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Archive for the ‘FE Y OPTIMISMO’ Category

VENCIENDO LOS TEMORES

VENCIENDO LOS TEMORES

 

Algunas veces he escrito que “…los temores distorsionan la realidad…”,  y hoy más que nunca estoy absolutamente convencido de esa realidad, pero también que es posible combatirlos y derrotarlos. Cuando miro hacia atrás en  mi vida,  acepto que aquellos que alguna vez me afectaron, nunca llegaron a actualizarse o por lo menos en la entidad de gravedad o consecuencias negativas, como inicialmente los imaginé. Asimismo, por verdadero y didáctico, debo admitir y divulgar que cuando en alguna medida se materializaron, sus consecuencias no fueron tan negativas o graves para mi formación físico-espiritual; sino que  por el contrario, o representaron una enseñanza en pro de una mejor vida o agradecí a Dios porque hubiesen sucedido.

No pareciera discutible, que el temor -cuando fuere razonado y controlable- represente un mecanismo de defensa o de previsión natural; pero también estimo que en su más alto porcentaje, este indeseable sentimiento es sólo creación de nuestra mente que, sin que se haya actualizado porque se trate de presentimientos, nos afecta en el largo camino existencial, perturbando y disminuyendo nuestra capacidad de disfrutar de los sentimientos de seguridad y plenitud de vivir todas las hermosas y reconfortantes bendiciones que tenemos a nuestro alcance, producto de nuestra condición de seres inteligentes, dotados de raciocinio y sentidos que nos alertan frente a situaciones dañosas probables, actuales o futuras.

Si nos convencemos de nuestra capacidad para ser positivos, optimistas, proactivos,  valientes, luchadores, vencedores de obstáculos, generosos, útiles y diligentes; adicionadas estas cualidades a nuestra herencia divina, que nos da cualidad especial dentro de todos los seres vivientes, para reaccionar o aprovecharnos de cualquier situación o circunstancia desventajosa, podemos superar cualquier escenario atemorizante,  que sin ser una realidad -como son la mayoría de los temores- atente con robarnos o disminuir esa bendición especial de que disponemos de vivir una vida plena, disfrutando con fruición de tantas cosas buenas, hermosas y edificantes; situaciones, sentimientos y circunstancias reconfortantes que nos producen alegría, solaz, plenitud y consecuencialmente,  alegría y felicidad.

Nosotros mismos decidimos la manera en que queremos vivir. Si  lo queremos experimentar intensamente, de manera milagrosa y bella, estamos obligados a imbuirnos y practicar diariamente todas esas virtudes ya mencionadas, que son un escudo infranqueable frente a ese enemigo permanente que es EL TEMOR: que al final, como ya lo hemos comentado, resulta de pensamientos negativos de lo que “Podría suceder” o “No hubiese ocurrido a tiempo”, cuales son especulaciones  mentales que estamos en capacidad de controlar con la confianza en sí mismos, la fe y la esperanza, que sí son reales como parte activa de nuestra propio dinamismo físico e intelectual; o si por el contrario, permitimos que una ficción mental que nos atemoriza, pero seguramente nunca llegará o si llegare no será tan grave, entonces por nuestra propia ineficiencia y no la de ninguna otra circunstancia, arruinará nuestro más preciado legado: UNA VIDA FELIZ. 

