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Archivos de la categoría ‘SENSIBILIDAD HUMANA’

PADRE E HIJO

 La sinergia de la vida debe llamarnos a profunda reflexión sobre la actitud de las personas conforme a su edad, so pena de transcurrir y terminar nuestros días frustrados, estresados y descontentos. El transcurso del tiempo asemeja a una máquina, que incesantemente aspira todo lo que encuentra a su paso, alimentando su inexorable evolución. Mezcla valores, principios, prejuicios, paradigmas, mitos, creencias e ideologías, triturándolos y homogeneizándolos para elaborar su producto: el tiempo por venir. Su resultado es el hombre del nuevo mundo; ese que está creciendo aquí, ahora mismo; normal para la gente de su época, pero que su comportamiento perturba a las personas de mayor edad, que no tengan la capacidad de entender estos procesos evolutivos.

Las personas mayores, normalmente respondemos a principios y valores que traducimos en paradigmas que rigen nuestra vida; por lo que, a cierta distancia de la acción cotidiana de las nuevas generaciones, que no consideramos integralmente dentro de estatus de nuestra conciencia pero que alimentan el indefectible desarrollo, aunque califiquemos como diferentes, no podemos obviar su efecto sobre nuestra cotidianidad. Para nosotros, especialmente en el caso de la relación de pareja, hoy ya no es una conveniencia sino una necesidad, abrazarse estrechamente a esos valores tradicionales y paradigmas que fundamentaron las uniones, para hacerse más fuertes frente al efecto de succión de esa máquina del tiempo, que, aunque no es detestable porque representa la evolución, que es inexorable, no podemos permitirle que desmejore nuestra convivencia personal y autoestima.

La mentalidad de los nietos debemos respetarla, pero no tenemos obligatoriamente que compartirla. Aunque aceptemos algunas de sus actitudes, si chocan con nuestros principios y valores fundamentales, no estamos obligados a promoverlas o patrocinarlas, si no respondan a nuestras concepciones éticas y morales. Sin embargo, no tienen por qué significar que en su forma de vida ellos estén equivocados y nosotros acertados, sino que viven diferente, precisamente porque sus valores son coincidentes con la vida de hoy, lo cual eso es importante procesarlo y aceptarlo, para entenderlos mejor, amarlos ser consecuentes con ellos y serles de mayor utilidad.

No tenemos por qué temer al cambio generacional; desde el inicio del mundo ha estado presente. Corresponde aceptarlo por necesario sin actuar a destiempo, porque la edad no perdona; y aunque pudiéramos enmendar, con los años se nos hace más difícil. Ambas formas de vida pueden convivir holgadamente, bajo el respeto mutuo y consideración compartidas. Al final, ellos serán lo único que quedará de nuestro amor sobre esta tierra.

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Una Vida Feliz

Dios… ¿Porqué tienen que morir los fabricantes de sueños, cantadores al amor, a la luz, a la noche, a las flores, a la alegría y a la… esperanza?

Padre… ¿Por qué te llevas la música del alma, el frescor del corazón, la elevación del espíritu y el sonido del viento que trina notas sentimentales?

¿Por qué ellos, que siembran flores con palabras, cosechan recuerdos con sus  letras y fabrican sueños de la nada?

¿No son acaso la sal del mundo?

¿No humedecen con lágrimas de alegría una tierra a veces Yerma?

¿No perfuman con aroma de amor el vacío terrible de los abandonados?

¿Por qué llevarlos cuando el mundo está enfermo de desamor, insensibilidad y falta solidaridad humana, si son ellos con su perfume de vida buena quienes siembran esperanza?

¿Por qué llevarse los pregoneros de la ternura, de la belleza, pasión y… la magia?

¿Qué les queda a los adoloridos, a los tristes, a los pobres, a los desventurados y a… los enamorados?

¿Cómo arrullarán las madres a sus niños si ya no hay poetas para cantarlos?

¿Dónde quedan las palabras para decir adiós al amigo y perdón al enemigo?

¿Dónde  queda el ay del corazón y la lágrima prohibida, si su expresión ha muerto, si ya no tiene… vida?

¿Quién cantará a las noches estrelladas y al rocío de las noches de estío, convirtiendo lo oscuro en romántico y confortable el frío?

¿Quién cantará el requiem a las hojas que mueren, a los pétalos marchitos y a las gotas de rocío que dan su vida para crear otras vidas?

¿Dónde esconderé mi frustración por no ver más sonrisas, niños sin miedo, parejas felices, hermanos abrazados y padres con más amor que autoridad?

