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Archive for the ‘AGRADECIMIENTO’ Category

GRACIAS… PADRE

SIN MI FE EN DIOS ESTOY COMPLETAMENTE SOLO

IMAGEN DE DIOS  V 

En esta noche tranquila y excepcionalmente fresca, como… decembrina, bajo el manto clarísimo de un paisaje de estrellas, escuchando en mi alma el ruido del silencio que es largo e indefinible, siento la necesidad de dar GRACIAS: MUCHAS… MUCHISIMAS GRACIAS.

Sí, en este mundo lleno de contradicciones que despierta sentimientos de  todo género; donde los hombres parece que nos empeñáramos en complicarnos una vida, que es agradable, fácil y sencilla, siento que debo dar gracias por tantas bendiciones recibidas.

Es que no hay un momento del día o de la noche, en mi casa o fuera de ella, que no sienta en mi camino, la influencia de esa fuerza poderosa y universal que se llama Dios; siempre guiando mis pasos y los de las personas que amo.

Necesito dar gracias por mi vida y por la de mi familia, que son una parte de mí; por mis amigos, que aumentan mi felicidad diaria; por la de mis adversarios, que mantienen vivos mis mecanismos de defensa; por la de tantos pobres, que mantienen activa mi generosidad y me enseñan sobre lo importante de la humildad; por la de los muy ricos, que me muestran su gran soledad y… pobreza espiritual; por la de los creyentes y justos, que me muestran su paz y me ayudan a aumentar mi fe; por la de los descreídos, que no pueden ocultar su permanente angustia, inseguridad y temor, lo que me destaca el gran tesoro de que dispongo.

Pero también debo dar gracias por el sol, que hace las flores más hermosas, y el agua que las mantiene vivas; por el vuelo de los pájaros, que me señalan el valor de la libertad, y por las notas de sus cantos que me regalan alegría; por la hormiga que paciente recorre kilómetros con su comida a cuestas para poder sobrevivir, porque me enseña lo suave  que es mi trabajo y lo fácil que es mi vida.

Tengo que dar Gracias a Dios por ser  un pedacito de esta tierra amada, que se llama Venezuela; por quererla casi de manera enfermiza y poder estar aquí con amor y deseos de ser útil,  hoy y… siempre.

Sí, gracias Padre Celestial, porque me has permitido sentir estas… verdades, que me elevan sobre mi propia naturaleza física y me hacen sentir que cada día, mes o año que transcurro sobre esta tierra, que es mi hogar, son una nueva bendición.

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      fotos papa iphone 28-8-2011 152

En verdad, soy enemigo de esa tendencia tan en boga de que todas las enfermedades son cáncer;  y que cuando se diagnostica tal enfermedad el paciente y su familia lo reciban como una sentencia de  muerte. Simplemente, me consta que el cáncer es curable.

Hace más de 2.500 años antes de Cristo, un filósofo griego sentenció: “No hay enfermedad del cuerpo sin enfermedad del alma” Como no creo en generalizaciones y menos aún cuando se refieren a seres humanos, pienso que quiso significar  que si estamos enfermos de nuestra alma porque no somos felices, envidiamos, odiamos o tenemos ira, somos más proclives a la enfermedad del cuerpo.

Sin embargo, por experiencia propia porque soy sobreviviente  por meses de un cáncer a  los 71 años de edad, en el  cual  me compliqué gravemente tanto en mi hígado como mis pulmones,  lo superé.   Pienso que cuando se trata de tal enfermedad, en primer lugar debe aceptarse la enfermedad, igual como se hubiese podido sufrir un accidente o ser herido gravemente en un asalto; especialmente  porque en Venezuela existen recursos médicos y medicina  de última generación para atacar el cáncer, especialmente cuando se diagnostica a tiempo.

 Aceptada la situación, la confianza, el valor y la fe en la curación se convierte en parte muy importante del restablecimiento. Cumplir estrictamente con la indicación médica y alimentarse bien para mantener altas las defensas. Les cuento que en mi caso, ingerir alimentos alcalinos, como vegetales,  y algunos muy especiales para aumentar la hemoglobina como el tomate de árbol, me dio  extraordinarios resultados.

