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Archive for the ‘ENALTECER AL PROJIMO’ Category

LA MADUREZ ESPIRITUAL

flores de rumi maestri espiritualista

Como todos mis lectores conocen, desde el año 2005 he dedicado buena parte de mi tiempo a la divulgación del tema de la “felicidad”, labor que inicié ese mismo año con la publicación de mi libro “Una Vida Feliz”; continuando con otros libros,  como columnista de prensa, de algunas Revistas y mi Blog http://www.unavidafeliz.com el cual es visto por más de 2.600.000 cibernautas, por lo cual hoy, al recibir en mi computador de un amigo una anécdota sobre cuando le preguntaron  a Rumi, maestro espiritual Persa del Siglo XIII,  ¿Que es la madurez espiritual?, éste al  analizar dicha pregunta, hizo algunas precisiones muy interesantes, concluyendo con esta sentencia:  “… se gana la madurez espiritual cuando dejamos de anexar la “felicidad” a las cosas materiales…”.  Esta sencilla pero profunda admonición, luego de más de siete décadas de vida feliz,  ratifica mi convicción de que la felicidad como realización físico-espiritual del ser humano, tiene que ver más con nuestra espiritualidad, que es interna, que  con las cosas materiales que siempre son externas. Dentro de mi pequeño gran mundo personal, esa ha sido la norma de mi vida; por lo cual  hoy, independiente de las circunstancias diarias, me mantengo feliz; precisamente por no vincular  o hacer depender de ninguna manera mi felicidad de alguna cosa material, tales como la riqueza, poder o  la fama.

Estoy claro que para sobrevivir físicamente, requerimos cosas elementales como el oxígeno, el agua y los alimentos, las cuales por cierto, para quienes confiamos en Dios,  siempre están a nuestro alcance sin grandes esfuerzos.  Pero respecto de la felicidad, prevalece sin  ninguna duda el aspecto espiritual. En el devenir de mi vida he visto tantos “pobres ricos”, con mucho dinero, pero absolutamente infelices; tantos  “poderosos” odiados, impopulares, quienes al final cuando pierden el poder, terminan traicionados, solos y hasta encarcelados, bajo juicio o huyendo de la justicia; y personajes “famosos”, quienes llenos de vanidad subestiman los valores humanos más elementales, pero al final cuando la fama decae: la tristeza, la infelicidad y algunas veces… el suicidio. Del otro lado,  personas sencillas, humanistas,  que nunca antepusieron la riqueza, poder o fama, al amor, bondad, cuidado y solidaridad con sus congéneres, vivieron y muchos otros aún viven felices, precisamente porque nunca, como lo sentenciara el maestro Rumi, anexaron  la felicidad a las cosas materiales.

No es difícil determinar que los sentimientos trascendentales de nuestra existencia no son materiales, sino que prioritariamente tienen que ver con nuestra espiritualidad. Así, por ejemplo, el valor humano más importante en nuestra vida, que es el amor, jamás dependerá de algo que no sean nuestros sentimientos internos, que nada tienen que ver con las cosas externas. En el mismo  sentido y también ejemplarizando, algunas satisfacciones fisiológicas como el dormir, no dependerá de  la comodidad del lecho de que se disponga, sino de que tengamos el sueño necesario en cada ocasión. De la misma manera, la verdad, la lealtad y otros principios y valores humanos importantes, siempre serán una manifestación de nuestro ser interno, que abonando a nuestra felicidad, no tendrán que ver con ninguna cosa material.

Creo que si meditásemos más sobre el real significado de la palabra felicidad, previo considerar algunos de los pocos ejemplos antes indicados, llegaríamos a la conclusión de que no es otra cosa que nuestra realización físico-espiritual, donde la espiritualidad es lo fundamental y lo físico es absolutamente complementario. De tal modo, comprenderíamos mejor la elementalidad de nuestra existencia y llegaríamos a la conclusión de que, definitivamente, la felicidad dependerá únicamente de nuestros sentimientos internos conectados a nuestro  espíritu y nunca de las cosas materiales que nos rodean; lo cual creo que fue el mensaje que quiso dar el  maestro Rumi en su admonición aquí comentada.