¿Quién cantará a mis nietos lo que fui, lo que viví, mis recuerdos, mis ansias, mis sueños y mis bendiciones, si se apaga la voz de los poetas?

Y… ¿Qué hará el mar, sus olas, el reflejo azul de su cuerpo y las bellas  gaviotas si te llevas quien conoce sus secretos y notas?

Padre… Si te llevas los poetas nos haces mucho daño, pero también te haces daño, porque te  llevas la más bella oración que es un poema, y nos dejas tan solos en un mundo tan duro que, ciertamente, nos será muy difícil entender tu forma de amar.

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                    ALCANZAR LA VEJEZ ES UNA BENDICION DE DIOS

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Aunque me considero sin edad, porque no me siento viejo ni enteramente joven, sino más bien de juventud prolongada, sí tengo que sufrir impotente  la exclusión más aberrante de estos últimos años en mi país; ya que, dentro del mundo de las etiquetas actuales -cuales ninguna requiere mi aprobación- estoy clasificado dentro del grupo etario de la “tercera edad”.

Hoy en Venezuela, pertenecer a la tercera edad, que es como decir ser padre o madre de las actuales nuevas generaciones y haber dado más de cincuenta años de dura lucha y trabajo para hacer el país que tenemos, pareciera ser una mácula, que nos condena a una injusta y terrible  exclusión.

Las personas mayores de seseny cinco años en vez de merecer reconocimiento y respeto, tal como si nuestra vida no valiera nada, no tenemos derecho en nuestro país a suscribir ninguna póliza de seguros que proteja nuestra salud.

Ni el Estado ni la sociedad en general –y creo que, algunas veces, ni nuestra propia familia-  se consideran obligados a permitirnos asistencia digna, oportuna y eficiente, en caso de una enfermedad, que pudiera hacer dolorosa nuestra vejez o producir nuestra muerte.

Como consecuencia, o tenemos suficientes Dólares para suscribir una póliza internacional o corremos el riesgo de morir de mengua, por pares en una cama de nuestros hospitales públicos.

Asimismo, si observamos las ofertas de trabajo en la prensa, en el más alto porcentaje, no se aceptan solicitudes de personas mayores de cuarenta y en algunos casos de treinta y cinco años de edad. Esto es como decir: si no tienes una pensión, muérete de hambre ya; y si la tienes, dado lo exiguo de las mismas, desaparece lentamente por inanición o enfermedad.

Estuve en un Banco, donde personas protestaron por la prioridad para las personas de la tercera edad.

¿Habrase visto mayor exclusión, por no hablar de insensibilidad?

 Y todo únicamente por el hecho de haber vivido, cumplido con las normas sociales creando una familia, educando los hijos y servido al país…

 ¿Verdad que es abominable? Pero es una realidad actual indiscutible.

¿Será que los dirigentes políticos, funcionarios públicos y ejecutivos de las Empresas de Seguros no están felices de vivir,  no tienen padres, o esperan que ni ellos ni sus descendientes superen los sesenta años de edad?

En tal circunstancia… ¿Será que las personas de la tercera edad no tenemos patria o debemos irnos del País para vivir con dignidad?

Alguien debería responder esta interrogante con sabor a frustración.

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Sobre el tema se ha escrito mucho, variado y constante; sin embargo, por su importancia para la felicidad personal, todo lo que se abunde es bueno.

La efectividad de nuestra personalidad, depende en mucho de cómo nos consideremos nosotros mismos; a nuestro favor tenemos que corpórea y espiritualmente, somos la obra más acabada sobre esta madre tierra.

Físicamente, somos especialmente singulares. Nuestro cuerpo es individual, único, hecho a imagen y semejanza de Dios y eso significa que nadie puede ser más o menos bello sino diferente, pero siempre… bello; precisamente porque Dios es bello.

Nacimos cuando, como y donde tenía que suceder; nuestra edad, siempre, es la apropiada; nuestros padres los mejores y este hermoso y apasionante mundo, nuestra heredad.

Tenemos el poder de dar a cada circunstancia la trascendencia que nos convenga, y eso nos asegura la posibilidad de determinar el nivel de la satisfacción deseada.

No necesitamos mostrarnos diferentes a como somos, ni desear la vida de otro, y la autenticidad es elemento importante de nuestra personalidad. En función del amor, sabemos superar nuestra originalidad, elevarnos por encima de nuestra propia naturaleza y eso nos hace… espirituales.

Disponemos del intelecto suficiente para diferenciar lo bueno de lo malo; lo seguro de lo peligroso; escogimos la generosidad y ser útil nos regala el honroso título de hijos de Dios.

