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Archive for the ‘CONFIANZA’ Category

Hoy trataré sobre  temas apasionantes: Fantasía y Magia, recursos mentales que nos permiten idear situaciones como desearíamos que sucedieren y que, debidamente administrados, se convierten en venero de extraordinarias sensaciones. Según opiniones liberales “La fantasía es producto de la imaginación… la Libre actividad del pensamiento por la cual premisas y conclusiones pueden ignorar la realidad. Esto nos indica que nuestra mente, al poder ignorar la realidad, está en capacidad de convertir lo normal en fantástico y eso es de gran trascendencia  en el logro de la felicidad; entre otras cosas, porque la felicidad no es nada físico, ni tangible, sino un sentimiento derivado de nuestra actividad mental, que materializa en una sensación físico-espiritual.

Así, si yo idealizo una situación cualquiera como fantástica, ese es el mensaje que mi cerebro envía a mi mil millonésima reserva de células que integran mi cuerpo, cuales al hacer sinapsis conforman mi estado de ánimo, que al final determina el color, sabor y calidez de mis sensaciones. Por ejemplo, puedo fantasear con el cuerpo de mi esposa, con su voz, con su pelo, con su piel, con su sexo, y no por eso cambio su conformación física, sino que simplemente mi mente la convierte en lo que yo idealizo, produciéndome  satisfacción en la misma medida y extensión de mi fantasía.

Idéntico al ejemplo anterior, cuando me alimento, visto o realizo cualquier actividad diaria, puedo fantasear sobre su contenido o significado. Mi mente es infinita… da para todo. Cómo lo veo, siento o asimilo, es algo que procesa mi cerebro de la misma manera como se lo ordeno. Cuando fantaseo sobre algo es porque le doy esa orden al cerebro. Si le digo: “Quiero que conviertas esta situación normal en fantástica y te ordeno que lo hagas de tal manera”, y abra-kadraba, está hecho en fracción de segundos. Tan fácil como eso. Puedo sentirlo, percibirlo, disfrutarlo. Simplemente, lo vivo. Soy tan especial como ser humano, que me doy el lujo de VIVIR LA FANTASIA, que es como decir que soy capaz de convertir la irrealidad en realidad. Pues bien, al menos en mi vida, en la cual por cierto soy bien feliz, la fantasía es parte importante de mi existencia diaria. Doy testimonio de que ella siempre me ha producido felicidad.

Respecto de La Magia, no sabría vivir sin ella. Las contadas oportunidades en que soy infeliz, es porque pierdo el rumbo de mi querida magia. Claro está que no me refiero a esa magia, antiguamente vinculada a la Astrología y  la Alquimia como  “el arte de influir en el curso de los acontecimientos o adquirir conocimientos por medios sobrenaturales». Para mí esa es otra magia, la cual por cierto no me da ni frío ni calor. Me refiero a mi magia, la que con mi intelecto puedo fabricar; esa que me hace convertir un asunto común y corriente en algo diferente y agradable. Esa que como pareja nunca he permitido que perdamos; esa que le da un valor especial a ese cuadro de arte sobre la pared, a ese viejo libro en la biblioteca, a ese antiguo prendedor, cuyo precio de adquisición en una feria fue muy bajo, y a esa vieja servilleta ya amarillenta, guardada en un álbum donde se lee: “Te amo”. Aquella que algunas tardes, cuando juntos nos sentamos en un café y pedimos el mismo chocolate muy caliente con que desayunamos, extrañamente su aroma inconfundible  nos devuelve casi cuarenta años atrás y nos recuerda que somos privilegiados porque aún nos amamos como en aquel tiempo, o quizás… más.

A la fantasía y a la magia, nosotros como pareja  le debemos mucho de nuestra felicidad conyugal; quizás por eso la cuidamos tanto y no permitimos que ninguno de nuestros días dejen de tener por lo menos un momento de fantasía o magia. Por eso les aconsejo que si hasta ahora no le han dado el valor que tienen, empiecen a usarlas y, seguramente, aumentará su felicidad.

