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Archive for the ‘OPTICA DE LA VIDA’ Category

¿Qué importancia tienen nuestras raíces? En verdad, como todo en la vida, depende de la idiosincrasia de quien lo analice. Nuestras raíces como seres  humanos, no se refieren solo a quienes fueron nuestros padres o donde nacimos. Nuestras raíces nacen en nuestra historia personal y van a  mantenerse siempre. Tenemos raíces territoriales, familiares, culturales, e inclusive  de ensueño. De donde vienen nuestros ancestros es una raíz, que suele a veces marcar nuestra vida, por la forma de ser de nuestros mayores, su idioma, sus costumbres y en general, su cultura que en mucho nos es transferida. El sitio donde nacemos, sin duda alguna es otra raíz fundamental, porque es de allí de donde tomamos nuestra forma integral de ser. Es la forma de actuar, de  hablar, de comunicarnos, de mantener algunos valores como prioritarios, lo que  heredamos de esta raíz. En muchas ocasiones y por diferentes razones, donde reposan los huesos de nuestros ancestros, suele convertirse en una raíz de tanta fortaleza que oímos decir: ” … yo quiero que mis restos reposen al lado de los de mis padres.”

Las raíces son esos nexos existenciales, que en silencio,  habitan lo más profundo de nuestra alma,  de los cuales nace el arraigo a los lugares, a los valores y a las cosas que estimamos especialmente trascendentales. Normalmente, las raíces tienen que ver mucho con el pasado y el recuerdo. Por eso es importante la defensa de nuestra  historia y nuestra cultura. Es que en nuestra vida, casi siempre, cada acto que realizamos o cada cosa que valoramos, deviene o tiene su propia historia que nos vincula.

Especialmente el sitio donde nacemos y/o crecemos, es una raíz de gran profundidad, porque de allí tomamos los valores que regirán nuestra conducta de vida. A veces, cuando el sitio donde nacemos tiene graves problemas algunos se preguntan ¿Por qué tal o cual persona,  teniendo todas las posibilidades de irse no se va del País? Lo hacen porque no piensan en el arraigo, en las raíces de esa persona que persiste en quedarse, precisamente porque son existenciales… no están a la vista.

Yo, personalmente, me digo: si durante las últimas cinco décadas, teniendo gran parte de mi familia en Colombia, Europa y USA, así como todas las condiciones, oportunidades y recursos para irme… ¿Por qué sigo aquí? Y la respuesta es obvia:  arraigo a la tierra que me vio crecer, formó mi personalidad, mi educación, me dio mi bella esposa y hermosa familia, quienes también aquí crecieron  y se formaron, y aunque la mayoría  hoy ya no vive en Venezuela, fue esta tierra la que les dio la oportunidad de la formación básica, que igual que a mí, nos permite vivir aquí o en cualquier otro lugar comodamente, porque esa especial y maravillosa forma de ser del venezolano, la llevamos a cualquier sitio donde vamos, y como quiera que se fundamenta en valores humanos universales, siempre será bienvenida en cualquier parte.

Como nunca he creído en fronteras naturales para el hombre, porque el mundo es de todos, por lo que  aquellas que existen corresponden a una cultura geopolítica, me siento un hombre universal, por lo cual mi patria originaria es todo el mundo;  pero Venezuela es ese pedacito dentro de mí ser interno, anterior a cualquier otro sitio de este amplio mundo, porque aquí siento que están mis raíces más profundas. También aquí están mis amigos que amo, que son parte importante de mi  vida cotidiana  y que conforman esa familia especial que yo mismo voluntariamente escogí, porque no me llegó de forma genética o consanguínea;   por eso aquí estoy, por eso de aquí no me voy; porque Venezuela es mi raíz más profunda; de alguna manera es como mi madre y…  hasta el último momento, yo quiero estar con ella.

