado que se hace pareja porque se piensa que se es más feliz al lado de esa otra persona que escogemos a tal fin, que estando solos. Siendo así, no debe nadie exigir a su par que, independiente de la formalidad que le una, continúen unidos, si ambos no son integralmente felices. Nunca he procesado por qué las canciones y poemas hacen una tragedia porque alguien deje de amar  a otro, al punto de que hablan de que si tal persona deja de amarlos o los abandona se vuelven locos y hasta se suiciden; como si no existieran otros seres humanos que pudieran llenar el vacío que deja el que se va.

 Así mismo, nunca he entendido que sea una obligación amar o continuar amando a otra persona;  sino que, por el contrario, pienso que si alguien me amó fue porque se sintió feliz haciéndolo, pero además yo debería agradecer el tiempo que lo hizo y darle plena libertad de irse, para buscar un nuevo amor que le de lo que ya no siente conmigo. De la misma manera, pienso que tenemos que darnos la oportunidad de equivocarnos y por tanto tenemos el derecho, y si se quiere, la obligación de corregir; precisamente, buscando un nuevo amor. En este mismo sentido, así lo he escrito infinidad de veces en mi blog www.unavidafeliz.com, que han visto más de 2.850.000,00 cibernautas en 90 países, según lo indicó WordPress, que es la administradora de esta página, habiendo recibido miles de comentarios positivos de personas que han amado; han dejado de amar; vuelto a amar, y algunas, varias veces, hasta lograr encontrar esa persona especial que llenó sus expectativas sentimentales. En estos casos, bajo ninguna circunstancia esa persona odió a quien dejó de amarlo, trató de hacerle o hacerse daño, sino que entendió el derecho que ambos tenían de buscar y encontrar un nuevo amor.

Yo he escrito libros, poemas, y en mi juventud di conferencias sobre el tema, por lo cual me considero calificado para sugerir a los compositores, escritores, poetas y/o conferencistas,  que lejos de argumentar una tragedia porque alguien deja de amar a otro, le recuerden a sus lectores que, en el camino de la vida de cada ser humano, de allá para acá, siempre viene una o varias personas buscando, precisamente,  alguien como uno que, por decir lo menos, le haga compañía en el intento de entablar una relación que pueda progresar sentimentalmente. Quizás porque creo en las vibraciones e influencias que generamos los seres  humanos,  nunca he creído que sea llorando, quejándose o lamentándose, como se pueda conquistar un nuevo amor; precisamente, porque quien anda en busca de un amor, presume encontrar alegría, optimismo, atención positiva y… felicidad.

Todo lo que aquí he escrito tiene un solo fin, que es demostrar que la única justificación para permanecer juntos dos personas que hacen pareja, lo es el amor: ese sentimiento mágico, que es capaz de mejorarnos, hacernos más sensibles, disminuir nuestro egoísmo; y en general, hacernos diferentes a como éramos antes de enamorarnos, sobre la base de la certeza de que solo nosotros mismos somos responsables de nuestra felicidad. Pero nunca por lástima, compasión o para evitar que otra persona no sea feliz. Creo que la felicidad, como todos los beneficios que un ser humano logra, requieren de su esfuerzo y diligencia, donde se ponga lo mejor de nosotros para alcanzar la meta. De la misma forma, creo que el amor como cualquier relación importante, requiere de la sincera comunicación, clara comprensión y permanente intención de aceptar a las personas como son: con sus virtudes y defectos, siempre con la intención progresiva de ayudarle y ayudarnos a mejorar integralmente, en beneficio de la relación.

Finalmente, les cuento que tengo más de 50 años de feliz matrimonio y que, gracias a que he tenido las actitudes que aquí sugiero, las cuales han sido compartidos por mi maravillosa esposa, diez años menor que yo,  hoy disfrutamos de nuestro amor, con la misma ternura, comprensión y atención, que cuando iniciamos nuestra relación; precisamente porque no es la edad, ni la capacidad económica, ni ningún otro prejuicio social, lo que hace la solidez de la relación de pareja, sino la capacidad para aplicar el profundo respeto y reconocimiento por la persona humana, que se requiere en el matrimonio.