Mis tiempos siempre han sido buenos: cuando niño satisfice mi curiosidad y me reí de todo lo importante; cuando joven aprendí a amar la vida, las personas y a disfrutar con fruición… todo, sin darle mayor trascendencia. En mi madurez aprendí que el respeto, la consideración, el reconocimiento y la admiración, fundamentan el amor verdadero y… permanente.

Hice de la generosidad y la felicidad mi ruta: por eso comparto mi pan con el necesitado, abro mi corazón al desvalido y presto mi hombre al desventurado, para recostar su cabeza.

Conozco lo que valgo, sé que como ser humano, soy único e irrepetible; consecuencialmente, a cualquier edad represento un valioso obsequio para cualquier otro ser humano. Así que, quien no lo descubra, aprecie o desperdicie, simplemente… se lo pierde.

Eso es la autoestima; sentirnos, dentro de nuestra natural sencillez, especialmente seguros de estar dotados por Dios, de todos los atributos necesarios para motivar éxito, bienestar, solidaridad y amor; condiciones fundamentales para combatir el egoísmo y lograr nuestra mayor ambición como seres racionales: LA FELICIDAD.

 

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TOÑO E ISA EN MIAMI  (2009)

¿Cuál es el factor fundamental que incide para que en las parejas, progresivamente decaiga el idilio, entusiasmo, emoción y pasión de los primeros tiempos?

Es un tema largo y complejo, pero aislando factores incidentes, pareciera ser que el primero es la rutina, que surge cuando los integrantes, imbuidos de su nuevo rol y la seguridad que conlleva, descuidan el comportamiento cuidadoso, atento, considerado y romántico, que dio origen a la unión.

Se hace pareja para dar permanencia a la relación que se disfrutaba como novios, bajo la premisa de que viviendo juntos,  los bellos sentimientos que alimentan el noviazgo, se harán más fuertes y solidarios.

Si la convivencia disminuye o desmejora esa emocionante sensación que mantuvoactivo el noviazgo, la frustración abona el terreno para el hastío, así como para las desavenencias, desacuerdos, desinteligencias y mala comunicación, que afectarán la convivencia diaria.

El alimento de la pareja lo es ese coctel cotidiano de amor, ternura, pasión, respeto, aceptación, solidaridad, lealtad y sensación de socorro mutuo, que  se constituye en blindaje para mantener relación en el tiempo.

El tedio y la rutina se combaten con el entusiasmo, positivismo, buen humor, creatividad y buena comunicación; sentimientos que únicamente surgen del amor, lo cual mientras este se mantiene vivo todo tiene solución, porque el amor lo puede todo.

Para reforzar el sentimiento de que la unión aporta y no disminuye emoción a la relación, debe mantenerse el mismo comportamiento atento, considerado, entusiasta, obsequioso y… enamorado, como en la época del noviazgo.

Descuidar la magia del te amo, las invitaciones, sencillos obsequios, salidas, y de vez en cuando una que otra locurita, es convertir lo que pudo ser emocionante y permanente, en rutinario y fastidioso.

El lenguaje del amor es muy variado: comprensión,  aceptación, atenciones, miradas, contactos de piel, guiños, señas; y las frases te amo y discúlpame que siempre deben estar presentes. Nathaniel Hawthorne, comentaba: “Las caricias son tan necesarias para la vida de los sentimientos como las hojas para los árboles. Sin ellas, el amor muere por la raíz”.

No olvidemos que quien nos escogió dentro de millones de otras opciones para hacer vida en común, lo hizo para producirse más y mejor amor, ternura, consideración, aceptación, emoción, compañía, seguridad y… buen sexo; todo lo cual bien podría lograrlo con otro que entendiera mejor ese privilegio de ser especialmente escogido para compartir cuerpo y espíritu, en el camino de hacerse la vida más grata, emocionante, segura, permanente y feliz.

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“Escuchar a  un desventurado con amor y respeto, es el mayor acto de Caridad.”

CIELO III

La caridad es virtud innata en el hombre, porque corresponde a su esencia divina. No obstante, a medida que crece, la sociedad, inmersa en el temor y desconfianza, le crea mecanismos de defensa, que limitan su actuación generosa y disminuyen su capacidad para dar lo mejor de sí mismo.

Frente a ese panorama negativo, el individuo se siente inseguro y actúa en protección de sus intereses exclusivos, obviando el entorno grupal con lo cual se abstraerse de su obligación social, desperdiciando el disfrute del calor humano y los múltiples beneficios que aportar la relación interpersonal desprejuiciada con quienes conforman su propia especie, dentro de los cuales, quizás el mayor, sería vencer la soledad.

