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Archive for the ‘AMOR DE PAREJA’ Category

«No andes solo porque si tropiezas no tendrás quien te levante y si estás triste no tendrás quien te consuele.»espalda-vista-pareja-posicion-medio-camino-bxp197277

Nuestra vida sobre esta maravillosa tierra de Dios, no es más que un avanzar, siempre en busca de algo mejor. De tal manera, desde que entendemos nuestra individualidad, capacidad y poder heredado de Dios,  iniciamos conscientemente la caminata en busca de la realización personal, y ya no pararemos hasta lograrla.

¿Quién nos lo enseña u ordena? Creo que lo traemos en los genes y tiene que ver con la inmutabilidad de nuestro sentido de avanzar y nunca retroceder. De alguna manera, es la concreción de que, ciertamente, somos espíritus utilizando esta experiencia física, para progresar y prepararnos para otro nivel más elevado, que sobrevendrá.

En esa corta pero interesante vida terrenal establecemos prioridades, dentro de las cuales pareciera la más importante agenciarnos compañía para el viaje, que al compartir nuestra ideología, sueños, ambiciones e intereses, camine a nuestro lado hasta que sus pasos se confundan con los nuestros y hagamos… una sola huella.

En cada una de las oportunidades que he logrado neutralizar algunos naturales mecanismos de defensa, que una sociedad compleja crea en los seres humanos frente a su propia especie, he verificado que, independiente de la edad, raza, sexo, nivel cultural, social o económico, todos los seres humanos, salvo muy raras excepciones, orientamos nuestra mayor capacidad, a buscar ese compañero de viaje… largo.

En lo más profundo de nuestro ser, donde no cabe la mendacidad ni la actuación teatral, más allá de cualquier nivel de  altruismo, en verdad, tratamos de lograr conocimiento, cultura, poder, fama  y riqueza, con la  esperanza de que tales factores, privilegien nuestra capacidad para lograr, de la mejor manera posible, el encuentro maravilloso con esa persona especial que compartirá nuestro destino.

Presentimos que en nuestro camino, en sentido contrario pero en la misma vía, de allá para acá siempre viene alguien en busca exactamente lo que tenemos y podemos dar; que comparte nuestra ideología, sueños  y ambiciones. Con ella nos encontraremos, y entonces, sin saber cómo, cuándo ni por qué, se producirá el contacto mágico de sentimientos compartidos; se conectarán las energías positivas; se producirá el circuito que encenderá la llama del amor; nos embargará esa sensación mágica del idilio; la emoción, la ternura y la pasión en un coctel sublime recorrerán nuestra espina dorsal produciendo una sensación nueva; enterraremos nuestro natural egoísmo, compartiremos todo  y ya nunca más desearemos estar… solos.

Pienso que todos los seres humanos, sin excepción de ningún género, tenemos el derecho a compartir nuestra vida con quien nos ame, respete, edifique y esté dispuesto a unir caminos para hacer con nosotros una sola vía. Por eso, soy un convencido de que es la unión de  pareja  el terreno abonado para sembrar nuestra simiente, que no solamente dará frutos buenos, sino que materializará la extensión de nuestros más bellos sentimientos, más allá de nuestra propia… vida.

Nadie debe concebir excepcional el logro de la felicidad. Por el contrario; fuimos diseñados por Dios para ser felices y traídos a esta tierra para lograrlo. Sólo se requiere nuestra diligencia, porque ese Padre Celestial que conoce mejor que nosotros lo que más nos conviene, siempre estará con nosotros en el camino.

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«Hacer el amor es esencialmente entrega. No es concebible sin la vinculaciòn espiritual que se traduce en ternura, pasión, fantasía, magia y un toque de locura.»

En los últimos años, los medios de comunicación social han advertido que el deseo y actividad sexual ha disminuido, especialmente en los hombres.

Independientemente de que estoy de acuerdo en que la salud, edad, e inclusive el género, tienen alguna incidencia en el ritmo de la actividad sexual de la pareja, en su mayor entidad la afectación se debe a factores de carácter psíquico y motivacional.

Especialmente sobre la disfunción eréctil, por ser objeto de la mayor crítica social, ya que respecto de la posible frigidez femenina poco se habla -quizás porque es físicamente más difícil de detectar a simple vista- tengo mis propios criterios, que deseo compartir con mis escuchas visuales de este Blog.

El deseo sexual se produce como respuesta a estímulos procedentes del exterior, por vía de nuestros sentidos, cuales producen reacciones específicas en nuestro interior, donde se generan las hormonas características conforme al género: la testosterona y el estrógeno. Pero esos estímulos deben ser suficientemente motivacionales para que la respuesta sea positivamente efectiva; tanto que produzcan en el órgano femenino lubricación vaginal y en el hombre erección del pene.