¿POR QUÉ  ESTAMOS JUNTOS?

Dejando por sentado mi respeto por la forma de pensar diversa, reflexionaré sobre un hecho discutido, y si se quiere discutible; cuál es el fundamento  de permanecer juntos como pareja. Pues bien, en principio siempre he pensado que se hace pareja porque se piensa que se es más feliz al lado de esa otra persona que escogemos a tal fin, que estando solos. Siendo así, no debe nadie exigir a su par que, independiente de la formalidad que le una, continúen unidos, si ambos no son integralmente felices. Nunca he procesado por qué las canciones y poemas hacen una tragedia porque alguien deje de amar  a otro, al punto de que hablan de que si tal persona deja de amarlos o los abandona se vuelven locos y hasta se suiciden; como si no existieran otros seres humanos que pudieran llenar el vacío que deja el que se va.

 Así mismo, nunca he entendido que sea una obligación amar o continuar amando a otra persona;  sino que, por el contrario, pienso que si alguien me amó fue porque se sintió feliz haciéndolo, pero además yo debería agradecer el tiempo que lo hizo y darle plena libertad de irse, para buscar un nuevo amor que le de lo que ya no siente conmigo. De la misma manera, pienso que tenemos que darnos la oportunidad de equivocarnos y por tanto tenemos el derecho, y si se quiere, la obligación de corregir; precisamente, buscando un nuevo amor. En este mismo sentido, así lo he escrito infinidad de veces en mi blog www.unavidafeliz.com, que han visto más de 2.850.000,00 cibernautas en 90 países, según lo indicó WordPress, que es la administradora de esta página, habiendo recibido miles de comentarios positivos de personas que han amado; han dejado de amar; vuelto a amar, y algunas, varias veces, hasta lograr encontrar esa persona especial que llenó sus expectativas sentimentales. En estos casos, bajo ninguna circunstancia esa persona odió a quien dejó de amarlo, trató de hacerle o hacerse daño, sino que entendió el derecho que ambos tenían de buscar y encontrar un nuevo amor.

Yo he escrito libros, poemas, y en mi juventud di conferencias sobre el tema, por lo cual me considero calificado para sugerir a los compositores, escritores, poetas y/o conferencistas,  que lejos de argumentar una tragedia porque alguien deja de amar a otro, le recuerden a sus lectores que, en el camino de la vida de cada ser humano, de allá para acá, siempre viene una o varias personas buscando, precisamente,  alguien como uno que, por decir lo menos, le haga compañía en el intento de entablar una relación que pueda progresar sentimentalmente. Quizás porque creo en las vibraciones e influencias que generamos los seres  humanos,  nunca he creído que sea llorando, quejándose o lamentándose, como se pueda conquistar un nuevo amor; precisamente, porque quien anda en busca de un amor, presume encontrar alegría, optimismo, atención positiva y… felicidad.

Todo lo que aquí he escrito tiene un solo fin, que es demostrar que la única justificación para permanecer juntos dos personas que hacen pareja, lo es el amor: ese sentimiento mágico, que es capaz de mejorarnos, hacernos más sensibles, disminuir nuestro egoísmo; y en general, hacernos diferentes a como éramos antes de enamorarnos, sobre la base de la certeza de que solo nosotros mismos somos responsables de nuestra felicidad. Pero nunca por lástima, compasión o para evitar que otra persona no sea feliz. Creo que la felicidad, como todos los beneficios que un ser humano logra, requieren de su esfuerzo y diligencia, donde se ponga lo mejor de nosotros para alcanzar la meta. De la misma forma, creo que el amor como cualquier relación importante, requiere de la sincera comunicación, clara comprensión y permanente intención de aceptar a las personas como son: con sus virtudes y defectos, siempre con la intención progresiva de ayudarle y ayudarnos a mejorar integralmente, en beneficio de la relación.

