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Archive for the ‘CONTAR LAS BENDICIONES’ Category

¡GRACIAS PADRE CELESTIAL!

POR ESTE HOGAR, QUE HOY ME SIRVE DE ASILO Y DE RESCOLDO DE…  ESPERANZA.

PORQUE ME HAS DADO VALOR PARA NO DECAER EN MI ÀNIMO Y MI AMOR POR LA VIDA.

POR HABER PRESERVADO MI AMOR POR LA VIDA Y POR TODOS LOS SERES HUMANOS.

POR NO HABER PERMITIDO QUE CON LOS AÑOS DECAYERA MI ROMANTICISMO, QUE AÚN PERMANECE VIVO.

POR MI VOCACIÓN NATURAL PARA DISFRUTAR EL MARAVILLOSO MUNDO DE LAS COSAS SENCILLAS.

POR DARME EL VALOR DE PERDONAR A QUIENES NO SÓLO HACEN INSUFRIBLE MI BELLO PAÍS SINO QUE AUTODESTIERRAN A SUS HIJOS… BUENOS.

POR DARME MIS HIJOS, QUE MÁS INTELIGENTES QUE YO, PREVIERON LA NUBE NEGRA SOBRE SUS CABEZAS Y EMIGRARON… A TIEMPO.

POR HABERME PERMITIDO VIVIR TANTOS AÑOS, PARA PODER VER CRECER MIS HIJOS, NACER  MIS NIETOS Y… CAMBIAR AL MUNDO.

POR DARME ESA BELLA MUJER QUE UN DÍA SE CONVIRTIÓ EN MI ESPOSA, HOY ES MI NOVIA, MI AMANTE, MI COMPAÑERA DE VIAJE LARGO Y A VECES… MI MADRE.

POR EL COLOR DE  LAS FLORES DE ESTA HERMOSA CIUDAD, QUE HOY ME ACOGE EN SU SENO SIN PREGUNTARME DE DONDE VENGO.

POR ESE PÁJARO GRANDE Y RARO QUE VUELA FASTUOSO SOBRE EL RIO, PORQUE ME RECUERDA  QUE NUNCA NADIE PODRÁ QUITARME MI LIBERTAD,

POR ESTE CLIMA TAN PARECIDO AL DE MI PAÍS, QUE AL QUEMAR MI CARA ME RECUERDA QUE TODOS VIVIMOS EN UN MUNDO QUE ES DE… TODOS.

POR ESTAS MAÑANAS, CUANDO TODAVÍA ME DESPIERTA EL TRINO DE LOS PÁJAROS, PORQUE ESA MÚSICA ME LA LLEVARÉ AL CIELO.

POR HABERME DADO UN ALMA FUERTE, PERO SENSIBLE  Y SENTIMIMENTAL, PORQUE PUEDO LLORAR Y ESO ME HACE PARECERME A… LA LLUVIA.

POR ENSEÑARME EL AMOR, EL DOLOR, LA TRISTEZA, LA TERNURA, LA ALEGRÍA Y LA PIEDAD, PORQUE ME HACEN SENTIR EL DOLOR DE  MIS HERMANOS HUMANOS.

POR PERMITIRME NACER EN ESTA ÉPOCA TAN COMPLEJA, PORQUE AL VIVIR VARIOS MUNDOS, APRENDÍ QUE TODO TIEMPO ES BUENO PARA AMAR, COMENZAR Y… SERVIR.

POR HACERME SENSIBLE A LA MÚSICA, A LA POESÍA Y A LA PINTURA, PORQUE ME HAN ENSEÑADO LA IMPORTANCIA DE ALIMENTAR MI ESPÍRITU.

POR DARME LA POSIBILIDAD DE ESCRIBIR, PARA CONTAR AL MUNDO QUE SI TE ALOJAN EN SU ALMA, SIENTEN TU PRESENCIA EN EL VIENTO, EN LA CAÍDA DE LAS HOJAS, EN EL SUSURRO DEL VIENTO, EN EL RUIDO DE LAS FUENTES, EN LA MIRADA DE LOS ANCIANOS  Y EN  LA SONRISA DE LOS NIÑOS, LA FELICIDAD ESTÁ… A UN PASO.

POR HABERME HECHO VARÓN, PORQUE APRENDÍ LO RESPETABLE, ESTOICO,  MAGNÍFICO, INIGUALABLE, NOBLE, GENEROSO Y HERMOSO DE LAS MUJERES.

