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Archive for the ‘ALMA SANA’ Category

«Dame tu mano y seremos dos para vivir, luchar y… vencer.»

En 1969 era muy joven para entender lo importante de la comunicación para los seres humanos, pero en esa oportunidad viví lo doloroso de ese tipo de ignorancia. Estaba en proceso de divorcio, lo cual para quien considera a la familia como base de la sociedad organizada, era lamentable.

 Una tarde asistí a un café con la esperanza de encontrar alguien con quien conversar y hacer menos ingrata mi soledad. Cuando me proponía degustarlo, entró una dama como de mi edad con cara de preocupación, se sentó en la barra a unos tres asientos de donde me encontraba y pidió su café.

Como ambos estábamos solos y se notaba desolada,  intuí que podíamos hablar y de alguna manera, hacer menos dura nuestra carga emocional. Me senté a su lado y la saludé cariñosa, pero respetuosamente. Ella no me contestó sino que me miró con rabia, como ofendida, tomó su café y se retiró unos cuantos asientos.

Mi sorpresa ante esa reacción se convirtió en frustración e incomprensión del hecho, porque yo no estaba sugiriendo nada incorrecto, solamente quería hablar; necesitaba que otro de mis hermanos humanos me oyera, porque siempre he creído que es lo menos que nos debemos como individuos de la misma especie.

De ese incidente aprendí lo importante que, en algunas oportunidades, puede resultar para un ser humano conversar, ser escuchado.

Reflexionado sobre ese incidente deduzco que si la dama, quien como yo tenía graves problemas existenciales, socializaba conmigo, seguramente habríamos comentado nuestros problemas y descargado nuestras almas, con el mínimo resultado de hacernos amigos.

Es que mucha gente desestima lo importante que es para un ser humano ser tomado en cuenta, pero especialmente, ser escuchado.

Hay tanta gente sola, aislada de sus hermanos humanos por barreras físicamente inexistentes, quienes en silencio piden a gritos que alguien, no  importa quien sea, por favor los oiga; grandes dolores, tragedias personales y colectivas se habrían evitado si alguien hubiese oído con mínima atención, respeto y consideración, a personas en estado de desesperación.                                   

Vivimos con aprensiones, sospechas y reservas… injustificadas. Nacemos buenos y en nuestra alma continuamos siéndolo; la sociedad nos crea mecanismos de defensa que nos distancian, pero debemos luchar contra ellos. Fortalecernos recordando a Jesús: «Ama a tu prójimo como a ti mismo»

 Escuchar a quienes tienen problemas, tristeza, depresión, o simplemente confunsión, es el acto más caritativo; porque regalar bienes físicos sólo lo hacen quienes disponen de ellos, sin requerir de una sensibilidad especial. Pero, para escuchar con respeto e interés los problemas o circunstancias de otras personas, se requiere de ese sentimiento maravilloso que mueve al mundo: Amor, que en estos casos deja de ser una conveniencia para convertirse en una obligación. 

Así que, por favor, preste atención a las personas,  independiente de si son propias o extrañas; a sus problemas, porque pudiera ser que ese momento de atención, que esos minutos de su tiempo, puedan evitar un dolor, aclarar una confusión, sembrar una esperanza  o evitar una desgracia. 

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«PARA AMAR TODO TIEMPO ES BUENO»

¿Qué aspecto de mi vida es realmente extraordinario en mi existencia? Más allá de la vida misma como tal, creo que lo único realmente extraordinario -cual nos hace diferentes a todas las demás especies- es EL AMOR.

Nacemos, permanecemos aquí por algunos años, y luego físicamente desaparecemos de la misma manera como lo hacen las demás especies. Realizamos todos los actos necesarios para mantenernos vivos; nos reproducimos, nos hacemos viejos y… morimos.