Finalmente, les cuento que tengo más de 50 años de feliz matrimonio y que, gracias a que he tenido las actitudes que aquí sugiero, las cuales han sido compartidos por mi maravillosa esposa, diez años menor que yo,  hoy disfrutamos de nuestro amor, con la misma ternura, comprensión y atención, que cuando iniciamos nuestra relación; precisamente porque no es la edad, ni la capacidad económica, ni ningún otro prejuicio social, lo que hace la solidez de la relación de pareja, sino la capacidad para aplicar el profundo respeto y reconocimiento por la persona humana, que se requiere en el matrimonio.

Dejando por sentado mi respeto por la forma de pensar diversa, reflexionaré sobre un hecho discutido, y si se quiere discutible; cuál es el fundamento  de permanecer juntos como pareja. Pues bien, en principio siempre he pensado que se hace pareja porque se piensa que se es más feliz al lado de esa otra persona que escogemos a tal fin, que estando solos. Siendo así, no debe nadie exigir a su par que, independiente de la formalidad que le una, continúen unidos, si ambos no son integralmente felices. Nunca he procesado por qué las canciones y poemas hacen una tragedia porque alguien deje de amar  a otro, al punto de que hablan de que si tal persona deja de amarlos o los abandona se vuelven locos y hasta se suiciden; como si no existieran otros seres humanos que pudieran llenar el vacío que deja el que se va.

 Así mismo, nunca he entendido que sea una obligación amar o continuar amando a otra persona;  sino que, por el contrario, pienso que si alguien me amó fue porque se sintió feliz haciéndolo, pero además yo debería agradecer el tiempo que lo hizo y darle plena libertad de irse, para buscar un nuevo amor que le de lo que ya no siente conmigo. De la misma manera, pienso que tenemos que darnos la oportunidad de equivocarnos y por tanto tenemos el derecho, y si se quiere, la obligación de corregir; precisamente, buscando un nuevo amor. En este mismo sentido, así lo he escrito infinidad de veces en mi blog www.unavidafeliz.com, que han visto más de 2.850.000,00 cibernautas en 90 países, según lo indicó WordPress, que es la administradora de esta página, habiendo recibido miles de comentarios positivos de personas que han amado; han dejado de amar; vuelto a amar, y algunas, varias veces, hasta lograr encontrar esa persona especial que llenó sus expectativas sentimentales. En estos casos, bajo ninguna circunstancia esa persona odió a quien dejó de amarlo, trató de hacerle o hacerse daño, sino que entendió el derecho que ambos tenían de buscar y encontrar un nuevo amor.

Yo he escrito libros, poemas, y en mi juventud di conferencias sobre el tema, por lo cual me considero calificado para sugerir a los compositores, escritores, poetas y/o conferencistas,  que lejos de argumentar una tragedia porque alguien deja de amar a otro, le recuerden a sus lectores que, en el camino de la vida de cada ser humano, de allá para acá, siempre viene una o varias personas buscando, precisamente,  alguien como uno que, por decir lo menos, le haga compañía en el intento de entablar una relación que pueda progresar sentimentalmente. Quizás porque creo en las vibraciones e influencias que generamos los seres  humanos,  nunca he creído que sea llorando, quejándose o lamentándose, como se pueda conquistar un nuevo amor; precisamente, porque quien anda en busca de un amor, presume encontrar alegría, optimismo, atención positiva y… felicidad.