POR HABER PRESEVADO MI NIÑO INTERNO, PORQUE ESO ME PERMITE RESTARLE IMPORTANCIA AL DINERO Y AL LUJO; AMAR A  TODOS LOS PADRES DEL MUNDO Y… COMER A ESCONDIDAS MIS  CHOCOLATES.

GRACIAS PADRE POR HABERME DADO TAN BUEN APETITO PORQUE ESO ME PERMITE DELEITARME DE LOS MANJARES QUE PUSISTE SOBRE ESTA TIERRA PARA MI DISFRUTE, AMAR MÁS A MI ESPOSA Y PERMITIR QUE ME SEDUZCA VOLUPTUOSAMENTE LA MAGIA… DEL VINO.

FINALMENTE, GRACIAS PADRE POR HABERME POSIBILITADO CONOCER OTROS PAÍSES, CULTURAS Y GENTE DE TODO GÉNERO, PORQUE ESO HA AFIANZADO MI CONVICCIÓN DE QUE LOS SERES HUMANOS SON GENEROSOS, NOBLES Y AMISTODOS, LO CUAL PARA MI MAYOR FELICIDAD ME HA HECHO UN HOMBRE… UNIVERSAL.

Houston, TX., verano del Año de 2008, en una mañana cualquiera, pero llena de sol, de canto de pájaros, flores de cayenas y  paraísos con los colores más vivos que jamás he visto.

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«¿DESARROLLO POR EL HOMBRE O PARA EL HOMBRE?»

El fin verdadero  del desarrollo mundial actual, sus paradigmas, algunas veces, en cuanto se refieren a la máxima aspiración humana, la felicidad personal y colectiva, su sentido real, pareciera que se nos escapa de las manos, o al menos nos hace percibir… desubicados.

¿De qué sirven los aviones a turbina que nos permiten llegar de Caracas a París en una o dos horas menos, o un tren a trescientos cincuenta kilómetros por hora, la nanotecnologìa y la cuántica, si ochocientos cincuenta millones de seres humanos se mueren de hambre, y personalmente esa economía de tiempo no nos aporta mayor alegría, satisfacción, amor o felicidad?

¿Cuál es el beneficio objetivo para una persona de disponer de poder, fama, bienes y riquezas de todo género,  si en el camino para lograrlo dejó lo mejor de sí, pero también por causa de su obsesión en alcanzarlos descuidó sus seres queridos, amigos y cuando logra  sus ambiciones, ya no tiene con quien compartirlos, al menos con aquellos a quienes realmente ama?

Parangonando nuestra existencia con la vigilia y el dormir: ¿No es acaso intrascendente el tamaño o confort de la cama si no se puede conciliar el sueño?

Y lo que es más importante: ¿Puede toda la riqueza, fama, o poder que se acumule suministrar siquiera un día más de vida?

En fin, como ser  humano…¿De qué me sirve un desarrollo orientado a la generación de riqueza, la  fama y poder, si en la vía de su consecución pierdo mi tranquilidad, muchas veces parcialmente mi salud, mi maravilloso mundo de las cosas sencillas y violento mi espiritualidad?

Porque obtener riqueza, fama o poder, requiere una dedicación completa, y a veces excesiva, en esa competencia multitudinaria por ver quien se agota primero, pierde más rápido el pelo, gana más arrugas, baja su líbido, aumenta su estrés o se gana un infarto, a cambio del éxito.

Tal consideración me lleva a reflexionar sobre quién será más feliz: ¿Aquél que se embarca en ese desarrollo agotador y angustiante, para lograr prever, más que satisfacer sus necesidades materiales por encima de las espirituales -que en nada dependen de la riqueza, el poder o la fama- o el que poniendo como fundamento de su vida su tranquilidad espiritual, considera los logros materiales como algo conveniente pero adicional a su satisfacción interna?

Nuestra conformación físico-espiritual nos exige satisfacer esas dos entidades para lograr la plenitud. Si conocemos que esos requerimientos físicos son  limitados y posibles de lograr sin grandes esfuerzos, así como que nuestras  necesidades espirituales, que son las más difíciles de satisfacer, dependen de cómo manejemos nuestro estado e ánimo ¿Porqué dejar parte de la vida en el camino -comúnmente los mejores años- en la búsqueda desesperada de cosas que no son fundamentales para nuestra felicidad integral?

Son la intranquilidad, angustia, insatisfacción y estrés, la mayor fuente de las dolencias físicas y espirituales, que dañan la vida del ser humano.