Si tienes alguna duda o requieres aclaración sobre el tema aquí tratado, el correo del autor está disponible: amauricastillo@gmail.com

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NO AL MIEDO

 mujer asustada

No podemos permitir vivir en el mundo del miedo, porque si lo hacemos ya no viviremos, sino que sobreviviremos y no fue para eso que vinimos a este mundo. Miedo al desamor, miedo a las enfermedades, miedo a la inseguridad de todo género, miedo a los terroristas, miedo a una nueva guerra nuclear; todo lo cual nos imposibilita de salir a la calle, visitar los amigos, visitar la familia, acostarnos a la hora que nos plazca; temer cuando alguien estornuda, evitar que alguien nos bese, que nos abrace, que nos den la mano.

Tememos al taxista porque nos puede asaltar, a la señora embarazada que solicita ayuda porque creemos que es un señuelo, a un accidentado en la carretera por el mismo motivo; si en la noche vemos un auto que nos sigue aceleramos, doblamos la esquina  y desaparecemos; tememos a las motos que llevan un parrillero, sin considerar que  para ese fin, precisamente, fue que se  le adicionó la parrilla; tememos si en la noche vemos una patrulla, cuando por lo contrario nos corresponde sentirnos seguros, porque debemos suponer que su deber e intención es protegernos;   y… pare usted de contar.

Ahora bien… ¿Es posible que permitamos que la cuasi paranoia nos lleve a este nivel de vida tan precario?

¿Qué pasó con nuestra fe en Dios, nuestra confianza en sí mismos y nuestra autoestima?

¿Qué sucedió con nuestra seguridad en que hay más gente buena que mala en el mundo, por lo cual aun subsiste,  y que el venezolano es buena gente, solidario y generoso?

¿Se nos olvidó que nuestros mayores nos enseñaron que la policía, los bomberos, los socorristas son los principales amigos y que  el mejor hermano es el vecino más cercano?

Bedito sea Dios… ¿Cómo llegamos a esto teniendo el país más bello del mundo; con la mejor gente, con hermosos paisajes, los mejores climas,  hermosas llanuras, indescriptibles esteros, gigantescos mèdanos y espectaculares ríos; con la Flora más bella y la Fauna más variada del planeta?

Que existen problemas políticos, económicos, sociales y de inseguridad, pues ya lo creo; somos una nación de más de 30 millones de habitantes, con personas de diferente ideología, forma de pensar sobre la vida y las cosas, que dicen y actúan como lo sientenm porque somos esencialmente democráticos. Pero miremos hacia atrás, todo lo que hemos superado desde 1909. Hemos vivido dictaduras, democracias con muy buenas intenciones pero que no llenaron completamente las aspiraciones sociales; un experimento socialista que no termina de cuajar y todo lo hemos enfrentado con coraje, haciendo lo mejor que podemos nuestra actividad generadora de progreso, como ese aporte indispensable al desarrollo del país y… aquí estamos;  cada quien en lo suyo, con sus diferencias y desacuerdos, pero tratando de mantenernos en paz y armonía, y la realidad es que, quizás no de forma excelente, pero lo hemos logrado.

Entonces no hay razón para tener tanto miedo; simplemente, consideremos la situación actual problemática, que por cierto no es solo en Venezuela sino en el mundo; basta observar el Medio Oriente, Korea  y Europa, donde la situación sì que es muy grave y de muy difícil solución. Por lo tanto, tenemos que tranquilizarnos un poco, tomemos las previsiones necesarias y actuemos con cuidado, atención y respeto por los demás. Especialmente debemos ser sensibles y solidarios con nuestros semejantes, sin olvidar que seguimos teniendo familia, amigos, vecinos, servidores públicos honestos porque los corruptos no son el común; consideremos que seguimos siendo una comunidad, una sociedad pacífica, consciente de sus derechos y sus deberes… pero pacífica.

