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Archive for the ‘ESTABILIDAD EMOCIONAL’ Category

LA ENFERMEDAD Y EL ESPIRITU (TERCERA ENTREGA)

                            AYUDATE  Y  YO  TE  AYUDARÉ

Frente al multimillonario negocio que ha resultado para laboratorios y “especialistas” los más de mil tipos de cáncer (Existentes especialmente en sus mentes),  diariamente divulgados y que inciden en contra de nuestra economía y salud, algo tenemos que hacer para protegernos.

Desde mi óptica, nada comprometida con intereses económicos ni científicos, pero profundamente humana y elementalmente práctica, dos son las armas más efectivas a nuestro alcance: en primer lugar, nuestra fe en el poder que Dios nos comparte en cada segundo de nuestra existencia; y en segundo término, una alimentación balanceada y menos acidificante de nuestro cuerpo, cual es el terreno abonado para la mayoría de las enfermedades,  conforme a la opinión del Dr. Otto Heinrich Warburg (1883-1970), Premio Nobel 1931 por su tesis «La causa primaria y la prevención del cáncer», quien atribuía esta enfermedad a una “…alimentación antifisiológica y un estilo de vida antifisiológico…”. Este científico de la salud relacionaba la “Alimentación  Antifisiológica”, a la dieta basada en alimentos acidificantes y sedentarismo. Sobre esta base él determino que “Los tejidos cancerosos son tejidos ácidos, mientras que los sanos son tejidos alcalinos.»

 De tal manera, en primera instancia nuestro fortalecimiento espiritual nos protegerá de muchas enfermedades, en la medida en que no tengamos duda de que:

-Somos la obra más acabada y perfecta de Dios y por tanto nada debemos temer;

-Como hechura de Dios, lo normal es la salud,  la enfermedad es la excepción;

-Tenemos capacidad para vencer cualquier padecimiento, porque nuestro cuerpo  se renueva permanentemente;

-Nuestro cuerpo sigue las órdenes de la mente que se conecta con el espíritu y este con Dios, quien nos transfiere su poder y podemos aplicarlo;

-Nada es más poderoso que Dios y Él está con nosotros y así será… siempre.

Para crear las condiciones para aplicar la efectividad de nuestra fe, estamos obligados a amar y por tanto cuidar de nuestro cuerpo físico, proporcionándole alimentos que fortalezcan el organismo mediante un metabolismo  fisiológicamente idóneo.

Así tendremos que, para tener una vida sana deberemos estudiar la abundante información tanto en Internet como en otras fuentes, de cuál es el valor nutritivo y curativo de las frutas y los otros vegetales, que tenemos a nuestro alcance; así como el nivel de utilización de fertilizantes e insecticidas en su producción, que pudieran afectar negativamente su consumo.

En segundo término, investigar los niveles de acidificación de las diferentes carnes y otros productos energéticos utilizados en la alimentación, especialmente el azúcar refinada. Asimismo, revisando sobre los conservantes utilizados en los productos enlatados y embotellados, así como su integración química para determinar su influencia en la salud.

Con toda esa información procesada y evaluada, estaremos en plena capacidad de consumir y utilizar aquello alimentos que nos permitan considerarnos sanos, fuertes y bellos, lo cual unido a nuestra espiritualidad nos hará menos vulnerables, y quizás inmunes a la mayoría de las enfermedades. Es esta la actitud que conozco en la gente sana y… feliz.

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EL CANCER DE MAMAS

El Dr.  Hammer ha insistido por unos cuantos años en que el cáncer, especialmente el de mamas, es producto de la frustración, la tristeza, el estrés, la ira,  y todos esos sentimientos negativos que surgen como consecuencia de problemas familiares y malas relaciones  de  pareja.

Como no soy médico, no puedo emitir criterio científico especializado sobre el tema. Pero lo que sí puedo permitirme es opinar –desde mi óptica, resultado de la experiencia de más de 6O años- que, al menos yo,  personalmente, no conozco ninguna dama con cáncer de mamas, que sea alegre, ame intensamente, esté feliz con su vida, disfrute de buen humor, demuestre fe, confianza en sí misma y en su entorno.

Creo que casi todas las enfermedades –especialmente el cáncer-  surgen como una respuesta a vacíos y problemas existenciales que no somos capaces de procesar y superar como experiencias de la vida,  necesarias, superables y susceptibles de  nutrir nuestra experiencia para vivir una existencia mejor en el futuro.

