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Archive for the ‘AMIGOS’ Category

Cuando escucho el ulular del viento en mi ventana y miro el vuelo raudo de los pájaros en ese cielo hermoso, con nubes de mil formas caprichosas, bajo el cual los hombres deambulamos en busca de algo mejor todos los días, pienso que Dios, vida, amor y amistad, conforman el sendero maravilloso y especialísimo, donde los seres racionales podemos lograr nuestra realización material y espiritual, comúnmente conocida como… LA FELICIDAD.

Dios, como gran hacedor en esta vida de proposiciones diversas, y única posibilidad de trascender a un plano superior, nos asegura un viaje hermoso, divertido, emocionante y edificante por este mundo físico, en la misma medida de nuestra capacidad de entender y asimilar como utilizar las grandes dotes, cualidades y bendiciones con que fuimos diseñados.

La vida física, que es el mayor tesoro de que disponemos, no es más que la alfombra sobre la cual podemos hacer de nuestra existencia, una experiencia mágica o un paso borrascoso.

La amistad, que como relación requiere permanente alimentación, dedicación y cuidado, cuando se hace fuerte y sincera,  pudiera ser uno de los más apreciados condimentos para darle sabor a nuestra vida, porque nos obsequia placer, compañía y… seguridad.

Somos seres únicos y tan especiales, que podemos con nuestros sueños crear nuestro propio mundo de fantasía, pero con increíble capacidad para convertirlos en realidad. Tal es la fuerza vivificante y sustantiva de los sueños, que cuando por alguna razón agotamos la capacidad de soñar, ciertamente comenzamos a morir… en vida.

Toda nuestra existencia racional funda su sentido de supervivencia sobre ese otro factor extraordinario y también único de nuestra especie, sin el cual nuestra vida, excepcionalmente vulnerable, se hace terrorífica: la esperanza. De tal suerte que, quien en un momento dado siente perderla, camina por la vida, como lo escribiera Walt Whitman: “…amortajado hacia su propia destrucción”.

Si consideramos con la seriedad y responsabilidad la importancia debida de esos factores vivenciales, haciendo de Dios  uno con nosotros, al adicionarles el amor, la amistad, los sueños, la generosidad y la esperanza, podremos experimentar y contagiar a nuestros semejantes, de una existencia exquisita; donde cada segundo represente un tiempo sin tiempo, tan especial, que en sí mismo encarne… toda una vida.

Y lo más importante de esta última consideración vivencial es que, por depender exclusivamente de nuestra voluntad y ser interno, nadie, bajo ninguna circunstancia, puede evitar o  limitarnos la posibilidad de lograrlo.

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Hoy quiero compartir con mis consecuentes lectores, algunos pensamientos y antiguas enseñanzas que    por obvias nos pasan desapercibidas, pero son fuente de sabiduría; o al menos, abonan a ese concepto de inteligencia de que esta representa “…la medida de la capacidad de hacer las cosas bien, todos los dìas.”

Rreflexionar sobre que: debemos dar con alegrìa, màs a las personas de lo que ellas esperan de nosotros; no debemos creer en todo lo que oimos; gastar todo lo que tenemos; ni dormir tanto como podamos, son sabios consejos que quien los toma, logra una existencia màs productiva y reconfortante.

Recordar que cuando digamos: yo te amo debemos hacerlo con sinceridad; o lo siento mucho, mirando a los ojos de quien nos disculpamos, me consta que inspira aceptación, confianza y respeto por nuestra persona.

Jugar siempre limpio; nunca insultar a nadie; no juzgar ninguna persona por sus parientes, me ha evitado meterme en muchos problemas en la vida.

Hablar siempre claro y lento, pero pensando rápido; y sonreir diciendo: ¿Por qué deseas saberlo? ante una pregunta problemática de responder, les aseguro que ha economizado miles de horas de mi tiempo y quizás, algunos sinsabores.