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CADA DIA TRAE SUS PROPIAS PREOCUPACIONES…

Después de más de dos 2.000 años de haber sido pronunciadas, las palabras Jesús de Nazaret, continúan teniendo plena vigencia, para mantener una existencia armónica y equilibrada.

Siguiéndolas por más de seis décadas, he podido procurarme una vida feliz; por lo cual, dentro de lo posible, trato de divulgarlas.

Una de sus máximas, que para mí es un compromiso por el cual escribo este artículo, fue: “Al que se le da mucho se le pedirá mucho…” y  no puedo negar que  a mí Dios  me ha dado… mucho.

Me entristece observar  personas que, innecesariamente y con obsesión, se  preocupan por lo que pudiere acarrearles el futuro; y lo que es más grave, por malos recuerdos del pasado,

Preocuparse por lo que pudiera suceder mañana, es un ejercicio de adivinación contra nuestra propia tranquilidad; ya que, evaluar eventos inciertos que pudieren perjudicarnos, cuales nadie puede asegurar que sucederán, es una actitud casi masoquista, sin ningún resultado positivo.

Pero, preocuparse por  un pasado, sobre el cual nada podemos hacer para remendar lo errado o doloroso, es tan inútil como intentar tomar varias veces la misma agua de un río, porque  luego que pasa no existe posibilidad de volver a retomarla.

Asimismo, si los problemas diarios normales ya son pesados ¿Cuál será su magnitud si les sobrecargamos con los que  intuimos vendrán en el futuro, más aquellos que recordamos del pasado?

El resultado de tales comunes aberraciones mentales, es gastar nuestro tiempo con esos pensamientos negativos, en vez de  dedicarlo a disfrutar intensamente el  maravilloso hoy, lleno de  bendiciones, precisamente para hacer nuestra vida agradable y placentera, que, como el agua del ejemplo, pasarán y nunca más podremos recuperar.

Jesús, siempre sabio, nos regaló una enseñanza que estamos obligados a meditar y evaluar,  hasta hacerla parte de nuestra actuación diaria, porque, en buena parte, pudiera ser que de ella dependa, nuestra felicidad.

Esa sencilla pero  didáctica  sentencia, que para mí, como todo compendio filosófico de vida, es corto y sencillo, enseña: “Cada día trae su propio problema… basta a cada día su mal.” ¿Verdad que no es difícil entenderla, asimilarla,  recordarla y practicarla?

Nunca es tarde para comenzar;  pero cuando se trata de nuestra felicidad, se convierte en un compromiso. Así que, si somos de los que perturba el futuro o esclavizan las frustraciones y dolores pasados, tomemos esta tabla de salvación y, seguramente que siguiéndola, podremos  corregir el entuerto.

 

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El concepto de belleza es subjetivo, porque depende de la optica particular de cada individuo. De tal manera, pareciera aventurado emitir un criterio definitivo sobre si alguien es o no bello.

Nuestra personalidad es individual, independiente, pero integral. Consecuencialmente, nuestra presencia, en mucho, es el reflejo de esa personalidad; cual involucra la parte fisica, pero también la espiritualidad que nos caracterizan como seres racionales.

Pudiera ser que alguien comente que otra persona le parece fisicamente linda; pero, cuando nos referimos a la gente bella, no lo hacemos por su sola apariencia fisica, sino que la determinamos como conjunto fisico-espiritual, que involucra esa belleza subjetiva que corresponde a nuestro gusto, pero tambien su trato, su bonomia, su humor, su generosidad y su respeto por las personas y las instituciones sociales.

De hecho, una persona bella, casi siempre es exquisita. Físicamente, su apariencia no la determina la marca de la ropa, los atuendos o accesorios que usa, sino el gusto al avenirlos a la imagen personal que de ella misma tiene.