Somos seres realmente especiales y con poderes inusitados, en tanto y en cuanto nos convenzamos de ello y lo hagamos parte de nuestra vida. He presenciado cuando los médicos, en Venezuela y luego en el exterior,  han desahuciado a dos años de vida, a una dama muy cercana para mí.  Sin embargo, ella se empeñó en utilizar su poder personal para vencer la enfermedad y su resultado fue que,  más de treinta años después, se encuentra mejor de salud que nunca.

¿Milagro? Seguro…  pero no un milagro sacado con pinzas del sombrero de un mago o una beata rezandera, sino el milagro de la fe, la diligencia, la convicción de que sí se puede, porque tenemos origen divino y por tanto,  madera de Dioses. Es que, nosotros mismos,  como seres humanos, somos… un milagro, el más grande del mundo.

En este día internacional de sobrevivientes de cáncer, quiero dejar un mensaje de esperanza y amor a las damas que temen  alguna vez sufrir un cáncer de mamas: si cuidas tu salud en una vida sana, si te amas a ti misma como máxima obra de Dios, si amas a las personas, si transformas el temor en amor, si aceptas sin rencor que un amor se vaya, si tomas la vida como un regalo maravilloso de Dios, si crees en que tu salud la define tu estado de ánimo, creo que… NUNCA SUFRIRÁS CÁNCER DE MAMAS.


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CRECER O DISMINUIR EL AMOR

AMANTES

Alguna vez leí queLa luna y el amor cuando no crecen, disminuyen.” Ciertamente, creo que la física y la espiritualidad, casi siempre tienen puntos de coincidencia; quizás porque ambos son producto del mismo Creador.

En el amor, no tengo ninguna duda que, no obstante su robustez y resistencia, aunque nunca muere definitivamente, si no se abona su crecimiento, indefectiblemente, disminuye.

El amor es la fuerza más poderosa que mueve al ser humano: es el combustible de nuestra venturosa e indispensable sinergia vital.

Por amor se han creado y destruído imperios, se han escrito bellas y terribles historias; así como que por el se hace maravillosa la vida, siendo su principal consecuencia  el mantenimiento de nuestra especie y amor más allá de nuestra existencia física.

Si como seres humanos no hubiésemos descubierto, fortalecido y mantenido el amor, seríamos tan salvajes que ya hace muchos años, habríamos destruido este mundo.

En ese maravilloso, pequeño, pero gigantesco mundo de nuestra intimidad, el amor simplemente es indispensable; sin el no existiría la pareja, que es la piedra angular de la familia.

Sin el amor en permanente fortalecimiento, no se mantendrían los nexos familiares, amistosos, patrióticos, ni la solidaridad humana, que hacen de la vida física una experiencia extraordinaria e insuperable.

Entre la denominación un gran amor y un amor normal, la diferencia es la magnitud de  su alimento cotidiano, que deviene de ese mundo sencillo pero significativo de nuestra conexión diaria.

El amor no requiere sacrificios ni actos heroicos; demanda respeto, afecto, ternura, aceptación, comprensión y la posibilidad permanente de amar con libertad y sin presiones de ningún género.

El amor bueno, ese que se mantiene en el tiempo apasionado y emocionante, es espontáneo: nace del cuerpo y… del alma. No soporta ataduras ni manipulaciones, porque se alimenta de la libertad que le insufla intensidad a cada uno de los actos que de el se derivan.

Quien no comprenda esa necesidad de libertad en el amor, nunca recibirá amor espontáneo; y un amor condicionado, tímido o temeroso, será cualquier cosa menos… amor real, cierto y verdadero.

De tal suerte que, si queremos un amor emocionante, mágico, fantástico y permanente, siempre en aumento y nunca en disminución,  el secreto es alimentarlo siempre con demostraciones reales y diarias de ternura, respeto, reconocimiento, consideración, atención, generosidad y buena comunicación, de lo cual es fuente abundante nuestro maravilloso mundo de las cosas sencillas.

¿Verdad que no es nada dificil, sino agradable intentarlo?

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¿Qué es la juventud o la vejez y cómo se presenta más allá de la edad cronológica?

Más allá de la semántica, estas interrogantes quedan al arbitrio de quien sobre ellas quisiere predicar algo.