La diferencia profunda es la conciencia de que disponemos de un espíritu, razón e inteligencia. Nuestro espíritu como nuestro cuerpo físico, requieren un alimento especial: EL AMOR, sin el cual la vida, cual los seres inferiores, se reduciría, exclusivamente, a los aspectos biológico y fisiológico de mantenimiento vital físico hasta… morir.

Somos creados, nos reproducimos y vivimos por amor. Mientras nuestro binomio cuerpo-espíritu es debidamente alimentado por amor, funcionamos a las mil maravillas. Se ha demostrado científicamente que todas las funciones para mantenernos con vida, se desempeñan mejor cuando estamos alegres, entusiastas y satisfechos; y todo eso reunido, únicamente lo sentimos cuando AMAMOS, porque en tal estado físico-espiritual, simplemente estamos enamorados de la vida.

Desde mi óptica masculina -que es muy similar a la femenina- y a título de ejemplo, pregunto: ¿Es usted como yo, que amo comer, beber, dormir, compartir, y de vez en cuando consentirme quedándome el día en pijamas? Pues todas esas cosas encuentran su mayor plenitud de disfrute cuando lo hacemos con las personas que nos inspiran amor; especialmente aquella que amamos pasionalmente y que comparte su vida con nosotros: nuestra pareja, que si es la indicada también es nuestra novia, amante, amiga, compañera y a veces… madre.

¿Qué porqué las personas usan drogas heroicas, alcohol, tabaco, se aíslan y algunas inclusive se suicidan? Más allá de las que vienen con taras mentales congénitas -que son muy pocas- lo hacen por FALTA DE AMOR. Quienes se hacen adictos a las drogas o alcohol, no lo hacen porque aman esos productos nocivos, sino que se inician buscando llenar vacíos vivenciales, que se producen por falta de ese elemento irremplazable que es EL AMOR.

El suicidio, más allá de los pocos casos realmente psicóticos, se produce por la falta de fe, confianza en sí mismo, en la gente y en la protección permanente de Dios, que son estados mentales opuestos al amor, de los cuales no sufren las personas que aman. Al menos yo, en más de seis décadas con uso de razón, no tengo noticia de alguien que se haya suicidado porque sentirse feliz o amado.

Es que si disponemos de la vida y conocemos que lo único que no puede sernos inoculado, vendido o trasladado de ninguna forma es el amor y también lo tenemos, todo lo demás -como lo decía Jesús¬ vendrá por añadidura.

Si estamos conscientes de que sólo Dios sabe qué es lo que más nos conviene, con fe ponemos nuestro destino en sus manos y disponemos de amor para las personas, lo que producirá de ellos hacia nosotros la misma actitud…¿A quien se le ocurriría pensar en dejar esta vida?

La buena noticia es que el amor está ahí, a su lado, esperando por usted en el corazón de la persona que se encuentra cercana, o en la acera de enfrente, o la que llegará un poco después. A usted le toca abrirle las puertas de su alma y sin reservas; el la identificará, abrirá la puerta, entrará, se sentirá como en casa y se quedará… para siempre.

Asi que, como no tengo duda que a su alrededore existen personas que le aman, aunque algunas no se lo digan… todos los dìas, piense en lo horrible y solitaria que serìa su vida sin ellos. Pero lo más importante es que todos, sin excepciòn, lo ùnico que esperan de usted es algo que no sòlamente es fàcil sino agradable de dar: AMOR; por favor, no se los niegue porque serìa negarse usted mismo lomàs bello que nos regala la vida.

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«EL EMBARAZO ES MARAVILLOSO PARA LA VIDA SEXUAL…»

No obstante que a mis sesenta y siete años de edad mis arrestos masculinos siguen incólumes, ese símbolo que emulsiona inocencia y sexo, con tanta fuerza y significación que encarna Angelina Jolie, despierta en mí otros sentimientos bien diferentes. Quizás tenga que ver con mi condición de padre de tres también muy bellas e inteligentes mujeres, y permanente enamorado de la -para mí- más linda y genial de todas las que conozco: mi esposa Nancy.