Cuando el estímulo psicológico y/o físico no es suficiente, se produce la disfunción, que conforme al Dr. Juan Luís Alvarez-Gayou (Seroterapia Integral), es la «… alteración persistente de una o varias fases de la respuesta sexual que provocan problemas o molestias al individuo y/o la pareja»; lo cual en el lenguaje común, en el hombre significa insuficiente o ninguna erección del pene; y en la mujer, déficit o ausencia de lubricación vaginal.

Pues bien, en el mundo de la praxis diaria de la vida de pareja, e independiente de cualquier origen patológico, el deseo de hacer el amor, responde en su mayor volumen, a la motivación que genere la pareja como resultado de su actuación cotidiana, que no únicamente en el momento de consumar la relación sexual.

Son el trato diario considerado,  la ternura, la aceptación, la buena comunicación, el preludio a ese acto maravilloso de entrega. El conocimiento del mapa erótico corporal y su concepción espiritual del acto mismo, adicionado a la pulcritud personal, el conocimiento de las reacciones eróticas físico-psicológicas de la pareja, algo de técnica sexual y… un toque de locura, lo que incide en el mayor o menor deseo de recurrencia del acto sexual.

En el más alto porcentaje de poca recurrencia, indiferencia o falta de entusiasmo por el acto sexual de pareja, los factores comunes desencadenantes han sido el irrespeto, la desconsideración, la ausencia de ternura, el desconocimiento de las zonas eróticas, deseos y rechazos a formas de realizar el acto sexual, que conllevan inmotivación al acto; el desconocimiento de las diferencias en la sexualidad femenino-masculina y el descuido en el aseo personal, para el momento de la consumación del mismo; siendo que en casi ninguno de estos casos, se ha producido queja sobre las características físicas de los órganos sexuales, posiciones para realizarlo, o cualquier asunto que tenga que ver con la parte exclusivamente física  del acto.

Por cierto, debo insistir en la buena noticia para los hombres, de que la andropausia es prácticamente inexistente, pues está comprobado científicamente que el hombre, independiente de su edad, continúa produciendo testosterona; y para las mujeres, el que la menopausia, gracias a la abundante oferta pública de hormonas femeninas de diferente origen, lejos de convertirse en un problema para la mujer, se ha convertido en una ventaja para la recurrencia del acto sexual de  pareja.

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«EL PASADO ES UN MUERTO Y DEBE PERMANECER BAJO LA TUMBA»

Dentro de las muchas consultas que debo atender todos los días en este blog sobre problemas de pareja, paradójicamente, el factor constante de perturbación no lo representa las situaciones que sufren estas personas en la actualidad, sino aquellos eventos que se sucedieron en el pasado, sobre los cuales no es posible remediar nada, pero que continúan atormentándoles, precisamente porque no han sabido cerrar la puerta al pasado.

El pasado es un muerto y los muertos deben permanecer en el cementerio.  El pasado no corresponde a un tiempo específico, sino que se trata del que no es actual; vale decir, todo lo que sucedió hace un segundo, ya es pasado y nada se puede hacer por cambiarlo. Lo que sucedió corresponde a un tiempo que pasó, que ya no existe.

Lo más que debemos hacer por el pasado es recordar los bellos momentos, pero hasta ahí. Por tanto, no tiene ninguna lógica permitir que los recuerdos de algo negativo que pasó y que ya no puedo cambiar me preocupen; o lo más grave, permitir que me haga daño.

La vida tiene tantas cosas bellas que disfrutar, sin que sepamos por cuanto tiempo, que es realmente un desperdicio dedicarle parte de nuestro valioso hoy a un tiempo que se fue, pudiendo consagrarlo a vivir intensamente todas las muchas bendiciones que Dios puso en este mundo para nuestra satisfacción y deleite.

Por tanto, si perdimos un amor, si no nos comprendieron, si nos ofendieron, engañaron o agraviaron de cualquier manera, nada nos beneficia recordar esos malos momentos, sino por el contrario, debemos olvidarlos. No importa cuanto tiempo pudimos amar, lo importante fue que amamos, y amar siempre ha sido un privilegio. Es lo bello del amor lo que debemos recordar. El amor no hay como medirlo, no tiene precio. Simplemente se vive, se disfruta intensamente y con fruición, y esa maravillosa sensación es algo que ya jamás nadie podrá quitarnos.

Si no cerramos la puerta del pasado a los recuerdos negativos, no podremos mantener el alma limpia y preparada para el nuevo amor que vendrá, que por regla general será más emocionante y pleno. De hecho la hermana gemela del pasado es la nostalgia, cual desvirtúa los eventos sucedidos, con riesgo a hacernos perder la perspectiva de la realidad.