Recordar que: grandes amores conllevan grandes riesgos; que, una pequeña pelea no debe hacer perder una gran amistad; y que, cuando se pierde se debe aprovechar la lecciòn, me han ayudado fundamentalmente, a poder orientar acertadamente, a quienes solicitan mi ayuda.

Aunque no lo comparto en su totalidad, sí considero apropiado reflexionar sobre este antiguo proverbio,  porque recordarlo y actuar en consecuencia, evitará situaciones inconvenientes: NO SE PUEDE RECOGER: la piedra, después de arrojada; la palabra, después de dicha; la ocasión, después de perdida; y el tiempo, después de pasado.

Tener respeto por mí mismo; respeto por los demás; y responsabilidad por mis actos, me han regalado cientos de consecuentes amigos y una familia amorosa, que han hecho mi vida màs agradable y buena.

Estar de novio por lo menos seis meses antes de casarse; creer en el amor a privera vista; amar profundamente y con pasiòn; nunca reirse de los sueños de otros; y decir salud cuando alguien esturnuda, contribuyó de forma decisiva a mi buena relación con quienes amo y la grata solidaridad de mis amigos, que contribuyeron con esa bella vida que por màs de sesenta y nueve años, Dios me ha regalado.

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Releyendo a Vinicius de Morais, especialmente su comentario de que la gente no hace amigos sino que los reconoce, me surgió la interrogante de, si podemos hacer los amigos o si, realmente simplemente los reconocemos.

Durante toda nuestra vida nos intercomunicamos con personas que nos simpatizan, otros que nos son indiferentes y algunos que rechazamos; pero la amistad que surge de nuestro espíritu no hace categorías. Los amigos, como dice de Morais, los reconocemos y tal evento no tiene que ver con su figura, género, cultura, posición social o económica; es un sentimiento que surge de muy dentro, sin mucha lógica pero profundamente humano y  edificante.

El sentimiento de amistad es una manera sublime de amar, porque es espontáneo pero además, desinteresado. Uno ama a su familia troncal, porque lleva su sangre. A su pareja, porque comparte con ella ambiciones, esperanzas, sueños, buenas y malas situaciones y hasta el sexo, todo lo cual de alguna manera conlleva intereses. Pero a los amigos los amamos, sin más requerimiento que la espectativa de su reciprocidad.

Los amigos no requieren ese afectio diario, natural en la relación consanguínea y necesario en la   de pareja. A los amigos no requerimos decirles que los amamos, como sì es indispensable con la pareja y por demás conveniente con la familia; sin embargo, cuan hermoso y grande es el espacio que abarcan en nuestra alma.

Cuando perdemos un amigo, perdemos un pedazo de espacio de nuestra propia vida; ellos no son sustituibles, porque son especiales, individuales y típicos. Es una relación esencialmente volitiva, que no mira conveniencias ni fines más allá del disfrute del sentimiento de compartir la ideología fundamental de la vida. De alguna forma, la amistad es la materialización del principio cristiano de que todos somos… hermanos.

Con los amigos vencemos sentimientos muy arraigados, como el egoísmo, individualismo y temor, que pudieran ser mecanismos de defensa, frente a un mundo que no siempre es como hubiésemos querido que fuera.

Pudiera ser que el amigo no esté físicamente presente, pero está ahí, sembrado en lo profundo de nuestro afecto; no importa cuantos años dejamos de verlo; si nos ha sido útil o no, ni como lo consideren los demás. Simplemente es nuestro amigo, que en el concierto del universo, se hace un pedazo de nosotros mismos, la mayoría de las veces sin conocer a ciencia cierta, cuanto y porqué le queremos de forma tan especial.

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Somos producto de una época de gran aprensión. Desde niños, quienes debieran protegernos y prepararnos para una vida placentera y buena, quizás por ignorancia, nos inician en ese camino angustioso y desestabilizador, que a veces nos acompaña toda la vida: EL TEMOR.