La gente bella es diligente y atenta; especialmente, oye con atención y respeto a sus interlocutores, interviniendo cuando le corresponde, para aportar opiniones ponderadas sobre lo tratado e incorpor temas agradables o interesantes.

La gente bella demuestra su preocupación e interés por las cosas, problemas y sentimientos de los demás. Como consecuencia, normalmente genera las mismas reacciones e  inspira y recibe idénticos sentimientos, como los que logra demostrar con su trato afable pero auténtico.

La gente  bella, es activa, optimista, sinérgica y… vibrante. Este tipo de personas suele ser  moderada, tolerante, caritativa e intenta por encima de todo realizar esa proeza humana tan dificil: ser justa. Quizás porque nunca olvida que solo somos seres humanos, tratando de ser mejores, pero que, al final, no somos mejores ni peores, sino… diferentes.

La gente  bella, por lo general enfrenta la vida con alegría y da gracias por el privilegio de vivir. Por eso, en busca del éxito personal no se atemoriza del fracaso, porque entienden que es necesario tropezar para aprender como recorrer mejor el camino.

Lo único triste de todo esto es que, no obstante que a cada momento tropezamos con gente bella –porque ciertamente hay mucha- nuestros mecanismos de defensa,  y la prisa que injustificadamente ponemos en nuestra actividad, no nos deja tiempo suficiente para detectarlas;  y con ello perdemos la oportunidad más linda que nos ofrece la existencia: disfrutar plenamente de nuestros hermanos humanos.

 

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Sobre el tema se ha escrito mucho, variado y constante; sin embargo, por su importancia para la felicidad personal, todo lo que se abunde es bueno.

La efectividad de nuestra personalidad, depende en mucho de cómo nos consideremos nosotros mismos; a nuestro favor tenemos que corpórea y espiritualmente, somos la obra más acabada sobre esta madre tierra.

Físicamente, somos especialmente singulares. Nuestro cuerpo es individual, único, hecho a imagen y semejanza de Dios y eso significa que nadie puede ser más o menos bello sino diferente, pero siempre… bello; precisamente porque Dios es bello.

Nacimos cuando, como y donde tenía que suceder; nuestra edad, siempre, es la apropiada; nuestros padres los mejores y este hermoso y apasionante mundo, nuestra heredad.

Tenemos el poder de dar a cada circunstancia la trascendencia que nos convenga, y eso nos asegura la posibilidad de determinar el nivel de la satisfacción deseada.

No necesitamos mostrarnos diferentes a como somos, ni desear la vida de otro, y la autenticidad es elemento importante de nuestra personalidad. En función del amor, sabemos superar nuestra originalidad, elevarnos por encima de nuestra propia naturaleza y eso nos hace… espirituales.

Disponemos del intelecto suficiente para diferenciar lo bueno de lo malo; lo seguro de lo peligroso; escogimos la generosidad y ser útil nos regala el honroso título de hijos de Dios.

Mis tiempos siempre han sido buenos: cuando niño satisfice mi curiosidad y me reí de todo lo importante; cuando joven aprendí a amar la vida, las personas y a disfrutar con fruición… todo, sin darle mayor trascendencia. En mi madurez aprendí que el respeto, la consideración, el reconocimiento y la admiración, fundamentan el amor verdadero y… permanente.

Hice de la generosidad y la felicidad mi ruta: por eso comparto mi pan con el necesitado, abro mi corazón al desvalido y presto mi hombre al desventurado, para recostar su cabeza.

Conozco lo que valgo, sé que como ser humano, soy único e irrepetible; consecuencialmente, a cualquier edad represento un valioso obsequio para cualquier otro ser humano. Así que, quien no lo descubra, aprecie o desperdicie, simplemente… se lo pierde.