Entre lo conveniente y lo inconveniente, apropiado o indeseable, mejor o peor, la diferencia puede estar en el equilibrio de nuestras actuaciones cotidianas, que no es posible lograr sin un mínimo de  tranquilidad físico-espiritual, muy difícil de disponer cuando perdemos la perspectiva de nuestra realidad vital, cual es sin duda, la de transcurrir nuestra corta existencia en paz con nosotros mismos y con nuestros hermanos humanos, en función de la mayor utilidad posible; para lo cual el mejor aporte es el de contribuir con la felicidad de las personas, lo que es imposible si nosotros mismos no somos felices.

Cien mil personas murieron hace setenta y dos horas por causa del Ciclón en Birmania, sin que nadie pudiera hacer nada por ellas. ¿Porqué y para qué? No nos está dado saberlo. Mas, de lo que sí estamos seguros es de que la muerte, que no escoge ni pregunta quien es rico, famoso o poderoso, para considerar llevárselo o dejarlo, así  como el nacimiento, tampoco tiene que ver con clases sociales, estatus o entidad.

Desde mi punto de vista, lo más importante para nuestra vida, es vivir intensamente cada uno de los momentos de nuestra existencia. No es trascendente cuanto tiempo vamos a vivir, sino como nos sentimos viviendo y disfrutando esta, la mayor bendición de Dios para sus hijos.

Como igual muere el sabio que el ignorante, el rico que el pobre, el poderoso que el desvalido, la diferencia estaría en cuanto se ha disfrutado, engrandecido a nuestros semejantes y avanzado en el crecimiento espiritual, que trascenderá esta vida física para acercarnos a nuestro destino final. Todas nuestras riquezas, fama o poder, aquí se quedarán, porque nada podremos llevarnos.

Como consecuencia de tales realidades, de aquellos desventurados que murieron por el ciclón, quienes hubieren dedicado sus mejores años a lograr riquezas, poder o fama, sacrificando su tiempo, su crecimiento espiritual, descanso, familia y plenitud, perdieron la vida igual que quienes sí vivieron intensamente cada minuto de su vida, descansaron, engrandecieron, compartieron tiempo y amor con sus seres queridos;  siendo que la diferencia lo fue que los últimos disfrutaron la vida, mientras que los primeros sacrificaron lo seguro por un supuesto futuro incierto, que nunca llegó para ellos.

Quizás sea un buen momento para meditar y reflexionar sobre la enseñanza de Jesús de Nazaret, cuando sentenció: «El que tenga ojos que vea y el que tenga oídos que oiga.

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 El título de esta entrega corresponde a  una inquietud que me manifestaron, por encontrar  una vía que ayude a incorporar a otras personas al maravilloso mundo de vivir la vida en, con y por Dios. 

Pienso que nuestro Padre Celestial, que es todo amor, tiene sus propios caminos en todo, pero que es legítimo, bien intencionado y cristiano, tratar en lo posible de ayudar a encontrar el camino a esas personas que, habiendo recibido de  Dios el incomparable tesoro de vivir, escasamente sobreviven por su falta de fe, confianza, optimismo  y esperanza, cuales sólo da el amor inmenso y la seguridad en la bondad de Dios.

 Ciertamente, para que un niño camine, una planta se desarrolle o una idea se concrete, requiere de un tiempo en función de  factores,  unos fijos y otros variables, conforme a  la naturaleza del asunto.

 Respecto de esas personas que pareciera que no quieren nada con la vida, porque la  sobrellevan como una dura carga obligatoria, en su gran mayoría, y aunque les sea duro aceptarlo, responden  a una fijación mental de un enemigo implacable, creado por su propia mente y difícil de vencer: el temor a las secuelas del pasado,  lo conocido, lo desconocido y lo que… pudiera suceder.  

 Ese temor, la mayoría de las veces irracional, es producto precisamente de que no tienen una real conciencia de su procedencia, lo que  representan y su potencial personal, frente al universo donde les toca vivir.

 Así, al no disponer del conocimiento de su origen divino, también desconocen el poder que les es inherente como parte de Dios, que ha permitido a los humanos  a través de los siglos y milenios, sobrevivir colectivamente todas las catástrofes; desarrollarse culturalmente transformando el paisaje geográfico; realizar los mayores descubrimientos para vencer las enfermedades y los elementos nocivos de la naturaleza; e individualmente, crear prodigios en las artes y las ciencias, logrando con el desarrollo de sus potencialidades, la felicidad integral.