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A CIERTA EDAD

YO (ANTIGUO LOOK), MATT Y JENNY CON SUS HIJOS RIVER, MARCHI STORY) Hoy, leyendo sobre lo que debería sentir una mujer después de los cuarenta  años, se me ocurre escribir sobre lo que pudiésemos sentir los hombres luego de  los cincuenta; y como tengo ya cincuenta de edad más veinticinco de experiencia, puedo escribir con suficiente cualidad sobre lo que un hombre  siente luego de haber vivido cincuenta años. Por mi propia experiencia, cuando tuve menos de treinta quise comerme el mundo, sin considerar que, si lo lograba terminaría intoxicado de tal manera que seguramente moriría. De los treinta  a los cincuenta entendí que sólo me correspondía una parte de él, precisamente la que me convenía, y por tanto, luché duramente durante ese período, trabajando al lado de esa maravillosa compañera de viaje largo que me regaló Dios: mi nunca suficientemente reconocida y amada esposa. Como resultado del estudio, el tesón, la positividad, la diligencia, la confianza en mí, en la gente y el trabajo en equipo, logré en ese período encontrar una buena parte de mi meta, quizás la más importante que llenó mi espíritu: mi bella familia integrada por mi esposa,  dos hijos y tres hijas, a quienes pude dar  una buena vida en general, incluida su educación universitaria y su formación académica complementaria en el Exterior.
Luego de los cincuenta años, habiendo vivido intensamente cada uno de mis pasos por este mundo, he entendido plenamente que no hay edad especial para ser felices, porque toda edad es buena para el solaz, la plenitud y… el amor; especialmente, porque estas tres maravillosas sensaciones únicamente podemos sentirlas, y eso es algo que nadie puede hacer por nosotros, pero tampoco nadie puede evitar que lo experimentemos. En este período aprendí que no somos ni mejores ni peores que nadie, sino simplemente seres humanos con virtudes y defectos, por lo tanto debemos aceptar gustosamente, que quienes habitan con  nosotros en la intimidad o fuera de ella, sean simplemente seres  humanos con las mismas virtudes y defectos, así como  con las miserias humanas que llevamos dentro, cuales la mayor parte de nuestra vida estamos tratando de contener.
Aprendí también que es mucho mayor la cantidad de gente buena que la mala y que éstas últimas, en su mayoría, son producto de la  inapropiada formación, incomprensión, mal ejemplo y falta de amor de quienes los formaron, pero que también la sociedad no hizo mucho por comprender sus inquietudes, frustraciones y… soledad, por lo cual dejaron de creer en la bondad de sus hermanos humanos, y al actuar en su contra luchan contra ellos mismos, de alguna manera para castigarse, porque saben que toda acción engendra una reacción  proporcional.
Aprendí que las arrugas, el paso lento, el pelo blanco y la nostalgia, que  a los  jóvenes preocupan, no son precisamente una deshonra, vergüenza o, de alguna manera imposibles de evitar; porque  es honroso, venturoso y afortunado llegar a viejos; las arrugas y el paso lento, son como los surcos y el riego que van surgiendo con el  andar por  el camino de la vida,  los cuales, como en la agricultura, son necesarios para la buena cosecha; el pelo blanco y la nostalgia, disponemos de elementos y herramientas que  pueden evitarlos, si es que se desea, porque hay quienes disfrutan la nostalgia y se sienten muy bien con sus canas.
Finalmente, en esta etapa de la vida, aprendemos dos cosas fundamentales para concluir nuestro ciclo vital: la primera, que la mayor fortuna es la fe en Dios que nos regala la  tranquilidad espiritual, que nos permite vencer el temor, disfrutar de un buen sueño y observar con ternura  y  arrobamiento, las muchas bendiciones que El puso para nosotros sobre esta bendecida tierra; la segunda, que la única riqueza realmente necesaria, es aquella que nos suministra las cosas  básicas para una vida cómoda y nos permite disponer de todo lo que requerimos… cada día, lo cual por cierto  no requiere de esfuerzo monumental, sino de  hacer las cosas que convienen en el momento apropiado, esto es, lo que algunos por desconocer estas reglas de la vida, prefieren por comodidad calificarlo como: “tener suerte”. Como corolario, cuando tenemos como yo, una juventud prolongada que puede mantenerse tal hasta el día de nuestra partida, damos gracias a nuestros compañeros de viaje por habernos acompañado en esa ruta compartida, que fue del color que nosotros mismos supimos darle; bendecimos a nuestros descendientes quienes dejamos como semilla que germinará por siempre sobre esta madre tierra; nos convencemos que ayer es un muerto, mañana no ha nacido, por lo cual HOY es lo único que interesa; y con toda tranquilidad, felicidad y conciencia, damos gracias a Dios por haber… VIVIDO.

