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Archive for junio 2016

A CIERTA EDAD

YO (ANTIGUO LOOK), MATT Y JENNY CON SUS HIJOS RIVER, MARCHI STORY) Hoy, leyendo sobre lo que debería sentir una mujer después de los cuarenta  años, se me ocurre escribir sobre lo que pudiésemos sentir los hombres luego de  los cincuenta; y como tengo ya cincuenta de edad más veinticinco de experiencia, puedo escribir con suficiente cualidad sobre lo que un hombre  siente luego de haber vivido cincuenta años. Por mi propia experiencia, cuando tuve menos de treinta quise comerme el mundo, sin considerar que, si lo lograba terminaría intoxicado de tal manera que seguramente moriría. De los treinta  a los cincuenta entendí que sólo me correspondía una parte de él, precisamente la que me convenía, y por tanto, luché duramente durante ese período, trabajando al lado de esa maravillosa compañera de viaje largo que me regaló Dios: mi nunca suficientemente reconocida y amada esposa. Como resultado del estudio, el tesón, la positividad, la diligencia, la confianza en mí, en la gente y el trabajo en equipo, logré en ese período encontrar una buena parte de mi meta, quizás la más importante que llenó mi espíritu: mi bella familia integrada por mi esposa,  dos hijos y tres hijas, a quienes pude dar  una buena vida en general, incluida su educación universitaria y su formación académica complementaria en el Exterior.
Luego de los cincuenta años, habiendo vivido intensamente cada uno de mis pasos por este mundo, he entendido plenamente que no hay edad especial para ser felices, porque toda edad es buena para el solaz, la plenitud y… el amor; especialmente, porque estas tres maravillosas sensaciones únicamente podemos sentirlas, y eso es algo que nadie puede hacer por nosotros, pero tampoco nadie puede evitar que lo experimentemos. En este período aprendí que no somos ni mejores ni peores que nadie, sino simplemente seres humanos con virtudes y defectos, por lo tanto debemos aceptar gustosamente, que quienes habitan con  nosotros en la intimidad o fuera de ella, sean simplemente seres  humanos con las mismas virtudes y defectos, así como  con las miserias humanas que llevamos dentro, cuales la mayor parte de nuestra vida estamos tratando de contener.
Aprendí también que es mucho mayor la cantidad de gente buena que la mala y que éstas últimas, en su mayoría, son producto de la  inapropiada formación, incomprensión, mal ejemplo y falta de amor de quienes los formaron, pero que también la sociedad no hizo mucho por comprender sus inquietudes, frustraciones y… soledad, por lo cual dejaron de creer en la bondad de sus hermanos humanos, y al actuar en su contra luchan contra ellos mismos, de alguna manera para castigarse, porque saben que toda acción engendra una reacción  proporcional.
Aprendí que las arrugas, el paso lento, el pelo blanco y la nostalgia, que  a los  jóvenes preocupan, no son precisamente una deshonra, vergüenza o, de alguna manera imposibles de evitar; porque  es honroso, venturoso y afortunado llegar a viejos; las arrugas y el paso lento, son como los surcos y el riego que van surgiendo con el  andar por  el camino de la vida,  los cuales, como en la agricultura, son necesarios para la buena cosecha; el pelo blanco y la nostalgia, disponemos de elementos y herramientas que  pueden evitarlos, si es que se desea, porque hay quienes disfrutan la nostalgia y se sienten muy bien con sus canas.
Finalmente, en esta etapa de la vida, aprendemos dos cosas fundamentales para concluir nuestro ciclo vital: la primera, que la mayor fortuna es la fe en Dios que nos regala la  tranquilidad espiritual, que nos permite vencer el temor, disfrutar de un buen sueño y observar con ternura  y  arrobamiento, las muchas bendiciones que El puso para nosotros sobre esta bendecida tierra; la segunda, que la única riqueza realmente necesaria, es aquella que nos suministra las cosas  básicas para una vida cómoda y nos permite disponer de todo lo que requerimos… cada día, lo cual por cierto  no requiere de esfuerzo monumental, sino de  hacer las cosas que convienen en el momento apropiado, esto es, lo que algunos por desconocer estas reglas de la vida, prefieren por comodidad calificarlo como: “tener suerte”. Como corolario, cuando tenemos como yo, una juventud prolongada que puede mantenerse tal hasta el día de nuestra partida, damos gracias a nuestros compañeros de viaje por habernos acompañado en esa ruta compartida, que fue del color que nosotros mismos supimos darle; bendecimos a nuestros descendientes quienes dejamos como semilla que germinará por siempre sobre esta madre tierra; nos convencemos que ayer es un muerto, mañana no ha nacido, por lo cual HOY es lo único que interesa; y con toda tranquilidad, felicidad y conciencia, damos gracias a Dios por haber… VIVIDO.