Si tienes alguna duda o requieres aclaración sobre el tema aquí tratado, el correo del autor está disponible: amauricastillo@gmail.com

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CUANDO EL AMOR SISTITUYE AL DINERO

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Seguramente muchos lectores no estarán de acuerdo con lo que aquí escribo, y hasta pudiera ser que me odien por ello. En verdad, no me afecta ya que, por una parte alguien debe decir estas cosas, y por la otra ese es el riesgo de quienes escribimos para el gran público  y no para una élite de intelectuales.

 Anoche, mirando la televisión, accidentalmente accedí a un canal donde un hombre sangraba copiosamente de su cara y sus ojos estaban hinchados, mientras su contendiente  golpeaba con saña ese rostro destrozado, para el disfrute de un público que gritaba emocionado, de la misma forma como lo hacían los romanos, frente al horror y el retumbo de los lamentos y muerte de cristianos, esclavos o gladiadores perderos, cuando  eran desgarrados y devorados por los leones. Pareciera que no hemos avanzado mucho en nuestro crecimiento espiritual, en los dos últimos Milenios.

No obstante que apagué el televisor quedé realmente afectado, reflexionando sobre el que no entiendo que en pleno Siglo XXI, se continúe una práctica tan cruel donde un ser humano hace daño a otro en su cuerpo, disfrutando tanto el agresor como los espectadores, del sufrimiento del herido que siente dolor  y se desangra, en ese acto brutal digno de bestias  y no de seres humanos.

La primera pregunta que vino a mi mente fue ¿A dónde se fue el amor, como valor esencial que supuestamente nos une a los humanos? ¿Qué pasó con la compasión que nos hace diferentes de los animales irracionales? Y bajo la consideración cierta de que, una persona propinaba  con satisfacción heridas a su hermano humano, sin considerar las consecuencias, el dolor y la sangre derramada, únicamente porque de tal  manera ganaría dinero, me hizo sentír aun más mal; no es fácil entender que, en algunas actitudes y actuaciones, ciertamente no  hemos avanzado suficiente en busca de esa sociedad que todos ambicionamos, donde el amor, la compasión, la caridad, la solidaridad humana  y la paz, rijan nuestro destino.

Aún más adolorido me sentí al considerar que esta sociedad alienada que estamos viviendo, considere un deporte el que dos seres humanos conscientemente se hagan daño, peor que si fueran fieras, porque estas últimas normalmente no se agreden, y cuando lo hacen, lo es por su originalidad, irracionalidad y ausencia de conciencia, para defender su vida o proteger su territorio, porque no conocen otro medio o regla para lograrlo.

Nuestro fundamento de vida en sociedad, no puede ser otro que el amor, la compasión, la caridad y la solidaridad entre nosotros,  cual es esa condición especial que heredamos de Dios: LA INTELIGENCIA, que nos hace sentirnos como hermanos humanos y consecuencialmente en la necesidad de ayudarnos, socorrernos y perdonarnos.

Creo que el origen del mayor de los  males actuales de una gran parte de la sociedad actual, se fundamenta en que el elemento DINERO  –que es sólo un medio para adquirir bienes y servicios-  se ha convertido en UN VALOR DE PRIMERA CATEGORÍA, y como consecuencia, para lograr dinero ya no tiene importancia cuánto daño se produzca  a la sociedad, a un grupo o  al medio ambiente; cuanto se haga sufrir a otra persona o sus consecuencias para nosotros mismos.  Dolorosamente hoy, Lo importante es ganar DINERO, sin importar cual sea su origen.

 