He compartido con personas que acumularon varias decenas de años, pero tenían viva y activa su curiosidad, entusiasmo e interés por explorar nuevos caminos y proyectos,  quienes  de tal manera mantenían una juventud prolongada.

Quien acuñó el término “años dorados” fue alguien realmente brillante. Es esa edad la que nos permite mirar la espalda de las cosas, cuando parados sobre el pedestal de lo vivido, podemos determinar sin mucho problema quienes realmente son viejos  porque se sienten como tales  y quienes, independiente de los años vividos, disfrutan de juventud prolongada.

También he conocido algunos que  a los treinta años, por su forma de ver la vida y las cosas, su temperamento timorato, taciturno y negativo, parecían encontrarse de vuelta del final del camino, cual verdaderos… viejos.

Porque… más allá de la apariencia física ¿Qué diferencia la juventud de la vejez,  sino el entusiasmo, la curiosidad, el deseo de emprender, experimentar nuevos senderos, retos y proyectos?

¿No es el deseo de soñar, amar con pasión, enfrentar con valor y optimismo la cotidianidad y sus desafíos, independiente de cual fuere su entidad?

No son la cantidad de años vividos lo que determina la actitud juvenil, que se materializa en la aptitud y arrojo al plantearse metas, fantasías e ilusiones, para avanzar de frente y sin tregua a la consecución de su logro, en un mundo sinérgico y cambiante, sino la actitud frente a la vida y sus circunstancias.

Recordemos que fueron personas mayores de cuarenta años, quienes sintiéndose con su juventud prolongada, realizaron los mayores e importantes aportes a la civilización; sin que eso signifique  que brillantes jóvenes no aporten, especialmente en el mundo cibernético,  grandes beneficios a la sociedad contemporánea.

Un sesentón me decía: me siento muy bien con mi edad, tengo dieciocho años, porque los restante cuarenta y dos son de… experiencia.

Lo entendí perfectamente y creo en ello. La edad cronológica es subsidiaria a la edad que sentimos tener. Si nos apreciamos entusiastas, enamorados de la vida y de la gente, sin duda somos jóvenes; pero, si sentimos desgano, aburrimiento y no nos entusiasman los retos y nuevos proyectos, aunque tengamos pocos años, simplemente somos… viejos;  bendito Dios que la decisión es nuestra.

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La tristeza es un sentimiento negativo, que afecta la felicidad. Todos, de alguna manera alguna vez, hemos experimentado ese sentimiento indeseable, que es capaz de quitarle el color y sabor a situaciones y momentos hermosos de nuestra vida.

Sentir ocasionalmente tristeza cuando presenciamos injusticias, nos golpean íntimamente o nos agobia una enfermedad, no es algo que deba preocuparnos; pero permitir que esta se prolongue o invada espacios importantes de nuestra vida, puede ser tan grave que llegue a convertirse en esa horrible patología que es la depresión.

La tristeza se combate con amor, optimismo, fe en nuestra capacidad para superar cualquier situación que nos aqueje, y especialmente con ese tesoro típico de los seres humanos: la esperanza de que todo pasará. Somos tan especiales que no hay evento por doloroso que fuere, que no solucione el olvido.

La tristeza es el triunfo del temor frente al valor; del pesimismo sobre el optimismo; de la frustración frente a la esperanza. Si nos posesionamos de nuestro poder y capacidad espiritual sobre nuestro cuerpo, podemos reducir la tristeza a lo que debe ser: una orden de nuestro cerebro. Por tanto, al depender de nuestra voluntad, podemos manejarla a nuestro antojo.

Así, para no estar triste, si presencio un acto que considero injusto imposibilitado de hacer algo por evitarlo, recordaré que todo tiene una razón, y que, quizás, el resultado posterior final pudiera ser beneficioso, y eso alejará la tristeza. De la misma manera, si golpean mis sentimientos, consideraré mi dolor como un aprendizaje necesario para vivir mejor en el futuro, y eso me hará feliz. Si alguien no me ama o no reconoce mis valores, lo lamentaré por quien desperdicia la oportunidad de disfrutar lo mejor de mí, pero no me entristeceré.