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adversidad

 

El mundo desde sus inicios ha estado marcado por explosiones, catástrofes y cataclismos hasta que, en su última era ha disminuido su actividad telúrica. El hombre, por su naturaleza gregaria, en sus comunidades igualmente ha estado en permanente sinergia, y en ese deambular buscando mejores condiciones de vida ha creado doctrinas, sistemas y organizaciones de todo género, en busca de paz, felicidad personal y  colectiva. Por tanto, no debe extrañarnos que en esa búsqueda, absolutamente legítima, desde el punto de vista de su ética natural se equivoque, tropiece, se golpee duramente, se sacuda el polvo del camino, seque sus lágrimas y siga adelante por encima de toda adversidad, pero aprendiendo de sus errores.

Hoy, no solamente nuestro país, sino el mundo entero está, de tal manera convulsionado que nuestra vulnerabilidad física  y espiritual pareciera hacerse mayor. Es por lo cual, hoy más que nunca, requerimos, como dijera el General López Contreras “…calma y cordura.” Especialmente para quienes tenemos más de 50 años, todo parece muy extraño… casi incomprensible,  pero debemos recordar que estamos en un nuevo tiempo, cuando algunos valores han cambiado, se han distorsionado o las prioridades son diferentes a las de nuestro tiempo.

Sin embargo, si queremos vivir integralmente, como es lo deseado, no podemos olvidar la única oración que hizo Jesús: el padre nuestro, donde por cierto, sólo pide “…el pan de cada día…” y no el de un mes o un año. Porque, si consideramos como letales e insoportables todas nuestras carencias, sin duda en esa preocupación sin ningún beneficio,  se nos irá el valioso  e irrecuperable HOY, que sí es real, está aquí y debemos aprovecharlo intensamente. Esto no quiere decir que nos vamos a dormir en los laureles, paralizarnos o que no vamos a hacer nada para buscar soluciones; todo lo contrario, nos corresponde meterle el hombro al asunto como lo exige la circunstancia: con todos los hierros. Pero, sin olvidar que todo tiene su tiempo y que todo tiempo tiene sus males y sus soluciones. Por eso es que, si todos hacemos bien lo que nos corresponde, si somos positivos, tenemos fe, confianza y esperanza, simplemente estamos haciendo lo único que podemos hacer,  y no creo que las preocupaciones aporten ninguna solución a los problemas que nos afectan, que en la mayoría de los casos, en vez de problemas son “asuntos por resolver”, cuales sin duda… resolveremos.

Desde los 11 años (1952), tengo pleno uso de razón política, por lo que, desde entonces he visto a mi país vivir graves problemas de diferente género; en todos, algunos se desesperaron y desesperanzaron, haciendo su vida miserable;  pero otros mantuvimos la cordura y la esperanza, siendo que, en toda ocasión,  el país superó sus problemas y seguimos adelante. Eso no debemos olvidarlo, porque el mayor recurso que tiene Venezuela somos nosotros, los venezolanos; pues aquí estamos y aquí seguiremos dando lo mejor,  por un país  que merece un futuro de paz y felicidad, que nadie, bajo ninguna circunstancia, podrá arrebatarnos.

 

 

 

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