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NO PREDISPOSICION A LAS ENFERMEDADES

mpañaemfer,eno a la enfermedad

Si bien es cierto que -conforme se nos ha enseñado- los gérmenes así como algunos rasgos genéticos con que venimos al mundo, pudieran predisponernos para contraer algunas enfermedades, no menos cierto es que la mayoría de las personas felices, positivas, proactivas, generosas, amables, amigables y socialmente solidarias,   suelen ser menos propensas a contraer enfermedades que aquellas asustadizas, hurañas, gruñonas, estresadas, coléricas o faltas de fe; siendo que además, cuando las primeras se enferman tienen un proceso muy rápido de curación, pero en el caso contrario, las personas negativas, pesimistas y descreídas, si no perecen, quedan afectadas, al menos sicológicamente… de por vida.

 Debo confesar que, por experiencia propia he comprobado la valiosa contribución benéfica que, objetivamente,  produce en los procesosde sanación, las características de personalidad positiva, proactiva y feliz del paciente, antes indicadas.

Conozco personas de mi entorno, que viven atemorizadas por el riesgo de ser contaminadas por un insecto volador o rastrero, un virus, e inclusive, por la taza del café. Asimismo, viven angustiadas de que cualquier enfermedad ataque su colon, su estómago, vejiga o cualquier otro de sus órganos; olvidando que los humanos, como obra perfecta de Dios, tenemos un sistema especial inmunológico de defensa, cual funciona automáticamente frente a cualquier peligro a nuestra salud; claro está que tenemos que ayudarlo, lo cual no es difícil de lograr si dormimos una cantidad mínima de 7 u 8 horas, nos alimentamos sanamente ingiriendo frutas, hortalizas, vegetales como los granos, y a ser posible, carnes blancas o magras como el pescado, pavo etc., evitando el abuso en el consumo de tabaco, licor, carnes rojas; y procurándonos tranquilidad espiritual, lo cual no es difícil si no odiamos, sino que amamos; no nos vengamos sino que perdonamos; no envidamos sino que celebramos el bienestar ajeno; enaltecemos a nuestros semejantes y no los disminuimos; prestamos ayuda al necesitado sin esperar recompensa.

Sobre el mismo tema, considero importante para la salud, nuestra posición mental; vale decir, mantener un buen estado de ánimo y armonía en nuestro entorno. Si seguimos estas reglas, pero además evitamos conflictos graves familiares  e íntimos, sin duda alguna a cualquier enfermedad le será muy difícil penetrar nuestro cuerpo o mente.

 Específicamente, creo que  en mucho, algunos cánceres comienzan en la mente o en el espíritu de las personas; si se vive permanentemente atemorizado de que se puede sufrir de cáncer o se mantiene una vida conflictiva en el entorno familiar e íntimo, el resultado puede ser precisamente, el surgimiento de esa temida enfermedad, como lo demostró el Dr. Hammer en sus estudios científicos sobre el cáncer de mamas, con escaneos cerebral en más de 100 pacientes en ese tipo de cáncer, que demostraron la conexión directa entre el conflicto previo o actual y la enfermedad.

En mi caso, como sobreviviente de un cáncer muy agresivo, aprendí: primero, que el cáncer no significa ni tiene porque significar, muerte; en segundo término,  que en el proceso de sanación, el deseo de vivir, la actitud positiva, el buen estado de ánimo, el amor del entorno y la apropiada nutrición, sin ninguna duda, producen efectos tremendamente efectivos en la sanación y así estoy obligado a divulgarlo.