Aunque no la conozco personalmente, admito que esta mujer extraordinaria no solamente es sexy, elegante, liberal, genial y desprejuiciada, sino que también es noble, caritativa y generosa. De alguna manera pienso que tiene mucho de inocencia, en la acepción de «carencia de maldad.»

Creo que su alma es sana y su espíritu fuerte. Desde 1982, con su debut en el cine, hasta hoy su vida ha sido muy activa, más allá de los honores, justificados premios mundiales recibidos, pero, también sus varios fracasos matrimoniales, nunca ha perdido la fe en su capacidad para producir felicidad propia y para los demás.

Por sus actuaciones notamos que ella considera que se debe al mundo. Especialmente ha trabajado por los refugiados. Escribió un libro donde refirió su participación activa en actos humanitarios de diferente género (Notes from my travels), que no dejó duda de lo importante de su vocación y acción a favor de los más desposeídos.

El acto de reconocimiento y efectividad de su designación como Embajadora de Buena Voluntad del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), sólo ha venido a soportar su compromiso voluntario de ayudar a los más débiles. Porque ya antes, adoptando niños y dedicando millones de dólares de su propio peculio a estas causas, había demostrado su compromiso autoimpuesto.

Hoy, verificado su embarazo de sus gemelas con Brad Pitt, Angelina regala a las mujeres, algo ejemplar de su sinceridad y genialidad, que analizado y visto con interés, pudiera ayudar a muchas mujeres que, imbuidas de una vanidad sin sentido, ven la gravidez como negativa para sus relaciones sexuales.

Angelina declaró en una entrevista para la revista Entertainment Weekly, que el embarazo «es maravilloso para la vida sexual. Te hace más creativo. Así que te diviertes, y como mujer estás redonda y a tope». Felicitaciones. Personalmente, como padre de cinco hijos, puedo certificarlo. En el embarazo se produce un caudal de Feromonas, endorfinas y quien sabe cuantas secreciones endocrinas más que invaden su cuerpo, haciéndola especialmente tierna, bella, sexy, más… mujer, y deben satisfacerse.

Así que, señoras cojan dato. Sáquense de la cabeza esos prejuicios de que la gravidez es inconveniente para las relaciones sexuales. No lo dije yo, que soy un fan de las mujeres embarazadas, sino que lo dijo Angelina que es experta en eso de disfrutar la intimidad; lo que hace falta es deseo y creatividad, lo demás es… divertirse. Esas fueron sus acertadas palabras.

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La importancia de mantener una buena imagen física, reside en el hecho de que las personas mientras no nos conocen, la única idea que pudieran hacerse de nosotros estaría motivada por nuestra presencia física.

 Como consecuencia, el mantener una imagen impecable puede ser determinante, tanto para quienes nos observan como para  nuestra propia satisfacción personal. 

Esa misma armonía física que aporta al sentimiento de autoestima, debemos procurarla en nuestro espíritu, cual incide de manera definitiva en la capacidad para ser felices. De tal suerte que, como nuestro cuerpo, requiere ser maquillado cuando fuere necesario. 

Algunas experiencias vividas van dejando una especie de cicatrices en el alma, que si no son atendidas, debida y oportunamente, terminan afectándola y como consecuencia, desmejorando nuestra calidad de la vida. 

La mejor manera de «maquillar el espíritu», es extirpando por siempre los recuerdos desagradables e ingratos; perdonando los agravios y aceptando la imperfección del ser humano, que en muchos casos, lo lleva a actuar más compulsiva que racionalmente.

 La actitud positiva frente a la vida, convenciéndonos de  que las actuaciones de las demás personas, cuando parecieren agresivas o desconsideradas, sólo son el reflejo de su propia personalidad, que es diversa, se constituye en la mejor «crema» para maquillar nuestro espíritu.