Eso es la autoestima; sentirnos, dentro de nuestra natural sencillez, especialmente seguros de estar dotados por Dios, de todos los atributos necesarios para motivar éxito, bienestar, solidaridad y amor; condiciones fundamentales para combatir el egoísmo y lograr nuestra mayor ambición como seres racionales: LA FELICIDAD.

 

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¿SI DIOS ESTÁ CONMIGO QUIEN PODRÁ ESTAR CONTRA MÍ?

Un estudiante de la Universidad de Carabobo convalece en una clínica, gravemente herido por delincuentes que se enfrentaban, cuando se encontraba al otro lado de la calle de su vivienda.

Se trata de un padre de familia trabajador, pero además estudiante nocturno de la Universidad, para superarse y dar una mejor forma de vida a su grupo familiar.

La situación fue tan escabrosa, que sus relacionados no se explican cómo entre las ráfagas de las ametralladoras, y el vehículo de uno de los contrincantes fallecido, que agonizando  le embistió, no perdió la vida; porque no solamente recibió impactos de bala sino que, además, el auto le pasó por encima.

Lo que hace más dramático el caso, es que no se encontraba en ningún sitio inapropiado o a deshoras, sino frente a su casa y en horas normales. Sin embargo, para él ni para nadie es posible prever el futuro, que está allí, a segundos de distancia, siempre para afectarnos en  positivo o en negativo.

Por otra parte, no podemos quedarnos en nuestras casas por temor a un futuro negativo e incierto, sino que,  estamos obligados a combatir ese pseudomasoquismo que pareciera invadir amplios ámbitos de nuestra sociedad, amenazando nuestra fe en Dios y en nuestra capacidad de supervivencia.

Ese amigo se recuperará, pero no por este desafortunado acontecimiento dejará de trabajar o estudiar. No, el seguirá adelante trabajando duramente para la subsistencia de su familia y estudiando en busca de un futuro mejor.

¿Cómo y por qué no murió, si todas las condiciones estuvieron en su contra? Es una pregunta que nadie puede responder y que, quizás, ni siquiera valdría la pena conocer.

Pero… ¿Podemos prever estas situaciones?  Y… ¿Cómo y quién nos cuida en estos casos?

Pienso que por no conocer el futuro, no es posible preverlo. En cuanto a quien nos cuida, luego de haber estado varias veces cercano a la muerte y haber sobrevivido en condiciones asombrosas, no tengo la más mínima duda de que es Dios; porque como en el caso en referencia,  por mis propios medios nunca lo hubiera logrado.

Por tanto, no debemos olvidar que si estamos en paz con nosotros mismos; si andamos en los caminos del bien, el amor, la generosidad y la verdad; alguien invisible pero muy efectivo, siempre cuidará nuestros pasos; y nadie, bajo ninguna circunstancia, podrá hacernos más daño que aquel que podamos resistir.

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«AMOR, CONSIDERACIÓN Y RESPETO ES TODO LO QUE PIDE UNA MUJER»

En mi vida, desde muy tierna edad, siempre existieron mujeres que signaron de manera definitiva mi sino; por ellas he sentido la mayor ternura, respeto, admiración, pasión, y se quiere, devoción. De ellas aprendí el amor, la compasión, la caridad, la gratitud y esos otros valores humanos que nos forjan más cercanos, sensibles y solidarios con nuestros hermanos de especie, haciéndonos merecedores de llamarnos… hijos de Dios.

Comenzó con mi madre, esa dama antañona que llenó de amor el sendero que con ella viví; que proyectó el camino de mi vida, sobre la base de creer en uno mismo, de dar paso a las situaciones por adversas que fueren, con la fe y la seguridad de que, siempre, sin importar cuando, podremos superarlas.

Mi hermanita que convivió conmigo su niñez, que me llenó de afecto;  y al final, cuando siendo aun una niña Dios la llamó a su encuentro, por siempre dejó un aroma de azahar en mi alma, que  hoy, en este momento, lo percibo en lo más profundo de mi sentimiento.