No debemos olvidar que continuamos siendo una gran familia: la familia venezolana, integrada por quienes aquí nacieron y quienes vinieron de otras tierras a incorporarse con nosotros a desarrollar este país. Y como quiera que tengo más de seis décadas viviendo aquí con pleno uso de razón política y económica, no puedo permitir que el miedo me dañe los años de vida que me quedan o me limite a seguir siendo útil, por los riesgos que pueda correr; por eso me siento obligado a gritar a los cuatro vientos a mis queridos hermanos venezolanos: el miedo es malo porque distorsiona la realidad, disminuye la fe, nos hace sentirnos indefensos, desmejorados, disminuidos. Y es por eso que debemos decirle al miedo, en cualquier situación o circunstancia:  NO, NO  y NO.

Si tienes alguna duda o requieres aclaración sobre el tema aquí tratado, el correo del autor está disponible: amauricastillo@gmail.com

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EL CAMINO EN EL NUEVO AÑO

ano-nuevo

  • ¿Qué cuál será mi camino el próximo Año? Es un pensamiento que me asalta todos los días treinta y uno de Diciembre de cada año; la respuesta siempre es la misma: el mismo tuyo, porque como escribiera el poeta: “… se hace camino al andar…”.

  • Es que lo importante no es lo largo, estrecho, duro o sinuoso del camino, sino que yo voy por él… continuo sobre el camino y eso significa que soy parte de este mundo, con la responsabilidad de continuar mi camino siempre adelante.

  • ¿Qué cómo será ese camino que debo recorrer el Nuevo Año? Simplemente, con el color y el sabor que yo le dé; porque soy yo y únicamente yo quien tengo el poder, devenido de Dios, de hacerlo conforme lo desee. Así, si amo a la gente y a las cosas; si tengo una sonrisa en mis labios; si permanentemente tengo una palabra de amor, solidaridad y utilidad para los demás; mis manos, mis brazos y mi corazón abiertos para abrazar, entender, aceptar, escuchar y  pronunciar una  palabra amiga; mi corazón y mi alma están prestos para mirar la gota de rocío sobre la rosa, la mariposa sobre la hoja y la hormiga con su gigantesca carga al hombro, con la misma ternura que los errores, desvaríos y hasta ofensas de mis hermanos, y aun así poder… perdonar.

  • Si soy capaz de nutrirme de la luz del día y acoger como premio especial para el descanso de mi cuerpo y mi alma, la tierna noche; si puedo lograr que mis sentidos atrapen el aroma de las rosas, que representa la bondad de mis hermanos humanos y no dejarme afectar por el fétido olor del mal; si puedo cambiar la sátira burlona o la ofensa, en solo el paso de una ráfaga de viento en la tormenta, sin permitir que me dañen.

  • Si puedo amar íntimamente con la magia que sólo surge de la unión físico-espiritual; si puedo orar con mis actos bondadosos, amorosos, generosos y no rezar con palabras escritas con la idea preconcebida de producir una reacción; si disfruto cada segundo de mi hoy, sin recordar ayer ni preocuparme por mañana.

  • Si en vez de juzgar a mis hermanos, halago su bondad e ignoro sus desatinos; si concibo las cosas mal hechas como inconvenientes para quien las realiza y para todos los demás, pero no como pecaminosas; si puedo introspeccionar que la música, el sonido del aire, el vuelo de la hoja, la risa del niño, la música de los arroyos y el canto de las aves, también son una oración que nuestro Padre Celestial disfruta.

  • Entonces, no importará si mi camino es más largo o más corto; más ancho o angosto; menos o más soleado; porque con mi mente y mis sentidos, tengo el poder de transformarlo todo a mi favor. Se trata de ese extraordinario e  insustituible estado de ánimo que Dios me inyectó dentro de lo más profundo de mi ser, precisamente para que le diera a mi vida el color y el sabor que yo deseare, en todo momento que fuere necesario, sin requerir de nadie más para lograrlo.