Aunque tenemos que aceptar que es una enfermedad grave, su diagnóstico no significa que vamos a morirnos. Hoy en Venezuela tenemos buena quimioterapia, radioterapia y cuando es necesario, inmejorables  y expertos cirujanos oncólogos. No es sólo mi caso, sino muchos otros que conozco que han sobrevivido 5, 10 y 20 años, terminando por morir de otra enfermedad. Por ejemplo, luego de un año de mi última sesión de quimioterapia ninguno de los 20  o 30 pacientes que estuvieron conmigo ha muerto. Todos están tratando de vivir una vida más sana (especialmente la alimentación y menos estrés), pero aquí están.

En mi caso, terminé de superar mi enfermedad bajo la convicción de que era yo y no mis médicos quienes podían terminar de mejorarme. Esto, porque ellos ya habían hecho su trabajo, lo habían hecho bien y ahora me tocaba hacer mi parte, y así lo hice.

(*)Dr. Amauri Castillo Rincón – MsC

http://www.unavidafeliz.com

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La cara de Dios

 

 Creo que el factor predominante en el progresivo estrés que aqueja nuestra sociedad, lo produce la falta de reflexión personal sobre el balance entre las cosas buenas que nos da la vida “Bendiciones” y aquellas de las cuales carecemos.

Esas cosas buenas que nos da la vida “Bendiciones”, suelen tener dos características fundamentales: a) Todos  disponemos de ellas sin gran esfuerzo; y b) No se requiere dinero para obtenerlas. Sin embargo, sobre estas cosas buenas que nos da la vida, normalmente no hacemos la evaluación debida, lo cual hace  nuestra vida menos agradable de lo que realmente debería ser.

Cuando trato con alguien que noto alegre y satisfecho, se trata de  quien disfruta de esas cosas buenas de la vida “Bendiciones”,  como la vida misma, el aire, el agua, el amor, la utilización de sus sentidos y sentir un mundo lleno de gente buena.

En la oportunidad de tratar con personas que parecen tristes, perturbadas o preocupadas, sucede lo contrario. Cuando  inquiero sobre la causa de su tristeza, casi siempre, se trata de la sensación de una carencia,  lo cual no es más que de alguna cosa que equivocadamente consideran  fundamental;  sin ser más que un asunto por resolver.

Dios, nos dio gratis y sin mucho esfuerzo  las cosas fundamentales para nuestra  vida integral. Por ejemplo, el aire no requiere ningún esfuerzo o erogación para obtenerlo; asimismo, el agua, sin lo cual no viviríamos más de una o dos semanas, la conseguimos en todas partes con  facilidad; la alimentación está disponible en todas partes; y el amor, sin el cual no podríamos realizarnos material y espiritualmente, tampoco se vende y está disponible en cada ser humano.

En cambio las “carencias” como  el trabajo, la ropa, donde cobijarse y el dinero, no son fundamentales para sobrevivir físicamente, y con diligencia logramos superarlas: en verdad, no son problemas, son  asuntos por resolver y estamos dotados de todas las capacidades para solucionarlos.

Pero, paradójicamente, no es el disfrutar sin esfuerzo de tales bendiciones lo que ocupa la mente de las personas; su gran preocupación es la carencia de cosas que no son fundamentales para la vida. Seguramente que, si reflexionaran sobre lo maravilloso de disponer de tantas bendiciones, haría balancear las carencias de la vida diaria,  y bajaría el alto porcentaje de estrés, cual por cierto, es fuente de la mayoría de las enfermedades.

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                   SIENTO MI PRESENTE COMO UNA BENDICION


Quienes aseguran que todo tiempo pasado fue mejor, quizás se aferran a imágenes mentales de su ayer, que constituyen en  refugio para escapar a una realidad, que por cualquier circunstancia les produce temor a enfrentar con entusiasmo su vida diaria.