Luego vino mi esposa, esa compañera de viaje largo que perfumó mi vida y siendo muy joven subió a mi barco, para ayudarme a llevarlo a puerto seguro. De ella aprendí lo importante del compromiso,  que conlleva respeto,  admiración, aceptación, consideración y buena comunicación, como los tres  pilares que soportan cualquier buena relación de pareja: amor, admiración y respeto.

Después vinieron mis tres bellísimas y amorosas hijas, que son la extensión de ese tierno amor que nos permitió edificar y mantener un hogar por más de cuatro décadas,  donde somos un equipo, y la felicidad es nuestro color de identidad.

Conozco mis hijas muy bien; las he visto llorar de amor y por amor, enfrentando con entereza pero con generosidad cualquier circunstancia, sin permitir perder la confianza en sí mismas y en los demás seres humanos, por lo cual siempre las he visto  perdonar y olvidar agravios, sobreponerse y… triunfar.

Las admiro, porque las he visto hacerse mujeres y sé que no es nada fácil el papel de madres, esposas, leales y entrañables amigas. Fabrican hombres y los hacen seguir el buen camino, aunque la mayoría de las veces no les sea debidamente reconocido.

Constantemente las he necesitado y siempre las necesitaré. Quiero irme primero, porque creo que no se vivir sin ellas; han sido siempre mi mayor acicate para salir adelante, mi mayor bendición y a ellas debo el éxito logrado en mi vida, que resume en una frase: SER FELIZ..

 

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Cuando escucho el ulular del viento en mi ventana y miro el vuelo raudo de los pájaros en ese cielo hermoso, con nubes de mil formas caprichosas, bajo el cual los hombres deambulamos en busca de algo mejor todos los días, pienso que Dios, vida, amor y amistad, conforman el sendero maravilloso y especialísimo, donde los seres racionales podemos lograr nuestra realización material y espiritual, comúnmente conocida como… LA FELICIDAD.

Dios, como gran hacedor en esta vida de proposiciones diversas, y única posibilidad de trascender a un plano superior, nos asegura un viaje hermoso, divertido, emocionante y edificante por este mundo físico, en la misma medida de nuestra capacidad de entender y asimilar como utilizar las grandes dotes, cualidades y bendiciones con que fuimos diseñados.

La vida física, que es el mayor tesoro de que disponemos, no es más que la alfombra sobre la cual podemos hacer de nuestra existencia, una experiencia mágica o un paso borrascoso.

La amistad, que como relación requiere permanente alimentación, dedicación y cuidado, cuando se hace fuerte y sincera,  pudiera ser uno de los más apreciados condimentos para darle sabor a nuestra vida, porque nos obsequia placer, compañía y… seguridad.

Somos seres únicos y tan especiales, que podemos con nuestros sueños crear nuestro propio mundo de fantasía, pero con increíble capacidad para convertirlos en realidad. Tal es la fuerza vivificante y sustantiva de los sueños, que cuando por alguna razón agotamos la capacidad de soñar, ciertamente comenzamos a morir… en vida.

Toda nuestra existencia racional funda su sentido de supervivencia sobre ese otro factor extraordinario y también único de nuestra especie, sin el cual nuestra vida, excepcionalmente vulnerable, se hace terrorífica: la esperanza. De tal suerte que, quien en un momento dado siente perderla, camina por la vida, como lo escribiera Walt Whitman: “…amortajado hacia su propia destrucción”.

Si consideramos con la seriedad y responsabilidad la importancia debida de esos factores vivenciales, haciendo de Dios  uno con nosotros, al adicionarles el amor, la amistad, los sueños, la generosidad y la esperanza, podremos experimentar y contagiar a nuestros semejantes, de una existencia exquisita; donde cada segundo represente un tiempo sin tiempo, tan especial, que en sí mismo encarne… toda una vida.