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AMOR INTEGRAL

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Dimensionar el amor, medirlo o sopesarlo física o intelectualmente, es prácticamente imposible, más allá de una sensación de auto seguridad; porque se produce en la más absoluta interioridad de nuestra alma, donde sólo nosotros tenemos acceso. Sin embargo, tengo que   decir que -al menos para mí como individuo- el amor integral entre dos seres que se aman no puede ser de medias tintas, por temporadas o de acuerdo a nuestro carácter, sino que su integralidad reside en que abarca lo físico y lo espiritual, hasta lograr la confusión de ambos sentimientos: el cuerpo y el alma, como sexo y espíritu en comunión.
     Tengo cualidad para decirlo, porque lo he vivido por más de cuatro décadas cuando siempre lo he  sentido como una semilla que nació con una mirada, germinó con un trato afable, sincero y respetuoso; luego fueron surgiendo los retoños: el amor sensual, la emoción, la pasión, la comprensión, la consideración, la aceptación, la buena comunicación y la constante convicción de que la relación se mantendría para siempre.
     En su segunda etapa, surgieron esas pequeñas florecillas que luego se convirtieron en nuevas semillitas, imbuidas de nuestra herencia genética, que luego al brotar como pequeñas plantas fueron abonadas y regadas por nuestro amor, ternura, respeto, comprensión, enseñanza y… ejemplo. Esa siempre agradable labor, hizo realidad ese proyecto maravilloso que iniciamos al comenzar nuestra relación, cual no era otro que -mediante una familia- hacer eterno sobre esta tierra, mediante ellos,  ese amor sano, sincero, emocionante y solidario que construimos con altibajos, tropiezos, desaciertos y correcciones; pero con armonía, solidaridad, sensibilidad, vocación de permanencia; con seguridad de que -si manteníamos nuestros principios fundamentales sobre los cuales cimentamos nuestra relación de pareja- al final tendríamos éxito.
     Creo que el amor de pareja no puede ser una etiqueta, un show, un espectáculo o una tendencia de un tiempo o un espacio determinados. El amor de pareja tiene que ser un agradable compromiso, lleno de esa magia que únicamente puede producir el cariño real, verdadero y ejercido con libertad; pero no para satisfacer a la sociedad, grupos, amistades, familia o religiones.
     Este amor, simplemente hay que sentirlo como delicioso, alimentándolo de forma agradable, emocionante, renovada  y… permanentemente; porque son estos elementos los que le dan ese toque mágico que supera la belleza de la juventud, la etapa difícil de la madurez, las canas, las arrugas y los achaques que nos dejan los años, para producir el milagro de la bonanza y tierna seguridad de los años dorados.
     Que cosa más edificante que sentir enamoramiento, pasión, ternura, hermandad, solidaridad sin límites y lealtad a toda prueba en esa otra persona que es nuestra pareja, porque sin que nadie te lo imponga sientes que ella es tu novia, amante, amiga, hermana;  y esa persona única a quien todo puedes contárselo sin reservas; con quien todo lo puedes comentar y compartir, porque no te ama por sus recuerdos de cómo fuiste o lo que hiciste, sino  que te ama por su realidad de cómo eres ahora mismo, sin importar si eres más joven o más viejo, más fuerte o más débil, más o menos elegante,  más o menos sano. Simplemente, te ama por lo que eres y como eres ahora; porque ese es el milagro del amor integral, que no tiene recuerdos de lo pasó ni temores a lo pudiera sobrevenir adelante: el amor integral nos cobija, con la seguridad de que Dios nos bendice cuando amamos como él nos enseñó: SIN LÍMITES NI PREJUICIOS DE NINGÚN GÉNERO.

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CUANDO PARAR

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 Hoy con tristeza, mirando en un Diario la foto de  un cantante internacional muy querido, quien se presenta para actuar con su pelo blanco, bastante demacrado por una enfermedad muy grave que padece y con un respirador de oxígeno,  se me hace difícil entender por qué lo hace; especialmente si consideramos que los científicos calculan que, el hombre tiene sobre la tierra unos cien mil años, así como que la  máxima edad alcanzada por un humano no supera los 120 años; me pregunto: ¿Qué son ciento veinte años en cien mil años?. Bueno, pienso que nuestra vida, aún para los  más robustos” –como denomina La Biblia a quienes alcanzan los ochenta años- lo es algo así como un corto suspiro, y esto  es una realidad que debemos aceptar como una circunstancia vivencial, al menos hasta hoy… irreversible.  

