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Archive for the ‘AMOR VERDAD Y LIBERTAD ESTAN UNIDOS’ Category

AMOR SIN LIBERTAD ES MENOS AMOR

En toda actividad humana, el equilibrio, más que conveniente y/o necesario, es esencial; pero especialmente en una relación personalísima como la de pareja, es… fundamental. Integrar una unidad con iguales derechos, deberes, responsabilidades, y como consecuencia opciones, beneficios, posibilidades y realizaciones, produce en los integrantes un extraordinario y tranquilizante sentimiento de seguridad y positividad.

Es el trato diario en el hogar, el mejor escenario para medir la eficacia del sentimiento de libertad que genera la igualdad de las partes. Es sobre la base de esa premisa que se entrega lo mejor de la persona humana, porque al fin y al cabo, se trata de una obra común de la máxima entidad, con vocación de solidaridad y permanencia, que redundará en beneficio de ambos.

A la hora de hacer pareja, no existe diferencia entre hombre y mujer para aportar beneficios. Ambos concurren con sueños, ambiciones y necesidades de compartir amor, solidaridad, ternura y… sexo. Ninguno aporta más que otro, porque ambos se complementan; por tanto, no hay deudas que compensar o pagar por recibir ese trato íntimo y especial, sino momentos que vivir. No es mejor ningún hombre que ninguna mujer ni viceversa, porque ambos recibieron de Dios todos los dones necesarios para ser y hacer feliz a otros.

No se tiene por razón del género más vocación de ternura, diligencia, respeto, consideración o cuidado, porque ambos son hijos de Dios, dotados de inteligencia y razón; otra cosa es que uno se esmera más que otro por obsequiar mejor estos dotes. Los miembros de parejas felices sabemos que la mejor vida es la que se comparte con igualdad, sinceridad, consecuencia, aceptación y amor; que la mejor discusión es la que se evita; que el mejor alimento es aquel que se disfruta en armonía; que para mantener vivo el amor se requiere respeto y admiración; que el mejor sexo es aquel que damos y recibimos vinculándolo al espíritu, porque trasciendo lo material en el tiempo y el espacio.

El equilibrio en la pareja, representa la única posibilidad de sentir con plenitud que valió la pena dejar el amplio ámbito de acción de la soltería, para cambiarlo por la libertad de amar de forma permanente, a quien nos ratifica con sus actos de todos los días, que se merece todo lo que somos capaces de darle, porque nos ama, respeta, estimula y edifica, alimentando el entusiasmo y la emoción de compartir nuestro destino.

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«VIVIR FELIZ LA VIDA ES MÀS ACTITUD QUE APTITUD»

TORTA

La vida es una deliciosa torta que  Dios sirve para nuestro deleite, a la cual todos estamos invitados.

Todos nacemos con capacidades diferentes pero suficientes para participar de ella, pero observamos como algunos la disfrutan más que otros, según sea el tamaño, sabor o relevancia que le den al comerla. Sin embargo, hay quienes no asisten a tomar su parte, sino que recogen las sobras de otros comensales.

¿Cuál es la diferencia entre unos y otros?

Se trata más de actitud que de  aptitud. Al nacer, con la primera dosis de oxígeno iniciamos el banquete. Unos bebés lloran pidiendo su primer pedazo, pero otros no y el médico debe incitarles a tomarlo. Asimismo, unos son menos llorones, enfermizos y felices que otros. Los primeros disfrutan del alimento, el ambiente, las personas con curiosidad y entusiasmo, porque instintivamente, andan en procura de… su pedazo de torta.

Al crecer, progresivamente desarrollamos esa actitud de buscar lo que nos corresponde. El afecto de nuestros congéneres nobles, generosos y ansiosos de dar y recibir amor, aunado a la belleza y riqueza del paisaje geográfico, nos anuncian su magnífico contenido. Pero será nuestro estado de ánimo el que defina la actitud de participación, desarrollando la aptitud para lograr el mejor pedazo, porque la Ley de la Abundancia asegura suficiencia para todos.

Disponemos de razón e inteligencia suficientes para procurarnos lo conveniente. Nosotros decidimos dónde, cuándo y cómo logramos la mejor parte. Nadie puede hacerlo por nosotros.