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PASARE SOLO UNA VEZ POR ESTE CAMINO (II Entrega)

 

camino viContinuando  sobre la Parte I de este Artículo, respecto de las admoniciones de Dale Carneige:  “…nunca más volveré a pasar por aquí…»,  es por lo cual no dejo pasar oportunidad para “…ser cortés con cualquier ser humano…”, ni tampoco “…lo dejo para mañana.”.   Cuando me levanto comienzo por ser cortés con este mundo… mi mundo;  y  doy gracias a Dios por las innumerables bendiciones que me ha obsequiado.

Al observar la luz del día, que me permite disfrutar de la maravillosa sensación de ver, cuando tantas personas  nunca podrán hacerlo, porque son ciegas; cuando oigo el dulce canto de los pájaros, que me hacen recordar el extraordinario regalo de Dios, que es poder escuchar cualquier sonido, cuando millones de mis hermanos humanos jamás podrán hacerlo, porque son sordos; cuando observo sobre la cama, aún sin despertar y a mi lado a mi compañera de viaje largo, quien por más de 45 años me ha acompañado en las buenas y en las menos buenas, siendo que muchos otros hombres, igual que yo hijos de Dios, desearían despertarse al lado alguien que, por lo menos les acompañara, pero están… muy solos; cuando observo los retratos de mis tres hijas, mis dos hijos, mis once nietos  y mi tierno bisnieto, todos bellos y sanos, mientras millones de hombres y mujeres que hubiesen dado o darían lo que les pidieren por tener descendencia, pero por algún motivo extraño de la naturaleza no pueden lograrlo, entonces más que nunca estoy consciente del tesoro que, por voluntad divina, yo dispongo.

Asimismo, cuando a mis setenta y cuatro años de edad, subo los veinte peldaños de la escalera de mi habitación a mi recibo y luego veinte más hasta mi estudio sin sentir ningún cansancio, mientras millones de mis hermanos humanos, algunos inclusive bastante más jóvenes que yo, no podrían subir ni los primeros cinco peldaños porque están enfermos, así como que otros aunque quisieran y tuviesen la fuerza física o salud para hacerlo no tienen esa posibilidad, porque carecen de piernas. Entonces me hecho de rodillas y le pido a Dios que me de mucha fuerza y más amor, para entender y ayudar a esos millones de seres que carecen de todos los privilegios que El me permite disfrutar plenamente.

Toda esta reflexión me convence que todos esas bendiciones que Dios me dio, me obligan a  tratar de entender tanta tristeza y dolor  sobre esta madre tierra y, como consecuencia, ser más generoso, bondadoso y compresivo ante quienes, seguramente, no comprenden el porqué de su… desgracia.

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UNA MUJER

NANCY CUN OSO FRISCO

Dios, en su infinita misericordia nos regaló un mundo maravilloso, que nos permite vivir dentro de un cuadro de arte de bellos colores y figuras indescriptibles, sin ninguna duda, todo ello para hacernos… felices. En ese panorama maravilloso, desde nuestra concepción hasta nuestro último suspiro, El nos obsequió un personaje especial, polifacético, multidisciplinario y fuente inestimable de amor: la mujer.

Todos los años el mundo occidental les dedica un día, cuando, en su mayor número, quienes durante un año no le han dado su merecido puesto, aparecen con presuntuosos presentes, que aunque nunca la mujer lo dirá, son menos significativos para ella que el respeto, reconocimiento y compromiso, que se ganan sobradamente, no durante un  día, sino, en la mayoría de los casos… en toda su vida.

Cuando reflexiono sobre el maravilloso hecho de haber nacido de una mujer, recibido su amor, principios y valores que me han permitido crear la infraestructura fundamental  de esa bella vida que siempre he vivido; que tuve una hermanita, que aunque dejó este mundo siendo adolescente, en sus cortos años siempre me otorgó un amor puro y sincero, que nunca olvidaré; que fue una mujer la que me dio mi primer hijo, el cual amo y cuyo amor aún él también mantiene y me manifiesta, aunque ya va para el medio siglo de edad; que hace 46 años,  otra mujer que aún hoy me acompaña, con su amor sustituyó ese que me hizo tanta falta de mi madre y la ternura de mi hermanita, haciéndome conocer una nueva dimensión de amor físico-espiritual, que no sólo me regaló tres bellas niñas, sino además un nuevo hijo, ha logrado hacerme sentir permanentemente confiado y seguro de su solidaridad y lealtad, tanto  en los buenos como en los momentos difíciles, hasta convertirnos en un equipo ganador, porque nos complementamos y equilibramos mutuamente.