    Pues bien, con tales antecedentes no tengo duda que este Artista, tiene el mismo problema como algunas personas que he conocido, muy buenos y hasta excelentes para las ciencias, las artes, las letras y los negocios, pero  que no lograron acertar en aquello de CUÁNDO PARAR, y como consecuencia, probablemente no disfrutaron de lo que suelen llamar “los años dorados”, que les denominan tales, precisamente porque ya no se requiere tanta actividad y se dispone de tiempo para materializar aquellas aspiraciones, que por la permanente actividad laboral les era difícil recrear a su antojo. Especialmente en el caso aludido, presentarse para dar un concierto a un público que lo amó y admiró no sólo por su voz sino también por su elegancia, es realmente desolador.

   No digo que un hombre  sano de más de setenta años tenga que jubilarse, porque yo tengo setenta y cinco  y no lo hago, ya que continuo realizando algunos Asesoramientos Jurídicos Corporativos y escribiendo; pero es que yo  no estoy enfermo,  en cambio éste sí que lo está  y tan grave que sus médicos manifiestan temor por un pronto y fatal desenlace. En ese mismo error incurrieron algunos conocidos y amigos, quienes no entendieron esa importante necesidad de determinar cuándo parar,  y el resultado fue realmente doloroso. 

    Este Artista es un hombre valeroso y lleno de fe, por lo cual ruego a Dios que supere sus males, pero tengo duda que en el mundo de las probabilidades y no de las posibilidades, sea dando conciertos de ciudad en ciudad con un tanque de oxígeno a cuestas, como pueda ayudar a su fe  para superar su situación actual. Sin duda, su talento y vocación artística, bien podría aplicarlos en actividades menos duras, pero quizás tan o más provechosas para la sociedad.

    No quiero decir echarse en una cama a morir; pero sí bajar el ritmo, regalándose su buen tiempo para descansar, disfrutar de su gente amada, de sus comodidades, de buena y oportuna alimentación, de la contemplación y meditación, que son tan importantes, como inteligentemente lo resumiera el Dalai Lama: “para vivir”. Hoy escribo estas líneas sobre la base de la sentencia de Jesús, cuando dijo: “… el que tenga ojos que vea…”.

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EL REGALO MÁS GRANDE DEL MUNDO

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Para muchas personas esta frase pareciera trillada, pero por mi formación espiritual, conozco su resultado y me siento obligado a divulgarlo; ya que, si sólo sirviera para la reflexión positiva de una sola persona, me sentiría compensado. Desde que tengo uso de razón, considero mi vida como EL REGALO MAS GRANDE DEL MUNDO, porque gracias a ella puedo percibir la hermosura de la naturaleza y las personas; pero además comunicarme con mis semejantes, así  como con especies animales y vegetales, como las mascotas y las plantas, que no tengo duda distinguen y/o aprecian mis caricias, palabras y sentimientos.

Ese milagro maravilloso que es mi vida, en un mundo donde somos  tan vulnerables, pienso que para mantenerse como tal requiere de formación cultural. Vale decir, que así como para sobrevivir físicamente tenemos que cuidar nuestra salud y nuestros pasos, espiritualmente tenemos que cultivarnos y fortalecernos, lo cual únicamente podemos alcanzar meditando sobre cada uno de nuestros actos, manifestación e introspección de nuestros sentimientos.

En tal sentido, si queremos aumentar la posibilidad de supervivencia física nos conviene una buena alimentación, evitar riesgos innecesarios y no hacer daño a ninguna persona o elemento natural, lo cual nos aseguraría un alto porcentaje de éxito a nuestro favor; más como lo físico y espiritual es biunívoco, uno de los grandes riesgos para nuestro cuerpo son las enfermedades, las cuales en su gran mayoría –independiente de lo que piensen algunos científicos- se producen como consecuencia del estrés, cuando albergamos sentimientos destructivos como la intranquilidad, desamor, remordimientos, odios, envidias, deseos de venganza, vacíos vivenciales; o simplemente,  cuando no tenemos nuestra conciencia tranquila, porque en algo no hemos actuado correctamente.