Eliminar el temor, sobre la base de la confianza en sí mismos y la protección permanente de Dios, es la mejor «base» para un buen maquillaje del rostro espiritual.

 Recibir con amor y esperar lo mejor de cada día, disfrutándolo intensamente como si fuera el último, pero con vocación para vivir muchos años, es el mejor «reconstituyente»  para mantener lozana la muy delicada  piel del alma.

El amor espiritual vinculado a una actividad sexual plena, con la persona que amamos y hemos escogido para compañera de viaje largo, es «vitamina» que no tiene igual para mantener el espíritu en su óptimo nivel de eficiencia.

 La risa, el buen humor y trato afable, son el mejor «perfume» para el espíritu, porque inunda, refresca y contagia de optimismo el ambiente, impregnándolo de buenos presagios.

No hay mejor «accesorio» para el espíritu que el buen estado de ánimo, porque predispone el compartir y hace más grata la convivencia.

  Nuestra autoimagen interna no requiere de especialistas en cirugía reconstructiva o correctiva para variarla o mejorarla, porque depende de nuestra propia genialidad, actitud y aptitud para sentirnos plenos y satisfechos.

 Por tanto, si en alguna oportunidad baja nuestro biorritmo y sentimos nuestra imagen espiritual desmejorada, debemos echar mano del maquillaje espiritual dándonos un toquecito de amor, de la misma manera como lo hacemos con nuestro cuerpo físico para vernos mejor.

 Al fin y al cabo, no somos solo espirituales ni únicamente corporales; somos una conjunción físico -espiritual, que nos hace únicos y especiales sobre este planeta,  y eso requiere permanente atención, porque además es… inmutable. 

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Refiriéndose a ese hecho tan especial que produce el amor cuando dos personas muy diferentes, al hacer pareja llegan a hacer de sus vidas un solo cuerpo y una sola alma, Manuel García Morente escribió: «El amor es, más bien, una confluencia de dos vidas que se unen con el afán de fundirse, confundirse en una sola.»

 Sin duda, esta admonición encierra el sentido primordial de hacer pareja. Ciertamente, la principal motivación para unir nuestra vida a la de otra persona, casi siempre extraña hasta poco tiempo antes de conocerla, no es otro que el de fundir nuestra vida,  para confundirla en una sola con esa otra persona.

 Es que el amor surge espontáneo, imprevisto, pasional y… urgente. Su espontaneidad le genera riesgo; su pasión, peligro; y su urgencia es la de lograr rápida y apasionadamente unir el cuerpo y el alma a quien amamos, aun a costa de cualquier riesgo o peligro.

 Cuando amamos nos embarcamos en un albur. Jugamos todo. No nos reservamos nada. Nuestros mecanismos de defensa se minimizan o neutralizan y sólo tenemos espacio para la emoción, la pasión, el entusiasmo, la ilusión y… la esperanza. Todo inmerso en esa bruma rosada que nos hace ver la vida como debería serlo: muy bella.

 El resultado de esa hermosa aventura que significa hacer pareja, en mucho va a depender de que los dos tengan la capacidad de fundirse y confundirse en una sola;  lo cual por cierto no es tan difícil, pero sí que requiere de cierta nobleza, generosidad y muchos deseos de dar, reconocer,  y aceptar a la persona que amamos en sus propias y originales dimensiones humanas.

 No es posible encontrar un «prototipo» especial conforme nosotros lo ideamos. No, no es posible. Pero, si tenemos la capacidad de fundirnos con el otro, al confundirnos nos hacemos una parte de su cuerpo y de su alma. Así, al integrarnos en uno solo, vencemos las diferencias, caminamos la misma ruta, por el mismo sendero, con los mismos intereses, ambiciones y sueños.