Ciertamente, para mí no hay un día especial para celebrar la mujer, porque en lo más profundo de mí ser interno, en ese binomio espíritu-alma, celebro todos los días como el día de la mujer. Y es que, cómo no voy a celebrarlo si en ella mantengo fresca, y si se quiere renovada, la amiga, la hermana, la novia, la amante, la esposa,  y en algunos casos especiales…la madre.

No concibo la vida de un hombre integralmente feliz, vale decir realizado física y espiritualmente, sin la existencia de una mujer. Personalmente, en ese mi mundo interno, la luz, la belleza, la música, la ternura, la comprensión  y el compromiso, no soy capaz de concebirla… en soledad. Es por lo que no me canso de agradecer a mi Padre Celestial, el haberme privilegiado  con esa mentalidad de reconocimiento, respeto, consideración y amor, hacia ese regalo insustituible que desde que nací me hizo: LA MUJER.

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A QUE TEMER

TEMOR

Aunque normalmente no acostumbro a repetir ningún Post, en este caso me lo han solicitado muchos lectores, por lo cual voy a hcerlo. Se trata de un Artículo escrito en una ocasión muy especial, cual ciertamente es apropiado al momento que vivimos: «A QUE TEMER»:

Cuando los cambios se producen a gran velocidad, la reacción frente a lo nuevo, extraño o desconocido es el temor, que progresivamente se convierte en estrés, desasosiego y crispación, incidiendo negativamente en la toma de decisiones.

La preocupación, desorientación y paroxismo, no aportan nada positivo frente a una situación problemática o adversa. Los presentimientos negativos, comentarios irreflexivos y la exageración de lo que se cree pudiera suceder, sólo producen mayor desestabilización emocional, que resta capacidad de acción efectiva. En estos casos, a lo que más debemos temer es… al temor.

Quienes no tenemos duda de la existencia de Dios –como ordenador de  todo lo que existe de manera perfecta- dotándonos de raciocinio, inteligencia y capacidad extraordinaria de adaptación a cualquier situación, sabemos que si Él está con nosotros, a nada ni nadie debemos temer.

Para quienes no tienen fe, sano sería meditar sobre que sus preocupaciones, augurios negativos y temores sobre lo que “pudiere acontecer” y el daño que “pudiere causar”, deberían ser sustituidas por el optimismo, la fe en sí mismos y en la generosidad de sus hermanos humanos;  ya que, lo único que pueden hacer por un futuro incierto e imprevisible, es confiar y  hacer las cosas bien hoy; y sobre todo con el amor, que está demostrado,  rompe todas las barreras.

El hecho de no conocer cuánto tiempo permaneceremos sobre esta tierra, nos obliga vivir intensamente este maravilloso presente, que tantas cosas bellas pone a nuestra disposición; cuales si las desaprovechamos o no disfrutamos plenamente, jamás se repetirán y las perderemos para siempre.

Debemos vivir intensamente este maravilloso mundo de las cosas sencillas pero trascendentes, como amar y manifestarlo a nuestros seres queridos; disfrutar la belleza del día y paz de las noches; la fragancia de las flores y la voz cantarina de los niños; los alimentos y el compartir con nuestro entorno. Si a esas vivencias adicionamos actividades útiles a nuestros hermanos humanos, ya no tendremos tiempo para pensar en tragedias, que quizás nunca llegarán pero que nos producen temor, sino que invertiremos nuestro intelecto en ser y hacer felices a nuestros semejantes, cual pudiera ser la razón más importante de nuestra vida terrenal, pero que entre otras cosas, nos hace felices a nosotros mismos.