  • Bendito sea Dios y benditos sean mis hermanos humanos, sin distinción de ningún género, este año que termina y todos los muchos que continuarán llegando; porque lo importante de nosotros que recorre el camino, que es nuestra alma, no es finito sino infinito, como infinito es Dios y el Universo; por lo cual, después de este camino vendrán otros… muchos otros que también recorreremos con nuestros bellos sentimientos o miserias humanas, pero los recorreremos hasta que el Gran Hacedor diga: ya es tiempo que descanses aquí… a mi lado

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EL REGALO MÁS GRANDE DEL MUNDO

la vida III

Para muchas personas esta frase pareciera trillada, pero por mi formación espiritual, conozco su resultado y me siento obligado a divulgarlo; ya que, si sólo sirviera para la reflexión positiva de una sola persona, me sentiría compensado. Desde que tengo uso de razón, considero mi vida como EL REGALO MAS GRANDE DEL MUNDO, porque gracias a ella puedo percibir la hermosura de la naturaleza y las personas; pero además comunicarme con mis semejantes, así  como con especies animales y vegetales, como las mascotas y las plantas, que no tengo duda distinguen y/o aprecian mis caricias, palabras y sentimientos.

Ese milagro maravilloso que es mi vida, en un mundo donde somos  tan vulnerables, pienso que para mantenerse como tal requiere de formación cultural. Vale decir, que así como para sobrevivir físicamente tenemos que cuidar nuestra salud y nuestros pasos, espiritualmente tenemos que cultivarnos y fortalecernos, lo cual únicamente podemos alcanzar meditando sobre cada uno de nuestros actos, manifestación e introspección de nuestros sentimientos.

En tal sentido, si queremos aumentar la posibilidad de supervivencia física nos conviene una buena alimentación, evitar riesgos innecesarios y no hacer daño a ninguna persona o elemento natural, lo cual nos aseguraría un alto porcentaje de éxito a nuestro favor; más como lo físico y espiritual es biunívoco, uno de los grandes riesgos para nuestro cuerpo son las enfermedades, las cuales en su gran mayoría –independiente de lo que piensen algunos científicos- se producen como consecuencia del estrés, cuando albergamos sentimientos destructivos como la intranquilidad, desamor, remordimientos, odios, envidias, deseos de venganza, vacíos vivenciales; o simplemente,  cuando no tenemos nuestra conciencia tranquila, porque en algo no hemos actuado correctamente.

Por mi experiencia he aprendido, que la tranquilidad y a ser posible la  fortaleza espiritual que nos permiten sentirnos en paz, es la mejor medicina preventiva frente a posibles patologías e invalorables en los procesos de sanación, como ya ha sido aceptado por la Sicología Positiva. Asimismo, que el amor,  la generosidad y la felicidad, son las mejores oraciones a nuestro Padre Celestial; porque demuestran la excelencia de su obra, representada por nosotros.

Aprecio la vida, porque gracias a ella puedo decir “te amo” sin importar el origen, sexo, raza o nacionalidad de mis semejantes; porque me permite percibir a Dios en mi ser interno y esto, además de fortalecer mi fe y esperanza, me elimina cualquier temor o desconfianza.

Finalizo recordando que –más allá de esa parte aleatoria de nuestro destino que no podemos controlar- Dios nos dota de todas las herramientas necesarias para ser felices, pero que a nosotros toca utilizarlas eficientemente, de tal manera que nuestra vida se convierta realmente, en EL REGALO MÁS GRANDE DEL MUNDO.