Nosotros conocemos nuestro peso específico; sabemos de todo el amor y la ternura que somos capaces de dar. Si alguien no nos quiere, pues se lo pierde. Tan claro como eso. Es con optimismo, con fe y confianza en nuestras realizaciones como viviremos nuestro hoy y construiremos nuestro futuro. Sabemos que todos los días avanzamos en el crecimiento espiritual. Por tanto somos una buena opción para alguien que quiera compartir felicidad.

Además, en este camino de la vida, alguien viene en sentido contrario buscando lo mismo que nosotros; más temprano que tarde nos encontraremos y el amor que nunca muere, renacerá; seremos felices en nuestro hoy, y en el mañana, si es que llega. Entonces… ¿Qué razón tendría recordar lo malo del ayer?

 

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«LA PAREJA LA CONSTITUYEN DOS Y AMBOS DEBEN APORTAR LO MEJOR DE SI PARA MANTENERLA FELIZ.»

El tema de la temporalidad en el enamoramiento, es algo que ha preocupado al hombre desde que descubrió su capacidad de amar. Tal inseguridad ha signado la vida de muchos enamorados, y en algunos casos de manera obsesiva, restando efecto al disfrute pleno del amor de pareja.

Una conseja generalizada, pero no por eso cierta ni aplicable a todos los casos, deja constancia de que nada es permanente en esta vida. Bajo esa premisa, algunas relaciones amorosas nacen marcadas con el temor de esa sentencia, divulgada por aquellos que no supieron o pudieron mantener su amor activo, fresco y renovado, cuales son condiciones indispensables para su permanencia.

No es lógico que dos que se aman, tanto que dejan su entorno originario y familiar para constituir unión aparte e independiente; que aportan lo mejor de sí mismos en el más emocionante e interesante proyecto de su vida, fatalmente tengan que decaer en sus emociones, sensaciones y sentimientos de atracción, satisfacción y realización mutua.

La unión se produce por el deseo de estar siempre juntos, por tanto lo racional es que ya en el mundo de una realidad compartida, ambos descubran sus virtudes, que beneficiarán la relación y detecten los defectos que, también juntos tratarán de hacer menos trascendentes, para equilibrar la relación.

En la intimidad, la tendencia es a fortalecerse mediante el aporte mutuo del amor, la ternura, la comprensión, la aceptación, la buena comunicación, el reconocimiento, la sexualidad y la lealtad, para sentir que ya no están solos, sino que conforman una unidad, frente a un mundo que harán vibrante y agradable, en la medida de su capacidad de mantener esos valores de pareja.

Es que como seres humanos gregarios, civilizados y sociables, individualmente somos incompletos; tanto que es indispensable la unión de ambos sexos para mantener la especie, y mediante la práctica del amor mutuo edificar nuestra felicidad.

No tiene ninguna razón valedera que debido a la cercanía e inmediatez que produce la unión, que posibilita el conocimiento y el compartir nuestra cotidianidad, el amor pueda afectarse o disminuir. Por el contrario, la cercanía diaria, hace cotidiano el trato diario tierno, consecuente, respetuoso, considerado, solidario; de comunión sexual y de otros sentimientos que aportan a la intimidad familiar.

Otra cosa diferente es que alguno de los integrantes no entienda la esencia del hacer pareja y acceda para obtener algunos beneficios, pero con la intención de continuar, parcialmente, haciendo vida de soltero. En ese caso la relación no tiene posibilidad de mantenerse, porque la pareja la hacen dos, con idéntica entidad de principios y compromiso. Si uno de los dos falla se rompe el equilibrio y la relación se trunca; pero no por que fatalmente tenga que ser así, sino porque una institución integrada por dos elementos, que de suyo es frágil, no tiene posibilidad de mantenerse como tal con el concurso de uno solo.

Como integrante de feliz pareja puedo dar testimonio de que sí se puede mantener y disfrutar del amor conyugal por siempre. Al menos en mi caso, luego de 39 años viviéndolo intensamente, no tengo ninguna duda de que así será hasta el fin de mis días.

 

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«LOS HIJOS SON LAS FLECHAS, LOS PADRES LOS ARCOS, PERO DIOS ES EL ARQUERO; SOLO ÈL SABE A DONDE VAN.»

Khalil Gibrán.

Por solicitud de una de mis consecuentes lectoras, me referiré a un tema poco divulgado pero      de importancia fundamental en los casos de segundas nupcias -tan comunes en estos días- cuando uno de los contrayentes trae consigo descendencia.