Y lo más importante de esta última consideración vivencial es que, por depender exclusivamente de nuestra voluntad y ser interno, nadie, bajo ninguna circunstancia, puede evitar o  limitarnos la posibilidad de lograrlo.

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Un abrazo se parece a una lágrima, puede ser de dolor o de amor, comprensión, alegría y solidaridad. Hoy, con los mineros de Atacama en Chile, nuevamente humedecieron mi espíritu las lágrimas de alegría, de madres confundidas con el abrazo de hijos, madres, padres, esposas, hermanos, amigos y… un Presidente realmente humano.

Millones de personas en toda América, Europa, Africa, Asia y Oceanía, fuimos profundamente conmovidos y, de alguna manera, nos sentimos uno con los mineros rescatados del fondo de la tierra. El mundo retomó la sensibilidad humana universal perdida, desterrando fronteras y barreras ideológicas, para dar paso al amor, la solidaridad y la ayuda efectiva; de tal forma presenciamos una historia sorprendente, donde se impuso la vida sobre la muerte, la felicidad y la alegría sobre el dolor y la tristeza.

La sociedad organizada demostró su poder cuando actúa sin temor; con fe, unión, decisión y contundencia frente a sus Gobernantes, independiente de cual fuere el sistema que los rige.

En el campamento La Esperanza las mujeres dieron el ejemplo: permanecieron veinticuatro horas diarias, en las peores condiciones de salubridad, alimentación y climáticas para gritar: aquí nos quedamos hasta que se rescate a nuestros familiares, y el Gobierno se vio impelido a actuar y… lo hizo eficientemente.

El Presidente Piñera, dejando de lado la parte ideológica, unió al País y al mundo para pedir ayuda –que recibió sobradamente. Con su Ministro de Minas  estuvo allí permanentemente con su esposa. De él escuché el saludo y consejo apropiado para  un hombre que resucita: “…bienvenido a la vida, a disfrutarla intensamente.” Este ejemplo  debería ser seguido por otros mandatarios.

Esa admonición presidencial ha sido mi norte y lo he escrito cientos de veces: Disfrutar la vida intensamente, como única posibilidad para ser y hacer felices a los demás.

Demos gracias a Dios por el resultado, pero aprendamos de ello el aprovechar cada instante para amar intensamente, manifestarlo y probarlo con hechos; porque además de ser maravilloso dar amor y ternura, no sabemos hasta cuándo podremos hacerlo, y si lo desperdiciamos, no hay segunda oortunidad.

Así como acariciamos una flor, disfrutamos un perfume u oímos una bella música, tenemos que sentirnos y vivirnos con deleite; no importa si el sentimiento es familiar, amistoso o pasional, lo importante es sentirlo, manifestarlo y actuar en consecuencia; con la seguridad de que los milagros existen y este rescate es la mejor prueba de ello.

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«LO IMPORTANTE NO E S CUANTO SE VIVE, SINO COMO SE VIVE»

¿Debe medirse la edad de las personas por la cantidad de años vividos o por su actitud frente a la vida?

Pienso que por lo segundo; en mi largo pero interesante camino por esta vida, he compartido con quienes acumulaban varias decenas de años, pero tenían viva su curiosidad, entusiasmo e interés por explorar nuevos proyectos; actitudes que no se compadecían con su avanzada edad cronológica, porque eran personas de juventud prolongada

Conocí también otros de treinta años, quienes por su forma de ver la vida y las cosas, su temperamento timorato, taciturno y negativo, parecían encontrarse de vuelta del final del camino, asemejando personas realmente… viejas.

En un mundo sinérgico y cambiante, no son los años vividos lo que determina la condición juvenil o diferencia los jóvenes de los viejos, sino la actitud entusiasta, curiosidad, deseo de emprender y experimentar nuevos senderos; de soñar, amar con pasión, enfrentar con valor y optimismo la cotidianidad y sus desafíos.