El que amanece feliz, da gracias, saluda y bendice el día, considerándolo el mejor en cada oportunidad, está sirviendo la mesa. El que realiza sus actividades con entusiasmo y disfrutando al ser útil, está fabricando la torta. Aquel que ambiciona, sueña, ama y se complace en la plenitud de vivir, seguro de que la vida le dará lo que espere y produzca con sus acciones, es el primero en llegar al banquete. El que recibe los acontecimientos como producto de su aptitud para vivir mejor, convirtiendo problemas en asuntos por resolver y recibiendo los inconvenientes como positivos, porque le señalan el camino a seguir en busca de su felicidad, es el que toma el mejor pedazo.

Quien asume esta vida como una experiencia espiritual, que se sirve del cuerpo para lograr sus cometidos terrenales orientados a su felicidad personal, es el que toma su parte tranquilo, sin prisas, temores ni vaticinios negativos y disfruta de su parte de la torta, donde el tamaño, sabor y efecto en su vida, sólo él puede determinarlo.

Un pedazo de la torta  se ofrece a todo ser humano; el lograrlo, su tamaño, sabor o efectos corresponde fijarlo a quien la toma. No existe posibilidad de transferir esa responsabilidad, porque es parte del libre albedrío que sólo nosotros manejamos y nos identifica como hijos de Dios.

La mesa está servida; tome su parte ya y… disfrútelo. No lo deje para después, luego podría ser tarde.

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¡GRACIAS PADRE CELESTIAL!

POR ESTE HOGAR, QUE HOY ME SIRVE DE ASILO Y DE RESCOLDO DE…  ESPERANZA.

PORQUE ME HAS DADO VALOR PARA NO DECAER EN MI ÀNIMO Y MI AMOR POR LA VIDA.

POR HABER PRESERVADO MI AMOR POR LA VIDA Y POR TODOS LOS SERES HUMANOS.

POR NO HABER PERMITIDO QUE CON LOS AÑOS DECAYERA MI ROMANTICISMO, QUE AÚN PERMANECE VIVO.

POR MI VOCACIÓN NATURAL PARA DISFRUTAR EL MARAVILLOSO MUNDO DE LAS COSAS SENCILLAS.

POR DARME EL VALOR DE PERDONAR A QUIENES NO SÓLO HACEN INSUFRIBLE MI BELLO PAÍS SINO QUE AUTODESTIERRAN A SUS HIJOS… BUENOS.

POR DARME MIS HIJOS, QUE MÁS INTELIGENTES QUE YO, PREVIERON LA NUBE NEGRA SOBRE SUS CABEZAS Y EMIGRARON… A TIEMPO.

POR HABERME PERMITIDO VIVIR TANTOS AÑOS, PARA PODER VER CRECER MIS HIJOS, NACER  MIS NIETOS Y… CAMBIAR AL MUNDO.

POR DARME ESA BELLA MUJER QUE UN DÍA SE CONVIRTIÓ EN MI ESPOSA, HOY ES MI NOVIA, MI AMANTE, MI COMPAÑERA DE VIAJE LARGO Y A VECES… MI MADRE.

POR EL COLOR DE  LAS FLORES DE ESTA HERMOSA CIUDAD, QUE HOY ME ACOGE EN SU SENO SIN PREGUNTARME DE DONDE VENGO.

POR ESE PÁJARO GRANDE Y RARO QUE VUELA FASTUOSO SOBRE EL RIO, PORQUE ME RECUERDA  QUE NUNCA NADIE PODRÁ QUITARME MI LIBERTAD,

POR ESTE CLIMA TAN PARECIDO AL DE MI PAÍS, QUE AL QUEMAR MI CARA ME RECUERDA QUE TODOS VIVIMOS EN UN MUNDO QUE ES DE… TODOS.

POR ESTAS MAÑANAS, CUANDO TODAVÍA ME DESPIERTA EL TRINO DE LOS PÁJAROS, PORQUE ESA MÚSICA ME LA LLEVARÉ AL CIELO.

POR HABERME DADO UN ALMA FUERTE, PERO SENSIBLE  Y SENTIMIMENTAL, PORQUE PUEDO LLORAR Y ESO ME HACE PARECERME A… LA LLUVIA.

POR ENSEÑARME EL AMOR, EL DOLOR, LA TRISTEZA, LA TERNURA, LA ALEGRÍA Y LA PIEDAD, PORQUE ME HACEN SENTIR EL DOLOR DE  MIS HERMANOS HUMANOS.

POR PERMITIRME NACER EN ESTA ÉPOCA TAN COMPLEJA, PORQUE AL VIVIR VARIOS MUNDOS, APRENDÍ QUE TODO TIEMPO ES BUENO PARA AMAR, COMENZAR Y… SERVIR.

