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Archive for 23/10/17

No somos lo que queremos o pretendemos ser, sino que somos simplemente lo que somos. Pero esto es muy interesante porque nos pone a depender, no de nuestra condición o circunstancia personal, sino de nuestra estructura ética espiritual, que se fundamenta en la base de nuestra más importante función como seres humanos: EL AMAR sin importar como, cuando, a quien, ni por qué;  y esta especial circunstancia, exclusiva de los seres pensantes, nos prohibe el tener que juzgar, evaluar o contrapesar el beneficio de amar, porque simplemente EL AMOR es la base de toda relación  humana, consciente e independiente de cual fuere nuestra posición o condición. En principio, nacimos por amor, vivimos por amor y  no vale la pena la vida si no la fundamentamos en el amor a nuestros semejantes, que es como decir el amor a nuestros hermanitos humanos, sin importar de donde vienen, que hacen, como viven o de que viven; ya que únicamente Dios puede ver sus almas, que es la fuente de todas sus acciones, y muy especialmente, porque ellos son tan Hijos de El Padre como nosotros mismos.

El hecho de que nos sentimos felices, independiente de las condiciones en que  nos encontremos en todo momento, es el resultado de ese amor  que traemos sembrado en nuestras células y espíritu desde que nacemos. Cuando amamos a nuestro prójimo, sin calificarle de ninguna manera,  no hay inconveniente o problema que pueda entristecernos, porque el amor es nuestra fuerza, que se impondrá siempre frente a cualquier situación que pudiere parecer inconveniente. Es el amor el único recurso que nos permite disfrutar plenamente de todo lo que disponemos y estamos dispuestos a compartir con nuestros hermanos.   Por eso el Rey del Amor que fue Jesús de Nazaret, jamás pidió algo más que “…el pan de cada día”, porque como también lo comentara, estaba absolutamente seguro de que “… cada día trae su propio problema… y basta a cada día su mal”. El amor nos libera del temor, de la codicia, de la avaricia, del malsano sentimiento de acumular por un estúpido temor a algo que no podemos asegurar que vendrá y en función de esto negar ayuda a quien lo necesita.

El amor nos hace poderosos y vencedores del miedo al mañana, porque sabemos que el amor es, como me lo repitiera mi madre cuando yo era un  niño, nuestro báculo en los pasos difíciles y puerto en el naufragio…” El amor a la vida y a nuestros hermanos humanos nos libera de esas pesadas cadenas que atan a tanto rico pobre y poderoso triste, que por falta de sentir amor por sus semejantes dedican su vida a atesorar y a empoderarse, dejando en el camino la experiencia más hermosa: EL AMAR y como consecuencia compartir lo que se obtiene, y de tal forma evitar que más tarde disfruten de su esfuerzo quienes nada hicieran para lograrlo. Especialmente en momentos como los que vive el mundo hoy, donde nada es seguro y donde reina la incertidumbre, disfrutar el momento es indispensable; pero eso no se puede lograr si no se tiene AMOR,  porque el amor es milagroso en todos los sentidos. Por ejemplo, hace de un alimento compartido, por muy sencillo que fuere, un bocado delicioso; hace de la palabra de apoyo y aliento al menesteroso o al triste, el tesoro más grande a recibir. Quienes no aprenden a amar, jamás podrán disfrutar plenamente la compañía de allegados o extraños, porque sus intereses personales ligado a cualquier otro sentimiento diferente al amor, son una especie de enfermedad incurable que sólo les produce desasosiego, desconfianza y… temor. Para los que no sienten amor en su corazón, lo que piensan que dejaron de hacer en el pasado o intuyen que no lograrán en el futuro les hace infelices, y como consecuencia dejan de disfrutar del sentimiento especialísimamente hermoso de compartir, que hace plena nuestra conciencia y nos hace parecernos a Dios.

Sin duda, hoy más que en ningún momento, en todo el mundo, debemos repensarnos y retomar el camino del amor, como el único remedio a nuestros grandes males, que en su mayoría son más en la imaginación que en la vida real; es que el que ama se siente pleno, edificante y edificado en su vida, porque está consciente que está haciendo algo para lo cual fue creado. Vale comentar que nuestra vida está llena de oportunidades para dar amor de muchas maneras, el cual por cierto se basta por sí solo y no requiere ser reconocido. Siendo  muy niño recuerdo haber leído algo que nunca he olvidado; se trata de una persona llena de amor que encontró un mendigo en su camino,  pero no tenía nada que darle, entonces se acercó,  estrechó afectuosamente la mano del menesteroso y le pidió perdón por no tener nada que darle, a lo cual  respondió el mendigo: “… gracias señor, gracias por tu gran bondad; darle la mano a un mendigo y tratarlo cual amigo es limosna y caridad…” Yo estoy absolutamente seguro que la respuesta del mendigo refleja lo que es el amor: totalmente polivalente, en todo momento oportuno y bienvenido, pero además, muy fácil de obsequiar porque es compartir aunque fuere una palabra de aliento, de apoyo, de amistad, de humanidad, como en el caso del mendigo ya referido. Recomiendo a mis queridos lectores, meditar sobre este tema, ya que, si lo vemos con toda sinceridad, quizás estamos perdiendo la oportunidad de tranquilizarnos y ayudar a otros, sólo por olvidar la milagrosa importancia del amor.

Si tienes alguna duda o requieres aclaración sobre el tema aquí tratado, el correo del autor está disponible: amauricastillo@gmail.com

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