Todo lo que aquí he escrito tiene un solo fin, que es demostrar que la única justificación para permanecer juntos dos personas que hacen pareja, lo es el amor: ese sentimiento mágico, que es capaz de mejorarnos, hacernos más sensibles, disminuir nuestro egoísmo; y en general, hacernos diferentes a como éramos antes de enamorarnos, sobre la base de la certeza de que solo nosotros mismos somos responsables de nuestra felicidad. Pero nunca por lástima, compasión o para evitar que otra persona no sea feliz. Creo que la felicidad, como todos los beneficios que un ser humano logra, requieren de su esfuerzo y diligencia, donde se ponga lo mejor de nosotros para alcanzar la meta. De la misma forma, creo que el amor como cualquier relación importante, requiere de la sincera comunicación, clara comprensión y permanente intención de aceptar a las personas como son: con sus virtudes y defectos, siempre con la intención progresiva de ayudarle y ayudarnos a mejorar integralmente, en beneficio de la relación.Finalmente, les cuento que tengo más de 50 años de feliz matrimonio y que, gracias a que he tenido las actitudes que aquí sugiero, las cuales han sido compartidos por mi maravillosa esposa, diez años menor que yo,  hoy disfrutamos de nuestro amor, con la misma ternura, comprensión y atención, que cuando iniciamos nuestra relación; precisamente porque no es la edad, ni la capacidad económica, ni ningún otro prejuicio social, lo que hace la solidez de la relación de pareja, sino la capacidad para aplicar el profundo respeto y reconocimiento por la persona humana, que se requiere en el mat

30 de Marzo de 2021  Por: Dr. Amaurí Castillo Rincón-MsC

Dejando por sentado mi respeto por la forma de pensar diversa, reflexionaré sobre un hecho discutido, y si se quiere discutible; cuál es el fundamento  de permanecer juntos como pareja. Pues bien, en principio siempre he pensado que se hace pareja porque se piensa que se es más feliz al lado de esa otra persona que escogemos a tal fin, que estando solos. Siendo así, no debe nadie exigir a su par que, independiente de la formalidad que le una, continúen unidos, si ambos no son integralmente felices. Nunca he procesado por qué las canciones y poemas hacen una tragedia porque alguien deje de amar  a otro, al punto de que hablan de que si tal persona deja de amarlos o los abandona se vuelven locos y hasta se suiciden; como si no existieran otros seres humanos que pudieran llenar el vacío que deja el que se va.

 Así mismo, nunca he entendido que sea una obligación amar o continuar amando a otra persona;  sino que, por el contrario, pienso que si alguien me amó fue porque se sintió feliz haciéndolo, pero además yo debería agradecer el tiempo que lo hizo y darle plena libertad de irse, para buscar un nuevo amor que le de lo que ya no siente conmigo. De la misma manera, pienso que tenemos que darnos la oportunidad de equivocarnos y por tanto tenemos el derecho, y si se quiere, la obligación de corregir; precisamente, buscando un nuevo amor. En este mismo sentido, así lo he escrito infinidad de veces en mi blog www.unavidafeliz.com, que han visto más de 2.850.000,00 cibernautas en 90 países, según lo indicó WordPress, que es la administradora de esta página, habiendo recibido miles de comentarios positivos de personas que han amado; han dejado de amar; vuelto a amar, y algunas, varias veces, hasta lograr encontrar esa persona especial que llenó sus expectativas sentimentales. En estos casos, bajo ninguna circunstancia esa persona odió a quien dejó de amarlo, trató de hacerle o hacerse daño, sino que entendió el derecho que ambos tenían de buscar y encontrar un nuevo amor.

Yo he escrito libros, poemas, y en mi juventud di conferencias sobre el tema, por lo cual me considero calificado para sugerir a los compositores, escritores, poetas y/o conferencistas,  que lejos de argumentar una tragedia porque alguien deja de amar a otro, le recuerden a sus lectores que, en el camino de la vida de cada ser humano, de allá para acá, siempre viene una o varias personas buscando, precisamente,  alguien como uno que, por decir lo menos, le haga compañía en el intento de entablar una relación que pueda progresar sentimentalmente. Quizás porque creo en las vibraciones e influencias que generamos los seres  humanos,  nunca he creído que sea llorando, quejándose o lamentándose, como se pueda conquistar un nuevo amor; precisamente, porque quien anda en busca de un amor, presume encontrar alegría, optimismo, atención positiva y… felicidad.