Amar es aceptar a la persona como es y con lo que es, recibirla en nuestra alma como nos la manda Dios. Cuando el amor toca nuestra puerta y le abrimos es porque un sentimiento superior se impone al egoísmo y personalismo, dando paso a los más tiernos y solidarios sentimientos. Cuando amamos de verdad o perdonamos con olvido, son las dos oportunidades que más nos parecemos a Dios.

En un segundo experimento de pareja, si se tratare de una persona sin experiencia de este tipo de relación, nos correspondería no sólo amar sino además cierta labor, gustosamente didáctica, transfiriendo nuestras experiencias anteriores de pareja. Si la persona escogida viniere de una relación de pareja anterior pudiere traer descendientes. ¿Cuál debería ser la actitud frente a esta situación?

Personalmente, siento que cuando amamos de verdad lo hacemos integralmente. Por tanto, deberíamos amar a esa persona escogida, como ella es, con todo lo que ella tiene, incluidos sus descendientes y su familia.  En todos los casos, los hijos son regalos de Dios.  Realmente, parangonándolo con la naturaleza, un hogar sin ellos, aunque puede ser un jardín, le faltarían las flores.

Cuesta levantarlos y como decía el poeta venezolano Andrés Eloy Blanco, desde que nacen, los padres tenemos todo el miedo de la tierra a que algo les pueda suceder. Pero uno los ama tanto que todo esfuerzo es poco y los padres a cambio sólo esperamos recibir… amor.

Cuando la pareja viene con hijos, trae en su equipaje amor, mucho amor. Aporta bendiciones al nuevo hogar. Es un privilegio para la pareja, que se aporte amor y además se obsequie hijos, evitándonos las angustias del embarazo, parto y los primeros años de los niños que son tan riesgosos, cuando ellos casi no pueden valerse en nada por si mismos.

Por otra parte, esos hijos -al ser tratados como propios- dan una gran fuerza a la relación, ya que si se los ama y protege, para quien los aporta es la mayor demostración de amor y solidaridad de su pareja, lo cual adiciona al natural amor conyugal el agradecimiento y la admiración por la grandeza de alma.

Considero que amar a los hijos que nacen de nuestro amor de pareja, es hermoso y edificante pero normal; porque los concebimos, los esperamos ansiosamente y los vemos nacer. En cambio, amar aquellos que son producto de una relación de la persona que amamos con otro, supera el amor normal, para elevarnos por encima de nuestra condición natural. ¿Que pareja no amaría a quien ame como propios a sus hijos?

Siento que todo aquel que contraiga nupcias con alguien que adviene con sus hijos, es simplemente un ser privilegiado. Así debe entenderlo, disfrutarlo y vivirlo.  Al fin y al cabo, como dijo Khalil Gibrán, ellos son los hijos de Dios los hijos de la vida, del amor; nosotros sólo somos el medio que Él usa para darles vida y cuidarlos.

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«Nuestro paso por la vida es demasiado bello y temporal para recorrerlo… solos»

Hoy, un radiante rayo de sol se coló por la persiana y me despertó antes de tiempo. A mi lado, Nancy dormía plácidamente. Me regalé unos segundo observándola y di gracias a Dios por ser un hombre realmente privilegiado. A mis 67 años no estoy solo, sino que comparto cada minuto de mi vida con mi insustituible compañera de viaje… largo. Esa que a sus 57 años de edad sigue siendo linda, entusiasta, emprendedora, alegre, tierna, respetuosa, solidaria y…feliz.  Su placidez habitual al dormir no deja duda de su tranquilidad espiritual.

Ese, mi primer paisaje edificante, de un hermoso día como todos los de nuestra vida diaria, me produjo reflexión sobre cómo la decisión de hacer pareja puede incidir definitivamente en el resto de  nuestra vida, especialmente cuando, aún manteniendo nuestra capacidad productiva y el espíritu en su más alto nivel, los años indefectiblemente hacen mella en nuestro aspecto físico y la velocidad en el transcurso de los años, que produce cambios en la ideología de vida de las personas, nos alejan los interlocutores válidos, ampliando espacios a veces infranqueables, en la manera de ver la vida y las cosas, nuestras tradiciones, principios y paradigmas que rigen nuestro comportamiento.

Siento que cuando hacemos pareja con la intención determinante de que sea para siempre y la acompañamos con las acciones diarias orientada a edificar a nuestro par, mediante demostraciones de amor verdadero, respeto, ternura, aceptación, reconocimiento, buena comunicación,  solidaridad y fidelidad,  estamos asegurando no sólo la compañía para disfrutar plenamente de los muchos momentos de goce diario, sino esa placidez progresiva que va invadiendo nuestra alma, en la misma medida en que pasan los años y logramos nuestros propósitos, desarrollamos nuestros hogares, sacamos adelante nuestra familia y vemos crecer las nuevas simientes, que evitarán que con nosotros desaparezca nuestro amor sobre esta tierra.