Pienso que todo tiempo es bueno para disfrutar las muchas bendiciones que existen sobre esta tierra para nuestro beneficio. Si bien es cierto que algunos de nuestros recuerdos son hermosos y gratos, no menos cierto es que  será muy difícil evaluarlos en su justa medida, fuera de su contexto de tiempo y espacio.

En principio, en nuestra existencia, la forma de ver la vida y las cosas evolucionan y se comportan conforme se suceden los acontecimientos. Así, algunos valores y códigos de comportamiento sufren modificaciones, producto de nuestro desarrollo físico e intelectual; como consecuencia, situaciones que ayer nos parecieron interesantes, hoy pudiéramos considerarlas irrelevantes.

Respecto de los gustos, por ejemplo, es común que aquello que nos pareció espectacular y bello en nuestra niñez o adolescencia, cuando somos adultos cambie radicalmente; y es que, en esa época ya superada, por nuestra natural curiosidad todo era nuevo y emocionante, pero con el devenir de los años, el enfrentar diariamente una vida que es absolutamente práctica, pone las cosas en su debido lugar.

Decir que todo tiempo pasado fue mejor, sería como aceptar que con el correr del tiempo,  se pierde nuestra capacidad de disfrutar de las cosas bellas y buenas del presente, especialmente el amor de y a nuestros semejantes, y eso sería tan terrible como aceptar que estamos muriendo… lentamente.

No digo que unos días no sean diferentes a los otros, porque eso es más bien, deseable. Pero aferrarse a la nostalgia común en mucha gente, derivada de situaciones que ya nunca volverán, es un sentimiento que al distorsionar la realidad, sacrifica las cosas buenas de la vida diaria, por un recuerdo que nuestra mente, erróneamente evoluciona incorporándole elementos sublimales que nunca llegaron a existir.

Sin considerarme obsesivo, soy un fanático del presente, por el cual… doy gracias; lo vivo intensamente, lo siento en cada una de mis células y si de algo me sirve el tiempo pasado, es para fortalecerlo con los buenos recuerdos, cuales por cierto son los únicos que en mi permanecen.

Por eso… ¿Mi mejor tiempo? Este eterno presente, cuando aún puedo pronunciar esa maravillosa expresión que dice más que mil palabras: te amo.

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Si volviera a vivir creo que sería maestro, pero no para enseñar matemáticas, lenguaje, geografía o cualquiera de esas materias diseñadas por nuestra sociedad para enseñarnos  a… sobrevivir. Y no es que esté en desacuerdo con la enseñanza formal, sino que se descuida o subestima enseñar a los niños algunas cosas y circunstancias que, pareciendo obvias, pudieran definir su felicidad.

Necesitamos enseñarles a soñar, a disfrutar cada segundo de tantas bendiciones que Dios puso para nosotros sobre esta tierra; lo elemental que es nuestra vida y lo fácil que es sobrevivir físicamente; la importancia de amar y compartir todo lo bueno que podemos dar; que al despertar el poder ver el sol, sentir la brisa de la mañana y pronunciar la palabra madre, son bendiciones que debemos disfrutar con fruición para iniciar un nuevo día, y por ello deben dar gracias.

Enseñarles que lo trascendente como nuestras funciones internas vitales, espiritualidad, estado de ánimo y libre albedrío, nos es dado como una parte de nosotros mismos; que lo material para mantenernos vivos siempre estará a nuestro alcance y para lograrlo solo requerimos diligencia  y confianza en nuestras actuaciones.

Instruirles sobre situaciones y circunstancias que por obvias dejamos de advertirles, pero que su conocimiento y convencimiento pudieran hacer más venturoso su destino, como  el hecho de que más importante que la cama, es tener sueño;  que  mejor que acumular  riquezas es cultivar buenos recuerdos y la conciencia tranquila; que lo importante no es como nos ven sino como nos sentimos; que es más importante ser cauteloso que valiente; que la mejor forma de lograr la abundancia es dando en igual medida; que la sabiduría es más importante que el conocimiento y la salud depende en gran manera de nuestro estado de ánimo.

