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Archive for the ‘TODO PASARÁ’ Category

La maravillosa frase “todo pasará” ha sido repetida y concientizada por siglos; quienes la atesoran viven tranquilos hasta su ancianidad. Sin embargo, la mayoría de las personas… la ignoran. Pienso que si nuestra formación hubiese sido diseñada en función de nuestra felicidad, hubiese sido nuestra primera enseñanza familiar y se habría continuado en la educación formal desde el kínder hasta el último grado universitario; porque… ¿De qué sirve cualquier triunfo si no somos felices?

La convicción de que todo pasará representa la única posibilidad cierta de transitar el camino de la vida en paz, tranquilidad y regocijo. Quienes teniendo problemas graves, por desconocer esta verdad milenaria, al no encontrar solución inmediata, acrecientan progresivamente en su psique su entidad, auto flagelándose con la visión de un futuro desventurado que pudiera ser que nunca llegue. De la misma manera, quienes logran el éxito en su confort y felicidad, se desbocan en excesos considerando que ya nunca cambiará su situación, lo que les impide tomar las previsiones mínimas necesarias.

Felicidad, dolor, salud y enfermedad son huéspedes en habitaciones contiguas; la enfermedad y el dolor llegan sin avisar y el amor surge sin programación alguna. Por tanto, si se disfruta intensamente de felicidad, salud y amor a conciencia de que podrían pasar, al deleitarse en estas bendiciones, se tomarán las previsiones oportunas frente a la posibilidad de que se produjere un cambio. Asimismo, si se sufre dolor, enfermedad o desamor y se asume que todo pasará, no solamente será más llevadero sino que se fortalecerá el espíritu y enriquecerá la experiencia.

Si hoy estamos sanos, prósperos, enamorados y felices, daremos gracias; seremos comprensivos, generosos y caritativos con nuestros hermanos humanos, compartiendo esas bendiciones recibidas de Dios; disfrutaremos al máximo, conscientes de que esto podría cambiar en un momento dado, pero que nuestra fe, optimismo, diligencia, amor por la vida y a los semejantes, son nuestras mejores armas para evitar o retrasar unas situación indeseable.

Las promesas de amor, de amistad, de solidaridad, con el transcurrir del tiempo y la condiciones, suelen deteriorarse, golpeando el alma y la autoestima del afectado; no obstante, el hecho cierto de que todo pasa, se convierte en una tabla de salvación para aminorar el dañoso y abrir la posibilidad a un nuevo panorama.

El conocimiento de la indefectible temporalidad material de toda circunstancia, motiva el aprovechamiento, goce y fruición de lo que tenemos a mano, precisamente porque conocemos que pudiera ser pasajero.

Es que el hecho de que todo pasa, produce la sanadora realidad del olvido. ¿Qué sería de nosotros si no pasara el dolor, la tristeza, la frustración y los malos momentos? ¿Si no pasara el dolor por la muerte de los padres o un hijo? Venturosamente, como todo pasa las sensaciones, buenas o malas, más tarde o más temprano, al pasar…se olvidan.

De la misma manera, si nos ataca una enfermedad, mala situación o somos objeto del desamor, no debemos desesperarnos, porque conocemos que eso pasará; vendrán tiempos mejores y estos males serán sólo un recuerdo, que de alguna manera nos prepararán para disfrutar mejor ese futuro bueno que nos espera; y eso se llama… esperanza, cual es una cualidad que, como alguien lo escribiera, es lo único que el hombre mantiene hasta después que la ha perdido.

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«NADA FÍSICO ES PERMANENTE, NI TRASPASA LOS LIMITES DE ESTA VIDA»

No es difícil ser feliz, pero sí que es  fácil  sentirse infeliz, cuando en busca de opciones de vida, tratamos de  ubicarlas en las fronteras de la utopía, bajo la consideración de que podemos ser felices por siempre, lo cual es un error y de suyo se convierte en fuente de infelicidad.

Mucho de la felicidad depende de cómo nos sintamos y apreciemos nuestro alrededor.  Sobre el planeta disponemos de los recursos necesarios para una vida emocionante y llena de bellos momentos que al vincularlos a nuestro espíritu, pueden convertirse en momentos felices.

Esa sucesión de eventos o situaciones felices producen la felicidad personal, que como todo estadio del ser  humano, incluida su vida, es temporal.  Su desconocimiento produce el sentimiento de frustración e incredulidad de quienes, a menudo expresan: no es posible ser felices.

Pero la realidad es diferente: sí que podemos ser felices, en la medida en que nuestra actuación produzca más momentos felices que infelices. Nadie puede asegurar que ha sido feliz o infeliz por siempre. Será infeliz quien experimente más eventos infelices que felices y viceversa, pero siempre será temporal.

Todo en la vida pasará, porque es una ley natural inmutable. La noche dará paso al día. Por tanto, si sufrimos, eso pasará. De la misma manera, si somos extraordinariamente felices, eso también pasará; no significa que no volvamos a serlo, pero sin determinar su extensión, ese momento de felicidad pasará.

Así, si estoy feliz en mi paseo mañanero, pero tropiezo, caigo y golpeo mi cara, el momento feliz se interrumpe al ser sustituido por el dolor que experimento, el cual también pasará. De la misma manera, si estoy triste por la ausencia de mi amada, cuando ella llega mi estado de infelicidad se interrumpe por su presencia y me invade la felicidad; pero yo se que también pasará.

Entonces ¿De quién o qué depende el tiempo que experimentamos felicidad? En mucho de nosotros mismos: como conjunción físico-espiritual, la felicidad requiere alimentar ambas dimensiones.

La parte física, utilizando los recursos que Dios puso a nuestro alcance; cuales por cierto, respecto de su importancia para nuestra subsistencia física, paradójicamente, el esfuerzo que se nos exige es diametralmente contrario a su valor. Vale decir, que en la medida en que nos son más necesarios, el esfuerzo para adquirirlos es menor.

Por ejemplo, el primer elemento fundamental para la subsistencia física, como es el aire, el único esfuerzo requerido para obtenerlo es respirar, y no involucra costo económico. Asimismo, el segundo  que sería el agua, ésta se encuentra disponible en todos los rincones de la tierra,  siendo que el esfuerzo para lograrlo y su costo, son muy bajos.

Los alimentos y el vestido, originados en los reinos animal y vegetal, no requieren ni un conocimiento especial ni grandes recursos económicos para suministrarse los necesarios. Quizás por eso Jesús los parangonaba con las aves del cielo y los lirios del campo, que no siembran, ni cosechan, guardan en graneros, ni hilan ni confeccionan ropas,  pero nuestro Padre Celestial les mantiene con vida y aún  con más bellas vestiduras que los humanos.

¿Son suficientes esos elementos físicos enumerados para lograr la felicidad?

No lo creo, pero lo analizaremos en la próxima entrega,  que corresponde al día 12 de este mismo mes.

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