Sin importar si tenemos suficiente raciocinio para entender de lo que se trata, nos asustan con un bicho, un coco, un fantasma y en ocasiones hasta con Dios, quien supuestamente nos va a castigar.

A medida que crecemos continúan asustándonos con los ladrones, los violadores, los borrachos, los autos que nos pueden atropellar, los policías que nos pueden apresar, los exámenes que podemos aplazar, la novia que nos puede abandonar y el trabajo que podemos perder. Por si eso fuera poco, de vez en cuando, nos asustan hasta con nuestro padre, cuando nos dicen: se lo diré a tu padre para que te castigue. Como resultado objetivo, al tiempo que acumulamos años también almacenamos temor.

¿Qué hacer para vencer ese enemigo silencioso que distorsiona la realidad, magnifica los efectos dañosos de eventos que “pudieran” acontecernos y nos hace la vida miserable?

Frente a esta realidad, debemos meditar sobre nuestra extraordinaria capacidad de adaptación al medio y supervivencia. Se impone reflexionar sobre que el temor es epidémico, contagioso y … paralizante; por lo tanto debemos enfrentarlo con optimismo, seguridad, pensamiento positivo, confianza en Dios y en que somos nosotros y nadie más quienes le damos la característica negativa, positiva, feliz o infeliz a cada una de nuestras circunstancias vivenciales.

No podemos olvidar que nacimos absolutamente indefensos y vulnerables; desnudos y sin ninguna capacidad de acción, pero no obstante el temor no pudo destruirnos: sobrevivimos, crecimos, investigamos, aprendimos, nos culturizamos, amamos, procreamos, somos y podemos ser aún más felices.

Todo lo que tenemos es utilidad. No sabemos cuanto tiempo, pero si que…viviremos; y la calidad de la vida la ponemos nosotros. En vez de desperdiciarnos intuyendo eventos desagradables, disfrutemos del amor, la amistad, la bondad; imaginemos la generosidad de nuestra gente, la paz que somos capaces de dar y recibir del mundo; las buenas intenciones que pueden guiar nuestro camino, el amor y solaz familiar que somos capaces de generar todos los días. Si lo hacemos de esta manera, si nos convencemos de nuestra ventura de ser hijos de Dios y tener siempre su protección, esa será la mejor manera de vencer el temor por hoy y… por siempre.

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La maravillosa frase “todo pasará” ha sido repetida y concientizada por siglos; quienes la atesoran viven tranquilos hasta su ancianidad. Sin embargo, la mayoría de las personas… la ignoran. Pienso que si nuestra formación hubiese sido diseñada en función de nuestra felicidad, hubiese sido nuestra primera enseñanza familiar y se habría continuado en la educación formal desde el kínder hasta el último grado universitario; porque… ¿De qué sirve cualquier triunfo si no somos felices?

La convicción de que todo pasará representa la única posibilidad cierta de transitar el camino de la vida en paz, tranquilidad y regocijo. Quienes teniendo problemas graves, por desconocer esta verdad milenaria, al no encontrar solución inmediata, acrecientan progresivamente en su psique su entidad, auto flagelándose con la visión de un futuro desventurado que pudiera ser que nunca llegue. De la misma manera, quienes logran el éxito en su confort y felicidad, se desbocan en excesos considerando que ya nunca cambiará su situación, lo que les impide tomar las previsiones mínimas necesarias.

Felicidad, dolor, salud y enfermedad son huéspedes en habitaciones contiguas; la enfermedad y el dolor llegan sin avisar y el amor surge sin programación alguna. Por tanto, si se disfruta intensamente de felicidad, salud y amor a conciencia de que podrían pasar, al deleitarse en estas bendiciones, se tomarán las previsiones oportunas frente a la posibilidad de que se produjere un cambio. Asimismo, si se sufre dolor, enfermedad o desamor y se asume que todo pasará, no solamente será más llevadero sino que se fortalecerá el espíritu y enriquecerá la experiencia.