Por tanto, lo mejor que podemos hacer por esas personas, es acercarnos a ellas con respeto, consideración y amor; no como a enfermos a quienes vamos a curar, sino como a hermanos con quienes queremos compartir, demostrándoles con nuestra actuación feliz, entusiasta y desinteresada, que la logramos y disfrutamos porque hacemos un todo con Dios.

 Es con nuestra actuación diaria de amor, aceptación, respeto, colaboración, sensibilidad y solidaridad humana, la mejor manera de  señalar el camino. Es nuestro ejemplo, en ese cotidiano mundo de las cosas sencillas, honrando a las personas y engrandeciéndolas sin importar su edad, ideología,  género o clase social,  donde podemos demostrar nuestra felicidad, que al materializarse en actos objetivos beneficiosos para los demás, no dejará ninguna duda que estamos y nos sentimos como una parte de Dios.

 Pienso que la herramienta más efectiva para adentrarse en el conocimiento de los beneficios de compartir nuestra vida con Dios, lo es en ese mundo de quietud y paz que representa  la meditación, que se produce en nuestro ser  interno; donde sólo hay espacio para dos: Dios y nosotros.

 Si somos felices con Dios, tratar de que otros también lo disfruten, más que un acto gracioso es… un compromiso,  y así debemos asumirlo.

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«MI CUERPO NO INFLUYE EN MI ESPÌRITU, PERO MI ALMA DETERMINA COMO SE SIENTE MI CUERPO.»

En su màs alto nùmero, las enfermedades del cuerpo son soportables, controlables y en muchos casos, curables. Conocí personas que convivieron más de veinte años con enfermedades consideradas graves, así como vi morir en menos de una semana, por una supuesta gripe mal curada, a una persona de apenas treinta y cinco años.

Como quiera que no escribo para doctos o eruditos, sino para la gente común que le interese oír un testimonio de alguien que ha vivido más de sesenta y seis años con mu buena salud, les comento mis observaciones sobre el tema de las enfermedades físicas que pudieren afectarnos.

Considero la más grave de las enfermedades aquella que agrede mi alma; porque al perturbar mi estado de ánimo, me hace más vulnerable al crear las condiciones para que las enfermedades ataquen mi cuerpo.

Mi sistema inmunológico natural responde a mi estado de ánimo. No conozco a personas que derivado de un estado de felicidad, le haya afectado alguna dolencia o enfermedad. Pero si se de quienes por situaciones de estrés, tristeza, baja autoestima, frustración o ira, derivaron enfermedades que les fue muy difícil o imposible superar.

Fuimos diseñados con todas las condiciones para ser felices y se nos dio un mundo donde todo está previsto y a nuestro alcance para lograrlo. La contrapartida es la de ser útiles a nuestros semejantes.

No conozco personas ciertamente felices y útiles que sufran de graves enfermedades; y eso lo atribuyo a que su alma rebosa de amor, alegría por la vida y las personas.

Creo en reglas naturales que no están escritas, pero en mi caso siempre funcionaron; pienso que nuestra vida tiene dos objetivos primordiales: felicidad y utilidad. Cuando no los cumplimos a cabalidad, la naturaleza nos saca del camino, porque ni merecemos la vida ni justificamos nuestra permanencia en ella.

Hoy disponemos de una medicina alopática que elimina cualquier dolor, pone a dormir al insomne y hace más llevadera cualquier dolencia. Asimismo, la medicina natural se aplica con éxito a muchas de las enfermedades del cuerpo.

Pero no hay laboratorio que fabrique o expenda un gramo de tranquilidad espiritual, amor, sensibilidad, solidaridad, fe, confianza o… esperanza; porque estos factores solo están presentes cuando tenemos tranquilidad espiritual y estamos contentos con nosotros mismos, respondiendo al fin para el cual Dios nos trajo a este mundo.

Por eso sugiero procurar salud espiritual, disfrutando las bendiciones que Dios nos da todos los días; considerando que la vida es buena; aceptando que todo problema es pasajero; disfrutando de lo que tenemos y preocupándonos menos de lo que carecemos; aceptando a las personas en su diversidad y bendiciendo cada día, porque el mayor privilegio es mantenernos con vida.

Creo que más que la enfermedad del cuerpo y su gravedad en sí mismos, debemos ocuparnos de buscar su origen, y estoy convencido que la felicidad personal, al preservar nuestra alma, sino se constituye en un antídoto, pudiera ser una especie de buena vacuna para cualquier enfermedad.

Próxima Entrega: LA IMPORTANCIA DE SENTIR.

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