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Archive for 22 de febrero de 2015

 NIÑOS POBRES II

Mirando un programa de televisión, cuando entrevistaban a un sobreviviente del holocausto judío, sus palabras con  un valor increíble y sin vacilación alguna,  me produjo un profundo e incalificable impacto, porque se confundieron mis sentimientos de impotencia, temor, dolor, rabia y… culpabilidad. Se quejaba con toda razón, que al  mundo de hoy no le importan los seres humanos como tales, porque su tiempo lo dedica a lo que apropiadamente Vargas Llosas, denominó “La civilización del espectáculo”; vale decir, lo que conviene reflejar en los medios, independientemente de cual fuere la intención, pero haciendo caso omiso a la grave situación de miseria y dolor que millones de seres humanos sufren en este mundo. Hablaba, entre otras calamidades,  del Millón Ochocientas Mil personas que no comen al día; de los Trescientos Millones de personas que irremediablemente mueren de hambre anualmente; de países africanos donde el nivel de vida es de entre dieciocho y  ventiún años;  de los  millones de refugiados en el Medio Oriente y… pare de contar.

Este sobreviviente, que desde los cinco años vivió el infierno de Hitler y su Gestapo como judío hasta que logró escapar milagrosamente, denunciaba que todos nos preocupábamos de nuestra situación, pero nadie  miraba a los lados para ver el dolor, la pobreza o soledad de nuestros hermanos. Pero más aún, que algunas personas a quienes sobran bienes y riquezas, ignoran el dolor  y la pobreza que los rodea, sin reflexionar por un momento que esos pobres y adoloridos son sus hermanos. Yo me sentí muy mal, porque en el fondo y aunque me duela, sé que eso es cierto; sé que la mayoría de quienes asisten a las Iglesias se dan fuertes  golpes de pecho, pero ignoran ese mandamiento de Jesús: “…ama  a tu prójimo como a ti mismo…” Por mi parte, siempre he hecho algo por los más desvalidos, pero sin duda menos de lo que podría haber hecho; quizás por eso me siento  con ira y… culpable. Pero quiero reseñar con impotencia que, personajes de poder y riqueza en Venezuela y en el mundo, quienes sí que podrían hacer mucho por ellos, los ignoran.  Acepto que en mí es una negligencia, pero en ellos es, simplemente, un pecado. Ojalá estas palabras abran  un rayito de reflexión en los poderosos, al menos en mi País, para que piensen más en esos miles de hermanos que, prácticamente, no tienen a nadie que los ayude.

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