Por mi experiencia he aprendido, que la tranquilidad y a ser posible la  fortaleza espiritual que nos permiten sentirnos en paz, es la mejor medicina preventiva frente a posibles patologías e invalorables en los procesos de sanación, como ya ha sido aceptado por la Sicología Positiva. Asimismo, que el amor,  la generosidad y la felicidad, son las mejores oraciones a nuestro Padre Celestial; porque demuestran la excelencia de su obra, representada por nosotros.

Aprecio la vida, porque gracias a ella puedo decir “te amo” sin importar el origen, sexo, raza o nacionalidad de mis semejantes; porque me permite percibir a Dios en mi ser interno y esto, además de fortalecer mi fe y esperanza, me elimina cualquier temor o desconfianza.

Finalizo recordando que –más allá de esa parte aleatoria de nuestro destino que no podemos controlar- Dios nos dota de todas las herramientas necesarias para ser felices, pero que a nosotros toca utilizarlas eficientemente, de tal manera que nuestra vida se convierta realmente, en EL REGALO MÁS GRANDE DEL MUNDO.

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NO PREDISPOSICION A LAS ENFERMEDADES

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Si bien es cierto que -conforme se nos ha enseñado- los gérmenes así como algunos rasgos genéticos con que venimos al mundo, pudieran predisponernos para contraer algunas enfermedades, no menos cierto es que la mayoría de las personas felices, positivas, proactivas, generosas, amables, amigables y socialmente solidarias,   suelen ser menos propensas a contraer enfermedades que aquellas asustadizas, hurañas, gruñonas, estresadas, coléricas o faltas de fe; siendo que además, cuando las primeras se enferman tienen un proceso muy rápido de curación, pero en el caso contrario, las personas negativas, pesimistas y descreídas, si no perecen, quedan afectadas, al menos sicológicamente… de por vida.

 Debo confesar que, por experiencia propia he comprobado la valiosa contribución benéfica que, objetivamente,  produce en los procesosde sanación, las características de personalidad positiva, proactiva y feliz del paciente, antes indicadas.

Conozco personas de mi entorno, que viven atemorizadas por el riesgo de ser contaminadas por un insecto volador o rastrero, un virus, e inclusive, por la taza del café. Asimismo, viven angustiadas de que cualquier enfermedad ataque su colon, su estómago, vejiga o cualquier otro de sus órganos; olvidando que los humanos, como obra perfecta de Dios, tenemos un sistema especial inmunológico de defensa, cual funciona automáticamente frente a cualquier peligro a nuestra salud; claro está que tenemos que ayudarlo, lo cual no es difícil de lograr si dormimos una cantidad mínima de 7 u 8 horas, nos alimentamos sanamente ingiriendo frutas, hortalizas, vegetales como los granos, y a ser posible, carnes blancas o magras como el pescado, pavo etc., evitando el abuso en el consumo de tabaco, licor, carnes rojas; y procurándonos tranquilidad espiritual, lo cual no es difícil si no odiamos, sino que amamos; no nos vengamos sino que perdonamos; no envidamos sino que celebramos el bienestar ajeno; enaltecemos a nuestros semejantes y no los disminuimos; prestamos ayuda al necesitado sin esperar recompensa.

Sobre el mismo tema, considero importante para la salud, nuestra posición mental; vale decir, mantener un buen estado de ánimo y armonía en nuestro entorno. Si seguimos estas reglas, pero además evitamos conflictos graves familiares  e íntimos, sin duda alguna a cualquier enfermedad le será muy difícil penetrar nuestro cuerpo o mente.

 Específicamente, creo que  en mucho, algunos cánceres comienzan en la mente o en el espíritu de las personas; si se vive permanentemente atemorizado de que se puede sufrir de cáncer o se mantiene una vida conflictiva en el entorno familiar e íntimo, el resultado puede ser precisamente, el surgimiento de esa temida enfermedad, como lo demostró el Dr. Hammer en sus estudios científicos sobre el cáncer de mamas, con escaneos cerebral en más de 100 pacientes en ese tipo de cáncer, que demostraron la conexión directa entre el conflicto previo o actual y la enfermedad.