Todo lo que aquí he escrito tiene un solo fin, que es demostrar que la única justificación para permanecer juntos dos personas que hacen pareja, lo es el amor: ese sentimiento mágico, que es capaz de mejorarnos, hacernos más sensibles, disminuir nuestro egoísmo; y en general, hacernos diferentes a como éramos antes de enamorarnos, sobre la base de la certeza de que solo nosotros mismos somos responsables de nuestra felicidad. Pero nunca por lástima, compasión o para evitar que otra persona no sea feliz. Creo que la felicidad, como todos los beneficios que un ser humano logra, requieren de su esfuerzo y diligencia, donde se ponga lo mejor de nosotros para alcanzar la meta. De la misma forma, creo que el amor como cualquier relación importante, requiere de la sincera comunicación, clara comprensión y permanente intención de aceptar a las personas como son: con sus virtudes y defectos, siempre con la intención progresiva de ayudarle y ayudarnos a mejorar integralmente, en beneficio de la relación.

Finalmente, les cuento que tengo más de 50 años de feliz matrimonio y que, gracias a que he tenido las actitudes que aquí sugiero, las cuales han sido compartidos por mi maravillosa esposa, diez años menor que yo,  hoy disfrutamos de nuestro amor, con la misma ternura, comprensión y atención, que cuando iniciamos nuestra relación; precisamente porque no es la edad, ni la capacidad económica, ni ningún otro prejuicio social, lo que hace la solidez de la relación de pareja, sino la capacidad para aplicar el profundo respeto y reconocimiento por la persona humana, que se requiere en el matrimonio.

Es una creencia casi generalizada que Dios determina nuestro destino desde antes de haber nacido y que eso es infalible;  no discuto tal  criterio, especialmente porque como soy un convencido de nuestra absoluta posibilidad de ser felices, para lo cual se requiere ser muy positivo, no puedo darme el lujo de preocuparme por algo que pudiera convertirse en una obsesión  negativa, como es para una gran mayoría de personas, el destino. Es que en mi personal concepto, lo que Dios sí que nos dispuso como una hoja de papel en blanco,  fue el camino que debemos recorrer durante toda nuestra vida -que por cierto es lo que  sí debe interesarnos-  por lo cual nos dejó en plena libertad de darle el sentido, color, sensación y sabor al paisaje, así como a cada  bache o recodo del camino; de tal manera que, en su inmensa sabiduría, creo que  para no aportarnos focos de preocupación innecesaria, nos dejó en libertad de diseñar nuestro propio “camino”, por lo cual nos regaló la posibilidad de hacer de ese viaje de nuestra vida, lo que más nos plazca, agrade o nos parezca conveniente. En tal sentido, para que pudiésemos estudiar, entender y encontrar la mejor forma de vivir esa extraordinaria experiencia de ese viaje, nos dotó de inteligencia y raciocinio, al tiempo que puso sobre el camino diferentes subidas, bajadas, obstáculos y/o accidentes, que nosotros con todos los recursos intelectuales y físicos de que fuimos dotados, pudiésemos perfectamente determinar la mejor forma de esquivarlos, superarlos, ignorarlos  o disfrutarlos, conforme nuestra propia forma de ver la vida y las cosas.

No es fácil emitir criterio sobre lo que piensan o sienten otras personas, por lo cual pareciera  lo más acertado, hablar de nuestras propias circunstancias y vivencias; a ese respecto y refiriéndome al camino de la vida que durante setenta y ocho años he transitado, debo comentar que desde que tengo verdadero uso de razón he estado perfectamente consciente de que no existe un destino predeterminado para mí, ese me lo hago yo;  inclusive ese elemento impredecible que a tantos preocupa y que denominan futuro, cual para mí –no obstante la insistencia de mi padre de que era muy importante- tampoco tuvo ni tiene tanta importancia, precisamente porque es imprevisible, impreciso e indeterminado, por lo cual no lo considero trascendente como parte de mi camino; quizás porque siempre he tenido plena conciencia de que, si fuere que llegare,  lo único que puedo aportarle para mi beneficio,  sería hacer bien lo que me corresponde… hoy.