Cuando hacemos parejas bien avenidas, el paso de los años no nos hace daño, sino que, el transcurso del tiempo se convierte en fuente de ese hacer mancomunado, que llega a convertirnos en  una sola persona, con similares intereses,  intenciones y deseos, imbricados en un equipo de trabajo y disfrute; donde ambos somos productivos y necesarios, no sólo para la subsistencia física sino para el goce físico-espiritual, combinación sin la cual no se puede lograr la felicidad integral.

Tengo la bendición de tener muchos amigos, pero al mismo tiempo la tristeza por aquellos que  no identificaron la importancia de entender los derechos, necesidades, ambiciones y justas aspiraciones de sus pares.  Hoy, la mayoría de ellos, con arrepentimiento tardío, sienten que su riquezas, fama y poder no pueden compensar ni siquiera un día de amor verdadero, ternura espontánea, solidaridad sin intereses, aceptación sin condiciones; porque esas son necesidades espirituales que no pueden ser  evaluadas por  elementos tangibles ni tradicionales, pero tampoco adquiridas por medios de cambio convencionales como dinero, fama o poder, porque responden a sentimientos elevados, por encima de  nuestra propia naturaleza física.

Alguien acertadamente escribió que para estar triste no se requiere compañía. Sin duda, la mayor tristeza del hombre la produce la soledad; pero no la de ausencia de personas a su alrededor, sino aquella que se siente en el alma, cuando no hay nadie que comparta contigo íntima e integralmente, con solidaridad tus ambiciones, necesidades y realizaciones.

No hay sentimiento de seguridad comparable al que se siente, cuando en las noches de lluvia, después de un día agitado sentimos en nuestros pies el rescoldo de esas dos brasitas, que como en los cuentos de navidad, se convierten los pies de nuestra amada. Es el pago que Dios da a los hombres de buena voluntad que saben amar, respetar, aceptar, reconocer, honrar y edificar, a esa otra persona que nos escogió, en un concierto de millones de seres humanos.

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«LA DIFERENCIA ENTRE HACER EL AMOR Y EL COITO REPRODUCTIVO, LA HACE LA SUBLIMACIÒN DEL SEXO»

Por requerimiento de una joven lectora argentina, nuevamente trataré el tema  del sexo vital y su  influencia positiva y vivificante, en la vida integral del ser humano.

La actividad sexual como máxima expresión de placer, llena otras necesidades de carácter físico-espiritual, fortaleciendo la confianza, personalidad, elevando la autoestima e imbuyendo de buena salud.

El acto sexual es una expresión sin par de amor, porque al compartir lo más íntimo y preciado de nuestro cuerpo, se constituye en el único acto que combina en sí mismo, ternura, comprensión, aceptación, solidaridad, pasión, fantasía y magia.

Con el acoplamiento sexual progresivo, la ternura y respeto por las atipicidades individuales, hacen ceder la natural curiosidad, tabúes y reservas. Al dominar el sentimiento de compartir y dar amor, sobre la tendencia egoísta del disfrute sensorial propio, disminuye la importancia de las características físicas de los órganos sexuales, las técnicas o formas de realizar el acto.

Corresponde «hacer el amor» con total fruición; con deleite, sin prisas ni presiones de  ningún género, disfrutándolo intensamente y degustándolo como un manjar de Dioses, porque cuando se realiza con quien se ama, se constituye en el más exquisito, edificante y reconfortante acto que pueda realizar un ser humano.

El sexo vital incorpora a lo biológico-fisiológico la sublimación del acto, que traduce en idilio, ternura, pasión y solidaridad, en ese espacio mágico que se crea mientras hacemos el amor; cuando nuestros mecanismos de defensa desaparecen y actuamos con vocación de darlo todo, sin otro interés que producir la mayor satisfacción posible.

Es por eso que cuando vemos una pareja radiante, feliz, llena de entusiasmo, vitalidad, en permanente diálogo  y buen humor, nos hacemos la idea de que tienen una muy activa vida sexual, porque irradian buena salud,  alegría y bienestar.

En el caso opuesto, cuando observamos parejas con deficiente comunicación, cariacontecidos y de mal humor, lo primero que pensamos es que no tienen una buena vida sexual, o por lo menos que pasaron una noche… miserable.