Y cuando sienta por cualquier motivo, que mi alma es atacada por ese sentimiento, miraré a mi alrededor la sonrisa de mis hermanos humanos, el vuelo de las mariposas, el canto de los pájaros y el color de los crepúsculos cuando muere la tarde; aspiraré el perfume de las flores y escucharé el arrullo del agua de las fuentes; y ya no tendré duda de que el mundo es bello y la vida demasiado buena, para perder el tiempo permitiendo que temores o presentimientos injustificados, me distraigan de esa hermosa contemplación que es mi vida, cual  será  por siempre mi mejor oración.

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¿Por qué es tan difícil la buena relación permanente de pareja? Siento que el asunto no responde a procesos de lógica racional, sino a reacciones viscerales.

Es lógico abandonar la soltería, caundo se ama a otra persona y hacer todo lo posible por y  para compartir con ella los mejores sentimientos, en  una vida emocionante, armónica y agradable.

Pero…¿No  es ilógico que, logrado el objetivo principal  de convivir con la persona amada, en vez de hacer más fuertes los sentimientos de ternura, comprensión, solidaridad, entusiasmo, emoción, pasión y sexualidad, estos se desmejoren progresivamente?

Se trata de la incapacidad de entender la importancia de mantener y alimentar permanentemente el entusiasmo, la emoción, la ternura, la magia;  y ese toquecito de locura que debe dársele siempre a… la sexualidad.

En las  parejas felices, la relación es el eje alrededor del cual gira toda la actividad de ambos. El hacer pareja es aunar amor, personalidad y esfuerzos, en pro de una relación afectiva,  progresiva y permanente.

¿De qué serviría la riqueza, títulos, honores, fama o poder, si no se tiene un amor que llene integralmente, con el cual compartir  éxitos o desvelos?

Por años he observado que las parejas desean una buena relación, pero presentan problemas para mantener la armonía, entusiasmo y emoción cotidiana. De toda esa experiencia deduje que, normalmente,  las personas piden todo de su pareja, pero poco están dispuestos a aportar por el logro de mantener el amor con libertad y la comunicación con respeto y armonía.

La relación de pareja no acepta supremacías, porque es de dos, con iguales derechos y deberes, para convertirse en uno; donde ambos pierden o ganan de idéntica forma. Si uno y otro no sienten que aman con libertad  y no con temor o resignación,  la relación no puede mantenerse. Es que nadie hace pareja para sentirse peor que  permaneciendo soltero.

El éxito o fracaso de la pareja es asunto de dos; especialmente para quienes aman por vocación y decisión propia, pero no porque intereses subalternos, le indiquen la unión como  posibilidad de solucionar algo diferente a la conveniencia de amar y ser amado; compartir y dar lo mejor de sí, en una relación que  puede llegar a ser la más hermosa aventura que ser humano alguno pueda experimentar.

Es esto lo que siento, luego de más de cuarenta y nueve años de feliz matrimonio,  y me siento obligado a divulgarlo.

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“MIS OJOS FISICOS OBSERVAN EL DIA Y LA NOCHE; MI ALMA NO TIENE

DIMENSIÒN DE TIEMPO”

Mi alma, que es eterna, no envejece ni se hace obsoleta. Revisando algunas de mis fotografías más queridas, precisamente de la noche que conocí a mi esposa, me llené de gratísima evocación. Abrí los de mi alma, que me ubicaron en ese ambiente especial y mágico, donde se definió la parte más bella y edificante de mi vida.

Esa regresión de cuarenta años refrescó mis más íntimos sentimientos, al pasearme por la imagen imborrable de esas personas; un ambiente que volví a sentir en su detalles, y algunas frases inolvidables que, de alguna manera, fueron premonitorias de ese futuro maravilloso, que ambos constituimos en un presente… permanente.

Como rechazo la nostalgia, di rienda suelta a mi recreación visual interna para vivir otra vez en ese mundo virtual del recuerdo feliz, esas emociones que los años no han podido envejecer y que los ojos físicos, ocupados en la vida diaria, no pueden detectar ni permitirme disfrutar.

Me vi hilvanando con  hebras color de fantasía nuestros sueños, que luego, con mucho amor, optimismo, fe, comprensión y aceptación, hicimos realidad.

Sentí en mi cara interior,  la calidez de una noche de verano; la mano suavemente firme de quien desde entonces tomó la mía para hacer de las dos una sola; las voces inaudibles del futuro que sólo oye nuestro espíritu diciendo… ven; y esa emoción especial e indefinible de atracción-sorpresa, atemorizante pero prometedora, únicamente descifrable por los enamorados.