Como una constante en nuestra vida, en los peores momentos aparece una circunstancias, que hace menos dura la existencia en sí misma es compleja, pero que indefectiblemente debemos experimentar. Se trata de ese sentimiento que nos eleva por encima de nuestra propia originalidad, anteponiendo la parte espiritual a toda materialidad: LA CARIDAD

Ese sentimiento maravilloso, surge espontáneo y saca a flote lo mejor de nuestra personalidad, para ofrendarlo a nuestro hermano cuando requiere ayuda. Es ese pedacito de Dios que convive con nosotros y que, aunque físicamente no podemos detectarlo, es tan fuerte que disminuye a su más bajo nivel, esos mecanismos de defensa que por progresivo temor, fuimos desarrollando frente a nuestros hermanos humanos.

La caridad es una sola, pero tiene manifestaciones variadas que, aunque todas son elevadas, la más útil, hermosa y edificante, es aquella que se materializa con la ayuda a quienes se encuentran solos y necesitados de tranquilidad espiritual, porque la frustración, desesperación, perturbación o desorientación.

Escuchar con paciencia, respeto, comprensión y solidaridad a quien lo necesita, es acto más humano y provechoso que regalar comida, dinero o cualquier bien físico, porque para donar cosas materiales no se requieren capacidades especiales, pero para entender, especialmente los desventurados, se requiere espíritu elevado, nobleza de alma y corazón abierto.

Cuando se auxilia al necesitado con bienes económicos, su alcance y duración son limitados. En cambio, cuando se ofrenda el depurado sentimiento del amor al hermano desvalido, que conlleva comprensión, solidaridad y respeto, además de la intención y el acto, requiere la confianza del receptor en la buena intención e idoneidad de quien lo prodiga; y eso, realmente, es una condición difícil y especial.

Graves decisiones, situaciones indeseables y suicidios, habrían podido evitarse si esas desventuradas víctimas de la perturbación, falta de fe, incomprensión social, y en ocasiones por causa de su propio infierno interno, hubieran encontrado a tiempo alguien a quien confiar su problema, o simplemente en quien descargar esa frustración que obnubila y pesa tanto en el alma de las personas.

La palabra amiga y el corazón abierto para quienes sufren una desventura, son como gotas de rocío que refrescan el alma y restituyen la confianza en que, en cuanto tengamos confianza en Dios, todo problema o situación, sin ninguna excepción, siempre tendrá una solución posible.

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Para y por todas las madres del mundo en su día.

Hoy no es un día cualquiera. No podría serlo. La mañana se siente brillante, cálida, clara, llena de sol de primavera y atemperada por una brisa que viene de no se donde, acaricia nuestra cara, recordándonos que en algún sitio, en un recodo del camino, más allá o más acá, o más allá… del más allá, la madre siempre espera.

Hoy no celebramos qué o por qué vinimos a este mundo, sino cómo y por quién nacimos; porque una planta nace como un evento aleatorio, cuando una de muchas semillas que trajo el viento, que no se perdió en el espacio, germina en cualquier sitio de la tierra, por la sola condición natural y sin ningún cuidado especial. Del mismo modo, un animal irracional nace como producto de un acto natural instintivo por el coito de un macho y una hembra de su especie, sin ninguna motivación que no sea la de reproducirse ni sentimiento trascendente, porque la misma naturaleza dispuso todo para su subsistencia.

Pero los seres humanos nacemos indefensos y como etapa final de un proceso imbuido de los más puros y hermosos sentimientos. Nuestro proyecto de vida se inicia por el amor, se nos concibe en un acto de sublime amor, se nos mantiene nueve meses en el vientre con amor, nacemos dentro del mismo amor, por amor vivimos todos nuestros días, y con amor nos recibe Dios cuando cumplida nuestra misión sobre esta tierra, emprendemos el viaje del… regreso.

Hoy celebramos el amor, el máximo, ese que nace como un pedazo de una mujer maravillosa que se hace madre, cuyo papel no termina ni siquiera con su muerte, porque somos una parte de ella, físicamente muy importante, pero espiritualmente somos su esencia y continuamos con ella, o quizás, ella continúa con nosotros… por siempre.

Las madres son el lago y los hijos el agua que retoza en el vaivén de las olas, reflejados siempre en el espejo de su propia imagen. Es una unión simbiótica sin tiempo ni espacio. Sin dimensiones conocidas. Siempre existente.

Las madres nunca se van, no pueden irse, porque no es posible que una mano o alguna otra parte del cuerpo pueda vivir separada de el. La madre y los hijos somos un espíritu y partes de un mismo cuerpo. Por eso están aquí, allá y… más allá por siempre. Quienes no las tenemos físicamente, sabemos que las tenemos con nosotros porque las vivimos en el espíritu en esa otra dimensión desconocida, pero existente.