La sublimación del sexo, mediante la incorporación cultural de un amor idílico, romántico, fantasioso, apasionado y mágico, hijo de sueños y transformador de fantasías en realidades, convierten el coito natural reproductivo en el acto cultural de máximo disfrute y plenitud,

En pareja, es fácil de disfrutar del sexo vital, porque la principal actora se encuentra a nuestro lado, esperando esa transfusión de amor, entusiasmo, magia, pasión y fantasía, necesarios para un buen desempeño sexual: nuestra amada pareja, que es capaz de ser esposa, madre y amiga; pero que si nos ponemos inteligentes, menos egoístas y más creativos, propendiendo a que desarrolle su propia creatividad, puede convertirse en nuestra novia de siempre;  y como amante, en fuente de agradables sorpresas.

Si quiere disfrutar de buena salud, respirar felicidad, contagiando de entusiasmo a las personas, combata la rutina dejando a un lado el temor, promoviendo en su pareja iniciativas de carácter sexual que rompa con la monotonía. Se sorprenderá de lo creativas que pueden llegar a ser nuestras parejas.

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«SI TUVIERA DOS VIDAS TE REGALARÌA UNA; PERO LA ÙNICA QUE TENGO   TE LA OFREZCO PARA HACER UNA SOLA CONTIGO.»

¿Cómo actuar frente a la infidelidad sexual luego de que se produce?

Para el ofendido su sorpresa, orgullo herido, dolor y frustración no dan tiempo para el análisis racional de la situación, sino para la acción inmediata y violenta de rechazo.  Sin embargo, antes de abordar la actuación posterior, conviene analizar someramente los antecedentes previos al suceso.

Tomaré como referencia un caso de la vida real, como textualmenteque me fue propuesto por una de mis lectoras:

«Descubrí que mi esposo me fue infiel, él me explicó y que está muy arrepentido, porque me quiere y que no sabe que le impulsó a hacerlo. Sólo tuvo contacto sexual una vez para quitarse esa inquietud y que esa relación ya no existe. Yo lo amo y no se como manejar esto. Tengo tanta rabia, frustración y hasta dudo de mi capacidad sexual. Quiero perdonarlo pero tengo miedo que luego se vuelva a repetir, pero es que tampoco quiero perderlo porque salvo esto, él es  muy considerado conmigo, agradable  y sé que me ama. «

La infidelidad sexual no se produce por un impulso momentáneo; se trata de un proceso acumulativo de insatisfacciones que desencadena en una actuación cargada de emotividad, frustración, perturbación, confusión, y a veces, irracionalidad.

Es el triunfo de la originalidad sobre la cultura, actualizada por una reacción animal instintiva que supera principios éticos que soportan la relación de pareja. La permanente lucha del hombre civilizado con su herencia atávica: atracción heterosexual y cópula.

Para el ofendido, el acto desleal violenta los sentimientos, los pactos de amor y solidaridad que produjeron la unión, afectando la fe, confianza, seguridad en si mismo y en la relación: el mundo se pone… oscuro.

Para el ofensor, la fantasía y debilidad dan paso a la realidad. Al momento fugaz de supuesto goce -que la mayoría de las veces no es nada extraordinario- sigue la perturbación, angustia y sentimiento de culpa; los remordimientos y tardía racionalización de las consecuencias cobran un precio demasiado alto, que algunas veces destruye años de esfuerzos, dedicación y… sueños.

La reflexión llega tardíamente, pero… llega. El mundo se pone pequeño y la vida se hace… miserable. El mal está hecho y la sensación es la de un  callejón sin salida. Para los dos es un momento aciago, en el cual se encuentran solos, porque nadie puede ayudarlos. El shock da paso al temor a las consecuencias, y ambos, emocional  y mentalmente desestabilizados se preguntan: ¿Y ahora qué?

En muchos casos, se trata de personas que por años han tenido una conducta apropiada de fidelidad y consecuencia, pero quienes en un momento dado, por razones que ellos mismos no pueden racionalizar,  cometen un error. Surgen entonces algunas interrogantes:

¿Debe condenarse sin término de juicio?

¿No tiene ningún valor su actuación consecuente, honesta, leal y solidaria frente a un acto equivocado?

¿Cuándo se unen dos no se aceptan con sus virtudes y defectos?

¿Acaso la solidaridad no es en las buenas y en las malas?

¿No es cuando nuestro par  tiene problemas cuando màs requiere nuestra ayuda?

Frente al suceso fáctico sólo queda una opción válida, inteligente, sincera y valiente; controlar el dolor, la ira de uno y la tendencia a la justificación del otro, en pro de analizar los factores incidentes que desencadenaron la situación, poniendo por delante la verdad para decir, sin ambages y falsos prejuicios, lo que se siente que ha fallado en la relación.