Esa visión arrobadora, de vida y de tiempo, sólo puedo experimentarla con esos ojos mágicos, invisibles pero presentes de mi alma, que Dios me regaló, precisamente, para que no perdiera nunca la visión interna de mí mismo, que no envejece ni pierde el sentido de eternidad, cual es lo que me hace amar mi vida física, que es temporal pero real, emocionante y que estoy obligado a vivir intensamente, con deleite, con fruición con sentido inmutable de… presente.

Si abriésemos a menudo nuestros ojos del alma, nos amaríamos más; veríamos mejor la perspectiva real de una vida que es mucho mejor de lo que, algunas veces, nosotros mismos nos la hacemos; y especialmente, reconoceríamos todo lo maravilloso que es contar, todos los días, con la compañía de nuestros insustituibles hermanos… humanos.

 

 

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OTEANDO EL HORIZONTE

Desde la atalaya de la edad transcurrida, con sus días y noches suavemente desgajadas sobre el césped siempre fresco del amor, cuando el radiante día lucha con el ocaso para continuar diciendo… brilla, brilla sol porque aún hay tiempo, para que no sea noche definitiva, es momento oportuno para mirar hacia atrás y preguntarse:

Cómo he vivido?

Es como la hora de la verdad, porque no puedes engañarte o mentirte a tí mismo. Si comprendiste a tiempo que el color y sabor de tu existencia no vino determinado al nacer, sino que correspondería a tu creatividad y capacidad de disfrute, habrás vivido más momentos felices que infelices.

Si asimilaste que lo normal debe ser la felicidad, el amor, la generosidad y la alegría, pero no la tristeza, el odio, el egoísmo o la envidia; que nacimos para crear y transformar las cosas buenas en mejores, pero no para destruir o temer emprender proyectos ambiciosos de transformaciones positivas; que aunque no tenemos mucha fuerza física, sí disponemos de razón e inteligencia, mucho más importantes para una existencia edificante; que somos la obra más acabada de Dios, y por tanto, todo podemos resistir y a nada debemos temer; que debemos olvidar los agravios y hacer eternos los agradecimientos; que aunque nuestro tiempo sobre esta tierra es breve, es suficiente para vivirlo intensamente, el ayer debió ser bueno y el mañana promisorio.

Es bien sencillo: se trata de la bipolaridad que afecta las circunstancias de nuestra vida, y especialmente, los valores sobre los cuales fundamentamos nuestras actuaciones. Todo evento o circunstancia, tiene un altísimo contenido psíquico conforme a nuestra óptica de la vida; por lo cual, su resultado final no va a derivarse del suceso mismo, sino de la trascendencia que le demos. Así, cualquier error o tropiezo, puede ser formativo o beneficioso a otra área o sector de nuestra vida, como cualquier acierto pudiera afectar negativamente alguna otra actividad.

El secreto para ser felices no es conocerlo todo, es aprender lo necesario. Si hacemos del amor nuestra línea básica de acción, nunca ocasionaremos ni nos haremos daño; si contamos y disfrutamos de tantas bendiciones que existen a nuestro alcance, jamás le daremos trascendencia a nuestras carencias; si vivimos intensamente cada minuto de nuestra existencia, no necesitaremos más del que Dios ha dispuesto para realizarnos física y espiritualmente. Estaremos satisfechos y en paz con nosotros mismos, daremos gracias y eso es… haber vivido.

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«LO IMPORTANTE NO E S CUANTO SE VIVE, SINO COMO SE VIVE»

¿Debe medirse la edad de las personas por la cantidad de años vividos o por su actitud frente a la vida?

Pienso que por lo segundo; en mi largo pero interesante camino por esta vida, he compartido con quienes acumulaban varias decenas de años, pero tenían viva su curiosidad, entusiasmo e interés por explorar nuevos proyectos; actitudes que no se compadecían con su avanzada edad cronológica, porque eran personas de juventud prolongada

Conocí también otros de treinta años, quienes por su forma de ver la vida y las cosas, su temperamento timorato, taciturno y negativo, parecían encontrarse de vuelta del final del camino, asemejando personas realmente… viejas.