No estamos solos ni a la deriva; algo Superior, independiente como le llamemos rige el universo, la naturaleza y nuestras vidas; pero también vela por nosotros.

Aunque nuestra preocupación no puede cambiar el proceso universal, sí que puede hacernos miserable una vida que nos fue dada con el compromiso de… vivir felices.

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LA MARIONETA

 Si Dios me obsequiara un trozo de vida…

MARIONETA II

Aunque algunos erradamente atribuyen la autoría del Poema “La Marioneta” al GABO, ciertamente el texto, aunque pertenece al famoso ventrílocuo y humorista mexicano, Johnny Welch, en su esencia, pudiera ser una recopilación de frases y expresiones que hiciera éste, ya que algunas de ellas también fueron referidas, unas por Borges, otras por  el Doctor Ron Jenson en su obra “Viva no Sobreviva”, quien las oyó a una señora que vivió en una montaña de Pensilvania, entre otros. Sin embargo, este interesante poema, sobre una marioneta que especula “…sobre que hubiera hecho si tuviera un poco de vida.” y “…si yo tuviera un corazón.”, expresando pensamientos que merecen especial reflexión y profunda atención, cuando decía:

 “…no diría todo lo que pienso, pero pensaría todo lo que digo.” Si esto hiciéramos en nuestra vida diaria, seguramente seríamos más dueños de lo que sabemos y acertados en nuestros juicios.

“…daría valor a las cosas, no por lo que valgan sino por lo que significan.” No tengo duda, estimaríamos menos lo lujoso pero banal  y disfrutaríamos más de las maravillosas cosas sencillas que hacen nuestra cotidianidad.

  “…dormiría poco, soñaría más.” En verdad, la vida sin sueños, es como nunca despertar;

 “…Escucharía cuando los demás hablan, y… cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate.”  Creo que con tal actitud, aprenderíamos muchísimo más de lo escuchado… y dejar de disfrutar -de vez en cuando-  de un buen helado de chocolate, es desperdiciar uno de los grandes placeres de la vida;

 “…escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol.”  Nada más sabio que dejar que el odio se derrita –no tanto con el sol sino con el amor- porque nos libera de  una carga pesada y permanente… en el alma;

 “…no dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero… convencería a cada mujer u hombre de que son mis favoritos y viviría enamorado del amor.” Nunca más actual esta admonición, con tanta gente sola, estresada,  desorientada, atemorizada y hasta seudo paranoica en la actualidad, cuando hace tanta falta manifestarnos amor, volver a sentir el calor humano de la palabra amiga, el contacto físico del abrazo fraterno, el apretón de la mano extendida, el corazón abierto y un hombro sobre el cual recostar la cabeza, para sentirnos como lo que somos: la familia humana;

“…a los hombres les probaría cuan equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.» Esta es la más real, cierta y verdadera forma de enfrentar los sentimientos equivocados que normalmente genera la vejez, de que los años aminoran el amor, cuando es todo lo contrario. EN LA VEJEZ EL AMOR ES MÁS FUERTE, SOLIDO, SOLIDARIO Y PERMANENTE”

“…a un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar.” Ninguna demostración más grande de amor de un padre a su hijo, para enseñarle a enfrentar su vida.

“…a los viejos les  enseñaría que la muerte no llega con la vejez sino con el olvido.” Cuánto aprenderían los hijos y los nietos, sobre el bien que harían a  sus viejos, de no ignorarlos y visitarlos continuamente porque  fueron quienes los trajeron al mundo y… dedicaron a su crianza y educación sus mejores años.

“… un hombre sólo tiene derecho a mirar otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse.” No tengo ninguna duda que todos seríamos más humanos, si recordáramos y reflexionáramos sobre  esta máxima. Por cierto, me hace recordar algo que me dijo mi padre hace 60 años: “Hijo, un hombre valiente no pisa un gusano ni se humilla ante un Rey.”