En mi caso, como sobreviviente de un cáncer muy agresivo, aprendí: primero, que el cáncer no significa ni tiene porque significar, muerte; en segundo término,  que en el proceso de sanación, el deseo de vivir, la actitud positiva, el buen estado de ánimo, el amor del entorno y la apropiada nutrición, sin ninguna duda, producen efectos tremendamente efectivos en la sanación y así estoy obligado a divulgarlo.

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EL VALOR DE LA VIDA

la vida III

Creo, sinceramente, que la vida es invalorable;  ya que, mientras la poseemos tenemos esperanza, que  no es otra cosa que la expectativa de continuar… viviendo. Porque vivir, en cualquier instancia es,  simplemente, fenomenal. Basta con mirar, oír o disponer de alguno de nuestros sentidos, para disfrutar la belleza de la vida. Incluso aquellos que están inválidos y no pueden mover ninguno de sus miembros, sólo percibir de alguna forma un ser amado, le reconforta y aumenta su deseo de vivir: siempre con la esperanza de recuperarse. Si lo expresado es así, como sin duda puedo asegurarlo porque he vivido las situaciones, quizás  más difíciles y cercanas a la muerte -sin que haya decaído mi esperanza de continuar viviendo- estoy obligado a compartir con mis hermanos humanos, la necesidad de no desperdiciar la insustituible experiencia de vivir, que malgastamos cuando nos disgustamos, nos peleamos o nos sentimos tristes porque algo no sale como lo deseamos; no recibimos el trato que esperamos de otras personas; no tenemos todos los bienes, riquezas, fama o poder que creemos merecer.

Ciertamente, cuando comparamos nuestra expectativa de vida con la edad del mundo, notamos que es tan corta pero tan corta, que perder un segundo preocupándonos por algo –teniendo o no solución- en vez de ocuparnos en disfrutar tantas bendiciones que Dios puso sobre la tierra para nuestro deleite,  es… inexcusable. Si percibimos los tropiezos o fracasos como enseñanzas; el dolor como maestro;  el desprecio o desamor hacia nosotros, como catalizador de nuestra capacidad de blindaje espiritual; la carencia de bienes materiales, conocimiento, cultura o fortuna, como un reto para lograrlos; los sueños como metas a alcanzar; la soledad como medio para apreciar la compañía;  y la tristeza como calibrador de la bondad de la alegría, seguramente entenderíamos mejor el privilegio de vivir. Es que, todas esas circunstancias que, tomadas a la ligera parecieran negativas, son precisamente, las que nos hacen valorar las situaciones antagónicas, que más allá de lo inmediato, nos permiten adquirir aunque fuere un poco de… sabiduría, sin la cual jamás podríamos apreciar lo maravilloso de vivir, que es como decir: experimentar la felicidad.

Honestamente, vale la pena reflexionar al respecto; porque la vida es corta y elemental, pero llena de oportunidades para la plenitud física y espiritual que podemos regalarnos, porque depende de nuestra actitud –positiva o negativa- frente a los eventos de la vida diaria.

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EL MAYOR TESORO

GENTE FELIZ

 Para la mayoría de muchas personas el mayor tesoro es la vida. Si como en mi caso la conciben de carácter físico-espiritual, definitivamente no tiene por qué ser igual para todos, ya que va a depender de variables vivenciales, que en  mucho responden a como interpretemos los acontecimientos y circunstancias diarias que nos acontecen. De hecho y por poner un ejemplo, no lo puede ser  igual para una persona normal que para un sicótico o  un demente. Pienso que la vida es un tesoro, pero siempre que sea feliz; porque la felicidad conlleva, en primer lugar, el sentimiento de realización material y espiritual que la caracteriza, lo cual no tiene que ver con género, raza, edad  o condición social, ni está condicionada por el tiempo y el espacio, sino por la forma como personalmente percibimos y procesamos los acontecimientos que conforman nuestra existencia cotidiana. Así que si ponemos como el máximo tesoro humano en vez de la vida, la felicidad, sin ninguna duda apreciaremos y disfrutaremos todas las maravillosas bendiciones que existen sobre esta tierra para nuestro disfrute; y en tal sentido, será la vida físico-espiritual feliz la primera de esas bendiciones, precisamente porque gracias a ella podemos experimentar nuestras sensaciones y sentimientos.