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A CIERTA EDAD

YO (ANTIGUO LOOK), MATT Y JENNY CON SUS HIJOS RIVER, MARCHI STORY) Hoy, leyendo sobre lo que debería sentir una mujer después de los cuarenta  años, se me ocurre escribir sobre lo que pudiésemos sentir los hombres luego de  los cincuenta; y como tengo ya cincuenta de edad más veinticinco de experiencia, puedo escribir con suficiente cualidad sobre lo que un hombre  siente luego de haber vivido cincuenta años. Por mi propia experiencia, cuando tuve menos de treinta quise comerme el mundo, sin considerar que, si lo lograba terminaría intoxicado de tal manera que seguramente moriría. De los treinta  a los cincuenta entendí que sólo me correspondía una parte de él, precisamente la que me convenía, y por tanto, luché duramente durante ese período, trabajando al lado de esa maravillosa compañera de viaje largo que me regaló Dios: mi nunca suficientemente reconocida y amada esposa. Como resultado del estudio, el tesón, la positividad, la diligencia, la confianza en mí, en la gente y el trabajo en equipo, logré en ese período encontrar una buena parte de mi meta, quizás la más importante que llenó mi espíritu: mi bella familia integrada por mi esposa,  dos hijos y tres hijas, a quienes pude dar  una buena vida en general, incluida su educación universitaria y su formación académica complementaria en el Exterior.
Luego de los cincuenta años, habiendo vivido intensamente cada uno de mis pasos por este mundo, he entendido plenamente que no hay edad especial para ser felices, porque toda edad es buena para el solaz, la plenitud y… el amor; especialmente, porque estas tres maravillosas sensaciones únicamente podemos sentirlas, y eso es algo que nadie puede hacer por nosotros, pero tampoco nadie puede evitar que lo experimentemos. En este período aprendí que no somos ni mejores ni peores que nadie, sino simplemente seres humanos con virtudes y defectos, por lo tanto debemos aceptar gustosamente, que quienes habitan con  nosotros en la intimidad o fuera de ella, sean simplemente seres  humanos con las mismas virtudes y defectos, así como  con las miserias humanas que llevamos dentro, cuales la mayor parte de nuestra vida estamos tratando de contener.
Aprendí también que es mucho mayor la cantidad de gente buena que la mala y que éstas últimas, en su mayoría, son producto de la  inapropiada formación, incomprensión, mal ejemplo y falta de amor de quienes los formaron, pero que también la sociedad no hizo mucho por comprender sus inquietudes, frustraciones y… soledad, por lo cual dejaron de creer en la bondad de sus hermanos humanos, y al actuar en su contra luchan contra ellos mismos, de alguna manera para castigarse, porque saben que toda acción engendra una reacción  proporcional.
Aprendí que las arrugas, el paso lento, el pelo blanco y la nostalgia, que  a los  jóvenes preocupan, no son precisamente una deshonra, vergüenza o, de alguna manera imposibles de evitar; porque  es honroso, venturoso y afortunado llegar a viejos; las arrugas y el paso lento, son como los surcos y el riego que van surgiendo con el  andar por  el camino de la vida,  los cuales, como en la agricultura, son necesarios para la buena cosecha; el pelo blanco y la nostalgia, disponemos de elementos y herramientas que  pueden evitarlos, si es que se desea, porque hay quienes disfrutan la nostalgia y se sienten muy bien con sus canas.
Finalmente, en esta etapa de la vida, aprendemos dos cosas fundamentales para concluir nuestro ciclo vital: la primera, que la mayor fortuna es la fe en Dios que nos regala la  tranquilidad espiritual, que nos permite vencer el temor, disfrutar de un buen sueño y observar con ternura  y  arrobamiento, las muchas bendiciones que El puso para nosotros sobre esta bendecida tierra; la segunda, que la única riqueza realmente necesaria, es aquella que nos suministra las cosas  básicas para una vida cómoda y nos permite disponer de todo lo que requerimos… cada día, lo cual por cierto  no requiere de esfuerzo monumental, sino de  hacer las cosas que convienen en el momento apropiado, esto es, lo que algunos por desconocer estas reglas de la vida, prefieren por comodidad calificarlo como: “tener suerte”. Como corolario, cuando tenemos como yo, una juventud prolongada que puede mantenerse tal hasta el día de nuestra partida, damos gracias a nuestros compañeros de viaje por habernos acompañado en esa ruta compartida, que fue del color que nosotros mismos supimos darle; bendecimos a nuestros descendientes quienes dejamos como semilla que germinará por siempre sobre esta madre tierra; nos convencemos que ayer es un muerto, mañana no ha nacido, por lo cual HOY es lo único que interesa; y con toda tranquilidad, felicidad y conciencia, damos gracias a Dios por haber… VIVIDO.