De ese análisis sincero surgirá la realidad de  cuándo se inició el proceso de deterioro, cómo y porqué se produjo; pero también por qué  no fue advertido y tratado a tiempo. Si predomina la verdad y no la justificación, ambos, de alguna manera, consciente o inconscientemente, en mayor o menor grado resultarán con incidencia de culpa.

Si la llama del amor se mantiene viva, la frustración y el temor darán paso a la reflexión sobre valor de lo que se está en juego. La aceptación de la actuación errada, la solicitud del perdón y la contrición resarcirán el dolor. La nobleza y generosidad, hermanas gemelas del amor propiciarán el perdón y… el olvido.

El tiempo dará oportunidad al ofensor de compensar con creces sus errores y el ofendido se sentirá satisfecho de haber tenido la altura espiritual, que se requiere para perdonar y olvidar,  con lo cual salvó la relación.

Si por el contrario, no obstante habérsele dado la oportunidad de corregir definitivamente el entuerto, el ofensor resultare reincidente y se terminare la relación, no sería el ofendido el gran perdedor; porque para èl, en el camino de la vida, en su misma vía, en sentido contrario,  otros vienen en busca de lo mismo, con idénticos deseos, ambiciones y sueños; en un momento, sin  importar como ni cuando, se encontrarán, sentirán que llegaron a su destino y se producirá el milagro: el amor nuevamente tocará la puerta y… deberá abrírsele.

Por su parte, quienes no tienen suficiente amor, generosidad y nobleza para entender que la pareja no es de ángeles, sino de seres humanos con virtudes y defectos, ambos tratando de ser mejores en un mundo complejo y progresivamente insensible a la ternura, consecuencia y solidaridad humanas, en una situación de infidelidad dejan que sus más radicales sentimientos decidan la situación, y el resultado siempre es el mismo: irreflexiòn, incomprensión, odio, rencor, frustración, revanchismo. Como consecuencia, soledad y tristeza, para lo cual por cierto no se requiere tener una pareja.

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«PARA AMAR TODO TIEMPO ES BUENO»

¿Qué aspecto de mi vida es realmente extraordinario en mi existencia? Más allá de la vida misma como tal, creo que lo único realmente extraordinario -cual nos hace diferentes a todas las demás especies- es EL AMOR.

Nacemos, permanecemos aquí por algunos años, y luego físicamente desaparecemos de la misma manera como lo hacen las demás especies. Realizamos todos los actos necesarios para mantenernos vivos; nos reproducimos, nos hacemos viejos y… morimos.

La diferencia profunda es la conciencia de que disponemos de un espíritu, razón e inteligencia. Nuestro espíritu como nuestro cuerpo físico, requieren un alimento especial: EL AMOR, sin el cual la vida, cual los seres inferiores, se reduciría, exclusivamente, a los aspectos biológico y fisiológico de mantenimiento vital físico hasta… morir.

Somos creados, nos reproducimos y vivimos por amor. Mientras nuestro binomio cuerpo-espíritu es debidamente alimentado por amor, funcionamos a las mil maravillas. Se ha demostrado científicamente que todas las funciones para mantenernos con vida, se desempeñan mejor cuando estamos alegres, entusiastas y satisfechos; y todo eso reunido, únicamente lo sentimos cuando AMAMOS, porque en tal estado físico-espiritual, simplemente estamos enamorados de la vida.

Desde mi óptica masculina -que es muy similar a la femenina- y a título de ejemplo, pregunto: ¿Es usted como yo, que amo comer, beber, dormir, compartir, y de vez en cuando consentirme quedándome el día en pijamas? Pues todas esas cosas encuentran su mayor plenitud de disfrute cuando lo hacemos con las personas que nos inspiran amor; especialmente aquella que amamos pasionalmente y que comparte su vida con nosotros: nuestra pareja, que si es la indicada también es nuestra novia, amante, amiga, compañera y a veces… madre.

¿Qué porqué las personas usan drogas heroicas, alcohol, tabaco, se aíslan y algunas inclusive se suicidan? Más allá de las que vienen con taras mentales congénitas -que son muy pocas- lo hacen por FALTA DE AMOR. Quienes se hacen adictos a las drogas o alcohol, no lo hacen porque aman esos productos nocivos, sino que se inician buscando llenar vacíos vivenciales, que se producen por falta de ese elemento irremplazable que es EL AMOR.

El suicidio, más allá de los pocos casos realmente psicóticos, se produce por la falta de fe, confianza en sí mismo, en la gente y en la protección permanente de Dios, que son estados mentales opuestos al amor, de los cuales no sufren las personas que aman. Al menos yo, en más de seis décadas con uso de razón, no tengo noticia de alguien que se haya suicidado porque sentirse feliz o amado.