Sin que pueda significar que brillantes jóvenes no aporten grandes beneficios a la sociedad, de hecho, fueron personas mayores de cuarenta años, quienes haciendo valer su juventud existencial, realizaron los mayores e importantes aportes a la civilización. Pero en cada uno de estos casos, jóvenes o viejos, para nada influyó en ellos su edad cronológica, sino su actitud frente a la vida, perseverancia, diligencia y gestión, que representaban su edad existencial.

Así como la juventud genera entusiasmo, valor, curiosidad y deseos de lucha, la edad permite mirar la espalda de las cosas y sobre el pedestal de lo vivido, determinar quienes actúan como viejos y quienes como jóvenes, independientemente de cuantos inviernos hayan vivido sobre esta madre tierra.

Esa actitud vivencial, que diferencia un viejo de un joven, pude palparla cuando un sesentón por su apariencia, pero con cara alegre y risueña, respondía sobre su edad diciendo: – Me siento muy joven: tengo dieciocho años de edad y cuarenta y dos de experiencia. Sé que es posible sentirse así, aún teniendo edad avanzada, si se mantiene el convencimiento de que todo tiempo es bueno para amar, soñar, esperar de la vida, aceptando que es nuestra actitud y estado de ánimo, lo que determina como nos sentimos.

Todas las edades son malas para la tristeza e infelicidad; asimismo, todas son buenas para la buena vida que, venturosamente, depende de nuestro estado de ánimo, en su más alto porcentaje.

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Hoy quiero compartir con mis consecuentes lectores, algunos pensamientos y antiguas enseñanzas que    por obvias nos pasan desapercibidas, pero son fuente de sabiduría; o al menos, abonan a ese concepto de inteligencia de que esta representa “…la medida de la capacidad de hacer las cosas bien, todos los dìas.”

Rreflexionar sobre que: debemos dar con alegrìa, màs a las personas de lo que ellas esperan de nosotros; no debemos creer en todo lo que oimos; gastar todo lo que tenemos; ni dormir tanto como podamos, son sabios consejos que quien los toma, logra una existencia màs productiva y reconfortante.

Recordar que cuando digamos: yo te amo debemos hacerlo con sinceridad; o lo siento mucho, mirando a los ojos de quien nos disculpamos, me consta que inspira aceptación, confianza y respeto por nuestra persona.

Jugar siempre limpio; nunca insultar a nadie; no juzgar ninguna persona por sus parientes, me ha evitado meterme en muchos problemas en la vida.

Hablar siempre claro y lento, pero pensando rápido; y sonreir diciendo: ¿Por qué deseas saberlo? ante una pregunta problemática de responder, les aseguro que ha economizado miles de horas de mi tiempo y quizás, algunos sinsabores.

Recordar que: grandes amores conllevan grandes riesgos; que, una pequeña pelea no debe hacer perder una gran amistad; y que, cuando se pierde se debe aprovechar la lecciòn, me han ayudado fundamentalmente, a poder orientar acertadamente, a quienes solicitan mi ayuda.

Aunque no lo comparto en su totalidad, sí considero apropiado reflexionar sobre este antiguo proverbio,  porque recordarlo y actuar en consecuencia, evitará situaciones inconvenientes: NO SE PUEDE RECOGER: la piedra, después de arrojada; la palabra, después de dicha; la ocasión, después de perdida; y el tiempo, después de pasado.

Tener respeto por mí mismo; respeto por los demás; y responsabilidad por mis actos, me han regalado cientos de consecuentes amigos y una familia amorosa, que han hecho mi vida màs agradable y buena.

Estar de novio por lo menos seis meses antes de casarse; creer en el amor a privera vista; amar profundamente y con pasiòn; nunca reirse de los sueños de otros; y decir salud cuando alguien esturnuda, contribuyó de forma decisiva a mi buena relación con quienes amo y la grata solidaridad de mis amigos, que contribuyeron con esa bella vida que por màs de sesenta y nueve años, Dios me ha regalado.

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