 Me consta que eso es posible, lo he  vivido y disfrutado por más de treinta y ocho hermosos años. No ha sido fácil, pero si emocionante y engrandecedor.  Es como una meta que establecemos, en beneficio de la cual todos los días hacemos algo positivo, beneficioso  y… agradable. Tiene que ver mucho con aquello de cual es el color que uno asigna a las situaciones y eventos de la vida diaria.

 Somos nosotros mismos y nadie más los responsables de lograr el premio; viviendo de la mejor manera posible, manteniendo vivo el afecto y el respeto, haciendo del hogar un nido de amor donde se funde y progrese una familia; y eso sólo puede lograrse cuando dos personas que se aman y hacen pareja, tienen el valor y sinceridad de mostrarse como son, de actuar para fundirse y confundirse en un solo cuerpo y  una sola alma. 

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 El título de esta entrega corresponde a  una inquietud que me manifestaron, por encontrar  una vía que ayude a incorporar a otras personas al maravilloso mundo de vivir la vida en, con y por Dios. 

Pienso que nuestro Padre Celestial, que es todo amor, tiene sus propios caminos en todo, pero que es legítimo, bien intencionado y cristiano, tratar en lo posible de ayudar a encontrar el camino a esas personas que, habiendo recibido de  Dios el incomparable tesoro de vivir, escasamente sobreviven por su falta de fe, confianza, optimismo  y esperanza, cuales sólo da el amor inmenso y la seguridad en la bondad de Dios.

 Ciertamente, para que un niño camine, una planta se desarrolle o una idea se concrete, requiere de un tiempo en función de  factores,  unos fijos y otros variables, conforme a  la naturaleza del asunto.

 Respecto de esas personas que pareciera que no quieren nada con la vida, porque la  sobrellevan como una dura carga obligatoria, en su gran mayoría, y aunque les sea duro aceptarlo, responden  a una fijación mental de un enemigo implacable, creado por su propia mente y difícil de vencer: el temor a las secuelas del pasado,  lo conocido, lo desconocido y lo que… pudiera suceder.  

 Ese temor, la mayoría de las veces irracional, es producto precisamente de que no tienen una real conciencia de su procedencia, lo que  representan y su potencial personal, frente al universo donde les toca vivir.

 Así, al no disponer del conocimiento de su origen divino, también desconocen el poder que les es inherente como parte de Dios, que ha permitido a los humanos  a través de los siglos y milenios, sobrevivir colectivamente todas las catástrofes; desarrollarse culturalmente transformando el paisaje geográfico; realizar los mayores descubrimientos para vencer las enfermedades y los elementos nocivos de la naturaleza; e individualmente, crear prodigios en las artes y las ciencias, logrando con el desarrollo de sus potencialidades, la felicidad integral.

Por tanto, lo mejor que podemos hacer por esas personas, es acercarnos a ellas con respeto, consideración y amor; no como a enfermos a quienes vamos a curar, sino como a hermanos con quienes queremos compartir, demostrándoles con nuestra actuación feliz, entusiasta y desinteresada, que la logramos y disfrutamos porque hacemos un todo con Dios.

 Es con nuestra actuación diaria de amor, aceptación, respeto, colaboración, sensibilidad y solidaridad humana, la mejor manera de  señalar el camino. Es nuestro ejemplo, en ese cotidiano mundo de las cosas sencillas, honrando a las personas y engrandeciéndolas sin importar su edad, ideología,  género o clase social,  donde podemos demostrar nuestra felicidad, que al materializarse en actos objetivos beneficiosos para los demás, no dejará ninguna duda que estamos y nos sentimos como una parte de Dios.

 Pienso que la herramienta más efectiva para adentrarse en el conocimiento de los beneficios de compartir nuestra vida con Dios, lo es en ese mundo de quietud y paz que representa  la meditación, que se produce en nuestro ser  interno; donde sólo hay espacio para dos: Dios y nosotros.

 Si somos felices con Dios, tratar de que otros también lo disfruten, más que un acto gracioso es… un compromiso,  y así debemos asumirlo.

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