Espero que estas reflexiones pudieran servir de algo, precisamente para quienes hoy, ven nublado un cielo que permanecerá brillante… en  nuestras vidas.

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EL VALOR DE LA VIDA

la vida III

Creo, sinceramente, que la vida es invalorable;  ya que, mientras la poseemos tenemos esperanza, que  no es otra cosa que la expectativa de continuar… viviendo. Porque vivir, en cualquier instancia es,  simplemente, fenomenal. Basta con mirar, oír o disponer de alguno de nuestros sentidos, para disfrutar la belleza de la vida. Incluso aquellos que están inválidos y no pueden mover ninguno de sus miembros, sólo percibir de alguna forma un ser amado, le reconforta y aumenta su deseo de vivir: siempre con la esperanza de recuperarse. Si lo expresado es así, como sin duda puedo asegurarlo porque he vivido las situaciones, quizás  más difíciles y cercanas a la muerte -sin que haya decaído mi esperanza de continuar viviendo- estoy obligado a compartir con mis hermanos humanos, la necesidad de no desperdiciar la insustituible experiencia de vivir, que malgastamos cuando nos disgustamos, nos peleamos o nos sentimos tristes porque algo no sale como lo deseamos; no recibimos el trato que esperamos de otras personas; no tenemos todos los bienes, riquezas, fama o poder que creemos merecer.

Ciertamente, cuando comparamos nuestra expectativa de vida con la edad del mundo, notamos que es tan corta pero tan corta, que perder un segundo preocupándonos por algo –teniendo o no solución- en vez de ocuparnos en disfrutar tantas bendiciones que Dios puso sobre la tierra para nuestro deleite,  es… inexcusable. Si percibimos los tropiezos o fracasos como enseñanzas; el dolor como maestro;  el desprecio o desamor hacia nosotros, como catalizador de nuestra capacidad de blindaje espiritual; la carencia de bienes materiales, conocimiento, cultura o fortuna, como un reto para lograrlos; los sueños como metas a alcanzar; la soledad como medio para apreciar la compañía;  y la tristeza como calibrador de la bondad de la alegría, seguramente entenderíamos mejor el privilegio de vivir. Es que, todas esas circunstancias que, tomadas a la ligera parecieran negativas, son precisamente, las que nos hacen valorar las situaciones antagónicas, que más allá de lo inmediato, nos permiten adquirir aunque fuere un poco de… sabiduría, sin la cual jamás podríamos apreciar lo maravilloso de vivir, que es como decir: experimentar la felicidad.

Honestamente, vale la pena reflexionar al respecto; porque la vida es corta y elemental, pero llena de oportunidades para la plenitud física y espiritual que podemos regalarnos, porque depende de nuestra actitud –positiva o negativa- frente a los eventos de la vida diaria.

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QUE QUIERO DE TI

FOTO ESPECIAL AMAURI Y  NANCYQuiero que seas como eres: como te lo indica tu naturaleza, como lo siente tu conciencia, como crees que es lo correcto –independiente de cómo a mí me parezca- porque eso es integridad, autoestima; sentir que uno significa verdad, sinceridad, comunicación real;  pero, especialmente, representa amar con libertad, y el amor sin libertad puede ser cualquier otra cosa… pero menos amor; al menos el amor que merece quien se entrega en cuerpo, alma y sin reservas.

Te acepto como tú eres; como una hija de Dios -que no un ángel-  con tus virtudes y defectos, que así como los míos,  con el tiempo la dedicación, la ayuda mutua para mejorar, iremos acrecentando unos y disminuyendo los otros. Sé y no tengo duda que eres especialmente honesta, sincera y tierna; no tengo duda de tu potencial de crecimiento físico-espiritual, de tu generosidad, de tu capacidad para soñar  y hacer de tus sueños un proyecto posible y lograble, en el cual yo siempre tengo cabida.