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SIEMPRE ES BUENO VIVIR

la vidaSi como lo hemos escrito muchas veces, la  naturaleza es bella y la gente, por lo general es buena; si existe Dios y el amor que es el  hecho sobre el cual basamos su existencia; si frente al desastre siempre habrá la sonrisa de un  niño; frente al dolor, el hermoso canto y color del turpial penetrando nuestra alma, llevándole reposo; si frente a  un mundo cambiante y estresante de por sí, vemos la mirada tranquila y bondadosa del anciano; si frente a la cobardía de los malos, siempre se impone el valor de los buenos; si no importa cuán fea pueda considerar la sociedad a una persona, siempre hay alguien para quien es bella; si como escribió un  poeta, “…fueron iguales la madre de Cristo  y la de Judas…”; si aún en este Siglo de las luces, es más importante la sabiduría que el conocimiento; si frente al miserable y despiadado subsiste la bondad, gratitud, generosidad y caridad de las mayorías… entonces sin ninguna duda, vale la pena continuar viviendo.

Es que vivir es recibir la oportunidad de contemplación y disfrute de todas las cosas bellas que tiene esta vida, que son más abundantes que las desagradables y aberrantes, por lo cual con sólo utilizar nuestra diligencia y estado de ánimo, ya tenemos abierta la puerta a una vida edificante. Por cierto, hoy cuando la mayoría comenta que la gente actúa violentamente, porque está “estresada”, yo pienso que no es tan cierto; lo que pasa es que nos hemos despersonalizado y, de alguna manera, recelamos unos de los otros; hemos olvidado saludarnos, dialogar, darnos la mano cariñosamente, abrazarnos con ternura: sentirnos hormigas de la misma cueva, y, es tal la situación psicológica global, que estamos en peligro de convertirnos, por lo menos, en seudoparanoicos. Tenemos que revisar nuestro comportamiento diario con nuestros hermanos humanos, conozcámoslos  o no e independiente de su raza, credo o posición social, debemos ser amables y hacerles sentir que nos preocupa su vida, sus problemas, que estamos prestos a ayudarles. Se requiere edificar a nuestros hermanos, porque todos somos uno con Dios, y eso es lo más importante. Si quiere probarlo, trate de hablar con la gente, demostrarle su interés por ellos y verá que, en su gran mayoría, son buenas personas de quienes mucho podemos aprender y a quienes podemos, de alguna manera ser útiles, pero se sienten solos, y eso no es justo.

 

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PERESONA ESTRESADA

En cada sitio que acudo diariamente, con incredulidad y tristeza, veo la inmoderación en el trato personal, como algo que se hubiese convertido en la forma de ser del venezolano, lo cual no puedo aceptar. En tiempos difíciles como son los actuales, cuando la política, la economía y la seguridad personal, por citar algunas de las circunstancias especialmente alteradas parecieran haberse salido de control, no solamente en Venezuela sino en el mundo, la moderación pudiera ser el elemento amortiguador que permita vivir con mayor plenitud la compleja trilogía sociedad-familia-trabajo, cual cubre el noventa por ciento del tiempo útil de cada día. Tenemos la capacidad, pero también la necesidad como personas, de entender la realidad de que sólo disponemos de una vida, y que es un desperdicio transcurrirla con el ceño fruncido, el carácter a punto de explotar y un estrés de por sí enfermizo y casi constante.

Siento que se requiere reflexión sobre el hecho cierto de que, como seres gregarios, si queremos progresar, no tenemos alternativa que no sea la de vivir en comunidad, para lo cual tenemos que aceptarnos como somos: con nuestras virtudes y defectos, sin esperar que el comportamiento individual y/o colectivo sea exactamente de la forma como quisiésemos que fuere. Como consecuencia, estamos obligados a movernos en la sociedad con amabilidad, generosidad, y si se quiere, compasivamente; requerimos sentir la familia y los compromisos que conlleva, como aporte de amor para hacer edificante nuestra cotidianidad; conviene sentir que tener una ocupación, independiente de cual fuere, es una bendición que nos permite contribuir con lo necesario a nuestra existencia y la de la familia feliz.