¿Qué la manera de transitar nuestro camino  tenga que ver con nuestro posible destino? Pareciera lógico, por lo cual como  yo juego a ganador, no desperdicio ninguna posibilidad; es que estoy seguro que mi camino es hoy, por lo tanto es a este día  de hoy a quien debo toda mi atención, amor y cuidado. Estoy consciente de que conmigo transitan a mi lado, detrás y al frente, mis hermanos humanos y mis hermanos los animales;  a ambos me debo por mi principio fundamental de  utilidad y humanidad. De la misma forma,  a los recursos naturales que Dios dispuso sobre y en esta tierra para mi beneficio, estoy obligado a proteger, cuidar y defender a toda costa, so pena de desaparecer como especie sobre esta tierra, o por lo menos de negar su conocimiento, belleza, beneficio y disfrute, a las futuras generaciones. Como  observarán en  lo expresado en este párrafo, en nada puede ayudarme a mejor vivir mi camino, el pensar o preocuparme por un destino que, como el futuro, no es determinable de ninguna manera.

Tristemente he conocido personas que viven consternados por lo imprevisible de su posible destino o lo que pudiera sucederles mañana, que es como decir: en el futuro. Tanto me ha preocupado esta tendencia,  que he dedicado una buena parte de mi vida a escribir artículos de prensa y revistas, libros y el blog: www.unavidafeliz.com, que es visitado por más de 2.800.000 cibernautas en 119 países, así como conferencias y conversatorios, todos orientados a inducir a las personas a no dejarse afectar por el pasado, porque es un muerto; ni por el futuro porque no ha nacido; estimulándolos a dedicar todo lo mejor y más entusiasta  de la existencia, a ese diario transitar por el camino de la vida; cual no sólo tenemos la capacidad de hacer agradable y didáctico, sino inclusive, impregnarlo de magia y entusiasmo que contagie a nuestros congéneres negativos. Es durante el recorrido del camino que podemos amar, disfrutar de las flores, de la risa de los niños, del canto de los pájaros, del ruido de las quebradas, de las olas del mar; degustar los  manjares en que nuestros hermanos saben  convertir los recursos naturales que Dios puso sobre la tierra para nosotros, así como de mirar y escuchar a esas personas que amamos, cuya presencia, compañía y voz, dan sentido a nuestra vida.

Luego de todo lo expresado, en una reflexión sincera del qué y el por qué de nuestra vida… ¿No les parece una pérdida de tiempo dedicar nuestro intelecto a intuir un destino desconocido, cuando la realidad del hoy –que es el camino que en todo momento estamos recorriendo- tiene tantas cosas buenas y bellas que ofrecernos? Como todo en la vida, creer y preocuparse del destino es una opción exclusiva del libre albedrío de  cada ser humano, que yo respeto, pero que estoy obligado a declarar que no comparto; precisamente porque no le aporta nada a esa maravillosa bendición de vivir el hoy y no de sobrevivirlo, que definitivamente es la opción por mí libremente escogida y predicada  hoy y siempre.