POR HACERME SENSIBLE A LA MÚSICA, A LA POESÍA Y A LA PINTURA, PORQUE ME HAN ENSEÑADO LA IMPORTANCIA DE ALIMENTAR MI ESPÍRITU.

POR DARME LA POSIBILIDAD DE ESCRIBIR, PARA CONTAR AL MUNDO QUE SI TE ALOJAN EN SU ALMA, SIENTEN TU PRESENCIA EN EL VIENTO, EN LA CAÍDA DE LAS HOJAS, EN EL SUSURRO DEL VIENTO, EN EL RUIDO DE LAS FUENTES, EN LA MIRADA DE LOS ANCIANOS  Y EN  LA SONRISA DE LOS NIÑOS, LA FELICIDAD ESTÁ… A UN PASO.

POR HABERME HECHO VARÓN, PORQUE APRENDÍ LO RESPETABLE, ESTOICO,  MAGNÍFICO, INIGUALABLE, NOBLE, GENEROSO Y HERMOSO DE LAS MUJERES.

POR HABER PRESEVADO MI NIÑO INTERNO, PORQUE ESO ME PERMITE RESTARLE IMPORTANCIA AL DINERO Y AL LUJO; AMAR A  TODOS LOS PADRES DEL MUNDO Y… COMER A ESCONDIDAS MIS  CHOCOLATES.

GRACIAS PADRE POR HABERME DADO TAN BUEN APETITO PORQUE ESO ME PERMITE DELEITARME DE LOS MANJARES QUE PUSISTE SOBRE ESTA TIERRA PARA MI DISFRUTE, AMAR MÁS A MI ESPOSA Y PERMITIR QUE ME SEDUZCA VOLUPTUOSAMENTE LA MAGIA… DEL VINO.

FINALMENTE, GRACIAS PADRE POR HABERME POSIBILITADO CONOCER OTROS PAÍSES, CULTURAS Y GENTE DE TODO GÉNERO, PORQUE ESO HA AFIANZADO MI CONVICCIÓN DE QUE LOS SERES HUMANOS SON GENEROSOS, NOBLES Y AMISTODOS, LO CUAL PARA MI MAYOR FELICIDAD ME HA HECHO UN HOMBRE… UNIVERSAL.

Houston, TX., verano del Año de 2008, en una mañana cualquiera, pero llena de sol, de canto de pájaros, flores de cayenas y  paraísos con los colores más vivos que jamás he visto.

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«PERDONAR NOS HACE PARECERNOS A DIOS.»

En el caso del abandono, para el agraviado entender que el ofensor luego de una actuación tan desleal, tenga derecho a ser perdonado, aceptado y nuevamente… amado, no es nada fácil.

No obstante, cuando se ama verdaderamente, el amor supera cualquier otro sentimiento; la confianza en Dios no desfallece, la esperanza permanece siempre viva, de tal manera que perdonar y olvidar se convierte en formas adicionales de amar.

Cuando el ser amado regresa arrepentido, aceptarlo no solamente es un acto noble, sino que  alimenta el dulce sentimiento de disfrutar el amor. De alguna manera, es también darse la oportunidad de encontrar lo perdido, con la esperanza de que ahora pueda ser mejor.

Si el amor permanece vivo, rechazar a quien se ama porque cometió un error, no se convierte en una revancha sino en una negación a la maravillosa experiencia de disfrutar del amor que se siente por la otra persona. En tal sentido, más que un castigo para el ofensor arrepentido, sería una forma de autoflagelación.

Si no se da la  oportunidad de corregir el error cometido y comenzar de nuevo, nunca se sabrá si se hubiese producido ese milagro que todos esperamos, a la vuelta de la esquina.

Es que… ¿De qué sirve el amor si no podemos contar con él cuando hay problemas?  ¿Acaso los humanos no somos esencialmente imperfectos? Entonces: ¿De qué sirve que me amen sólo cuando hago cosas acertadas, pero que no se me de la oportunidad de corregir cuando yerro?

Si los extraños nos aceptan como somos y muchas veces perdonan nuestros errores ¿No debemos esperar que quien nos ama tenga una mayor capacidad y voluntad de comprendernos y… ayudarnos?

Pienso que lo correcto es oír a las personas con respeto, consideración, y si es posible… caridad. Si eso hacemos con cualquier extraño ¿Cómo entender que no lo hagamos por quien amamos?