En segundo lugar, tomaremos la salud física y mental como otra bendición muy especial y en ese mismo orden de ideas, la felicidad será la aplicación de nuestro intelecto representado en nuestro libre albedrío y estado de ánimo a todo acto, suceso, evento o hecho que produzcamos o personalmente nos afecte. Así tendremos a nuestro favor, entre otras,  maravillosas herramientas para las cuales sólo requeriremos de nuestra voluntad. A tal fin tenemos con nosotros sentimientos exclusivamente racionales, que no dependen de ningún factor externo a nosotros mismos,  como el amor, la alegría, la generosidad, la solidaridad, la sensación de utilidad y la convicción de que no somos un accidente de la naturaleza, sino la creación única y especial de Dios.

Pues bien, ese maravilloso tesoro que es la felicidad, se da precisamente, cuando amalgamamos de forma  ordenada esos sentimientos en función del propósito de ser felices. Eso le da la importancia al amor que se da y recibe; a la generosidad, solidaridad, alegría que generamos y transmitimos; al sentimiento de sabernos útiles con nuestras actuaciones, frente a nuestros semejantes. Y lo más importante, cuando vivimos ese mundo de felicidad integral, somos mejores en todo y para todos; con ese positivo estado de ánimo blindamos nuestras defensas naturales, fortaleciendo nuestro sistema inmunológico frente a la acechanza casi permanente de las enfermedades, pues  que de tal forma les eliminamos el terreno abonado donde medrar.

 

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EL MUNDO DANDO VUELTAS

Me entristece y perturba, pero no me asombra, cuando observo en el panorama nacional  la ausencia de solidaridad humana y la insensibilidad, que parecen haberse apoderad o de muchos de  mis hermanos venezolanos. Los medios de comunicación masiva nos anuncian que:  “… una madre  asesinó sus hijos y los congeló en una nevera…”; “…aparece una chica descuartizada…”; “un hijo mata a sus padres y luego se tira por el balcón de su apartamento…”, y todos los días aparece un caso nuevo desgarrador y horripilante. ¿Qué podemos hacer ante tanta barbarie, insensibilidad y muerte, para no terminar enfermos de dolor y angustia? Creo que como ciudadanos comunes y corrientes, desde el punto de vista de atacar fácticamente el problema, debemos colaborar sin miedo informando a las autoridades de lo que conozcamos en cada caso; asimismo, además de extremar nuestros cuidados personales, estar alertas para avisar sobre cualquier actitud sospechosa, ruido extraño, grito de auxilio o ayuda que escuchásemos.

Respecto de nuestra salud mental, al menos en mi caso he optado por convencerme de que estamos viviendo un nuevo y especial tiempo. Siento que, como nos lo enseña la historia,  cada era tiene sus características propias, especialmente en sus inicios. Estamos comenzando un nuevo Siglo y un Milenio al mismo tiempo, situación que sólo se da cada mil años. Esto es, que el mundo está dando a luz una nueva era, cuando de una u otra manera los valores comienzan a cambiar, sobreponerse y extrapolarse. Esta situación requiere de valor para aceptar los cambios sin aterrarnos, manteniendo sin embargo nuestros principios y valores, ya que esta situación anómala no sólo  se produce en Venezuela, sino en el mundo entero; basta leer los periódicos y sites de web internacionales, para evidenciar tal aseveración. Si aceptamos los cambios como algo de la época, no nos afectarán  más de la cuenta, porque son indefectibles.

Mi escudo mental frente a esta situación agobiante es mi fe en Dios y en que siempre, independiente de la circunstancia, el bien vence al mal. Jesús de Nazaret expresaba, en más o menos las siguientes palabras, que: “Mi Padre sabe mejor que tú lo que te conviene antes de que tú lo pienses.”; por tanto, si tengo fe en que El conoce nuestras necesidades, y siendo la más importante para vivir  la protección de nuestra persona física, entonces,  como se escribe en los Evangelios: Si Dios está conmigo… ¿A quién temeré?