Quiero que no cambies nunca, porque tú me inspiras respeto, consideración, atención y deseos de vivir siempre a tu lado. No me importa para nada qué hiciste o pensaste de las cosas fundamentales de la vida antes de  conocerme, porque sobradamente me has demostrado que lo que yo considero importante en nuestra relación, también lo es para ti y eso nos hace un equipo imperdible, donde el triunfo es mutuo y no individual.

Nunca temas que si cometes un error, independiente de su magnitud, te juzgaría, porque ese es trabajo de Dios y no de alguien que te ama como yo.  Lo que sí tienes que saber es que si llegara a suceder, en mí tendrías la mano extendida y el corazón abierto para ayudarte a encontrar la solución; porque, precisamente, por eso te quiero como eres.

Ninguno de los dos es indispensable para vivir, pero nos complementamos y equilibramos, cual es como decir que para una vida feliz e integral nos necesitamos,  y aquí estaremos, voluntariamente, siempre  el uno al lado del otro.

Te quiero con tu edad;  esa que paró mi reloj el día que te conocí. Nunca has sido ni más joven ni  más vieja, porque siempre has tenido la edad ideal para amar  mágica e intensamente en el hoy, que es lo único que es nuestro, actual y seguro. Por eso, te quiero… como eres.

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AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS COMO YO OS HE AMADO

SILENCIO DE DIOS

En días de tanta confusión, cuando las personas trabajan sin descanso,  en la mayoría de los casos  más por atesorar que por  satisfacer sus necesidades o aportar beneficios a la sociedad,  recuerdo a Jesús de Nazaret  en,  su pensamiento vigente hoy como hace Dos Mil años, cuando enseñaba:

“… ¿Por qué te preocupas por qué comerás, que beberás o que ropa usarás? Mira las aves del cielo, que no siembran, ni cosechan, ni almacenan en graneros, pero mi Padre las mantiene vivas…y, ¿No es acaso más importante la comida que el vestido? Entonces… ¿Por qué te preocupas por qué vestirás? ¿No ves los lirios del campo? Ellos no hilan ni confeccionan telas, pero les aseguro que ni aún el Rey Salomón tuvo tan ricas vestiduras. Y si Dios da comida a las aves y vestiduras a las plantas…  ¿Cómo no va a darte a ti, que eres su hijo privilegiado, todo lo que le pidas? Por eso te digo: pide y recibirás, toca y se te abrirá, porque el que pide recibe y el que toca se le abre…” 

Siento que, más que nunca, conviene reflexionar sobre esta admonición, donde Jesús  instruía que todo está en la naturaleza para nosotros, y que podemos lograrlo  sin gran esfuerzo, porque  así como las aves sólo tiene que volar y buscar el alimento donde esté, igualmente nosotros sólo tenemos que ser DILIGENTES, y como las aves, ir donde se encuentran las fuentes de ese alimento necesario;  así como que, los lirios no requieren hacer nada para tener  su hermosa vestidura, quizás  porque el 99% del vestido que hoy llevamos, en mucho responde a vanidad y no a  una necesidad indispensable de cubrirnos para sobrevivir, ya que lo necesario y conveniente a este respecto, Dios nos los da como a los lirios, también como un regalo que sólo requiere activarnos y actuar conforme de nosotros se espera. Entonces, sí tenemos fe en que nacemos con la capacidad de alcanzar lo necesario para vivir sin mayores esfuerzos  ¿Por qué esa loca carrera por hacer dinero y más dinero, poder y más poder a costa de la salud, el amor, la compañía y tranquilidad de la familia? Ciertamente, no lo entiendo; especialmente, luego de más de siete décadas observando muchos  ricos tristes y otros tantos poderosos prematuramente enfermos e infelices. Por eso conviene recordar a Jesús cuando sentenció: “El que tenga ojos que vea.”

 

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