Si tienes alguna duda o requieres aclaración sobre el tema aquí tratado, el correo del autor está disponible: amauricastillo@gmail.com

Es una creencia casi generalizada que Dios determina nuestro destino desde antes de haber nacido y que eso es infalible;  no discuto tal  criterio, especialmente porque como soy un convencido de nuestra absoluta posibilidad de ser felices, para lo cual se requiere ser muy positivo, no puedo darme el lujo de preocuparme por algo que pudiera convertirse en una obsesión  negativa, como es para una gran mayoría de personas, el destino. Es que en mi personal concepto, lo que Dios sí que nos dispuso como una hoja de papel en blanco,  fue el camino que debemos recorrer durante toda nuestra vida -que por cierto es lo que  sí debe interesarnos-  por lo cual nos dejó en plena libertad de darle el sentido, color, sensación y sabor al paisaje, así como a cada  bache o recodo del camino; de tal manera que, en su inmensa sabiduría, creo que  para no aportarnos focos de preocupación innecesaria, nos dejó en libertad de diseñar nuestro propio “camino”, por lo cual nos regaló la posibilidad de hacer de ese viaje de nuestra vida, lo que más nos plazca, agrade o nos parezca conveniente. En tal sentido, para que pudiésemos estudiar, entender y encontrar la mejor forma de vivir esa extraordinaria experiencia de ese viaje, nos dotó de inteligencia y raciocinio, al tiempo que puso sobre el camino diferentes subidas, bajadas, obstáculos y/o accidentes, que nosotros con todos los recursos intelectuales y físicos de que fuimos dotados, pudiésemos perfectamente determinar la mejor forma de esquivarlos, superarlos, ignorarlos  o disfrutarlos, conforme nuestra propia forma de ver la vida y las cosas.

No es fácil emitir criterio sobre lo que piensan o sienten otras personas, por lo cual pareciera  lo más acertado, hablar de nuestras propias circunstancias y vivencias; a ese respecto y refiriéndome al camino de la vida que durante setenta y ocho años he transitado, debo comentar que desde que tengo verdadero uso de razón he estado perfectamente consciente de que no existe un destino predeterminado para mí, ese me lo hago yo;  inclusive ese elemento impredecible que a tantos preocupa y que denominan futuro, cual para mí –no obstante la insistencia de mi padre de que era muy importante- tampoco tuvo ni tiene tanta importancia, precisamente porque es imprevisible, impreciso e indeterminado, por lo cual no lo considero trascendente como parte de mi camino; quizás porque siempre he tenido plena conciencia de que, si fuere que llegare,  lo único que puedo aportarle para mi beneficio,  sería hacer bien lo que me corresponde… hoy.

¿Qué la manera de transitar nuestro camino  tenga que ver con nuestro posible destino? Pareciera lógico, por lo cual como  yo juego a ganador, no desperdicio ninguna posibilidad; es que estoy seguro que mi camino es hoy, por lo tanto es a este día  de hoy a quien debo toda mi atención, amor y cuidado. Estoy consciente de que conmigo transitan a mi lado, detrás y al frente, mis hermanos humanos y mis hermanos los animales;  a ambos me debo por mi principio fundamental de  utilidad y humanidad. De la misma forma,  a los recursos naturales que Dios dispuso sobre y en esta tierra para mi beneficio, estoy obligado a proteger, cuidar y defender a toda costa, so pena de desaparecer como especie sobre esta tierra, o por lo menos de negar su conocimiento, belleza, beneficio y disfrute, a las futuras generaciones. Como  observarán en  lo expresado en este párrafo, en nada puede ayudarme a mejor vivir mi camino, el pensar o preocuparme por un destino que, como el futuro, no es determinable de ninguna manera.

Tristemente he conocido personas que viven consternados por lo imprevisible de su posible destino o lo que pudiera sucederles mañana, que es como decir: en el futuro. Tanto me ha preocupado esta tendencia,  que he dedicado una buena parte de mi vida a escribir artículos de prensa y revistas, libros y el blog: www.unavidafeliz.com, que es visitado por más de 2.800.000 cibernautas en 119 países, así como conferencias y conversatorios, todos orientados a inducir a las personas a no dejarse afectar por el pasado, porque es un muerto; ni por el futuro porque no ha nacido; estimulándolos a dedicar todo lo mejor y más entusiasta  de la existencia, a ese diario transitar por el camino de la vida; cual no sólo tenemos la capacidad de hacer agradable y didáctico, sino inclusive, impregnarlo de magia y entusiasmo que contagie a nuestros congéneres negativos. Es durante el recorrido del camino que podemos amar, disfrutar de las flores, de la risa de los niños, del canto de los pájaros, del ruido de las quebradas, de las olas del mar; degustar los  manjares en que nuestros hermanos saben  convertir los recursos naturales que Dios puso sobre la tierra para nosotros, así como de mirar y escuchar a esas personas que amamos, cuya presencia, compañía y voz, dan sentido a nuestra vida.