Cuando hacemos pareja, esa otra persona que nos escoge para hacer vida conjunta, nos privilegia dentro de  un abanico de muchas otras personas, y eso debería tener un gran valor;  porque al fin y al cabo es la felicidad de ambos y no de uno solo lo que se persigue en esa unión de cuerpos y almas.

En verdad, si no abrimos un compás de comprensión, aceptación y quizás de prueba, no solamente estamos negándole a quien amamos realizar su amor, sino que nos lo estamos negando nosotros mismos.

En vez de decir: «No te perdono ni acepto aunque me muera de dolor.», que sería la posición negativa, la actitud inteligente debería serlo: «Te perdono y te acepto para que disfrutemos nuestro amor.»

Finalmente, soy un convencido de que el amor, aunque está imbuido de pasión, magia y fantasía, su característica principal es la nobleza y  por tanto, dar una nueva oportunidad a quien amamos, es una forma de probar nuestra generosidad, pero también la fuerza de nuestros sentimientos.

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«PARA ESTAR TRISTE NO SE REQUIERE COMPAÑÌA.»

El fenómeno social divorcio, no podemos soslayarlo en una sociedad donde hoy afecta a más del ochenta por ciento de los matrimonios constituidos. El divorcio es tan común, que el problema ya no es divorciarse sino cuál debe ser la actitud post-divorcio para no afectarse por las reminiscencias y sentimientos de culpa, heredados de la situación vivida.

Mantener un matrimonio no sería difícil, si ambos contrayentes aceptaran la sagrada individualidad y el libre albedrío, como patrimonio inviolable de sus pares. Asimismo, sería menos traumática la separación si se aceptara de buena gana que la unión fue producto de la libre elección y voluntad, sobre la base del interés mutuo de ser más felices casados que permaneciendo solteros.

Cuando esas condiciones fundamentales que motivaron el matrimonio se dañan o desaparecen, lo más lógico es que al no darse los objetivos que produjeron la unión, quien no se sienta realizado ponga fin a un vínculo que de continuar, progresivamente transformaría un proyecto de vida en común y felicidad, en una relación sin sentido, enfermiza y contraria a sus motivaciones iniciales.

¿Puede alguien concebir con un mínimo de razonabilidad, que un proyecto donde dos trabajan para ser felices, llegue un momento en que únicamente satisfaga a uno, o lo que es peor, que no llene las aspiraciones de ninguno?

¿Qué es más importante, mantener un parapeto sin sentido, por una actitud hipócrita, en una sociedad donde se compite por su mayor expresión, dañando el amor, la solidaridad y la ternura que se deben los cónyuges, o liberarse mutuamente, dándose la posibilidad de una nueva oportunidad para conseguir lo no logrado?

La actitud conveniente, por positiva, sería la de aceptar que al divorciarse se regresa a la misma situación anterior al matrimonio; sólo que, para beneficio de quien en el futuro compartirá su vida en pareja, el divorciado aportará su conocimiento sobre lo que puede convenir o no a la relación; el hábito de vida en común que enseña a compartir y rebajar el egoísmo natural; y algo nada despreciable: experiencia para el desempeño de una buena relación sexual.

El divorciado o prospecto a iniciar uno, que maneje estos criterios positivos, podrá contestarse también positivamente la pregunta del título, porque interpretará su situación como una nueva oportunidad para lograr su ambición de compartir con felicidad, con otra persona, que con él haga causa común, le ame, respete, aprecie y acepte, con todas sus virtudes y limitaciones inherentes a todo ser humano.

Ojalá no fuera necesario divorciarse, pudiendo envejecer felices y morir al lado de esa persona que hemos escogido entre millones de seres humanos para compartirlo todo. Esa es la idea y la justificación del matrimonio, no ninguna otra.

Comparada con la edad del mundo, nuestra vida sobre esta tierra es tan corta, que desperdiciar nuestros mejores años al lado de alguien que no nos realice física y espiritualmente, sería como renegar del extraordinario e insustituible privilegio de vivir.

Si bien es cierto -y estoy convencido de ello- que nuestra alma es eterna y superará nuestra estancia física sobre está tierra, no dejo de aceptar que este regalo maravilloso de Dios representado por el cuerpo, requiere de motivaciones, logros y satisfacciones que son absolutamente físicas, cuales al vincularlas al espíritu, logran esa realización físico-espiritual que conocemos como: la felicidad posible.