Es que si disponemos de la vida y conocemos que lo único que no puede sernos inoculado, vendido o trasladado de ninguna forma es el amor y también lo tenemos, todo lo demás -como lo decía Jesús¬ vendrá por añadidura.

Si estamos conscientes de que sólo Dios sabe qué es lo que más nos conviene, con fe ponemos nuestro destino en sus manos y disponemos de amor para las personas, lo que producirá de ellos hacia nosotros la misma actitud…¿A quien se le ocurriría pensar en dejar esta vida?

La buena noticia es que el amor está ahí, a su lado, esperando por usted en el corazón de la persona que se encuentra cercana, o en la acera de enfrente, o la que llegará un poco después. A usted le toca abrirle las puertas de su alma y sin reservas; el la identificará, abrirá la puerta, entrará, se sentirá como en casa y se quedará… para siempre.

Asi que, como no tengo duda que a su alrededore existen personas que le aman, aunque algunas no se lo digan… todos los dìas, piense en lo horrible y solitaria que serìa su vida sin ellos. Pero lo más importante es que todos, sin excepciòn, lo ùnico que esperan de usted es algo que no sòlamente es fàcil sino agradable de dar: AMOR; por favor, no se los niegue porque serìa negarse usted mismo lomàs bello que nos regala la vida.

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Para todos aquellos que desean constituir una pareja feliz.

El Autor.

Treinta y ocho años se dicen fácilmente, pero vivirlos es diferente; especialmente felices en pareja. Son muchas horas, días, meses y años, caminando el sendero de la vida; tropezando aquí y allá, convirtiendo lágrimas en sonrisas, levantándose, sacudiendo la ropa y avanzando, siempre hacia adelante.

Se comienzas desde cero en un mundo de proposiciones, sueños e ilusiones, convencido de que eres diferente. Tomas lo mejor de ti y lo pones al lado de esa otra persona que ha decidido embarcarse contigo en tu nuevo proyecto de vida, para iniciar una aventura de dos y para dos.

Los dos saben que el camino es largo, riesgoso, difícil, pero no imposible. Es un reto y debe afrontarse. La juventud y el amor fundamentan el proyecto, el ánimo y el entusiasmo están presentes. Sólo debes mantenerlos permanentemente… vivos.

El premio está al final, pero con buena voluntad, diligencia, ternura, aceptación, comprensión, respeto y entrega, el trecho por recorrer puede ser tan agradable como recibir el premio.

Pero, si desde que inicias el recorrido te haces acompañar de Dios, entonces ya no serán dos, sino tres para lograr la meta. Eso hicimos un día como hoy, cuando tomando nuestros pocos bártulos, abordamos el barco de una vida que, sobre la base de una inquebrantable solidaridad personal, nos prometimos hacer mejor todos los días y… lo logramos.

Realmente fue menos difícil de lo esperado y más agradable de lo previsto. El temor natural a lo desconocido, paulatinamente se convirtió en confianza y fe en nuestra capacidad para dar, aceptar, reconocer, respetar y compartir.

Las voces agoreras que auguraban problemas, como casi siempre, estaban equivocadas. Cupido no estaba solo ni dispuesto a dejar que el tiempo acabara con su magia; abrió sus alas, tiró sus aros y nos arropó en su seno. La suerte estaba echada y nosotros dispuestos a correr todos los riesgos, lo demás era cosa del tiempo, que supimos forzar a nuestro favor.

Hoy hacemos un stop en el camino, miramos hacia atrás y observamos complacidos que valió la pena. Casi media vida de felicidad, cinco bellos hijos, nueve bellos nietos y… muchos años por delante. De alguna manera, logramos probar que en el amor verdadero puede ser como los buenos licores: con el tiempo aumentan su calidad.

No ha decaído el ánimo y seguimos soñando. El amor se ha consolidado y sigue sublime, emocionante y mágico. El idilio se mantiene, el optimismo y la creatividad vencen la praxis de una vida que tiende a la monotonía.

A nuestro derredor muchas cosas han cambiado. La Ciudad ha crecido. Las personas han envejecido, muchas cosas se han hecho herrumbrosas, pero nosotros no: nos sentimos jóvenes, nos mantenemos sobre la ola, nuestro amor se renueva a cada momento, nuestra solidaridad con las personas y nuestro interés por las cosas sigue más vivo que nunca.

Hemos impuesto el amor por encima del temor. El espíritu por encima de la edad. La esperanza por encima del desánimo. La solidaridad por encima de la vanidad. El entusiasmo por la vida por encima del miedo a la muerte. La creatividad, la fantasía y la magia, por encima del hastío y la monotonía. Y todo eso resume el premio gordo: una vida feliz en pareja.

 

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