Recordemos que una sonrisa, un apretón de manos, una mano sobre el hombro e inclusive una mirada cordial a nadie disgusta; pudiere presagiar el cambio en la actitud e incidir efectivamente en un estado de ánimo, promoviendo un color más atractivo a ese momento de la vida. Debemos volver a sentir a Dios en el roce de la brisa sobre nuestra cara, la risa de los niños, la mirada tranquila de los ancianos y el olor especial de esa persona que amamos. Precisamos encontrarnos y reencontrarnos con nuestros hermanos humanos, como lo hacían nuestros ancestros: sin reservas, sin temores, sin suspicacia, con sensibilidad, solidaridad y caridad; porque todos somos uno con Dios, y sentirlo se hace fundamental para lograr la tan ansiada felicidad individual y colectiva que se supone… merecemos.

 

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                                               EXPERIENCIA, SABIDURÍA Y… AMOR

adulto mayor II

Cuando alguien se refiere a un “adulto mayor”, no se trata de un Dinosaurio o Matusalén, sino a un ser humano que recorrió el largo, largo camino  de la mayor parte de su vida, logrando sortear los baches, subidas y bajadas de la existencia, pero también que se impuso a nuestra gran  vulnerabilidad frente a  la fuerza arrolladora de una naturaleza incontenible, que así como lo depositó en esta tierra tiene muchas maneras de destruirlo en pocos segundos. Por tanto,  procede meditar sobre los mínimos beneficios que se ha ganado durante tantos años,  manteniendo la especie y contribuyendo al desarrollo social que hoy nos permite convivir en sociedad. También debe considerarse que es una fuente de sabiduría, porque en la experiencia de sus años vividos,  aprendió y puede demostrarnos el valor de la verdad, lo importante de la actuación recta y que hacer el bien siempre paga. Frente a esta realidad, lo menos que nos corresponde es demostrarle el respeto a sus palabras, porque a esa edad no es fácil sentirse seguro. En esa etapa de la vida,  los familiares debemos recordar su necesidad de socializar con sus contemporáneos y facilitarle su visita con quienes revive su tiempo, porque hablan y actúan de acuerdo a sus valores y eso les permite sentirse que no han envejecido… tanto.

¿Qué son muy anecdóticos y repetitivos? Así es, pero si esas historias que representan su vida no nos lesionan, oigámoslos con respeto, que de ello algo aprenderemos y esa comunicación les hace felices.  Ellos requieren sentir que su mundo no se fue del todo y  por eso conservan sus cosas personales, sin pensar si son o no de moda, porque representan una parte de lo que vivieron o… amaron. En esa edad, la paciencia se encuentra casi agotada; por tanto, deberíamos recordar nuestra niñez cuando por los mismos motivos, en ese siclo repetitivo de la vida, ellos nos comprendieron y  ahora nos toca comprenderlos.

Cuando tenemos un adulto mayor con  nosotros, debemos amarlo, respetarlo y aceptarlo como es, porque dio parte de sus mejores años para sacarnos adelante y pudiera ser que mañana ya no lo tengamos con nosotros, porque ha viajado sin regreso y lamentemos no haberle demostrado lo que ahora quisiéramos decirle, y ya sólo podremos orar. Recordemos que es importante crecer feliz y envejecer es como crecer: en ambos casos es muy importante sentirse respetados, y a ser posible…amados.

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CIELO III

No soy científico ni antropólogo; observo a mis semejantes y escribo para las mayorías. Cuando escucho personas, especialmente aquellas de mayor edad, expresando  que “…este mundo cambió”, pienso que están absolutamente erradas.

Nuestro mundo ha sido el mismo, al menos en los últimos millones de años; cambian los tiempos, no el mundo.  el hombre lucha en busca de la supervivencia, independiente de los medios que hubiere utilizado, físicos o psicológicos, reprobables o no.

En todas las culturas, esa  ha sido la motivación que creó  los grandes controles sociales como las  religiones y revoluciones. El mismo hombre, sobre la misma tierra; con más o menos recursos, con más o menos crueldad; mayor o menor ambición; pero siempre el  hombre.

De donde concluyo que el mundo no cambia, sino que cambiamos los hombres, porque  a medida que pasa el tiempo, nuevas formas de ver la vida y las cosas, insurgen arrollando todo lo que se le atravesare, especialmente algunos valores sobre los que el hombre fundaba sus circunstancias vivenciales.