Convencerles de  que un consejo es bueno, pero el ejemplo es mejor;  que la caridad nos engrandece, pero la comprensión nos hace parte del que sufre; que no hay mejor ayuda que oír con respeto al desventurado y responderle con generosidad; que la verdad nos hace libres y la mentira esclavos; que el  orgullo es un enemigo, pero la humildad su redención; que la envidia es el peor castigo, para quien la profesa; que el mejor poder es el que ejercemos sobre nosotros mismos; que el perdón y la oración sanan  el alma, tranquilizan el  espíritu y nos hacen parecernos a Dios.

Sólo eso quisiera hacer… si volviera a vivir.

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Una lectora me solicitò la repeticiòn de este artìculo publicado en 2008, que espero lo disfruten.

Hoy, cuando los temores abundan porque se teme al terrorismo internacional, asesinos en serie, depredadores infantiles, al VIH, los precios del petróleo, al recalentamiento global y… pare de contar, cualquiera de estas realidades, sin considerar otras muchas como perder los bienes, un amor o un ser querido, se convierten en factores de perturbación, que podrían llevarnos a un estado mental de pseudoparanoia, por decir lo menos.

¿Qué hacer frente a tantos posibles riesgos?

Como habitante de esta aldea global que crece y crece… sobre todo en problemas, no creo exista una fórmula mágica para la tranquilidad que funcione para todos. Pero sí puedo comentarles lo que, siendo menos joven en años y en bienes materiales que muchos, he hecho para evitar que esos agentes negativos afecten mi decidida intención de continuar disfrutando una vida feliz.

Acepto y asumo mi vulnerabilidad personal física; admito que puedo ser objeto de esa violencia indiscriminada e injustificada, que pareciera haber llegado al mundo para quedarse, quien sabe por cuanto tiempo. Pero al asumir y aceptar los riesgos, abro opciones que me permitan vulnerarlos, o por lo menos disminuirlos.

Me convenzo de que se trata de riesgos POSIBLES pero no actualizados. Por tanto, dependerá de como actúe el que esas posibilidades no se conviertan en reales probabilidades, para lo cual debo neutralizar el temor porque distorsiona la realidad y magnifica situaciones que aún no han llegado y quizás… nunca lleguen.

Controlado el temor, desenvaino mi arma más poderosa: mi fuerza espiritual que me asegura que soy un pedacito de Dios, quien es el más poderoso y me transmite parte de su poder y sabiduría, dos elementos contundentes frente al mal.

Para atenuar las posibles contingencias malignas, me escudo en mi amor por la gente y mi sentimiento de aceptación a mis hermanos humanos, quienes, en su mayoría, son buenos y sólo buscan ser aceptados y tomados en cuenta con todas sus virtudes y… defectos.

Pero lo más importante para evitar que me afecten gravemente esas posibles contingencias dañosas, es mi convicción absoluta de que nada, ni una hoja se mueve sin la voluntad de Dios; y que, independiente de cual sea la magnitud del riesgo o peligro, su acaecimiento siempre dependerá de su voluntad.

Así he vivido mis 69 años y aquí me tienen feliz, con salud, con una bella familia. Siempre bajo la protección de Dios, haciendo las cosas que pienso le agradan, cuales no son difíciles, pero además agradables: confiar en su poder y bondad, aceptar y amar a mis hermanos como a mi mismo, compartir con ellos y tratar de serles útil. Confieso que no me ha sido difícil entenderlo, asumirlo y convertirlo en mi arma defensiva más eficaz, quizás porque me ha funcionado… siempre.

Por eso hoy, mi admonición final es: NADA PUEDE AFECTARME SI DIOS NO LO APRUEBA y Él sabe mejor que yo lo que me conviene. Puedo vivir tranquilo: estoy en las mejores manos.