Así como el espíritu se alimenta de los elevados sentimientos de amor, ternura, aceptación y solidaridad en permanente comunicación con Dios, el cuerpo en constante contacto con el mundo físico que lo rodea, requiere condiciones físicas de subsistencia como la alimentación, la salud, su cuidado y el confort personal; así como una emocionante, apasionada y tierna relación sexual.

Lo espiritual no excluye lo físico ni viceversa; simplemente se yuxtaponen, se complementan, hacen… un todo. Por una razón que es también físico-espiritual, para sentir una real plenitud, salvo casos muy excepcionales, nuestra condición de seres gregarios nos induce a concebir que la alegría, la felicidad y la plenitud, no nos llenan suficientemente si no tenemos alguien con quien compartirlas.

Alguien comentaba que para estar tristes nos bastamos solos, pero para disfrutar las cosas buenas de la vida, para estar alegres, normalmente requerimos compañía. Personalmente, comparto ese criterio.

Es por lo cual pienso que como el hacer pareja es la experiencia más interesante de cualquier ser humano, al perderla, surge su inmanente deseo, que es un derecho, a tratar de encontrar en una nueva relación, lo que no pudo obtener en la anterior.

Como consecuencia, mucho de su éxito en la búsqueda de un nuevo sendero, será influido por cómo haya procesado los efectos de la relación anterior. De tal forma que, si se permite sentimientos de culpa, o que le afecte ese invento malévolo de la mente humana denominado «nostalgia», entorpeciéndole perdonar y perdonarse, difícilmente podrá ver la parte positiva del rompimiento.

Por el contrario, si analiza y procesa lo positivo de eliminar a tiempo un problema de gravedad existencial -para él y para su ex cónyuge- como es una relación sin sentido, enfermiza y a veces pervertida, que logra dejar profundas huellas, determinándolo como una etapa de aprendizaje; capitalizando las buenas experiencias, rechazando y olvidando las malas y desagradables, sin duda se convertirá en un interesante prospecto para cualquiera de esas personas, que en el mismo camino, vienen en sentido contrario pero con idéntica aspiración de rehacer su vida, cuales tropezará en el momento apropiado y recibirá como una brisa fresca, en una mañana que no amenaza nubarrones, porque su alma está sana y abierta a cualquier nueva iniciativa para vivir feliz.

La reflexión serena sobre estas apreciaciones, pocas veces tratadas con sinceridad, de algo podrían servir a divorciados o quienes se encuentren en proceso; lo cual, luego de este análisis no parece algo del otro mundo, sino una situación vivencial que debe enfrentarse con decisión, nobleza y aplomo… cuando todavía se está a tiempo.

Próxima Entrega: EL SEXO VITAL.

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«EL DIVORCIO ES  UNA SOLUCION HUMANA A UN PROBLEMA HUMANO»

Para satisfacer solicitud de una lectora, por haberlo vivido, trataré el tema del divorcio sincera y objetivamente.

Las estadísticas superan cualquier estimación empírica. Se habla del período entre dos y cinco años, para que en la mayoría de los nuevos matrimonios se produzca la ruptura.

Yo lo trato como una solución humana a un problema del mismo género, e independiente de cualquier concepción o doctrina religiosa.

El matrimonio se produce como una opción de vida, pero bajo la premisa de que al compartir la vida de forma permanente con otro, la harán más emocionante, segura y plena para constituir un hogar y una familia… feliz.

El amor y los demás sentimientos que se derivan de el, deben ser alimentados permanentemente por actuaciones afectivas y de reciprocidad, lo cual determina que no tienen por que ser constantes; precisamente porque al faltarles el alimento, pierden su fuerza, se hacen débiles y aunque no desaparecen de nuestra interioridad, sí se ponen en una especie de estado de hibernación, o simplemente… emigran buscando un ambiente donde encuentren el alimento necesario.

Como son esos hermosos sentimientos la premisa fundamental del matrimonio, cuando se afectan gravemente se desestabiliza la familia, incluidos quienes nada tienen que ver con el conflicto: los hijos.

El hecho de que los hijos vengan al mundo por nuestra voluntad y no por la de ellos, presume la obligación de procurarles una niñez feliz, indispensable para su formación integral.

Cuando esos elevados sentimientos desaparecen el matrimonio pierde su sentido, tanto como fuente de amor y plenitud para los cónyuges, como el de sitio óptimo para el desarrollo de la descendencia.