En ese constante cambio del tiempo, hasta las Instituciones más enraizadas, como la religión y la justicia, también sufrieron profundos cambios; unos más lentos que otros, pero que afectaron la sociedad.

Algunos conceptos que se consideraban sacrosantos como los principios religiosos, el matrimonio y la cultura, en los últimos sesenta años han cambiado profundamente. El Dios que la religión, al birlarnos su esencia de amor interesadamente nos lo señaló como  terrible y castigador, hoy todos sabemos que esencialmente es amor y forma parte de nosotros mismos.

El matrimonio, que considerábamos fundamental para formar una familia, la praxis de un  nuevo tiempo  lo  ha suplido en un ochenta por ciento por la pareja convencional, donde el amor, la ayuda mutua  y la solidaridad, demuestran ser más importantes que la formalidad matrimonial.

En cuanto a la Cultura, tenemos cientos de conceptos de que es “cultura” o “cultural”, y ninguno encaja en la realidad actual. La lectura, el estudio de las artes, las formas estéticas y  su aprendizaje como fundamental en la formación de la persona culta, fue arrollada por las comiquitas, novelitas rosa, graffitis, desnudez obscena; y las locuras de un nuevo arte literario y visual que la publicidad impone y solo entiende quien lo produce;  con el agravante de que, se calificará como excelente el que mayor precio alcance, sustituyó la calidad y  mensaje por el mercadeo: SIMPLEMENTE FRUSTRANTE.

 

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«Nada ni nadie podría evitar que  cumpla con  mi  misión sobre esta tierra de Dios»

¿CUAL SERÁ MI MISIÓN EN ESTA VIDA? Como cualquier ser humano común, con más de siete décadas en mi haber, repetidamente me hecho esta misma pregunta, cual más allá de planteamientos filosóficos de alto vuelo, he digerido más o menos de la siguiente forma:

No vinimos a este mundo a contar horas, días, meses o años; competir por acumular dinero, bienes,  riqueza, poder, figuración o fama, sin importar el daño que hagamos a las demás personas o el  medio ambiente; porque al final, nada es nuestro y por tanto nada podremos llevarnos de este mundo.

Tampoco se nos dio la vida como un castigo o condenación a soportar una pesada carga, sino por el contrario, vinimos a crecer en espíritu, fortaleciéndonos en amor, generosidad y sensibilidad frente a nuestros semejantes.

Se nos dio la vida para disfrutar de todas las maravillosas e invalorables sensaciones que se generan cada segundo en nuestro mundo y que podemos percibir por nuestros sentidos, si no estamos ocupados en procurarnos bienes materiales que son absolutamente temporales, porque nada podrán beneficiarnos luego de esta vida.

Vinimos porque tenemos una misión que cumplir, que no conocemos pero sabemos que nos corresponde y vamos a cumplirla. Es por lo cual vivimos con entusiasmo, fe y confianza en nosotros mismos, nuestra actividad, sus resultados y la gente que nos rodea.

Es por esa sensación interna de tener una misión que se han vivido los más sublimes amores, los actos más heroicos, las obras de arte inmortales,  los mayores inventos. Asimismo, es la motivación para amar, construir una familia, estudiar, trabajar y ser útiles a nuestros hermanos humanos.

Es el acicate para enfrentar los fracasos y tropiezos, como meros retos que nos preparan para seguir adelante y ser mejores, especialmente para proteger a nuestros hermanos más desvalidos.

Es el presentimiento de que no estamos aquí por accidente, sino para cumplir un cometido, lo que nos aleja la tentación de desviar nuestro camino de la realidad de ser armoniosos, moderados, parcos y útiles, siempre en función de quien nos necesite y no caer en la vanidad, que tiene colores y sonidos engañosos y vuela con alas doradas.

Fue ese sentimiento lo que alimentó el carácter, resistencia y constancia de los hombres y mujeres, que con su obra magnífica de diferente índole, dejaron profunda huella en la humanidad: su concepción de que nada ni nadie podría evitarles cumplir con su misión sobre esta tierra de Dios.

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