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orandoAnoche, mirando un programa sobre la recuperación de un alcohólico, el gran sufrimientos de su esposa, hijos, hermanos y amigos, que le observaban impotentes morir en vida sin poder hacer nada, reflexioné sobre todo lo que Dios nos ha preservado, pero también de lo mucho que nos ha dado, que hoy más que nunca me siento obligado a dar gracias… infinitas gracias.

Siento que estar todos con vida, amarnos, aceptarnos y admitir a nuestros hermanos humanos con su propia diversidad; no ser dependientes de ningún vicio y sentir a Dios, todos los días como parte de nosotros mismos, reúne las mayores bendiciones. Saludar con entusiasmo cada día que nos permite enfrentar los retos que nos imponemos, y recibir la noche como la recompensa para la meditación y el descanso, son otros privilegios que nos obligan a recordar la infinita bondad divina.

Creo que todos, sin ninguna excepción, tenemos mucho que agradecer a Dios; pero a veces, por descuido o porque se nos pasa desapercibido, no reflexionamos sobre lo tanto que hemos recibido.

Basta con abrir un Diario nacional o extranjero, hojear una revista o mirar la televisión, para enterarnos como muere la gente todos los días o como quedan lisiados para siempre; como las personas, independiente de su edad o condición social, son objeto de violencia y crueldad; como jóvenes, en toda su plenitud, entregados a graves vicios y actividades obscenas, desperdician lo mejor de sus vidas, automancillando ese bendito cuerpo que recibieron de Dios, enfermándose y haciéndose viejos antes de tiempo.

Pero nosotros hemos sido preservados; se nos bendijo con claridad mental, humildad, amor a nuestro cuerpo y a las demás personas, así como fe en nuestra capacidad para superar cualquier eventualidad, porque con propiedad nos sentimos herederos de Dios sobre esta tierra, lo cual nos obliga a ser mejores todos los días para continuar siendo merecedores de tales dones.

Siento que no basta con agradecer, sino que se requiere divulgar la necesidad de entender que fuimos dotados de condiciones especialísimas, como la razón y la inteligencia, cuales les fueron negadas a los demás seres vivos, y eso es una gran ventaja para ser felices, pero es también un delicado compromiso, porque se nos exige en la misma medida en que se nos da, y de igual manera estamos obligados a dar testimonio y enseñar estas verdades. Es suficiente que una sola persona lo entienda, tome el ejemplo o lo aprenda, y ya habremos hecho bastante.

Por eso debemos dar gracias a nuestro Padre Celestial todos los días, en cada hora, en cada minuto, porque somos afortunados por conocer estos secretos; por haber recibido suficiente fuerza de voluntad para ponerlos en práctica, no incurrir en errores irreparables, poder cosechar sus frutos, deleitándonos en una vida plena y feliz.

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«EL DIA QUE NO RIAS ES UN DIA PERDIDO»

Nuestra vida tiene tantas razones y circunstancias que la hacen edificante, que ciertamente, no celebrarlo sería ir contra nuestra propia razón e inteligencia.

Una diferencia fundamental que tenemos con los animales irracionales, es nuestra capacidad de razonar frente al espectáculo maravilloso de este mundo que nos toca vivir, ante el cual abrimos un abanico de observación y expectación que nos hace la vida grata y emocionante, más allá de la satisfacción de nuestras necesidades básicas de supervivencia física.

En nuestro mundo espiritual percibimos sensaciones como las de amar, sentir y disfrutar la belleza; ejercer la voluntad propia, la generosidad, la solidaridad y la utilidad; oír música, crear y disfrutar del arte, entre otras, nos posibilita alcanzar la felicidad, como realización físico-espiritual, que se traduce en la alegría de vivir.

Esa visión de vida que trascienda nuestra materialidad, donde la calidad supere la cantidad, nos hace esencialmente especulativos, curiosos, creativos, impacientes y susceptibles a la angustia y estrés, que afectan nuestra salud física, mental y psicológica.

Frente a esa permanente búsqueda, que como seres inteligentes no podemos obviar, el único antídoto frente a la angustia que produce nuestra ambición nunca satisfecha, lo es el carácter alegre y bien humorado, bajo la premisa de que todo evento o circunstancia, siempre puede ser aprovechada en nuestro beneficio.