El divorcio no se produce por elementos externos a los cónyuges, sino por la incomprensión, mala comunicación y falta de interés por la otra persona, que hacen difícil o imposible la vida en común.

El rompimiento definitivo no se da de inmediato o cuando surgen las primeras desavenencias. Se produce por acumulación de situaciones desagradables. Es el resultado de que uno de los cónyuges cambia su actitud frente a las actuaciones del otro, convirtiendo por consecuencia de su desamor, lo que antes fue bueno en algo escasamente soportable y reaccionando en consecuencia.

Desventuradamente, por una concepción de recato social mal entendido, los cónyuges no producen la separación a tiempo, cuando todavía no se han inferido ofensas graves o heridas difíciles de curar. Sino que, esperan hasta que la situación se hace inaguantable por acumulación de malos recuerdos y rencores.

El resultado de esa situación extrema es que todo se hace más difícil y complejo. La carga dolorosa del ayer, opaca los momentos felices vividos. La incertidumbre del mañana, golpea la ilusión y la esperanza de un futuro mejor. El gran perdedor resulta ser el hoy, que al convertirse en un pequeño infierno, afecta la toma de decisiones de ambos.

¿Cómo debería manejarse la situación? Es algo que en honor a su ocupado tiempo, dejaremos para mañana.

Aquí los espero.

Próxima Entrega: EL DIVORCIO (Como enfrentarlo)

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Más allá de cualquier especulación teórico-filosófica sobre el significado de la verdad, hoy comentaré sobre su valor según mi óptica personal y en función de la felicidad.

Creo firmemente que Dios es la suma y el fundamento de toda verdad. Eso quiso decir Jesús cuando predicó: «Yo soy el camino, la verdad y la vida.»

Aprendí que la mayor recompensa por decir la verdad, es que me hace libre; por oposición en contrario, la mentira me esclaviza.

Si digo la verdad no me preocupo por su consecuencia, porque responde a mis motivaciones personales, que son racionales y lógicas. Expresan lo que creo bueno para mí y para mis semejantes. Mi verdad la sostengo y puedo repetirla siempre de la misma forma, porque responde a mi idiosincracia y es parte indisoluble de mi propia conciencia.

Gracias a que siempre digo la verdad, vivo tranquilo y sin preocupación de que alguien pudiere aprovecharse de mis dichos, porque representan la realidad de lo que creo, siento, hago y espero de los demás.

Sentir que digo la verdad me da suficiente fortaleza espiritual, para creerme digno e influir en las demás personas y generar su confianza, que se fortalece cuando verifican que mis palabras se compadecen con mis actos.

No creo en la divulgada conseja de que la verdad es completamente relativa, que cada cual tiene su propia verdad, o que lo es del color del cristal con que se miren los acontecimientos. Si eso fuera así, simplemente la anarquía dominaría la sociedad.

Vinculo la verdad a mi conciencia, a mis convicciones más elevadas, a los principios éticos que rigen mi vida; cuales no pueden estar divorciados de mi concepción de Dios, que me indica que son el amor al prójimo y la búsqueda de su beneficio, los indicadores básicos de cuando estoy en presencia de la verdad.

Mi verdad no puede dañar a mis semejantes, porque todas mis actuaciones son en uso de mi libre albedrío. Expreso sólo lo que deseo, hago o soy capaz de hacer,  pero sobre la base de mis principios éticos, sin importar si es o no del agrado de otros: siempre en función del bien común.

Si miento pierdo mi libertad de sentirme íntegro, satisfecho y orgulloso de mí mismo, al tiempo que me inicio en el estresante camino sin regreso, de temer que puedan descubrir mis mentiras.

Quienes me aman pudieran dejar de admirarme por cualquier circunstancia, pero no porque descubran que miento. La verdad genera la libertad indispensable para disfrutar del amor y juntos hacen un trío indisoluble; si alguno de ellos falla, los otros dos no saben como vivir con plenitud.

La verdad otorga y genera la confianza indispensable para amar sin reservas y entregarse plenamente, cual es el fin último de toda relación humana; al menos para quienes no nos contentamos con llamarnos cristianos, sino que hacemos todo lo que podemos por realmente actuar como tales, poniendo como norte de nuestras actuaciones, el amor a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

Si tienes alguna duda o requieres aclaración sobre el tema aquí tratado, el correo del autor está disponible: amauricastillo@gmail.com

Próxima Entrega: DOS SON MEJOR QUE UNO

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