Si hoy estamos sanos, prósperos, enamorados y felices, daremos gracias; seremos comprensivos, generosos y caritativos con nuestros hermanos humanos, compartiendo esas bendiciones recibidas de Dios; disfrutaremos al máximo, conscientes de que esto podría cambiar en un momento dado, pero que nuestra fe, optimismo, diligencia, amor por la vida y a los semejantes, son nuestras mejores armas para evitar o retrasar unas situación indeseable.

Las promesas de amor, de amistad, de solidaridad, con el transcurrir del tiempo y la condiciones, suelen deteriorarse, golpeando el alma y la autoestima del afectado; no obstante, el hecho cierto de que todo pasa, se convierte en una tabla de salvación para aminorar el dañoso y abrir la posibilidad a un nuevo panorama.

El conocimiento de la indefectible temporalidad material de toda circunstancia, motiva el aprovechamiento, goce y fruición de lo que tenemos a mano, precisamente porque conocemos que pudiera ser pasajero.

Es que el hecho de que todo pasa, produce la sanadora realidad del olvido. ¿Qué sería de nosotros si no pasara el dolor, la tristeza, la frustración y los malos momentos? ¿Si no pasara el dolor por la muerte de los padres o un hijo? Venturosamente, como todo pasa las sensaciones, buenas o malas, más tarde o más temprano, al pasar…se olvidan.

De la misma manera, si nos ataca una enfermedad, mala situación o somos objeto del desamor, no debemos desesperarnos, porque conocemos que eso pasará; vendrán tiempos mejores y estos males serán sólo un recuerdo, que de alguna manera nos prepararán para disfrutar mejor ese futuro bueno que nos espera; y eso se llama… esperanza, cual es una cualidad que, como alguien lo escribiera, es lo único que el hombre mantiene hasta después que la ha perdido.

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«EL DIA QUE NO SONRÍAS ES UN DÍA PERDIDO»

AMURI BLOG UVF

En general, no está muy claro por qué las personas festejan cumplir un año más, cuyo resultado práctico es que representa un año menos de vida y uno que nos acerca a la muerte, lo cual dado el miedo serval que la mayoría siente por ella, no pareciera nada lógico celebrarlo.

En mi caso, aunque personalmente no vivo por años sino por días, permito con alegría que mis seres queridos celebren ese rito cada año del día de mi nacimiento. En verdad, es que soy seguidor de Antoine de Saint-Exupèry cuando escribìa que los ritos son buenos porque hacen unos días diferentes de los otros.

Pero, más allá del privilegio que para mí represemta cumplir un nuevo año, cuando tantos amigos de diferentes edades he dejado en el camino, siento que Dios me ha permitido vivir extraordinarias experiencias. Así, por ejemplo, he conocido dos Siglos y dos Milenios, lo cual es un evento tan especial, que para que nazcan otras personas que como yo, que con menos de cien años de edad conozcan dos siglos y dos milenios, hace falta que transcurran por lo menos novecientos años.

Por otra parte, en estos dieciocho años de edad (que es como me siento) y los cuarenta y nueve de experiencia, que hacen mi juventud prolongada hasta los sesenta y siete de mi calendario personal, he podido lograr mis metas más preciadas; entre ellas, amar intensamente y ser útil a mis semejantes, para lo cual, por cierto, no me pesan en nada los abriles transcurridos.

Pero si algo me llevaré de esta vida como uno de los mayores regalos recibidos de Dios, es el haber disfrutado de esas bellas personas que, aunque no llevan mi sangre, me aman y me dejan amarlos: mis amigos.

Son esas muchas bendiciones que Dios nos da todos los días, lo que deberíamos celebrar permanentemente, sin esperar el festejo del rito de los cumpleaños. No obstante, gracias, muchas gracias a las tantas personas,  incluídos mis familiares, que tanto en Facebook como por otros medios, se han acordado de que un día como hoy… yo vine al mundo.

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