En un mundo sinérgico y cambiante, no son los años vividos lo que determina la condición juvenil o diferencia los jóvenes de los viejos, sino la actitud entusiasta, curiosidad, deseo de emprender y experimentar nuevos senderos; de soñar, amar con pasión, enfrentar con valor y optimismo la cotidianidad y sus desafíos.

Sin que pueda significar que brillantes jóvenes no aporten grandes beneficios a la sociedad, de hecho, fueron personas mayores de cuarenta años, quienes haciendo valer su juventud existencial, realizaron los mayores e importantes aportes a la civilización. Pero en cada uno de estos casos, jóvenes o viejos, para nada influyó en ellos su edad cronológica, sino su actitud frente a la vida, perseverancia, diligencia y gestión, que representaban su edad existencial.

Así como la juventud genera entusiasmo, valor, curiosidad y deseos de lucha, la edad permite mirar la espalda de las cosas y sobre el pedestal de lo vivido, determinar quienes actúan como viejos y quienes como jóvenes, independientemente de cuantos inviernos hayan vivido sobre esta madre tierra.

Esa actitud vivencial, que diferencia un viejo de un joven, pude palparla cuando un sesentón por su apariencia, pero con cara alegre y risueña, respondía sobre su edad diciendo: – Me siento muy joven: tengo dieciocho años de edad y cuarenta y dos de experiencia. Sé que es posible sentirse así, aún teniendo edad avanzada, si se mantiene el convencimiento de que todo tiempo es bueno para amar, soñar, esperar de la vida, aceptando que es nuestra actitud y estado de ánimo, lo que determina como nos sentimos.

Todas las edades son malas para la tristeza e infelicidad; asimismo, todas son buenas para la buena vida que, venturosamente, depende de nuestro estado de ánimo, en su más alto porcentaje.

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AFRONTANDO ERRORES

Con el correr del tiempo, los seres humanos acumulamos errores y aciertos, que podemos lamentar, celebrar o simplemente… olvidar. Los aciertos, por sí mismos constituyen motivo de regocijo y de auto reconocimiento. Pero, los seres humanos suelen cargar sus hombros con los errores del pasado, acumulando frustración que enturbia su presente, en el cual por cierto nada se puede hacer por remediar el pasado. En otros casos, suelen lamentar dolorosamente tal o cual actuación o decisión –que hoy por sus nuevas experiencias- consideran hubieran podido evitar o tomar de forma más apropiada.

En verdad, no deberíamos lamentar lo que hicimos a conciencia, porque fue producto de nuestro libre albedrío, en una oportunidad determinada y por motivaciones específicas y especiales de ese momento. Es que, si salió mal o fue menos agradable de lo que hoy pensamos que hubiera podido ser, sería una consideración fuera de tiempo, porque lo que hicimos lo fue a conciencia y mejor o peor… lo vivimos de la forma como lo quisimos.

Nuestras actuaciones pasadas, acertadas o erróneas fueron nuestras; en su momento las meditamos, estimamos sus pro y sus contras; medimos el riesgo, decidimos y actuamos; de tal manera que, en su momento aceptamos sus consecuencias como producto de nuestras actuaciones propias y voluntarias. A nadie podríamos culpar de haber actuado como actuamos o haber sido como…fuimos: se trata de lo que fue, pero que ya no existe.

En aquellos tiempos amamos, reímos, lloramos, sufrimos, pero también… fuimos felices. Hoy no podemos calificar ninguno de esos sentimientos, porque, de alguna manera, sin ninguna duda e independiente de su entidad, somos… diferentes y la capacidad de comparación la afecta gravemente… el tiempo.

Afrontar con entereza, sin lamentos, dolor ni tristeza lo que ayer hicimos, independiente de su resultado no es más que reconocer nuestro derecho a actuar conforme a nuestra propia voluntad. Es ser consecuentes con nosotros mismos, con nuestros valores de ayer, de hoy y… de siempre.

Pero al final, si somos sinceros con nosotros mismos, aceptaremos que gracias a esa acumulación de experiencias mejores o peores, dulces o amargas, hoy tenemos mayor capacidad para evaluar situaciones similares o parecidas. De alguna manera, fueron la escuela donde educamos nuestro carácter, donde aprendimos que lo importante no es lo que hicimos o fuimos ayer, sino lo que hacemos o somos hoy; porque es ahora, en este momento cuando podemos experimentar lo bello de sentirnos vivo, felices y satisfechos con nosotros mismos.

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