El privilegio de poder respirar, sin adicionales valoraciones, es ya una fuente de alegría; pero las muchas bendiciones de que disponemos para disfrutar todos los días una vida llena de retos y sorpresas, conforman una fuente permanente de satisfacción y plenitud.

Amar y ser amado, observar el paisaje geográfico lleno de cosas hermosas, convivir con el ser más noble que puebla el planeta, poder construir nuestra existencia como nosotros mismos con nuestra decisión y esfuerzo lo decidamos, son todos motivos de alegría.

Conozco y trato con persona alegres, que son comunes y corrientes a las que nunca he visto enfermas, tristes, perturbadas o estresadas; siempre sonríen, saludan, estrechan la mano o abrazan afectuosamente y dan muestras de buen humor, produciendo una influencia positiva que es… contagiosa.

Así como el buen humor es el remedio a la tristeza, la alegría previene las enfermedades del cuerpo y el espíritu. La felicidad depende de cómo asumamos la vida, por lo tanto lo inteligente es tomarla como una emocionante e interesante aventura, llena de retos y oportunidades que podemos vivir alegres e intensamente.

Como la solución es fácil y depende de nosotros mismos, mientras más pronto lo asumamos obtendremos mejores resultados. Así que, a sonreír, alegrarse, forzar el buen humor, mirar el lado positivo de todo evento y en vez de preocuparse por los problemas, ocuparse de resolverlos.

Recuerda que, la diferencia entre una persona feliz y otra que no lo es, radica en que la primera cree y practica esta filosofía de la vida.

Próxima Entrega: LA OPORTUNIDAD

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«PARA HABLAR CON MI PADRE NO REQUIERO SOLEMNIDADES»

Hablar con Dios es fácil, agradable y puede ser permanente. Él no se impacienta, ni interrumpe, nos responde y satisface nuestras solicitudes… sólo cuando nos convienen.

A Dios podemos contarle todo sin temor a malas interpretaciones, discusiones o reprimendas. Para hablar con Él no requerimos solemnidades, formalidades o palabrería rebuscada, porque gusta de la sencillez y prefiere los hechos.

Su más estimada oración es vernos felices disfrutando esa bella vida que nos dio, amando a sus demás hijos, quienes también son nuestros hermanos.

Dios ama especialmente a los niños, porque no tienen conciencia de esas cosas negativas como el temor, la envidia, la incomprensión, la competencia imperfecta y esas otras rémoras mentales, que nos impiden disfrutar la inigualable aventura de vivir.

Cuando observo un mundo brillante, un cielo azul, una tierra aún manchada de verde, sobre la cual millones de personas transitan detrás de la felicidad, hablo con Dios para agradecerle tantas bendiciones y pedirle que me de capacidad suficiente para poder compartirlas… con mis hermanos humanos.

Presiento que Dios se siente bien oyendo a la gente como yo, que quiere compartir sus sueños, pero que no es fácil que los demás entiendan que un soñador hable en silencio y que alguien pueda oirle y responderle… sin palabras.

No es fácil procesar que podemos mantener una comunicación multifacética entre nosotros y Dios, siendo que, más expresivo que una palabra, pudiera ser el pensamiento, la intención, una mirada, una sonrisa o un apretón de manos.

Cuando hablo con Dios lo hago conmigo mismo pero también con y por mis hermanos. Percibo que Él me oye y me responde, cuando lo considera conveniente. He aprendido a respetar su silencio, como Él acepta el mío, porque para eso me dio libre albedrío.

Asumo sin dolor que algunos hermanos me oigan, y otros no; así hemos sido siempre los humanos y dudo que cambiemos radicalmente. Pero, no por eso voy a callar. No sería justo con mis hermanos tímidos, inseguros, desconfiados, pesimistas, temerosos, faltos de comprensión, aceptación y amor.