Luego de todo lo expresado, en una reflexión sincera del qué y el por qué de nuestra vida… ¿No les parece una pérdida de tiempo dedicar nuestro intelecto a intuir un destino desconocido, cuando la realidad del hoy –que es el camino que en todo momento estamos recorriendo- tiene tantas cosas buenas y bellas que ofrecernos? Como todo en la vida, creer y preocuparse del destino es una opción exclusiva del libre albedrío de  cada ser humano, que yo respeto, pero que estoy obligado a declarar que no comparto; precisamente porque no le aporta nada a esa maravillosa bendición de vivir el hoy y no de sobrevivirlo, que definitivamente es la opción por mí libremente escogida y predicada  hoy y siempre.

Si tienes alguna duda o requieres aclaración sobre el tema aquí tratado, el correo del autor está disponible: amauricastillo@gmail.com

Es una creencia casi generalizada que Dios determina nuestro destino desde antes de haber nacido y que eso es infalible;  no discuto tal  criterio, especialmente porque como soy un convencido de nuestra absoluta posibilidad de ser felices, para lo cual se requiere ser muy positivo, no puedo darme el lujo de preocuparme por algo que pudiera convertirse en una obsesión  negativa, como es para una gran mayoría de personas, el destino. Es que en mi personal concepto, lo que Dios sí que nos dispuso como una hoja de papel en blanco,  fue el camino que debemos recorrer durante toda nuestra vida -que por cierto es lo que  sí debe interesarnos-  por lo cual nos dejó en plena libertad de darle el sentido, color, sensación y sabor al paisaje, así como a cada  bache o recodo del camino; de tal manera que, en su inmensa sabiduría, creo que  para no aportarnos focos de preocupación innecesaria, nos dejó en libertad de diseñar nuestro propio “camino”, por lo cual nos regaló la posibilidad de hacer de ese viaje de nuestra vida, lo que más nos plazca, agrade o nos parezca conveniente. En tal sentido, para que pudiésemos estudiar, entender y encontrar la mejor forma de vivir esa extraordinaria experiencia de ese viaje, nos dotó de inteligencia y raciocinio, al tiempo que puso sobre el camino diferentes subidas, bajadas, obstáculos y/o accidentes, que nosotros con todos los recursos intelectuales y físicos de que fuimos dotados, pudiésemos perfectamente determinar la mejor forma de esquivarlos, superarlos, ignorarlos  o disfrutarlos, conforme nuestra propia forma de ver la vida y las cosas.

No es fácil emitir criterio sobre lo que piensan o sienten otras personas, por lo cual pareciera  lo más acertado, hablar de nuestras propias circunstancias y vivencias; a ese respecto y refiriéndome al camino de la vida que durante setenta y ocho años he transitado, debo comentar que desde que tengo verdadero uso de razón he estado perfectamente consciente de que no existe un destino predeterminado para mí, ese me lo hago yo;  inclusive ese elemento impredecible que a tantos preocupa y que denominan futuro, cual para mí –no obstante la insistencia de mi padre de que era muy importante- tampoco tuvo ni tiene tanta importancia, precisamente porque es imprevisible, impreciso e indeterminado, por lo cual no lo considero trascendente como parte de mi camino; quizás porque siempre he tenido plena conciencia de que, si fuere que llegare,  lo único que puedo aportarle para mi beneficio,  sería hacer bien lo que me corresponde… hoy.

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