Todos tenemos madre. La vivimos, la sentimos, la respiramos; son esa parte del mundo que no se agota, que no se corrompe, que no conoce fin en el amor ni el sacrificio; que ama con el corazón dentro y las tripas afuera, más allá de su propia capacidad, del tiempo, del espacio y de la vida terrenal.

Las madres viven por siempre. Se mimetizan en el tiempo y en las estaciones. Reflejan en la mirada de los niños, en la lozanía de las flores en las mañanas brillantes de primavera, en las mojadas noches de invierno, en la caída de las hojas en las grises tardes del otoño y en el ardiente sol del verano.

Las madres son eternas como eterna es nuestra alma. Son privilegiadas y consentidas de Dios, porque son inolvidables. No importa cual sea nuestra obra, seguramente seremos olvidados en poco tiempo, pero las madres no. Desde que nacemos las amamos y cuando morimos nos las llevamos en el recuerdo. Simplemente, son inolvidables y nos marcan con su seña de amor, por siempre.

Las madres son tan bellas que rompen los esquemas de la moda y la concepción individual de la belleza. Todas son bellas. No importa sin son jóvenes, maduras o ancianas. Su dulzura y ternura, desvían las etiquetas o paradigmas sobre la belleza: todas son tan bellas. Igual la blanca, que la negra, que la asiática, que la india. Todas son tiernas, dulces y… bellas.

Basta mirar una mujer con un niño de la mano o en los brazos, para que toda la ternura del mundo invada nuestra alma. Es el paso del amor que arrulla la vida. Es la esperanza que dice: aún estoy aquí. Es el ayer que se hace hoy para decir hasta… siempre. Es Dios diciéndonos que todavía está con nosotros.

Hoy es día de júbilo, de alegría, de risas y canciones, porque las madres están aquí. Todas están aquí a nuestro lado. No importa si algunos no las vemos, pero están aquí. Siempre lo han estado. Nunca se han ido. No pueden irse. No pueden dejar lo que tanto aman. No pueden separarse de sí mismas. No es posible.

No caben hoy las lágrimas ni los ingratos recuerdos. No sería justo. Sería como aceptar que algunas ya no están porque son pasajeras, que no son eternas y eso no es cierto. Nuestras madres viven con nosotros desde antes de nacer y continúan toda la vida, y… luego de esta vida. Igual la de Jesús que la de Judas. Igual la del pobre que la del rico. La del alegre que la del afligido. La del enfermo que la del sano. La del preso que la del hombre libre. La del niño que la del Anciano. Todas vinieron para quedarse y acompañarnos…por siempre.

Las madres son excepcionales porque son como los árboles y nosotros su fruto. No hay fruto sin árbol, pero si pueden haber árboles sin fruto. De hecho todas las mujeres son madres, aunque nunca lleguen a tener hijos. Nacen madres y se mueren madres.

Amo a las mujeres como la representación de la belleza de Dios sobre la tierra. Tengo un especial respeto por ellas; más que por el automático respeto que me genera mi amor pasional por las que amo, porque en cada una de ellas veo una madre. Mi esposa, mis hijas, mis nietas y mis amigas. Todas, independiente de su edad o condiciones personales, las veo como madres y eso me hace amarlas, respetarlas y considerarlas aún más.

Por todo esto hoy, en este excelso día de las madres, en medio de sonrisas, música, regalos y muestras de ternura, quiero decirle a todas: GRACIAS, gracias por haber nacido mujeres, por haberme escogido en miles de millones de almas para traerme a este mundo; por hacerme su hijo; por haberme permitido sentir mi primer amor y contagiarme de el por siempre; por haber sido la fuente de esa ternura que me hace tan feliz; por haberme permitido conocer algo más que la sensación pasional de poseer, siempre esperando una respuesta. Por haberme enseñado que Dios existe y que somos uno con Él. Por haber imbuido en lo más profundo de mí ser los valores de la verdad que nos hace libres; el amor al prójimo, la aceptación de mis hermanos con su propia individualidad; la sensibilidad humana y la libertad, que me permiten parecerme un poco a ustedes y acercarme a Dios.

Pido en este día a mi Padre Celestial, una especial bendición para todas las mujeres por ser madres; y a las madres por ser súper mujeres. Pido que siempre, en todo momento, los hijos recordemos cuando no podíamos cruzar la calle y ella nos llevaba de la mano, porque pudiera que ahora, en los años de su vejez, en algunos casos, nosotros tengamos que hacer lo mismo por ellas, y eso realmente es.. un privilegio.

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