Ese Dios maravilloso que me acompaña y que no necesito oír sino sentir, está en contacto permanente con mi espíritu, siempre guiando mis pasos. Lo percibo en todas y cada una de las circunstancias de la vida.

Estoy tan acostumbrado a la sensación de su presencia, que no concibo otra vida que no sea esta que con Él convivo. Esta que sólo aprecian en toda su dimensión, quienes como yo, despiertan ese divino toque de… locura que hiberna en lo más profundo de nuestro ser y nos permite romper mitos y paradigmas.

Mientras escribo, hablo con Dios. Le pido humildemente que me permita llegar al corazón de mis hermanos virtuales, para dejarles el convencimiento y un poco de esa seguridad que siento, de ser como cada uno de ustedes… interlocutor válido de Dios, porque con Él somos uno.

¿Quiere intentarlo? Decídase, hable con Dios que además de ser muy agradable, conlleva esa fuerza poderosa e indiscutible que es la oración.

Próxima Entrega: LA ALEGRIA COMO ANTÍDOTO

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«LA MUJER ES LA FLOR DEL JARDIN DE NUESTRAS EXISTENCIA.»

En un arranque de feminismo, de esos que no dejan nada positivo para las mujeres, sino que las equiparan a minorías segregadas -lo que nunca han sido ni serán- escuché que se requiere «…una nueva mujer.»

Durante mis sesenta y seis años de feliz periplo por este planeta, comenzando por mi madre, pasando por miles de mujeres hasta llegar hasta mi inigualable esposa y mis  tres extraordinarias hijas, siento que son una obra única de Dios, porque además de sus múltiples virtudes, representan la belleza de Dios sobre la tierra y son la sal del mundo.

He vivido toda mi vida bajo la beneficiosa influencia, el amor, la comprensión y la ternura de alguna de ellas, a quienes siempre he visto felices, por lo que siento que no se requiere otra mujer nueva.

Tengo tanto respeto, consideración, agradecimiento, admiración y solidaridad por esa mujer que diariamente enfrenta la vida con valentía, decisión, entusiasmo, nobleza, generosidad y… feliz como el factor de equilibrio en su familia que siento que no requiere ser sustituida por una nueva.

Lo que sí estoy convencido y promuevo en este Blog y en toda oportunidad, es que la mujer requiere sentirse mujer, lo que conlleva posesión de su significado en esta vida como factor fundamental en el mantenimiento de la especie, como de su permanencia feliz.

La mujer tiene el papel excelso de parir y formar los reemplazos que continuarán poblando este mundo, ejerciendo la responsabilidad quizás más importante en la sociedad organizada:  mantener unida la familia.

Por otra parte, su amor, ternura, aceptación, generosidad y sensibilidad humanas, desde nuestra más tierna edad hasta nuestro último día,  nos nutre haciéndonos la vida más agradable, emocionante, apasionada y… plena.

¿Quien puede discutir que el mundo sin mujeres sería yermo? ¿No son las mujeres las flores del jardín de nuestra existencia?

Si existen mujeres que no sienten su influencia decisiva en la familia, su comunidad o la sociedad en general, no significa que se requiera una nueva, sino que la actual sienta su peso real y bien ganado poder, exigiendo el debido tratamiento y ejerciendo los derechos que le corresponden, sin permitir mediatizaciones.

Creo más en la convicción personal del valor propio que  en los discursos o  arengas para promoverlo. Las normas jurídicas representan el «deber ser», no el ser. Por tanto, son letra muerta cuando no se hacen cumplir.

Si una mujer no está convencida de lo que vale y merece, al no sentir sus merecimientos, no exige  ni ejerce sus derechos.

Convivo por más de treinta y ocho años con una mujer que sabe lo que vale, que no necesita ser una mujer nueva; conoce su peso específico, su dimensión real y no acepta menos de lo que merece. Esa es la posición correcta.

No es una mujer nueva lo que se requiere, sino una mujer consciente de su valor e importancia como mujer para lograr ser  integralmente… feliz.

Próxima Entrega: LIMPIEZA MENTAL

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