«Son iguales la madre de Cristo y la de Judas porque ambas estàn hechas de pulpa milagrosa.»
Andrès Eloy Blanco (1.919)
En este día de celebración tan especial, siento desde lo más profundo de mi corazón, que mientras ustedes existan, el mundo seguirá siendo bueno para la vida. De alguna manera, ustedes representan ese susurro de Dios, diciéndonos que aún no se ha olvidado de nosotros.
Quienes físicamente no la tenemos, sabemos que espiritualmente viven con nosotros… por siempre. Quienes tienen el privilegio de tenerlas a su lado, gozan todos los días de una fuente de amor, que no conoce otra fórmula que la entrega sin pedir nada a cambio.
Ustedes nos conciben por amor, nos crían por amor, nos ven partir con amor; y al final, cuando dejan este mundo, nos atan el alma con ese hilo de plata que ya nunca dejará de conectarnos, en esa otra dimensión por encima de lo físico, donde tiene su dominio el espíritu, que no puede ser corrompido por nada, en ningún tiempo ni en ningún espacio.
Por eso hoy, con gozo y felicidad les hago llegar este mensaje de reconocimiento y gratitud, que no tengo duda comparten todos los hijos del mundo; uno de ellos, el venezolano Andrés Eloy Blanco, en 1919 lo expresó de una manera sublime en su regreso a la patria, cuando escribió:
«Cuando falte a mis hombros madre mía la fuerza,
Cuando cerca del surco donde me siembren llegue;
Cuando ya hasta el màs leve remolino me tuerza
y hasta el peso del alma me doblegue…
Tu recuerdo, ese fardo de diamante,
seguirá siempre firme sobre mis hombros muertos,
Porque en todas mis penas amor es un gigante
Y el cariño es un Hércules con los brazos abiertos»
Dios bendiga a las madres en su dìa… siempre.
«Son iguales la mdre de Cristo y la de Judas porque ambas estàn hechas de pulpa milagrosa.»
En este día de celebración tan especial, siento desde lo más profundo de mi corazón, que mientras ustedes existan, el mundo seguirá siendo bueno para la vida. De alguna manera, ustedes representan ese susurro de Dios, diciéndonos que aún no se ha olvidado de nosotros.
Quienes físicamente no la tenemos, sabemos que espiritualmente viven con nosotros… siempre.
Quienes tienen el privilegio de tenerlas a su lado, gozan todos los días de una fuente de amor, que no conoce otra fórmula que la entrega sin pedir nada a cambio.
Ustedes nos conciben por amor, nos crían por amor, nos ven partir con amor; y al final, cuando dejan este mundo, nos atan el alma con ese hilo de plata que ya nunca dejará de conectarnos, en esa otra dimensión por encima de lo físico, donde tiene su dominio el espíritu, que no puede ser corrompido por nada, en ningún tiempo ni en ningún espacio.
Por eso hoy, con gozo y felicidad les hago llegar este mensaje de reconocimiento y gratitud, que no tengo duda comparten todos los hijos del mundo.
Dios bendiga a todas las madres, que física o espiritualmente, siempre están y estarán con nosotros.
Poesía, Volumen 1996, Parte 3
Escrito por Andrés Eloy Blanco,Domingo Miliani,José Ramón Medina
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