 

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Al tema se da trascendencia, por la supuesta importancia para la satisfacción integral del individuo; especialmente por la atribuida incidencia en la actuación y apariencia personal. Sin embargo, para las personas centradas, no importa demasiado lo que de ellos crean los demás, sino el valor y peso que de ellas mismas tienen; y eso es… la autoestima.

Si se es banal, pendiente de la moda, de las etiquetas sociales y el marketing de los medios masivos, seguramente será difícil fortalecer la autoestima, ya que en tal caso, dependerá en mucho el cómo verse con respecto a los usos sociales del momento. Pero, si tenemos una sólida formación personal, creemos en los valores humanos y nuestro papel fundamental de utilidad dentro de la sociedad; la autoestima no es más que el producto de la propia concepción personal de nosotros mismos, en el rol que nos corresponda como miembros de una familia, comunidad y/ sociedad determinada; y en esa labor evaluativa nadie puede ayudarnos, porque es un asunto puramente interno.

La alta autoestima, aunque fortalece la personalidad en todos sus ámbitos, se reduce a la convicción de lo qué somos capaces de hacer en cualquier momento y ámbito de nuestra vida; y aunque de alguna manera pudiera incidir, no tiene que ver con la belleza, elegancia de nuestro atuendo o ámbito de importancia del medio en que nos desenvolvemos, porque nada de ello puede inferir nuestro ser interno, que es la cuna donde nace, se hace fuerte y vive nuestra autoestima.

Para tener una autoestima alta, debemos estar seguros que corpórea y espiritualmente, somos la obra más acabada sobre esta madre tierra. Esto es que, físicamente, somos especialmente singulares. Nuestro cuerpo es individual, único, hecho a imagen y semejanza de Dios y eso significa que pudiera ser que, según las etiquetas sociales alguien pueda considerarse más o menos bello que otro, pero en realidad sólo somos diferentes, pero siempre… bellos; porque Dios es bello y los hijos se parecen a sus padres.
Tenemos el poder de dar a cada circunstancia la trascendencia que nos convenga, y ese es nuestro mejor escudo para resguardar nuestra autoestima.
Para mantener mi autoestima alta, estoy seguro de lo que valgo, sé que como ser humano, soy único e irrepetible; consecuencialmente, a cualquier edad represento un valioso obsequio para cualquier otro ser humano. Así que, quien no lo descubra, aprecie o desperdicie, simplemente… se lo pierde.

No necesitamos mostrarnos diferentes a como somos, ni desear la vida de otro, y la autenticidad es elemento importante de nuestra personalidad. En función del amor, sabemos superar nuestra originalidad, elevarnos por encima de nuestra propia naturaleza y eso nos hace… espirituales. Disponemos del intelecto suficiente para diferenciar lo bueno de lo malo; lo seguro de lo peligroso; escogimos la generosidad, y ser útiles nos regala el honroso título de hijos de Dios.

Mis tiempos siempre han sido buenos: cuando niño satisfice mi curiosidad y me reí de todo lo importante; cuando joven aprendí a amar la vida, las personas y a disfrutar con fruición… todo, sin darle mayor trascendencia. En mi madurez aprendí que el respeto, la consideración, el reconocimiento y la admiración, fundamentan el amor verdadero y… permanente. Hice de la generosidad y la felicidad mi ruta: por eso comparto mi pan con el necesitado, abro mi corazón al desvalido y presto mi hombre al desventurado, para recostar su cabeza.
Eso es la autoestima; sentirnos, dentro de nuestra natural sencillez, especialmente seguros de estar dotados por Dios, de todos los atributos necesarios para motivar éxito, bienestar, solidaridad y amor; condiciones fundamentales para combatir el egoísmo y lograr nuestra mayor ambición como seres racionales: LA FELICIDAD.

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